Llamamiento
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LLAMAMIENTO  2003, ¢ Llamamiento irmumpid en eso que algunos janais han tenido vergiiensa en denominar los “medios politiza- dos” De ese pequeiio libro marrin, sin menciin de autor i de edicion, se lanzaron varios miles de giemplares. Se puso mucho cuidad e que no circulase por los canales comercials sino que s¢ propagase a partir de espacios politicos y de mano en mano. o por un deseo de alimentar la funfurroneria del precio libre y de la sub-cultura, sino para que el texto coincidiese con un gesto; y para que cualguir letor pudiese responder al Hama- miento. Si la difusion de este liro respondid a la necesidad de volver a plantear la cuestion de wna estrategia revolucionaria victoriosa, al mismo tiempo suponia 1 medio de construir cl partido agai y abora. Es sinicamente bajo esta perspectiva que las difusiones alemana, portuguesa, inglsa, grisga y abora espaiola, cobran sentids.
Proposicién I  Nada falta al triunfo de la civilizacion. Ni ¢l terror politico ni la miscria afcctiva. Ni la esterilidad universal.  El desicrto ya no puede crecer mis partcs.  Pero atin pucde profundizarse. Frente a la evidencia de la catastrofe, estin los que se indignan y los que toman nota, los que denuncian y los que s organizan.  Estamos del lado de los que s organizan.  : estd en todas  29
Escolio  Esto cs un llamamiento. Es decir que se dirige a los que lo escuchan. No haremos el esfuerzo de demostrar, de argu- mentar, de convencer. Iremos a la evidencia.  La evidencia no es una cuestion de logica, ni de razona- miento.  Esti del lado de lo sensible, del lado de los mundos.  Cada mundo tiene sus evidencias.  La evidencia es lo que se comparte  o lo que parte.  A través de lo cual toda comunicacion vuelve a ser nueva- mente posible, no esti ya postulada, sino que debe construirse.  Y eso, esa red de evidencias que nos constituye, SE nos enscié tan bien a ponerla en entredicho, a esquivarla, a silen- ciarla, a guardatla para nosotros. SE nos ensci tan bien que todas las palabras faltan cuando queremos gritar.  En cuanto al orden bajo cl cual vivimos, cada uno sabe a qué atenerse: el imperio salta a la vista.  Que un régimen social agonizante no tenga mis justifica- cion para su arbitraricdad que su absurda determinacion —su determinacion senil— de, simplemente, drar;  31
Que la policia, mundial o nacional, hay blanca para poner en su lugar a los que sc salgan de la raya;  Que a civilizacién, herida de muertc, no encucntre en nin- guna parte, en la guerra permancnte a la que se ha lanzado, mis que sus propios limites;  Que esta fuga hacia adclante, ya casi centenaria, no pro- duzca mis que una seric ininterrumpida de desastres cada vez mis proximos;  Que la masa humana sc acomode a golpe de mentiras, de cinismo, de embrutecimicnto o de pastillas, a cste orden de cosas,  nadie pucde pretender ignorarlo.  Y ¢l deporte que consiste cn describi interminablemente, con una complacencia variable, el desastre presente, no cs mis que otro modo de decir: “Es asi”; el premio a la infamia les corresponde a los periodistas, a todos aquellos que, cada mafiana, hacen como si descubricsen de nuevo las inmundi- cias que constataron e dia antcrior.  Pero lo sorprendente, a cstas alturas, no son las arrogan- cias del imperio sino més bicn la debilidad del contraataque. Es como una colosal parlisis. Una parlisis masiva, que cuan- do atin habla dice tanto que o se pucde hacer nada al tiem- po que admite, exasperada, que “hay tanto por hacer...”, lo  cual es lo mismo. Y al margen de csta parlisis, csta cl “hay que hacer algo, lo que sea” de los activistas.  Scatle, Praga, Génova, la lucha contra los Organismos Genéticamente Modificados o ¢l movimiento de los parados; hemos tomado parte, hemos tomado partids en las luchas de los tltimos afios,  32
¢ cicrtamente no del lado de Attac o de los Tute Biandbe.  El folclore contestatatio ha dejado de entretencrnos.  En la tltima década, hemos visto al marsismo-leninismo recomenzar su abutrido monélogo en boca de estudiantes cn edad escolar.  Hemos visto al anarquismo més puro rechazar indluso lo que no entiende.  Hemos visto al cconomicismo mis plano —cl de los ami- gos de Le Monde Diplomatique-" convertirse cn la nueva reli- gion popular. Y al negrismo imponerse como tinica altcrnati- va al fracaso intelectual de la izquicrda mundial.  En todos partes el militantismo se ha entregado de nuevo a rehacer sus construcciones tambalcantes,  sus redes depresivas,  hasta cl agotamicnto,  Han bastado tres afios a policias, sindicatos y otras buro- cracias informales para dar cuenta del breve “movimicnto anti-globalizacion”. Para fragmentarlo. Dividirlo en “terrenos de lucha” tan rentables como cstériles.  En cste momento, de Davos a Porto Alegre, del Medef [patronal francesa] a la CNT, ¢l capitalismo y cl anticapitalis mo adolecen de la misma ausencia de horizonte. La misma perspectiva mutilada de la adwinistracidn del desastre.  Lo que sc opone a la desolacion dominante no cs en definitiva mis que otra desolacién bastante menos provis- ta. En todas partes la misma idea tonta de la felicidad. Los  1. Asociacion de lectores de la revista mensual Le Monde Diplomatigue, poseedora del 49% del capital total de la compadia. (N. del T.)  33
mismos jucgos infectos de poder. La misma desarmante superficialidad. El mismo analfabetismo cmocional, El mismo desicrto.  Decimos que esta época es un desirto y que este desierto se profundiza sin cesar. Esto, por cjemplo, es una evidencia, 1o es poesia. Una evidencia que contiene muchas otras. En particular la ruptura con todo lo que protesta, todo lo que denuncia y glosa sobre el desastre.  Porque quien denuncia se exime.  Parecicra que los izquierdistas acumularan tazones para rebelarse de la misma manera que el gerente acumula medios para dominar. Del mismo modo, es decir, wn a misma fiuicion.  El desicrto es el progresivo despoblamiento del mundo.  La costumbre que hemos adquirido de vivir o s no estuviésemos en el mundo. El desierto se encuentra tanto en I proletatizacion continua, masiva y programada de las poblaciones, como en los bartios residenciales californianos, ahi donde la angustia consiste justamente en el hecho de que nadic parece sentirla.  Que el desierto de la época no sea percibido verifica ain mas ese desierto.  Algunos han tratado de nombrar el desierto. De designar lo que hay que combatir no como la accion de un agente extranjero, sino como un conjunto de relaciones. Han habla- do de especticulo, de biopoder, de imperio. Pero también eso sc ha sumado a la confusion reinante.  El especticulo no cs una comoda sintesis del sistema de los mass-media. Consiste también cn la crucldad con la que todo nos remite sin tregua a nuestra propia iagen.  34
El biopoder no es un sinénimo de Seguridad Social, de Estado del bienestar o de industria farmacéutica, sino que se aloja gustosamente en la atencién que prodigamos a nuestro cuerpo como algo precioso, en medio de una cierta extrafic- za fisica tanto de uno mismo como de los otros.  El imperio no es una especie de entidad supra-terrestre, una conspiracién planctaria de gobicrnos, de redes financie- ras, de tecnéeratas y de multinacionales. El imperio esta alli donde 110 pasa nada. En cualquicr sitio donde esto fimciona. Abi donde reina /a sitnacion normal.  A fuerza de ver al enemigo como un sujeto que nos hace frente —en vez de experimentarlo como una relacion que nos sos- fiene—, uno s encierra en la lucha contra el encierro. Se repro- duce, bajo ¢l pretexto de “alternativa”, la peor de las relacio- nes dominantes. La lucha contra la mercancia se convierte en un producto. Nacen las autoridades de la lucha anti-autorita- tia, el feminismo con cojones y las cacerias antifascistas’  Formamos parte, en todo momento, de una situacion. En su seno, no hay sujctos y objctos, yo y los otros, mis aspira- ciones y Ia realidad, sino el conjunto de las relaciones, cl con- junto de los flujos que la atravicsan.  Hay un contexto general —cl capitalismo, la civilizacion, cl imperio, lo que sc quicra—, un contexto general que no solo pretende controlar cada situacion sino que, peor ain, intenta que por lo gencral o haya situacisn. SE han ordenado calles y  2. En francés  en el original, “ratonnad”. Palabra utilizada para definir la cace tia policial o militar de argelinos (ratones o ratillas en el vocabulario racista) cuando Argelia era atn colonia francesa. (N. del T))  35
casas, el lenguaje y los afectos, y atin el fepo mundial que todo eso implica, con ese sinico fin. SE actiia por todas partes de modo que los mundos se deslicen unos sobre otros o se igno- ren. La “situacion normal” es esta ausencia de situacion.  Organizarse quicre decir: partir de la situacion y no recu- sarla. Tomar partido en s seno. Y tejer las solidaridades nece- sarias, materiales, afectivas, politicas. Es lo que sucede en cualquier huelga en cualquier oficina, en cualquier fbrica. Es Io que hace cualquier banda. Cualquier guerrilla. Cualquicr partido revolucionario o contrarrevolucionatio.  Organizarse quicre decir: dar consistencia a la situacién. Tornarla real, tangible.  La realidad no es capitalista.  La posicion tomada en cl seno de una situacion determina la necesidad de aliarse y, por cllo, de cstablecer ciertas lincas de comunicacion, circulaciones mas amplias. A su vez, csos nuevos vinculos reconfiguran la situacion. A la situacion que nos ha sido dada, la llamaremos “gucrra civil mundial”. Donde ya nada pucde limitar cl enfrentamicnto de las fuctzas presentes. Ni siquicra ¢l Derecho, que participa del jucgo como otra forma del enfrentamiento generalizado. EINOSOTROS que se expresa aqui no ¢s un NOSOTROS delimitable, aislado, ¢l NOSOTROS de un grupo. Es cl NOSOTROS de nna posiciin. Esta posicién se afirma hoy como una doble sccesion: por un lado, secesion en relacion al proceso de valorizacion capitalista, y por otro, secesion con respecto a todo lo que la simple gpasicion al imperio, atin extra- parlamentaria, impone de csterilidad; secesion, por consi- guicnte, de la izquicrda. Aqui “sccesion” no indica tanto cl rechazo prictico de comunicar como una disposicion a for-  36
mas de comunicacién de una intensidad tal que arrcbaten al cnemigo, ahi donde se cstablezcan, la mayor parte de sus fucrzas.  Para ser breves, diremos que una tal posicion toma de los Black Panthers a fucrza de irrupcion, de la autonomia alemana los comedores colectivos, de los nco-luditas inglescs las casas en los drboles y cl arte del sabotaje, de las feministas radicales la cleccion de las palabras, de los autonomistas italianos las auto-reducciones de masa y del movimiento 2 de junio la ale- gria armada.  Para nosotros, no hay amistad que no sea politica.  37
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Proposicién IT  La inflacién ilimitada del control responde sin esperanza de éxito alguno a los previsibles desmoronamicntos del sistema.  Nada de lo que se expresa en la distribucién conocida de las identidades politicas esti en condiciones de ir mis alli del desastre.  Para comenzar, nos desembarazamos de cso. No impugnamos nada, no reivindicamos nada. Nos constituimos en ficrza, cn fuctza material, cn fucrza material antdnoma cn ¢l seno de la guerra civil mundial. Este llamamicnto enuncia sobre qué bases.  39
Escolio  Aqui, se experimentan armas inéditas para dispersar a las multitudes, una especic de granadas de fragmentacion pero de madera, Alli —en Oregon—, se propone castigar con veinti- cinco afios de circel a todo manifestante que bloquee cl tri- fico automovilistico. El cjercito isracli csti convirtiéndose en ¢l consultor mis competente en pacificacion urbana; los expertos del mundo entero se maravillan de sus Gltimos hallazgos, tan temibles y tan sutiles, en materia de climinacion de subversivos. El arte de herir —herir a uno para amedrentar a cien— alcanza aqui ¢l no va mis. Y lucgo csti l “terroris mo”, por supuesto. O sea, “toda infraccion cometida inten- cionadamente por un individuo o un grupo contra uno o varios paiscs, sus institucioncs o sus poblaciones, y que apun- te 2 amenazarlos y perjudique gravemente o destruya las estructuras politicas, cconémicas o sociales de un pais”. Es la Comisién Europea la que habla. En los Estados Unidos hay mis presos que campesinos.  A medida que es rediscfiado y progresivamente recupera- do, ¢l espacio piblico sc cubre de cimaras. No se trata solo de que en lo sucesivo toda vigilancia parece posible, sino  41
sobe todo de que parcce adwisible. Todo tipo de listas de “sospechosos”, de las que ni siquicra sc adivinan sus usos probables, circula de administracion cn administracion. Las escuadras de todas las milicias, con la policia jugando l papel de garante arcaico, toman posiciones reemplazando a soplo- nes y mirones, figuras de otra época. Un ex jefe de la CIA, una de esas personas que, e ¢f lads contrario, se organizan cn lugar de indignarse, cscribe en Le Monde: “Mis que una gue- rra contra cl terrorismo, la apuesta cs extender la democracia a las partes del mundo [irabe y musulman] que amenazan la civilizacién liberal, en cuya construccion y defensa hemos tra- bajado durante todo l siglo xx, durante la primera y la segun- da guerras mundiales, y durante la guerra fria o tercera guerra mundial.”  En todo es0 no hay nada de lo que asombrarse, nada que nos coja desprevenidos o que altere radicalmente nuestro sentimicnto de Ia vida. Hemos nacido e la catistrofc y hemos establecido con clla una extrafia y apacible relacion de cos- tumbre. Una intimidad, casi. Hasta donde nos alcanza cl recucrdo, no ha habido otra actualidad que Ia de la guerra civil mundial. Hemos sido educados como supervivientes, como iguinas de supervivencia. SE. nos ha formado cn la idea de que la vida consiste cn avanzar, avanzar hasta derrambarse cn medio de otros cucrpos que marchan idénticamente, que tro- piczan y sc derrumban, a su vez, en la indiferencia. Como mucho, la tinica novedad de la época presente es que nada de todo esto puede ya ocultarse, que en cicrto sentido fods smnda lo sabe. De ahi el reciente endurccimicnto, tan evidente, del sistema: sus resortes cstin al desnudo y no serviria de nada querer escamotearlos.  a2
Muchos s¢ asombran de que ninguna fraccion de la izquicrda o de la extrema izquicrda, de que ninguna de las fuerzas politicas conocidas sea capaz de oponerse a este curso de las cosas. “:Sin embargo estamos en democracia, no?”. Y pucden asombrarse para rato: nada de lo que se expresa en cl marco de la politica clisica podri jamis detener el avance del desierto,  ya que la politica clasica es parte del desierto.  Cuando decimos esto, no es para preconizar una politica extra-parlamentaria como antidoto a la democracia liberal. E1 famoso manifiesto “Somos la izquierda”, firmado hace unos afios pot todos los colectivos ciudadanos y “movimientos sociales” franceses, enuncia suficientemente la légica que, desde hace treinta afos, anima la politica extra-parlamentaria: no queremos tomar ¢l poder, derribar ¢l Estado, ctc.; luego, queremos ser reconocidos por ¢l como intetlocutores.  Alli donde reina la concepeion clisica de la politica, reina la misma impotencia frente al desastre. Que esta impotencia sea modulada por una amplia distribucion de identidades finalmen- te concliables 1o cambia nada. El anarquista de la Fédération Anarchiste (FA), cl comunista de los conscjos, c trotskista de Attac y el diputado de la UMP [derecha francesal parten de una misma amputacion. Propagan cl mismo desicrto.  La politica, para cllos, cs lo que se jucga, se dice, se hace y sc decide entre los hombres. La asamblea, que los retine a todos, que retine a todos los humanos Jaciends abstracciin de sus smndas respectivas, conforma la circunstancia politica ideal. La cconomia, la csfera de la cconomia, deriva logicamente de cllo: como necesaria ¢ imposible gestion de todo lo que deja- mos cn la pucrta de la asamblea, de todo lo que ha sido cons-  43
tituido de ese modo como no-politico y convertido luego cn familia, empresa, vida privada, pasatiempos, pasiones, cultu- fa, ctc.  Es asi c6mo la definicion clisica de la politica propaga cl desicrto: abstrayendo a los humanos de su mundo, separin- dolos de la red de cosas, de costumbres, de palabras, de feti- ches, de afectos, de lugares y de solidaridades que conforman su mundo. Su mundo sensible. Y aquello que les otorga su consistencia propia.  La politica clisica cs la gloriosa pucsta en escena de los cuerpos sin mundo. Pero la asamblea teatral de las individua- lidades politicas disimula mal el desicrto que es. No hay socie- dad humana separada del resto de los seres. Hay una plurali- dad de mundos. Mundos que son atin mis reales en tanto que son compartidos. Y que coeisten.  La politica, cn verdad, cs cl jucgo entre los diferentes mun- dos, la alianza entre aquellos que son compatibles y el enfren- tamicnto cntre los irreconciliables.  Y afiadimos que el hecho politico central de stos tltimos treinta afios ha pasado desapercibido. Porque se ha desarro- liado cn una capa de lo real tan profunda que no puede la- marse “politica” sin ocasionar una revolucion en la nocién misma de politica. Porque a fin de cucntas, csta capa de lo real es aquella donde se clabora la particion entre lo que sc admi- te como real y cl resto. Este hecho central es el triunfo del liberalismo existencial. El hecho de que se admita en lo suce- sivo como natural una rehcion con ¢l mundo basada cn la idea segiin la cual cada uno fiene su rida, Que esta consiste cn una seric de clecciones, bucnas o malas. Que cada uno s  a4
define por un conjunto de cualidades, de pmpiedades, que hacen de ¢l, segin una ponderacion variable, un ser tinico ¢ irremplazable. Que ¢l contrats sintetiza adecuadamente cl compromiso de los sercs cntre si, y ¢l regpets, toda virtud. Que ¢l lenguaje no cs més que un sedio para hacerse cntender. Que cada uno es un mi-yo entre los otros mi-yo. Que cl mundo esti en realidad compuesto de cosas a gestionar y de un océano de mi-yoes. Que estos tltimos tienen, por otra parte, la cnojosa tendencia a transformarse cn cosas a fucrza de dejarse gestionar.  Por supuesto, cl cinismo solo cs uno de los posibles ras- gos del infinito cuadro clinico del liberalismo existencial: la depresion, la apatia, la deficiencia inmunitaria —todo sistema inmunitario cs de entrada colectivo, la mala fe, cl hostiga- micnto judicial, la insatisfaccion crénica, los vinculos nega- dos, cl aislamicnto, las ilusiones ciudadanas o la pérdida de toda gencrosidad, también forman parte de cste.  Finalmente, ¢l liberalismo cxistencial ha sabido propagar tan bien su desicrto que los mas sinceros izquicrdistas cnun- cian sus utopias usando sus mismos términos: “Reconstruiremos una sociedad igualitaria cn Ia que cada uno aporte su contribucién y de la que cada uno reciba las satisfacciones que cspera. [..] Por lo que hace a los descos individuales, podria ser igualitario que cada uno consuma a la medida de los csfucrzos que csta dispucsto a aportar. Serd necesario redefinit ¢l modo de cvaluacion del esfuerzo hecho por cada uno”, escriben los organizadores del “Village aler- natif”, anticapitalista y antiguerra, contra ¢l G8 de Evian, en un texto titulado “Cuando hayamos abolido cl capitalismo y ol trabajo asalariado!”. Aqui sc halla una clave del triunfo del  45
imperio: lograr mantencr en la sombra, rodear de silencio, ¢/ terreno mismo donde este maniobra, ¢l plano sobre el cual libra la batalla decisiva: el disefio de lo sensible, cl ajuste de las sen- sibilidades. De modo que paraliza preventivamente toda defensa en ¢l mismo momento en ¢l que opera, destruyendo incluso la idea de una contraofensiva. La victoria sc consigue cada vez que cl militante, al final de una dura jornada de “tra- bajo politico”, se desploma frente a una pelicula de accion.  Cuando nos ven retirarnos de los penosos rituales dela poli- tica clisica —la asamblea general, la negociacion, la contesta- cion, la reivindicacion—, cuando nos oyen hablar de mundo sensible mis que de trabajo, de papeles, de jubilacioncs o de libertad de circulacion, los militantes nos miran con listima. “Pobres, parccen decir, se estin resignando a ser minoritarios, sc encicrran cn su ghetto, renuncian a extenderse. No serin jamas un movimiento.” Nosotros creemos exactamente lo contrario: son cllos los que sc resignan a ser minoritarios, hablando su lenguaje de falsa objetividad, cuyo tnico valor cs el de la repeticion y la retorica. Nadic se engaria con respecto al disimulado desprecio con cl que hablan de las preocupacio- nes de “la gente”, lo que les permite ir del parado al sin pape- les, del huclguista a la prostituta sin jands ponerse en jtego, porque este desprecio cs una cvidencia sensible. Su voluntad de “extenderse” cs solo una mancra de huir de /o5 gue ya estin abi, de aquellos con los que, sobre todo, temerian vivir. Y finalmen- te, aquellos a los que les repugna admitir Ia significacién politi- ca de la sensibilidad, son los mis expucstos a los lamentables cfectos de atraccion de la sensibieria. Mirindolo bien, preferimos partir de niiclcos densos y reducidos que de una red amplia y débil. Hemos anacids suficientemente csa cobardia.  46
Proposicién 11T  Los que quisieran responder a Ia urgencia de la situacion con la urgencia de su reacciin no hacen mis que alimentar la asfixia.  Su modo de intervenir implica el resto de su politica, de su agitacion.  En cuanto a nosotros, la urgencia de la situacién nos libera de toda consideracion de legalidad o de legitimidad, de todos modos inhabitables de un tiempo a esta parte.  El hecho de que precisemos de una generacion para construir en todo su espesor un movimiento revolucionario victorioso no nos hace retroceder. Lo afrontamos con serenidad.  Como afrontamos serenamente el caricter criminal de nuestra existencia y de nuestros gestos.  P
Escolio  Hemos sentido, sentimos atin, la tentacién del activismo. Las contra-cumbres, las campafias contra las expulsio- contra las legislaciones de excepcion, contra la cons- truccion de nuevas circeles, las ocupaciones, los campa- mentos No Border; la sucesion de todo cso. La progresiva dispersion de los colectivos como respucsta a la dispersion de la actividad.  Correr tras los movimicntos.  Uno tras otro, sélo poder sentir su potencia al precio de retornar cada vez a la misma impotencia de fondo. Pagar cara cada campafia. Dejando que consuma toda nuestra cnergia disponible. Para después lanzarnos a la siguiente, cada vez mis ahogados, mis agotados, mis desolados.  Y poco a poco, a fucrza de reivindicar, a fucrza de denun- ciar, tornarnos incapaces incluso de peribir lo que se supone que sostiene nucstro compromiso, la naturaleza de la urgen- cia que nos atraviesa.  nes  El activismo s el primer reflcjo. La respucsta conforme a la urgencia de la situacion presente. La movilizacion perpetua en nombre de la urgencia, antes que un medio de combatit a  49
nuestros gobernantes y patronos, cs aquello a lo que cllos nos han acostumbrado.  Cada dia desaparccen formas de vida, cspecics vegetales § animales, experiencias humanas, y tantas relaciones posibles entre formas vivas y formas de vida. Pero nuestro sentimien- to de la urgencia no csti tan ligado a la velocidad de cstas desapariciones como a su irreversibilidad; mas atn, esti liga- do a nuestra incptitud para repoblar ¢ desicrto.  El activista sc moviliza contra la catistrofe. Pero no hace mis que prolongarla. Sus prisas vienen a consumir lo poco de mundo que queda. La respucsta activista a la urgencia reside clla misma en cl inerior del régimen de la urgencia, sin posibi- lidad de sustracrse a clla o de interrumpirla.  El activista quicre estar cn todas partes. Desplazindose al ritmo de los desarreglos de la miquina. Aporta donde sea su inventiva pragmtica, la cnergia festiva de su oposicion a la catistrofe. Indiscutiblemente, cl activista se zzere. Pero nunca sc da los medios para pensar cémo hacer. Como hacer para obstaculizar realmente cl avance del desicrto, para establecer, aqui y ahora, mundos habitables.  Nosotros desertamos el activismo. Sin olvidar lo que cons- tituye su fucrza: una cierta presencia en la situacion. Una faci- lidad de movimicnto cn su seno. Un modo de aprehender la lucha, no por cl dngulo moral o ideolégico, sino por cl dngu- lo técnico, tictico.  El vicjo militantismo da el cjemplo contrario. Es notable la impermeabilidad de los militantes ante las situaciones. Recordamos esta escena, en Génova: medio centenar de mili- tantes de la LCR cnarbolan banderas rojas que llevan impre- 50 “100% a la izquierda”. Estdn inméviles, como intempora-  50
les. Vociferan sus meditados eslégancs, protegidos por un servicio de orden. Mientras tanto, a unos metros de alli, algu- nos de nosotros hacemos frente a las lincas de carabineros, devolviendo los gases lactimogenos, levantando baldosas de las accras para convertitlas cn proyectiles, preparando cocte- les molotoy con botellas recuperadas de la basura y gasolina de motos volcadas. A csto los militantes lo llaman aventure- rismo, inconsciencia. Pretextan que las condiciones no estin dadas. Nosotros, en cambio, decimos que nada faltaba, que todo estaba alli, salvo cllos  Lo que desertamos del militantismo cs esta ausencia a la situacion. Como desertamos a inconsistencia a la que nos condena cl activismo.  Los propios activistas experimentan esta inconsistencia. Y es por eso por lo que periddicamente se vuclven hacia sus mayores, los militantes. Para tomarles prestadas mancras, terrenos, eslogancs. Lo que les atrac del militantismo cs la constancia, la estructura, Ia fidelidad de la que cllos carccen. Asi, los activistas vuclven nucvamente a protestar, a reivindi- car: “papeles para todos”, “libre circulacion de las personas”, “renta bisica” o “transportes gratuitos”.  El problema con las reivindicaciones es que, al expresar necesidades en términos que sean intcligibles para los pode- res, terminan por no decir nada sobte cllas, qué transforma- ciones reales del mundo implican. Asi, reivindicar Ia gratuidad de los transportes nada dice sobre nuestra necesidad de viajar ¥ no solamente de desplazarnos, de nuestra necesidad de len- titud.  Por lo demés, a menudo las reivindicaciones, pretendien- do mostrar las claves de los conflictos reales, no hacen sino  51
cnmascararlos. Reclamar los transportcs gratuitos no hace, ciertas ambientes, mas que aplazar la difusion de las técnicas de fraude. Apclando a la libre circulacion de las personas sélo se clude la cuestion de como escapar, en la prictica, al fortaleci- micnto del control. Batirse por la renta bisica cs, en ¢l mejor de los casos, condenarse a la ilusion de que una mejora del capitalismo cs necesaria para poder dejarlo atris.  Sea como fuere ¢l impasse es siempre ¢l mismor los recur- s0s subjetivos movilizados, atin revolucionarios, permanceen insertos en lo que se presenta como un programa de reforma radical. Bajo pretexto de superar la altcrnativa entre reforma ¥ revolucin, nos instalamos cn una ambigiicdad oportunista.  La catistrofe presente cs la de un mundo convertido acti- vamente en inhabitable. Una especic de cstrago metdico sobre todo lo que quedaba de vivible en la relacion entre los humanos y sus mundos. El capitalismo no habia podido triunfar a cscala planctaria sin técnicas de poder, técnicas pro- piamente politicas (técnicas hay de muchos tipos, con o sin artefactos, corporales o discursivas, créticas o culinarias, hasta las disciplinas y los dispositivos de control lo son; y frente a es0 o sirve de mucho denunciar ¢l “reino de la técnica”). Las técnicas politicas del capitalismo consisten, sobre todo, cn destruir los lazos mediante los que un grupo encucntra los medios de producir, cn un mismo movimicnto, tanto las con- diciones de su subsistencia como las de su existencia. Es decir, scparar las comunidades humanas de la infinidad de cosas, picdras y metales, plantas, drboles de mil usos, dioses, diins, animales salvajes o domésticos, medicinas y sustancias psico- activas, amulctos, miquinas y todo cl resto de seres cn com- pasfa de los cuales los grupos humanos constituyen mundos.  52
Destruir toda comunidad, separar a los grupos de sus medios de existencia y de los saberes que conllevan: csa cs la razén politica que gobicrna la incursion de la mediacion mer- cantil en todas las relaciones. Del mismo modo que fue nece- sario climinar a las brujas, climinando sus saberes medicinales y aquellos otros ligados a los pasajcs entre los reinos que cllas hacian existir, cs necesario hoy que los campesinos renuncien a plantar sus propias semillas, a fin de ascgurar cl dominio de las multinacionales agroalimentarias y otros organismos de gestion de las politicas agricolas.  Las metropolis contemporincas son los puntos de con- centracion mixima de cstas técnicas politicas del capitalis mo. Las metrépolis son cse medio donde no hay ya casi nada que uno pucda reapropiarse. Un medio cn el que todo esti hecho para que lo humano se relacione solamente con- sigo mismo, se produzca separado de las otras formas de existencia, coincida con cllas o las utilice pero sin encontrarse nunca con cllas.  Sobre la base de esta separacion, y para prolongarla, se ha trabajado mucho para criminalizar cualquicr tentativa de pres- cindir de las relaciones mercantiles.  El terreno de la legalidad se confunde desde hace demasia- do tiempo con ¢l de los miltiples apremios a hacernos la vida imposible, mediante cl trabajo asalatiado o la auto-cmpresa, cl voluntariado o ¢l militantismo.  Al mismo tiempo que este terreno se vuclve cada vez mis inhabitable, todo aquello que pucde contribuit a hacer la vida posible se torna criminal.  Alli donde los activistas claman “ningtin ser humano cs ilegal”, hay que reconocer que se trata cxactamente de lo con-  53
trario: hoy una existencia enteramente legal sctfa una existen- cia cnteramente sometida,  Estin los fraudes al fisco y los empleos ficticios, los deli- tos de informacién privilegiada y las falsas quicbras; estin los fraudes a la Renta Minima de Insercion y las nominas falsas, los engafios a la ayuda para la vivienda, la malversacion de subvenciones, las comidas que no se pagan y saltarse las mul- tas. Estan los viajes en la bodega de un avién para franquear una frontera y los viajes sin billete en trayectos urbanos o cl interior de un pais. Colarse cn l metro, mangar en cl super- mercado son las prcticas cotidianas de miles de personas cn las metrpolis. Como hay pricticas ilegales de intercambio de semillas que han permitido salvaguardar muchas especies de plantas. Hay ilegalismos mis funcionales que otros en el s tema-mundo capitalista. Los hay que son tolerados, otros que son fomentados y finalmente aquellos que son castigados. Un huerto improvisado cn un descampado tienc todas las pape- letas para terminar arrasado por un bulldozer antes de la pri- mera cosccha.  Si se considera ¢l conjunto de las leyes de excepeion y las reglamentaciones corricntes que regulan cada uno de los espacios por los que cualquicra transita cn un dia, no queda ya ni una sola cxistencia que pucda presumir de impunidad. Las leyes, los c6digos, la jurisprudencia existentes convierten cualquier existencia cn algo punible; bastaria con que s apli- casen a rajatabla.  No somos de los que creen que alli donde crece l desier- to crece también su antidoto, Nada pucde suceder que no comience con una secesion en relacion a todo lo que hace crecer ese desicrto.  54
Sabemos que construir una potencia de cierta amplitud lle- vari tiempo. Hay muchas cosas que ya no sabemos hacer. A decit verdad, como todos los beneficiarios de la moderni- zacion y de la cducacion dispensada en nuestras regiones desarrolladas, ya no sabemos hacer casi nada. Incluso recoger plantas pata datles un uso, ya no decorativo, sino culinario o médico, pasa hoy por arcaico cuando no, y esto cs peor atin, por algo simpitico.  Pero hacemos una constatacion simple: cualquicra dispo- ne de una cierta cantidad de riquezas y de saberes que el sim- ple hecho de habitar estas regiones del vicjo mundo vuclve accesibles y pucden ponerse en comiin,  La cuestion no es vivit con o sin dincro, robar o comprar, trabaar o no, sino utilizar cl dinero que tenemos para acre- centar nuestra autonomia cn relacion a la esfera mercantil.  Y si preferimos robar a trabajar y autoproducir a fobar, no es por problemas de purcza. Es porque los flujos de poder que acompafian a los flujos de mercancias, y ¢l sometimicnto subjetivo que condiciona cl acceso a la supervivencia, son hoy cxorbitantes.  Habria muchos modos inapropiados de decir lo que pre- tendemos: ni quercmos irnos al campo ni reapropiarnos de los antiguos saberes y acumularlos. Nuestra tarea no pasa simplemente por una reapropiacion de medios. Tampoco por una reapropiacién de saberes. Si juntisemos todos los sabe- res y todas las técnicas, toda la creatividad desplegada en cl campo del activismo, no obtendriamos un movimicnto revo- lucionario. Es una cuestion de temporalidad. Una cuestion de construir las condiciones para que una ofensiva pucda ali- mentarse sin_ extinguirse, cstableciendo las solidaridades materiales que le permitan sastenerse.
Creemos que no hay revolucion sin constitucion de una potencia material comn. No ignoramos ¢l anacronismo de esta creencia. Sabemos que cs demasiado pronto y, a la ve: tarde, y ¢s por 5o que tencmos tiempo. Hemos dejado de esperar.  demasiado  56
Proposicién IV  Situamos el punto de no retorno, la salida del desicrto, el fin del Capital, en la intensidad del lazo que cada uno logre establecer entre lo que vive y lo que picnsa. Contra los defensores del liberalismo existencial, rechazamos ver en esto un asunto privado,  un problema individual, una cucstion de cardcter:  Al contrario, nosotros partimos de la certeza de que este lazo depende de la construccion de mundos compartidos, de la puesta en comiin de medios cfectivos.
Escolio  “Todos nos vemos cotidianamentc emplazados a admitir hasta qué punto la cucstion de la “relacion entre la vida y cl pensamicnto” cs ingenua, esti superada, atestigua cn ¢l fondo una pura y simple ausencia de cultura, Nosotros vemos ahi un sintoma. Pucsto que esta evidencia no es més que un cfecto de Ia redefinicion liberal, tan fundamentalmente moderna, de la distincion entre lo piblico y lo privado. El liberalismo pro- clamé que todo debia ser tolerado, que todo podia ser pensa- do, en la medida en que no tuviese conseeuencias dircctas cn la estructura de la socicdad, de sus instituciones y del poder de Estado. Cualquicr idea cs admisible, su cnunciacion debe incluso favorecerse, desde ef mamento en que las reglas del jucgo social y estatal son aceptadas. Dicho de otro modo, Ia liber- tad de pensamiento del individuo privado debe ser total, su libertad de expresarse debe serlo en principio tambicn, pero este no debe desear las consecuencias de su pensamiento en lo que concierne a la vida colectiva,  El liberalismo quizis haya inventado el individuo, pero lo  invent6 ya mutilado. El individuo liberal, cuya mejor expre- sion en la actualidad se encuentra en los movimicntos pacifis-  59
tas y ciudadanos, cs cse ser conminado a preservar su libertad cn la exacta medida en que esta libertad no comprometa a nada y no pretenda sobre todo imponerse a los demis. El precepto cstipido “mi libertad termina alli donde cmpicza la de los demis” es recibido hoy como una verdad insoslayable. Incluso John Stuart Mill, uno de los baluartes csenciales de la conquista liberal reconoci6, a propésito de csta mixima, una de sus molestas consecuencias: esti permitido desearlo todo, con la condicién de que lo descado 70 se desee demasiads inten- samente, que no se desborden los limites de lo privado o, en todo caso, los de Ia “libre expresion” publica.  Lo que nosotros llamamos liberalismo existencial cs la adhesion a una seric de evidencias en cl corazon de las cuales aparcce una esencial disponibilidad del sujcto a la fraicidn. Nos han acostumbrado a funcionar en csta especie de sub-régi- men que nos exculparia de antemano de la idea misma de trai- cion. Este sub-régimen emocional s la prenda que hemos aceptado como garantia de nuestro devenir-adulto. Con cl espejismo de una autarquia afectiva como ideal insuperable, para los mis recclosos. Y, sin embargo, es demasiado lo que hay que traicionar para aquellos que decidan preservar un lazo con las promesas que, desd la infancia, continticn acom- pasindolos.  Entre las cvidencias liberales, estd la de comportarse, incluso cn relacion con las propias experiencias, como un propictatio. Por cso, no cjercer como individuo liberal signi- fica, cn primer lugar, desatender las propicdades de uno. Aunque quizis haya que dar otro sentido a “propicdades™ ya n0 aquello que me pertencee en propicdad, sino lo que me ata  60
al mundo y que en razén de eso no me csti reservado; nada tiene que ver con una propicdad privada ni con lo que supues- tamente define una identidad (¢l “Yo soy asi” y su confirma-  cion: “tEs muy propio de til”). Si bien rechazamos la idea de propicdad individual, nada tenemos contra los vinculos. La  ex  igencia de la apropiacién o de la reapropiacién se reduce para nosotros a la cuestion de saber lo que nos es apropiads, es decir adecuado, en términos de uso, en términos de necesi- dad, en términos de relacion con un lugar, con un momento de mundo.  El liberalismo existencial cs la ética espontinca adecuada a la socialdemocracia considerada como ideal politico. No seréis nunca mejores ciudadanos que cuando seiis capaces de rencgar de una relacion o de un combate para conservar vucs tro puesto. Esto no ocurrird siempre sin suftimicnto, pero cs precisamente ahi donde ¢l liberalismo existencial s muestra cficaz: prevé incluso los remedios adecuados a los males que genera. El cheque a Amnistia Internacional, cl café de comer- cio justo, la manifestacin contra la tltima guerra o Danicl Mermet, son no-actos disfrazados de gestos de salvacion. Haced como de costumbre, es decir: pascar por los sitios habituales, hacer las compras, las mismas de siempre pero con un afiadido, con un suplements, regalindaos buena concien- cia; comprar 10 g, boicotear a Total Fina EIf, deberia per- suadiros de que la accion politica, en cl fondo, no cxige gran  3. Periodista, escritor y productor de programas de radio francés. Conocido en la escena anti-globalizacion francesa por su programa de radio: “La-bas s  /iy sis”. (N. del T’)  61
cosa y que también vosotros sois capaces de “compromete- ros”. Nada nuevo cn este comercio de indulgencias, pero la dificultad se presenta cuando de lo que se trata cs de cortar con la confusion reinante. La cultura invocatoria del otro- mundo-cs-posible, ¢l pensamiento de Max Havelaar’, dejan poco margen para hablar de ética sin que remita a ctiqueta. La multiplicacién de asociaciones ccologistas, humanitarias, “de solidaridad”, viene oportunamente a canalizar ¢l malestar generalizado y contribuye asi a perpetuar ¢l cstado de cosas istente, por la valorizacion personal, l reconocimiento y su lote de subvenciones “honestamente” recibidas, por l culto, cn suma,  la utilidad social.  Sobre todo nada de enemigos, a lo sumo problemas, abu- sos o catistrofes, peligros todos cllos de los que solamente los dispositivos del poder pucdan protegernos.  ex  La obsesion de los fundadores del liberalismo fuc la climi- nacion de las sectas, porque en cllas se reunian todos los cle- mentos subjctivos que debian ponerse al margen como con- dicion de existencia del Estado moderno. Para un sectario, la vida, antes que nada, cs exactamente lo que puede volverse adecuado a lo que un pensamiento, reconocido como verda- dero, esti en condiciones de exigir —a saber, una cicrta dispo- sicidn con respecto a cosas y acontecimicntos del mundo, un modo de no perder de vista lo que importa. Hay una conco- mitancia cntre la aparicion de “la sociedad” (y de su correla- to: “la cconomia”)  la redefinicion liberal de lo publico y lo  4. Asociacion fundada en 1992. Otorga una etiqueta a los productos que res ponden a las normas internacionales del comercio justo. (N. del T:)  62
privado. La colectividad scctaia cs, cn si misma, una amena- 2a para lo que designa el pleonasmo “socicdad liberal”. En la medida en que es una forma de organizacion de la secesion. Aqui residia a pesadilla de los fundadores del Estado moder- no: un pedazo de colectividad se desprende del todo, arrui- nando asi la idea de una unidad social. Son dos cosas que la “socicdad” no pucde soportar: que un pensamiento pucda ser incorporads, es decir que pucda encarnarse cn una existencia cn términos de conducta de vida o de modo de vida; y que esta incorporacion pucda ser no solamente transmitida, sino com- patida, puesta en comnin. Esto s todo lo que hace falta para que SE haya convertido cn habitual calificar como “sccta” cual- quier experiencia colectiva fucra de control.  Por todas partes se ha filtrado la evidencia del mundo de la mercancia. Esta evidencia cs el instrumento més operativo para desconcetar los abjetivos de los medios, para secretar asi la “vida cotidiana” como un espacio de existencia que nos com- pete solo gestionar. La vida cotidiana cs aquello a lo que supucstamente siempre queremos volver, como la aceptacion de una necesaria y universal neutralizacion. Es la parte cada vez mayor de renuncia a la posibilidad de un goce no diferi- do. Como dice un amigo: cs la medida de todos nucstros cri- menes posibles.  Raras son las colectividades que pucden escapar al abismo que les espera, a saber: su aplastamicnto sobre la extrema pla- nicie de lo real, la comunidad como ¢l colmo de la intensidad media o cl retorno a los lentos desmoronamicntos personales, torpemente rellenados con banales apelaciones a la discrecion.  La neutralizacién cs una caracteristica esencial de la socic- dad liberal. Los nichos de neutralizacion, donde se requicre  63
que ninguna emocion s desborde, donde a cada cual sc le ige contencidn, todo ¢l mundo los conoce y, sobre todo, todo el mundo los vive como tales: empresas (pero, zqué es lo que hoy en dia no es “cmpresa™?), discotecas, lugares de activida- des deportivas, centros culturales, ctc. La verdadera cuestion es por qué, sabiendo cada uno a lo que atenerse cn cuanto a esos lugares, zpor qué estin, a pesar de todo, tan concurridos? ¢Por qué clegir, siempre y en primer lugar, “que no pase nada” o que, en cualquicr caso, no suceda nada susceptible de provocar estremecimicntos demasiado profundos? zPor cos- tumbre? :Por desesperacion? ¢Por cinismo? O tal vez porque asi uno pucde experimentar la delicia de estar cn un sitio sin estar, de estar alli estando esenciabmente cn otra parte; porque asi aquello que somos e el fonds se preservaria hasta ¢l punto de 1o tener que existir.  Estas cuestiones “éticas” son las primeras que deben plan- tearse y sobre todo son las que nosotros hallamos en el cora- 26n mismo de la politica: :como responder a la neutralizacion afectiva, a la neutralizacién de los cfectos potenciales de pen- samicntos decisivos? Y también, zc6mo las socicdades modernas jucgan con cstas neutralizaciones o, més bicn, las Jacen jugar como un engranaje esencial de su funcionamicnto? Cémo nuestras disposiciones a la atenuacion actualizan cn nosotros y hasta cn nuestras experiencias colectivas la cfecti- vidad mateial del imperio?  ex  La aceptacion de estas neutralizaciones pucde ir sin duda ala par con grandes intensidades de creacion. Podéis experi- mentar hasta la locura, a condicién de ser una individualidad creadora y de producit en piiblico la prucba de esta singulari- dad (las “obras”). Poddis incluso saber lo que significa cl  64
estremecimiento, pero a condicion de experimentarlo solos y, a lo sumo, de transmitirlo indirectamente. Seréis entonces reco- nocidos como artistas o pensadores y, por poco que estéis “comprometidos”, podréis lanzar al mar todas las botellas que queriis, con la buena conciencia de quien ve més Iejos y pucde prevenir a los demis.  Hemos hecho, como otros muchos, la experiencia de que los afectos bloqueados cn una “intcrioridad” acaban mal: pucden incluso convertirse cn sintomas. Las rigideces que obscrvamos en nosotros mismos vienen de los tabiques que cada uno ha creido deber levantar para marcar los limites de su persona y contener en clla lo que no debe desbordarse. Cuando, por una razon u otra, cstos tabiques sc fisuran y quicbran, sucede algo que pucde ser horrible, que quizds tenga que ver esencialmente con el espanto, pero un cspanto capaz de librarnos del micdo. Todo cucstionamicnto de los limites individuales, de las fronteras trazadas por la civiliza- cion, pucde revelarse salvadora. Una cicrta pucsta en ricsgo de los cucrpos acompafia a la existencia de toda comunidad material: cuando los afectos y los pensamicntos dejan de ser asignables a uno u otro, cuando algo asi como una circulacién sc ha reestablecido, en la que transitan, indiferentes a los indi- viduos, afectos, ideas, impresiones y emociones. Basta con entender que la comunidad como tal no es fa soluciins s su desaparicion, en todas partes y todo el tiempo, en donde radi- <a el problema.  Nosotros no percibimos a los humanos aislados los unos de los otros ni del resto de seres de este mundo; los vemos ligados por muiltiples vinculos, que han aprendido a negar.  65
Esta negacion permite bloquear la circulacion afectiva por la que estos miltiples lazos son experimentados. A su vez, cste bloqueo es necesario para que el hibito s supedite al régimen de intensidad més neutro, més apagado, mas mediocre, cl que pucde hacer desear como algo apetecible —es decir, como algo lo suficientemente neutro, mediocre y apagado, aunque libre- mente decidido- las vacaciones, la hora dc la cena o las vela- das tranquilas. De cste régimen de intensidad, ciertamente muy acidentads, se nutre ¢l orden imperial.  Se nos diri: haciendo la apologia de las intensidades cmo- cionales experimentadas cn comuin, vais contra aquello que los seres vivientes reclaman para vivir, a saber, la dulzura y la calma —que por lo demis sc cncuentran hoy, como todo bien escaso, a precios prohibitivos. Si sc quicre decir con esto que nuestro punto de vista es incompatible con los placeres auto- rizados, incluso los faniticos de los deportes de invierno, por poner un cjemplo, reconocerin sin muchos esfucrzos que no supondia una gran pérdida que ardicsen todas las estaciones de esqui para devolver cl espacio a las marmotas. Por lo demis, no tenemos nada contra la dulzura que todo lo vivo en tanto que vivo lleva consigo. “Bien podria ser que vivir fuese algo dulee”, cualquicr brizna de hicrba lo sabe mejor que todos los ciudadanos del mundo.  66
Proposicién V  A toda preocupacién moral, a todo anhelo de pureza, oponemos la claboracion colectiva de una estrategia. Nada es malo salvo lo que perjudica el desarrollo  de nuestra potencia.  Pertencce a esta resolucion dejar de distinguir entre cconomia y politica.  La perspectiva de formar bandas no nos espanta; la de ser tomados por una mafia més bien nos divierte.  67
Escolio  Se nos ha vendido csta mentira: lo que tendriamos de més propio cs lo que nos distinguiria e lo comiin.  Nosotros hacemos la experiencia inversa: toda singulari- dad sc experimenta en el mads y la intensidad con la que un ser hace existir algo comiin.  En cl fondo, s de ahi desde donde partimos, donde nos cncontramos.  Lo mis singular cn nosotros apela a un compartir.  Ahora bicn, constatamos la siguicnte evidencia: lo que tenemos para compartir no solamente no cs compatible con el orden dominante, sino que este persigue encarnizadamen- tc toda forma del compartir de la que no dicte las reglas. En las metrdpolis, por ciemplo, el cuattel, el hospital, la careel, cl asilo y el geriitrico son las tinicas formas admitidas de habita- cion colectiva. El estado mrmal cs el aislamicnto de cada cual en su habiticulo privado. Es alli donde se vuclve invariable- mente, por mis conmovedores o repulsivos que sean los encuentros que s experimenten en cualquicr otra parte.  Nosotros hemos conocido estas condiciones de existencia ¥ jamis volveremos a cllas. Nos debilitan demasiado. Nos Vuclven demasiado vulnerables. Nos marchitan.  69
Elaislamiento, cn las “socicdades tradicionales”, cs la pena mis dura a la que pucda condenarse a un micmbro de la comunidad. Hoy cn dia cs la condicién comiin. El resto del desastre se deduce de aqui logicamente. Es en virtud de la idea limitada que cada uno se hace de su “hogar” que parece natural dejar el espacio de la calle en manos de la policia. No SE habria podido convertir ¢l mundo cn un lugar tan inhabi- table bajo la pretension de controlar toda sociabilidad —de los mercados a los bares, de las empresas  las trastiendas— si no SE hubicse acordado antes a cada cual ¢l espacio privado como refugio.  En nucstra fuga de las condiciones de existencia que nos mutilan, hemos encontrado las okupaciones o, mejor dicho, la escena okupa internacional. En esta constelacion de lugares okupados donde se experimentan, s diga lo que se diga, for- mas de agregacion colectiva fucra de control, conocimos, cn un primer momento, un aumento de potencia, Nos organiza- mos para la supervivencia clemental —reapropiacion, trabajos colectivos, comidas compartidas, pucsta en comuin de técni- cas, de materiales, de inclinaciones amorosas— y encontramos formas de expresion politica —conciertos, manifestaciones, accion directa, sabotaje, octavillas.  Lucgo, poco a poco, vimos c6mo lo que nos rodeaba sc transformaba en ambiente y de ambicnte en escena. Vimos cl dictado de una moral sustituir a la claboracién de una estra- tegia. Vimos como s solidificaban normas, se construian reputacioncs, lo que fucron hallazgos se ponian a findionar y todo se convertia cn algo pravisible. La aventura colectiva muté en triste cohabitacion, Una tolerancia hostil se apode- 16 de todas las relaciones. Hicinos una componenda. Y como no  70
podia ser de otro modo, o que supucstamente debia ser un contra-mundo se vio reducido finalmente a un simple refle- jo del mundo dominante: los mismos jucgos de valorizacién personal en el terreno de las reapropiaciones, de la pelea, de la correccion politica o de la radicalidad. El mismo sérdido liberalismo cn Ia vida afectiva, ¢l mismo afin de territorio, de dominio, la misma cscision cntre vida cotidiana y actividad politica, las mismas paranoias identitarias. Y para los mias afortunados, el lujo de poder escapar periédicamente de su miseria local llevandola consigo alli donde todavia pucde resultar novedosa.  No achacamos cstas debilidades a la forma-okupacion. Ni rencgamos ni desertamos de clla. Decimos que okupar no volverd a tener un sentido para nosotros mas que bajo la con- dicion de entenderse a partir de este compartir al que nos hemos comprometido. En las okupaciones, como cn todas partes, Ia confeccion colectiva de una estrategia cs la tnica alternativa frente al replicgue en una identidad, a la intcgra- cion o al gucto.  En materia de cstratcgia, recordamos todas las lecciones de Ia “eradicion de los vencidos”.  Nos acordamos de los inicios del movimicnto obtero.  Nos son cercanos.  Porque lo que se puso en marcha cn aquella fase inicial se relaciona directamente con lo que vivimos, con lo que hoy que- remos poner e marcha.  La constitucion cn fierza de lo que habria de llamarse “movimicnto obrero” se apoyé cn su inicio cn la pucsta cn comiin de pricticas criminales. Las cajas de solidaridad cn caso de huclga, los sabotajcs, las sociedades sccretas, la vio- lencia de clase, las primeras formas de apoyo mutuo como  7
modo de superar la supervivencia individual, s desarrollaron a sabicndas de su caricter ilegal, de su antagonismo.  Fuc en Estados Unidos donde la similitud entre formas de organizacion obrera y criminalidad organizada se hizo mis tangible. La potencia de los proletarios americanos al inicio de la cra industrial obedecié tanto al desarrollo, en cl seno de la comunidad de los trabajadores, de una fucrza de destruccion y de represalia contra el Capital, como a la ex tencia de solidaridades clandestinas. La reversibilidad cons- tante del trabajador en malhechor trajo como respucsta un control sistemitico y la “moralizacién” de toda forma de organizacion auténoma. Se criminalizo como gang todo lo que excedia al ideal del honesto trabajador. Hasta quedar la mafia de un lado y los sindicatos del otro, ambos producto de una reciproca amputacion.  En Europa, la intcgracion de las formas de organizacion obrera en ¢l aparato de gestion cstatal —fundamento de la socialdemocracia— se pagd con la renuncia a asumir la mas minima capacidad de ataque. Pero también aqui la cmergen- cia del movimiento obrero fuc producto de solidaridades materiales, de una urgente necesidad de comunismo. Las “casas del pucblo” fucron los dltimos refugios de csta simili- tud entre necesidades de amumizacion inmediata y necesidades estratégicas ligadas a la puesta en marcha del proceso revolu- cionatio. El “movimiento obrero” se desarrollé desde enton- ces como progresiva separacion entre la corriente cooperati- vista —nicho cconomico segado de su razon cstratégica de set—y las formas politicas y sindicales proycctadas sobre l terreno del parlamentarismo, de la cogestion. Del abandono de todo objctivo secesionista naci6 un absurdo: la izquicrda.  72
Y ¢l punto culminante sc alcanzé cuando los sindicalistas denunciaron l recurso a la violencia clamando a quicn quisic- ra oftlos que colaborarian con la policia para controlar a los que rompicsen lunas de comercios o bancos.  El endurccimicnto policial de los Estados en los tltimos afios solamente prucha que las sociedades occidentales han perdido toda fuerza de agregacion; no hacen mis que gestio- nar su incluctable descomposicién. Es decir, esencialmente, impedir toda reagregacion, pulverizar todo lo que emerge.  Todo lo que deserte.  “Todo lo que rompa con lo establecido.  Pero poco importa, El estado de ruina interior de cstas sociedades mucstra un nimero creciente de grictas. El conti- nuo reestablecimicnto de las apatiencias nada puede hacer al alli se forman mundos. En okupacione comunas, grupiisculos, barrios que intentan cscapar a la deso- lacién capitalista. La mayoria de las veces cstas tentativas abortan o mucren de autarquia, incapaces de establecer los contactos, las solidaridades apropiadas. Incapaces también de percibirse como parte activa cn la guerra civil mundial.  Pero todas estas reagregaciones no son apenas nada com- paradas con el desco masira, cl desco siempre pospucsto, de dearlo tado. De parti.  En dicz afios, entre dos censos, cien mil personas han desaparecido cn Gran Bretadia. Han cogido un camion, un bille- te, han tomado cidos o sc han ido al monte. Se han desafi- liado. Han partido.  Nosotros habriamos descado, cn nuestra desafiliacion, tencr un lugar al que llegar, un partido que tomar, una dircccin que  seguir.
Muchos que parten se picrden. Y no llegan jamis.  Nuestra estrategia es pues la siguicnte: establecer aqui y ahora un conjunto de focos de desercion, de polos de sece- sin, de puntos de reunién. Para los que se fugan. Para los que parten. Un conjunto de lugares donde sustracrse al impe- tio de una civilizacién que camina hacia e precipicio.  Se trata de darse los medios, encontrar la escala en la que pucdan resolverse una serie de cuestiones que, plantcadas individualmente, nos sumen en la depresion. ¢Cémo desha- cerse de las dependencias que nos debilitan? :Como organi- zarse para dejar de trabajar? :Como establecerse fucra de la toxicidad de las metropolis sin, por otro lado, “irse al campo”? :Como detener las centrales nucleares? :Co hacer para no verse forzads a recurtir al triturador psiquidtrico cuando un amigo sc vuelve loco, ni a los medicamentos bur- dos de la medicina mecanicista cuando se pone cnfermo? Cémo vivir juntos sin aplastarse mutuamente? :Como aco- ger la muerte de un camarada? :Cémo arruinar al imperio?  Conocemos nuestra debilidad: hemos nacido y hemos cre- cido en socicdades pacificadas, en cstado de disolucion. No hemos tenido ocasion de adquirir la consistencia que dan los momentos de intensa confrontacién colectiva, Ni los saberes a cllos asociados. Tenemos una cducacion politica que madu- rar conjuntamente. Una educacion tedrica y prictica.  Para cso necesitamos lugares. Lugares donde organizar- nos, donde compartir y desarrollar las técnicas requeridas. Donde cjercitarnos en ¢l mancjo de todo lo que pucda reve- larse necesario. Donde cooperar. Si no hubiese renunciado a  74
cualquier perspectiva politica, la experimentacion de la Banhans, con todo o que contuvo de materialidad y de rigor, evocatia la idea que nos hacemos de espacios-tiempos dis- pucstos para la transmision de saberes y de experiencias. Los Black Panthers también se dotaron de tales lugarcs, a los que afiadicron su capacidad politico-militar, las dicz mil comidas gratuitas que distribuian diatiamente, su prensa autnoma, Muy pronto sc convirticron cn una amenaza tan cvidente para el poder que este tuvo que cnviar a los servicios especia- les para masacrarlos.  Quicn s constituya de este modo en fuerza sabe que s convierte cn un partido en ¢l desarrollo mundial de las hosti- lidades. La cucstion del recurso o de la renuncia a “Ia violen- cia” no es de las que un partido asi sc plantea. Y el propio pacifismo nos parece, en cualquicr caso, un arma suplemen- taria al servicio del imperio, junto a los contingentes de CRS® v de periodistas. Las consideraciones que deben ocuparnos cn las condiciones del conflicto asimétrico que se nos imponc, ataficn a los modos de aparicién y desaparicion adecuados a cada una de nuestras pricticas. La manifestacion, la accion a cara descubicrta, la protesta indignada, son formas de lucha no solamente inadecuadas al régimen actual de dominacion, sino contraproducentes, pucsto que lo refuerzan alimentan- do, con informaciones continuamente actualizadas, sus siste- mas de control. Parcceria de buen juicio, vista la inconsisten- cia de las subjetividades contemporineas, incluso la de nues-  5. CRS.- Compagnies Républicaines de Sécurite. Cuerpo de la policia nacio- nal. (N. del T)
tros dirigentes, y también considerando el pathos lacrimoge- n10 con que se ha conseguido rodear la muerte del mis insig- nificante de los ciudadanos, atacar los dispositivos materiales mis que a los hombres que les conficren un rostro. Por cui- dado estratégico. Por lo demis, son las formas operativas propias de todas las guerrillas a las que debemos prestar aten- cion: sabotajes anénimos, acciones no reivindicadas, el recur- 50 a técnicas ficilmente apropiables, contraataques a objeti- vos concretos.  No hay cuestion moral en ¢l modo como nos procuramos nuestros medios de vivir y de luchar, sino una cuestion idica sobre los medios que nos damos y ¢l s que hacemos de cllos.  “La manifestacion del capitalismo cn nucstras vidas cs la tristeza”, decia una amiga.  Se trata de establecer las condiciones materiales de una disponibilidad compartida al goce.
Proposicién VI  Por un lado, queremos vivir ¢l comunismo; Por cl otro, queremos propagar la anarquia.
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Escolio  La época que atravesamos es la de la més extrema separa- cién. La normalidad depresiva de las metrépolis, sus muche- dumbres solitarias, expresan la imposible utopia de una socie- dad de atomos.  La mds extrema separacion nos cnseiia el sentido del tér- mino “comunismo”.  El comunismo no es un sistema politico o cconomico. El comunismo pucde arreglarselas la mar de bien sin Marx. El comunismo se ric de la URSS. Y se hace dificil de creer que SE pucda fingir, cada dicz afos y desde hace medio siglo, cl descubrimiento de los crimenes de Stalin al grito de “{Mirad Io que es el comunismo!” si no SE presintiese que todo nos empuia hacia él.  El tinico argumento del que pueda decirse que ha aguan- tado ¢l envite del comunismo s que no cra necesario. Y cierta- mente, por limitados que fuesen, subsistian atin hasta fechas recientes, aqui y alli, cosas, lenguajes, pensamientos, lugares comunes; suficientes en todo caso para no enfermar. Habia mundos y estaban poblados. El rechazo de pensar y plantear- sc la auestion del commnismo tenia sus argumentos, argumentos précticos. Han sido barridos. Los anos 80, e/ modo en que perdu-  79
ran, persisten en Francia como la marca traumitica de csta Gltima purga. Desde entonces, todas las relaciones sociales se han convertido en sufrimicnto. Al punto de volver preferible toda ancstesia, todo aislamicnto. En cictto sentido, cs cl libe- ralismo existencial lo que nos empuja al comunismo, por cl exceso mismo de su triunfo.  La cuestion comunista apunta a la claboracién de nuestra relacién con ¢l mundo, con los seres, con nosotros mismos. Se refiere a la claboracion del jucgo entre los diferentes mun- dos, a la commmizaciin entre cllos. No a la unificacion del espa- cio planctatio, sino a la instauraciin de lo sensible, cs decir de la pluralidad de los mundos. En ese sentido, ¢l comunismo no ¢s la extincion de toda conflictividad, no describe un cstado final de la sociedad tras el cual todo habria sido dicho. Porque es por medio del conflicto, también, como los mundos comu- nican. “En la sociedad burgucsa, donde las diferencias entre los hombres solo son aquellas que no tienen que ver con cl hombre mismo, son precisamente las verdaderas diferencias, las diferencias de cualidad, las que se menosprecian. El comu- nista no quicre construir un alma colectiva. Quicre realizar una socicdad donde las falsas diferencias sean liquidadas. Y liquidando cstas falsas diferencias, abrir todas las posibilida- des que contienen las diferencias verdaderas.” Asi hablaba un vicjo amigo.  Es evidente, por cjemplo, que SE ha pretendido zanjar la cuestion de lo que me cs apropiado, de lo que necesito, de lo que forma parte de mi mundo, exclusivamente a través de la ficcion policial de la propicdad legal, de lo que es o y e per- senece. Algo me s propio en la medida en que pertencee al  80
dominio de mis usos y no en vireud de un titulo juridico. La propicdad legal no contiene mis realidad, a fin de cucntas, que la de las fuerzas que la protegen. La cucstion del comu- nismo pasa, pucs, de un lado por la supresion de la policia y, de otro, por la claboracion entre los que viven juntos de modos de compattir, de #50s. El comunismo, ciertamente, no est dado. Esti por pensar, est por lacer. Y, sin embargo, todo lo que se pronuncia cn su contra obedece en la mayoria de los casos a una expresion de la fatiga. “Pero jamis lo con- seguiréis... Eso no puede funcionar... Los hombres son como son... Y ademis, ya cs suficientemente dura la vida como para.... La energia tiene un limite, no se puede hacer todo”. Pero la fatiga no cs un argumento. Es un cstado.  El comunismo parte, por tanto, de la experiencia del com- partir. Y en primer lugar de compartir nucstras necesidades La necesidad no es aquello a lo que nos han acostumbrado los dispositivos capitalistas. La necesidad o es munca ecesidad de una cosa sin ser al mismo tiompo necesidad de mndo. Cada una de nucs tras necesidades nos liga, mas alli de todo pudor, a todo lo que hace que la experimentemos como tal. La necesidad no es mas que ¢l nombre de la relacién por la cual un ser sensi- ble concreto hace existir tal o cual clemento de su mundo. Por cso los que carecen de mundo —las subjetividades metro- politanas, por cjemplo— solamente cxperimentan caprichos. Y por cso cl capitalismo, que sin embargo satisface como nadic Ia necesidad de cosas, no propaga universalmente mas que la insatisfaccion: porque para satisfacer la necesidad de cosas, debe destruir los mundos.  Por comunismo entendemos una cierta disciplina de la aten- cidn.  81
Ala prictica del comunismo, tal y como la vivimos, Ia lla- mamos “cl Partido”. Cuando logramos superar juntos un obsticulo o cuando alcanzamos un nivel superior del com- partir, nos decimos que “construimos cl Partido”. Ciertamente, otros, que no conocemos atn, construyen tam- bién ¢l Partido, cn otro lugar. Este llamamicnto cstd dirigido a clios. Ninguna expericncia de comunismo cn la actualidad pucde sobrevivir sin organizarse, sin vincularse a otras, sin ponerse en crisis, sin librar la guerra. “Porque los oasis que la vida dispensa son arrasados cuando buscamos refugio cn cllos”.  Tal como lo aprehendemos, el proceso de instauracion del comunismo s6lo pucde tomar la forma de un conjunto de actos de commizacidn, de puesta en comin de tal o cual espacio, de tal o cual artefacto, de tal o cual saber. Es decir: de la clabo- racién del modo de compartir que les cs propio. La misma insurreccién no es mas que un acclerador, un momento deci- sivo de cste proceso. Tal como lo entendemos, ¢l Partido no es I organizacion —donde a fucrza de transparencia todo s vuelve inconsistente— ni ¢l Partido s la familia ~donde todo hucle a engaio a fucrza de opacidad.  El Partido cs un conjunto de lugares, de infracstructuras, de medios puestos en comiin y los sucrios, los cucrpos, los murmullos, los pensamicntos, los descos que circulan entre esos lugares, cl 50 de csos medios, cl hecho de compartir csas infracstructuras.  La nocion de Partido responde a la necesidad de una for- malizacion minima, que nos vuelva accesibles atin permitién- donos permanccer invisibles. Corresponde a la cxigencia comunista explicarnos a nosotros mismos, formular los prin-  82
cipios de nuestro compartir. Con el fin de que el dltimo en lle- gar sea, como minimo en eso, igual al primero.  Visto mis de cerca, el Partido podria no ser mis que lo siguiente: la constitucion en fuerza de una sensibilidad. El desplicgue de un archipiélago de mundos. :Qué seria, bajo cl imperio, una fuerza politica que carcciese de sus granjas, sus escuelas sus medicinas, sus casas colectiva mesas de montaje, sus imprentas, sus camionctas y sus cabe- 2zas de puente en las metrépolis? Nos parece cada vez mis absurdo que algunos de entre nosotros se vean todavia obli- gados a trabajar para ¢l Capital —fucra de las diversas tarcas de infiltracién, por supuesto.  De aqui viene la potencia ofensiva del Partido, que tam- bi¢n es una potencia de produccion, ain si en su seno las rela- ciones no son de produccion ws que incidentalmente.  El capitalismo ha consistido en la reduccion en dltima ins tancia de todas las relaciones a relaciones de produccion. De Ia empresa a la familia, ¢l mismo consumo aparece como un episodio mis de la produccion general, de la produccién de sociedad.  El derrocamiento del capitalismo vendri de aquellos que consigan crear las condiciones para otros fipos de relaciones.  En esto el comunismo del que hablamos se opone, punto por punto, a lo que SE ha llamado “comunismo” y que no fue en gran medida més que socialismo, capitalismo monopolista de Estado.  El comunismo no consiste en la elaboracion de muevas rela- ciones de produccidn, consiste mds bien en su aboliciin.  Que no tengamos con respecto a nuestro medio o entre nosotros relaciones de produccion, significa no dejar que la biisqueda del resultado prime sobre la atencién al proceso,  sus armas sus  83
significa desbaratar entre nosotros cualquicr forma de valori- Zacion, cuidarnos de no separar afecto y cooperacion.  Estar atentos a los mundos, a su configuracion sensible, implica muy especialmente imposibilitar ¢l aislamicnto de algo asi como una “relacion de produccion”.  En los lugares que abrimos, cn torno a los medios que compartimos, esta cs la gracia que buscamos, que experimen- tamos.  Para nombrar csta experiencia, a menudo s oye de nuevo en Francia la palabra “gratuidad”. Mas que de gratui- dad nosotros preferimos hablar de comunismo porque no olvidamos lo que la prictica de la gratuidad implica de orga- nizacién y, a corto plazo, de antagonismo politico.  Por otro lado, la construccion del Partido, en su aspecto mis visible, consiste para nosotros cn la pucsta cn comiin, cn lacommizacion de aquello de lo que disponemos. Poner cn comiin un lugar quicre decir: liberar su uso y, sobre Ia base de esta liberacion, experimentar relaciones delicadas, intensifica- das, complejizadas. Si la propicdad privada cs esencialmente el poder discrecional de privar a cualquicra del uso de la cosa que se posce, la pucsta en comiin es poder privar del uso de o que sea solo a los agentes del imperio.  Desde todos lados se nos chantajea con la cleccion entre la ofensiva y la construccién, la negatividad y la positividad, la vida y la supervivencia, la guerra y la cotidianidad. No respon- deremos. Sabemos demasiado acerca de como cstas altcrnati- vas dividen primero y escinden después a los colectivos cxis- tentes. Para una fucrza que se desplicga, cs imposible decir si la destruccion de un dispositivo que la perjudica es asunto de  84
construccion o de ofensiva, si el hecho de alcanzar una cierta autonomia alimentaria o médica constituye un acto de guerra o de sustraccion, Hay circunstancias, como un motin, cn las cuales ¢l hecho de poder curarse entre camaradas aumenta considerablemente la capacidad de ataque. ¢Quién pucde deci que armarse no forma parte de la constitucién material de una colectividad? Alli donde hay entendimiento acerca de una estrategia comin, no s da cleccion cntre ofensiva y construccion; se da, en cada situacion, la evidencia de lo que aumenta nuestra potencia y lo que la reduce, de lo que es oportuno y lo que no lo cs. Y alli donde esta evidencia se ccha en falta hay discusion y, en el peor de los casos, apucsta.  En gencral, no vemos c6mo algo distinto a una fucrza, una realidad apta para sobrerivira la dislocacion total del capitalis mo, pucde verdaderamente atacarlo hasta lograr, precisamen- e, esta dislocacion.  De lo que se tratard, cuando llegue ¢l momento, es de hacer girar a nucstro favor | hundimiento social gencraliza- do, transformar un derrumbe del tipo argentino o soviético en situacion revolucionaria. Aquellos que pretenden separar autonomia material y sabotaje de la maquina imperial expre- san suficientemente bien que no quicren ni una cosa ni la otra.  No cs ninguna objecién contra ¢l comunismo el hecho de que la experimentacion mas formidable de la comunizacion en el periodo reciente la haya producido ¢l movimicnto anar- quista espafiol entre 1868 y 1939.  85
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Proposicién VIL  El comunismo es posible en todo momento. Lo que lamamos “Historia” no cs al dia de hoy mis que el conjunto de tergiversaciones inventadas por los humanos para conjurarlo. El hecho de que esta “Historia” consista, desde hace mas de un siglo, en una variada acumulacion de desastres, y solamente cn es0, nos habla de que la cucstion comunista ya no pucde suspenderse mis. Es csta suspension la que debemos, a su vez, suspender.  87
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Escolio  “:Pero qué queréis vosotros exactamente? (Qué propo- néis VOSOTROS?”  Este tipo de preguntas pucden parecer inocentes. Pero lamentablemente no son preguntas. Son gperaciones.  Remitir todo NOSOTROS que se expresa a un VOSOTROS extranjero cs, de entrada, conjurar la amenaza de que ese NOSOTROS me interpele de algin modo, de que ese NOSOTROS e atraviese. En segundo lugar es constituir al portador de un simple ennnciads —inasignable en si mismo— en pro- pietario e este. Porque en la organizacion metédica de la sepa- racién por ahora dominante, la circulacion de los enunciados no es admitida si no pueden remitirse a un propictatio, a un antor. Sin el cual correrian ¢l riesgo de ser un poco commnes, y solamente aquello que enuncia ¢l nosotros impersonal (SE) estd autorizado a la difusion anénima.  Y lucgo, esas preguntas conllevan esta mistificacion: que, atrapados en l curso de un mundo que nos desagrada, habtia propuestas que hacer, alternativas a encontrar. Que uno podria, dicho de otro modo, sustracrse a la situacion en la que se ve inmetso para evaluarla de modo desapasionado, entre gente razonable.  89
No hay espacio fuera de la situacién. No hay afuera de la guerra civil mundial. Formamos irremediablemente parte de clla. Estamos irremediablemente atrapados en ella.  Todo lo que podemos hacer al respecto cs claborat, en s interior, una estrategia. Compartir un andlisis de la situacion y claborar una estrategia. Es el tnico NOSOTROS posible- mente revolucionario, ¢ NOSOTROS prictico, abierto y difuso de aquellos que operan en un mismo sentido.  En ¢l momento en que escribimos csto, cn agosto de 2003, podemos afirmar que nos enfrentamos a la mayor ofen- siva del Capital de las wltimas dos décadas. El antiterrorismo ¥ la suptesion de las Gltimas garantias conquistadas en otros tiempos por ¢l difunto movimiento obrero dan el tono de la tentativa gencralizada de meter en vereda a la poblacion. Jamis los gestores de la socicdad han sabido tan bien como ahora de qué obstaculos se han librado y qué medios tienen a su disposicion. Saben, por cjemplo, que la pequesia burgucsia planctaria que ya pucbla las metrépolis esti suficientemente desarmada como para no ofrecer la menor resistencia a su aniquilamicnto programado. Como también saben que su contrarrevolucion se materializa cn toncladas de cemento, incluyendo la arquitectura de tantas “nuevas ciudades”. A largo plazo, parcce que l plan del Capital cs apartar, a cscala global, un conjunto de zonas pacificadas y concctadas entre i, donde el proceso de valorizacion capitalista abrazaria cn un movimicnto a la vez perpetuo ¢ ininterrumpido todas las manifestaciones de la vida. Esta zona de confort imperial, ciudadano y desterritorializado, formaria una especic de con- tinuum policial donde reinaria un nivel de control, tanto poli- tico como biométrico, casi constante. El “resto del mundo”  90
podria cntonces ser cnarbolado, a medida que avanza su incompleta pacificacion, a la vez como espantajo y gigan- tesco afucra a civilizar. La experimentacion salvajc de coha- bitacién zona por zona entre enclaves hostiles, tal como s desarrolla desde hace décadas en Isracl, ofreceria ¢l mode- lo de gestion de lo social por venir. No tenemos ninguna duda de que la verdadera razén de todo esto sea, para cl Capital, reconstituir desde la base s propia sociedad. Sca cual sca su forma y el precio que haya que pagar.  Hemos visto cn Argentina cémo el hundimicnto cconémi- co de un pais entero no ha sido, desde su punto de vista, demasiado costoso.  En este contexto, NOSOTROS somos aquellos, todos aquellos, que experimentan la necesidad fdfica de las tres ope- raciones siguicntes:  1. Impedit por todos los medios la recomposicion de 1 izquicrda.  2. Hacer progresar, de “catistrofe natural” cn “movi- micnto social”, ¢l proceso de comunizacion, la construccion  del Partido.  3. Llevar la secesion hasta los sectotes vitales de la miqui- na imperial,  91
1. Periédicamente la izquierda es derrotada. Eso nos divierte pero no es suficiente. Su derrota, la queremos defini- tiva. Sin remedio. Que nunca jamas el espectro de una oposi- cién conciliable revolotee en el espiritu de aquellos que s saben inadecuados al funcionamiento capitalista. La izquicrda —y esto lo admite hoy en dia todo ¢l mundo, aunque :nos acordaremos de cllo pasado mafiana?— forma patte de los dis positivos de neutralizacion de la sociedad liberal. Cuanto mas se verifica la implosién de lo social, mas invoca la izquicrda “la sociedad civil”. Cuanto mds actia impunc y arbitrariamen- te la policia, més se declara pacifista. Cuanto mis se libera cl Estado de las ultimas formalidades juridicas, mas ciudadana s proclama. Cuanto més crece la urgencia de apropiacién de los medios necesarios para nuestra existencia, mds nos exhor- ta a esperar, a reclamar la mediacién, incluso la proteccion, de nuestros amos. Es la izquierda la que nos prescribe hoy, fren- te a gobiernos que se sitdan abiertamente en el terreno de la guerra social, que nos convirtamos en sus interlocutores, que redactemos nuestras quejas, formulemos reivindicaciones, o estudiemos la economia politica. De Léon Blum a Lula, la izquicrda no ha sido mas que eso: el partido del hombre, del ciudadano y de la civilizacion. Hoy, ese programa coincide integramente con el programa contrarrevolucionario: mante- ner en vigor ¢l conjunto de ilusiones que nos paralizan. La vocacion de la izquicrda es expresar un sucio que solamente el imperio tiene los medios de alcanzar. Es la vertiente idea- lista de la modernizacién imperial, la vilvula de escape nece- saria al ritmo insoportable del capitalismo. Ya ni le hace ascos 2 escribirlo en las publicaciones del propio ministerio francés de la Juventud, Educacién ¢ Investigacion: “En la actualidad cualquiera sabe que sin la ayuda concreta de los ciudadanos,  92
el Estado no tendria los medios ni el tiempo necesario para lograr las obras que pucden cvitar la explosion de nuestra sociedad” (Ganas de actuar — La guia del compromiso).  Hoy, deshacer la izquierda, es decir mantener constantemente abierto el canal de la desafeccion social, no es solamente necesario sino posible. Somos testigos, cuando pot otro lado se refuerzan a un titmo acelerado las estructuras imperiales, del pasaje de la vicja izquicrda trabajista, enterradora del movimiento obrero y surgi- da de él, 2 una nueva izquicrda, mundial, culural, de la que puede decirse que tiene al negrismo como punta de lanza. Esta nucva izquierda no termina de asentarse ain ante la reciente neutrali- zacién del “movimiento antiglobalizacion”. Sus nuevos enga- fios son vistos como tales, mientras que los vicjos ya no sirven.  Nuestra tarea cs arruinar la izquicrda mundial alli donde s manificste, sabotear metédicamente, es decir, tanto cn la teo- tia como en la prctica, cada uno de sus posibles momentos de constitucion. En s sentido, nuestro éxito en Génova no reside tanto en los espectacularcs enfrentamicntos con la policia o cn los dafios infligidos a los érganos del Estado y cl Capital, como en el hecho de que la difusion de pricticas de confrontacién propias al “Black Bloc” en fadus los blagues de la manifestaciin totpedease la apotcosis anunciada por los Tate Bianche. Asi como nuestro fracaso desde entonces se encuen- tra cn no haber sabido claborar nuestra posicion de modo tal que esa victoria en la calle se convirticse cn algo mis que on un simple espantajo agitado sistemiticamente por todos los movimientos llamados “pacifistas”.  Es cl actual replicguc de csta izquicrda mundial en los foros sociales —replicguc debido a que ha sids vencida en la calle— lo que debemos atacar.  93
2. De afio cn aio crece la presion para que todo findione. A medida que progresa la cibernetizacion social, se vuclve mas imperioso volver a la situacién de normalidad. Y cn base a csta légica s multiplican las situaciones de crisis, los disfunciona- micntos. Un corte del fluido cléctrico, un verano demasiado caluroso o un movimiento social no se diferencian desde cl punto de vista del impetio. Son perturbaciones. Hay que gestio- narlas, Por ahota, es decit a cansa de muestra debilidad, cstas situa- ciones de interrupcion se presentan como tantos momentos en los que el imperio sobreviene, se inscribe en la materialidad de los mundos, experimenta nuevos procedimicntos. Es ahi, sobretodo, donde constrific con mds fucrza a las poblaciones que pretende socorrer. El imperio pasa en todas pattes por ser el agente que nos devuelve a la situacion normal. Nuestra tarea, por cl contrario, cs la dc comertir en habitable la situacion de excepeidn. No conseguiremos “bloquear la sociedad-cmpresa” verdaderamente, si no somos capaces de poblar ese bloquco con otros descos distintos a volver a la normalidad.  En cicrto sentido, lo que se produce en una huelga o en una “catistrofe natural” cs muy parccido. Una interrupcion interviene en la regulacion organizada de nuestras dependen- cias. Entonces s muestra desnudo, en cada uno de nosotros, el ser de nucstras necesidades, el ser comunista, lo que nos vincula esencialmente y lo que en esencia nos separa. Cac cl velo de vergiienza con el que cubrimos habitualmente todo esto. La disponibilidad al encuentro, a la experimentacién de otras relacioncs con ¢l mundo, con los otros, con uno mismo, tal como cntonces s manificsta, basta para barrer cualquicr duda con respecto a la posibilidad del comunismo. Y también en lo que hace a su necesidad. Lo que se requicre aqui cs nuestra capacidad de auto-organizacion, nuestra capacidad,  94
organizindonos desde l principio en base a nuestras necesi- dades, de hacer durar, de propagar, de hacer cfectiva la situa- cion de excepeion, esa misma sobre cuyo terror se funda cl poder imperial. La ignorancia de csta ambivalencia de la situa- cion de excepeion por patte de los movimientos sociales sor- prende particularmente, La expresion misma “movimicnto social” parece sugerir que lo que importa realmente cs hacia doénde se va y no lo que ocurre micntras tanto. Sc da cn todos los movimicntos sociales actuales ¢l compromiso ticito de no tomar en consideracion aquello en lo que consisten, lo cual plica cl hecho de que se sucedan los unos a los otros, no s6lo sin agregarse nunca, sino mas bien cmpefiados en distan- ciarse entre si. De ahi la textura particular, tan volitil, de sociabilidad de movimicnto, donde cualquicr compromiso parcce tan ficilmente revocable. De ahi también su invariable dramaturgia: un ripido vuclo debido a la resonancia medidti- cay después, a partir de csta agregacion temprana, el lento ¢ incxorable deterioro; y finalmente, agotado ¢l movimiento, cl ltimo reducto de irreductibles acaban por afiliarse a tal o cual sindicato, fundan tal o cual asociacion, csperando asi encon- trar una continuidad organizativa a su compromiso. No cs csa la continuidad que nosotros buscamos: ¢l hecho de disponer de locales donde reunimos o de una fotocopiadora para octa- villas. La continuidad que buscamos cs la que nos permita, después de haber luchado durante meses, no volver a traba- jar, no volver a retomar cl trabajo coo antes, continuar provo- cando dafios. Y esa continuidad solamente podemos cons- truitla cn la duracion de los movimicntos. Es una cuestion de pucsta cn comiin inmediata, material, de construccion de una verdadera miquina de guerra revolucionatia, de construccion del Partido.  ex
Se trata, tal y como decimos, de organizarse en base a nuestras necesidades —de poder responder progresivamente a Ia cuestién colectiva de comer, dormir, pensar, amar, e crear formas, de coordinar nuestras fuerzas— y de concebir todo esto como un momento de la guerra contra el imperio.  Solamente asi, habitando las mismas perturbaciones del programa, podremos enfrentarnos a ese “liberalismo ccono- mico” que no es mis que la estricta consecuencia, la légica pucsta en funcionamiento, del liberalismo existencial acepta- do en todas partes, practicado y considerado por cada uno como su derecho mis elemental, incluidos aquellos que que- rrian desafiar al “neoliberalismo”. Es asi como se construird el Partido, como una estela de lugares habitables dejados tras de por cada una de las situaciones de excepcioén con que tro- picza el imperio. Nadic podri dejar entonces de constatar c6mo las subjetividades y los colectivos revolucionarios s vuelven mas consistentes, 2 medida que se dan un mundo.  9%
3. El imperio cs manifiestamente contemporinco a la constitucion de dos mongpaliss: por un lado, ¢l monopolio cientifico de las descripciones “objctivas” del mundo y de las téenicas de experimentacion sobre este; por el otro, cl mono- polio religioso de las técnicas de si, de los métodos por los cuales se claboran subjetividades -monopolio del que depen- de dircctamente la prictica psicoanalitica. De un lado una relacién con el mundo depurada de toda relacion con uno mismo —uno mismo como fragmento del mundo-, del otro una relacién con uno mismo depurada de toda relacién con ¢l mundo —con ¢l mundo cn tanto que me atraviesa. Todo sucede entonces como si las ciencias y las religiones, en su mismo distanciarse, configurasen ¢l espacio ideal donde cl imperio cs libre de moverse. Ciertamente, estos monopolios estin muy diversamente distribuidos segin las zonas del imperio. En las regiones llamadas desarrolladas, las ciencias constituyen un discurso de verdad al que se le reconoce cl poder de dar forma a la existencia misma de la colectividad, precisamente ahi donde l discurso religioso ha perdido csta capacidad. Por lo tanto es alli donde debemos llevar la sece- sion en primer lugar.  Llevar la sccesion a las ciencias no significa abalanzarse sobre cllas como si sc tratasen de una fortaleza a conquistar o a arrasar, sino destacar las lincas de fractura que las recorren, tomar el partido de aquellos que acentiian cstas lincas y que, por csto mismo, comicnzan por no disfrazatlas. Porque del mismo modo que hay grictas trabajando permancntemente la falsa compacidad de lo social, cada rama de las ciencias forma un campo de batalla saturado de estrategias. Con cl paso del tiempo la comunidad cientifica ha logrado construir en torno asi misma la imagen de una gran familia unida, consensual cn  9
Io bisico y muy respetuosa de las reglas de cortesia. Esa fuc de hecho la mayor operacion politica ligada a la existencia de las ciencias: velar los desgarros internos y cjercer, a partir de esta imagen aplanada, cfectos de terror sin igual. Terror hacia afucra, como privacién del estatuto de discurso de verdad para todo aquello que no se reconoce como cientifico. Terror hacia dentro, como descalificacion refinada, feroz, de las potenciales herejfas. “Estimado colega...”  Cada ciencia pone cn marcha un conjunto de hipétesis; estas hipétesis son dcisiones cn tanto que construyen realidad. Hoy en dia csto es ampliamente aceptado. Lo que s nicga cs la significacion ética de cada una de estas decisiones, como cada una de cllas implica una cicrta forma de vida, un cierto modo de percibit ¢l mundo (por cjemplo, experimentar el tiempo istencial como desplicgue de un “programa genético” o la alegtia como un asunto de serotonina).  ex  Asi, los jucgos de lenguaje cientificos no parccen construi- dos para establecer una comunicacion entre aquellos que los usan, sino para excluir a quicnes los ignoran. Los agencia- micntos materiales, cstancos, en los que se inserta la actividad cientifica —laboratorios, coloquios, ctc.— llevan en si mismos el divorcio cntre las experimentaciones y los mundos que estas podrian configurar. No basta con describir de qué modo las investigaciones llamadas “fundamentales® cstin siempre concctadas de algin modo con los flujos militares y cmpresa- tiales, y como, reciprocamente, cstos contribuyen a definir sus contenidos, las mismas orientaciones de la investigacion. La manera que ticnen las ciencias de participar cn la pacifica- cion imperial pasa sobre todo por desarrollar solamente las  98
<perimentaciones y chequear las hipotesis compatibes con cl mantenimiento del orden dominante. Por ¢l contrario, nues- tro modo de arruinar ¢l orden imperial pasa por Ia apertura de espacios disponibles para las experimentaciones antagonistas. De Ia existencia de tales espacios desocupados depende que las experimentaciones pucdan dar a luz sus mundos conexos, asi como depende de la pluralidad de estos mundos que se exprese la conflictividad oculta de las pricticas cientificas.  Se trata de que los practicantes de la vicja medicina meca- nicista y pasteuriana se unan a los que practican las medicinas “tradicionales”, prescindiendo de cualquier extravio new age Que deje de confundirse ¢l compromiso con la investigacion v la defensa judicial de la integridad de los laboratorios. Que las pricticas agricolas no productivistas se desarrollen al mar- gen del coto cerrado de las ctiquetas bio. Que scan cada vez mis numerosos los que experimenten el caricter irrespirable de las contradicciones de “la cducacion nacional”, entre defensa de la Repiblica y taller de auto-cmpresarialidad difu- sa. Que la “cultura” no pucda enorgullecerse de la colabora- cion de un solo inventor de formas.  En todas partes hay alianzas posibles. La perspectiva de quebrar los circuitos capitalistas cxige, para ser cfectiva, que las secesiones se multipliquen, ¥ que se agreguen.  SE nos diri: cstiis atrapados cn una alternativa que, de un modo u otro, os condena: o bicn logriis convertiros cn una amenaza para cl imperio y, en ese caso, seréis ripidamente cli- minados; o bicn no logriis constituir tal amenaza y, una vez mis, os destruiréis a vosotros mismos.  99
Queda apostar por la existencia de otra posibilidad, un del- gado filo, pero suficiente para que podamos caminar por ¢, suficiente para que fodas aguellos que escuchen pucdan caminar y vivir cn él.  100
“Cada dia, la juventud espera, espera su oportunidad como la esperan los obreros, incluso los viejos. Esperan todos, aquellos que estin descontentos y que reflexionan. Esperan que se levante una fuerza, algo de lo que formar parte, una suerte de nueva internacional, que no cometa los errores de las antiguas. La posibilidad de acabar de una vez por todas con el pasado.  Y que comience algo nuevo.  NOSOTROS HEMOS COMENZADO.”  101
EL BELLO INFIERNO  Con ocasiin de una ofensiva estética lamada Lille 2004-capi- tal-curspear-de-la-cultura, que vino a golpear de lleno a la cin- dad del misnio nombre, un pequeio libr titulado La fiesta ha terminado, sin mencicn de ator i de ediciin, hizo su apa- ricidn en el territorio concernido. Su contenido resond junto a la verdad que expresaron diversos actos de sabotaje que, en aguel moments, apuntaron contra la infame utopia vendida por tan- tos artistas y politicos.  “Elinfierno de los vivos no es algo por venit; hay uno, el que ya existe aqui, el que habitamos todos los dias, el que formamos estando juntos. Hay dos mancras de no sufrirlo. La primera es ficil para muchos: aceptar cl infierno y volverse parte de él hasta cl punto de defar de verlo. La segunda es arriesgada y exige atencion aprendizaje continuos: buscar y saber reconocer quién ¥ qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacer que dure, y darle espacio.”  Italo Calvino, Las ciudades invisibles  Todo lo que ha surgido ligado a la estética nos s irreduc- tiblemente hostil. No decimos enemigs, decimos: hostil’. “El  1. http:/ /lafetcestfinic. frec.fr/ 2. Bl lector intercsado en la distincion cntre hostilidad y enemistad, puede remitise al libco Infoduccidn a fa guerra cini, Tiqqun. Ed. Melusina, 2008,  103
cnemigo ¢s nuestro propio problema, tomando forma”, ha esctito alguien. Para nosotros no existe el problema estético. Cuando un moderno cualquicra publica una norela donde s conjuta para “volver a poner de moda ¢l comunismo”, per- cibimos con suma precisién la operacién que intenta aontra nosotros. Y encomendamos el libro a las llamas, sin remordi- micntos. Lo estipido aqui seria intentar comprender, cuan- do justamente sélo cabe destruir.  Si la estética no fuese mas que la ciencia de lo bello, o del gusto, o incluso “un cierto régimen de intcligibilidad de las attes” —ese momento, hacia finales del siglo xviir, donde s dejo de hablar de bellas artes, de artes liberales y artes meci- nicas, y se empez6 a hablar de “cl arte”, dmbito especial de la istencia, celosamente distinto de la vida ordinaria=, no. habria salones de estética en cada esquina, ni la punk attitude, ni siquicra “zonas de gratuidad” en las galerfas de arte. Y cier- tamente tampoco se fantascaria con convertir a los dltimos campesinos en agentes de mantenimicnto del paisaje. Hay menos estética en toda la histotia del arte de A. Warburg que en una hora de la vida de un publicista cualquicra. Estética es Ia existencia metropolitana en toda su complejidad y la nueva sociedad “imperial” en su fundamento. La estética es la forma que toma la fusién aparente del capital y de la vida en la metro- polis. Si en adelante la valorizacién solo puede encontrar su diltima ratio en el hecho de que una cosa o un ser gustan, el poder, que ya no logra justificar sus mancjos mediante refe- rencia alguna a la verdad o a la justicia, pasa a disponer de la mas absoluta libertad de accion desde el momento en que se cubre con la miscara de la estética. Un nictzscheano para cje- cutivos escribia hace algunos afios: “El paradigma estético es el dingulo de ataque que permite dar cuenta de una constela-  ex  104
cién de acciones, sentimicntos y ambientes especificos del espititu de la postmodernidad”. A lo que seguia un clogio de la sociabilidad de bar moderno, de todo el buen rollo ciber- nético, de toda la superficialidad rentable, de las pasiones frias que tanto atracn a los corazones metropolitanos. Estética es pus la neutralizacion impetial ahi donde no SE puede recu- rrir directamente a la policia.  :Comprender la estética? No hay comprension sin empa- tia; y nuestra empatia no se dirige hacia lo que nos dafia ¢Es que acaso intentamos cmprender a la policia? No. Saber cémo funciona, cudles son sus procedimientos, hasta dénde llega, de qué medios dispone y como destruirla, si, pero jamés con- prenderia.  Todo el trabajo de la metafisica, toda la obra de la civi- lizacién, en Occidente, ha consistido en separar una vez tras otra lo “humano” de lo “no-humano”, la “conciencia” del “mundo”, el “saber” del “poder”, el “trabajo” de la “existencia”, la “forma” del “contenido”, el “arte” de la “vida”, el “ser” de sus “determinaciones”, la “contempla- cion” de la “accion”, ctc. —anadimos las comillas porque en realidad ninguna de estas cosas existe como tal antes de disociarla de su contraria lo que, al mismo tiempo, la prodi- . Una vez operada esta separacién y producidas cada una de esas unilateralidades, la tarea de mantenerlas separadas se confiard a una institucion distinta para cada una de ellas. Asi, la institucién muscistica y su complice, la critica de atte, garantizarin por cjemplo la existencia del arte en tanto que arte, por un lado, y la existencia del mundo prosaico como mundo prosaico del otro. Ello supuso, por todas partes, una cierta desolacion. La estética aparece entonces con cl proposito de animar esta desolacion, de reunificar todo  105
aquello que Occidente habia separado, pero reunificatlo exteriormente, en fanto que separado. En el fondo, la época que inaugura la estética es la época de la crisis de todas las instituciones. Pero si en adelante caen los muros de los museos tanto como los de la escuela, de los hospitales tanto como los de la empresa, incluso los muros de la propia individualidad burguesa, es para poner cada espacio bajo cl control especifico de un dispositivo, es decir: para incorporar el dispositivo e cada ser; hasta tal punto nos atraviesa aque- llo que atravesamos. Desde ese momento nada distinguird por cjemplo la existencia del trabajo, sino que cada cual lle- vari consigo un teléfono movil en cuya agenda ya no habri distincion entre amigos y colegas de trabajo, y con el que uno podri ser localizado a cualquicr hora del dia. Ya no habri vidas consagradas exclusivamente a la contemplacién 0 ala pura accién, no habri clérigos ni jefes de guerra, sino que la reflexividad penetrari cada segundo de la existencia y nadic llevar a cabo un acto sin ser al mismo tiempo su espectador. En dltima instancia, nadie hard el amor sin ser consciente en todo momento de estar haciéndolo, lo que con- vierte el arte erético en universal pornografia. Ya no habri patrén ni esclavo, pero cada uno serd su propio patrén y llevari grabadas en su corazén las leyes de la auto-valoriza- cion: cada cual se habra convertido para si mismo cn una pequefia empresa.  Aqui, el imperio es producto del terror policial. Alli, de la sintesis estética. Por doquier la misma continuacion y profundi- zacion del desastre occidental adoptando la forma de su sub- version. Por todas partes SE pretende reparar lo existente para estropeatlo mis adelante. Por doquicr SE destruye irre- misiblemente bajo pretexto de reconstruccion.  106
La estética o la revoluciéon  El hecho de que la estética haya recibido por mision conciliar Io que Occidente siempre se empeiis en dividir por completo cs algo que se remonta a su nacimiento oficial en el sistema kantia- n0. La Critica del juicio de 1788 confia a lo bello y al arte ¢ cuida- do de conciliar lo infinito de la libertad moral con la estricta cau- salidad que rige la naturaleza, suturando el “inconmensurable abismo” que de partida separa la Critica de la razgin pura de La or- fica de I razin prictica. Menos de scis anos despucs, Schiller recla- borari la estética como programa contrarrevolucionatio, como respuesta expliita a las tendencias comunistas ¢ insurreccionales de la Revolucion Francesa. Esta obra maestra de la reaccion occidental se llamara Cartas sobre la educacion estética del hombre y aparccer en 1794, El razonamicnto es el siguiente: en ¢l hom- bre sc dan dos instintos antagonistas, por un lado l instinto sen- sible que lo ancla en la particularidad, las necesidades vitales, los sentimientos, en definitiva, la determinacion; y el instinto razo- nable, formal, que mediante la reflexion lo arranca de la particu- laridad, de los afectos, y 1o cleva a las verdades universales. Esos dos instintos se combaten el uno al otro en todas partes de tal modo que lo que uno posee lo posee porque se lo ha arrebata- do al otro; en todas partes salvo en un punto de armona donde se reencuentran y se confortan mutuamente. Ese punto de con- ciliacion milagroso, de gracia suprema, es ¢/ estado estético, y el ins- tinto que le cotresponde es l instinto del jnego.  Es, por consiguiente, 1na de las tareas ms importantes de la cultura Someter-el hombre a a forma, aun e la vid puramente fisica, para rolver- In estétcn en la justa medida en que la bellesa pueda gerer su imperio. e resumen, para voler razgnable al hombre sensible, el inico cani-  107
10 a seguir es empesar por hacer de él an bombre estitico [.] El homibre sensible debe, en primer lugar, ser transfrido bajo ofr ciey [...] En el estads estétic, todo ol mundo, incuso el pein que silo es 1m instramento, ya s ciudadano libr cuyos derechos som igales @ agquellos el s noble ’y el entendimiento que somete bratalmente a sus designios a la masa resig- nada se ve obligado aqui a pedirle s asentimients. Aqui, pues, en el rino de la apariencia estética, el deal de igualdad tiene una existencia dfctiva.  Esta igualdad es precisamente cl ideal de neutralizacion imperial en el que, simulando cada cual hacer lo que hace, fin- giendo ser lo que s —l obrero, cl patrén, ¢l ministro, cl artis- ta, cl varon, la hembra, la madre, ¢l amante-, sin adherirse nunca a su propia fadtididad, todo conflicto cs desactivado de antemano. “No soy quicn crees que soy ¢sabes?”, susurra la criatura metropolitana micntras se deconstruye en vuestra cama. Pero de hecho cs el idealismo aleman en su conjunto quicn obtiene de estas Cartas su propio programa. La fenomens- lngia del espiritn, que no por casualidad termina con dos versos de Schiller, no cesa en ningin momento de denunciar el caric- ter insustancial de toda determinacion, la mentira de cualquicr certeza sensible. Porque el problema del hombre sensible cs que no se deja manipular, que resiste al discurso, que levanta barricadas y que a veces incluso toma las armas sin que se le pucda hacer entrar en razdrs; su problema, en suma, cs que tiene una fuerte propension a la imeductibilidad. Y lucgo csti cse manificsto anénimo, alternativamente atribuido a Schelling, Hegel y Hélderlin, conocido con ¢l nombre de E/ pragrama sis- temitico mis antiguo del idealismo alemin, en ¢l que se lec:  La filosofia del espiritu es una filosafia estetica. No se puede po- seer espiritu alguno, incluso para razonar sobre la istoria, sin poscer  108
sentido estétio |...| Al mismo tiempo vuelve la idea de que la gran masa deberia tener ana religion sensible |...| [Reinarin entonces la libertad.y lu igualdad universal de los espiritus! Un espiritu superior, enviads del ciel, debe findar esta nueva religion entre nosotros; ella serd la iiltima, la mis grande obra de la bumanidad.  Esta nueva religion, csta religion sensible ha encontrado su cumplimicnto en esta época del design, del urbanismo, de la biopolitica y de la publicidad. Esta nueva religion no cs otra que el capital en su fase imperial.  Alli donde la estética pretende reunir aquello que esencialmente separa, el gesto mesidnico’ consiste en asunir a unién ya existente  Es un especticulo que, desde hace un siglo, no deja de ser cmico: la parlisis cronica de quicnes pretenden “superar la  3. Hay un fienpo mesidnico, que es abolicion del-tiempo-que-pasa, ruptura del continuum de la historia, que es tiempo vivido, fin de toda espera. Hay un gesto mesidnico, que es de lo que se trata aqui. Hay incluso seres que se mue ven en lo mesidnico, lo que significa que a su manera y, muy a menudo de modo fugitivo, han “salido del capital”. Lo que también significa que hay des tellos de lo mesidnics entremezelados con la inmunda negrura de lo real, que ¢l Reino no esté enteramente por venir, sino ya, en fragmentos, presente entre nosotros. Mesidnica es pues la prictica que parte de ahi, de esos destellos, de formas-de-vida. Antimesinicas, por el contrario, son todas las religiones, todas las fuerzas que estorban y contienen el libre jucgo de las formas-de-vida. Antimesiénico es, al mis alto grado, el cristianismo  us avatares modernos:  socialismo, humanismo, negrismo. Por lo que hace a nosotros, y por si hacfa falta precisarlo, jamis nos hemos mezclado con “mesianismo” alguno, salvo enla boca putrefacta de nuestros calumniadores.  109
separacion entre ol arte y la vida”, de aquellos que en un mismo gesto establecen la separacion y la pretenden abolir. La operacién estética domina la época con ese movimiento doble, /a duplicidad de todo juntar para distanciarlo todo. En ese sentido, este s ciertamente ¢l momento de la recapitula- cion final en la paradia, esa “recolcccion del reanerds” de la que habla Hegel a propésito del saber absoluto, donde todo csti archivads. Asi, 0o 5610 cs el conjunto de los acontecimientos “del pasado”, toda la “historia de las civilizaciones” y de las “culturas”, lo que se desactiva de este modo, sino también las tentativas actuales para abrir una brecha en ol curso del tiem- po o ¢l mismo acontecimicnto ocurrido ayer, los que son aprchendidos como ya pasadss, los que son proyectados al imbito de lo simplemente posible. Ese famoso “presente per- petuo” con el que tanto nos machacan los oidos no cs mas que un arresto domiciliario e ¢/ maiana. El infierno cstético en cl que nos debatimos s presenta asi todo lo que podria espolearnos se encuentra reunido cn algin punto que, por mis que podamos ver, csti decididamente fucra de nucstro alcance. Todo lo que nos hace falta esta retenido en limbos inaccesibles. El estado estético, de Schiller a Lille 2004, da nombre a ese estado de suspension donde toda “la vida” parcce desarrollarse, en toda su exuberancia posible, en toda su plenitud imaginable, a distancia, protegida por una tierra de nadie salvajemente defendida. Nada materializa mejor la ope-  4. “Lille 2004” es ¢l nombre por el que se conocen la seric de “eventos” con  los que la ciudad del norte de Francia festcjd es afio haber sido designada  “capital europea de Ia cultura” juntamente con Génova. Bl lema de dicho pro- yecto exaz “Lille 2004, le bel enjes”, “Lille 2004, el bello reto”, que el titulo del texto, Le bel enfer, tergiversa. (N. del T.)  110
racion estética que el triunfo de la instalacign en el arte contem- poraneo. Aqui, es e mismo dispositivo €l que se convierte en obra de arte. Somos absolutamente incluidos en clla, realizan- do con ello ¢l suchio de tantas vanguardias, y al mismo tiem- po nos vemos absolutamente rechazados, excluidos de cual- quicr posible uso en su seno. Mediante un mismo movimicn- to diabilics, somos integrados en tanto que extranjeros en ese pequeiio infierno portitil. En fin, por algo SE llama estitica relacional.  Contra cualquicr cstética, Warburg ha querido mostrar que incluso la imagen, las representaciones més antropomorficas del arte occidental, contienen clementos de irreductibilidad, tensiones cxtremas, energias que la obra a la vez retiene ¢ invoca; que hay “vida en movimicnto” incluso cn la inmovi- lidad de las cstatuas del Renacimicnto, Y que esas fucrza  esas “formulas del pathos” no solo son susceptibles de alcan- zarnos, sino que 05 afictan. Benjamin schala algo semcjante cuado dice: “Los clementos actualmente mesidnicos aparccen en la obta de arte como contenido, los clementos retrégrados como forma. El contenido avanza hacia nosotros. La forma sc fija, nos impide acercarnos.” Nosotros decimos que cn todas partes, en lo real mismo, cn las propias palabras, n los mismos cucrpos, cn los sonidos, las imagenes y los gestos, hay parccidos clementos de irreductibilidad donde las formas y la vida, el hombre y su mundo, la percepcion y la accion, cl ser y sus determinaciones, no sc hallan separados. Mars, por cjemplo, cs ¢l nombre de una cierta irreductibilidad entre comunismo y revolucién. Por todas partes las palabras sc mezclan con afectos, los cuerpos con ideas, las percepeiones con gestos. El modo de hablar de los hombres sc entrelaza  111
con la gramitica de sus 6rganos de un modo facilmente dis- cernible. El sentids que cicrtas palabras revisten para ¢l pro- porciona las mcjores indicaciones sobre su fisiologia. Si lo dudiis os bastari ver lo que los Hauka filmados por Jean Rouch hacen con las intensidades cautivas en el decorum colo- nial. Nosotros llamamos a csos clementos fommas-de-vida. Los llamamos asi porque nada pucde separar cn cllos lo “indivi- dual” de lo relativo a la “especic”. Cada forma-de-vida que afectaa un cuerpo, lo atraviesa cargada de una intensidad alec- tiva, pasada, presente o futura, saturada de un momento de la “vida de la especic” (“especic”, qué repugnante palabral). Si el artesano pucde ser una forma-de-vida, no lo s en l fondo sin evocar de algin modo la ciudad medieval y ¢l orden gre- mial. Esa intensidad colectiva se encuentra presente tanto cn la percepeion misma que yo tengo del artesano como en su forma de estar cn ¢l mundo. Del mismo modo, ¢l guerrero autonomo no aparece jamiis sin hacer renacer las andanzas de tantas hordas salvajes. Y ningiin nifio jucga a los indios sin algin tipo de peligro. No es que el pasado los aliente, sino que una misma forma-de-vida los reiine en una constelacién, los nimba y transita por cllos. Cualquicr cristiano capta un poco de la intensidad del compartir de tantas sectas judias que vivicron hace dos mil afios, cmpezando por los csenios, asi como la Jovencita® neutraliza a su mancra alguna ménade gricga. Todo lo cual hace que no sc trate de una cuestion de historia pucsto que hay canales de circulacion sutil que vuel- ven presente, ya sca por fragmentos o cn concentrados flo-  5. Para la definicion de Jovencita ver nota 2 en l texto “Y la guerra apenas ha comenzado”. (N. del T))  112
tantes, el supucsto “pasado”. El gesto mesianico consiste cn abrir paso a cstas formas-de-vida que afloran incluso en cl lenguaje més mezquino, cn cl ambicnte més semiotizado, cn las miradas mas apagadas. Consiste cn liberar de la estética cl caos de las formas-de-vida.  Paradéjicamente, el reino de la estética cs, antes que nada, el reino de la anestesia general. Ya no se 16, s6lo sc reaonoce. La época imperial consiste pucs cn una metodica conjuracion de lo mesianico. Es ¢l tiempo de a cita, de la referencia, de la prudencia existencial. Todas las formas-de-vida se manticnen a raya: son posibilidades, arte, historia, pasado. Ciertas sulyiti- vidades se maquillan como tal o cual figura trasnochada. S regodean con mundos enterrados pero tiemblan en cuanto amenazan con volver. Uno sc pone a vivir “como cn los tiem- pos de Mahoma”. Otro como en los tiempos de los Templarios. Hay estética cn la relacion del trotskismo con la politica como hay esnobismo en cl vinculo que establece la ultra-izquicrda con los afios 20. En gencral, la panoplia de subjetividades metropolitanas da la justa medida de lo que el esnobismo cs capaz. En lugar de abrir ¢l paso a las formas- de-vida, ¢l esnob repite una y otra ve la operacion estética de encarnar la forma que previamente cercené de lo que vivia. “Lo que significa que atin hablando cn adclante de una forma adecuada a todo lo que le es dado, ¢l hombre post-historico debe continuar separando las “formas” de sus “contenidos”, no para trans-formar activamente estos tltimos, sino con cl fin de oponcrse uno-mismo como una “forma” pura a si- mismo y a los otros, tomados como ‘contenidos’ cualquicra.” Asi cs como Kojéve describe Ia hipotesis de un fin de la his- toria csnob, a la japoncsa, un fin de la historia estético. “La con-  113
ciencia estética no clige”, confirma cl pobre Vattimo, “se limi- ta a liberar cl objcto que toma en consideracion de todo lo que lo liga al mundo real, en tanto que mundo del saber y de la decision, transfiriéndolo a la csfera de la pura apariencia”. La estética cs l tiempo de la sintesis infernal. El tiempo de la sociabilidad, ] reino de los espectros.  El imperio como religion sensible  Una ctimologia tramposa hace derivar ¢l término religion del latin religare (vincular), insinuando que la religion tendria por vocacion vincular a los hombres entre cllos y a estos con o divino, y no de reegere (recoger, recolectar en cl sentido de “volver sobre lo que uno ha hecho, retomar por el pensa- micnto o la reflexion, redoblar de atencin y de diligencia”), que es de lo que se trata en cualquicr ritual donde las formas  6. Simmel ofrece en 1910 un andlisis magistral de esta plaga de la época actual: la sociabilidad. Tl articulo aborda la sociabilidad como “forma lidica de la asociacidn”, como “estructura sociolgica particular, correspondiente a as del arte y el jucgo, que extracn sus formas de una realidad que, sin embar go, dejan atris”, lo que esti perfectamente a la altura de la utopfa oo/ de una ” “En la conversacién puramente sociable, la pala- bra es un fin en si mismo, no esti al servicio de ningln contenido; no tiene més objetivo que perpetuar la interaccion, evitando los temas delicados, a la vez que gozar de la excitacion del juego de relaciones (...) La asociacion y ¢l intercambio estimulante mediante los cuales se realizan todo el peso y todas s tareas de la vida, son consumidos aqui en un juego artistico, en la simula.  “sociedad de conversacios  cién y la dilucion simultineas de las fuerzas de la realidad que no aparccen més que a distancia, mientras su gravedad se difumina como por encanta. miento.”  114
deben repetirse escrupulosamente. Toda religion, haciendo stir una esfera especifica de lo sagrado, se erige en guardia- na de la separacién de esta con respecto al “mundo sensible”. Es decir que produce ¢l mundo sensible en tanto que mundo sensible. El hecho de que termine persiguiendo todo lo que, fuera y dentro de clla, se mantiene en la in-separacion entre “sensible” y “suprasensible” —mago, brujo, mistico, mesias o convulsionatio—, s¢ desprende logicamente de su definicion. Asi puede comprenderse mejor ¢l malestar que se apoderd de la totalidad del mundo profano con la “mucrte de Dios”. Desertado el lugar de Io divino, ¢l mundo profano descubria de pronto que tampoco era profano. Incluso la dulce inmersion en la inmanencia se perdia. ;Qué hacer? El proyecto estético responde histéticamente a esa situacién y en primera linea cl idealismo aleman. Lo atestigua cste extrano fragmento de Hélderlin titulado Communismus der Geister (“Comunismo de los espiritus”). Extraio en primer lugar por su titulo: “ommunismus viene escrito con una “c”, es decir a la francesa, en una época (1798) donde los propios micmbros del partido de Babeuf no osan llamarse otra cosa que no sea “comuni- taristas”. Extrafio, después, por ¢l nombre de su primer pirrafo: “Disposicion”. En ¢ leemos: “Es que justamente nosotros partimos del principio diametralmente opuesto, ¢s decir de la universalidad del descreimiento, para justificar su necesidad en nuestro tiempo. Este descreimiento s parte integrante de la critica cientifica de nuestra época, que anun- ciay precede a la especulacion positiva; no sirve de nada com- padecernos de ello: lo que hace falta es remediarlo”. El descreimicnto de que se trata aqui no cs, en el fondo, cl descreimicnto en tal o cual religion, ni siquicra en Dios mismo. El descreimiento de que se trata —nuestros contem-  ex  115
porincos nos lo demuestran cada dia; ellos, que son capaces de vivit su propia destruccion como si de un goce estético se tratasc; ellos, que sc imaginan cn una pelicula micntras sc aproxima un tsunami-, es ni mas ni menos que la incapacidad de creer en lo que tenemos ante los ojos, en el propio mundo sensible. Esa especie de incredulidad azorada que se lee en tantos ojos, en tantos gestos, esc estado de ausencia irresuelta, esa arisis de la presencia, s precisamente lo que el proyecto estético, cl imperio y sus disasitivss deben remediar.  Bajo el imperio, pues, ¢l design y ¢l urbanismo inscriben en las cosas mismas una unidad del mundo convertida en pro- blemitica. Dan forma al novisimo “mundo sensible”. Los mass media inventan just in time ol lenguaje comin de cada dia. Los distintos “medios de comunicacién” ponen a nuestra dis posicién, en cualquier momento, al conjunto de aquellos que siempre-ya hemos abandonads y 2 10s que todavia llamamos prensiblemente, “nucstros préjimos”. Finalmente, la cultura y los espectaculos nos garantizan la existencia de aquello que podriamos vivir y pensat, pero que sin embargo slo logramos vislumbrar. Asi cs como localmente, cercbro por cercbro, hogar por hogar, bartio por barrio, se dispone la metrépolis imperial, se reconstruye un universo aparentemente estabili- zado, verosimil, consensual, una aisthesis: una percepcion comiin del mundo. Elimperio es esa planctaria fibrica de Io sen- sible. Y del mismo modo que la religion pretendia unir a los hombres con lo divino manteniéndolos en realidad a distan- cia, la religién sensible del imperio, que pretende recomponer la unidad del mundo desde sus cimientos, desde lo local, no hace mis que fijar en cada lugar y en cada ser una nueva sepa- racion: la separacion entre el usuario y el dispositivo. La esté- tica se impone asi a escala global como inposibilidad de cualguier  incom-  116
0. El prospecto de una reciente exposicion en Burdeos anunciaba, con un guifio complice al espectador: “Lo que s o5 vende en el supermercado, los artistas lo convierten en obra de arte”. La estética consigue por sus propios medios ralizar la imposibilidad de uso contenida en toda mercancia, logrando convertirla, tras una vitrina o en el corazén de una instalacidn, en un puro valor de exposicion. Ultimamente, el pro- gramaestético aspira a la extension de esta escision en el hombre mismo, pretende incorporarte €l dispositivo, convir- tiéndole en usuari de si-mismo. Se comprende perfectamente por qué la disposicion biopolitica a aprehenderse como cuer- po, 0 la espectacular a contemplarse como imagen, conspiran para hacer de nosotros los usuarios de nosotros mismos. Conspiran para hacer de nosotros meros sujetos estéticos.  Comunismo’ y magia  El cjccutivo solitario gritindole al auricular de su mévil, con la acreditacion de representante colgando del maletin. El  Basta con retomar la definicién de comunismo de los Manusaritos econdmico- Sflosifcos de 1844, también conocidos como Manuscritos de Paris. el comunismo esla verdadera solucion al antagonismo entre ¢l hombre y la naturaleza, entre el hombre y el hombre, la verdadera solucién del conflicto entre la existencia vl  encia, entre la objetivacidn y la afirmacion de i, entre la libertad y la necesidad, entre el individuo y la especie”, para convencerse de que ¢l gesto estético no esti ausente del propio programa comunista, F  decir, que la fase actual, estética, del capital, donde este da forma conjuntamente a una nueva humanidad los ciudadanos— y 2 un nuevo mundo se  le ~la metropoli-, nos impone revisar nuestra concepcion misma de comunismo.  17
conductor maldiciendo al volante de su vehiculo. El dbber fla- scado en su dance-floor clectro favorito. El comerciante de tien- da cool con su galimatias empresarial. Nuestros contemporincos dan toda la sensacion de estar embrujados. Los izquicrdistas del mundo entero pucden aspitar a abrirles los ojos a proposi- to de la dimension de la catistrofe, ¢l empefio cs vano y cl asunto esti perfectamente claro desde hace mis de sctenta afios: no sirve de nada concienciar un mundo ya enfirmo de con- ciencia. Porque cste embrujo no es producto de una supersti- cion o de una ilusion que bastaria con deshacer, sino un embrujo pridtics: s su swjeciin a los dispositivos, el hecho de que 56l auplados a tal o cual dispositivo sc experimentan como suje- 105, Artaud llevaba razén cuando escribe, en enero de 1947: “mucho més que por su ¢jército, su administracion, sus institu- ciones o su policia, la socicdad se sostiene mediante hechizos™.  En cada a0 reside una posible salida del embrujamicnto. Porque cada uso libera las formas-de-vida contenidas cn las cosas, en las palabras, cn las imdgencs. En el uso sc establece una curiosa circulacion cntre “sujcto” y “objeto”, entre “especies”. El gesto cortocircuita la conciencia, suprime tem- poralmente la distancia entre el yo y ¢l mundo, exige otras dis- tancias. La mirada nos inwrpora los movimientos y las formas percibidos. Algo sucede en nosotros y fucra de nosotros. “La coincidencia de la transformacion del medio y de la actividad humana o de la transformacion del hombre por i mismo, no pucde ser captada y comprendida racionalmente mis que como praxis revolucionaria”, dicen las Tesis sobre Fenerbach, pero pucde ser captada y comprendida migicamente como uso, por lo menos “si la magia ¢s una comunicacion constan- te del interior con cl exterior, del acto con cl pensamiento, de la cosa con la palabra, de la materia con l espititu” (Artaud).  118
El hecho de que la materia csté animada por innombrables formas-de-vida, que esté poblada de polarizaciones intimas, es algo que cl propio Mars no ignoraba cuando escribio, cn La sagrada familia; “Entre todas las cualidades inherentes a la materia, | movimicnto cs sin duda la primera y la més signi- ficativa, no s6lo como movimiento mecdnico y matemitico, sino mas atn como pulsion, dinamismo, como tormento de  la materia, para cmplear los términos de Jakob Bohme. Las formas primitivas de csta tltima son fucrzas esenciales, vivas, individualizantes, productoras de las diferencias especificas™. A cstas “formas primitivas” las hemos llamado formas-de- vida. Nos afectan, queramos o no, a través de todo aquello a o que nos afamos, a través de todo aquello a lo que estamos ata- dos. Nos cuesta mucho admitir que estanos atados, porque estamos poseidos por una idea estética de Ia libertad. Una idea de lalibertad como desapego, como indeterminacion, como sus  traccion a cualquicr determinacion.  Esta disposicién intermediaria donde el alma no esti determinada i fisica ni moralmente y donde sin entbargo esti activa de ambas for- as, merece particularmente el nombre de disposicion libre, i se deno- mina fisico el estado de determinaciin sensible, y ligico y moral el esta- do de determinacicn razonable, se dari a ese estado de determinabili- dad real y activo el nombre de estado esttico |....) Sin duda el hombre posee virtualmente esta bumanidad antes de cada uno de los estados determinados por los que pucde pasar; pero la pierde dfectivamente en cada uno de los estados determinadus por los que pasa, y es necesario, para que pueda volver a un estado contrario, que esta le sea devnelta por la via estética. (Schiller, Cartas....)  Esta idea de la libertad es la libertad del direetivo, que reco- rre el mundo de hotel de lujo en hotel de lujo, la del cientifi-  119
<o (sociélogo o fisico, poco importa) que no csti nunca en cl mundo que desaribe, la del anarquista metropolitano que pre- tende poder hacer lo que quicra cuando quicra, la del intclec- tual que juzga cual soberano sobre cualquicr cosa desde su despacho, o la del artista contemporinco que hace de toda su vida una “obra de arte” y para quicn, en palabras del infecto N. Borriaud, el tinico imperativo cs “invéntate, prodiicete a ti mismo”. A esta idea estética de la libertad nosotros opone- mos la evidencia materialista de las formas-de-vida. Decimos que los seres humanos o cstin simplemente determinados, que no hay un ser puro de toda determinacion por un lado que serviria de mero ropaje al conjunto de sus atributos, de sus predicados y de sus accidentes —francés, varén, hijo de obre- ro, jugador de fiitbol, con dolor de cabeza, cte. Lo que existe en realidad es el mods como cada ser habita sus determinacio- nes. Y en ese punto, la determinacin y el ser son absoluta- mentc indistinguibles, son formas-de-vida. Decimos que la liber- tad no consiste cn deshacernos de todas nuestras determina- ciones, sino cn la claboracion del modo como habitamos tal o cual determinacién. Que no consiste en liberarnos de todos los lazos, sino en el aprendizaje del arte de ligar y desligar. El hecho de que ese arte haya sido tildado de migico durante mucho tiempo no nos produce embarazo alguno, Y asumi- mos cl escindalo que pucda acarrcar admitir la amenaza, cn nosotros, fuera de nosotros, en todas partes, de la crisis de la presencia. Decimos incluso que si hay una igualdad ¢feting entre los humanos esta s da justamente ante csa amenaza. Lo que hace de Kafka un gran comunista. Preferimos cso mil veces a la paradoja demasiado conocida por la cual cuanto mis se toma uno por un individuo, mejor reproduce las estructuras de comportamiento mis toscamente propias a la  120
“especic”, cuanto mds se toma uno por un sujeto, mas se abandona a las inclinaciones del conformismo mas triste. Somos conscientes de que, por ahora, desde sus limbos, las formas-de-vida se debaten en el mas temible caos. Y que es el sentimiento de ese caos, asi como el apego de nuestros con- temporincos a esa estipida idea de la libertad, lo que los arro- ja a las redes de los dispositivos. Pero también vemos la potencia de la que disponen aquellos que han aprendido cl arte de ligar y desligar. Y nos imaginamos la fucrza terrible que tienen en sus manos aquellos que claboran colectivamen- te el jucgo de las formas-de-vida que les afectan. No tememos llamar commnismo a la puesta en comun, alli donde sea, de dicha fuerza. Porque entonces los humanos llegan a la madurez y tienen en sus gestos la soberania del nifio.  “Puede que el hombre de la edad de piedra dibujase el alce de mane- ra tan incomparable porgue la mano que mangjaba la punta ain recor- daba el arco con el cual habia abatido al animal”  El mand fluye, reinventemos la magia.  121
COMUNICADOS DEL COMITE DE OCUPACION DE LA SORBONA EN EL EXILIO (COSE)  Cuands el movimiento anti-CPE comenzaba, algunos centena- res de manifestantes ocuparon la Sorbona por primera vez desde mayo del 68. Rapidamente, un desalejo policial recibido con escaleras de mano arrojadas desde el tercr piso, supuso el ini- cio de lu primera de una serie de revmeltas nocturnas en Paris Despojado demasiado pronto de su base de peraciones, e comi- 1 de ocupacitn de la Sorbona se declars e exilio, desde donde redacts estos comunicados.  123
(Comunicado n.” 1) RECTIFICADO  Como desgraciadamente algunos errores poco afortuna- dos se han inmiscuido en las notas de prensa, ¢l Comité de Ocupacion de la Sorbona en el Exilio (COSE)" quiere hacer las siguientes rectificacionc:  1. Es verdad que hemos lanzado sillas, escalcras y extinto- res sobre la Gendarmeria Movil: que cerraba el acceso a la Sorbona a nuestros camaradas. En cambio, ningin libro s ha movido de su sitio. Nuestro objctivo cra hacer recular a los policias con ¢ fin de liberar la entrada y nos cuesta creer que tales Robocops pudicsen temer ¢l impacto incluso de un tocho de sociologia. Se nos acusa de haber arruinado algunos uniformes con nuestros proyectiles. Aquellos que aporrean y humillan a nuestros hermanos y hermanas cada dia en todo l pais pucden comenzar a contar sus heridos. Nos son indife- rentes.  1. Algunos imbéciles de I UNEF y de otos sitios se han permitido protestar contra nuestra firma: ¢a quién representamos? Y en primer lugar, shemos sido elegidos segin las normas? ;Por una asamblea soberana? s ne sabera esos tarados que un comité de ocupacion esla instancia logistica de una ocupacién ~aquellos que se encargan del avituallamiento, de los tumos de guardia, del mantenimiento de los bafios, ete.— y que un tal comité “en el exi lio”, estando la Sorbona milltarmente controlads, era un guiso humoristico, una contradiccidn en los términos, un poco como un marsista de buena fe.  sario hacer  2. Gendarmeria Moy  ~Cuerpo de policia cuya tarea s la de vigilancia y man. tenimiento del orden en puntos sensibles del territorio (embajadas, estaciones, universidades). (N. del T)  124
2. Reconozcimoslo, Entre nosotros, algunos han tratado cfectivamente de oponerse a cstos lanzamicntos, que asimila- ban a la “violencia”. Este reflejo condicionado corre a cuenta de la cducacion castradora que recibimos, de la pacificacion que sufrimos. Estas oposiciones deben mucho también a la confusion y a la falta de discusion, que habrian seguramente convencido a cada uno de la imperiosa necesidad de este gesto.  3. i faltaba un argumento para terminar con el buen sen- tido ciudadano de los oponentes en cuestion, la irrupcion de los CRS en la facultad forzando la cntrada, armados y sin posesion de un carné de estudiante de la Sorbona, asi como la utilizacion de hachas para romper las puertas de madera maciza, lo ha proporcionado. Con cllo ¢l Estado ha mostra- do que sc ubica deliberadamente en el terreno de los destro- 205, terreno del que serfa absurdo desertar.  4. La Sorbona cs un cdificio que nos interesa realmente mucho, tanto por su vetustez como por su caricter laberinti- co. Por cso los dafios que sufti s limitaron a los cstricta- mente necesarios (apertura de pucrtas, limpicza del local de la UNT, etc.); también por cso no la hemos incendiado.  5. Durante la ocupacion, ¢l senador Mélenchon sc intro- dujo en los edificios gracias a la complicidad de algunos infil- trados de la UNEF, Su llcgada desencadend espontincamen-  3. UNL-Sindicato de estudiantes de extrema derecha, con presencia en todas del’T) ~Unién nacional de estudiantes de Francia. (N. del T.)  Ias universidades francesas.  4. UNEI  125
te su expulsion, ante lo burdo de semejante maniobra de recuperacion. El hecho de que haya entrado con la ayuda de la policia (y no por los andamios, como todo ¢l mundo) dice bastante de la ignominia de este personaje.  6. Nuestra cxpulsion no hace mella en nuestra determina- cion, al contrario. Volveremos cuando asi lo decidamos.  Paris, domingo 12 de maro del 2006 Comité de Ocupacion de la Sorbona en el Exilio  (Comunicado n.” 2)  PRECISIONES  La Sorbona, con sus aires de cternidad. Prefiada de histo- tia suspendida. Pasillos de marmol como un estanque helado. “A falia de sol, aprende a madurar bajo cl hiclo”. Hace dicz dias, un deshiclo, una velada contra los siglos. Un fucgo de mesas, las octavillas de Ia UNI: llamas mds altas que un hom- bre, en medio del patio, cl patio de onor. Esto ya no s mur- mura cn los anfitcatros, n los pasillos, esto ya no se discute, esto s entrechoca, a la biisqueda de una composicion. Esto comienza. Esto lanza gritos, extintores, sillas, escaleras de manos, sobre los polis. Un monstruo despicrta.  El poder cs estipido. Corre sin sentido. Ha creido aniqui- lat, expulsindonos, el soplo que ha cmergido alli. Estupidez. Estupidez pesada como la torre de un ordenador arrojada sobre el casco de un CRS, Exilidndonos, no ha hecho mas que  126
extender al mundo nuestro terreno de accion. Gracias les scan dadas por habernos quitado mestra Sorbona, por habernos desposcido de clla. Imponicndo ahi a su policia, la ha ofrccido a todos los desposcidos. A la hora cn la que escribimos, la Sorbona no pertencee ya a sus estudiantes, pertencee a todos aquellos que, por la palabra o cl céctel, pretenden liberarla,  Desde nuestro exilio, cntonces, algunos pensamicntos sobre el estado del movimicnto,  Precision n.® 1: Estamos en lucha contra una ley votada por mayoria por un parlamento legitimo. Nuestra sola cxis- tencia prucha que el principio democritico del voto mayorita- tio cs rebatible, que cl it de la asamblea general soberana pucde ser una usurpacin. Compete a nuestra lucha limitar tanto como sea posible la tirania del voto mayoritario. Demasiado espacio acordado a las asambleas generales nos paraliza y no sirve mas que para conferir una legitimidad de papel a algunos buréeratas en ciernes. Las asambleas neutra- lizan cualquicr iniciativa instituyendo la separacion teatral entre los discursos y los actos. Una vez votada la huclga ilimi- tada hasta la retirada de la ley sobre la igualdad de oportuni- dades, las asambleas gencrales deben convertirse en un lugar de palabra, de puesta en comin de pricticas, de ideas, de descos, un momento de nuestra constitucion en fucrza, ya no la escena de todas las luchas de poder, de todas las intrigas para imponer la decision.  Precision n.® 2: La burocracias sindicales, aunque persistan en sus habituales manipulaciones, no son un obsticulo mas importantc para ¢l movimicnto real que los reflcjos ciudada-  127
nos de pacificacion, difusos entre nosotros. Durante la noche de las expulsiones de la Sorbona, una parte de los estudiantes no sabia por qué estaban alli ni lo que podian hacer, menos todavia qué debian hacer. Pascaban consigo la angustia de una libertad ofrecida pero imposible de tomar, a falta de haberla descado. Una semana mis tarde, al hilo de las ocupaciones y de algunos cnfrentamicntos con las fucrzas del orden, la impotencia reivindicada cede el lugar al gusto inocente de la accion directa. El pacifismo retorna a lo que no deberia haber dejado de ser jamas: una benigna patologia existencial.  Precision n. 3: La lucha pertencee a los que la hacen, no alos que querrian controlarla.  Precision n.” 4: El movimicnto permanente, ¢l de la circu- lacién de todo, cs la condicin paradéjica del mantenimicnto en buen estado de la maquinaria capitalista. Tan paradéiico como que la interrupcién de su funcionamicnto cs la condi- cion de todo inicio de cambio radical. Por medio del bloqueo, luchamos contra el bloqueo absoluto de Ia situacion.  Precision n.° 5: Nos referimos al 68, es cierto, no a aque- llo que dfectivamente ha pasado cn 1968, a su folclore, a la Sorbona ocupada de cntonces, a las barricadas del Barrio Latino, sino a aguello que no pasé, a la conmocion revoluciona- tia que 10 turo lygar. SE querria, proyectindonos hacia el pasa- do, sacarnos de la situacion y hacernos perder la intcligencia estratégica sobre clla. Tratando cl 68 como un simple movi- micnto estudiantil, s querrfa alcjar la amenaza todavia pre- sente de cso que | 68 ha sids sin embargs, una huelga general salvaje, un estallido de huclga humana.  128
Precision n.” 6: La idea de debatir democraticamente, cada dia, con los no-huclguistas, sobre la reconduccion de la huel- ga cs una aberracion. La huelga no ha sido jamds una pricti- ca democritica, sino una politica del hecho consumado, una toma de posesion inmediata, una relacion de fuerza. Nadie ha votado jamés la instauracién del capitalismo. Aquellos que toman partido contra la huelga se ubican pricticamente del otro lado de una linea del frente, a través de la cual no podemos intercambiar mas que increpaciones, golpes y huevos podri- dos. Frente a los referéndums convocados para romper la huclga, no hay otra actitud a adoptar que su anulacién por fodos los medios.  Precision n.” 7: Una extrafa idea obsesiona a este movi- micnto: una ocupacién de las facultades cn las horas labora- bles. Una ocupacion que no ser liberacion del espacio. Donde vigilantes, bomberos, administraciones, bajo pretex: tos de autoridad y de scguridad, continuarian cjerciendo su imperio infantilizante, donde la universidad continuaria sien- do universidad sin més. Es verdad que una vez conquistado este espacio, deberiamos poblatlo, poblarlo de otra cosa que del desco de volver a la normalidad. Ubicarnos serenamente ante la perspectiva de que 10 habri retormo a la normalidad. Para lucgo habitar csta irreversibilidad.  Precision n.° 8: Las coordinaciones nacionales reflejan la esterilidad de una cierta idea, clisica, de la politica. Los sin- dicalistas y los grupisculos izquicrdistas (PT, LCR, LO, UNEEF, SUD, FSE, Combate, CRI, Grupo bolchevique) pro- ponen a las inexpresivas asambleas generales plataformas pre-redactadas por sus dirceciones. En un ambicnte que  129
hucle al enésimo congreso del PCUS, la coordinacion nacio- nal no desplicga mis que un jucgo de poder soviético entre organizaciones’. Oponemos a csto la idea de una coordina- cion paralca siguiendo el cjemplo del movimiento de estu- diantes secundarios del afio pasado, una coordinacién abict- ta que no es mas que un lugar itincrante de claboracion cstra- tégica nacional.  Precision n.° 9: Somos los herederos del fracaso de todos los “movimicntos sociales”, no sélo de cstos dltimos tres afos (profesores, jubilados, intermitentes del especticulo, LMDY, EDF, cstudiantes de sccundaria), sino al menos desde 1986, De csos fracasos, hemos sacado lecciones. La primera de cllas es sobre los media. Haciéndose cco de los movimicntos, los media se convicrten de hecho en un compo- nente del mismo que, cuando sc retira (generalmente al mismo tiempo que las burocracias sindicales), provoca su hundimicnto. La fucrza de un movimicnto cs su potencia efectiva, no lo que se diga de €, los cotilleos que ocasione. El movimicnto debe cuidarse por todos los medios, incluso por la fucrza, de la influencia medidtica y claborar una pala- bra que le sea propia.  Precision n.” 10: Ninguno de los “movimientos sociales™ de los ultimos afios ha obtenido en meses de “lucha™ lo que  5. En francé 6. LMD -] truccin del espacio curopeo de ensefianza superior (proceso de Bolonia). (N. del T)  7. EDF~Ehericté de France. (N. del T))  . en el original, “orgas”. (N. del T:) icense-master-doctorat. Aplicacion al sistema fran  és de la cons.  130
los insurgentes de noviembre® han obtenido discretamente en tres semanas de revuclta: suspension de todas las cancelacio- nes de ayudas sociales en sus barrios, reestablecimiento de la financiacion a todas las asociacioncs, incluidas las mis absur- das. Y sin pedir nada. Reivindicar cs formular la propia cxis- tencia cn los términos mutiladores del poder, cs conceder al adversatio la ventaja del terreno. Incluso desde el punto de vista de quicn quicre obtener alguna cosa, cs estipido.  Precision n.° 11: Se acabaron las marchas, las jornadas de accion decretadas por las centrales. {Ocupaciones y manifes- taciones salvajes! La asamblea de huclguistas de Rennes pre- fiere las manifestaciones de “recorrido intuitivo”, rechaza seguir los recorridos autorizados por la prefectura con pre- sencia de sus csbirros. El servicio de orden ha cambiado de funcion ¢ incluso de nombre: se llama “servicio accion” y se organiza para cl enfrentamicnto con las fucrzas del orden.  Precision n. 12: Que no nos vuelvan a decir que lo que hacemos cs “ilegitimo”. No debemos considerarnos a nosotros mismos desde el punto de vista de los espectadores de la lucha  a los disturbios que se iniciaron el 27 de octubre del 2005 cerca que se extendieron ripidamente al resto de Francia. Fl detonante fue la muerte de dos adolescentes de origen africano, quemados tras una elec- trocucion mientras escapaban de la policia en la ciudad periférica de Clichy sous-Bois. Tuvieron lugar durante tre: e caracterizaron por el incendio de miles sy por violentos enfrentamientos entre cien Ia policia francesa. Los disturbios fucron en aumento lucgo  de automér  tos de jéven  de que Nicolis Sarkozy, entonces ministro de interior, tratara a los manifes tantes de “racaille”, literalmente: escoria. Tl gobierno impuso el toque de queda en varias ciudades. (N. del T)  131
¥ menos aiin del adversario. La legitimidad pertencee a quicn picnsa sus gestos. A quien sabe lo que hace y por qué lo hace. Esta idea de Ia legitimidad cs evidentemente heterogénea a la del Estado, la mayoria, la representacion. No obedece al mismo tipo de racionalidad, establece su propia racionalidad. Si lo politico consiste cn la gucrra entre diferentes legitimidades, entre diferentes ideas de la felicidad, nuestra tarca cs darnos cn o sucesivo los medios de esta lucha. Sin otro limite que aque- llo que nos parezca justo y gozoso.  Paris, lunes 20 de marzo del 2006 Comité de Ocupacion de la Sorbona en el Exilio  (Comunicado 4°)  ULTIMO COMUNICADO DEL COMITE DE OCUPACION DE LA SORBONA EN EL EXILIO  Las facultades han reabicrto las pucrtas. Los estudiantes han retomado sus clases y los profesores, su chichara de micrda. El ciclo planctario de la vida micro-dosificada aca- bari como estaba previsto —como siempre— cn junio: ten- drin lugar los eximenes, lucgo uno podri disfrutar de sus merccidas vacaciones al sol. Todo indicatfa un perfecto retorno a la normalidad si no fucse por ¢l muy notable empeiio de todos en simulatlo. En hacer coo s nada hubic- sc ocurrido, como si durante dos meses de ocupacion no se hubiese impucsto una normalidad tan distinta. Una norma- lidad donde los anfiteatros son dormitorios, donde los veci- nos son camaradas o cnemigos, donde la lucha torna los  132
seres deseables y no s6lo seductores, como lo quicre la sepa- racién acostumbrada. A decir verdad, todo cse pequerio mundo universitario cs cxcesivo. Hay una febrilidad, una exageracion cn las expresiones, una torpeza que traiciona cl trabajo en curso: rechazar la evidencia de que podria ser de otro modo, que la vida no s parece necesatiamente a csta carrera de hamsteres cnjaulados.  Y en efecto, no hay retorno a la normalidad. Lo que hay es un proceso de normalizacion: una guerra a ultranza contra la per- sistencia del acontecimiento. No nos referimos a la simple toma de conciencia de hechos cominmente admitidos sobre el fin del movimiento, la funcién policial de los sindicatos, el necesario recurso a la destruccion, la alegria de pasarse la vida blo- queando la economia y no dejindose formatear para cuando llegue ¢l dia de servitle o ¢l retorno del fucgo como prictica politica clemental. Hablamos de amistades. Toda amistad con- serva un rastro de las condiciones de su nacimiento, del momento del encuentro. Las que se han tejido alli guardarin siempre consigo un olor a gas lacrimégeno, un pequefio res- plandor de automévil en llamas, de escaparate que cac, un lejano rumor de revuelta; y ese rastro les devolvera a ellas. Los sindicalistas, los izquierdistas, los militantes han vivido un movimiento social. Uno mis.  Los “movimientos sociales”, en su ritual cien veces repeti- do y siempre derrotado, gozan de una tolerancia local. Pertenceen al folclore de este pais. “Para nucstra vergiicnza”, dicen unos, “a nucstra mayor gloria”, picnsan los otros. En ambos casos forman parte de la gestion democritica a la fran- cesa, de la que son ¢l momento carnavalesco, después del cual  133
todo vuclve al orden. Los gobernantes bien pucden interpre- tar cl papel de monarcas siempre que dejen a la poblacion cl derecho de parodiar 1789,  Por nuestra parte, hemos vivido un acontecimiento. Un acon- tecimiento se reconoce en las intensidades que produce —levantar juntos, a golpes de valla, ¢l pavimento de una plaza destinada a los turistas, coordinar un ataque con cécteles molotov, discutir un texto hasta la madrugada—, tanto como en las fallas que dibuja, en los posibles que desvela. Lo que queremos sehalar aqui es lo que s ha conquistado de mane- ra irreversible, aquello que ningin “fin de movimiento” pucde poner en duda, lo que hace de los dltimos meses, no un paréntesis en el curso regular de la vida social, sino una segunda ola, después del incendio de noviembre, en l lento ascenso de una onda insurreccional.  1.  Una consigna se oye en Rennes: “No somos pacifistas. Libtamos la gucrra al capitalismo”. Toda la manifestacion la retoma. Mis tarde, paraddjicamente, algunos pacifistas defienden a una hilera de policias a pusictazos. Finalmente, son expulsados de la manifestacion, Una pancarta: “todos somos alborotadores™, votada por la asamblea de Rennes 2, se convierte en Parfs en l estribillo de una manifestacion sal- vaje donde locales del PS, de Charlic Hebdo®, de bancos y agencias de trabajo temporal son destruidos por igual.  francé:  en el original, “Noss sommes tons des cassers”. (N. del T.) 10. Charlie Hebdo.-Semanario satirico francés. (N. del T.)  134
2.  No existe la cuestion de la “violencia”, s6lo hay una toma de partido cn una guerra que ya ha comenzado, y la cuestion, entonces, de los medios adecuados para obtener la victoria.  3.  Durante toda la duracién del movimicnto hemos asistido a csta constante operacion policial de distinguir entre buenos manifestantes y malos alborotadores. En ¢l transcurso de las semanas, cn Paris, “alborotador” ha querido decir cn primer lugar “anatco-auténomo cnfrentindose a la policia delante de la Sorbona”, después “incontrolado desafiando a las fuctzas del orden en la plaza de Nation” y finalmente “joven de los suburbios, agresor de manifestantes, que desvalija méviles cn la plaza de los Invalides”. Al final de su deriva seméntica, cl “alborotador” ya no rompe nada, lincha manifestantes. El término aparcee entonces como lo que es: un significante vacio para uso exclusivo de la policia. La policia tienc este monopolio: forjar cl perfil de la amenaza.  Designando a los clementos mis decididos como sujctos extranjeros al movimiento, cscinde o movimiento de si mismo y de su propia potencia, lo vuclve extranjero a su pro- pia potencialidad ofensiva, a su seriedad. El perfil de la ame- naza, en nuestros dias, cs cl inmigrante-criminal, ¢l “barbato de los suburbios”. Alegando asi que todo “cxtranjero” cs un subversivo en potencia, SE quicre insinuar cn primer lugar que un buen francés no tienc ninguna razon para convertirse en lo mismo; cuando, en realidad, jamds han sido tantos los que no se sicnten ya cn su casa en el fiincbre decorado de la metropolis capitalista.  135
4.  Para que nos entendamos, corear “todos somos alborota- dores” no cs afirmarse cn tanto que sujcto “alborotador”, sino solo desbaratar la operacion policial en curso. Admitir cl destrozo como prictica politica significa manifestar la cxis- tencia cotidiana de bancos, cscaparates y tiendas a la moda como momentos de una gurra silenciosa. Destruir, al mismo tiempo que una cosa, la cvidencia ligada a su existencia. Romper, cn definitiva, con la gestion democritica del conflic- t0, que se acomoda tan bicn a las manifestaciones contra esto 0 aquello, micntras ninguna toma de posicion tenga cfectos.  5.  Hablamos de operacién policial. Distinguir cn csta policia entre gendarmes, sindicalistas, periodistas, buréeratas y poli- ticos cs superfluo, tan patente ha sido su complicidad. Los tpicos periodisticos han servido a las investigaciones de la policia, micntras que cl servicio de orden de la CGT* aporre- aba a nucstros camaradas y los entregaba a los CRS, jactindo- se de cllo en los periodicos del dia siguiente. Todos han cola- borado en csta operacion: darle consistencia a la escision entre “alborotadores” y “manifestantes”. Y no lo habrin logrado mis que una vez, cn Paris, cl 23 de marzo. En todas partes ha hecho maravillas la indistincion tan temida por cl ministro del Interior —si hubiese una conexion entre los estudiantes y las periferias, todo scria posible, incluida una explosion gencralizada y un espantoso fin de legislatura”.  11. CGT.~Confederacién general de trabajadores, principal sindicato francés vinculado al PCF. (N. del T))  136
Estrasburgo, Nantes, Grenoble, Toulouse, Rennes, Lille, Drancy, Cacn, Rouen, jamis en la historia reciente de Francia, los centros de las ciudades vivieron noches de disturbios con tanta regularidad.  6.  El 21 de marzo, una manifestacion de cstudiantes de sccundaria acaba cn los jardines de Luxemburgo. En la cabe- cera un grupo de 200 chicos de los suburbios v, a lo largo de todo l recorrido, un servicio de orden que se convierte en cordén sanitario cada vez que se aproima una banda. Finalmente, los burécratas deciden modificar el rumbo de la manifestacion antes del final, dejando al grupo de cabecera entre los CRS y los servicios civiles. Dos dias mas tarde, los Invalides. Una manifestacion mas blindada que nunca s tomada como blanco de pillajc y linchamicnto por aquellos que habian sido tan amablemente apartados del resto. No hay quien lo cntiendal  Dos modos de moverse en la calle convertida en espacio hostil, propicdad de policias, automéviles y cimaras: la mani- festacion y la banda. La manifestacion: uno llega individual- mente, se junta por algunas horas con sus “camaradas”, gita algunas consignas que ya no se llega a creer y, en los dias de entusiasmo, canta canciones como La Internacional, que ain estremecerian si todavia significasen algo. Una banda sonora viene a cubrir favorablemente el mutismo de la asamblea y el vacio de las relaciones. Manu Chao, Zebda, La Brigada, etc. Luego cada uno vuelve individualmente a su casa donde tiene toda la libertad para pensar lo que quiera. Paseo digerible para  137
rebadio sindicado, desfile de soledades protegidas por un ser- vicio de orden. La banda: s desembarca juntos provistos de material. Se tiene una cierta idea de lo que se ha venido a Aacer. Pegarse con la policia, quemar Paris, liberar la Sorbona, desvalijar ticndas, teléfonos méviles, alarmar a periodistas, a manifestantes.  Uno se mueve de a cincucnta como un solo hombre. Si uno corre, todos corren. $i uno pega, todos pegan. Si a uno le pegan, todos lo defienden. Reflcjos de horda. Jerga comiin. Disposicion a la cstupidez, al scguidismo, al lincha- micnto. Movilidad extrema. Hostilidad frente a lo descono- cido, a lo inmévil. Muchas veces, en los dltimos afios, csas dos mancras de moverse han chocado en  Paris. Particularmente ¢l 8 de marzo del 2005 y después en los Invalides. Cada vez, la confrontacion ha virado a favor de las bandas. Cada vez, cl individuo separado de la manifestacion, con su libertad de expresion, su derecho a ser ¢l mismo, a tener su movil, su cucnta bancaria y sus rastas, ha salido magullado, traumatizado. Traumatizado por chicos de quin- ce afios. Traumatizado por una crucl altcrnativa: organizarse a su vez en banda o acabar pisoteado. A menos que tome partido por esta verdad: e individuo liberal tiene a la policia por condicign. Esta cs la evidencia que SE ha querido negar des-  Fillon sobre la edu  refiere a la manifestacidn mis grande contrala 1 cacion en Francia, que provocd un importante movimiento de protesta de estudiantes de sccundaria entre diciembre del 2004 y abril del 2005. I 8 de marzo los manifestantes fucron agredidos por bandas de jévenes de la perife tia que, introduciéndose en la manifestacion, los golpearon y robaron ropa de  marca, dincro, méviles, ctc. Parte de los manifestantes y delos sindicatos estu  diantiles se quejaron de la indiferencia policial ante  138
pués de cada una de estas confrontaciones, mediante un bru- tal ataque de mala fe.  8.  La comunidad no se expetimenta jamds como identidad, sino como practica, como prictica comin. La identidad vuelve al galope cada vez que la prictica se retira. Alli donde se ocu- paba, alli donde se rompia, alli donde se hacian pintadas, alli donde se volcaban automéviles, nunca fue cuestion de ads- cripcion sociolégica, de estudiante de instituto de la periferia o pequeiio burgués.  9.  El CPE" fuc de entrada un pretexto. Pretexto de movili- Zacion para las organizaciones sindicales, pretexto de bloqueo para los cstudiantes, pretexto de rebelion para muchos. Lucgo, frente al desprecio’ gubernamental, el CPE sc convi i6 cn una cucstion de honor. De mancra que su retirada no fuc vivida cn ninguna parte como una victoria, sino como la simple retirada de una ofensa. El afecto dominante del movi- miento fue cl sentimicnto de que se burlaban de nosotros cn nuestra cara, un sentimicnto de cstafa, Afectacion reactiva, moderada pero potente. Y cs en virtud de csta moderacion que ¢l movimicnto ha llegado a las pricticas radicales, a pric- ticas a la altura de la guerra en curso: ¢l ataque a la policia y cl bloqueo de la cconomia. Por ahi sc ha encontrado con los  13. CPE 14, En francés, cn el original, “Hogra”. Desprecio, en dialecto argelino, tér mino utilizado en Argelia a partir del 2001 para designar la actitud de las auto ridades frente al pueblo. (N. del T.)  ‘ontrato de primer empleo. (N. del T)  139
piquetcros argentinos, los insurgentes de Argelia y los suble- vados de noviembre.  10.  El contenido de una lucha reside en las pricticas que adopta, no en las finalidades que proclama. Hablamos aqui de “pretexto” porque cuando cargamos contra los CRS al grito de “retirada del CPE”, podtfamos haber empleado cualquier otro grito de guerra para infunditnos coraje; por lo demés no éramos los tinicos gritando “cl CPE nos importa una micrda, Io que no queremos es trabajar™ mientras invadiamos las vias férreas. El contenido cfectivo del movimiento fue, pues, el bloqueo total de la cconomia y ¢l ataque a las fuerzas del orden, la interrupcion de la circulacién de mercancias y la liberacién del territotio de la ocupacién policial. Entrar en cl proceso insurreccional pasa por querer los medios que nos dibamos en tanto que tales. Algo para lo que la forma “movi- micnto” no conviene. Y a lo que una cierta inconsistencia estudiantil no predispone mucho. Que supone, sobretodo, la aspera determinacion a organizarse materialmente.  11.  La lucha contra cl CPE fuc una lucha contra “la precaric- dad”. Es lo que dicen los sindicatos. “La precaricdad”, térmi- no confuso y oportunista, les evoca no se sabe bien qué desastre biblico que golpea al asalariado, revelando de mane- ra indirecta, su propio apego al antiguo orden del trabajo.  15. En frang del T)  s, en el original, “CPE on st fout, on veut pas bosser difout". (N.  140
Es lo que dicen los periédicos, que no entienden nada. Y es lo que dicen los recuperadores negristas, que ven ahi un nuevo paso hacia la incluctable “renta bisica”, sintesis comi- ca del socialismo y de Ia cibernética. Ciertamente, las consig- nas del movimicnto no afiadicron claridad al debate. Al débil reflcjo que consistié en deducit del “CPE, no, no, no” un “CDI, si, si, s, es decir defender el statu quo de la explota- cion frente a su agravamiento, cl reflejo radical fue decir “ni CPE, ni CDI”. Anteponicndo al simple “rechazo a la preca- ricdad”, ¢l “rechazo al trabajo asalariado”. Y vimos colgada ¢n dl College de France ocupado, una pancarta que decia “CPE, CDI, siempre ¢l mismo STO™. En realidad, lo que s jucga en cl engafioso término de “precaricdad” no s una sim- ple degradacion del trabajo asalariado clisico, sino la redefini- cion misma de lo que se entiende por el trabajo. Si durante mucho tiempo, trabajar queria decir “hacer lo que se os dice que hagiis”, de ahora cn adelante trabajar significa “ser quicn se os dice que sciis”. Cualquicr trabajador cn pricticas cs consciente de las sonrisas que debe fingir, la jerga empresarial que es necesario tragar, la cntusiasta sumision que debe mani- festar, s decir la mascara que hay que asumir para hacerse aceptar por ¢l mundo de la empresa. Sabe que integrarse a la sociedad solamente quicre decir integrar la sociedad en 1o mismo, ¢ integrars a la cmpresa, integrar la cmpresa en uno mismo. Ahora bien, ¢l periodo de pricticas de dos afios que preveia ¢l CPE cs exactamente ¢l tiempo necesario para compertirse en  16. CDL~Contrato de duracién indeterminada. (N. del To) 17. STO.-Servicio de trabajo obligatorio. Reclutamicnto forzado que lleva ron a cabo los alemanes en Francia, en los albores de 1943, Miles de j6  huyeron y sc unieron a los maquis. (N. del T:)  141
la miscara que 1no lleva, para encarnar el personaje esperado a fucrza de imitacion. Si l trabajo asalariado clisico ha sido finalmente tan poco criticado dentro del movimicnto anti- CPE, es porque csta critica ya ha sido ampliamente hecha, y en la prictica, por cl capitalismo.  Toda esa gestion participativa, todas csas “tarcas cnri- quecedoras”, toda esa individualizacion de los horarios y de las condiciones de trabajo, toda csa retérica de la motiva- cién, fucron clementos de una respuesta a la crisis del traba- jo asalariado clasico ya cn los afios 70, cuando toda una gencracion rechazé masivamente trabajar. Lo que ha sido rechazado en ¢l CPE no es pues ni cl trabajo asalariado ni su crisis, sino la redefinicion del trabajo gue resulta de esta cri- sis, el clemento de swjecidn del trabajo contemporinco, aque- llo por lo que este nos moviliza subjetivamente, viniendo a constituirnos un “yo” socialmente calibrado. El despido arbitrario no hace mds que ratificar cste nuevo régimen, donde se os ccha por lo que sois y no por lo que hacéis, por la desviacion con respecto a una norma de conducta y no por la infraccién de una cliusula del contrato. El eslogan “CPE, no, no, no / CDL, s, si, si” expresaba menos el deseo servil de ser explotado ocho horas por dia como todo cl mundo, que el rechazo a dejar que el trabajo nos forme y penctre nuevas profundidades, nucvas capas del ser. Si l trabajo ya no es principalmente ¢l intercambio contractual de una suma de dinero a cambio de una porcion de tiempo, sino csta fibrica maniaca de subjetividades conformes, cn virtud de la cual un maniqui que no hace nada no cesa jads de trabajar, entonces podemos mandar al musco l instru- mento de la huclga general. Viene ¢l tiempo de la huclga humana, en ¢l que uno comicnza por dejar de ser quien debe  142
ser, donde uno se vincula mas alli de las identidades y los cédigos existentes, donde uno hace saltar todo cl universo de lo previsible. Viene ¢l tiempo en cl que son paraddjica- mente aguellos que no trabajan los que inventan las nucvas for- mas de Ia huclga.  12.  El bloquco de las universidades no ha sido solamente un medio de perturbacion, una apropiacion. Ha sido una condicion previa, cl medio de los bloqueadores para organizarse, para abrir la pucrta a nuevas situaciones. Bloquear la facultad y asi poder bloquear otros lugares. Ripidamente, una vez liberados de los fastidios académicos, universitarios y cstudiantes secundarios han propagado su desco de paratlo todo. En lugar de suplicar a las centrales sindicales una dedlaracion de huclga gencral, han pro- pagado sobre las vias, las rutas, las oficinas y los centros comer- ciales Ia huelga humana. Lo que es verdad para las facultades lo cs también fucra de cllas: cn una via de acceso a la ciudad, cuando miles de conductores se paran, apagan sus motorcs, osan por fin salir de sus vehiculos para discutir alrededor de las fogatas; 0 cn una Planta de Clasificacion cuando el bloqueo de camio- nes permite la emergencia de una palabra comin, ripidamente amordazada por la intervencion del GIPN®, Toda esta socicdad hace pensar en cl Sipermacbo de Jarry: un cadver del que no se podri constatar la muerte hasta que no se parc la miquina. Por €50 crece en cada uno de sus engranaics el desco de que todo se pare y por 50 sus gestores o retrocederin ante nada para que n0 deje de girar permancntemente.  18. GIPN.-Grupo de intervencion de ka policia nacional. (N. del T.)  143
13,  Cuando existian organizaciones y un programa revoluciona- tio s6lo importaba la finalidad. Para la revolucion todos los medios cran bucnos. Lucgo, con la pérdida de toda perspecti- va tevolucionaria, vinicron los movimicntos sociales; en los que uno sc agita y se congratula de cstar “todos juntos”, sin saber cxactamente con qué fin. Y como falta la finalidad, los medios mismos fluctiian. Ya no sc sabe como hacer, uno tiene experiencias. Pegarse un poco con los polis, manifestarse un poco salvajemente, divertirse durante la ocupacion y lucgo, cuando todo recac, retomat los estudios, volver al destino indi- vidualizado habiendo hecho algunos colegas. Los movimicntos ofecen ese confort de no comprometer demasiado: tienen un comienzo, un apogeo y un desenlace. Y cuando el poder toca a fin del recreo, no sc ticnen muchos escriipulos para volver a la fila: uno no sc habia alcjado demasiado de clla. Nosotros decimos que alli donde experimentamos la alegria, alli esti nuestro destino; que los fines son inmanentes a los medios; que es necesario vincularnos a las pricticas que nos colman de gozo como a nosotros mismos. “Y el instante en que he sido yo- mismo cs cfectivamente la vida, Ia vida misma, la vida comple- ta”. Hemos vislumbrado en ¢l bloqueo de la economia y en cl aniquilamicnto de la policia cl destello de una vida histrica a la que nada nos hard renunciar, pasc lo que pase.  14. Hannah Arendt apuntaba en 1970, con motivo de las agi- taciones cstudiantiles de la época: “La esterilidad tedrica de este movimicnto y la pesada monotonia de sus andlisis son tan lamentables y sorprendentes como gozoso cs ver su alegria cn la accién. (...) Lo que mds pucde hacer dudar de este movi  144
micnto, tanto en América como en Europa occidental, s una especic de curiosa desesperacion que parcce serle inseparable, como si todos los participantes estuvicsen de antemano con- vencidos de que su movimiento seri aplastado”. Una revista —LAntenne— describia en 1987 ¢l movimiento estudiantil de 1986 contra la Ley Devaquet cn estos términos: “Todo pate- ce darse como si l cstado de la sociedad se hubicse vuclio extremadamente favorable al surgimicnto de movimicntos callcjeros que son exclusivamente movimientos de “expre- sién”, repentinos, espectaculares, cnormes y, sobre todo, sin masiana”. Mis que otros, los movimicntos estudiantiles pare- cen cargados de esta nefasta idea de manilizaciin, que contiene como su reverso depresivo el necesario retorno a la normali- dad. Mavilizindose, cs decir, descuidando organizarse cn la lucha sobre la base de nuestras necesidades, que no solamen- e son necesidad de dormir y de comet, sino necesidad de pen- sar, amar, construir, cstudiar y descansar, de estar solo o hacer pifia, movilizindose, cs decir ponicndo entre paréntesis todo esto, poniendo entre paréntesis todo lo que nos ata a la vida, despreciando asumirlo colectivamente, nos aseguramos de que vendri ¢l momento de agotamicnto donde cada uno verd en el fin de la movilizacion un feliz reencuentro con los habi- tos abandonados, con las pasiones crucialcs, todo cllo bajo cl infecto signo de lo privado. Al contrario, cn ¢l cuidado de organizarse sobre la base de nuestras necesidades se constru- ye, de crisis en movimicnto, ¢l partido de la insurrcccion.  15.  En un mundo de flujos, ol partido de la insurrcccion no pucde ser otra cosa que el partido del bloqueo, del bloguco fisi- co de toda circulacion mercantil. Pero como al mismo tiempo  145
ese mundo de flujos es también ¢l mundo de la absoluta sepa- racion, ol partido de la insurreccion debe ser también l parti- do de la comunizacion, de Ia puesta en comiin. Tarde o tem- prano, deberemos bloguear Rungis™”, pero no podremos hacer- o sin tencr al mismo tiempo resuclto a escala local l proble- ma del abastecimicnto, habiendo establecido para cllo las soli- daridades necesarias. Si no s hubicse tratado mds que de con- testar ¢l CPE, la asamblea soberana habria podido pasar por una forma de organizacion razonable. Pero si sc trata de derri- bar un mundo cn agonia, la forma clemental de organizacion es la comuna. 1a comuna en tanto que nivel donde la organiza- cion del bloqueo y de la vida compartida se encuentran. Donde se puede bloquear todo porque no se depende ya de la circula- cion general, donde no se depende ya de la circulacion gencral porque se esti organizado para bloquear todo. Podria resultar, encl curso de esta reapropiacion del territorio, que la metropo- lis contemporinea, cnteramente estructurada por los flujos, no sca compatible con ninguna forma de auto-organizacion y que deba ser pues destruida por completo. La experiencia del pro- ceso insurreccional argentino del 2001, limitado por la extrema dependencia de Bucnos Aires, principalmente en lo que al abastecimicnto de alimentos toca, da testimonio de clo.  16. Por toda Francia, cn la estela del movimiento, se han for- mado bandas, sc han ocupado casas, sc han constituido  19. Rungis.~Ciudad de la periferia de Paris donde esti el mercado de alimen taci6n, que vende a todos los comerciantes. Rungis alimenta todo Paris. (N. del T)  146
niicleos. No ha sido obra de antiguos militantes, sino de aque- llos para quicnes la lucha no ha sido medio para un fin, la reti- rada del CPE, sino medio puro, forma descable de la vida. De aquellos que han experimentado la tnica comunidad quizi accesible en la metropolis: aquella que funda la lucha para su destruccion. De afio cn aio, de movimicnto de cstudiantes de sccundaria en olas de incendios nocturnos, vemos implosio- nar o que queda de esta sociedad y, en el mismo movimien- t0, agregarse un substrato cada vez més vasto, cada vez mis denso de desertores. La cuestion cs: ¢como convertir la desercion en conspiracion? :Cémo hacer de las bandas una fucrza? (Qué tipo de fucrza pucde operar ol pasaje de una situacion de crisis, de movimicnto, a una situacion insu- rreccional? Aquellos que dudaban de nucstra capacidad para intervenir de una mancra histéricamente decisiva hatfan bien ¢n recordar como cn la ciudades mas inquictas —Renne: Rouen, Cacn, Grenoble, Nantes, Estrasburgo— un numero infimo de subversivos organizados ha bastado para cambiar completamente la textura local del movimiento.  17.  El sibito desvanccimicnto del movimicnto se explica ficilmente. Rechazando identificar a los sindicatos, los nedia, la administracion, los anti-bloqueadores como enemigas, y rechazando tratarlos como tales, ¢l movimiento los ha dejado convertirse en una componente de si mismo. Ha hecho asam- bleas gencrales con cllos y, aunque a veces los ha abucheado, n0 ha /achads nunca contra cllos, representindose clla misma como el consenso de la sociedad civil contra cl gobierno. Fue una cuestion de democracia, Cuando todo ese bonito mundo declaré con una sola voz la victoria y el enticrro del movi-  147
micnto, en torno a nosotros se hizo ¢l vacio: no éramos mis que un pusiado de irreductibles al descubicrto.  18.  Al desvanccimiento del movimiento, tras ¢l anuncio de la retirada del CPE, han respondido dos reflcjos caracteristicos: el reflcjo militante y el reflcjo activista. De un lado los ente- rradores del movimicnto llamaron a re-movilizarse, sin creér- sclo, intentando, a través de un “colectivo de convergencia de luchas” cualquicra, o de la “lucha contra la represion”, reclu- tar un poco de carne fresca politizada. Es el mismo reflcjo que ahota preside a los diversos grupos de depresivos de obe- diencia trotskista, anarquista o auténoma que intentan darle un porvenir a un movimicnto que cuando estaba vivo pasaba de cllos. Del otro lado sc ve patalear a todo un conjunto de grupos de accion que sueian con reproducir lo que han visto cn otros lugares y que ya scria necesario superar: tardardn todavia algunas scmanas o meses cn agotar, a fuctza de voluntarismo, lo que conservan del espititu del movimicnto. Unos patlotcan, pero los otros trabajan.  19.  El movimicnto no ha dejado de tropezar con dos cucstio- nes que finalmente le dicron el golpe de gracia: la democracia ¥ la asamblea general. Aunque no fucron necesarias mas que algunas decenas de enervados al inicio del movimiento para bloquear un anfiteatro, un cdificio, una faculiad, 500, 1.000, 2000 personas debicron borrarse ante la “soberania” de la asamblea general en ¢l momento de las votaciones por el des- bloqueo. Seri aqui, frente al absurdo del jucgo democritico, donde se pondra de manifiesto muy a menudo la naturaleza  148
del enfrentamicnto encubicrto por la cuestion del blogquco. Entre bloqueadores y anti-bloqueadores, después del voro, se liegari finalmente a las manos.  20.  La asamblea, como prictica, nos remonta a épocas donde la vida, y por tanto la palabra, cstaban cargadas de comuni- dad. Comunidad obrera o campesina, guerrera o popular, guayaqui o hasidica. Siempre ha habido cn las asambleas una teatralidad, un gregarismo, un panoptismo, jucgos de influen- cias, de control, de hegemonia. Ahora no hay mis que cso. Por es0 son evitadas. De ahi que, alli donde no ha podido sur- gir una comunidad de lucha suficientemente amplia, las asam- bleas generales se mantuviesen sin relacion con lo que pasa- ba en la calle. Inadecuada al pensamiento libre tanto como a la organizacion de la accion, ignorante de la amistad, la asam- blea cs una forma vacia, un simulacro bucno para todo y para nada. Frente a esta evidencia, cn el transcurso del movimien- t0, algunos camaradas han llamado a desertar de las asambleas para formar bandas. Han opucsto asamblea a comunidad. Es un error. No s hace un llamado a la comunidad; clla sobre- viene, tal y como se forma una banda, sin decision previa. Si la palabra sc vuclve vacia cn las asambleas generales, no cs a causa de los turnos de palabra, de las tribunas, de los burocra- tas, sino a causa de lo que vuelve los turnos de palabra, las tribunas y los burocratas posibles: la ausencia de toda comu- nidad cntre los seres.  21. Dijimos que volveriamos. Hemos vuelto. En la Sorbona brevemente reocupada, una banderola flameaba al viento. En  149
clla podia leerse, en esa noche de tormenta: “Los movimien- tos estin hechos para perecer. Viva la insurreccion!”.  22  Viernes 31 de marzo. Alocucion senil de Chirac. Reagrupamientos espontancos en varios puntos de Paris. S buscan, se encuentran, convergen sobre el Elisco, retroceden, tuercen su camino para cvitar la gendarmeria mévil. 3.000 personas desde las 8 de la noche hasta las 4 de la madrugada.  Un vagabundeo salvaje de 25 kilometros. Una muchedum- bre de todas las cdades, de todas las tendencias, idealmente desarmada, desamparada por su propia potencia sin empleo. Que pasa el pucnte de la Concorde, llega a la Asamblea nacio- nal antes que la policia y por un pelo no la ocupa. Que vuel- ve a flaquear ante las pucrtas del Senado. Que pasa delante del Palacio de Justicia. Que remonta hacia Barbés y arrasa con todo lo que el bulevar Scbastopol y ¢l de Magenta —cl famo- 50 “espacio civilizado” de Magenta— contienc de bancos, de agencias de trabajo temporal, de cervecetias o, al grito imperioso de “{Paris, cn pic, despiéraate”. Y que luego de saludar a las prostitutas de Pigallc, sube hacia cl Sacré-Cocur— “iViva la Comuna!”, se escucha en las bocas antes de leerlo, pintado sobre cl innoble cdificio-, fracasando ahi también cl intento de incendiarlo. Fucgo de alegria, pucs, frente al Sacré- Cocur. Un tltimo McDonalds vucla en pedazos. Y en cl camino a la sede de Pierre Lellouche® que pronto quedard  20. Pierre Lellouche.~Politico francés. Diputado de la UMP (Unién por un Movimiento Popular), partido de derecha al que ambién pertencee Nicolds Sarkozy. (N. del T.)  150
hecha trizas, aquella dama de unos cincuenta afos asomada cn camisola a su balcon, ha pucsto a todo volumen la cancién Les mamais jours finiront™. Son las tres de la madrugada. Hemos recorrido en csa noche, en una recapitulacion melan- colica, todo lo que deberemos quemar, para comenzar.  Paris, junio del 2006 Comité de Ocupacién de la Sorbona en el Exilio  COMITE D’OCCDLEJDE’f\TlON  SORB?N NE  21 Los palos dias ferminarin. Nombre popular de una cancion de J. B. Clément y Pierre Dupont originalmente titulada La semana sangrienta, escrita en home najealas decenas de miles de partidarios de la Comuna asesinados por las tro pas de Adolphe Thicrs durante “la Semana sangrienta” entre ¢l 22y ¢l 29 de  mayo de 1871 (N. del T))
A UN AMIGO*  “A juzgar por la actual disposicion de los espiritus, el comunismo no esti lamando precisamente a la puerta, Pero nada hay tan engafioso como la situacion, porque nada es tan movil™  Nos afligen atin muchas supersticiones. Tenemos nuestras alucinaciones colectivas de las que s6lo los locos dudan, y nuestras apariciones, distintas a las de antafio Gnicamente por ser mis seculares. Nos cruzamos con nuestros semejantes y vemos realmente en cllos a personas, a gente. Amamos a alguien y hablamos del “Otro”. Un siglo nos separa de una vida y la juzgamos Iejana. La diversidad de habitos, algunas vatiaciones en el vocabulario, bastan para convencernos de la existencia de una distancia infranqueable. Pero lo que compre(bejndemos cs 5610 una patte de nosotros mismos, lo que percibinos no puede ser tan distinto. Blanqui no cs un personaje histotico, no os engadcis. No retorna como un fantasma del siglo XIX salvo si consideramos que un siglo puede atravesar las épocas.  * Prefacio a una antologia de escritos de Auguste Louis Blanqui, escogidos y  presentados por Dominique Le Nuz, Maintenant, il faut des armes (La Fabriqu 2007).  1. Las citas sin mds referencia son frases de Blanqui
Blanqui es de ayer, de mafiana, de ahora. Sin duda Blanqui ha stido, los hechos lo atestiguan, pero los hechos demues- tran también que ha existido en primer lugar a0 persongie con- aptual como ¢l Zatatustra de Nictzsche, ol Gilles de Rai de Bataille o ¢l Heliogibalo de Artaud. De ahi su cternidad. Gustave Lefrangais apunta en sus Meorias: “Para los 400.000 votantes del Sena, Blanqui no es més que una expresion revo- lucionatia”. El nombre Blanqui no sc reficre a una persona, sino a una pasibilidad existencial, a un modo de estar-ahi, a una potencia de afirmacién. Si Blanqui ha sido apodado con jus- ticia “cl Encerrado” es por la obstinacién con la que SE quiso contener csa potencia dentro de Ia fignra istirica de Blanqui, tanto como por los tres decenios que paso entre rejas. La pri- si6n, la gloria o la calumnia son medios que oportunamente impone la necesidad de aislar aquellas existencias demasiado ardientes.  ex  El desco universal de ser alguien, de ser reaonocids, funda la comedia atroz de nuestra época y le da csa apariencia de improvisacin libre cntre cnajenados, de teatro al aire libre para patologfas narcisistas de lo mas variadas. Apartemos la mirada de ese mal especticulo. Imaginemos un ser que no pudo cerrar los ojos ante el horror del presente —esa trama de tedio, de injusticia, de cstupidez, de extraramiento y de cinis- mo, del que la policia garantiza solo su desastrosa coheren- cia-, un ser al que una especic de imperfeccion, sin duda, pero quizis también un cicrto espiritu de desafio, hubicse vuclo incapaz de cstar en paz con ese estado de cosas, un ser que, por lo demis, hubicse encontrado, atin joven, cn el levanta-  154
micnto, el fucgo y la conspitacién lo contrario de lo que veia asu alrededor, csto cs: la inteligencia, el coraic, la aventura, la amistad y la verdad. Esc ser -y no hay duda de que como ¢l son muchos los que en este mismo instante viven y se bus- can— scria Blanqui, cn la medida en que Blanqui fuc Blanqui. Cada segundo de su vida, cada latido de su corazon, cstaria impulsado por csta tnica cuestion: zcémo hacer? :Como constituir una fucrza revolucionaria? :Cémo vencer? Las figuras historicas s6lo cstin ahi para ocultar las potencias que las impulsan. Nada cs més simple, mas limpido, mis comin que Blanqui. Y csa es la razén por la que fuc necesario cubrir esa amenazante limpidez con tantas calumnias, tantos rumo- res, tanta agua sucia. No existe ¢l misterio Blanqui a pesar de todas sus intrigas nocturnas, sus maniobras sccretas, sus con- cilidbulos. S6lo existe la evidencia insondable de la existencia revolucionatia. :Pero qué diablo e lleva? :Como pucde per- sistir todavia, todavia querer, cmpefarse an y siempre en pensar la situacion, después de tantas traiciones, tantas pérdi- das, tras tantos desengarios? ¢Y adénde conduce todo cso? No os inquictéis, almas espectadoras, un dia se hundird y podéis respirar aliviadas. O bien triunfari y vosotras sucum- bircis. Mientras tanto, ¢l scti vucstra obsesion, csa posibilidad swestra que incesantemente trataréis de conjurar hasta cl ago- tamicnto.  “El yo me ha dejado siempre indiferente”. Eso cs todo lo que Blanqui opone a la histeria de malevolencias, al concicr- to de cnvidias que desata la sola mencion de su nombre. Y eso redobla el alboroto. Pucsto que quicn no se digna respon-  155
der a sus acusadores, quien deja correr ¢l rumor, debe espe- rar verlo crecer, pata secarse poco después en finos riachuc- los de hicl. Aviso a los circulos militantes: “Si por cso cnten- déis los odios personales, las cnvidias, las rivalidades por ambicién, yo me uno a vosotros al condenarlos pucsto que son uno de los azotes de nuestra causa; pero tened cn cuenta que esa no es una plaga exclusiva del partido, nucstros adver- sarios de todos los colores los padecen tanto como nosotros. Y si estos estallan mas ruidosamente en nuestras filas s debi- do al caricter més cxpansivo y de costumbres mas abicrtas del mundo democritico. Fsas luchas individuales, por lo demis, sc deben a la imperfeccion humana; hay que resignar- s acllo y aceptar a los hombres como son. Enfurccerse por un defecto natural es pucril cuando no un disparate. Los espi- ritus firmes saben navegar a través de csos obsticulos que nadic pucde suprimir y que, sin cmbargo, cualquicra pucde evitar o franquear. Sepamos pues plegarnos a la necesidad atin lamentando su mal y no dejemos que ralentice nuestra marcha. Lo repito, ¢l hombre verdaderamente politico no se preocupa por csos obsticulos y sigue recto, sin inquictarse por las picdras que cntorpecen el camino”. Esto se cncuentra cn la carta a Maillard. Leed Ia carta a Maillard.  Dionys Mascolo ha escrito a propésito de Saint-Just una frase que vale también para Blanqui: “La ‘inhumanidad” de Saint-Just consiste cn que no ha tenido maltiples vidas como los ofros hombres, sino una sola”. La costumbre cntre los humanos cs dejar pasar la vida, La mano sobre la espalda que dice: “Venga, no te preocupes, todo ird bien” es el portador  156
mis habitual de csa cpidemia. Inhumano es pucs quien s ata ala intensidad mas alta que haya encontrado como a una ver- dad. Aquel que no contrapone al impacto de la expetiencia, a lo que esta expresa, las reticencias de la mala fe, del escepti- cismo o de la comodidad, sc convierte a su vez e ficrza que avanza. Un poco de disciplina y csa fucrza, Ia fucrza que o ata a esa intensidad, organizari en su beneficio l torbellino de atracciones que nos componen y les imptimird una misma dircccion. Lo que los espectadores llaman torpemente “voluntad” sc sientc cn primer lugar como un abandono sin reserva. Para Blanqui, csa intensidad cs la insurreccion. Es clla la que, a patir de los dias de julio, polariza su existencia. “Libertad, igualdad, fraternidad” cs un ornamento de mal gusto para porticos escolarcs, pero para algunos cs la expre- sion mis condensada de la experiencia del levantamiento. “Libertad, igualdad, fratcrnidad” en los combates callcjeros ante la muerte. Atin cs demasiado pronto para saber cuantos Blanqui nacicron al mundo los dias 20 y 21 de julio del 2001 en Génova; tantos que muchos ya han muerto por no encon- trar en parte alguna, en ¢l desicrto de lo real, la senda que los devolveria alli. “jLas armas y la organizacion, he aqui cl cle- mento decisivo del progreso, ¢l modo mis sensato de termi- nar con la miserial Quicn tiene hicrro, tiene pan. Si uno s humilla ante las bayonetas seri barrido junto a la multitud desarmada. Francia colérica de trabajadores cn armas, s cl advenimiento del socialismo”.  S cquivocarian los que despertasen, a propésito de Blanqui, ¢l espectro del “Superhombre”. Sus cnemigos s
encargan de cllo holgadamente. “Espirit sombrio, altancro, feroz, atrabiliatio, sarcistico, de inmensa ambicion, frio, incxorable, que despedaza a los hombres para empedrar su camino. Corazén de marmol, cabeza de hicrro”. “La cabeza y el corazén del partido proletario cn Francia” (un periodista). “El mas cinico de los demoniacos conjurados para la perdi- cion de la sociedad moderna” (un reaccionario). Maniobras cémodas para asegurar cl aislamicnto de un hombre fucra de la ciircel. El Superhombre cs un entretenimicnto, asi como cl Hombre es una quimera. Basta con distinguir entre la cxisten- cia mediocre, que cs fluctuacion, navegacion oportunista entre los posibles, y la existencia decidida que se at6 una vez auna verdad y camina y opera desde entonces a partir de ahi. No por casualidad la palabra destino procede del vetbo destina- 7 que significa “atar”. Quicn sc ata de esec modo se vuclve cada vez menos una persona y cada vez mas una presencia. Cada vez menos “humano”, pero cada vez mis comin, cada vez mis simple. SE considera justificadamente como “irreduc- tible” al sujcto de un tal vinculo puesto que, en cfecto, ya no es reducible a si-mismo; por nuestro lado, nos place llamar /os reductibles a la multitud de aquellos que, toméndose por perso- nas, se traicionan todo cl tiempo.  * %k  La vispera de la proclimacién de la Comuna, Thicrs manda detener a Blanqui. Lo tendri incomunicado y rechazar inter- cambiarlo atin por sesenta y cuatro rehencs, incluido cl arzobis- po de Paris. Flottc resciia cstas palabras de Thicrs: “Entregar a Blanqui a la insurreccion cs enviatle una fuerza igual a un cucr- po de cjército”, Blanqui fuc temido, incluso en su propio par-  158
tido, no como cabecilla sino como potencia. Supo demostrar ciertas capacidades del lado de la accion tanto como del pensa- micnto, y mantencrlas unidas. Es de ahi y no de otro lugar que nacen los odios implacables y las fidelidades inquebrantables que suscita. “Los tribunos de aspecto salvaic, rostro de leon y cucllo de toro, sc dirigen a la bestialidad heroica y bitbara de las multitudes. Blanqui, frio matemitico de la revuelta y de las represalias, parece tencr entre sus delgados dedos l balance de los padecimientos y los derechos del pucblo”. (Valles, Linsigs). Blanqui se dirige a la rectitud y a la determinacion, se dirige a sus iguales. Al contrario de los cabecillas, no halaga ni regana, y preficre mantencr las distancias que arriesgarse a seducir. Desmicnte con su sola existencia toda la propaganda de Ia burgucsia que, antes de convertir a los prolctarios parisi- nos sublevados en montones de cadiveres altos como barrica- das, cmpez6 describiéndolos como masa informe, plebe desce- rebrada de ladrones, de borrachos, de supervivientes de presi- dio, diablos sin cabeza, criaturas inintcligibles, monstruosas y ajcnas a toda humanidad. Y sin cmbargo no s asi, by una logi- ca de la revucla. Hay una ciencia de la insurreccion. Hay una intcligencia del motin, un pensamicnto del levantamiento. S precisa todo el odio de clase de un Tocqueville para ignorarlo: “Fuc entonces cuando vi aparecer en a tribuna un hombre al que sl veria esa vez, cuyo recucrdo siempre me ha llenado de asco y de horror. Tenia las mejllas macilentas y ajadas, los labios blancos, un aitc cnfermizo, malvado ¢ inmundo, una palidez sucia, ¢l aspecto de un cuctpo cnmohecido, aparente- mente desnudo bajo una vicja levita negra pegada a unos micmbros menudos y demacrados. Parccia haber vivido cn una alcantarilla de la que acabara de salit; alguien me dijo que se tra- taba de Blanqui” (Memorias).  159
“{Los roménticos han sido aplastados!”: cstas son las pri- meras palabras de Blanqui, transpirado y cubicrto de polvora, al final de las tres jornadas de julio de 1830. Existe ciertamen- te un sentimiento rmmdntico de la vida, que llega hasta nosotros ¢ infesta nuestra época todavia mas profundamente que cl siglo pasado. Musset lo ha codificado como nadic, en 1836, en las primeras paginas de La confesion: “Un sentimiento de malestar indecible empez6 a fermentar en todos los corazo- nes jovenes. Condenados a la quictud por los soberanos del mundo, librados a patancs de toda especic, a la ociosidad y al aburrimicnto, los jévens veian retirarse las olas cfervescen- tes contra las cuales habian preparado sus brazos [...] A medida que Ia vida exterior sc apagaba y se volvia mis mez- quina, la vida interior de la socicdad tomaba un aspecto mas sombrio y silencioso; la hipocresia mis severa reinaba cn las costumbres |...] Fue como una negacion de todas las cosas del ciclo y de Ia tierra que bien podriamos llamar desencanta- micnto o, si se preficre, desesperanza; como si la humanidad aletargada hubicse sido dada por mucrta por aquellos que le tomaban el pulso. Asi como s soldado de antafio al que pre- guntaron “sen qué crees?” respondio “cn mi”, la juventud de Francia ante la misma pregunta s6lo supo responder: “En nada”. Todo o vilido que se ha hecho cn los dos tltimos siglos en cualquicr ambito se ha hecho @ntra cl sentimicnto romintico de la vida, cs decits fomindalo también en consideracion. Las Poesias de Lautréamont, las Cartas de 1o amor de Chilovski, los Didlogos de Deleuze-Parnet y el dlbum Fntertainment de Gang of Four describen un frente donde habitan la fria pasion de Durruti, las mcjores intuiciones de Lenin y del  160
feminismo italiano, los discursos de Huey P. Newton, la gue- srilla urbana y el aire que se respira en la Villa Savoye. Todo €50 apunta a lo que nosotros llamatemos por contraste ¢/ sen- timiento blanguista de la vida. 1a FEternidad por los astros e Instrucciones para una toma de las armas son en este volumen sus expresiones mas puras. Partir de lo que estd ahi y no de lo que falta, de aquello de lo que supucstamente careceria lo real. Desdefiar los obsticulos tanto como las personas. No espe- rar jamds. Operar con los que estin ahi. Aprehenderse uno mismo, aprehender los seres y las situaciones no como enti- dades, sino como recorridos de lineas y de planos, surcados de fatalidades. Comprender lo posible no como un halo que nimbaria a los seres, sino como el producto de una colision entre esas fatalidades. Sin reservas, ni ensofaciones, recrimi- naciones o explicaciones. “Uno no se consucla mis que en ceso”. Renunciar a la idea de caos, simple trascripcion men- tal de la renuncia: “No ha existido nunca, no existira jamas la sombra de un caos en lugar alguno”. Una vez inventariado lo existente, organizarse. No retroceder ante ninguna conse- cuencia légica. Los que hablan de revolucién sin preocuparse por la cuestion de las armas y del abastecimiento llevan ya un cadaver en brazos. Dejar a los metafisicos las cuestiones del otigen y la finalidad; tomar el aqui y ahora por todo comien- 20, y lo que nosotros podemos pricticamente hacer ahi como Ginico propésito razonable. Si el estado de cosas cs insosteni- ble no es por esto.... o por aquello..., sino porque ahi nada pucdo. No oponer jamis las necesidades del pensamiento y de la accion. Permanecer firmes en los momentos de reflujo donde debe reanudarse todo, desde el principio, solo: nunca se estd solo con la verdad. Un modo de ser como este no encontrard excusa alguna a los ojos de aquellos para los que  ex  161
la vida no es mas que una hibil coleccion de justificaciones. Frente a ¢l, cl resentimicnto sc arma de invectivas, denuncia la “toma de poder”, la “megalomania”, levanta sus cordones sanitarios de mala e, de estupidez y de conformismo; dicta- mina la exclusion del monstruo en trance de separarse del rebafio humano. “Pero que un hombre sincero, abandonan- do ¢l espejismo ilusorio de los programas, las neblinas del reino de la Utopia, salga de la novela para entrar en la reali- dad, que pronuncic palabras sensatas y pricticas: ‘Desarmar a la burgucsia, armar al pucblo, cs la primera necesidad, la tnica posibilidad de salvacion de la revolucion”. Y joh! entonces la indiferencia desaparcce y un prolongado aullido de furia retumba por todos los rincones de Francia. Sc grita al sacri- legio, al parricidio, a la hidrofobia. Se arma cscindalo, s¢ desencadenan todas las coleras contra ese hombre y se le arroja a los dioses infernales por haber deletreado modesta- mente las primeras palabras el sentido comiin”.  * %k  Los partidarios de la espera siempre han concebido cl adictivo “blanquista” como un insulo inapelable. Los anar- quistas més puros lo cntienden como sinonimo de “facobi- n0”, micntras que los estalinistas lo cmplean como cquivalen- te de “anarquista”. Los imbéciles cultivados de la Enoylgpédie des Nuisances, que desde hace veinte afos mantienen el licido coraje de apostar una y otra vez por la contrarrevolucion, han hablado de “blanquismo  imaginario” en ¢l caso de Unabomber para asf disociarse mejor de sus gestos ¢ introdu- cir asi su traduccion burdamente falsificada del Manifiesto. Para los marsistas, “blanquista” funciona mas bien como  162
sinénimo de “putschista” y denuncia un aventurerismo de vanguardia, una impaciencia por organizarse poco cuidadosa con la teorfa cuando las masas no estan preparadas todavia. Toda esta confusion de superficie no tiene ningin interés. “{Adelante! Pacientes siempre! {Resignados jamds!”, tal es cl modo blanquista. La alternativa no esti entre la espera y cl activismo, entre participar en los “movimientos sociales” o formar una vanguardia armada, estd entre resignarse u orga- nizarse. Una fuerza pucde crecer de modo subterrineo, segin su propio fitmo, para funditse con la época en ¢l momento oportuno. Si el éxito del golpe de Estado de Octubre valié a los bolcheviques la admiracion de una infinidad de seguido- res y arribistas de todas las nacionalidades, las desafortunadas tentativas de Blanqui, rodeando su nombre con esa aura mal- dita, han tenido al menos el mérito de alejar de €l esa raza de sabandijas. En su texto Sabre la lucha armada en Enropa occiden- tal, la Fraccién del Ejército Rojo cita un pasaje del famoso articulo de Lenin sobre la guerra de partisanos: “En una época de guerra civi, el ideal del partido es un partido que con- bate militarmente. |...] En nombre de los principios del marxis- mo, exigimos categoricamente que no se soslayen las condi- ciones de la guerra civil mediante clichés y frases manidas sobre ¢l anarquismo, ¢l blanquismo o el terrorismo, y que nadic venga a agitar ante nosotros el espantajo de ciertos pro- cedimientos absurdos aplicados por tal o cual organizacién en Ia guerra de partisanos”.  Quicn se funde cn un destino se encuentra cn un mismo plano con aquellos que lo comparten. La experiencia de la  163
amistad es el mis dulce efecto de una disciplina asi. “Considero una conquista haber hecho alianza y amistad con algunos corazones abnegados capaces de grandes afecciones y grandes sacrificios, esa s una fuerza que no tiene todo cl mundo”. Asi como el amor despunta en la cloaca romantica, Ia amistad forma parte de las alegrias blanquistas. Es esa rara forma de afeccion donde el horizonte del mundo no se pierde. “La amistad”, dice Hannah Arendt, “no s intimamente personal, porque plantea exigencias politicas y permanece referida al mundo”. Ahi, los seres se pertenecen los unos a los otros en el clemento libre, es decir: que se pertenceen en la medida en que cada uno pertencce siempre-ya 2 un destino. Si en su Lelins, Cicerén debe advertir contra los peligros de secesion que la amistad encierra para la Ciudad, es porque un mundo inicuo, una sociedad detestable, no se olvidan en la amistad tanto como en los sofocantes arrebatos del amor. Y no s6lo ¢s0: esta tiene, ademés, muchas posibilidades de volverse con- tra un mundo asi, contra una tal sociedad. Para decirlo brusca- mente: foda amistad se encuentra hoy, de algin modo, en guerra con el orden imperial, o no es mas que un engafo.  Lacambre, Tridon, Eudes, Granger, Flotte, la mayorfa de las conspiraciones de Blanqui no son en sus inicios mas que amistades que no reprimen su pulsion politica. Dicho al revés: toda amistad encicrra un niicleo conspirativo. En 1833, Vidocq deplora la existencia cn Paris de mis de un centenar de socicdades secretas. Toda la historia del movimiento revo- lucionario en Francia, cntre 1830 y 1870, lieva la marca de esas socicdades: clubes mis o menos permitidos, que s  164
transforman cn oficinas de propaganda clandestina o cn conspiraciones cuando sc instala la represion, para reconver- tirse en clubes cuando el régimen vacila. En 1848, se cuentan cn Paris mas de sciscientos de cllos, entre los cuales se halla, por citar 5610 uno, ¢l club del Levantamicnto Revolucionario del 69 de la calle Mouffetard, presidido por Palanchon, anti- guo aliado de Blanqui. La historia oficial del movimicnto obrero pretende que la tradicion conspirativa, con sus jura- mentos, sus rituales de admision y su scrcto decorum, haya sucumbido al desarrollo del movimicnto obrero del que, sin embargo, fue su crisol. Los micmbros de la Liga de los Justos, ancestro de la Liga de los Comunistas, zno participaton cn la insurrcccion abortada de 1839 lanzada por la Sociedad de las Estaciones? ¢No cs Buonarroti quien ha legado al mundo moderno l precioso mensajc de Babeuf? Ciertamente uno no es admitido hoy cn la Liga supucstamente Comunista supucs tamente Revolucionaria como o cra a la Asociacion de los Trabajadores Igualitarios cn 1839: “Escucha, con confianza y sin temor: estds entre republicanos comunistas y consecuen- temente empiczas a vivir en la cra de la igualdad. Ellos serin tus hermanos si cres ficl a tu juramento, pero cstaris itreme- diablemente perdido si lo traicionas. Ellos lo han jurado como i acabas de hacerlo. Escucha ahora con la mixima atencién: la comunidad s la verdadera republica: trabajo comiin, educacin, propicdades, goce comiin; jes cl sol, sim- bolo de la igualdad, es la nueva fe por la que todos hemos jurado morit! No conocemos ni barteras, ni frontcras, ni pattia; todos los comunistas son nucstros hermanos, los aris- tocratas nucstros enemigos. Si temes cl calabozo, la tortura o la muerte, si sicntes flaquear tu valor, retiratc; para cntrar cn nuestras filas debes poder afrontar todo cso: una vez presta-  165
do ¢l juramento tu vida nos pertencce, comprometes tu cabe- zay la del que te ha traido aqui para el resto de tus dias. Ahora reflexiona y responde”. Con el fin de la cera de las conspira- ciones el movimiento obrero habria pasado de su estadio infantil a su fase adulta; asi lo quicre la historiografia marsis ta. Las organizaciones piblicas de la socialdemocracia habrian tomado el relevo de la informe politica proletaria. De la Liga de los Comunistas se habria llegado paulatinamente a la Asociacién Internacional de los Trabajadores y a los partidos socialdemécratas de todos los paises, micntras los anarquistas se hundirian torpemente en el terrotismo y el sindicalismo. Lo cierto es que la politica conspirativa o ba cesads jamis. Que todos los lazos tradicionales, todas las familiaridades gremia- les y de batrio, en resumen: de pueblo, sobre los que se apo- yaba la politica proletaria hasta la Comuna, han sido destrui- dos sin remedio. Y que las organizaciones que han venido a suplantar a un pucblo ya inexistente no han hecho mis que empujar lo conspirativo hacia “/s informal”, destitualizando asi todo lo que tenia que ver con la amistad. En el fondo, el con- flicto entre Marx y Bakunin a propésito de la Internacional y de su pretendida infiltracion por una oscura Alianza Internacional de la Democracia Socialista adicta a Bakunin, gira entorno a este punto: de una parte hay una politica fundada Subre los programas y de la otra una politica fundada sobre la amistad. El prusiano Karl Marx no ha esperado siquiera l triste final de la Liga de los Comunistas para aborrecer la politica de los amigos. Su recension del libro de Chenu sobre Las conspirado- res tezuma, ya en 1850, una hostilidad sin matices: “ILa vida entera de esos conspiradores profesionales esti matcada por el signo de la bohemia. Sargentos reclutadores por la conspi- racién se arrastran de marchante de vino en marchante de  166
vino, toman ¢l pulso a los obreros, cscogen a su gente, los atracn hacia la conspiracion a fuctza de cmbaucamientos, car- gando cn la cuenta de la caja de la sociedad o del nuevo amigo los incvitables tragos que consumen. En suma, ¢l marchante de vino los tiene por verdaderos padres de los camaradas. [-] De temperamento muy alegre a imagen de los prolctarios parisinos, cl conspirador no tarda cn convertirse en consuma- do “juerguista” cn cste permancnte ambiente de taberna. El tencbroso conspirador, que en las reuniones secrctas hace alarde de rigida virtud espartana, sc anima de repente y s transforma, a costa del resto, cn asiduo de cabaret, centendido iy de qué modo! en vino y mujeres. Esta jovialidad de taber- na se ve mis realzada todavia por los constantes peligros a los que l conspirador sc enfrenta: cn todo momento pucde ser rechmado cn las barricadas y perecer en cllas; a cada paso la policia pucde tenderle una trampa que lo mande a prision 0 a galeras. Tales peligros constituyen precisamente l atractivo del oficio: cuanto mayor cs la inscguridad mis sc apresura cl conspirador cn gozar de los placcres del momento. El hibito del peligro lo vuclve indiferente en grado sumo a la vida tanto como a la libertad. Se cncuentra como en casa en prision tanto como cn l cabarct. Anhela cada dia la orden de pasar a la accion. La temeridad desesperada que s manifiesta en cada insurrcccion parisina es precisamente lo que aportan cstos vicjos conspiradores de profesion, los hombres del golpe de mano. Son cllos los que levantan y mandan cn las primeras barricadas, los que organizan la resistencia, dirigen dl pillaje cn las armerias, se aduefian de las armas y de las municiones domésticas y cjecutan, cn pleno levantamiento, csos audaces golpes de mano que tan a menudo arrojan en la confusion al partido en ¢l poder”. Tenemos aqui una fiel descripeion del  167
tipo de hombre que fue Bakunin a escala del continente. Bakunin no pudo encontrar, en el transcurso de sus ince- santes periplos transcontinentales, un ser al que amase sin endilgarle los estatutos de su tltima sociedad secreta, espe- rando su adhesion a esa “especie de estado mayor revolu- cionario compuesto de individuos sacrificados, inteligentes y, sobre todo, amigos sinceros, y no ambiciosos ni vanido- s0s, del pucblo, capaces de servir de intermediarios entre la idea revolucionatia y los instintos populares. El nimero de csos individuos no debe ser sin embargo cnorme. Para la otganizacién internacional en toda Europa, cien revolucio- natios fucrte y honestamente unidos bastan”. (Programa y obyjetivo de la organizacion secreta revolucionaria de los hermanos internacionales). A decir verdad, la politica conspirativa no ha cesado nunca de duplicar todas las realidades organizativa: La FAI duplicaba la CNT en Espafia, como la seccion mili- tar al Partido Socialdemécrata de Rusia, al que no rendia cuenta alguna. Como Lenin fue el tinico en conocer la tlti- ma expropiacién de Kamo, en 1912, en provecho de la Organizacién. O la comision “trabajo ilegal” de Potere Operaio, que se encargaba de su financiamiento, en rela- cion con la cual se llegé a mencionar entonces la constitu- cion de un “partido invisible”. El partido, y esto s ha olvi- dado, no ha dejado de ser nunca legal ¢ ilegal a la vez, visi- ble ¢ invisible, piblico y conspirativo. Es uno de los rasgos caracteristicos del presente que cuando mds precisariamos de todos los recursos de la politica conspirativa, ya nada sabemos de ella. Es necesario mantener en todo momento este principio epistemolgico: la bistaria del movimiento revolu- cionario es, en primer Iugar, la historia de los lazos que le otorgan su consistencia.  168
Las especulaciones del resentimiento tienen la habilidad de invertir las relaciones logicas. Desde hace mas de un siglo, especialmente después de los Pratocolss de los sabios de Sion, cada acontecimiento encuentra entre los esclavos su explicacion en la conspiracion de los poderosos. La pequera burguesia pla- nctaria cnloguece con csta literatura porque conforta su igno- rancia y su impotencia. El progreso del complotismo ha acompariado en todas partes cl progreso de esta “clase”. De hecho, la revelacion segin la cual los poderosos conspiran contra nosotros sirve solamente para ocultar la evidencia con- traria: la de la potencia que se expetimenta cn la amistad y, como consccuencia de cllo, en la conspiracion. En su prefa- cio a la Histaria de los Trece, Balzac explica como nadic la ambi- valencia de esa potencia que tanto pucde volverse secesion aristocritica como puede alumbrar una fucrza revolucionaria. “Existicron, bajo ¢l Impetio y cn Paris, trece hombres igual- mente afectados por un mismo sentimicnto, todos cllos dota- dos de bastante energia para permanceer fieles al mismo pen- samiento, de bastante honradez para jamis traicionarse entre cllos, incluso cuando sus intereses se oponian, lo bastante profundamente politicos para disimular los lazos sagrados que los unian, bastante fucrtes para cstar por encima de la ley, bastante audaces para no arredrarse antc nada, y lo suficien- temente afortunados para haber alcanzado casi siempre sus objctivos; habiendo corrido los mayores peligros y callado sus fracasos; inaccesibles al micdo y sin haber temblado ante cl principe, ante ¢l verdugo, ni ante la inocencia; habiéndose aceptado todos tal cual cran sin tener en cuenta prejuicio social alguno |[...] Ese mundo aparte cn ¢l mundo, hostil al  169
mundo, que no admite ninguna de las ideas del mundo ni reconoce ley alguna [...] esa union ntima de individuos supe- riores, frios y mordaces, sonriendo y maldiciendo en medio de una socicdad falsa y mezquina [...] Hubo pues cn Paris trece hermanos que se pertenceicron sin reconocerse en cl mundo [...] Ningin cabecilla los dirigi6, nadic pudo arrogar- se ese poder; solo tuvieron en cuenta la pasion mis viva, la circunstancia mas cxigente. Fucron trece reyes desconocidos, reyes verdaderamente, y mis que reyes, jucces y verdugos que, habiéndose hecho alas para poder recorrer Ia socicdad de artiba a abajo, despreciaron ser alguicn cn clla porque, cn clla, todo pudicron.”  Todos los textos de Blanqui son textos circunstanciados. stin cargados de las condiciones en las cuales y contra las cuales estan escritos. No hay, ni siquiera en La eternidad a tra- vés de Ios astros, ninguno que no lleve la mencién del Fort du ‘Taureaw’. De ahi la inexistencia de la obra de Blanqui, en el sentido de algo que encerraria en i su aportacion mas valio- sa. De ahi también la inexistencia de una doctrina blanquista,  2. Ciudadela situada en Morlaix (Bretafia), donde Blanqui fue encarcelado después de su detencion, la vispera de la proclamacion de la Comuna, ¢l 17 de marzo de 1971, En ella escribi6 La cferidad a travésde ls astros (Bd. Colihue, 2002), su obra considerada menos politica. Con la mencion al Fuerte del Toro los autores entienden aludir a los afios, mis de treinta, que Blanqui pasé entre  rejas en distintos lugares -entre ellos Chiteau d’If, y a la significacion que ello tuvo, junto a otras circunstancias, en su obra. De ahi lo de drunstanciados. (N. del T)  170
¢n el sentido en cl que puede hablarse, por cjemplo, de la  stencia de una metafisica marsista. “Un poco de pasion 1y las doctrinas para mas tarde!”. Lo que hay sin cmbargo cs un estily blanquista. “Las revoluciones requicren hombres que tengan fe cn cllas. Dadar de su triunfo es ya traicionarlas. Es por lalégica y la audacia que se realizan y sc salvan. Si estas os fal- fan vucstros cnemigos las tendrin por vosotros; cstos no verin en vuestras debilidades mas que una cosa: la medida de sus fucrzas. Y su coraje se revelara en razon directa de vues- tra timidez”. Todo cstd aqui. Blanqui es cl inventor del “Ni Dios ni amo”, s ¢l hombre que ha escrito “la anarquia regi- lar cs ¢l porvenir de la humanidad” y ¢l autor de un alcgato contra ¢l mutualismo y a favor de la asociacion integral titu- lado “El comunismo, porvenir de la sociedad”. jA ver dénde encontriis una ortodoxia ahil Por supucsto, construir una fucrza revolucionaria cuando s trata de derrocar una monar- quia administrativa, cuando s6lo hay una élitc a derrotar, pucde ser tarca de otra lite. Cuando, sin embargo, los cjérei- tos de Bismarck marchan sobre Paris, actuar revolucionaria- mente pucde querer decir: “Construccion de barricadas y de trincheras; asignacion de las iglesias a los usos nacionales, armar a los curas y, consccuentemente, suprimir e culto; alis tamicnto forzoso; pucsta en comin de las subsistencias y racionamicntos; licenciamicnto y dispersion de las antiguas fucrzas policiales; denuncia de los sospechosos y de los bona- partistas” (Dommanget, Blangu). En la sociedad actual, donde cl poder circula tanto como los flujos de alimentos, de informacin o de medicamentos, donde cualquicr indadans hace valer su derecho a vigilar a sus vecinos, cs indudable que una fucrza revolucionaria debe comprender fadas los aspectos de la existencia, debe construirse como fucrza de avituallamien-  ex  1
to tanto como fucrza armada, como potencia poética cn la misma medida que médica. Debe apoderarse de territorios. Debe concentrar toda la informacion il sobre la organiza- cion contraria y provocar descrciones en todos los rangos de la sociedad. Debe socializarse al mismo tiempo que lo social sc militatiza. Y hoy, tanto como ayer, csta fuctza no pucde permitirse csperar. Y s estd constituyendo. Si s apoya cn Blanqui s para pensar mejor la gucrra cn curso.  El tiempo pasa. Es su naturaleza. Siempre que haya tiem- po habri aburrimicnto, y ¢l tiempo pasara. El pasado, sin cmbargo, no pasa. Todo lo que ha pasado realente, lieva con- sigo un destello de cternidad, se ha inscrito cn algin recodo de Ia experiencia comiin. Se pucden borrar sus hucllas, no su acontecimicnto. Se pucde convertir en polvo su recuerdo, cada particula conticne la ménada entera de lo que se cree destruido y o engendrari de nucvo cuando la ocasion sca propicia. Repitimoslo: ¢ historicismo cs un burdel donde uno se esfuerza en que los clientes no se crucen jamés. El pasado o cs una sucesion de fechas, de hechos, de modos de vida, no s un ropero, cs un arsenal de fucrza, de gestos, una proliferacion de posibilidades existenciales. Su conocimicnto f0 ¢s necesario, s simplemente vital, Vital para el presente. Es a partir del presente que se comprende l pasado y no al revés. Cada época sucha las precedentes. La pérdida de todo sentido histérico en nucstra época, como en general de todo sentida, cs <l corolario lgico de la pérdida de toda experiencia. La organizacion sistemitica del olvido no sc distingue de  organizacion sistemitica de la pérdida de la experiencia. El  172
fonismo histérico mas demencial, que ya consigue apli- carse incluso a los acontecimicntos contemporincos, halla su terreno mis fértl en la vida suspendida de las metropolis, donde jamis sc hace la experiencia de nada, de nada que no scan signos, schales, codigos, y de sus conflictos acolchados. Donde uno hace experiencias, experiencias privadas, que flotan, sin contexto, sin discurso, nulas; intensidades implosivas que n0 pucden comunicarse mas alli de los muros de un aparta- mento y que cualquicr relato vacia més de lo que ofrece para compartir. Es bajo la forma de su privatizacion que se expli- ca, de ahora cn adclante y en la mayoria de las ocasiones, la privacion de experiencia.  Diciembre de 2006. La nave nacional hace agua por todas partes. Pronto sélo sobresaldri el puesto de vigia. Francia arde y naufraga. Eso cs bucno. Aviva los recucrdos. Las escuclas en llamas flamean cn memoria de las generaciones de proletarios que aprendicron alli ¢l gusto amargo de los hora- tios, del trabajo y de la obediencia, ¢l sentimiento de su plena inferioridad. Los que ya no votan hacen honor a los insurgen- tes de junio de 1848, esa “revuclta de angeles rebeldes que, después, ya no volvicron a levantarse” (Cocurderoy) y fucron pasados por las bayonetas en nombre del sufragio universal. Por la radio, los intelectuales de izquicrda se preguntan si cl gobicrno tendri el coraje de enviar el cjército a los suburbios, como sus antepasados aplaudian a los generales que, volvien- do de Argelia, masacraban a los proletarios de Paris tal como sc habian acostumbrado a civilizar a los indigenas. Hoy como ayer, ese canalla se dice republicano y habla de “chusma”. Los  173
encarcelados de Action Dirccte hace mucho que cumplicron sus penas. Régis Schlcicher’ rivalizari pronto con Blanqui en longevidad penitenciaria. El ciército sc cntrena més que nunca para cl vicjo combate callejero. En Francia, el reloj de Ia historia se detuvo en mayo de 1871, La cuestién comunis- ta cs, invisiblemente, la tinica cuestion que atormenta todas las relaciones sociales, incluidos los ligues de una noche. El universo se encrva esperando, varado en un mismo lugar. El pasado 31 de marzo, una manifestacion salvaje de 4.000 cabe- zas se prolonga durante mis de ocho horas —desde la inter- vencién del presidente de la caduca Repiiblica, anunciando cn el telediario que no va a retirar el CPE, hasta las cuatro de la madrugada. Quicre acercarse al Palacio del Elisco y, marchan- do en oblicuo a la plaza de la Concordia, sitiar la Asamblea Nacional, lo que no logra por falta de material, de armamen- to. Lo mismo sucede con ¢l Senado. A medida que la marcha avanza, la determinacion crece. Un compis marcial la impul- sai “{Paris, en pic, despiértatc!”. Es una orden. Sobre cl bule- var Scbastopol y lucgo en ¢l de Magenta, las lunas de bancos empresas de trabajo temporal comicnzan a cacr una tras  otra, metédicamente. Algunas prostitutas de Pigalle saludan desde Ia ventana. El gentio sube corriendo la cuesta hacia cl Sacté-Cocur al grito de “{Viva la Comunal”. La pucrta de la cripta no cede; listima, habria podido incendiarse. De vuclta a Montmartre, en ¢l tercer piso de una pequesa calle, una scfiora cn camisola apoyada en cl balcon ha puesto a todo  3. Miembro de Action Directe ain en la ciircel, detenido en marzo de 1984 y condenado por complicidad en el tiroteo en la calle Trudaine de Paris que acabd con la muerte dos agentes de policia. Otros inculpados en el mismo caso ya han sido liberados después de cumplir, como €l su pena. (N. del T)  174
volumen Les manvais jours finiront. La sede clectoral del infecto Picrre Lellouche pronto ser destrozada. Son las tres de la madrugada. El pasado no pasa. El incendio de Paris scri cl digno colofon a la obra de destruccion del barén Haussmann.,  Algunos agentes del Partido Imaginario  175
RESONANCIAS DEL LLAMAMIENTO: ‘UNA DISCUSION COLECTIVA  Dia a dia, invisible ¢ impercptiblemente, mundos sin nombre pelean por su existencia abriendo grietas en la miquina inpe- rial: amistades, otras sensibilidades y ofros sentidos, relaciones o instrumentales, cooperacion, etc. Y a veces de pronto esos undos se tensan y producen luchas bien expliitas. Los parti- cipantes de esta comversacidn hemos vivido las sacudidas colecti- vas que han agujerads el “borror del presente” durante ls ili- 05 arios. Reclamands “Dinero Gratis” junto al movimiento global. Interrumpiendo la normalidad asesina durante los dias inolhidables del 20, 21 y 22 de marzo de 2003, al grito de e no nos representan” y “ycucl es tu guerra?”. Participands con la vida al descubierto en las antoconvocatorias inanditas del 13 de mar3o o exclamando con una sonrisa en los labios que o tendremos casa en la puta vida con la VV de Vivienda en 2006. Movimientos colectivas no identificadus. Puntos de inten- sidad en los que se trenzan por un momento lo existencial y lo politico. Acontecimientos borrosos, atipicos, eriticos. Mil pric- icas piratas barriendo metripolis ocednicas que resuenan con el Llamamicnto. Desde las que interrogarlo y dejarse interrogar  pord,
“Bsto es un Uamanionto. Es docir que se dirige a los que lo escuchan, No baremos o esfuerzo de demostrar, de argumentar, de convencer. Tremos a Ja evidencia”  Lave Is Anthrax. A mi, al margen de lo que se dice dentro, sobre todo de Ia estrategia de objetivos que proponen, espe- cialmente esa que llaman “construccion del Partido”, al mar- gen de eso o que me llama la atencion cs que todavia haya gente y voces dispucstas a gritar la rabia y el asco, cso me ha interesado. El entusiasmo con ¢l que csti escrito el texto. Es como encontrar el territorio de una nueva épica. Pucde haber alguicn que picnse que estos planteamientos deberian decirse de una mancra menos épica, que implique menos la cons- truccion de un guerrero, que a mi juicio cs la figura que hay detris del autor del texto. Pero a mi e justo lo que me inte- se desafio tan chulo a cualquicr forma de resignacion. En cl desierto del capital, hay un terror politico que estigma- tiza todo lo que se le opone, cualquicr pensamicnto vivo, Por eso sorprende que su voz sea capaz de gritar, de articular atin, un grito épico. Esa cs su gracia. zDe donde lo sacan?, picnsas, ¢de dénde les sale? [Que chulerial (Dénde han encontrado cn ¢l estémago una fucrza para poder atin decir esto, gritndolo asi? Afirman que ¢l enemigo no solo csti fucra sino que son las relaciones que nos sosticnen, las que nos hacen ser alguicn, no uno cualquicra. Y lucgo afirman que la realidad no es capitalista, y yo pensaba: équé quicren decir con esto? Lo que creo que quicren decir cs que la realidad cs agujercable. Desde cl lugar cn ¢l que hablan, ademis, ya te estin diciendo: la hemos agujcrcado y hay otras realidades que podemos habitar. Entonces proponcn algunas claves de como hay que hacerlo.  resa.  178
Slepwalker. B Llamamients me interesa sobre todo por los posibles que encicrra. Con una forma muy suya, muy pro- pia, nos habla de la situacion actual como de un potencial. De un potencial, porque ¢l impasse pucde ser fin ¢ inicio, y es en ese sentido que el Léamamients sc artanca del estado de suspension, csa cs su potencia. Se ponc a transcurrir cn medio del desierto. El desicrto, y ¢l Bloom que lo habita, sc ha extendido de tal modo, de un modo tan vasto, que la vida misma —la vida comin, la vida social- sc ha ausentado. Todo nos scpara, la cxtension del desierto como des- truccion de lazos, de mundos sensibles, la hemos visto suce- der. Hemos llegado a vivir, a conocer lazos entre la gente construidos con haceres y saberes que en un transcurso muy corto de tiempo han desaparecido. Experiencias que hemos alcanzado a ver a nuestro alrededor, en nucstra infancia y que ya no estin. Yo recucrdo las misteriosas curaciones de mis abuclas, las plantas aromaticas en ¢l patio, ¢l conoci- micnto que la gente tenia de los oficios... y constato que mi propia formacién aports a la destruccion de cse mundo. La realidad de este mundo se ha vuclto insostenible. El impasse actual sc vive como un momento de cnorme impoten- cia. Pero ¢l Lamamiento intenta arrancarnos de esa impo- tencia, con la que no sabemos relacionarnos. No csperar, porque los interrogantes propios de la espera se nos vuclven también sombrios  5.45. A mi lo que me toca en l texto es que, bajo la forma de un llamamiento, cstin planteando la pregunta por la rela- cion paraddjica cntre la organizacion politica, fruto de una decision colectiva, y esa otra lucha politica que ticne que ver con hacerse otra sensibilidad colectivamente. Entre una y  179
otra, se trata de hacer fucrza material de un mundo sensible: desarrollar ¢l trabajo de lo comiin puesto en ese otro lugar que ya no es el de los movimicntos activistas tal y como los hemos conocido, sino que parte de otra relacion con lo real. Con este desplazamicnto, cambian las agendas, los temas, los lugares y las relaciones politicas... pero, zc6mo seguir enton- ces haciendo politica? Casi parcce pensable, hoy, emprender colectivamente ¢l camino de la ruptura, de la vida en los mar- genes o los intersticios. Es dificil, pero cs pensable. Pero, ¢como anudar ruptura c intervencion? ¢Vida al margen y sabotaje? Ellos, con su llamamicnto, patecen apuntar al pre- cario cequilibrio que significa mantenerse en cse lugar. Quizi de ahi la fuerza de su lamamiento. Quizi también de ahi la sospecha de que su llamamicnto cs un desafio sin respucstas  Something 99. Yo al leetlo, sobre todo la primera parte, les sentfa muy cercanos. Pero cuando cmpiezan a proponet, cuando ofrecen su cstrategia, me choca, me parece que no queda claro, porque parten como de un afucra, como si fucra posible un afucra desde ¢l cual poder reconstituirse en una realidad nueva, en otro mundo. Y eso no lo tengo claro.  At Home He’s a Tomrist. A mi hay varias cosas que me han interesado, no s¢ si pucdo explicarlas mis que como cosas sucltas. Estd la cuestion del apocalipsis, ese tono que tiene todo ¢l rato el texto. ¢Quién hablaba de apocalispsis cn 20037 Poca gente. Pero ahora... Frases tan nihilistas como “no creemos que en el desicrto crezca lo que salva”, Pero al mismo tiempo la idea de ir hasta el centro de la catistrofe para “hacer- la habitable”, “hacer habitable ¢l cstado de ex “También me ha conmovido, o confundido mas bien, ¢l clo-  180
gio de I lentitud. Esa idea de que hemos llegado tarde y de que quizi en el futuro se pucda hacer algo, de que necesita- mos al menos una generacion més para construir un asalto revolucionatio. Tenemos tiempo, csa idea. Contra la urgencia del activismo. La idea de una politica cn cl filo, desde donde  tomar partido y hacer espacio. Constituir en fucrza csa sensi- bilidad.  Wy Theory? Entre otras cosas me impacté la critica del activismo y del activista. Sc ve que lo conocicron desde den- tro. Para los que hemos atravesado la ola antiglobalizacién cs una critica muy exacta, aunque quizd solo podia plantcarse cuando pasé Ia ola. :Qué mundo estibamos construyendo cn esa respucsta urgente del activismo? Una vez desaparecido cl plano de una politizacion general de la socicdad, una vez disucltos los colectivos y dispersas las amistades que s tejic- ron entonces, podemos deprimirnos o bien pensar “zy a par- tir de aqui qué? :Como revinculamos lo existencial y lo poli- tico en el desierto?”. El activismo pone cntre paréntesis todo el rato lo que sosticne realmente la propia vida, lo que te hace vivir. El activista sc construye un pseudo-mundo en ¢l que liega a olvidar incluso cuil cs la misma naturaleza de su revuclta personal, es incapaz de explicarla con sus propias palabras.  A Hole In The Wallt. Su critica a la politica como abstraccién de lo material s muy bucna. Lo que més me ha gustado del texto s cuando logran precisamente no hablar como activis- tas. Por ciemplo, toda la poctica en torno a la fabricacion de mundos. La pregunta sobre cémo dar duracion y consisten- cia 2 una politica de amigos. O la critica de la vida cotidiana.  181
Ahi hablan, como si no fucran activistas, del malestar social, del estar solos, de la obligacion de gestionar las relacioncs. Creo que eso es lo mas actual. Pero hay momentos donde se encarnizan en segin qué cosas en los que me patece que cllos mismos sc vuclven de alguna forma de esa izquicrda que cri- tican, no s¢ bien como explicarlo. Veo algunos pasajes muy coyunturales. La critica a la izquicrda, por cjemplo, me parc- cc muy situada en ¢l movimicnto antiglobalizacion con respecto al nacimiento del Black Block, Por momentos s picrde csa voz de enunciacion desde la gente y desde la diso- lucion del cje izquicrda-derecha, que cs cl sitio que me pare- c interesante.  Glass. Es un libelo que dice al que lo lec “hay cosas que hacer ms alli de leer. Es el llamamiento a una mision, cllos se han puesto en misién. Un mesianismo sin mesas. Por eso la critica al activista cs muy bucna: vale, esta bien ponerse con los inmigrantes en las iglesias, pero a la vez no estis viviendo con cllos. Estin plantcando un puro mesianismo. Cuando liega ¢l mesias sc acaba una ley y apatece otra nueva, Por cso surge la linca criminal. Porque en la legalidad no se pucde vivir y para franquearla hay que organizarse materialmente. El desertor que no sale del desicrto no deja de comer arena. En su caso, un referente claro son los origenes del movimiento obrero. Es un texto estratégico y de cstrategia. Dicen: hay que destruir la izquicrda y creo que cso merece una explicacion: izquicrda y derecha conforman una socicdad que es ¢l pozo de todas las antinomias y las antinomias hay que atravesarlas. Mis que a la guerra civil, sc dedican a la ciencia del motin. Dicen: no quicro reformar, quicro destruir. Y lo bueno s que quien lo dice no s un personaje o un colectivo. Es una voz  182
Una posicion de enunciacion, por decirlo con sus palabras. Una forma de vida que conecta con otras formas de vida que a existen,  Woman Town. Una razon de mi cercania con lo que dicen es que hablan desde una herida. La herida como algo previo desde lo que trabajar sobre lo politico y no al revés, como algo que se da antes de lo ideoldgico, lo discursivo o lo teo- rico. Es un trabajo sobre lo politico muy a ras de picl en ¢l que me reconozco. Y ademis cn un contexto en que no ha habido, para muchos de nosotros y tampoco para cllos, un acontecimiento previo que pucda dar consistencia a cso desde la memoria, desde la experiencia. Esa hetida, como la guerra cn curso que describen, estd ahi y ha estado ahi desde ¢l principio. Siempre he cntendido que ahi residia lo mas fecundo de nuestra voz para empezar a hablar, o de lo que yo podia ofrecer en primer lugar para compartir. Y lucgo esti <l tigngulo comin-comunidad-comnisma, que cllos, como yo, creen que, siendo fundamental, tiene que ver mas con algo en que pensar y sobre lo que crear que en algo a rescatar, puesto que nada o poco de lo que se ha reclamado de tales conceptos desde la izquicrda, nos sirve de mucho. Es mis jcudntas veces ha sido y seri contra la izquicrda que habrd que pensar todo csol Y, por ltimo, veo en cllos la misma necesidad de trabajar el concepto para poder dar cuenta del mundo y de lo que podemos o no podemos en ¢, la misma necesidad de tener que volver a nombrar las cosas, de las mas cercanas a las mis abstractas, para poder cntenderlas y enfrentarlas. Y entender cso como algo a hacer colectiva- mente, como claboracion que se comparte antes que como discurso o teoia que se reparte.  183
“Situamos el punto ds o retorno, la salida del desiert, ol fin del Capital, en la intensidad del lazo que cada wno logre estableer entre Jo que vive y lo que piensa”  Lave is Anthrax. Las claves para agujerear la realidad que nos ofrecen son las claves de un programa politico, “Ia cons- truccion del Partido” hacer de la atencion una disciplina, por cjemplo, es decir: atender tu propia vida. Eso seria, dentro del lenguaie profético, ¢l camino de redencion, que no contiene esperanza mis que en acto, sc trata de una esperanza sin estructura. Es micntras hacemos ¢l trayecto que gozamos, por cjemplo. Por eso importa poco que la insurreccion gene- ral o la revolucién s demore en llcgar, porque lo que nos hari vivir ¢s cl propio trayecto que hemos cmprendido. Es una forma de vida, asi lo llaman ademis. Y la quicren mate- tializar, y dicen: “creacion de medios cfectivos para la cons truccion de mundos compartidos”. Y entre cllos hablan de la construccion del Partido, que cs su parte mis oscura, que cs un embrollo y esa es su gracia. No te lo dan hecho, dicen: Oiga ya sc lo ird usted montando! Ahi hacen hincapié cn cl imperio diciendo: no hay que combatirlo, no cs el lugar de la batalla. Este sc encucntra mas bien en la profundizacion de las relaciones dentro del partido. No hay lugar para la duda ética, lo que nosotros queremos cs lo bucno, somos los sciio- res de nosotros mismos, de nucstra decision. No somos un movimiento de reaccion, fes que queremos vivir!  Wy Theory? Una de sus ideas-fucrza es que el punto de partida para una politizacién son las inclinaciones de nuestra forma de vida: ¢l gusto y la atraccion por cosas, personas, lugares, actividades, lenguas. Ahi donde ¢l mundo te atravie-  184
say tu atravicsas ¢l mundo: ese es el punto de partida. El pen- samiento viene a hacer de esa afectacion una fuctza, a aferrar- la y claborarla, a darle forma y dircccion, una cstrategia. El desicrto no csti s6lo en los aparatos del Estado y ¢l mercado, sino alli donde uno s ve obligado a poner entre paréntesis sus asideros con la vida, todo lo que te manticne aferrado a clla. Asi que la materia prima de lo politico s la red de cosas, costumbres, palabras, fetiches, afectos, lugares y solidaridades que forman nuestros mundos. Precisamente todo lo que se pone entre paréntesis en los pscudo-mundos del activismo. La subjetividad militante es una personalidad muy disociada: esti cl trabajo, la familia, los amigos, los amores y lucgo, por otro lado, la politica. El desicrto también estd ahi, cn csa poli- tica disociada de la vida, cuando lo que vivifica la politica cs ponerlo todo en un plano de horizontalidad.  Lave is Anthrax. Yo necesito vivir en la incoherencia, a mi la incoherencia me salva. Estoy de acuerdo con lo que dicen cllos: “el capitalismo s destruye cn la medida en que cada uno sca capaz de vivir como piensa”. Pero si yo viviera como picnso, pucs cstaria loco o en la carcel o me habria tirado por un baleon. Y si adaptara mi discurso a lo que soy capaz de vivir, pucs me metetia cn ¢l PSOE. Lo que uno dice le trans forma y con los complices hay que ser capaz de llevar el dis curso hasta cl final, hay que pensar la propia vida radicalmen- e, hay que ser capaz de ponerse en las manos del otro. Entre amigos, con los complices. Pero eso no lo pucdes hacer siem- pre: en el trabajo, por cjemplo, donde no hay complicidades.  5.45. Entre la sintesis coherente y la incoherencia conver- tida en un doble plano donde el pensamicnto cs radical y la  185
vida es del PSOE, la alternativa es insoportable y te mata por dentro. Creo mis cn un cuctpo a cucrpo entre los diferentes planos de  vida donde hay partes en las que eres declarada- mente impotente (por cso pagamos la hipoteca a los bancos que n0 cuestionamos, por cso vivimos bajo toda una seric de con- dicionamientos materiales que sobrepasan toda posibilidad de enfrentarse a cllos por ¢l momento), pero que no componcn una division estricta cntre una dimension material de mi vida y la dimension simbolica, sino que s afectan, se comunican.  Lave Is Anthrax. Sobe todo comunican a través de lo que dices: se afectan. Antes en politica habia ¢l “programa mixi- mo” y ¢l “programa minimo”. Ahora, si uno no abandona cl “programa miximo” cuando csti con los suyos, eso repercu- te en cl resto de la vida y te hace mis valiente. Es decir, ser capaz de pensar la vida radicalmente cs una experiencia libe- radora que te transforma. Pero constato que hay dos planos cuando vamos a trabajar hay unas servidumbres y las cumpli- mos, no cstamos cn una alianza de amigos, cs diferente.  5.45. En todos los planos tienes conquistas que no son cquiparables las unas con las otras, pero no hay ¢ lugar de las servidumbres y ¢f lugar de las conquistas y la libertad absolu- tas, sino que en todo cl terreno de tu vida atraviesas servi- dumbres y aventuras. Y hay momentos donde cstis en un lugar y no cn otro, Y hay otros terrenos que sencillamente abandonas porque no hay ni una cosa ni la tensién para con- seguir la otra.  Entertainment. Tenemos unas imagenes, provenientes de toda una tradicién, sobre qué significa la radicalidad. Pero a  186
lo mejor esas imégenes radicales hoy nos impiden pensar radi- calmente nuestra propia experiencia del presente, su ambigiic- dad y su complejidad. Y a lo mejor Ia radicalidad consiste en afrontar realmente csa “incoherencia” y no ocultarla, Porque la radicalidad habla y escribe, pero queda una sombra sobre la que nunca se piensa: la vida real completamente integrada de quien habla y cscribe (por ¢l dia, trabajador anodino y confor- me; por la noche, cxaltado pocta de todas las revuclas —aje- nas— sin componendas). Asi se pucde ser radical en la litera- tura y ¢l estilo, abandonando la vida real a una pura sombra, sin reflexionar nunca a fondo sobre clla. :Qué fucrza pucde tener l pensamicnto escindido de la vida escindida?  At Home He’s a Towrist. Lo que funciona todo cl rato cn la maquinaria del Llomamients cs un pensamicnto pre-politico sobre lo constituyente. Cuando todo s catastrofe y desicrto, s6lo la atencion a lo pre-politico pucde tener fuerza. Las metiforas o los dispositivos de los que hablan son pre-politi- cos: amigo/cnemigo cs la division que C. Schmitt considera fundadora de lo politico, pero otros muchos la sitian mas bicn en lo pre-politico... El poder constituyente de Negti tam- bién es lo pre-politico. No s trata ya de las relaciones que se pucden tencr, sino de alianzas provisionales para formar mundos en un momento cn ¢l que todo esta destruido. Cuando hablan del liberalismo cxistencial dicen seialar una capa de lo real tan profunda que o se sucle tratar como poli- tica y donde realmente se jucga la division entre lo que se admite como real y el resto. Van mis profundo, a la roca madre. Hay como un salto conceptual de un libro més spino- sista como Intraducciin a la guerra civil, que arma todo el pensa- micnto como cstrategia de acrecentamicnto de la potencia,  187
hasta | Llamamients, donde se trata més de hacer cufia que de algo mis politico-cstratégico: frente a la climatizacion y la moqueta, intensifiquemos el presente en la catstrofe, ya que n0 hay trascendencia. Esc planteamicnto corporal inmediato, frentc a la neutralizacion afectiva, es muy potente.  “No somos de los que crean que alli donde orecs ol dasierto crece también su antidoto. Nada pede suceder que no comience con wna secsitn en rolacion  todo lo que hace oroce ese desiorta”  Entertainment. Retoman imagenes conceptuales como la miquina de guerra para pensar ese vineulo fuerte entre exis- tencia y politica. Vale, bien. Pero no entiendo como su apues ta por unir vida y politica pretende evitar la deriva tipica de lo istencial en gheto o grupo de autoayuda y de la politica en activismo y militancia. Dicen no al activismo; no a la militan- cia; no a los movimientos sociales; incluso hacen una critica muy interesante y se nota que muy desde dentro a las okupa- ciones. ;Y entonces? :Qué hay de nuevo? Las formulas épico- rominticas que tanto nos exaltan parccen chocar con la reali- dad. :Qué proponen para salir de los antiguos impasses? <Qué nuevos elementos pricticos de respuesta han encontra- do? :Qué otra idea de lo politico? :Por qué este llamamiento a volver a vincular vida y politica va a tener mis pertinencia y fuerza que otros anteriores? (Por qué ahora van a funcionar las comunas que fracasaron hace 30 afios?  ex  Something 99. Es una apuesta radical, firme, no duda. Es una decision que no sé muy bien en qué se basa, pero lo que la manticne viva cs la firmeza de la propia decision. :De dénde se  188
sacan que se mantendrd? ¢Por qué no va a suponcr otro fraca- 50 mis? No lo saben. Pero su apucsta esti en practicatlo y ver. i critican las okupaciones es porque en un momento decacn, picrden la cstrategia, la conviccion de su decision y acaban sicn- do una réplica de las mismas relaciones de las que se quetia huir. Ellos quicren crear otro mundo, crear realidad. Crear un afucra, confian en que cs posible. A mi me sorprende, me pre- gunto cémo sc hace. En el Llamaniento ni sc explica, ni sc nicga que no vaya a fracasar. De todas formas, al principio cllos dicen que habitamos cn una situacion en la que no puedes negar al de enfrente ni al enemigo, sino que ticnes que coexistir con cllos. Tal vez cs0 no lo retoman lucgo, pero ahi dicen muy cla- ramente que vivimos includiblemente en un campo de tensio- nes y fuerzas donde lo politico consiste en ¢l modo de relacién que cstablecemos con los amigos y los encmigos. Asi que cse afuera no cs, desde lucgo, una torre de marfil.  Wy Theory? Pero buscando csa realidad aparte, ino nos hubiéramos perdido todo lo interesante que paso tras 2003: ¢l 13-M, la V de Vivienda, etc.? La fuerza de esos momentos no sc arraigaba cn realidades aparte, sino que tenia que ver més bicn con la ambivalencia de nuestra experiencia como hijos de I metrépoli: la experiencia del hombre anénimo que apa- rece y lucha, pero luego desaparcce para hacer su vida. Tras el reflujo de Ia ola global, todos los movimicntos que nos han permitido resituarnos y realfabetizarnos, repensar de nucvo lo politico en ¢l desicrto del impasse, van precisamente en cl sentido de encontrar la salvacion junto al veneno, no mis alli.  5.45. Veo todo el rato una tension y una contradiccios por un lado, hay un llamamiento magnifico a dejar de vivir  189
como si o cstuviéramos en ¢l mundo, contra ¢ liberalismo stencial; hacer tangible la situacion me parece precisamen- te cso, experimentar realmente los vinculos que nos hacen estar en ¢l mundo y ahi sc abre la posibilidad de lo comin. Y ala vez, parccen saber demasiado bien de qué esti hecho cl mundo: todo el mundo es veneno, todo ¢l mundo es desicr- t0, todo ¢l mundo s catistrofe. Entonces solo te queda rom- per con él. A mi desde lucgo me interesa la primera parte, hacer tangible la situacién, que las politicas de lo comuin scan aprender a descubrir —en la prctica, cn la teoria, con los cucr- pos, con los lenguaies, con lo que vivimos— cso que nos ata al mundo de la mancra mis colectiva y, por tanto, mis trans- formadora posible. Pero es que cllos parecen saberlo todo: cl resto es valotizacion / oposicion. Por tanto nos escindimos de la una y de la otra, porque la gente o bien esti tontamente reproduciendo el capitalismo (valotizacion), o bien esti ton- tamente oponiéndose al capitalismo (la izquicrda). Quizd no hay que saber tanto, sino precisamente partir de un no saber que rompa con esa alternativa, no dar por acabado ¢l mundo.  ex  Wy Theory? En concreto quicn nos saba después del 11-M es precisamente esa gente que csti “tontamente reproducien- do cl capitalismo”. En la reunion de los movimicntos sociales justo después del atentado sc sabia demasiado: como el aten- tado iba a producir una fascistizacion de lo social equivalente ala del 11-8; c6mo lo social sc disponia a asaltar los centros sociales antorcha cn mano considerindolos complices de lo ocurrido. Sin embargo, cl acontecimicnto que desaloja la ges- tion del micdo del poder, que impide que la logica de la segu- ridad prenda y que evita que cl racismo cristalice se alimenta de energias sociales que quedan fucra de los espacios politiza-  190
dos. Yo desde luego ahora no pucdo aceptar ningiin esquema de lo real que me cicgue en ese punto determinante: la ambi- giicdad de los lugares donde supucstamente no pasa nada § habitan las formas de vida atenuadas. No s /o que parccen.  Woman Town. Tampoco podemos perder de vista que cn 1998, cn Teoria del Bloom, un testo cercano a las posiciones del Liamanients, hay una descripcién muy hermosa y potente del espacio del anonimato y del “hombre an6nimo” que repre- senta este Bloom. Son perfectamente conscientes de hasta qué punto los dispositivos de scparacion que fundamental- mente producen, segiin sus propias palabras, soledad, finitud ¥ exposicion, han convertido la metrépoli en el lugar por excelencia de ese anonimato. Ese Bloom setfa ol niilista tlti- mo, cl iltimo hombre al que nada mas podia ocurrirle pucs to que incluso su esencia le habria sido arrcbatada y, sin embargo y paradéjicamente, pucsto que Bloom no deja de ser condicion universal del habitante de la metrépoli, en realidad scria ya algo a compartir por ¢l hecho de ser lo comiin a todos. También suclo comiin desde el que poder rebelarse. Eso, que mantienc evidentes resonancias, me parcce, con lo que algunos hemos dado cn llamar “Ia ambivalencia del hom- bre anénimo”, crco que se picrde al final del mismo testo donde el Bloom pasa de condicion genérica a condicion estra- tégica; y ahi sc vuclve tal vez a una vision més clisica de lo politico: establecimicnto de una linca amigo-cnemigo mucho mis rigida donde cl amigo lo es por afinidad en la forma de vida mis que por compartir una condicion genérica que se querria superar o neutralizar, o una vision de la retirada ofen- siva que requicre del establecimiento de algin tipo de afucra como tinico lugar legitimo de lucha.  191
Wiy Theory? Me cuesta mucho ver al Bloom cn cl Liamanients. Es como si hubicran abandonado csa figura cn tanto que punto de partida, prefiriendo arrancar més bien de las formas de vida, que sc convicrten en comunidad y después en mundo. La descripcion que hacen del liberalismo cxisten- cial s muy buena, pero puramente negativa. La gracia de la Teoria del Bloom cta que ahi no solo hacian la descripcion nega- tiva de una figura que representa una forma de cstar —o, mejor dicho, de s estar— en ¢l mundo, sino que veian cn clla una disponibilidad, una ambivalencia y una potencia desde la que recomenzar lo politico por otro sitio. Si ¢l Bloom no cs algo que tengamos cnfrente o algo de lo que estemos libres, sino una condicién que hay que asumir porque cs la de cada uno de nosotros, cn cl Liamamiento no la veo, ni tampoco cn La insurrecciin que viene -a no set que nos resulte creible que ese Bloom se transforme a si mismo en un revolucionario de una picza tan despiadado y tajante con los demis Bloom como si ¢l nunca lo hubiese sido. ¢Acaso les livaba ¢l Bloom a un callcjon sin salida?  At Home He’s a Tomrist, Quizi lo que les pasa cs lo mismo que a nosotros: en el 99 cs Seattle y la antiglobalizacion. El Bloom csti ahi siempre porque cs ¢l fondo de nuestro mundo, pero la cosa pasa de pronto por otro lado.  We Live As We Dream, Alone. Es que con ¢l Bloom no s pucde hacer politica. Y con las formas de vida, la potencia y la intensidad si. Al final ¢l Bloom es molesto. La ambivalen- cia del vivir, la ambigiiedad de la politica, cs justo lo contra- tio de un ‘nosotros’ que sc afirme como potencia. Y la para- doja cs que, siendo un texto tan magnético y atractivo, solo  192
pucda poner la historia cn ¢l centro; no la vida. Porque la vida, como cuestion, no se problematiza, queda resuclta ente- ramente en cl concepto de forma de vida como algo ya dado. Es justo lo que ven como solucion aquello que deberia pro- blematizarse. Hemos constatado que la potencia se despoten- cia, que lo que por aqui llamibamos “desafiar al poder” y cllos llaman “forma de vida” se despotencia y queda anulada ¢n una sociedad posmoderna. :Dénde esti cl problema? La vida no cs tan simple como una forma de vida. La vida no es una solucion, sino un problema, La cxistencia cs un proble- ma. Y a partir de ahi retrocedemos para poder csperar y mirar alrededor, no decimos “vamos hacia adelante y ya vendrn”.  Lave Is Anthrax. Cuando se describia la asamblea de mili- tantes el mismo 11-M y c6mo se equivocs en su andlisis de lo que iba a venir, aquello se ve como un proceso. De pronto s¢ percibe que hay una fucrza difusa cn lo social anénimo que nos sobrepasa y nos trasciende pero ante la que se pucde vivir con los ojos abicrtos. No crco que la gente que ha escrito cl Llamamients parta de ahi, sino que més bien parcce urgida por otras necesidades: quercr hacer habitable mi vida ya, querer vivir ya, rechazar que mi vida se halle atravesada por unas relaciones digamos dominadas por ¢l mercado. Esa cs la dife- rencia, pero o creo que olviden al hombre anonimo. Lo que pasa s que hay un momento de transformacion, un momen- to cn que cl hombre anénimo puede hacer un ‘nosotros’. Y potencialmente cualquicra pucde hacer ese ‘nosotros’, pero a la vez también cs ¢l hombre anénimo. Y no veo que eso entre en contradiccion con lo que s estd diciendo aqui, sino que mis bien sc da por supucsto que ¢l Liamamiento se ditige a los complices que ya han atravesado ¢l desicrto y comparten csas  193
evidencias. Se ditige al hombre anénimo que ha aceptado la decision de constituirse en ‘nosotros”. Por cso cuando cllos hablan del “nosotros’ no me parcce que tenga nada que ver con una vicja politica, sino con otro tipo de ‘nosotros’ que viene después de un proceso inicidtico entre quicnes han visto el desictto, entre los resucitadss.  A Hale In The Wallet. Hay momentos sectarios cn los que cl Liamamiento se dirige s6lo a unos pocos, a quicnes quicren escuchar. Pero hay momentos cn los que se habla a todos: por cjemplo cuando se preguntan por qué vamos a los lugares de neutralizacion afectiva, que son csos lugares donde nos ador- mecemos y aguantamos asi ¢l suftimicnto de vivir. Y sc pre- guntan por qué, si todo ¢l mundo sabe que ir al gimnasio, al centro cultural, al supermercado o al IKEA s ir a que te ador- mezcan y a neutralizarte, zentonces por qué seguimos yendo? Lo plantean, pero no avanzan por ahi, porque cl andlisis de la neutralizacion desmonta nuestra imagen de la politica. Pero si que hay momentos, para mi los més interesantes, donde se plantean las cosas desde una dimension de masas también. Porque la dimension seetaria tiene su limite identitario. La ten- sién entre visibilidad ¢ invisibilidad cs una de las cuestiones a dirimir ahora. Hemos visto los limites del ‘minoritatismo’ y los cédigos cerrados: tu te vas a vivir con 20 personas y te vuel- ves gilipollas por mucho que viajes, porque solo hablas con esas 20 personas. Ese cs un limite claro de la okupacion. Entre ese minoritarismo y los movimientos de masas de la izquicrda que siguen ¢l jucgo, hemos visto los tltimos afios que hay espacios interesantes y que tienen que ver con todo ¢l mundo. Profundizar en cl anonimato cs la tnica via que me interesa, acompafiada de mucha gente pero anénima.  194
“Quion s constituya de esto modo en fuerza sabo que se comvierts en un partido en el desarrollo mundial de las hostildades. La ouestitn del recurso o de la renuncia a “la violencia” 10 es de Jas que wn partido asi se plantea”  Waoman Town. A mi, por ciemplo, la idea absolutamente central en el texto de que los dispositivos de neutralizacion imperiales son operaciones de guerra que hay que tomar como tales si, a su vez, se quicren neutralizar, me es muy cor- cana. Y neutralizarlas no ya para poder ir mas alli —que tam- bién, por supucsto—, es que siempre me ha parccido algo incluso imprescindible para poder cmpezar a hablar. Pero dicen mis, dicen: esta guerra que se nos hace, esta guerra contra nosotros, contra todos, més que librarla hay que com- batitla. Y ahi introducen la diferencia, la asimetria, entrc la guerra civil que propone cl imperio con aquella en la que deberiamos emplearnos todos aquellos que no la quercmos en nuestras vidas. Enfrentamicnto para intentar desestabili- 2ar o desalojar al otro de una posicién, de un lado, y éxodo de los espacios de poder o de neutralizacion donde todo eso debilita y destruye, del otro. Creo que son cucstiones que han sido y continiian siendo fundamentales no solo para mi, sino para muchos de los que hemos hecho cosas juntos los lti- mos afos.  At Home He’s A Tourist. Creo que en ¢l Liamamients hay una fulguracion tras lo que dicen y cs la disposicion al enfren- tamicnto. Dejo planteado un cscenario. El texto traza de modo apocaliptico un desastre por encima del cual se asenta- ria una cvidencia: la vida cs horrible. Constatan que hay una neutralizacion de los afectos, un aplanamicnto. Hablan de  195
especticulo, de bio-poder. Ante cso, si no se aclaran las cosas cn la amistad o la enemistad, lo que recubre todo es una situa- cion de neutralizacion, lo que en otros lados llaman Jostis (“la no-relacion consigo mismo [asi] como la no-relacion global de los cuctpos entre cllos”). Se vuclve pucs necesario tomar contacto con csa hostilidad (hostis) para volverla amistad o cnemistad. Esa cs su linca amigo-cnemigo. Rompes con la hostilidad cuando tomas posicion: qué territorio cs cl tuyo, quiénes son tus amigos, qué enemigos tiene:  Glass. Ya en ¢l principio hubo una lucha entre formas de vida, los anabaptistas, la revolucion inglesa, son luchas entre formas de vida; hay una que acabo dominando, ¢l colonialis- mo, ¢l trabajo, la disciplina, porque nuestro mundo nacié cn los correccionales, en las prisiones, cn Virginia a los trabaja- dores les imponian la disciplina militar para que trabajasen, porque si no s volvian a sus ticrras comunales.... Ya desde el principio las luchas son luchas entre formas de vida, cs decir, cntre formas de cooperacién, qué compattimos y c6mo lo compartimos. Mas que de desafio, hablan de tictica. Atravesar las antinomias que arma la sociedad y convertir cl pensamicnto cn una tictica, cémo hacer. Cémo hacer para desprivatizar cspacios, sitios, mercancias. Hablar, pero para pensar como hacer. Su pensamiento cs tictico y en ¢l vuclve a tomar valor la ofensiva, el concepto de atague.  5.45. Con respecto a la accion violenta se mantienen, creo, cn un doble lenguaje. El sabotajc cs una prictica muy vicja que forma parte de la historia de las luchas de la gente cuan- do ha querido enfrentarse a lo que la devora, Pero cn cl Liamamients usan a veces una nocion “desituada” del sabota-  196
je que aparece ¢ irrumpe en el mundo en abstracto en lugar de formar parte de una situacién concreta. El mismo sabota- je puede ser muy distinto si se da de manera aislada o forma parte de una situacion viva de luchas: bien algo que no inte- trumpa nada, o bien algo con mucha fuctza y radicalidad. Ahi veo la debilidad del ataque cuando se pone como fin: picrde toda capacidad de atencion ¢ intervencion, precisamente la misma que ellos reclaman en otros pasajes. Se estetiza. Por cjemplo, ¢l sabotajc a la izquicrda asi en general no le veo mucho sentido. Quizi es algo efectivamente muy fechado en las batallas internas del movimiento antiglobalizacion en 2003. Pero dentro de una situacion concreta, por cjemplo ahora mismo en el interior de la lucha universitaria contra el plan Bolonia, pues ahi si veo la necesidad de ese sabotaje por- que la izquierda, con sus férmulas organizativas y mentales ya hechas, esti matando toda posible problematizacién més interesante y radical.  Something 99. En un mundo cerrado, toda expresion de vida es criminal y, por lo tanto, si te quicres defender habri una violencia. Como no quedan cspacios, toda afirmacion cs criminal. Yo leo su reflexion sobre la violencia desde ahi. Como autodefensa, para que la vida pucda vivir.  Soul Rebel. $i creo cn la guctra, en la violencia cotidiana que recibo, en cl dolor que padezco y el dolor que reconozco en ¢l mundo. Los agentes, los dispositivos, “las formas de vida, valotizadas y valotizables”, los espacios uniformadores y valorizados por la violencia cotidiana que también es medid- tica y relacional y de la cual no nos podemos cscapar; aunque la logica que usemos sca la difisa o borrosa: se ha de estar n  197
guerra contra esto; es mi propia gucrra, como desidentifica- cion de mi existencia de tales “personajes conceptuales™  El sindicalista me lo dice,  el independentista me informa,  el ccosocialista, ¢l pocta, cl artista, me lo advierten. “Todos, socialdemocratas de mercado,  me lo imponen, democriticamente.  (Mads o menos, y en este orden, me lo han ido diciends)  Tal vez sea mi viacrucis especifico en cl cual trabajo desde hace tantos afios: zc6mo desde ¢l anonimato, y como singu- lar, deconstruir tales personajes que somos? :Como ser pocta sin ser un barrencro? :Como crear un aparte sin apartarme, desde dentro? ¢Como ampliar cl limite sin que me limite, me determine? Atravesar... Efectivamente, estoy totalmente cn  contra de la violencia separada, como método. Pero no de violentar algunas violencias que cada dia me violentan. La rea- lidad nos impone limites que nos constrificn cotidianamente ¥ que nos violentan, o cmpujamos o nos estin cada vez dejan- do menos espacio. Como se decia antes cs una pura autode- fensa.  “La ouestién comunista apunta a la elaboracion de nwestra relacién con el mundo, con los seres, con nosotros mismos”  Love Is Anthrax. Lo que denuncian es que la izquicrda esta en la misma logica que el liberalismo existencial. Y sobre todo que hace sostenible lo insostenible. Pucdes plantearte, como se hace por abajo con Lula, aprovecharte de la izquicrda cn  198
algunos casos para crear comunidad, ctc. O pucdes preferir pensar que todo lo que nazca bajo la izquicrda es desicrto, pande el desicrto. Creo que ¢l micdo més grande que tenc- mos todos, en cste tiempo, a pesar de venir de donde veni- mos, cs la experiencia de lo comiin, siguc sicndo la experien- cia de o comiin. Y cllos proponen abicrtamente la experien- cia de lo comiin, esa es otra gracia que les veo.  ex  Something 99. Parece que estamos de acuerdo con la lectu- fa que hacen del mundo, compartimos su critica. Pero de repente tienen ¢l valor de proponer algo. Ellos sc atreven, dan ese paso adelante y eso cs lo que nos interpela justamente ¢Nos parcce una ida de olla? :Es viable? :Desde dénde lo lec- mos? ¢Nos aterroriza pensarlo? Me parcce importante hablar de 50, del paso a otra forma de vida, sin buscar al enemigo sino relacionindonos con ¢l mundo de otra mancra. Romper las relaciones capitalistas que nos inundan, que nos absorben. Ver hasta dénde somos capaces de llegar. Lo potente del Liamanients es su determinacion y su insistencia cn cso. S han aventurado cn okupaciones y han visto que han sido un desastre, pero no han tirado la toalla. Sc han dado cuenta de que se equivocaron, pero insisten. :Qué sentido pucde tencr hablar de esto aqui entre nosotros, después de lo que hemos compartido? Este texto nos cmpuja a dar ese paso. Quizis no scamos capaces, porque llevamos cl capitalismo tan metido dentro que nos hace impotentes. Ahf csti cl punto de corte, el punto de inflexion.  Glass. Ellos no apucstan por una red amplia y débil: hablan de pequedios niicleos consistentes. Son conscientes del nihi- lismo reinante. S6lo dicen: en ¢l momento decisivo se tendri  199
que tomar partido. $i la opcién de decir no quicro jugarme la vida porque el imperio es demasiado fuerte s la rendicion, zc6mo plantearse por lo menos jugarte una parte de tu vida? Ahi indican ¢l camino de la ilegalidad, que s cl partido por la inventiva. Y cuando ha habido momentos potentes es porque la gente se ha organizado asi, cn pequeiios colectivos, y final- mente se crea una crisis, como cn Grecia. Ahora somos débi- les, l texto nos interpela pero nos da micdo porque somos débiles, no creemos en nucstra fucrza porque cstamos cxtra- fiados de clla.  It s not Enongh. Yo 5610 he leido, de los colegas franceses, el Liamamients, s6lo una vez, algunas partes las cntiendo, otras creo que las intuyo y otras sc me escapan. A pesar de cllo, me parece un texto interesante, no me deja indiferente ni me cs ajeno, en cstos tiempos de huida hacia adelante, lecr reflexiones acerca de la cfectividad de nuestra acciones, acer- ca de la funcionalidad para el sistema de los movimientos sociales o leer la palabra comunismo, me parece interesante ¥ muy conveniente, y esta cs la parte que més me interpela, no tanto la de las propucstas. Yo sé desde hace tiempo cudl es esa decision a la que se llama en l texto, pero sé también adonde me lieva y yo opto por otra cosa, no muy distinta, ctco. Opto por meter la pata donde pucda y por vivir en este mundo. Yo deserto pero no me largo. Si deserto y me largo: me mucro, me suicido, me matan, me meto en Ia guerrilla, me encarcelan... No, yo vivo y lucho y en las rendijas, por- que esta vida vale la pena, no vale muchisimo, si valicse muchisimo dejaria de fumar, pero vale algo. A mi me inter- pela el texto y me ayuda a profundizar en una reflexion ini- ciada ya antes de leerlo.  200
Steepwalker. ) Llamamiento forma parte de las politizaciones inéditas, porque invita a descrtar pero a la vez habla de recu- perar experiencias que habitualmente no se consideran politi- cas: Ia reapropiacion de lo comiin cs la reapropiacion material de tecnologias del vivir. Luchar cs aprender, recuperar la aten- cion, cuidarse, aprender a usar herramientas, a sanarse, cs darse espacios, cs una construccion comiin de todos los pla- nos de la existencia hecha segiin sus propios tiempos y nece- sariamente hostil a un mundo insostenible. Donde reestable- cer ol contacto material con nuestros devenires. Es ¢l no- poder vuclto posibilidad. No cs una llamada a crear un afuc- fa, sino a cstar realmente presentes. Es esa su politica. Por donde se la aguerea, la realidad supura, o se la pucde aguje- rear para pasar a otro lado, entre cstas dos posibilidades s inscriben Grecia, Francia en ¢l 2005 y también los movimien- tos anénimos, el 13-M, V de Vivienda, de la despolitizacion surgen politizaciones incditas y cl [amamients forma parte de clias.  201




LLAMAMIENTO

2003, ¢ Llamamiento irmumpid en eso que algunos
janais han tenido vergiiensa en denominar los “medios politiza-
dos” De ese pequeiio libro marrin, sin menciin de autor i de
edicion, se lanzaron varios miles de giemplares. Se puso mucho
cuidad e que no circulase por los canales comercials sino que
s¢ propagase a partir de espacios politicos y de mano en mano.
o por un deseo de alimentar la funfurroneria del precio libre
y de la sub-cultura, sino para que el texto coincidiese con un
gesto; y para que cualguir letor pudiese responder al Hama-
miento. Si la difusion de este liro respondid a la necesidad de
volver a plantear la cuestion de wna estrategia revolucionaria
victoriosa, al mismo tiempo suponia 1 medio de construir cl
partido agai y abora. Es sinicamente bajo esta perspectiva que
las difusiones alemana, portuguesa, inglsa, grisga y abora
espaiola, cobran sentids.

Proposicién I

Nada falta al triunfo de la civilizacion.
Ni ¢l terror politico ni la miscria afcctiva.
Ni la esterilidad universal.

El desicrto ya no puede crecer mis
partcs.

Pero atin pucde profundizarse.
Frente a la evidencia de la catastrofe, estin los que se
indignan y los que toman nota, los que denuncian y
los que s organizan.

Estamos del lado de los que s organizan.

: estd en todas

29
Escolio

Esto cs un llamamiento. Es decir que se dirige a los que lo
escuchan. No haremos el esfuerzo de demostrar, de argu-
mentar, de convencer. Iremos a la evidencia.

La evidencia no es una cuestion de logica, ni de razona-
miento.

Esti del lado de lo sensible, del lado de los mundos.

Cada mundo tiene sus evidencias.

La evidencia es lo que se comparte

o lo que parte.

A través de lo cual toda comunicacion vuelve a ser nueva-
mente posible, no esti ya postulada, sino que debe construirse.

Y eso, esa red de evidencias que nos constituye, SE nos
enscié tan bien a ponerla en entredicho, a esquivarla, a silen-
ciarla, a guardatla para nosotros. SE nos ensci tan bien que
todas las palabras faltan cuando queremos gritar.

En cuanto al orden bajo cl cual vivimos, cada uno sabe a
qué atenerse: el imperio salta a la vista.

Que un régimen social agonizante no tenga mis justifica-
cion para su arbitraricdad que su absurda determinacion —su
determinacion senil— de, simplemente, drar;

31
Que la policia, mundial o nacional, hay
blanca para poner en su lugar a los que sc salgan de la raya;

Que a civilizacién, herida de muertc, no encucntre en nin-
guna parte, en la guerra permancnte a la que se ha lanzado,
mis que sus propios limites;

Que esta fuga hacia adclante, ya casi centenaria, no pro-
duzca mis que una seric ininterrumpida de desastres cada vez
mis proximos;

Que la masa humana sc acomode a golpe de mentiras, de
cinismo, de embrutecimicnto o de pastillas, a cste orden de
cosas,

nadie pucde pretender ignorarlo.

Y ¢l deporte que consiste cn describi interminablemente,
con una complacencia variable, el desastre presente, no cs
mis que otro modo de decir: “Es asi”; el premio a la infamia
les corresponde a los periodistas, a todos aquellos que, cada
mafiana, hacen como si descubricsen de nuevo las inmundi-
cias que constataron e dia antcrior.

Pero lo sorprendente, a cstas alturas, no son las arrogan-
cias del imperio sino més bicn la debilidad del contraataque.
Es como una colosal parlisis. Una parlisis masiva, que cuan-
do atin habla dice tanto que o se pucde hacer nada al tiem-
po que admite, exasperada, que “hay tanto por hacer...”, lo

cual es lo mismo. Y al margen de csta parlisis, csta cl “hay
que hacer algo, lo que sea” de los activistas.

Scatle, Praga, Génova, la lucha contra los Organismos
Genéticamente Modificados o ¢l movimiento de los parados;
hemos tomado parte, hemos tomado partids en las luchas de
los tltimos afios,

32
¢ cicrtamente no del lado de Attac o de los Tute Biandbe.

El folclore contestatatio ha dejado de entretencrnos.

En la tltima década, hemos visto al marsismo-leninismo
recomenzar su abutrido monélogo en boca de estudiantes cn
edad escolar.

Hemos visto al anarquismo més puro rechazar indluso lo
que no entiende.

Hemos visto al cconomicismo mis plano —cl de los ami-
gos de Le Monde Diplomatique-" convertirse cn la nueva reli-
gion popular. Y al negrismo imponerse como tinica altcrnati-
va al fracaso intelectual de la izquicrda mundial.

En todos partes el militantismo se ha entregado de nuevo
a rehacer sus construcciones tambalcantes,

sus redes depresivas,

hasta cl agotamicnto,

Han bastado tres afios a policias, sindicatos y otras buro-
cracias informales para dar cuenta del breve “movimicnto
anti-globalizacion”. Para fragmentarlo. Dividirlo en “terrenos
de lucha” tan rentables como cstériles.

En cste momento, de Davos a Porto Alegre, del Medef
[patronal francesa] a la CNT, ¢l capitalismo y cl anticapitalis
mo adolecen de la misma ausencia de horizonte. La misma
perspectiva mutilada de la adwinistracidn del desastre.

Lo que sc opone a la desolacion dominante no cs en
definitiva mis que otra desolacién bastante menos provis-
ta. En todas partes la misma idea tonta de la felicidad. Los

1. Asociacion de lectores de la revista mensual Le Monde Diplomatigue,
poseedora del 49% del capital total de la compadia. (N. del T.)

33
mismos jucgos infectos de poder. La misma desarmante
superficialidad. El mismo analfabetismo cmocional, El
mismo desicrto.

Decimos que esta época es un desirto y que este desierto
se profundiza sin cesar. Esto, por cjemplo, es una evidencia,
1o es poesia. Una evidencia que contiene muchas otras. En
particular la ruptura con todo lo que protesta, todo lo que
denuncia y glosa sobre el desastre.

Porque quien denuncia se exime.

Parecicra que los izquierdistas acumularan tazones para
rebelarse de la misma manera que el gerente acumula medios
para dominar. Del mismo modo, es decir, wn a misma fiuicion.

El desicrto es el progresivo despoblamiento del mundo.

La costumbre que hemos adquirido de vivir o s no
estuviésemos en el mundo. El desierto se encuentra tanto en
I proletatizacion continua, masiva y programada de las
poblaciones, como en los bartios residenciales californianos,
ahi donde la angustia consiste justamente en el hecho de que
nadic parece sentirla.

Que el desierto de la época no sea percibido verifica ain
mas ese desierto.

Algunos han tratado de nombrar el desierto. De designar
lo que hay que combatir no como la accion de un agente
extranjero, sino como un conjunto de relaciones. Han habla-
do de especticulo, de biopoder, de imperio. Pero también eso
sc ha sumado a la confusion reinante.

El especticulo no cs una comoda sintesis del sistema de
los mass-media. Consiste también cn la crucldad con la que
todo nos remite sin tregua a nuestra propia iagen.

34
El biopoder no es un sinénimo de Seguridad Social, de
Estado del bienestar o de industria farmacéutica, sino que se
aloja gustosamente en la atencién que prodigamos a nuestro
cuerpo como algo precioso, en medio de una cierta extrafic-
za fisica tanto de uno mismo como de los otros.

El imperio no es una especie de entidad supra-terrestre,
una conspiracién planctaria de gobicrnos, de redes financie-
ras, de tecnéeratas y de multinacionales. El imperio esta alli
donde 110 pasa nada. En cualquicr sitio donde esto fimciona. Abi
donde reina /a sitnacion normal.

A fuerza de ver al enemigo como un sujeto que nos hace
frente —en vez de experimentarlo como una relacion que nos sos-
fiene—, uno s encierra en la lucha contra el encierro. Se repro-
duce, bajo ¢l pretexto de “alternativa”, la peor de las relacio-
nes dominantes. La lucha contra la mercancia se convierte en
un producto. Nacen las autoridades de la lucha anti-autorita-
tia, el feminismo con cojones y las cacerias antifascistas’

Formamos parte, en todo momento, de una situacion. En
su seno, no hay sujctos y objctos, yo y los otros, mis aspira-
ciones y Ia realidad, sino el conjunto de las relaciones, cl con-
junto de los flujos que la atravicsan.

Hay un contexto general —cl capitalismo, la civilizacion, cl
imperio, lo que sc quicra—, un contexto general que no solo
pretende controlar cada situacion sino que, peor ain, intenta
que por lo gencral o haya situacisn. SE han ordenado calles y

2. En francés

en el original, “ratonnad”. Palabra utilizada para definir la cace
tia policial o militar de argelinos (ratones o ratillas en el vocabulario racista)
cuando Argelia era atn colonia francesa. (N. del T))

35
casas, el lenguaje y los afectos, y atin el fepo mundial que
todo eso implica, con ese sinico fin. SE actiia por todas partes de
modo que los mundos se deslicen unos sobre otros o se igno-
ren. La “situacion normal” es esta ausencia de situacion.

Organizarse quicre decir: partir de la situacion y no recu-
sarla. Tomar partido en s seno. Y tejer las solidaridades nece-
sarias, materiales, afectivas, politicas. Es lo que sucede en
cualquier huelga en cualquier oficina, en cualquier fbrica. Es
Io que hace cualquier banda. Cualquier guerrilla. Cualquicr
partido revolucionario o contrarrevolucionatio.

Organizarse quicre decir: dar consistencia a la situacién.
Tornarla real, tangible.

La realidad no es capitalista.

La posicion tomada en cl seno de una situacion determina
la necesidad de aliarse y, por cllo, de cstablecer ciertas lincas
de comunicacion, circulaciones mas amplias. A su vez, csos
nuevos vinculos reconfiguran la situacion. A la situacion que
nos ha sido dada, la llamaremos “gucrra civil mundial”.
Donde ya nada pucde limitar cl enfrentamicnto de las fuctzas
presentes. Ni siquicra ¢l Derecho, que participa del jucgo
como otra forma del enfrentamiento generalizado.
EINOSOTROS que se expresa aqui no ¢s un NOSOTROS
delimitable, aislado, ¢l NOSOTROS de un grupo. Es cl
NOSOTROS de nna posiciin. Esta posicién se afirma hoy
como una doble sccesion: por un lado, secesion en relacion al
proceso de valorizacion capitalista, y por otro, secesion con
respecto a todo lo que la simple gpasicion al imperio, atin extra-
parlamentaria, impone de csterilidad; secesion, por consi-
guicnte, de la izquicrda. Aqui “sccesion” no indica tanto cl
rechazo prictico de comunicar como una disposicion a for-

36
mas de comunicacién de una intensidad tal que arrcbaten al
cnemigo, ahi donde se cstablezcan, la mayor parte de sus
fucrzas.

Para ser breves, diremos que una tal posicion toma de los
Black Panthers a fucrza de irrupcion, de la autonomia alemana
los comedores colectivos, de los nco-luditas inglescs las casas
en los drboles y cl arte del sabotaje, de las feministas radicales
la cleccion de las palabras, de los autonomistas italianos las
auto-reducciones de masa y del movimiento 2 de junio la ale-
gria armada.

Para nosotros, no hay amistad que no sea politica.

37
38
Proposicién IT

La inflacién ilimitada del control responde sin
esperanza de éxito alguno a los previsibles
desmoronamicntos del sistema.

Nada de lo que se expresa en la distribucién conocida
de las identidades politicas esti en condiciones de ir
mis alli del desastre.

Para comenzar, nos desembarazamos de cso. No
impugnamos nada, no reivindicamos nada. Nos
constituimos en ficrza, cn fuctza material, cn fucrza
material antdnoma cn ¢l seno de la guerra civil mundial.
Este llamamicnto enuncia sobre qué bases.

39
Escolio

Aqui, se experimentan armas inéditas para dispersar a las
multitudes, una especic de granadas de fragmentacion pero
de madera, Alli —en Oregon—, se propone castigar con veinti-
cinco afios de circel a todo manifestante que bloquee cl tri-
fico automovilistico. El cjercito isracli csti convirtiéndose en
¢l consultor mis competente en pacificacion urbana; los
expertos del mundo entero se maravillan de sus Gltimos
hallazgos, tan temibles y tan sutiles, en materia de climinacion
de subversivos. El arte de herir —herir a uno para amedrentar
a cien— alcanza aqui ¢l no va mis. Y lucgo csti l “terroris
mo”, por supuesto. O sea, “toda infraccion cometida inten-
cionadamente por un individuo o un grupo contra uno o
varios paiscs, sus institucioncs o sus poblaciones, y que apun-
te 2 amenazarlos y perjudique gravemente o destruya las
estructuras politicas, cconémicas o sociales de un pais”. Es la
Comisién Europea la que habla. En los Estados Unidos hay
mis presos que campesinos.

A medida que es rediscfiado y progresivamente recupera-
do, ¢l espacio piblico sc cubre de cimaras. No se trata solo
de que en lo sucesivo toda vigilancia parece posible, sino

41
sobe todo de que parcce adwisible. Todo tipo de listas de
“sospechosos”, de las que ni siquicra sc adivinan sus usos
probables, circula de administracion cn administracion. Las
escuadras de todas las milicias, con la policia jugando l papel
de garante arcaico, toman posiciones reemplazando a soplo-
nes y mirones, figuras de otra época. Un ex jefe de la CIA,
una de esas personas que, e ¢f lads contrario, se organizan cn
lugar de indignarse, cscribe en Le Monde: “Mis que una gue-
rra contra cl terrorismo, la apuesta cs extender la democracia
a las partes del mundo [irabe y musulman] que amenazan la
civilizacién liberal, en cuya construccion y defensa hemos tra-
bajado durante todo l siglo xx, durante la primera y la segun-
da guerras mundiales, y durante la guerra fria o tercera guerra
mundial.”

En todo es0 no hay nada de lo que asombrarse, nada que
nos coja desprevenidos o que altere radicalmente nuestro
sentimicnto de Ia vida. Hemos nacido e la catistrofc y hemos
establecido con clla una extrafia y apacible relacion de cos-
tumbre. Una intimidad, casi. Hasta donde nos alcanza cl
recucrdo, no ha habido otra actualidad que Ia de la guerra civil
mundial. Hemos sido educados como supervivientes, como
iguinas de supervivencia. SE. nos ha formado cn la idea de que
la vida consiste cn avanzar, avanzar hasta derrambarse cn
medio de otros cucrpos que marchan idénticamente, que tro-
piczan y sc derrumban, a su vez, en la indiferencia. Como
mucho, la tinica novedad de la época presente es que nada de
todo esto puede ya ocultarse, que en cicrto sentido fods
smnda lo sabe. De ahi el reciente endurccimicnto, tan evidente,
del sistema: sus resortes cstin al desnudo y no serviria de
nada querer escamotearlos.

a2
Muchos s¢ asombran de que ninguna fraccion de la
izquicrda o de la extrema izquicrda, de que ninguna de las
fuerzas politicas conocidas sea capaz de oponerse a este curso
de las cosas. “:Sin embargo estamos en democracia, no?”. Y
pucden asombrarse para rato: nada de lo que se expresa en cl
marco de la politica clisica podri jamis detener el avance del
desierto,

ya que la politica clasica es parte del desierto.

Cuando decimos esto, no es para preconizar una politica
extra-parlamentaria como antidoto a la democracia liberal. E1
famoso manifiesto “Somos la izquierda”, firmado hace unos
afios pot todos los colectivos ciudadanos y “movimientos
sociales” franceses, enuncia suficientemente la légica que,
desde hace treinta afos, anima la politica extra-parlamentaria:
no queremos tomar ¢l poder, derribar ¢l Estado, ctc.; luego,
queremos ser reconocidos por ¢l como intetlocutores.

Alli donde reina la concepeion clisica de la politica, reina la
misma impotencia frente al desastre. Que esta impotencia sea
modulada por una amplia distribucion de identidades finalmen-
te concliables 1o cambia nada. El anarquista de la Fédération
Anarchiste (FA), cl comunista de los conscjos, c trotskista de
Attac y el diputado de la UMP [derecha francesal parten de una
misma amputacion. Propagan cl mismo desicrto.

La politica, para cllos, cs lo que se jucga, se dice, se hace y
sc decide entre los hombres. La asamblea, que los retine a
todos, que retine a todos los humanos Jaciends abstracciin de sus
smndas respectivas, conforma la circunstancia politica ideal. La
cconomia, la csfera de la cconomia, deriva logicamente de
cllo: como necesaria ¢ imposible gestion de todo lo que deja-
mos cn la pucrta de la asamblea, de todo lo que ha sido cons-

43
tituido de ese modo como no-politico y convertido luego cn
familia, empresa, vida privada, pasatiempos, pasiones, cultu-
fa, ctc.

Es asi c6mo la definicion clisica de la politica propaga cl
desicrto: abstrayendo a los humanos de su mundo, separin-
dolos de la red de cosas, de costumbres, de palabras, de feti-
ches, de afectos, de lugares y de solidaridades que conforman
su mundo. Su mundo sensible. Y aquello que les otorga su
consistencia propia.

La politica clisica cs la gloriosa pucsta en escena de los
cuerpos sin mundo. Pero la asamblea teatral de las individua-
lidades politicas disimula mal el desicrto que es. No hay socie-
dad humana separada del resto de los seres. Hay una plurali-
dad de mundos. Mundos que son atin mis reales en tanto que
son compartidos. Y que coeisten.

La politica, cn verdad, cs cl jucgo entre los diferentes mun-
dos, la alianza entre aquellos que son compatibles y el enfren-
tamicnto cntre los irreconciliables.

Y afiadimos que el hecho politico central de stos tltimos
treinta afios ha pasado desapercibido. Porque se ha desarro-
liado cn una capa de lo real tan profunda que no puede la-
marse “politica” sin ocasionar una revolucion en la nocién
misma de politica. Porque a fin de cucntas, csta capa de lo real
es aquella donde se clabora la particion entre lo que sc admi-
te como real y cl resto. Este hecho central es el triunfo del
liberalismo existencial. El hecho de que se admita en lo suce-
sivo como natural una rehcion con ¢l mundo basada cn la
idea segiin la cual cada uno fiene su rida, Que esta consiste cn
una seric de clecciones, bucnas o malas. Que cada uno s

a4
define por un conjunto de cualidades, de pmpiedades, que
hacen de ¢l, segin una ponderacion variable, un ser tinico ¢
irremplazable. Que ¢l contrats sintetiza adecuadamente cl
compromiso de los sercs cntre si, y ¢l regpets, toda virtud. Que
¢l lenguaje no cs més que un sedio para hacerse cntender.
Que cada uno es un mi-yo entre los otros mi-yo. Que cl
mundo esti en realidad compuesto de cosas a gestionar y de
un océano de mi-yoes. Que estos tltimos tienen, por otra
parte, la cnojosa tendencia a transformarse cn cosas a fucrza
de dejarse gestionar.

Por supuesto, cl cinismo solo cs uno de los posibles ras-
gos del infinito cuadro clinico del liberalismo existencial: la
depresion, la apatia, la deficiencia inmunitaria —todo sistema
inmunitario cs de entrada colectivo, la mala fe, cl hostiga-
micnto judicial, la insatisfaccion crénica, los vinculos nega-
dos, cl aislamicnto, las ilusiones ciudadanas o la pérdida de
toda gencrosidad, también forman parte de cste.

Finalmente, ¢l liberalismo cxistencial ha sabido propagar
tan bien su desicrto que los mas sinceros izquicrdistas cnun-
cian sus utopias usando sus mismos términos:
“Reconstruiremos una sociedad igualitaria cn Ia que cada
uno aporte su contribucién y de la que cada uno reciba las
satisfacciones que cspera. [..] Por lo que hace a los descos
individuales, podria ser igualitario que cada uno consuma a la
medida de los csfucrzos que csta dispucsto a aportar. Serd
necesario redefinit ¢l modo de cvaluacion del esfuerzo hecho
por cada uno”, escriben los organizadores del “Village aler-
natif”, anticapitalista y antiguerra, contra ¢l G8 de Evian, en
un texto titulado “Cuando hayamos abolido cl capitalismo y
ol trabajo asalariado!”. Aqui sc halla una clave del triunfo del

45
imperio: lograr mantencr en la sombra, rodear de silencio, ¢/
terreno mismo donde este maniobra, ¢l plano sobre el cual libra
la batalla decisiva: el disefio de lo sensible, cl ajuste de las sen-
sibilidades. De modo que paraliza preventivamente toda
defensa en ¢l mismo momento en ¢l que opera, destruyendo
incluso la idea de una contraofensiva. La victoria sc consigue
cada vez que cl militante, al final de una dura jornada de “tra-
bajo politico”, se desploma frente a una pelicula de accion.

Cuando nos ven retirarnos de los penosos rituales dela poli-
tica clisica —la asamblea general, la negociacion, la contesta-
cion, la reivindicacion—, cuando nos oyen hablar de mundo
sensible mis que de trabajo, de papeles, de jubilacioncs o de
libertad de circulacion, los militantes nos miran con listima.
“Pobres, parccen decir, se estin resignando a ser minoritarios,
sc encicrran cn su ghetto, renuncian a extenderse. No serin
jamas un movimiento.” Nosotros creemos exactamente lo
contrario: son cllos los que sc resignan a ser minoritarios,
hablando su lenguaje de falsa objetividad, cuyo tnico valor cs
el de la repeticion y la retorica. Nadic se engaria con respecto
al disimulado desprecio con cl que hablan de las preocupacio-
nes de “la gente”, lo que les permite ir del parado al sin pape-
les, del huclguista a la prostituta sin jands ponerse en jtego, porque
este desprecio cs una cvidencia sensible. Su voluntad de
“extenderse” cs solo una mancra de huir de /o5 gue ya estin abi,
de aquellos con los que, sobre todo, temerian vivir. Y finalmen-
te, aquellos a los que les repugna admitir Ia significacién politi-
ca de la sensibilidad, son los mis expucstos a los lamentables
cfectos de atraccion de la sensibieria. Mirindolo bien, preferimos
partir de niiclcos densos y reducidos que de una red amplia y
débil. Hemos anacids suficientemente csa cobardia.

46
Proposicién 11T

Los que quisieran responder a Ia urgencia de la
situacion con la urgencia de su reacciin no hacen mis
que alimentar la asfixia.

Su modo de intervenir implica el resto de su politica,
de su agitacion.

En cuanto a nosotros, la urgencia de la situacién nos
libera de toda consideracion de legalidad o de
legitimidad, de todos modos inhabitables de un
tiempo a esta parte.

El hecho de que precisemos de una generacion para
construir en todo su espesor un movimiento
revolucionario victorioso no nos hace retroceder.
Lo afrontamos con serenidad.

Como afrontamos serenamente el caricter criminal
de nuestra existencia y de nuestros gestos.

P
Escolio

Hemos sentido, sentimos atin, la tentacién del activismo.
Las contra-cumbres, las campafias contra las expulsio-
contra las legislaciones de excepcion, contra la cons-
truccion de nuevas circeles, las ocupaciones, los campa-
mentos No Border; la sucesion de todo cso. La progresiva
dispersion de los colectivos como respucsta a la dispersion
de la actividad.

Correr tras los movimicntos.

Uno tras otro, sélo poder sentir su potencia al precio de
retornar cada vez a la misma impotencia de fondo. Pagar cara
cada campafia. Dejando que consuma toda nuestra cnergia
disponible. Para después lanzarnos a la siguiente, cada vez
mis ahogados, mis agotados, mis desolados.

Y poco a poco, a fucrza de reivindicar, a fucrza de denun-
ciar, tornarnos incapaces incluso de peribir lo que se supone
que sostiene nucstro compromiso, la naturaleza de la urgen-
cia que nos atraviesa.

nes

El activismo s el primer reflcjo. La respucsta conforme a la
urgencia de la situacion presente. La movilizacion perpetua
en nombre de la urgencia, antes que un medio de combatit a

49
nuestros gobernantes y patronos, cs aquello a lo que cllos nos
han acostumbrado.

Cada dia desaparccen formas de vida, cspecics vegetales §
animales, experiencias humanas, y tantas relaciones posibles
entre formas vivas y formas de vida. Pero nuestro sentimien-
to de la urgencia no csti tan ligado a la velocidad de cstas
desapariciones como a su irreversibilidad; mas atn, esti liga-
do a nuestra incptitud para repoblar ¢ desicrto.

El activista sc moviliza contra la catistrofe. Pero no hace
mis que prolongarla. Sus prisas vienen a consumir lo poco de
mundo que queda. La respucsta activista a la urgencia reside
clla misma en cl inerior del régimen de la urgencia, sin posibi-
lidad de sustracrse a clla o de interrumpirla.

El activista quicre estar cn todas partes. Desplazindose al
ritmo de los desarreglos de la miquina. Aporta donde sea su
inventiva pragmtica, la cnergia festiva de su oposicion a la
catistrofe. Indiscutiblemente, cl activista se zzere. Pero nunca
sc da los medios para pensar cémo hacer. Como hacer para
obstaculizar realmente cl avance del desicrto, para establecer,
aqui y ahora, mundos habitables.

Nosotros desertamos el activismo. Sin olvidar lo que cons-
tituye su fucrza: una cierta presencia en la situacion. Una faci-
lidad de movimicnto cn su seno. Un modo de aprehender la
lucha, no por cl dngulo moral o ideolégico, sino por cl dngu-
lo técnico, tictico.

El vicjo militantismo da el cjemplo contrario. Es notable
la impermeabilidad de los militantes ante las situaciones.
Recordamos esta escena, en Génova: medio centenar de mili-
tantes de la LCR cnarbolan banderas rojas que llevan impre-
50 “100% a la izquierda”. Estdn inméviles, como intempora-

50
les. Vociferan sus meditados eslégancs, protegidos por un
servicio de orden. Mientras tanto, a unos metros de alli, algu-
nos de nosotros hacemos frente a las lincas de carabineros,
devolviendo los gases lactimogenos, levantando baldosas de
las accras para convertitlas cn proyectiles, preparando cocte-
les molotoy con botellas recuperadas de la basura y gasolina
de motos volcadas. A csto los militantes lo llaman aventure-
rismo, inconsciencia. Pretextan que las condiciones no estin
dadas. Nosotros, en cambio, decimos que nada faltaba, que
todo estaba alli, salvo cllos

Lo que desertamos del militantismo cs esta ausencia a la
situacion. Como desertamos a inconsistencia a la que nos
condena cl activismo.

Los propios activistas experimentan esta inconsistencia. Y
es por eso por lo que periddicamente se vuclven hacia sus
mayores, los militantes. Para tomarles prestadas mancras,
terrenos, eslogancs. Lo que les atrac del militantismo cs la
constancia, la estructura, Ia fidelidad de la que cllos carccen.
Asi, los activistas vuclven nucvamente a protestar, a reivindi-
car: “papeles para todos”, “libre circulacion de las personas”,
“renta bisica” o “transportes gratuitos”.

El problema con las reivindicaciones es que, al expresar
necesidades en términos que sean intcligibles para los pode-
res, terminan por no decir nada sobte cllas, qué transforma-
ciones reales del mundo implican. Asi, reivindicar Ia gratuidad
de los transportes nada dice sobre nuestra necesidad de viajar
¥ no solamente de desplazarnos, de nuestra necesidad de len-
titud.

Por lo demés, a menudo las reivindicaciones, pretendien-
do mostrar las claves de los conflictos reales, no hacen sino

51
cnmascararlos. Reclamar los transportcs gratuitos no hace,
ciertas ambientes, mas que aplazar la difusion de las técnicas de
fraude. Apclando a la libre circulacion de las personas sélo se
clude la cuestion de como escapar, en la prictica, al fortaleci-
micnto del control. Batirse por la renta bisica cs, en ¢l mejor
de los casos, condenarse a la ilusion de que una mejora del
capitalismo cs necesaria para poder dejarlo atris.

Sea como fuere ¢l impasse es siempre ¢l mismor los recur-
s0s subjetivos movilizados, atin revolucionarios, permanceen
insertos en lo que se presenta como un programa de reforma
radical. Bajo pretexto de superar la altcrnativa entre reforma
¥ revolucin, nos instalamos cn una ambigiicdad oportunista.

La catistrofe presente cs la de un mundo convertido acti-
vamente en inhabitable. Una especic de cstrago metdico
sobre todo lo que quedaba de vivible en la relacion entre los
humanos y sus mundos. El capitalismo no habia podido
triunfar a cscala planctaria sin técnicas de poder, técnicas pro-
piamente politicas (técnicas hay de muchos tipos, con o sin
artefactos, corporales o discursivas, créticas o culinarias, hasta
las disciplinas y los dispositivos de control lo son; y frente a
es0 o sirve de mucho denunciar ¢l “reino de la técnica”). Las
técnicas politicas del capitalismo consisten, sobre todo, cn
destruir los lazos mediante los que un grupo encucntra los
medios de producir, cn un mismo movimicnto, tanto las con-
diciones de su subsistencia como las de su existencia. Es decir,
scparar las comunidades humanas de la infinidad de cosas,
picdras y metales, plantas, drboles de mil usos, dioses, diins,
animales salvajes o domésticos, medicinas y sustancias psico-
activas, amulctos, miquinas y todo cl resto de seres cn com-
pasfa de los cuales los grupos humanos constituyen mundos.

52
Destruir toda comunidad, separar a los grupos de sus
medios de existencia y de los saberes que conllevan: csa cs la
razén politica que gobicrna la incursion de la mediacion mer-
cantil en todas las relaciones. Del mismo modo que fue nece-
sario climinar a las brujas, climinando sus saberes medicinales
y aquellos otros ligados a los pasajcs entre los reinos que cllas
hacian existir, cs necesario hoy que los campesinos renuncien
a plantar sus propias semillas, a fin de ascgurar cl dominio de
las multinacionales agroalimentarias y otros organismos de
gestion de las politicas agricolas.

Las metropolis contemporincas son los puntos de con-
centracion mixima de cstas técnicas politicas del capitalis
mo. Las metrépolis son cse medio donde no hay ya casi
nada que uno pucda reapropiarse. Un medio cn el que todo
esti hecho para que lo humano se relacione solamente con-
sigo mismo, se produzca separado de las otras formas de
existencia, coincida con cllas o las utilice pero sin encontrarse
nunca con cllas.

Sobre la base de esta separacion, y para prolongarla, se ha
trabajado mucho para criminalizar cualquicr tentativa de pres-
cindir de las relaciones mercantiles.

El terreno de la legalidad se confunde desde hace demasia-
do tiempo con ¢l de los miltiples apremios a hacernos la vida
imposible, mediante cl trabajo asalatiado o la auto-cmpresa, cl
voluntariado o ¢l militantismo.

Al mismo tiempo que este terreno se vuclve cada vez mis
inhabitable, todo aquello que pucde contribuit a hacer la vida
posible se torna criminal.

Alli donde los activistas claman “ningtin ser humano cs
ilegal”, hay que reconocer que se trata cxactamente de lo con-

53
trario: hoy una existencia enteramente legal sctfa una existen-
cia cnteramente sometida,

Estin los fraudes al fisco y los empleos ficticios, los deli-
tos de informacién privilegiada y las falsas quicbras; estin los
fraudes a la Renta Minima de Insercion y las nominas falsas,
los engafios a la ayuda para la vivienda, la malversacion de
subvenciones, las comidas que no se pagan y saltarse las mul-
tas. Estan los viajes en la bodega de un avién para franquear
una frontera y los viajes sin billete en trayectos urbanos o cl
interior de un pais. Colarse cn l metro, mangar en cl super-
mercado son las prcticas cotidianas de miles de personas cn
las metrpolis. Como hay pricticas ilegales de intercambio de
semillas que han permitido salvaguardar muchas especies de
plantas. Hay ilegalismos mis funcionales que otros en el s
tema-mundo capitalista. Los hay que son tolerados, otros que
son fomentados y finalmente aquellos que son castigados. Un
huerto improvisado cn un descampado tienc todas las pape-
letas para terminar arrasado por un bulldozer antes de la pri-
mera cosccha.

Si se considera ¢l conjunto de las leyes de excepeion y las
reglamentaciones corricntes que regulan cada uno de los
espacios por los que cualquicra transita cn un dia, no queda
ya ni una sola cxistencia que pucda presumir de impunidad.
Las leyes, los c6digos, la jurisprudencia existentes convierten
cualquier existencia cn algo punible; bastaria con que s apli-
casen a rajatabla.

No somos de los que creen que alli donde crece l desier-
to crece también su antidoto, Nada pucde suceder que no
comience con una secesion en relacion a todo lo que hace
crecer ese desicrto.

54
Sabemos que construir una potencia de cierta amplitud lle-
vari tiempo. Hay muchas cosas que ya no sabemos hacer. A
decit verdad, como todos los beneficiarios de la moderni-
zacion y de la cducacion dispensada en nuestras regiones
desarrolladas, ya no sabemos hacer casi nada. Incluso recoger
plantas pata datles un uso, ya no decorativo, sino culinario o
médico, pasa hoy por arcaico cuando no, y esto cs peor atin,
por algo simpitico.

Pero hacemos una constatacion simple: cualquicra dispo-
ne de una cierta cantidad de riquezas y de saberes que el sim-
ple hecho de habitar estas regiones del vicjo mundo vuclve
accesibles y pucden ponerse en comiin,

La cuestion no es vivit con o sin dincro, robar o comprar,
trabaar o no, sino utilizar cl dinero que tenemos para acre-
centar nuestra autonomia cn relacion a la esfera mercantil.

Y si preferimos robar a trabajar y autoproducir a fobar, no
es por problemas de purcza. Es porque los flujos de poder
que acompafian a los flujos de mercancias, y ¢l sometimicnto
subjetivo que condiciona cl acceso a la supervivencia, son hoy
cxorbitantes.

Habria muchos modos inapropiados de decir lo que pre-
tendemos: ni quercmos irnos al campo ni reapropiarnos de
los antiguos saberes y acumularlos. Nuestra tarea no pasa
simplemente por una reapropiacion de medios. Tampoco por
una reapropiacién de saberes. Si juntisemos todos los sabe-
res y todas las técnicas, toda la creatividad desplegada en cl
campo del activismo, no obtendriamos un movimicnto revo-
lucionario. Es una cuestion de temporalidad. Una cuestion de
construir las condiciones para que una ofensiva pucda ali-
mentarse sin_ extinguirse, cstableciendo las solidaridades
materiales que le permitan sastenerse.

Creemos que no hay revolucion sin constitucion de una
potencia material comn. No ignoramos ¢l anacronismo de
esta creencia.
Sabemos que cs demasiado pronto y, a la ve:
tarde, y ¢s por 5o que tencmos tiempo.
Hemos dejado de esperar.

demasiado

56
Proposicién IV

Situamos el punto de no retorno, la salida del desicrto,
el fin del Capital, en la intensidad del lazo que cada
uno logre establecer entre lo que vive y lo que picnsa.
Contra los defensores del liberalismo existencial,
rechazamos ver en esto un asunto privado,

un problema individual, una cucstion de cardcter:

Al contrario, nosotros partimos de la certeza de que
este lazo depende de la construccion de mundos
compartidos, de la puesta en comiin de medios
cfectivos.

Escolio

“Todos nos vemos cotidianamentc emplazados a admitir
hasta qué punto la cucstion de la “relacion entre la vida y cl
pensamicnto” cs ingenua, esti superada, atestigua cn ¢l fondo
una pura y simple ausencia de cultura, Nosotros vemos ahi un
sintoma. Pucsto que esta evidencia no es més que un cfecto
de Ia redefinicion liberal, tan fundamentalmente moderna, de
la distincion entre lo piblico y lo privado. El liberalismo pro-
clamé que todo debia ser tolerado, que todo podia ser pensa-
do, en la medida en que no tuviese conseeuencias dircctas cn la
estructura de la socicdad, de sus instituciones y del poder de
Estado. Cualquicr idea cs admisible, su cnunciacion debe
incluso favorecerse, desde ef mamento en que las reglas del jucgo
social y estatal son aceptadas. Dicho de otro modo, Ia liber-
tad de pensamiento del individuo privado debe ser total, su
libertad de expresarse debe serlo en principio tambicn, pero
este no debe desear las consecuencias de su pensamiento en lo que
concierne a la vida colectiva,

El liberalismo quizis haya inventado el individuo, pero lo

invent6 ya mutilado. El individuo liberal, cuya mejor expre-
sion en la actualidad se encuentra en los movimicntos pacifis-

59
tas y ciudadanos, cs cse ser conminado a preservar su libertad
cn la exacta medida en que esta libertad no comprometa a
nada y no pretenda sobre todo imponerse a los demis. El
precepto cstipido “mi libertad termina alli donde cmpicza la
de los demis” es recibido hoy como una verdad insoslayable.
Incluso John Stuart Mill, uno de los baluartes csenciales de la
conquista liberal reconoci6, a propésito de csta mixima, una
de sus molestas consecuencias: esti permitido desearlo todo,
con la condicién de que lo descado 70 se desee demasiads inten-
samente, que no se desborden los limites de lo privado o, en
todo caso, los de Ia “libre expresion” publica.

Lo que nosotros llamamos liberalismo existencial cs la
adhesion a una seric de evidencias en cl corazon de las cuales
aparcce una esencial disponibilidad del sujcto a la fraicidn. Nos
han acostumbrado a funcionar en csta especie de sub-régi-
men que nos exculparia de antemano de la idea misma de trai-
cion. Este sub-régimen emocional s la prenda que hemos
aceptado como garantia de nuestro devenir-adulto. Con cl
espejismo de una autarquia afectiva como ideal insuperable,
para los mis recclosos. Y, sin embargo, es demasiado lo que
hay que traicionar para aquellos que decidan preservar un
lazo con las promesas que, desd la infancia, continticn acom-
pasindolos.

Entre las cvidencias liberales, estd la de comportarse,
incluso cn relacion con las propias experiencias, como un
propictatio. Por cso, no cjercer como individuo liberal signi-
fica, cn primer lugar, desatender las propicdades de uno.
Aunque quizis haya que dar otro sentido a “propicdades™ ya
n0 aquello que me pertencee en propicdad, sino lo que me ata

60
al mundo y que en razén de eso no me csti reservado; nada
tiene que ver con una propicdad privada ni con lo que supues-
tamente define una identidad (¢l “Yo soy asi” y su confirma-

cion: “tEs muy propio de til”). Si bien rechazamos la idea de
propicdad individual, nada tenemos contra los vinculos. La

ex

igencia de la apropiacién o de la reapropiacién se reduce
para nosotros a la cuestion de saber lo que nos es apropiads, es
decir adecuado, en términos de uso, en términos de necesi-
dad, en términos de relacion con un lugar, con un momento
de mundo.

El liberalismo existencial cs la ética espontinca adecuada a
la socialdemocracia considerada como ideal politico. No
seréis nunca mejores ciudadanos que cuando seiis capaces de
rencgar de una relacion o de un combate para conservar vucs
tro puesto. Esto no ocurrird siempre sin suftimicnto, pero cs
precisamente ahi donde ¢l liberalismo existencial s muestra
cficaz: prevé incluso los remedios adecuados a los males que
genera. El cheque a Amnistia Internacional, cl café de comer-
cio justo, la manifestacin contra la tltima guerra o Danicl
Mermet, son no-actos disfrazados de gestos de salvacion.
Haced como de costumbre, es decir: pascar por los sitios
habituales, hacer las compras, las mismas de siempre pero
con un afiadido, con un suplements, regalindaos buena concien-
cia; comprar 10 g, boicotear a Total Fina EIf, deberia per-
suadiros de que la accion politica, en cl fondo, no cxige gran

3. Periodista, escritor y productor de programas de radio francés. Conocido
en la escena anti-globalizacion francesa por su programa de radio: “La-bas s

/iy sis”. (N. del T')

61
cosa y que también vosotros sois capaces de “compromete-
ros”. Nada nuevo cn este comercio de indulgencias, pero la
dificultad se presenta cuando de lo que se trata cs de cortar
con la confusion reinante. La cultura invocatoria del otro-
mundo-cs-posible, ¢l pensamiento de Max Havelaar', dejan
poco margen para hablar de ética sin que remita a ctiqueta. La
multiplicacién de asociaciones ccologistas, humanitarias, “de
solidaridad”, viene oportunamente a canalizar ¢l malestar
generalizado y contribuye asi a perpetuar ¢l cstado de cosas
istente, por la valorizacion personal, l reconocimiento y su
lote de subvenciones “honestamente” recibidas, por l culto,
cn suma, la utilidad social.

Sobre todo nada de enemigos, a lo sumo problemas, abu-
sos o catistrofes, peligros todos cllos de los que solamente
los dispositivos del poder pucdan protegernos.

ex

La obsesion de los fundadores del liberalismo fuc la climi-
nacion de las sectas, porque en cllas se reunian todos los cle-
mentos subjctivos que debian ponerse al margen como con-
dicion de existencia del Estado moderno. Para un sectario, la
vida, antes que nada, cs exactamente lo que puede volverse
adecuado a lo que un pensamiento, reconocido como verda-
dero, esti en condiciones de exigir —a saber, una cicrta dispo-
sicidn con respecto a cosas y acontecimicntos del mundo, un
modo de no perder de vista lo que importa. Hay una conco-
mitancia cntre la aparicion de “la sociedad” (y de su correla-
to: “la cconomia”) la redefinicion liberal de lo publico y lo

4. Asociacion fundada en 1992. Otorga una etiqueta a los productos que res
ponden a las normas internacionales del comercio justo. (N. del T:)

62
privado. La colectividad scctaia cs, cn si misma, una amena-
2a para lo que designa el pleonasmo “socicdad liberal”. En la
medida en que es una forma de organizacion de la secesion.
Aqui residia a pesadilla de los fundadores del Estado moder-
no: un pedazo de colectividad se desprende del todo, arrui-
nando asi la idea de una unidad social. Son dos cosas que la
“socicdad” no pucde soportar: que un pensamiento pucda ser
incorporads, es decir que pucda encarnarse cn una existencia cn
términos de conducta de vida o de modo de vida; y que esta
incorporacion pucda ser no solamente transmitida, sino com-
patida, puesta en comnin. Esto s todo lo que hace falta para que
SE haya convertido cn habitual calificar como “sccta” cual-
quier experiencia colectiva fucra de control.

Por todas partes se ha filtrado la evidencia del mundo de
la mercancia. Esta evidencia cs el instrumento més operativo
para desconcetar los abjetivos de los medios, para secretar asi la
“vida cotidiana” como un espacio de existencia que nos com-
pete solo gestionar. La vida cotidiana cs aquello a lo que
supucstamente siempre queremos volver, como la aceptacion
de una necesaria y universal neutralizacion. Es la parte cada
vez mayor de renuncia a la posibilidad de un goce no diferi-
do. Como dice un amigo: cs la medida de todos nucstros cri-
menes posibles.

Raras son las colectividades que pucden escapar al abismo
que les espera, a saber: su aplastamicnto sobre la extrema pla-
nicie de lo real, la comunidad como ¢l colmo de la intensidad
media o cl retorno a los lentos desmoronamicntos personales,
torpemente rellenados con banales apelaciones a la discrecion.

La neutralizacién cs una caracteristica esencial de la socic-
dad liberal. Los nichos de neutralizacion, donde se requicre

63
que ninguna emocion s desborde, donde a cada cual sc le
ige contencidn, todo ¢l mundo los conoce y, sobre todo, todo
el mundo los vive como tales: empresas (pero, zqué es lo que
hoy en dia no es “cmpresa™?), discotecas, lugares de activida-
des deportivas, centros culturales, ctc. La verdadera cuestion
es por qué, sabiendo cada uno a lo que atenerse cn cuanto a
esos lugares, zpor qué estin, a pesar de todo, tan concurridos?
¢Por qué clegir, siempre y en primer lugar, “que no pase
nada” o que, en cualquicr caso, no suceda nada susceptible de
provocar estremecimicntos demasiado profundos? zPor cos-
tumbre? :Por desesperacion? ¢Por cinismo? O tal vez porque
asi uno pucde experimentar la delicia de estar cn un sitio sin
estar, de estar alli estando esenciabmente cn otra parte; porque
asi aquello que somos e el fonds se preservaria hasta ¢l punto
de 1o tener que existir.

Estas cuestiones “éticas” son las primeras que deben plan-
tearse y sobre todo son las que nosotros hallamos en el cora-
26n mismo de la politica: :como responder a la neutralizacion
afectiva, a la neutralizacién de los cfectos potenciales de pen-
samicntos decisivos? Y también, zc6mo las socicdades
modernas jucgan con cstas neutralizaciones o, més bicn, las
Jacen jugar como un engranaje esencial de su funcionamicnto?
Cémo nuestras disposiciones a la atenuacion actualizan cn
nosotros y hasta cn nuestras experiencias colectivas la cfecti-
vidad mateial del imperio?

ex

La aceptacion de estas neutralizaciones pucde ir sin duda
ala par con grandes intensidades de creacion. Podéis experi-
mentar hasta la locura, a condicién de ser una individualidad
creadora y de producit en piiblico la prucba de esta singulari-
dad (las “obras”). Poddis incluso saber lo que significa cl

64
estremecimiento, pero a condicion de experimentarlo solos y,
a lo sumo, de transmitirlo indirectamente. Seréis entonces reco-
nocidos como artistas o pensadores y, por poco que estéis
“comprometidos”, podréis lanzar al mar todas las botellas
que queriis, con la buena conciencia de quien ve més Iejos y
pucde prevenir a los demis.

Hemos hecho, como otros muchos, la experiencia de que
los afectos bloqueados cn una “intcrioridad” acaban mal:
pucden incluso convertirse cn sintomas. Las rigideces que
obscrvamos en nosotros mismos vienen de los tabiques que
cada uno ha creido deber levantar para marcar los limites de
su persona y contener en clla lo que no debe desbordarse.
Cuando, por una razon u otra, cstos tabiques sc fisuran y
quicbran, sucede algo que pucde ser horrible, que quizds
tenga que ver esencialmente con el espanto, pero un cspanto
capaz de librarnos del micdo. Todo cucstionamicnto de los
limites individuales, de las fronteras trazadas por la civiliza-
cion, pucde revelarse salvadora. Una cicrta pucsta en ricsgo
de los cucrpos acompafia a la existencia de toda comunidad
material: cuando los afectos y los pensamicntos dejan de ser
asignables a uno u otro, cuando algo asi como una circulacién
sc ha reestablecido, en la que transitan, indiferentes a los indi-
viduos, afectos, ideas, impresiones y emociones. Basta con
entender que la comunidad como tal no es fa soluciins s su
desaparicion, en todas partes y todo el tiempo, en donde radi-
<a el problema.

Nosotros no percibimos a los humanos aislados los unos
de los otros ni del resto de seres de este mundo; los vemos
ligados por muiltiples vinculos, que han aprendido a negar.

65
Esta negacion permite bloquear la circulacion afectiva por la
que estos miltiples lazos son experimentados. A su vez, cste
bloqueo es necesario para que el hibito s supedite al régimen
de intensidad més neutro, més apagado, mas mediocre, cl que
pucde hacer desear como algo apetecible —es decir, como algo
lo suficientemente neutro, mediocre y apagado, aunque libre-
mente decidido- las vacaciones, la hora dc la cena o las vela-
das tranquilas. De cste régimen de intensidad, ciertamente
muy acidentads, se nutre ¢l orden imperial.

Se nos diri: haciendo la apologia de las intensidades cmo-
cionales experimentadas cn comuin, vais contra aquello que
los seres vivientes reclaman para vivir, a saber, la dulzura y la
calma —que por lo demis sc cncuentran hoy, como todo bien
escaso, a precios prohibitivos. Si sc quicre decir con esto que
nuestro punto de vista es incompatible con los placeres auto-
rizados, incluso los faniticos de los deportes de invierno, por
poner un cjemplo, reconocerin sin muchos esfucrzos que no
supondia una gran pérdida que ardicsen todas las estaciones
de esqui para devolver cl espacio a las marmotas. Por lo
demis, no tenemos nada contra la dulzura que todo lo vivo
en tanto que vivo lleva consigo. “Bien podria ser que vivir
fuese algo dulee”, cualquicr brizna de hicrba lo sabe mejor
que todos los ciudadanos del mundo.

66
Proposicién V

A toda preocupacién moral, a todo anhelo de pureza,
oponemos la claboracion colectiva de una estrategia.
Nada es malo salvo lo que perjudica el desarrollo

de nuestra potencia.

Pertencce a esta resolucion dejar de distinguir entre
cconomia y politica.

La perspectiva de formar bandas no nos espanta; la
de ser tomados por una mafia més bien nos divierte.

67
Escolio

Se nos ha vendido csta mentira: lo que tendriamos de més
propio cs lo que nos distinguiria e lo comiin.

Nosotros hacemos la experiencia inversa: toda singulari-
dad sc experimenta en el mads y la intensidad con la que un ser
hace existir algo comiin.

En cl fondo, s de ahi desde donde partimos, donde nos
cncontramos.

Lo mis singular cn nosotros apela a un compartir.

Ahora bicn, constatamos la siguicnte evidencia: lo que
tenemos para compartir no solamente no cs compatible con
el orden dominante, sino que este persigue encarnizadamen-
tc toda forma del compartir de la que no dicte las reglas. En
las metrdpolis, por ciemplo, el cuattel, el hospital, la careel, cl
asilo y el geriitrico son las tinicas formas admitidas de habita-
cion colectiva. El estado mrmal cs el aislamicnto de cada cual
en su habiticulo privado. Es alli donde se vuclve invariable-
mente, por mis conmovedores o repulsivos que sean los
encuentros que s experimenten en cualquicr otra parte.

Nosotros hemos conocido estas condiciones de existencia
¥ jamis volveremos a cllas. Nos debilitan demasiado. Nos
Vuclven demasiado vulnerables. Nos marchitan.

69
Elaislamiento, cn las “socicdades tradicionales”, cs la pena
mis dura a la que pucda condenarse a un micmbro de la
comunidad. Hoy cn dia cs la condicién comiin. El resto del
desastre se deduce de aqui logicamente. Es en virtud de la
idea limitada que cada uno se hace de su “hogar” que parece
natural dejar el espacio de la calle en manos de la policia. No
SE habria podido convertir ¢l mundo cn un lugar tan inhabi-
table bajo la pretension de controlar toda sociabilidad —de los
mercados a los bares, de las empresas las trastiendas— si no
SE hubicse acordado antes a cada cual ¢l espacio privado
como refugio.

En nucstra fuga de las condiciones de existencia que nos
mutilan, hemos encontrado las okupaciones o, mejor dicho,
la escena okupa internacional. En esta constelacion de lugares
okupados donde se experimentan, s diga lo que se diga, for-
mas de agregacion colectiva fucra de control, conocimos, cn
un primer momento, un aumento de potencia, Nos organiza-
mos para la supervivencia clemental —reapropiacion, trabajos
colectivos, comidas compartidas, pucsta en comuin de técni-
cas, de materiales, de inclinaciones amorosas— y encontramos
formas de expresion politica —conciertos, manifestaciones,
accion directa, sabotaje, octavillas.

Lucgo, poco a poco, vimos c6mo lo que nos rodeaba sc
transformaba en ambiente y de ambicnte en escena. Vimos cl
dictado de una moral sustituir a la claboracién de una estra-
tegia. Vimos como s solidificaban normas, se construian
reputacioncs, lo que fucron hallazgos se ponian a findionar y
todo se convertia cn algo pravisible. La aventura colectiva
muté en triste cohabitacion, Una tolerancia hostil se apode-
16 de todas las relaciones. Hicinos una componenda. Y como no

70
podia ser de otro modo, o que supucstamente debia ser un
contra-mundo se vio reducido finalmente a un simple refle-
jo del mundo dominante: los mismos jucgos de valorizacién
personal en el terreno de las reapropiaciones, de la pelea, de
la correccion politica o de la radicalidad. El mismo sérdido
liberalismo cn Ia vida afectiva, ¢l mismo afin de territorio, de
dominio, la misma cscision cntre vida cotidiana y actividad
politica, las mismas paranoias identitarias. Y para los mias
afortunados, el lujo de poder escapar periédicamente de su
miseria local llevandola consigo alli donde todavia pucde
resultar novedosa.

No achacamos cstas debilidades a la forma-okupacion. Ni
rencgamos ni desertamos de clla. Decimos que okupar no
volverd a tener un sentido para nosotros mas que bajo la con-
dicion de entenderse a partir de este compartir al que nos
hemos comprometido. En las okupaciones, como cn todas
partes, Ia confeccion colectiva de una estrategia cs la tnica
alternativa frente al replicgue en una identidad, a la intcgra-
cion o al gucto.

En materia de cstratcgia, recordamos todas las lecciones
de Ia “eradicion de los vencidos”.

Nos acordamos de los inicios del movimicnto obtero.

Nos son cercanos.

Porque lo que se puso en marcha cn aquella fase inicial se
relaciona directamente con lo que vivimos, con lo que hoy que-
remos poner e marcha.

La constitucion cn fierza de lo que habria de llamarse
“movimicnto obrero” se apoyé cn su inicio cn la pucsta cn
comiin de pricticas criminales. Las cajas de solidaridad cn
caso de huclga, los sabotajcs, las sociedades sccretas, la vio-
lencia de clase, las primeras formas de apoyo mutuo como

7
modo de superar la supervivencia individual, s desarrollaron
a sabicndas de su caricter ilegal, de su antagonismo.

Fuc en Estados Unidos donde la similitud entre formas
de organizacion obrera y criminalidad organizada se hizo
mis tangible. La potencia de los proletarios americanos al
inicio de la cra industrial obedecié tanto al desarrollo, en cl
seno de la comunidad de los trabajadores, de una fucrza de
destruccion y de represalia contra el Capital, como a la ex
tencia de solidaridades clandestinas. La reversibilidad cons-
tante del trabajador en malhechor trajo como respucsta un
control sistemitico y la “moralizacién” de toda forma de
organizacion auténoma. Se criminalizo como gang todo lo
que excedia al ideal del honesto trabajador. Hasta quedar la
mafia de un lado y los sindicatos del otro, ambos producto
de una reciproca amputacion.

En Europa, la intcgracion de las formas de organizacion
obrera en ¢l aparato de gestion cstatal —fundamento de la
socialdemocracia— se pagd con la renuncia a asumir la mas
minima capacidad de ataque. Pero también aqui la cmergen-
cia del movimiento obrero fuc producto de solidaridades
materiales, de una urgente necesidad de comunismo. Las
“casas del pucblo” fucron los dltimos refugios de csta simili-
tud entre necesidades de amumizacion inmediata y necesidades
estratégicas ligadas a la puesta en marcha del proceso revolu-
cionatio. El “movimiento obrero” se desarrollé desde enton-
ces como progresiva separacion entre la corriente cooperati-
vista —nicho cconomico segado de su razon cstratégica de
set—y las formas politicas y sindicales proycctadas sobre l
terreno del parlamentarismo, de la cogestion. Del abandono
de todo objctivo secesionista naci6 un absurdo: la izquicrda.

72
Y ¢l punto culminante sc alcanzé cuando los sindicalistas
denunciaron l recurso a la violencia clamando a quicn quisic-
ra oftlos que colaborarian con la policia para controlar a los
que rompicsen lunas de comercios o bancos.

El endurccimicnto policial de los Estados en los tltimos
afios solamente prucha que las sociedades occidentales han
perdido toda fuerza de agregacion; no hacen mis que gestio-
nar su incluctable descomposicién. Es decir, esencialmente,
impedir toda reagregacion, pulverizar todo lo que emerge.

Todo lo que deserte.

“Todo lo que rompa con lo establecido.

Pero poco importa, El estado de ruina interior de cstas
sociedades mucstra un nimero creciente de grictas. El conti-
nuo reestablecimicnto de las apatiencias nada puede hacer al
alli se forman mundos. En okupacione
comunas, grupiisculos, barrios que intentan cscapar a la deso-
lacién capitalista. La mayoria de las veces cstas tentativas
abortan o mucren de autarquia, incapaces de establecer los
contactos, las solidaridades apropiadas. Incapaces también de
percibirse como parte activa cn la guerra civil mundial.

Pero todas estas reagregaciones no son apenas nada com-
paradas con el desco masira, cl desco siempre pospucsto, de
dearlo tado. De parti.

En dicz afios, entre dos censos, cien mil personas han
desaparecido cn Gran Bretadia. Han cogido un camion, un bille-
te, han tomado cidos o sc han ido al monte. Se han desafi-
liado. Han partido.

Nosotros habriamos descado, cn nuestra desafiliacion, tencr
un lugar al que llegar, un partido que tomar, una dircccin que

seguir.

Muchos que parten se picrden.
Y no llegan jamis.

Nuestra estrategia es pues la siguicnte: establecer aqui y
ahora un conjunto de focos de desercion, de polos de sece-
sin, de puntos de reunién. Para los que se fugan. Para los
que parten. Un conjunto de lugares donde sustracrse al impe-
tio de una civilizacién que camina hacia e precipicio.

Se trata de darse los medios, encontrar la escala en la que
pucdan resolverse una serie de cuestiones que, plantcadas
individualmente, nos sumen en la depresion. ¢Cémo desha-
cerse de las dependencias que nos debilitan? :Como organi-
zarse para dejar de trabajar? :Como establecerse fucra de la
toxicidad de las metropolis sin, por otro lado, “irse al
campo”? :Como detener las centrales nucleares? :Co
hacer para no verse forzads a recurtir al triturador psiquidtrico
cuando un amigo sc vuelve loco, ni a los medicamentos bur-
dos de la medicina mecanicista cuando se pone cnfermo?
Cémo vivir juntos sin aplastarse mutuamente? :Como aco-
ger la muerte de un camarada? :Cémo arruinar al imperio?

Conocemos nuestra debilidad: hemos nacido y hemos cre-
cido en socicdades pacificadas, en cstado de disolucion. No
hemos tenido ocasion de adquirir la consistencia que dan los
momentos de intensa confrontacién colectiva, Ni los saberes
a cllos asociados. Tenemos una cducacion politica que madu-
rar conjuntamente. Una educacion tedrica y prictica.

Para cso necesitamos lugares. Lugares donde organizar-
nos, donde compartir y desarrollar las técnicas requeridas.
Donde cjercitarnos en ¢l mancjo de todo lo que pucda reve-
larse necesario. Donde cooperar. Si no hubiese renunciado a

74
cualquier perspectiva politica, la experimentacion de la
Banhans, con todo o que contuvo de materialidad y de rigor,
evocatia la idea que nos hacemos de espacios-tiempos dis-
pucstos para la transmision de saberes y de experiencias. Los
Black Panthers también se dotaron de tales lugarcs, a los que
afiadicron su capacidad politico-militar, las dicz mil comidas
gratuitas que distribuian diatiamente, su prensa autnoma,
Muy pronto sc convirticron cn una amenaza tan cvidente
para el poder que este tuvo que cnviar a los servicios especia-
les para masacrarlos.

Quicn s constituya de este modo en fuerza sabe que s
convierte cn un partido en ¢l desarrollo mundial de las hosti-
lidades. La cucstion del recurso o de la renuncia a “Ia violen-
cia” no es de las que un partido asi sc plantea. Y el propio
pacifismo nos parece, en cualquicr caso, un arma suplemen-
taria al servicio del imperio, junto a los contingentes de CRS®
v de periodistas. Las consideraciones que deben ocuparnos cn
las condiciones del conflicto asimétrico que se nos imponc,
ataficn a los modos de aparicién y desaparicion adecuados a
cada una de nuestras pricticas. La manifestacion, la accion a
cara descubicrta, la protesta indignada, son formas de lucha
no solamente inadecuadas al régimen actual de dominacion,
sino contraproducentes, pucsto que lo refuerzan alimentan-
do, con informaciones continuamente actualizadas, sus siste-
mas de control. Parcceria de buen juicio, vista la inconsisten-
cia de las subjetividades contemporineas, incluso la de nues-

5. CRS.- Compagnies Républicaines de Sécurite. Cuerpo de la policia nacio-
nal. (N. del T)
tros dirigentes, y también considerando el pathos lacrimoge-
n10 con que se ha conseguido rodear la muerte del mis insig-
nificante de los ciudadanos, atacar los dispositivos materiales
mis que a los hombres que les conficren un rostro. Por cui-
dado estratégico. Por lo demis, son las formas operativas
propias de todas las guerrillas a las que debemos prestar aten-
cion: sabotajes anénimos, acciones no reivindicadas, el recur-
50 a técnicas ficilmente apropiables, contraataques a objeti-
vos concretos.

No hay cuestion moral en ¢l modo como nos procuramos
nuestros medios de vivir y de luchar, sino una cuestion idica
sobre los medios que nos damos y ¢l s que hacemos de
cllos.

“La manifestacion del capitalismo cn nucstras vidas cs la
tristeza”, decia una amiga.

Se trata de establecer las condiciones materiales de una
disponibilidad compartida al goce.
Proposicién VI

Por un lado, queremos vivir ¢l comunismo;
Por cl otro, queremos propagar la anarquia.
7%
Escolio

La época que atravesamos es la de la més extrema separa-
cién. La normalidad depresiva de las metrépolis, sus muche-
dumbres solitarias, expresan la imposible utopia de una socie-
dad de atomos.

La mds extrema separacion nos cnseiia el sentido del tér-
mino “comunismo”.

El comunismo no es un sistema politico o cconomico. El
comunismo pucde arreglarselas la mar de bien sin Marx. El
comunismo se ric de la URSS. Y se hace dificil de creer que
SE pucda fingir, cada dicz afos y desde hace medio siglo, cl
descubrimiento de los crimenes de Stalin al grito de “{Mirad
Io que es el comunismo!” si no SE presintiese que todo nos
empuia hacia él.

El tinico argumento del que pueda decirse que ha aguan-
tado ¢l envite del comunismo s que no cra necesario. Y cierta-
mente, por limitados que fuesen, subsistian atin hasta fechas
recientes, aqui y alli, cosas, lenguajes, pensamientos, lugares
comunes; suficientes en todo caso para no enfermar. Habia
mundos y estaban poblados. El rechazo de pensar y plantear-
sc la auestion del commnismo tenia sus argumentos, argumentos
précticos. Han sido barridos. Los anos 80, e/ modo en que perdu-

79
ran, persisten en Francia como la marca traumitica de csta
Gltima purga. Desde entonces, todas las relaciones sociales se
han convertido en sufrimicnto. Al punto de volver preferible
toda ancstesia, todo aislamicnto. En cictto sentido, cs cl libe-
ralismo existencial lo que nos empuja al comunismo, por cl
exceso mismo de su triunfo.

La cuestion comunista apunta a la claboracién de nuestra
relacién con ¢l mundo, con los seres, con nosotros mismos.
Se refiere a la claboracion del jucgo entre los diferentes mun-
dos, a la commmizaciin entre cllos. No a la unificacion del espa-
cio planctatio, sino a la instauraciin de lo sensible, cs decir de la
pluralidad de los mundos. En ese sentido, ¢l comunismo no
¢s la extincion de toda conflictividad, no describe un cstado
final de la sociedad tras el cual todo habria sido dicho. Porque
es por medio del conflicto, también, como los mundos comu-
nican. “En la sociedad burgucsa, donde las diferencias entre
los hombres solo son aquellas que no tienen que ver con cl
hombre mismo, son precisamente las verdaderas diferencias,
las diferencias de cualidad, las que se menosprecian. El comu-
nista no quicre construir un alma colectiva. Quicre realizar
una socicdad donde las falsas diferencias sean liquidadas. Y
liquidando cstas falsas diferencias, abrir todas las posibilida-
des que contienen las diferencias verdaderas.” Asi hablaba un
vicjo amigo.

Es evidente, por cjemplo, que SE ha pretendido zanjar la
cuestion de lo que me cs apropiado, de lo que necesito, de lo
que forma parte de mi mundo, exclusivamente a través de la
ficcion policial de la propicdad legal, de lo que es o y e per-
senece. Algo me s propio en la medida en que pertencee al

80
dominio de mis usos y no en vireud de un titulo juridico. La
propicdad legal no contiene mis realidad, a fin de cucntas,
que la de las fuerzas que la protegen. La cucstion del comu-
nismo pasa, pucs, de un lado por la supresion de la policia y,
de otro, por la claboracion entre los que viven juntos de
modos de compattir, de #50s. El comunismo, ciertamente, no
est dado. Esti por pensar, est por lacer. Y, sin embargo,
todo lo que se pronuncia cn su contra obedece en la mayoria
de los casos a una expresion de la fatiga. “Pero jamis lo con-
seguiréis... Eso no puede funcionar... Los hombres son como
son... Y ademis, ya cs suficientemente dura la vida como
para.... La energia tiene un limite, no se puede hacer todo”.
Pero la fatiga no cs un argumento. Es un cstado.

El comunismo parte, por tanto, de la experiencia del com-
partir. Y en primer lugar de compartir nucstras necesidades
La necesidad no es aquello a lo que nos han acostumbrado los
dispositivos capitalistas. La necesidad o es munca ecesidad de una
cosa sin ser al mismo tiompo necesidad de mndo. Cada una de nucs
tras necesidades nos liga, mas alli de todo pudor, a todo lo
que hace que la experimentemos como tal. La necesidad no
es mas que ¢l nombre de la relacién por la cual un ser sensi-
ble concreto hace existir tal o cual clemento de su mundo.
Por cso los que carecen de mundo —las subjetividades metro-
politanas, por cjemplo— solamente cxperimentan caprichos.
Y por cso cl capitalismo, que sin embargo satisface como
nadic Ia necesidad de cosas, no propaga universalmente mas
que la insatisfaccion: porque para satisfacer la necesidad de
cosas, debe destruir los mundos.

Por comunismo entendemos una cierta disciplina de la aten-
cidn.

81
Ala prictica del comunismo, tal y como la vivimos, Ia lla-
mamos “cl Partido”. Cuando logramos superar juntos un
obsticulo o cuando alcanzamos un nivel superior del com-
partir, nos decimos que “construimos cl Partido”.
Ciertamente, otros, que no conocemos atn, construyen tam-
bién ¢l Partido, cn otro lugar. Este llamamicnto cstd dirigido
a clios. Ninguna expericncia de comunismo cn la actualidad
pucde sobrevivir sin organizarse, sin vincularse a otras, sin
ponerse en crisis, sin librar la guerra. “Porque los oasis que la
vida dispensa son arrasados cuando buscamos refugio cn
cllos”.

Tal como lo aprehendemos, el proceso de instauracion del
comunismo s6lo pucde tomar la forma de un conjunto de actos
de commizacidn, de puesta en comin de tal o cual espacio, de
tal o cual artefacto, de tal o cual saber. Es decir: de la clabo-
racién del modo de compartir que les cs propio. La misma
insurreccién no es mas que un acclerador, un momento deci-
sivo de cste proceso. Tal como lo entendemos, ¢l Partido no
es I organizacion —donde a fucrza de transparencia todo s
vuelve inconsistente— ni ¢l Partido s la familia ~donde todo
hucle a engaio a fucrza de opacidad.

El Partido cs un conjunto de lugares, de infracstructuras,
de medios puestos en comiin y los sucrios, los cucrpos, los
murmullos, los pensamicntos, los descos que circulan entre
esos lugares, cl 50 de csos medios, cl hecho de compartir csas
infracstructuras.

La nocion de Partido responde a la necesidad de una for-
malizacion minima, que nos vuelva accesibles atin permitién-
donos permanccer invisibles. Corresponde a la cxigencia
comunista explicarnos a nosotros mismos, formular los prin-

82
cipios de nuestro compartir. Con el fin de que el dltimo en lle-
gar sea, como minimo en eso, igual al primero.

Visto mis de cerca, el Partido podria no ser mis que lo
siguiente: la constitucion en fuerza de una sensibilidad. El
desplicgue de un archipiélago de mundos. :Qué seria, bajo cl
imperio, una fuerza politica que carcciese de sus granjas, sus
escuelas sus medicinas, sus casas colectiva
mesas de montaje, sus imprentas, sus camionctas y sus cabe-
2zas de puente en las metrépolis? Nos parece cada vez mis
absurdo que algunos de entre nosotros se vean todavia obli-
gados a trabajar para ¢l Capital —fucra de las diversas tarcas de
infiltracién, por supuesto.

De aqui viene la potencia ofensiva del Partido, que tam-
bi¢n es una potencia de produccion, ain si en su seno las rela-
ciones no son de produccion ws que incidentalmente.

El capitalismo ha consistido en la reduccion en dltima ins
tancia de todas las relaciones a relaciones de produccion. De
Ia empresa a la familia, ¢l mismo consumo aparece como un
episodio mis de la produccion general, de la produccién de
sociedad.

El derrocamiento del capitalismo vendri de aquellos que
consigan crear las condiciones para otros fipos de relaciones.

En esto el comunismo del que hablamos se opone, punto
por punto, a lo que SE ha llamado “comunismo” y que no fue
en gran medida més que socialismo, capitalismo monopolista
de Estado.

El comunismo no consiste en la elaboracion de muevas rela-
ciones de produccidn, consiste mds bien en su aboliciin.

Que no tengamos con respecto a nuestro medio o entre
nosotros relaciones de produccion, significa no dejar que la
biisqueda del resultado prime sobre la atencién al proceso,

sus armas sus

83
significa desbaratar entre nosotros cualquicr forma de valori-
Zacion, cuidarnos de no separar afecto y cooperacion.

Estar atentos a los mundos, a su configuracion sensible,
implica muy especialmente imposibilitar ¢l aislamicnto de
algo asi como una “relacion de produccion”.

En los lugares que abrimos, cn torno a los medios que
compartimos, esta cs la gracia que buscamos, que experimen-
tamos.

Para nombrar csta experiencia, a menudo s oye de
nuevo en Francia la palabra “gratuidad”. Mas que de gratui-
dad nosotros preferimos hablar de comunismo porque no
olvidamos lo que la prictica de la gratuidad implica de orga-
nizacién y, a corto plazo, de antagonismo politico.

Por otro lado, la construccion del Partido, en su aspecto
mis visible, consiste para nosotros cn la pucsta cn comiin, cn
lacommizacion de aquello de lo que disponemos. Poner cn
comiin un lugar quicre decir: liberar su uso y, sobre Ia base de
esta liberacion, experimentar relaciones delicadas, intensifica-
das, complejizadas. Si la propicdad privada cs esencialmente
el poder discrecional de privar a cualquicra del uso de la cosa
que se posce, la pucsta en comiin es poder privar del uso de
o que sea solo a los agentes del imperio.

Desde todos lados se nos chantajea con la cleccion entre
la ofensiva y la construccién, la negatividad y la positividad, la
vida y la supervivencia, la guerra y la cotidianidad. No respon-
deremos. Sabemos demasiado acerca de como cstas altcrnati-
vas dividen primero y escinden después a los colectivos cxis-
tentes. Para una fucrza que se desplicga, cs imposible decir si
la destruccion de un dispositivo que la perjudica es asunto de

84
construccion o de ofensiva, si el hecho de alcanzar una cierta
autonomia alimentaria o médica constituye un acto de guerra
o de sustraccion, Hay circunstancias, como un motin, cn las
cuales ¢l hecho de poder curarse entre camaradas aumenta
considerablemente la capacidad de ataque. ¢Quién pucde
deci que armarse no forma parte de la constitucién material
de una colectividad? Alli donde hay entendimiento acerca de
una estrategia comin, no s da cleccion cntre ofensiva y
construccion; se da, en cada situacion, la evidencia de lo que
aumenta nuestra potencia y lo que la reduce, de lo que es
oportuno y lo que no lo cs. Y alli donde esta evidencia se ccha
en falta hay discusion y, en el peor de los casos, apucsta.

En gencral, no vemos c6mo algo distinto a una fucrza, una
realidad apta para sobrerivira la dislocacion total del capitalis
mo, pucde verdaderamente atacarlo hasta lograr, precisamen-
e, esta dislocacion.

De lo que se tratard, cuando llegue ¢l momento, es de
hacer girar a nucstro favor | hundimiento social gencraliza-
do, transformar un derrumbe del tipo argentino o soviético
en situacion revolucionaria. Aquellos que pretenden separar
autonomia material y sabotaje de la maquina imperial expre-
san suficientemente bien que no quicren ni una cosa ni la
otra.

No cs ninguna objecién contra ¢l comunismo el hecho de
que la experimentacion mas formidable de la comunizacion
en el periodo reciente la haya producido ¢l movimicnto anar-
quista espafiol entre 1868 y 1939.

85
86
Proposicién VIL

El comunismo es posible en todo momento.
Lo que lamamos “Historia” no cs al dia de hoy mis
que el conjunto de tergiversaciones inventadas por los
humanos para conjurarlo. El hecho de que esta
“Historia” consista, desde hace mas de un siglo, en
una variada acumulacion de desastres, y solamente cn
es0, nos habla de que la cucstion comunista ya no
pucde suspenderse mis. Es csta suspension la que
debemos, a su vez, suspender.

87
88
Escolio

“:Pero qué queréis vosotros exactamente? (Qué propo-
néis VOSOTROS?”

Este tipo de preguntas pucden parecer inocentes. Pero
lamentablemente no son preguntas. Son gperaciones.

Remitir todo NOSOTROS que se expresa a un VOSOTROS
extranjero cs, de entrada, conjurar la amenaza de que
ese NOSOTROS me interpele de algin modo, de que ese
NOSOTROS e atraviese. En segundo lugar es constituir al
portador de un simple ennnciads —inasignable en si mismo— en pro-
pietario e este. Porque en la organizacion metédica de la sepa-
racién por ahora dominante, la circulacion de los enunciados
no es admitida si no pueden remitirse a un propictatio, a un
antor. Sin el cual correrian ¢l riesgo de ser un poco commnes, y
solamente aquello que enuncia ¢l nosotros impersonal (SE)
estd autorizado a la difusion anénima.

Y lucgo, esas preguntas conllevan esta mistificacion: que,
atrapados en l curso de un mundo que nos desagrada, habtia
propuestas que hacer, alternativas a encontrar. Que uno
podria, dicho de otro modo, sustracrse a la situacion en la que
se ve inmetso para evaluarla de modo desapasionado, entre
gente razonable.

89
No hay espacio fuera de la situacién. No hay afuera de la
guerra civil mundial. Formamos irremediablemente parte de
clla. Estamos irremediablemente atrapados en ella.

Todo lo que podemos hacer al respecto cs claborat, en s
interior, una estrategia. Compartir un andlisis de la situacion y
claborar una estrategia. Es el tnico NOSOTROS posible-
mente revolucionario, ¢ NOSOTROS prictico, abierto y
difuso de aquellos que operan en un mismo sentido.

En ¢l momento en que escribimos csto, cn agosto de
2003, podemos afirmar que nos enfrentamos a la mayor ofen-
siva del Capital de las wltimas dos décadas. El antiterrorismo
¥ la suptesion de las Gltimas garantias conquistadas en otros
tiempos por ¢l difunto movimiento obrero dan el tono de la
tentativa gencralizada de meter en vereda a la poblacion.
Jamis los gestores de la socicdad han sabido tan bien como
ahora de qué obstaculos se han librado y qué medios tienen a
su disposicion. Saben, por cjemplo, que la pequesia burgucsia
planctaria que ya pucbla las metrépolis esti suficientemente
desarmada como para no ofrecer la menor resistencia a su
aniquilamicnto programado. Como también saben que su
contrarrevolucion se materializa cn toncladas de cemento,
incluyendo la arquitectura de tantas “nuevas ciudades”. A
largo plazo, parcce que l plan del Capital cs apartar, a cscala
global, un conjunto de zonas pacificadas y concctadas entre
i, donde el proceso de valorizacion capitalista abrazaria cn
un movimicnto a la vez perpetuo ¢ ininterrumpido todas las
manifestaciones de la vida. Esta zona de confort imperial,
ciudadano y desterritorializado, formaria una especic de con-
tinuum policial donde reinaria un nivel de control, tanto poli-
tico como biométrico, casi constante. El “resto del mundo”

90
podria cntonces ser cnarbolado, a medida que avanza su
incompleta pacificacion, a la vez como espantajo y gigan-
tesco afucra a civilizar. La experimentacion salvajc de coha-
bitacién zona por zona entre enclaves hostiles, tal como s
desarrolla desde hace décadas en Isracl, ofreceria ¢l mode-
lo de gestion de lo social por venir. No tenemos ninguna
duda de que la verdadera razén de todo esto sea, para cl
Capital, reconstituir desde la base s propia sociedad. Sca cual
sca su forma y el precio que haya que pagar.

Hemos visto cn Argentina cémo el hundimicnto cconémi-
co de un pais entero no ha sido, desde su punto de vista,
demasiado costoso.

En este contexto, NOSOTROS somos aquellos, todos
aquellos, que experimentan la necesidad fdfica de las tres ope-
raciones siguicntes:

1. Impedit por todos los medios la recomposicion de 1
izquicrda.

2. Hacer progresar, de “catistrofe natural” cn “movi-
micnto social”, ¢l proceso de comunizacion, la construccion

del Partido.

3. Llevar la secesion hasta los sectotes vitales de la miqui-
na imperial,

91
1. Periédicamente la izquierda es derrotada. Eso nos
divierte pero no es suficiente. Su derrota, la queremos defini-
tiva. Sin remedio. Que nunca jamas el espectro de una oposi-
cién conciliable revolotee en el espiritu de aquellos que s
saben inadecuados al funcionamiento capitalista. La izquicrda
—y esto lo admite hoy en dia todo ¢l mundo, aunque :nos
acordaremos de cllo pasado mafiana?— forma patte de los dis
positivos de neutralizacion de la sociedad liberal. Cuanto mas
se verifica la implosién de lo social, mas invoca la izquicrda
“la sociedad civil”. Cuanto mds actia impunc y arbitrariamen-
te la policia, més se declara pacifista. Cuanto mis se libera cl
Estado de las ultimas formalidades juridicas, mas ciudadana
s proclama. Cuanto més crece la urgencia de apropiacién de
los medios necesarios para nuestra existencia, mds nos exhor-
ta a esperar, a reclamar la mediacién, incluso la proteccion, de
nuestros amos. Es la izquierda la que nos prescribe hoy, fren-
te a gobiernos que se sitdan abiertamente en el terreno de la
guerra social, que nos convirtamos en sus interlocutores, que
redactemos nuestras quejas, formulemos reivindicaciones, o
estudiemos la economia politica. De Léon Blum a Lula, la
izquicrda no ha sido mas que eso: el partido del hombre, del
ciudadano y de la civilizacion. Hoy, ese programa coincide
integramente con el programa contrarrevolucionario: mante-
ner en vigor ¢l conjunto de ilusiones que nos paralizan. La
vocacion de la izquicrda es expresar un sucio que solamente
el imperio tiene los medios de alcanzar. Es la vertiente idea-
lista de la modernizacién imperial, la vilvula de escape nece-
saria al ritmo insoportable del capitalismo. Ya ni le hace ascos
2 escribirlo en las publicaciones del propio ministerio francés
de la Juventud, Educacién ¢ Investigacion: “En la actualidad
cualquiera sabe que sin la ayuda concreta de los ciudadanos,

92
el Estado no tendria los medios ni el tiempo necesario para
lograr las obras que pucden cvitar la explosion de nuestra
sociedad” (Ganas de actuar — La guia del compromiso).

Hoy, deshacer la izquierda, es decir mantener constantemente
abierto el canal de la desafeccion social, no es solamente necesario sino
posible. Somos testigos, cuando pot otro lado se refuerzan a un
titmo acelerado las estructuras imperiales, del pasaje de la vicja
izquicrda trabajista, enterradora del movimiento obrero y surgi-
da de él, 2 una nueva izquicrda, mundial, culural, de la que puede
decirse que tiene al negrismo como punta de lanza. Esta nucva
izquierda no termina de asentarse ain ante la reciente neutrali-
zacién del “movimiento antiglobalizacion”. Sus nuevos enga-
fios son vistos como tales, mientras que los vicjos ya no sirven.

Nuestra tarea cs arruinar la izquicrda mundial alli donde s
manificste, sabotear metédicamente, es decir, tanto cn la teo-
tia como en la prctica, cada uno de sus posibles momentos
de constitucion. En s sentido, nuestro éxito en Génova no
reside tanto en los espectacularcs enfrentamicntos con la
policia o cn los dafios infligidos a los érganos del Estado y cl
Capital, como en el hecho de que la difusion de pricticas de
confrontacién propias al “Black Bloc” en fadus los blagues de la
manifestaciin totpedease la apotcosis anunciada por los Tate
Bianche. Asi como nuestro fracaso desde entonces se encuen-
tra cn no haber sabido claborar nuestra posicion de modo tal
que esa victoria en la calle se convirticse cn algo mis que on
un simple espantajo agitado sistemiticamente por todos los
movimientos llamados “pacifistas”.

Es cl actual replicguc de csta izquicrda mundial en los
foros sociales —replicguc debido a que ha sids vencida en la calle—
lo que debemos atacar.

93
2. De afio cn aio crece la presion para que todo findione. A
medida que progresa la cibernetizacion social, se vuclve mas
imperioso volver a la situacién de normalidad. Y cn base a csta
légica s multiplican las situaciones de crisis, los disfunciona-
micntos. Un corte del fluido cléctrico, un verano demasiado
caluroso o un movimiento social no se diferencian desde cl
punto de vista del impetio. Son perturbaciones. Hay que gestio-
narlas, Por ahota, es decit a cansa de muestra debilidad, cstas situa-
ciones de interrupcion se presentan como tantos momentos
en los que el imperio sobreviene, se inscribe en la materialidad
de los mundos, experimenta nuevos procedimicntos. Es ahi,
sobretodo, donde constrific con mds fucrza a las poblaciones
que pretende socorrer. El imperio pasa en todas pattes por ser
el agente que nos devuelve a la situacion normal. Nuestra
tarea, por cl contrario, cs la dc comertir en habitable la situacion de
excepeidn. No conseguiremos “bloquear la sociedad-cmpresa”
verdaderamente, si no somos capaces de poblar ese bloquco
con otros descos distintos a volver a la normalidad.

En cicrto sentido, lo que se produce en una huelga o en
una “catistrofe natural” cs muy parccido. Una interrupcion
interviene en la regulacion organizada de nuestras dependen-
cias. Entonces s muestra desnudo, en cada uno de nosotros,
el ser de nucstras necesidades, el ser comunista, lo que nos
vincula esencialmente y lo que en esencia nos separa. Cac cl
velo de vergiienza con el que cubrimos habitualmente todo
esto. La disponibilidad al encuentro, a la experimentacién de
otras relacioncs con ¢l mundo, con los otros, con uno mismo,
tal como cntonces s manificsta, basta para barrer cualquicr
duda con respecto a la posibilidad del comunismo. Y también
en lo que hace a su necesidad. Lo que se requicre aqui cs
nuestra capacidad de auto-organizacion, nuestra capacidad,

94
organizindonos desde l principio en base a nuestras necesi-
dades, de hacer durar, de propagar, de hacer cfectiva la situa-
cion de excepeion, esa misma sobre cuyo terror se funda cl
poder imperial. La ignorancia de csta ambivalencia de la situa-
cion de excepeion por patte de los movimientos sociales sor-
prende particularmente, La expresion misma “movimicnto
social” parece sugerir que lo que importa realmente cs hacia
doénde se va y no lo que ocurre micntras tanto. Sc da cn todos
los movimicntos sociales actuales ¢l compromiso ticito de no
tomar en consideracion aquello en lo que consisten, lo cual
plica cl hecho de que se sucedan los unos a los otros, no
s6lo sin agregarse nunca, sino mas bien cmpefiados en distan-
ciarse entre si. De ahi la textura particular, tan volitil, de
sociabilidad de movimicnto, donde cualquicr compromiso
parcce tan ficilmente revocable. De ahi también su invariable
dramaturgia: un ripido vuclo debido a la resonancia medidti-
cay después, a partir de csta agregacion temprana, el lento ¢
incxorable deterioro; y finalmente, agotado ¢l movimiento, cl
ltimo reducto de irreductibles acaban por afiliarse a tal o cual
sindicato, fundan tal o cual asociacion, csperando asi encon-
trar una continuidad organizativa a su compromiso. No cs csa
la continuidad que nosotros buscamos: ¢l hecho de disponer
de locales donde reunimos o de una fotocopiadora para octa-
villas. La continuidad que buscamos cs la que nos permita,
después de haber luchado durante meses, no volver a traba-
jar, no volver a retomar cl trabajo coo antes, continuar provo-
cando dafios. Y esa continuidad solamente podemos cons-
truitla cn la duracion de los movimicntos. Es una cuestion de
pucsta cn comiin inmediata, material, de construccion de una
verdadera miquina de guerra revolucionatia, de construccion
del Partido.

ex

Se trata, tal y como decimos, de organizarse en base a
nuestras necesidades —de poder responder progresivamente a
Ia cuestién colectiva de comer, dormir, pensar, amar, e crear
formas, de coordinar nuestras fuerzas— y de concebir todo esto
como un momento de la guerra contra el imperio.

Solamente asi, habitando las mismas perturbaciones del
programa, podremos enfrentarnos a ese “liberalismo ccono-
mico” que no es mis que la estricta consecuencia, la légica
pucsta en funcionamiento, del liberalismo existencial acepta-
do en todas partes, practicado y considerado por cada uno
como su derecho mis elemental, incluidos aquellos que que-
rrian desafiar al “neoliberalismo”. Es asi como se construird
el Partido, como una estela de lugares habitables dejados tras de
por cada una de las situaciones de excepcioén con que tro-
picza el imperio. Nadic podri dejar entonces de constatar
c6mo las subjetividades y los colectivos revolucionarios s
vuelven mas consistentes, 2 medida que se dan un mundo.

9%
3. El imperio cs manifiestamente contemporinco a la
constitucion de dos mongpaliss: por un lado, ¢l monopolio
cientifico de las descripciones “objctivas” del mundo y de las
téenicas de experimentacion sobre este; por el otro, cl mono-
polio religioso de las técnicas de si, de los métodos por los
cuales se claboran subjetividades -monopolio del que depen-
de dircctamente la prictica psicoanalitica. De un lado una
relacién con el mundo depurada de toda relacion con uno
mismo —uno mismo como fragmento del mundo-, del otro
una relacién con uno mismo depurada de toda relacién con
¢l mundo —con ¢l mundo cn tanto que me atraviesa. Todo
sucede entonces como si las ciencias y las religiones, en su
mismo distanciarse, configurasen ¢l espacio ideal donde cl
imperio cs libre de moverse. Ciertamente, estos monopolios
estin muy diversamente distribuidos segin las zonas del
imperio. En las regiones llamadas desarrolladas, las ciencias
constituyen un discurso de verdad al que se le reconoce cl
poder de dar forma a la existencia misma de la colectividad,
precisamente ahi donde l discurso religioso ha perdido csta
capacidad. Por lo tanto es alli donde debemos llevar la sece-
sion en primer lugar.

Llevar la sccesion a las ciencias no significa abalanzarse
sobre cllas como si sc tratasen de una fortaleza a conquistar o
a arrasar, sino destacar las lincas de fractura que las recorren,
tomar el partido de aquellos que acentiian cstas lincas y que,
por csto mismo, comicnzan por no disfrazatlas. Porque del
mismo modo que hay grictas trabajando permancntemente la
falsa compacidad de lo social, cada rama de las ciencias forma
un campo de batalla saturado de estrategias. Con cl paso del
tiempo la comunidad cientifica ha logrado construir en torno
asi misma la imagen de una gran familia unida, consensual cn

9
Io bisico y muy respetuosa de las reglas de cortesia. Esa fuc
de hecho la mayor operacion politica ligada a la existencia de
las ciencias: velar los desgarros internos y cjercer, a partir de
esta imagen aplanada, cfectos de terror sin igual. Terror hacia
afucra, como privacién del estatuto de discurso de verdad
para todo aquello que no se reconoce como cientifico. Terror
hacia dentro, como descalificacion refinada, feroz, de las
potenciales herejfas. “Estimado colega...”

Cada ciencia pone cn marcha un conjunto de hipétesis;
estas hipétesis son dcisiones cn tanto que construyen realidad.
Hoy en dia csto es ampliamente aceptado. Lo que s nicga cs
la significacion ética de cada una de estas decisiones, como cada
una de cllas implica una cicrta forma de vida, un cierto modo
de percibit ¢l mundo (por cjemplo, experimentar el tiempo
istencial como desplicgue de un “programa genético” o la
alegtia como un asunto de serotonina).

ex

Asi, los jucgos de lenguaje cientificos no parccen construi-
dos para establecer una comunicacion entre aquellos que los
usan, sino para excluir a quicnes los ignoran. Los agencia-
micntos materiales, cstancos, en los que se inserta la actividad
cientifica —laboratorios, coloquios, ctc.— llevan en si mismos
el divorcio cntre las experimentaciones y los mundos que
estas podrian configurar. No basta con describir de qué modo
las investigaciones llamadas “fundamentales® cstin siempre
concctadas de algin modo con los flujos militares y cmpresa-
tiales, y como, reciprocamente, cstos contribuyen a definir
sus contenidos, las mismas orientaciones de la investigacion.
La manera que ticnen las ciencias de participar cn la pacifica-
cion imperial pasa sobre todo por desarrollar solamente las

98
<perimentaciones y chequear las hipotesis compatibes con cl
mantenimiento del orden dominante. Por ¢l contrario, nues-
tro modo de arruinar ¢l orden imperial pasa por Ia apertura de
espacios disponibles para las experimentaciones antagonistas.
De Ia existencia de tales espacios desocupados depende que
las experimentaciones pucdan dar a luz sus mundos conexos,
asi como depende de la pluralidad de estos mundos que se
exprese la conflictividad oculta de las pricticas cientificas.

Se trata de que los practicantes de la vicja medicina meca-
nicista y pasteuriana se unan a los que practican las medicinas
“tradicionales”, prescindiendo de cualquier extravio new age
Que deje de confundirse ¢l compromiso con la investigacion
v la defensa judicial de la integridad de los laboratorios. Que
las pricticas agricolas no productivistas se desarrollen al mar-
gen del coto cerrado de las ctiquetas bio. Que scan cada vez
mis numerosos los que experimenten el caricter irrespirable
de las contradicciones de “la cducacion nacional”, entre
defensa de la Repiblica y taller de auto-cmpresarialidad difu-
sa. Que la “cultura” no pucda enorgullecerse de la colabora-
cion de un solo inventor de formas.

En todas partes hay alianzas posibles.
La perspectiva de quebrar los circuitos capitalistas cxige,
para ser cfectiva, que las secesiones se multipliquen,
¥ que se agreguen.

SE nos diri: cstiis atrapados cn una alternativa que, de un
modo u otro, os condena: o bicn logriis convertiros cn una
amenaza para cl imperio y, en ese caso, seréis ripidamente cli-
minados; o bicn no logriis constituir tal amenaza y, una vez
mis, os destruiréis a vosotros mismos.

99
Queda apostar por la existencia de otra posibilidad, un del-
gado filo, pero suficiente para que podamos caminar por ¢,
suficiente para que fodas aguellos que escuchen pucdan caminar y
vivir cn él.

100
“Cada dia, la juventud espera, espera su
oportunidad como la esperan los obreros,
incluso los viejos. Esperan todos, aquellos
que estin descontentos y que reflexionan.
Esperan que se levante una fuerza, algo de
lo que formar parte, una suerte de nueva
internacional, que no cometa los errores de
las antiguas. La posibilidad de acabar de una
vez por todas con el pasado.

Y que comience algo nuevo.

NOSOTROS HEMOS COMENZADO.”

101
EL BELLO INFIERNO

Con ocasiin de una ofensiva estética lamada Lille 2004-capi-
tal-curspear-de-la-cultura, que vino a golpear de lleno a la cin-
dad del misnio nombre, un pequeio libr titulado La fiesta ha
terminado, sin mencicn de ator i de ediciin, hizo su apa-
ricidn en el territorio concernido. Su contenido resond junto a la
verdad que expresaron diversos actos de sabotaje que, en aguel
moments, apuntaron contra la infame utopia vendida por tan-
tos artistas y politicos.

“Elinfierno de los vivos no es algo por venit; hay uno,
el que ya existe aqui, el que habitamos todos los dias, el
que formamos estando juntos. Hay dos mancras de no
sufrirlo. La primera es ficil para muchos: aceptar cl
infierno y volverse parte de él hasta cl punto de defar
de verlo. La segunda es arriesgada y exige atencion
aprendizaje continuos: buscar y saber reconocer quién
¥ qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacer que
dure, y darle espacio.”

Italo Calvino, Las ciudades invisibles

Todo lo que ha surgido ligado a la estética nos s irreduc-
tiblemente hostil. No decimos enemigs, decimos: hostil’. “El

1. http:/ /lafetcestfinic. frec.fr/
2. Bl lector intercsado en la distincion cntre hostilidad y enemistad, puede
remitise al libco Infoduccidn a fa guerra cini, Tiqqun. Ed. Melusina, 2008,

103
cnemigo ¢s nuestro propio problema, tomando forma”, ha
esctito alguien. Para nosotros no existe el problema estético.
Cuando un moderno cualquicra publica una norela donde s
conjuta para “volver a poner de moda ¢l comunismo”, per-
cibimos con suma precisién la operacién que intenta aontra
nosotros. Y encomendamos el libro a las llamas, sin remordi-
micntos. Lo estipido aqui seria intentar comprender, cuan-
do justamente sélo cabe destruir.

Si la estética no fuese mas que la ciencia de lo bello, o del
gusto, o incluso “un cierto régimen de intcligibilidad de las
attes” —ese momento, hacia finales del siglo xviir, donde s
dejo de hablar de bellas artes, de artes liberales y artes meci-
nicas, y se empez6 a hablar de “cl arte”, dmbito especial de la
istencia, celosamente distinto de la vida ordinaria=, no.
habria salones de estética en cada esquina, ni la punk attitude,
ni siquicra “zonas de gratuidad” en las galerfas de arte. Y cier-
tamente tampoco se fantascaria con convertir a los dltimos
campesinos en agentes de mantenimicnto del paisaje. Hay
menos estética en toda la histotia del arte de A. Warburg que
en una hora de la vida de un publicista cualquicra. Estética es
Ia existencia metropolitana en toda su complejidad y la nueva
sociedad “imperial” en su fundamento. La estética es la forma
que toma la fusién aparente del capital y de la vida en la metro-
polis. Si en adelante la valorizacién solo puede encontrar su
diltima ratio en el hecho de que una cosa o un ser gustan, el
poder, que ya no logra justificar sus mancjos mediante refe-
rencia alguna a la verdad o a la justicia, pasa a disponer de la
mas absoluta libertad de accion desde el momento en que se
cubre con la miscara de la estética. Un nictzscheano para cje-
cutivos escribia hace algunos afios: “El paradigma estético es
el dingulo de ataque que permite dar cuenta de una constela-

ex

104
cién de acciones, sentimicntos y ambientes especificos del
espititu de la postmodernidad”. A lo que seguia un clogio de
la sociabilidad de bar moderno, de todo el buen rollo ciber-
nético, de toda la superficialidad rentable, de las pasiones frias
que tanto atracn a los corazones metropolitanos. Estética es
pus la neutralizacion impetial ahi donde no SE puede recu-
rrir directamente a la policia.

:Comprender la estética? No hay comprension sin empa-
tia; y nuestra empatia no se dirige hacia lo que nos dafia ¢Es
que acaso intentamos cmprender a la policia? No. Saber cémo
funciona, cudles son sus procedimientos, hasta dénde llega,
de qué medios dispone y como destruirla, si, pero jamés con-
prenderia.

Todo el trabajo de la metafisica, toda la obra de la civi-
lizacién, en Occidente, ha consistido en separar una vez
tras otra lo “humano” de lo “no-humano”, la “conciencia”
del “mundo”, el “saber” del “poder”, el “trabajo” de la
“existencia”, la “forma” del “contenido”, el “arte” de la
“vida”, el “ser” de sus “determinaciones”, la “contempla-
cion” de la “accion”, ctc. —anadimos las comillas porque en
realidad ninguna de estas cosas existe como tal antes de
disociarla de su contraria lo que, al mismo tiempo, la prodi-
. Una vez operada esta separacién y producidas cada una
de esas unilateralidades, la tarea de mantenerlas separadas
se confiard a una institucion distinta para cada una de ellas.
Asi, la institucién muscistica y su complice, la critica de
atte, garantizarin por cjemplo la existencia del arte en tanto
que arte, por un lado, y la existencia del mundo prosaico
como mundo prosaico del otro. Ello supuso, por todas partes,
una cierta desolacion. La estética aparece entonces con cl
proposito de animar esta desolacion, de reunificar todo

105
aquello que Occidente habia separado, pero reunificatlo
exteriormente, en fanto que separado. En el fondo, la época
que inaugura la estética es la época de la crisis de todas las
instituciones. Pero si en adelante caen los muros de los
museos tanto como los de la escuela, de los hospitales tanto
como los de la empresa, incluso los muros de la propia
individualidad burguesa, es para poner cada espacio bajo cl
control especifico de un dispositivo, es decir: para incorporar
el dispositivo e cada ser; hasta tal punto nos atraviesa aque-
llo que atravesamos. Desde ese momento nada distinguird
por cjemplo la existencia del trabajo, sino que cada cual lle-
vari consigo un teléfono movil en cuya agenda ya no habri
distincion entre amigos y colegas de trabajo, y con el que
uno podri ser localizado a cualquicr hora del dia. Ya no
habri vidas consagradas exclusivamente a la contemplacién
0 ala pura accién, no habri clérigos ni jefes de guerra, sino
que la reflexividad penetrari cada segundo de la existencia
y nadic llevar a cabo un acto sin ser al mismo tiempo su
espectador. En dltima instancia, nadie hard el amor sin ser
consciente en todo momento de estar haciéndolo, lo que con-
vierte el arte erético en universal pornografia. Ya no habri
patrén ni esclavo, pero cada uno serd su propio patrén y
llevari grabadas en su corazén las leyes de la auto-valoriza-
cion: cada cual se habra convertido para si mismo cn una
pequefia empresa.

Aqui, el imperio es producto del terror policial. Alli, de la
sintesis estética. Por doquier la misma continuacion y profundi-
zacion del desastre occidental adoptando la forma de su sub-
version. Por todas partes SE pretende reparar lo existente
para estropeatlo mis adelante. Por doquicr SE destruye irre-
misiblemente bajo pretexto de reconstruccion.

106
La estética o la revoluciéon

El hecho de que la estética haya recibido por mision conciliar
Io que Occidente siempre se empeiis en dividir por completo cs
algo que se remonta a su nacimiento oficial en el sistema kantia-
n0. La Critica del juicio de 1788 confia a lo bello y al arte ¢ cuida-
do de conciliar lo infinito de la libertad moral con la estricta cau-
salidad que rige la naturaleza, suturando el “inconmensurable
abismo” que de partida separa la Critica de la razgin pura de La or-
fica de I razin prictica. Menos de scis anos despucs, Schiller recla-
borari la estética como programa contrarrevolucionatio, como
respuesta expliita a las tendencias comunistas ¢ insurreccionales
de la Revolucion Francesa. Esta obra maestra de la reaccion
occidental se llamara Cartas sobre la educacion estética del hombre y
aparccer en 1794, El razonamicnto es el siguiente: en ¢l hom-
bre sc dan dos instintos antagonistas, por un lado l instinto sen-
sible que lo ancla en la particularidad, las necesidades vitales, los
sentimientos, en definitiva, la determinacion; y el instinto razo-
nable, formal, que mediante la reflexion lo arranca de la particu-
laridad, de los afectos, y 1o cleva a las verdades universales. Esos
dos instintos se combaten el uno al otro en todas partes de tal
modo que lo que uno posee lo posee porque se lo ha arrebata-
do al otro; en todas partes salvo en un punto de armona donde
se reencuentran y se confortan mutuamente. Ese punto de con-
ciliacion milagroso, de gracia suprema, es ¢/ estado estético, y el ins-
tinto que le cotresponde es l instinto del jnego.

Es, por consiguiente, 1na de las tareas ms importantes de la cultura
Someter-el hombre a a forma, aun e la vid puramente fisica, para rolver-
In estétcn en la justa medida en que la bellesa pueda gerer su imperio.
e resumen, para voler razgnable al hombre sensible, el inico cani-

107
10 a seguir es empesar por hacer de él an bombre estitico [.] El homibre
sensible debe, en primer lugar, ser transfrido bajo ofr ciey [...] En el
estads estétic, todo ol mundo, incuso el pein que silo es 1m instramento,
ya s ciudadano libr cuyos derechos som igales @ agquellos el s noble
'y el entendimiento que somete bratalmente a sus designios a la masa resig-
nada se ve obligado aqui a pedirle s asentimients. Aqui, pues, en el rino
de la apariencia estética, el deal de igualdad tiene una existencia dfctiva.

Esta igualdad es precisamente cl ideal de neutralizacion
imperial en el que, simulando cada cual hacer lo que hace, fin-
giendo ser lo que s —l obrero, cl patrén, ¢l ministro, cl artis-
ta, cl varon, la hembra, la madre, ¢l amante-, sin adherirse
nunca a su propia fadtididad, todo conflicto cs desactivado de
antemano. “No soy quicn crees que soy ¢sabes?”, susurra la
criatura metropolitana micntras se deconstruye en vuestra
cama. Pero de hecho cs el idealismo aleman en su conjunto
quicn obtiene de estas Cartas su propio programa. La fenomens-
lngia del espiritn, que no por casualidad termina con dos versos
de Schiller, no cesa en ningin momento de denunciar el caric-
ter insustancial de toda determinacion, la mentira de cualquicr
certeza sensible. Porque el problema del hombre sensible cs
que no se deja manipular, que resiste al discurso, que levanta
barricadas y que a veces incluso toma las armas sin que se le
pucda hacer entrar en razdrs; su problema, en suma, cs que tiene
una fuerte propension a la imeductibilidad. Y lucgo csti cse
manificsto anénimo, alternativamente atribuido a Schelling,
Hegel y Hélderlin, conocido con ¢l nombre de E/ pragrama sis-
temitico mis antiguo del idealismo alemin, en ¢l que se lec:

La filosofia del espiritu es una filosafia estetica. No se puede po-
seer espiritu alguno, incluso para razonar sobre la istoria, sin poscer

108
sentido estétio |...| Al mismo tiempo vuelve la idea de que la gran
masa deberia tener ana religion sensible |...| [Reinarin entonces la
libertad.y lu igualdad universal de los espiritus! Un espiritu superior,
enviads del ciel, debe findar esta nueva religion entre nosotros; ella
serd la iiltima, la mis grande obra de la bumanidad.

Esta nueva religion, csta religion sensible ha encontrado su
cumplimicnto en esta época del design, del urbanismo, de la
biopolitica y de la publicidad. Esta nueva religion no cs otra
que el capital en su fase imperial.

Alli donde la estética pretende reunir aquello
que esencialmente separa, el gesto mesidnico’
consiste en asunir a unién ya existente

Es un especticulo que, desde hace un siglo, no deja de ser
cmico: la parlisis cronica de quicnes pretenden “superar la

3. Hay un fienpo mesidnico, que es abolicion del-tiempo-que-pasa, ruptura del
continuum de la historia, que es tiempo vivido, fin de toda espera. Hay un
gesto mesidnico, que es de lo que se trata aqui. Hay incluso seres que se mue
ven en lo mesidnico, lo que significa que a su manera y, muy a menudo de
modo fugitivo, han “salido del capital”. Lo que también significa que hay des
tellos de lo mesidnics entremezelados con la inmunda negrura de lo real, que ¢l
Reino no esté enteramente por venir, sino ya, en fragmentos, presente entre
nosotros. Mesidnica es pues la prictica que parte de ahi, de esos destellos, de
formas-de-vida. Antimesinicas, por el contrario, son todas las religiones, todas
las fuerzas que estorban y contienen el libre jucgo de las formas-de-vida.
Antimesiénico es, al mis alto grado, el cristianismo

us avatares modernos:

socialismo, humanismo, negrismo. Por lo que hace a nosotros, y por si hacfa
falta precisarlo, jamis nos hemos mezclado con “mesianismo” alguno, salvo
enla boca putrefacta de nuestros calumniadores.

109
separacion entre ol arte y la vida”, de aquellos que en un
mismo gesto establecen la separacion y la pretenden abolir.
La operacién estética domina la época con ese movimiento
doble, /a duplicidad de todo juntar para distanciarlo todo. En
ese sentido, este s ciertamente ¢l momento de la recapitula-
cion final en la paradia, esa “recolcccion del reanerds” de la que
habla Hegel a propésito del saber absoluto, donde todo csti
archivads. Asi, 0o 5610 cs el conjunto de los acontecimientos
“del pasado”, toda la “historia de las civilizaciones” y de las
“culturas”, lo que se desactiva de este modo, sino también las
tentativas actuales para abrir una brecha en ol curso del tiem-
po o ¢l mismo acontecimicnto ocurrido ayer, los que son
aprchendidos como ya pasadss, los que son proyectados al
imbito de lo simplemente posible. Ese famoso “presente per-
petuo” con el que tanto nos machacan los oidos no cs mas
que un arresto domiciliario e ¢/ maiana. El infierno cstético
en cl que nos debatimos s presenta asi todo lo que podria
espolearnos se encuentra reunido cn algin punto que, por
mis que podamos ver, csti decididamente fucra de nucstro
alcance. Todo lo que nos hace falta esta retenido en limbos
inaccesibles. El estado estético, de Schiller a Lille 2004, da
nombre a ese estado de suspension donde toda “la vida”
parcce desarrollarse, en toda su exuberancia posible, en toda su
plenitud imaginable, a distancia, protegida por una tierra de
nadie salvajemente defendida. Nada materializa mejor la ope-

4. “Lille 2004” es ¢l nombre por el que se conocen la seric de “eventos” con

los que la ciudad del norte de Francia festcjd es afio haber sido designada

“capital europea de Ia cultura” juntamente con Génova. Bl lema de dicho pro-
yecto exaz “Lille 2004, le bel enjes”, “Lille 2004, el bello reto”, que el titulo del
texto, Le bel enfer, tergiversa. (N. del T.)

110
racion estética que el triunfo de la instalacign en el arte contem-
poraneo. Aqui, es e mismo dispositivo €l que se convierte en
obra de arte. Somos absolutamente incluidos en clla, realizan-
do con ello ¢l suchio de tantas vanguardias, y al mismo tiem-
po nos vemos absolutamente rechazados, excluidos de cual-
quicr posible uso en su seno. Mediante un mismo movimicn-
to diabilics, somos integrados en tanto que extranjeros en ese
pequeiio infierno portitil. En fin, por algo SE llama estitica
relacional.

Contra cualquicr cstética, Warburg ha querido mostrar que
incluso la imagen, las representaciones més antropomorficas
del arte occidental, contienen clementos de irreductibilidad,
tensiones cxtremas, energias que la obra a la vez retiene ¢
invoca; que hay “vida en movimicnto” incluso cn la inmovi-
lidad de las cstatuas del Renacimicnto, Y que esas fucrza

esas “formulas del pathos” no solo son susceptibles de alcan-
zarnos, sino que 05 afictan. Benjamin schala algo semcjante
cuado dice: “Los clementos actualmente mesidnicos aparccen
en la obta de arte como contenido, los clementos retrégrados
como forma. El contenido avanza hacia nosotros. La forma
sc fija, nos impide acercarnos.” Nosotros decimos que cn
todas partes, en lo real mismo, cn las propias palabras, n los
mismos cucrpos, cn los sonidos, las imagenes y los gestos,
hay parccidos clementos de irreductibilidad donde las formas
y la vida, el hombre y su mundo, la percepcion y la accion, cl
ser y sus determinaciones, no sc hallan separados. Mars, por
cjemplo, cs ¢l nombre de una cierta irreductibilidad entre
comunismo y revolucién. Por todas partes las palabras sc
mezclan con afectos, los cuerpos con ideas, las percepeiones
con gestos. El modo de hablar de los hombres sc entrelaza

111
con la gramitica de sus 6rganos de un modo facilmente dis-
cernible. El sentids que cicrtas palabras revisten para ¢l pro-
porciona las mcjores indicaciones sobre su fisiologia. Si lo
dudiis os bastari ver lo que los Hauka filmados por Jean
Rouch hacen con las intensidades cautivas en el decorum colo-
nial. Nosotros llamamos a csos clementos fommas-de-vida. Los
llamamos asi porque nada pucde separar cn cllos lo “indivi-
dual” de lo relativo a la “especic”. Cada forma-de-vida que
afectaa un cuerpo, lo atraviesa cargada de una intensidad alec-
tiva, pasada, presente o futura, saturada de un momento de la
“vida de la especic” (“especic”, qué repugnante palabral). Si
el artesano pucde ser una forma-de-vida, no lo s en l fondo
sin evocar de algin modo la ciudad medieval y ¢l orden gre-
mial. Esa intensidad colectiva se encuentra presente tanto cn
la percepeion misma que yo tengo del artesano como en su
forma de estar cn ¢l mundo. Del mismo modo, ¢l guerrero
autonomo no aparece jamiis sin hacer renacer las andanzas de
tantas hordas salvajes. Y ningiin nifio jucga a los indios sin
algin tipo de peligro. No es que el pasado los aliente, sino que
una misma forma-de-vida los reiine en una constelacién, los
nimba y transita por cllos. Cualquicr cristiano capta un poco
de la intensidad del compartir de tantas sectas judias que
vivicron hace dos mil afios, cmpezando por los csenios, asi
como la Jovencita® neutraliza a su mancra alguna ménade
gricga. Todo lo cual hace que no sc trate de una cuestion de
historia pucsto que hay canales de circulacion sutil que vuel-
ven presente, ya sca por fragmentos o cn concentrados flo-

5. Para la definicion de Jovencita ver nota 2 en l texto “Y la guerra apenas
ha comenzado”. (N. del T))

112
tantes, el supucsto “pasado”. El gesto mesianico consiste cn
abrir paso a cstas formas-de-vida que afloran incluso en cl
lenguaje més mezquino, cn cl ambicnte més semiotizado, cn
las miradas mas apagadas. Consiste cn liberar de la estética cl
caos de las formas-de-vida.

Paradéjicamente, el reino de la estética cs, antes que nada,
el reino de la anestesia general. Ya no se 16, s6lo sc reaonoce. La
época imperial consiste pucs cn una metodica conjuracion de
lo mesianico. Es ¢l tiempo de a cita, de la referencia, de la
prudencia existencial. Todas las formas-de-vida se manticnen
a raya: son posibilidades, arte, historia, pasado. Ciertas sulyiti-
vidades se maquillan como tal o cual figura trasnochada. S
regodean con mundos enterrados pero tiemblan en cuanto
amenazan con volver. Uno sc pone a vivir “como cn los tiem-
pos de Mahoma”. Otro como en los tiempos de los
Templarios. Hay estética cn la relacion del trotskismo con la
politica como hay esnobismo en cl vinculo que establece la
ultra-izquicrda con los afios 20. En gencral, la panoplia de
subjetividades metropolitanas da la justa medida de lo que el
esnobismo cs capaz. En lugar de abrir ¢l paso a las formas-
de-vida, ¢l esnob repite una y otra ve la operacion estética de
encarnar la forma que previamente cercené de lo que vivia.
“Lo que significa que atin hablando cn adclante de una forma
adecuada a todo lo que le es dado, ¢l hombre post-historico
debe continuar separando las “formas” de sus “contenidos”,
no para trans-formar activamente estos tltimos, sino con cl
fin de oponcrse uno-mismo como una “forma” pura a si-
mismo y a los otros, tomados como ‘contenidos’ cualquicra.”
Asi cs como Kojéve describe Ia hipotesis de un fin de la his-
toria csnob, a la japoncsa, un fin de la historia estético. “La con-

113
ciencia estética no clige”, confirma cl pobre Vattimo, “se limi-
ta a liberar cl objcto que toma en consideracion de todo lo
que lo liga al mundo real, en tanto que mundo del saber y de
la decision, transfiriéndolo a la csfera de la pura apariencia”.
La estética cs l tiempo de la sintesis infernal. El tiempo de la
sociabilidad, ] reino de los espectros.

El imperio como religion sensible

Una ctimologia tramposa hace derivar ¢l término religion
del latin religare (vincular), insinuando que la religion tendria
por vocacion vincular a los hombres entre cllos y a estos con
o divino, y no de reegere (recoger, recolectar en cl sentido de
“volver sobre lo que uno ha hecho, retomar por el pensa-
micnto o la reflexion, redoblar de atencin y de diligencia”),
que es de lo que se trata en cualquicr ritual donde las formas

6. Simmel ofrece en 1910 un andlisis magistral de esta plaga de la época
actual: la sociabilidad. Tl articulo aborda la sociabilidad como “forma lidica
de la asociacidn”, como “estructura sociolgica particular, correspondiente a
as del arte y el jucgo, que extracn sus formas de una realidad que, sin embar
go, dejan atris”, lo que esti perfectamente a la altura de la utopfa oo/ de una
” “En la conversacién puramente sociable, la pala-
bra es un fin en si mismo, no esti al servicio de ningln contenido; no tiene
més objetivo que perpetuar la interaccion, evitando los temas delicados, a la
vez que gozar de la excitacion del juego de relaciones (...) La asociacion y ¢l
intercambio estimulante mediante los cuales se realizan todo el peso y todas
s tareas de la vida, son consumidos aqui en un juego artistico, en la simula.

“sociedad de conversacios

cién y la dilucion simultineas de las fuerzas de la realidad que no aparccen
més que a distancia, mientras su gravedad se difumina como por encanta.
miento.”

114
deben repetirse escrupulosamente. Toda religion, haciendo
stir una esfera especifica de lo sagrado, se erige en guardia-
na de la separacién de esta con respecto al “mundo sensible”.
Es decir que produce ¢l mundo sensible en tanto que mundo
sensible. El hecho de que termine persiguiendo todo lo que,
fuera y dentro de clla, se mantiene en la in-separacion entre
“sensible” y “suprasensible” —mago, brujo, mistico, mesias o
convulsionatio—, s¢ desprende logicamente de su definicion.
Asi puede comprenderse mejor ¢l malestar que se apoderd de
la totalidad del mundo profano con la “mucrte de Dios”.
Desertado el lugar de Io divino, ¢l mundo profano descubria
de pronto que tampoco era profano. Incluso la dulce inmersion
en la inmanencia se perdia. ;Qué hacer? El proyecto estético
responde histéticamente a esa situacién y en primera linea cl
idealismo aleman. Lo atestigua cste extrano fragmento de
Hélderlin titulado Communismus der Geister (“Comunismo de
los espiritus”). Extraio en primer lugar por su titulo:
“ommunismus viene escrito con una “c”, es decir a la francesa,
en una época (1798) donde los propios micmbros del partido
de Babeuf no osan llamarse otra cosa que no sea “comuni-
taristas”. Extrafio, después, por ¢l nombre de su primer
pirrafo: “Disposicion”. En ¢ leemos: “Es que justamente
nosotros partimos del principio diametralmente opuesto, ¢s
decir de la universalidad del descreimiento, para justificar su
necesidad en nuestro tiempo. Este descreimiento s parte
integrante de la critica cientifica de nuestra época, que anun-
ciay precede a la especulacion positiva; no sirve de nada com-
padecernos de ello: lo que hace falta es remediarlo”. El
descreimicnto de que se trata aqui no cs, en el fondo, cl
descreimicnto en tal o cual religion, ni siquicra en Dios
mismo. El descreimiento de que se trata —nuestros contem-

ex

115
porincos nos lo demuestran cada dia; ellos, que son capaces
de vivit su propia destruccion como si de un goce estético se
tratasc; ellos, que sc imaginan cn una pelicula micntras sc
aproxima un tsunami-, es ni mas ni menos que la incapacidad
de creer en lo que tenemos ante los ojos, en el propio mundo sensible.
Esa especie de incredulidad azorada que se lee en tantos ojos,
en tantos gestos, esc estado de ausencia irresuelta, esa arisis de
la presencia, s precisamente lo que el proyecto estético, cl
imperio y sus disasitivss deben remediar.

Bajo el imperio, pues, ¢l design y ¢l urbanismo inscriben en
las cosas mismas una unidad del mundo convertida en pro-
blemitica. Dan forma al novisimo “mundo sensible”. Los
mass media inventan just in time ol lenguaje comin de cada dia.
Los distintos “medios de comunicacién” ponen a nuestra dis
posicién, en cualquier momento, al conjunto de aquellos que
siempre-ya hemos abandonads y 2 10s que todavia llamamos
prensiblemente, “nucstros préjimos”. Finalmente, la cultura y
los espectaculos nos garantizan la existencia de aquello que
podriamos vivir y pensat, pero que sin embargo slo logramos
vislumbrar. Asi cs como localmente, cercbro por cercbro,
hogar por hogar, bartio por barrio, se dispone la metrépolis
imperial, se reconstruye un universo aparentemente estabili-
zado, verosimil, consensual, una aisthesis: una percepcion
comiin del mundo. Elimperio es esa planctaria fibrica de Io sen-
sible. Y del mismo modo que la religion pretendia unir a los
hombres con lo divino manteniéndolos en realidad a distan-
cia, la religién sensible del imperio, que pretende recomponer
la unidad del mundo desde sus cimientos, desde lo local, no
hace mis que fijar en cada lugar y en cada ser una nueva sepa-
racion: la separacion entre el usuario y el dispositivo. La esté-
tica se impone asi a escala global como inposibilidad de cualguier

incom-

116
0. El prospecto de una reciente exposicion en Burdeos
anunciaba, con un guifio complice al espectador: “Lo que s
o5 vende en el supermercado, los artistas lo convierten en
obra de arte”. La estética consigue por sus propios medios
ralizar la imposibilidad de uso contenida en toda mercancia,
logrando convertirla, tras una vitrina o en el corazén de una
instalacidn, en un puro valor de exposicion. Ultimamente, el pro-
gramaestético aspira a la extension de esta escision en el
hombre mismo, pretende incorporarte €l dispositivo, convir-
tiéndole en usuari de si-mismo. Se comprende perfectamente
por qué la disposicion biopolitica a aprehenderse como cuer-
po, 0 la espectacular a contemplarse como imagen, conspiran
para hacer de nosotros los usuarios de nosotros mismos.
Conspiran para hacer de nosotros meros sujetos estéticos.

Comunismo’ y magia

El cjccutivo solitario gritindole al auricular de su mévil,
con la acreditacion de representante colgando del maletin. El

Basta con retomar la definicién de comunismo de los Manusaritos econdmico-
Sflosifcos de 1844, también conocidos como Manuscritos de Paris. el comunismo
esla verdadera solucion al antagonismo entre ¢l hombre y la naturaleza, entre
el hombre y el hombre, la verdadera solucién del conflicto entre la existencia
vl

encia, entre la objetivacidn y la afirmacion de i, entre la libertad y la
necesidad, entre el individuo y la especie”, para convencerse de que ¢l gesto
estético no esti ausente del propio programa comunista, F

decir, que la fase
actual, estética, del capital, donde este da forma conjuntamente a una nueva
humanidad los ciudadanos— y 2 un nuevo mundo se

le ~la metropoli-,
nos impone revisar nuestra concepcion misma de comunismo.

17
conductor maldiciendo al volante de su vehiculo. El dbber fla-
scado en su dance-floor clectro favorito. El comerciante de tien-
da cool con su galimatias empresarial. Nuestros contemporincos
dan toda la sensacion de estar embrujados. Los izquicrdistas
del mundo entero pucden aspitar a abrirles los ojos a proposi-
to de la dimension de la catistrofe, ¢l empefio cs vano y cl
asunto esti perfectamente claro desde hace mis de sctenta
afios: no sirve de nada concienciar un mundo ya enfirmo de con-
ciencia. Porque cste embrujo no es producto de una supersti-
cion o de una ilusion que bastaria con deshacer, sino un
embrujo pridtics: s su swjeciin a los dispositivos, el hecho de que
56l auplados a tal o cual dispositivo sc experimentan como suje-
105, Artaud llevaba razén cuando escribe, en enero de 1947:
“mucho més que por su ¢jército, su administracion, sus institu-
ciones o su policia, la socicdad se sostiene mediante hechizos™.

En cada a0 reside una posible salida del embrujamicnto.
Porque cada uso libera las formas-de-vida contenidas cn las
cosas, en las palabras, cn las imdgencs. En el uso sc establece
una curiosa circulacion cntre “sujcto” y “objeto”, entre
“especies”. El gesto cortocircuita la conciencia, suprime tem-
poralmente la distancia entre el yo y ¢l mundo, exige otras dis-
tancias. La mirada nos inwrpora los movimientos y las formas
percibidos. Algo sucede en nosotros y fucra de nosotros. “La
coincidencia de la transformacion del medio y de la actividad
humana o de la transformacion del hombre por i mismo, no
pucde ser captada y comprendida racionalmente mis que
como praxis revolucionaria”, dicen las Tesis sobre Fenerbach,
pero pucde ser captada y comprendida migicamente como
uso, por lo menos “si la magia ¢s una comunicacion constan-
te del interior con cl exterior, del acto con cl pensamiento, de
la cosa con la palabra, de la materia con l espititu” (Artaud).

118
El hecho de que la materia csté animada por innombrables
formas-de-vida, que esté poblada de polarizaciones intimas,
es algo que cl propio Mars no ignoraba cuando escribio, cn
La sagrada familia; “Entre todas las cualidades inherentes a la
materia, | movimicnto cs sin duda la primera y la més signi-
ficativa, no s6lo como movimiento mecdnico y matemitico,
sino mas atn como pulsion, dinamismo, como tormento de

la materia, para cmplear los términos de Jakob Bohme. Las
formas primitivas de csta tltima son fucrzas esenciales, vivas,
individualizantes, productoras de las diferencias especificas™.
A cstas “formas primitivas” las hemos llamado formas-de-
vida. Nos afectan, queramos o no, a través de todo aquello a
o que nos afamos, a través de todo aquello a lo que estamos ata-
dos. Nos cuesta mucho admitir que estanos atados, porque
estamos poseidos por una idea estética de Ia libertad. Una idea de
lalibertad como desapego, como indeterminacion, como sus

traccion a cualquicr determinacion.

Esta disposicién intermediaria donde el alma no esti determinada
i fisica ni moralmente y donde sin entbargo esti activa de ambas for-
as, merece particularmente el nombre de disposicion libre, i se deno-
mina fisico el estado de determinaciin sensible, y ligico y moral el esta-
do de determinacicn razonable, se dari a ese estado de determinabili-
dad real y activo el nombre de estado esttico |....) Sin duda el hombre
posee virtualmente esta bumanidad antes de cada uno de los estados
determinados por los que pucde pasar; pero la pierde dfectivamente en
cada uno de los estados determinadus por los que pasa, y es necesario,
para que pueda volver a un estado contrario, que esta le sea devnelta
por la via estética. (Schiller, Cartas....)

Esta idea de la libertad es la libertad del direetivo, que reco-
rre el mundo de hotel de lujo en hotel de lujo, la del cientifi-

119
<o (sociélogo o fisico, poco importa) que no csti nunca en cl
mundo que desaribe, la del anarquista metropolitano que pre-
tende poder hacer lo que quicra cuando quicra, la del intclec-
tual que juzga cual soberano sobre cualquicr cosa desde su
despacho, o la del artista contemporinco que hace de toda su
vida una “obra de arte” y para quicn, en palabras del infecto
N. Borriaud, el tinico imperativo cs “invéntate, prodiicete a ti
mismo”. A esta idea estética de la libertad nosotros opone-
mos la evidencia materialista de las formas-de-vida. Decimos
que los seres humanos o cstin simplemente determinados, que
no hay un ser puro de toda determinacion por un lado que
serviria de mero ropaje al conjunto de sus atributos, de sus
predicados y de sus accidentes —francés, varén, hijo de obre-
ro, jugador de fiitbol, con dolor de cabeza, cte. Lo que existe
en realidad es el mods como cada ser habita sus determinacio-
nes. Y en ese punto, la determinacin y el ser son absoluta-
mentc indistinguibles, son formas-de-vida. Decimos que la liber-
tad no consiste cn deshacernos de todas nuestras determina-
ciones, sino cn la claboracion del modo como habitamos tal
o cual determinacién. Que no consiste en liberarnos de todos
los lazos, sino en el aprendizaje del arte de ligar y desligar. El
hecho de que ese arte haya sido tildado de migico durante
mucho tiempo no nos produce embarazo alguno, Y asumi-
mos cl escindalo que pucda acarrcar admitir la amenaza, cn
nosotros, fuera de nosotros, en todas partes, de la crisis de la
presencia. Decimos incluso que si hay una igualdad ¢feting
entre los humanos esta s da justamente ante csa amenaza. Lo
que hace de Kafka un gran comunista. Preferimos cso mil
veces a la paradoja demasiado conocida por la cual cuanto
mis se toma uno por un individuo, mejor reproduce las
estructuras de comportamiento mis toscamente propias a la

120
“especic”, cuanto mds se toma uno por un sujeto, mas se
abandona a las inclinaciones del conformismo mas triste.
Somos conscientes de que, por ahora, desde sus limbos, las
formas-de-vida se debaten en el mas temible caos. Y que es el
sentimiento de ese caos, asi como el apego de nuestros con-
temporincos a esa estipida idea de la libertad, lo que los arro-
ja a las redes de los dispositivos. Pero también vemos la
potencia de la que disponen aquellos que han aprendido cl
arte de ligar y desligar. Y nos imaginamos la fucrza terrible
que tienen en sus manos aquellos que claboran colectivamen-
te el jucgo de las formas-de-vida que les afectan. No tememos
llamar commnismo a la puesta en comun, alli donde sea, de dicha
fuerza. Porque entonces los humanos llegan a la madurez y
tienen en sus gestos la soberania del nifio.

“Puede que el hombre de la edad de piedra dibujase el alce de mane-
ra tan incomparable porgue la mano que mangjaba la punta ain recor-
daba el arco con el cual habia abatido al animal”

El mand fluye, reinventemos la magia.

121
COMUNICADOS DEL COMITE DE OCUPACION
DE LA SORBONA EN EL EXILIO (COSE)

Cuands el movimiento anti-CPE comenzaba, algunos centena-
res de manifestantes ocuparon la Sorbona por primera vez desde
mayo del 68. Rapidamente, un desalejo policial recibido con
escaleras de mano arrojadas desde el tercr piso, supuso el ini-
cio de lu primera de una serie de revmeltas nocturnas en Paris
Despojado demasiado pronto de su base de peraciones, e comi-
1 de ocupacitn de la Sorbona se declars e exilio, desde donde
redacts estos comunicados.

123
(Comunicado n.” 1)
RECTIFICADO

Como desgraciadamente algunos errores poco afortuna-
dos se han inmiscuido en las notas de prensa, ¢l Comité de
Ocupacion de la Sorbona en el Exilio (COSE)" quiere hacer
las siguientes rectificacionc:

1. Es verdad que hemos lanzado sillas, escalcras y extinto-
res sobre la Gendarmeria Movil: que cerraba el acceso a la
Sorbona a nuestros camaradas. En cambio, ningin libro s ha
movido de su sitio. Nuestro objctivo cra hacer recular a los
policias con ¢ fin de liberar la entrada y nos cuesta creer que
tales Robocops pudicsen temer ¢l impacto incluso de un
tocho de sociologia. Se nos acusa de haber arruinado algunos
uniformes con nuestros proyectiles. Aquellos que aporrean y
humillan a nuestros hermanos y hermanas cada dia en todo l
pais pucden comenzar a contar sus heridos. Nos son indife-
rentes.

1. Algunos imbéciles de I UNEF y de otos sitios se han permitido protestar
contra nuestra firma: ¢a quién representamos? Y en primer lugar, shemos sido
elegidos segin las normas? ;Por una asamblea soberana? s ne
sabera esos tarados que un comité de ocupacion esla instancia logistica de una
ocupacién ~aquellos que se encargan del avituallamiento, de los tumos de
guardia, del mantenimiento de los bafios, ete.— y que un tal comité “en el exi
lio”, estando la Sorbona milltarmente controlads, era un guiso humoristico,
una contradiccidn en los términos, un poco como un marsista de buena fe.

sario hacer

2. Gendarmeria Moy

~Cuerpo de policia cuya tarea s la de vigilancia y man.
tenimiento del orden en puntos sensibles del territorio (embajadas, estaciones,
universidades). (N. del T)

124
2. Reconozcimoslo, Entre nosotros, algunos han tratado
cfectivamente de oponerse a cstos lanzamicntos, que asimila-
ban a la “violencia”. Este reflejo condicionado corre a cuenta
de la cducacion castradora que recibimos, de la pacificacion
que sufrimos. Estas oposiciones deben mucho también a la
confusion y a la falta de discusion, que habrian seguramente
convencido a cada uno de la imperiosa necesidad de este gesto.

3. i faltaba un argumento para terminar con el buen sen-
tido ciudadano de los oponentes en cuestion, la irrupcion de
los CRS en la facultad forzando la cntrada, armados y sin
posesion de un carné de estudiante de la Sorbona, asi como
la utilizacion de hachas para romper las puertas de madera
maciza, lo ha proporcionado. Con cllo ¢l Estado ha mostra-
do que sc ubica deliberadamente en el terreno de los destro-
205, terreno del que serfa absurdo desertar.

4. La Sorbona cs un cdificio que nos interesa realmente
mucho, tanto por su vetustez como por su caricter laberinti-
co. Por cso los dafios que sufti s limitaron a los cstricta-
mente necesarios (apertura de pucrtas, limpicza del local de la
UNT, etc.); también por cso no la hemos incendiado.

5. Durante la ocupacion, ¢l senador Mélenchon sc intro-
dujo en los edificios gracias a la complicidad de algunos infil-
trados de la UNEF, Su llcgada desencadend espontincamen-

3. UNL-Sindicato de estudiantes de extrema derecha, con presencia en todas
del'T)
~Unién nacional de estudiantes de Francia. (N. del T.)

Ias universidades francesas.

4. UNEI

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te su expulsion, ante lo burdo de semejante maniobra de
recuperacion. El hecho de que haya entrado con la ayuda de
la policia (y no por los andamios, como todo ¢l mundo) dice
bastante de la ignominia de este personaje.

6. Nuestra cxpulsion no hace mella en nuestra determina-
cion, al contrario. Volveremos cuando asi lo decidamos.

Paris, domingo 12 de maro del 2006
Comité de Ocupacion de la Sorbona en el Exilio

(Comunicado n.” 2)

PRECISIONES

La Sorbona, con sus aires de cternidad. Prefiada de histo-
tia suspendida. Pasillos de marmol como un estanque helado.
“A falia de sol, aprende a madurar bajo cl hiclo”. Hace dicz
dias, un deshiclo, una velada contra los siglos. Un fucgo de
mesas, las octavillas de Ia UNI: llamas mds altas que un hom-
bre, en medio del patio, cl patio de onor. Esto ya no s mur-
mura cn los anfitcatros, n los pasillos, esto ya no se discute,
esto s entrechoca, a la biisqueda de una composicion. Esto
comienza. Esto lanza gritos, extintores, sillas, escaleras de
manos, sobre los polis. Un monstruo despicrta.

El poder cs estipido. Corre sin sentido. Ha creido aniqui-
lat, expulsindonos, el soplo que ha cmergido alli. Estupidez.
Estupidez pesada como la torre de un ordenador arrojada
sobre el casco de un CRS, Exilidndonos, no ha hecho mas que

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extender al mundo nuestro terreno de accion. Gracias les scan
dadas por habernos quitado mestra Sorbona, por habernos
desposcido de clla. Imponicndo ahi a su policia, la ha ofrccido
a todos los desposcidos. A la hora cn la que escribimos, la
Sorbona no pertencee ya a sus estudiantes, pertencee a todos
aquellos que, por la palabra o cl céctel, pretenden liberarla,

Desde nuestro exilio, cntonces, algunos pensamicntos
sobre el estado del movimicnto,

Precision n.® 1: Estamos en lucha contra una ley votada
por mayoria por un parlamento legitimo. Nuestra sola cxis-
tencia prucha que el principio democritico del voto mayorita-
tio cs rebatible, que cl it de la asamblea general soberana
pucde ser una usurpacin. Compete a nuestra lucha limitar
tanto como sea posible la tirania del voto mayoritario.
Demasiado espacio acordado a las asambleas generales nos
paraliza y no sirve mas que para conferir una legitimidad de
papel a algunos buréeratas en ciernes. Las asambleas neutra-
lizan cualquicr iniciativa instituyendo la separacion teatral
entre los discursos y los actos. Una vez votada la huclga ilimi-
tada hasta la retirada de la ley sobre la igualdad de oportuni-
dades, las asambleas gencrales deben convertirse en un lugar
de palabra, de puesta en comin de pricticas, de ideas, de
descos, un momento de nuestra constitucion en fucrza, ya no
la escena de todas las luchas de poder, de todas las intrigas
para imponer la decision.

Precision n.® 2: La burocracias sindicales, aunque persistan
en sus habituales manipulaciones, no son un obsticulo mas
importantc para ¢l movimicnto real que los reflcjos ciudada-

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nos de pacificacion, difusos entre nosotros. Durante la noche
de las expulsiones de la Sorbona, una parte de los estudiantes
no sabia por qué estaban alli ni lo que podian hacer, menos
todavia qué debian hacer. Pascaban consigo la angustia de una
libertad ofrecida pero imposible de tomar, a falta de haberla
descado. Una semana mis tarde, al hilo de las ocupaciones y
de algunos cnfrentamicntos con las fucrzas del orden, la
impotencia reivindicada cede el lugar al gusto inocente de la
accion directa. El pacifismo retorna a lo que no deberia haber
dejado de ser jamas: una benigna patologia existencial.

Precision n. 3: La lucha pertencee a los que la hacen, no
alos que querrian controlarla.

Precision n.” 4: El movimicnto permanente, ¢l de la circu-
lacién de todo, cs la condicin paradéjica del mantenimicnto
en buen estado de la maquinaria capitalista. Tan paradéiico
como que la interrupcién de su funcionamicnto cs la condi-
cion de todo inicio de cambio radical. Por medio del bloqueo,
luchamos contra el bloqueo absoluto de Ia situacion.

Precision n.° 5: Nos referimos al 68, es cierto, no a aque-
llo que dfectivamente ha pasado cn 1968, a su folclore, a la
Sorbona ocupada de cntonces, a las barricadas del Barrio
Latino, sino a aguello que no pasé, a la conmocion revoluciona-
tia que 10 turo lygar. SE querria, proyectindonos hacia el pasa-
do, sacarnos de la situacion y hacernos perder la intcligencia
estratégica sobre clla. Tratando cl 68 como un simple movi-
micnto estudiantil, s querrfa alcjar la amenaza todavia pre-
sente de cso que | 68 ha sids sin embargs, una huelga general
salvaje, un estallido de huclga humana.

128
Precision n.” 6: La idea de debatir democraticamente, cada
dia, con los no-huclguistas, sobre la reconduccion de la huel-
ga cs una aberracion. La huelga no ha sido jamds una pricti-
ca democritica, sino una politica del hecho consumado, una
toma de posesion inmediata, una relacion de fuerza. Nadie ha
votado jamés la instauracién del capitalismo. Aquellos que
toman partido contra la huelga se ubican pricticamente del otro
lado de una linea del frente, a través de la cual no podemos
intercambiar mas que increpaciones, golpes y huevos podri-
dos. Frente a los referéndums convocados para romper la
huclga, no hay otra actitud a adoptar que su anulacién por fodos
los medios.

Precision n.” 7: Una extrafa idea obsesiona a este movi-
micnto: una ocupacién de las facultades cn las horas labora-
bles. Una ocupacion que no ser liberacion del espacio.
Donde vigilantes, bomberos, administraciones, bajo pretex:
tos de autoridad y de scguridad, continuarian cjerciendo su
imperio infantilizante, donde la universidad continuaria sien-
do universidad sin més. Es verdad que una vez conquistado
este espacio, deberiamos poblatlo, poblarlo de otra cosa que
del desco de volver a la normalidad. Ubicarnos serenamente
ante la perspectiva de que 10 habri retormo a la normalidad. Para
lucgo habitar csta irreversibilidad.

Precision n.° 8: Las coordinaciones nacionales reflejan la
esterilidad de una cierta idea, clisica, de la politica. Los sin-
dicalistas y los grupisculos izquicrdistas (PT, LCR, LO,
UNEEF, SUD, FSE, Combate, CRI, Grupo bolchevique) pro-
ponen a las inexpresivas asambleas generales plataformas
pre-redactadas por sus dirceciones. En un ambicnte que

129
hucle al enésimo congreso del PCUS, la coordinacion nacio-
nal no desplicga mis que un jucgo de poder soviético entre
organizaciones’. Oponemos a csto la idea de una coordina-
cion paralca siguiendo el cjemplo del movimiento de estu-
diantes secundarios del afio pasado, una coordinacién abict-
ta que no es mas que un lugar itincrante de claboracion cstra-
tégica nacional.

Precision n.° 9: Somos los herederos del fracaso de todos
los “movimicntos sociales”, no sélo de cstos dltimos tres
afos (profesores, jubilados, intermitentes del especticulo,
LMDY, EDF, cstudiantes de sccundaria), sino al menos
desde 1986, De csos fracasos, hemos sacado lecciones. La
primera de cllas es sobre los media. Haciéndose cco de los
movimicntos, los media se convicrten de hecho en un compo-
nente del mismo que, cuando sc retira (generalmente al
mismo tiempo que las burocracias sindicales), provoca su
hundimicnto. La fucrza de un movimicnto cs su potencia
efectiva, no lo que se diga de €, los cotilleos que ocasione.
El movimicnto debe cuidarse por todos los medios, incluso
por la fucrza, de la influencia medidtica y claborar una pala-
bra que le sea propia.

Precision n.” 10: Ninguno de los “movimientos sociales™
de los ultimos afios ha obtenido en meses de “lucha™ lo que

5. En francé
6. LMD -]
truccin del espacio curopeo de ensefianza superior (proceso de Bolonia). (N.
del T)

7. EDF~Ehericté de France. (N. del T))

. en el original, “orgas”. (N. del T:)
icense-master-doctorat. Aplicacion al sistema fran

és de la cons.

130
los insurgentes de noviembre® han obtenido discretamente en
tres semanas de revuclta: suspension de todas las cancelacio-
nes de ayudas sociales en sus barrios, reestablecimiento de la
financiacion a todas las asociacioncs, incluidas las mis absur-
das. Y sin pedir nada. Reivindicar cs formular la propia cxis-
tencia cn los términos mutiladores del poder, cs conceder al
adversatio la ventaja del terreno. Incluso desde el punto de
vista de quicn quicre obtener alguna cosa, cs estipido.

Precision n.° 11: Se acabaron las marchas, las jornadas de
accion decretadas por las centrales. {Ocupaciones y manifes-
taciones salvajes! La asamblea de huclguistas de Rennes pre-
fiere las manifestaciones de “recorrido intuitivo”, rechaza
seguir los recorridos autorizados por la prefectura con pre-
sencia de sus csbirros. El servicio de orden ha cambiado de
funcion ¢ incluso de nombre: se llama “servicio accion” y se
organiza para cl enfrentamicnto con las fucrzas del orden.

Precision n. 12: Que no nos vuelvan a decir que lo que
hacemos cs “ilegitimo”. No debemos considerarnos a nosotros
mismos desde el punto de vista de los espectadores de la lucha

a los disturbios que se iniciaron el 27 de octubre del 2005 cerca
que se extendieron ripidamente al resto de Francia. Fl detonante
fue la muerte de dos adolescentes de origen africano, quemados tras una elec-
trocucion mientras escapaban de la policia en la ciudad periférica de Clichy
sous-Bois. Tuvieron lugar durante tre: e caracterizaron por el
incendio de miles sy por violentos enfrentamientos entre cien
Ia policia francesa. Los disturbios fucron en aumento lucgo

de automér

tos de jéven

de que Nicolis Sarkozy, entonces ministro de interior, tratara a los manifes
tantes de “racaille”, literalmente: escoria. Tl gobierno impuso el toque de
queda en varias ciudades. (N. del T)

131
¥ menos aiin del adversario. La legitimidad pertencee a quicn
picnsa sus gestos. A quien sabe lo que hace y por qué lo hace.
Esta idea de Ia legitimidad cs evidentemente heterogénea a la
del Estado, la mayoria, la representacion. No obedece al
mismo tipo de racionalidad, establece su propia racionalidad. Si
lo politico consiste cn la gucrra entre diferentes legitimidades,
entre diferentes ideas de la felicidad, nuestra tarca cs darnos cn
o sucesivo los medios de esta lucha. Sin otro limite que aque-
llo que nos parezca justo y gozoso.

Paris, lunes 20 de marzo del 2006
Comité de Ocupacion de la Sorbona en el Exilio

(Comunicado 4°)

ULTIMO COMUNICADO DEL COMITE DE
OCUPACION DE LA SORBONA EN EL EXILIO

Las facultades han reabicrto las pucrtas. Los estudiantes
han retomado sus clases y los profesores, su chichara de
micrda. El ciclo planctario de la vida micro-dosificada aca-
bari como estaba previsto —como siempre— cn junio: ten-
drin lugar los eximenes, lucgo uno podri disfrutar de sus
merccidas vacaciones al sol. Todo indicatfa un perfecto
retorno a la normalidad si no fucse por ¢l muy notable
empeiio de todos en simulatlo. En hacer coo s nada hubic-
sc ocurrido, como si durante dos meses de ocupacion no se
hubiese impucsto una normalidad tan distinta. Una norma-
lidad donde los anfiteatros son dormitorios, donde los veci-
nos son camaradas o cnemigos, donde la lucha torna los

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seres deseables y no s6lo seductores, como lo quicre la sepa-
racién acostumbrada. A decir verdad, todo cse pequerio
mundo universitario cs cxcesivo. Hay una febrilidad, una
exageracion cn las expresiones, una torpeza que traiciona cl
trabajo en curso: rechazar la evidencia de que podria ser de
otro modo, que la vida no s parece necesatiamente a csta
carrera de hamsteres cnjaulados.

Y en efecto, no hay retorno a la normalidad. Lo que hay es
un proceso de normalizacion: una guerra a ultranza contra la per-
sistencia del acontecimiento. No nos referimos a la simple toma de
conciencia de hechos cominmente admitidos sobre el fin del
movimiento, la funcién policial de los sindicatos, el necesario
recurso a la destruccion, la alegria de pasarse la vida blo-
queando la economia y no dejindose formatear para cuando
llegue ¢l dia de servitle o ¢l retorno del fucgo como prictica
politica clemental. Hablamos de amistades. Toda amistad con-
serva un rastro de las condiciones de su nacimiento, del
momento del encuentro. Las que se han tejido alli guardarin
siempre consigo un olor a gas lacrimégeno, un pequefio res-
plandor de automévil en llamas, de escaparate que cac, un
lejano rumor de revuelta; y ese rastro les devolvera a ellas. Los
sindicalistas, los izquierdistas, los militantes han vivido un
movimiento social. Uno mis.

Los “movimientos sociales”, en su ritual cien veces repeti-
do y siempre derrotado, gozan de una tolerancia local.
Pertenceen al folclore de este pais. “Para nucstra vergiicnza”,
dicen unos, “a nucstra mayor gloria”, picnsan los otros. En
ambos casos forman parte de la gestion democritica a la fran-
cesa, de la que son ¢l momento carnavalesco, después del cual

133
todo vuclve al orden. Los gobernantes bien pucden interpre-
tar cl papel de monarcas siempre que dejen a la poblacion cl
derecho de parodiar 1789,

Por nuestra parte, hemos vivido un acontecimiento. Un acon-
tecimiento se reconoce en las intensidades que produce
—levantar juntos, a golpes de valla, ¢l pavimento de una plaza
destinada a los turistas, coordinar un ataque con cécteles
molotov, discutir un texto hasta la madrugada—, tanto como
en las fallas que dibuja, en los posibles que desvela. Lo que
queremos sehalar aqui es lo que s ha conquistado de mane-
ra irreversible, aquello que ningin “fin de movimiento”
pucde poner en duda, lo que hace de los dltimos meses, no
un paréntesis en el curso regular de la vida social, sino una
segunda ola, después del incendio de noviembre, en l lento
ascenso de una onda insurreccional.

1.

Una consigna se oye en Rennes: “No somos pacifistas.
Libtamos la gucrra al capitalismo”. Toda la manifestacion la
retoma. Mis tarde, paraddjicamente, algunos pacifistas
defienden a una hilera de policias a pusictazos. Finalmente,
son expulsados de la manifestacion, Una pancarta: “todos
somos alborotadores™, votada por la asamblea de Rennes 2,
se convierte en Parfs en l estribillo de una manifestacion sal-
vaje donde locales del PS, de Charlic Hebdo®, de bancos y
agencias de trabajo temporal son destruidos por igual.

francé:

en el original, “Noss sommes tons des cassers”. (N. del T.)
10. Charlie Hebdo.-Semanario satirico francés. (N. del T.)

134
2.

No existe la cuestion de la “violencia”, s6lo hay una toma
de partido cn una guerra que ya ha comenzado, y la cuestion,
entonces, de los medios adecuados para obtener la victoria.

3.

Durante toda la duracién del movimicnto hemos asistido
a csta constante operacion policial de distinguir entre buenos
manifestantes y malos alborotadores. En ¢l transcurso de las
semanas, cn Paris, “alborotador” ha querido decir cn primer
lugar “anatco-auténomo cnfrentindose a la policia delante de
la Sorbona”, después “incontrolado desafiando a las fuctzas
del orden en la plaza de Nation” y finalmente “joven de los
suburbios, agresor de manifestantes, que desvalija méviles cn
la plaza de los Invalides”. Al final de su deriva seméntica, cl
“alborotador” ya no rompe nada, lincha manifestantes. El
término aparcee entonces como lo que es: un significante
vacio para uso exclusivo de la policia. La policia tienc este
monopolio: forjar cl perfil de la amenaza.

Designando a los clementos mis decididos como sujctos
extranjeros al movimiento, cscinde o movimiento de si
mismo y de su propia potencia, lo vuclve extranjero a su pro-
pia potencialidad ofensiva, a su seriedad. El perfil de la ame-
naza, en nuestros dias, cs cl inmigrante-criminal, ¢l “barbato
de los suburbios”. Alegando asi que todo “cxtranjero” cs un
subversivo en potencia, SE quicre insinuar cn primer lugar
que un buen francés no tienc ninguna razon para convertirse
en lo mismo; cuando, en realidad, jamds han sido tantos los
que no se sicnten ya cn su casa en el fiincbre decorado de la
metropolis capitalista.

135
4.

Para que nos entendamos, corear “todos somos alborota-
dores” no cs afirmarse cn tanto que sujcto “alborotador”,
sino solo desbaratar la operacion policial en curso. Admitir cl
destrozo como prictica politica significa manifestar la cxis-
tencia cotidiana de bancos, cscaparates y tiendas a la moda
como momentos de una gurra silenciosa. Destruir, al mismo
tiempo que una cosa, la cvidencia ligada a su existencia.
Romper, cn definitiva, con la gestion democritica del conflic-
t0, que se acomoda tan bicn a las manifestaciones contra esto
0 aquello, micntras ninguna toma de posicion tenga cfectos.

5.

Hablamos de operacién policial. Distinguir cn csta policia
entre gendarmes, sindicalistas, periodistas, buréeratas y poli-
ticos cs superfluo, tan patente ha sido su complicidad. Los
tpicos periodisticos han servido a las investigaciones de la
policia, micntras que cl servicio de orden de la CGT* aporre-
aba a nucstros camaradas y los entregaba a los CRS, jactindo-
se de cllo en los periodicos del dia siguiente. Todos han cola-
borado en csta operacion: darle consistencia a la escision
entre “alborotadores” y “manifestantes”. Y no lo habrin
logrado mis que una vez, cn Paris, cl 23 de marzo. En todas
partes ha hecho maravillas la indistincion tan temida por cl
ministro del Interior —si hubiese una conexion entre los
estudiantes y las periferias, todo scria posible, incluida una
explosion gencralizada y un espantoso fin de legislatura”.

11. CGT.~Confederacién general de trabajadores, principal sindicato francés
vinculado al PCF. (N. del T))

136
Estrasburgo, Nantes, Grenoble, Toulouse, Rennes, Lille,
Drancy, Cacn, Rouen, jamis en la historia reciente de Francia,
los centros de las ciudades vivieron noches de disturbios con
tanta regularidad.

6.

El 21 de marzo, una manifestacion de cstudiantes de
sccundaria acaba cn los jardines de Luxemburgo. En la cabe-
cera un grupo de 200 chicos de los suburbios v, a lo largo de
todo l recorrido, un servicio de orden que se convierte en
cordén sanitario cada vez que se aproima una banda.
Finalmente, los burécratas deciden modificar el rumbo de la
manifestacion antes del final, dejando al grupo de cabecera
entre los CRS y los servicios civiles. Dos dias mas tarde, los
Invalides. Una manifestacion mas blindada que nunca s
tomada como blanco de pillajc y linchamicnto por aquellos
que habian sido tan amablemente apartados del resto. No
hay quien lo cntiendal

Dos modos de moverse en la calle convertida en espacio
hostil, propicdad de policias, automéviles y cimaras: la mani-
festacion y la banda. La manifestacion: uno llega individual-
mente, se junta por algunas horas con sus “camaradas”, gita
algunas consignas que ya no se llega a creer y, en los dias de
entusiasmo, canta canciones como La Internacional, que ain
estremecerian si todavia significasen algo. Una banda sonora
viene a cubrir favorablemente el mutismo de la asamblea y el
vacio de las relaciones. Manu Chao, Zebda, La Brigada, etc.
Luego cada uno vuelve individualmente a su casa donde tiene
toda la libertad para pensar lo que quiera. Paseo digerible para

137
rebadio sindicado, desfile de soledades protegidas por un ser-
vicio de orden. La banda: s desembarca juntos provistos de
material. Se tiene una cierta idea de lo que se ha venido a Aacer.
Pegarse con la policia, quemar Paris, liberar la Sorbona,
desvalijar ticndas, teléfonos méviles, alarmar a periodistas, a
manifestantes.

Uno se mueve de a cincucnta como un solo hombre. Si
uno corre, todos corren. $i uno pega, todos pegan. Si a uno
le pegan, todos lo defienden. Reflcjos de horda. Jerga
comiin. Disposicion a la cstupidez, al scguidismo, al lincha-
micnto. Movilidad extrema. Hostilidad frente a lo descono-
cido, a lo inmévil. Muchas veces, en los dltimos afios, csas
dos mancras de moverse han chocado en Paris.
Particularmente ¢l 8 de marzo del 2005 y después en los
Invalides. Cada vez, la confrontacion ha virado a favor de las
bandas. Cada vez, cl individuo separado de la manifestacion,
con su libertad de expresion, su derecho a ser ¢l mismo, a
tener su movil, su cucnta bancaria y sus rastas, ha salido
magullado, traumatizado. Traumatizado por chicos de quin-
ce afios. Traumatizado por una crucl altcrnativa: organizarse
a su vez en banda o acabar pisoteado. A menos que tome
partido por esta verdad: e individuo liberal tiene a la policia por
condicign. Esta cs la evidencia que SE ha querido negar des-

Fillon sobre la edu

refiere a la manifestacidn mis grande contrala 1
cacion en Francia, que provocd un importante movimiento de protesta de
estudiantes de sccundaria entre diciembre del 2004 y abril del 2005. I 8 de
marzo los manifestantes fucron agredidos por bandas de jévenes de la perife
tia que, introduciéndose en la manifestacion, los golpearon y robaron ropa de

marca, dincro, méviles, ctc. Parte de los manifestantes y delos sindicatos estu

diantiles se quejaron de la indiferencia policial ante

138
pués de cada una de estas confrontaciones, mediante un bru-
tal ataque de mala fe.

8.

La comunidad no se expetimenta jamds como identidad,
sino como practica, como prictica comin. La identidad vuelve
al galope cada vez que la prictica se retira. Alli donde se ocu-
paba, alli donde se rompia, alli donde se hacian pintadas, alli
donde se volcaban automéviles, nunca fue cuestion de ads-
cripcion sociolégica, de estudiante de instituto de la periferia
o pequeiio burgués.

9.

El CPE" fuc de entrada un pretexto. Pretexto de movili-
Zacion para las organizaciones sindicales, pretexto de bloqueo
para los cstudiantes, pretexto de rebelion para muchos.
Lucgo, frente al desprecio' gubernamental, el CPE sc convi
i6 cn una cucstion de honor. De mancra que su retirada no
fuc vivida cn ninguna parte como una victoria, sino como la
simple retirada de una ofensa. El afecto dominante del movi-
miento fue cl sentimicnto de que se burlaban de nosotros cn
nuestra cara, un sentimicnto de cstafa, Afectacion reactiva,
moderada pero potente. Y cs en virtud de csta moderacion
que ¢l movimicnto ha llegado a las pricticas radicales, a pric-
ticas a la altura de la guerra en curso: ¢l ataque a la policia y cl
bloqueo de la cconomia. Por ahi sc ha encontrado con los

13. CPE
14, En francés, cn el original, “Hogra”. Desprecio, en dialecto argelino, tér
mino utilizado en Argelia a partir del 2001 para designar la actitud de las auto
ridades frente al pueblo. (N. del T.)

‘ontrato de primer empleo. (N. del T)

139
piquetcros argentinos, los insurgentes de Argelia y los suble-
vados de noviembre.

10.

El contenido de una lucha reside en las pricticas que
adopta, no en las finalidades que proclama. Hablamos aqui de
“pretexto” porque cuando cargamos contra los CRS al grito
de “retirada del CPE”, podtfamos haber empleado cualquier
otro grito de guerra para infunditnos coraje; por lo demés no
éramos los tinicos gritando “cl CPE nos importa una micrda,
Io que no queremos es trabajar™ mientras invadiamos las
vias férreas. El contenido cfectivo del movimiento fue, pues,
el bloqueo total de la cconomia y ¢l ataque a las fuerzas del
orden, la interrupcion de la circulacién de mercancias y la
liberacién del territotio de la ocupacién policial. Entrar en cl
proceso insurreccional pasa por querer los medios que nos
dibamos en tanto que tales. Algo para lo que la forma “movi-
micnto” no conviene. Y a lo que una cierta inconsistencia
estudiantil no predispone mucho. Que supone, sobretodo, la
aspera determinacion a organizarse materialmente.

11.

La lucha contra cl CPE fuc una lucha contra “la precaric-
dad”. Es lo que dicen los sindicatos. “La precaricdad”, térmi-
no confuso y oportunista, les evoca no se sabe bien qué
desastre biblico que golpea al asalariado, revelando de mane-
ra indirecta, su propio apego al antiguo orden del trabajo.

15. En frang
del T)

s, en el original, “CPE on st fout, on veut pas bosser difout". (N.

140
Es lo que dicen los periédicos, que no entienden nada. Y
es lo que dicen los recuperadores negristas, que ven ahi un
nuevo paso hacia la incluctable “renta bisica”, sintesis comi-
ca del socialismo y de Ia cibernética. Ciertamente, las consig-
nas del movimicnto no afiadicron claridad al debate. Al débil
reflcjo que consistié en deducit del “CPE, no, no, no” un
“CDI, si, si, s, es decir defender el statu quo de la explota-
cion frente a su agravamiento, cl reflejo radical fue decir “ni
CPE, ni CDI”. Anteponicndo al simple “rechazo a la preca-
ricdad”, ¢l “rechazo al trabajo asalariado”. Y vimos colgada
¢n dl College de France ocupado, una pancarta que decia
“CPE, CDI, siempre ¢l mismo STO™. En realidad, lo que s
jucga en cl engafioso término de “precaricdad” no s una sim-
ple degradacion del trabajo asalariado clisico, sino la redefini-
cion misma de lo que se entiende por el trabajo. Si durante
mucho tiempo, trabajar queria decir “hacer lo que se os dice
que hagiis”, de ahora cn adelante trabajar significa “ser quicn
se os dice que sciis”. Cualquicr trabajador cn pricticas cs
consciente de las sonrisas que debe fingir, la jerga empresarial
que es necesario tragar, la cntusiasta sumision que debe mani-
festar, s decir la mascara que hay que asumir para hacerse
aceptar por ¢l mundo de la empresa. Sabe que integrarse a la
sociedad solamente quicre decir integrar la sociedad en 1o mismo,
¢ integrars a la cmpresa, integrar la cmpresa en uno mismo.
Ahora bien, ¢l periodo de pricticas de dos afios que preveia
¢l CPE cs exactamente ¢l tiempo necesario para compertirse en

16. CDL~Contrato de duracién indeterminada. (N. del To)
17. STO.-Servicio de trabajo obligatorio. Reclutamicnto forzado que lleva
ron a cabo los alemanes en Francia, en los albores de 1943, Miles de j6

huyeron y sc unieron a los maquis. (N. del T:)

141
la miscara que 1no lleva, para encarnar el personaje esperado a
fucrza de imitacion. Si l trabajo asalariado clisico ha sido
finalmente tan poco criticado dentro del movimicnto anti-
CPE, es porque csta critica ya ha sido ampliamente hecha, y
en la prictica, por cl capitalismo.

Toda esa gestion participativa, todas csas “tarcas cnri-
quecedoras”, toda esa individualizacion de los horarios y de
las condiciones de trabajo, toda csa retérica de la motiva-
cién, fucron clementos de una respuesta a la crisis del traba-
jo asalariado clasico ya cn los afios 70, cuando toda una
gencracion rechazé masivamente trabajar. Lo que ha sido
rechazado en ¢l CPE no es pues ni cl trabajo asalariado ni
su crisis, sino la redefinicion del trabajo gue resulta de esta cri-
sis, el clemento de swjecidn del trabajo contemporinco, aque-
llo por lo que este nos moviliza subjetivamente, viniendo a
constituirnos un “yo” socialmente calibrado. El despido
arbitrario no hace mds que ratificar cste nuevo régimen,
donde se os ccha por lo que sois y no por lo que hacéis, por
la desviacion con respecto a una norma de conducta y no
por la infraccién de una cliusula del contrato. El eslogan
“CPE, no, no, no / CDL, s, si, si” expresaba menos el deseo
servil de ser explotado ocho horas por dia como todo cl
mundo, que el rechazo a dejar que el trabajo nos forme y
penctre nuevas profundidades, nucvas capas del ser. Si l
trabajo ya no es principalmente ¢l intercambio contractual
de una suma de dinero a cambio de una porcion de tiempo,
sino csta fibrica maniaca de subjetividades conformes, cn
virtud de la cual un maniqui que no hace nada no cesa jads
de trabajar, entonces podemos mandar al musco l instru-
mento de la huclga general. Viene ¢l tiempo de la huclga
humana, en ¢l que uno comicnza por dejar de ser quien debe

142
ser, donde uno se vincula mas alli de las identidades y los
cédigos existentes, donde uno hace saltar todo cl universo
de lo previsible. Viene ¢l tiempo en cl que son paraddjica-
mente aguellos que no trabajan los que inventan las nucvas for-
mas de Ia huclga.

12.

El bloquco de las universidades no ha sido solamente un
medio de perturbacion, una apropiacion. Ha sido una condicion
previa, cl medio de los bloqueadores para organizarse, para abrir
la pucrta a nuevas situaciones. Bloquear la facultad y asi poder
bloquear otros lugares. Ripidamente, una vez liberados de los
fastidios académicos, universitarios y cstudiantes secundarios
han propagado su desco de paratlo todo. En lugar de suplicar a
las centrales sindicales una dedlaracion de huclga gencral, han pro-
pagado sobre las vias, las rutas, las oficinas y los centros comer-
ciales Ia huelga humana. Lo que es verdad para las facultades lo cs
también fucra de cllas: cn una via de acceso a la ciudad, cuando
miles de conductores se paran, apagan sus motorcs, osan por
fin salir de sus vehiculos para discutir alrededor de las fogatas;
0 cn una Planta de Clasificacion cuando el bloqueo de camio-
nes permite la emergencia de una palabra comin, ripidamente
amordazada por la intervencion del GIPN®, Toda esta socicdad
hace pensar en cl Sipermacbo de Jarry: un cadver del que no se
podri constatar la muerte hasta que no se parc la miquina. Por
€50 crece en cada uno de sus engranaics el desco de que todo se
pare y por 50 sus gestores o retrocederin ante nada para que
n0 deje de girar permancntemente.

18. GIPN.-Grupo de intervencion de ka policia nacional. (N. del T.)

143
13,

Cuando existian organizaciones y un programa revoluciona-
tio s6lo importaba la finalidad. Para la revolucion todos los
medios cran bucnos. Lucgo, con la pérdida de toda perspecti-
va tevolucionaria, vinicron los movimicntos sociales; en los
que uno sc agita y se congratula de cstar “todos juntos”, sin
saber cxactamente con qué fin. Y como falta la finalidad, los
medios mismos fluctiian. Ya no sc sabe como hacer, uno tiene
experiencias. Pegarse un poco con los polis, manifestarse un
poco salvajemente, divertirse durante la ocupacion y lucgo,
cuando todo recac, retomat los estudios, volver al destino indi-
vidualizado habiendo hecho algunos colegas. Los movimicntos
ofecen ese confort de no comprometer demasiado: tienen un
comienzo, un apogeo y un desenlace. Y cuando el poder toca
a fin del recreo, no sc ticnen muchos escriipulos para volver a
la fila: uno no sc habia alcjado demasiado de clla. Nosotros
decimos que alli donde experimentamos la alegria, alli esti
nuestro destino; que los fines son inmanentes a los medios; que
es necesario vincularnos a las pricticas que nos colman de gozo
como a nosotros mismos. “Y el instante en que he sido yo-
mismo cs cfectivamente la vida, Ia vida misma, la vida comple-
ta”. Hemos vislumbrado en ¢l bloqueo de la economia y en cl
aniquilamicnto de la policia cl destello de una vida histrica a la
que nada nos hard renunciar, pasc lo que pase.

14.
Hannah Arendt apuntaba en 1970, con motivo de las agi-
taciones cstudiantiles de la época: “La esterilidad tedrica de
este movimicnto y la pesada monotonia de sus andlisis son tan
lamentables y sorprendentes como gozoso cs ver su alegria cn
la accién. (...) Lo que mds pucde hacer dudar de este movi

144
micnto, tanto en América como en Europa occidental, s una
especic de curiosa desesperacion que parcce serle inseparable,
como si todos los participantes estuvicsen de antemano con-
vencidos de que su movimiento seri aplastado”. Una revista
—LAntenne— describia en 1987 ¢l movimiento estudiantil de
1986 contra la Ley Devaquet cn estos términos: “Todo pate-
ce darse como si l cstado de la sociedad se hubicse vuclio
extremadamente favorable al surgimicnto de movimicntos
callcjeros que son exclusivamente movimientos de “expre-
sién”, repentinos, espectaculares, cnormes y, sobre todo, sin
masiana”. Mis que otros, los movimicntos estudiantiles pare-
cen cargados de esta nefasta idea de manilizaciin, que contiene
como su reverso depresivo el necesario retorno a la normali-
dad. Mavilizindose, cs decir, descuidando organizarse cn la
lucha sobre la base de nuestras necesidades, que no solamen-
e son necesidad de dormir y de comet, sino necesidad de pen-
sar, amar, construir, cstudiar y descansar, de estar solo o hacer
pifia, movilizindose, cs decir ponicndo entre paréntesis todo
esto, poniendo entre paréntesis todo lo que nos ata a la vida,
despreciando asumirlo colectivamente, nos aseguramos de
que vendri ¢l momento de agotamicnto donde cada uno verd
en el fin de la movilizacion un feliz reencuentro con los habi-
tos abandonados, con las pasiones crucialcs, todo cllo bajo cl
infecto signo de lo privado. Al contrario, cn ¢l cuidado de
organizarse sobre la base de nuestras necesidades se constru-
ye, de crisis en movimicnto, ¢l partido de la insurrcccion.

15.

En un mundo de flujos, ol partido de la insurrcccion no
pucde ser otra cosa que el partido del bloqueo, del bloguco fisi-
co de toda circulacion mercantil. Pero como al mismo tiempo

145
ese mundo de flujos es también ¢l mundo de la absoluta sepa-
racion, ol partido de la insurreccion debe ser también l parti-
do de la comunizacion, de Ia puesta en comiin. Tarde o tem-
prano, deberemos bloguear Rungis™”, pero no podremos hacer-
o sin tencr al mismo tiempo resuclto a escala local l proble-
ma del abastecimicnto, habiendo establecido para cllo las soli-
daridades necesarias. Si no s hubicse tratado mds que de con-
testar ¢l CPE, la asamblea soberana habria podido pasar por
una forma de organizacion razonable. Pero si sc trata de derri-
bar un mundo cn agonia, la forma clemental de organizacion
es la comuna. 1a comuna en tanto que nivel donde la organiza-
cion del bloqueo y de la vida compartida se encuentran. Donde
se puede bloquear todo porque no se depende ya de la circula-
cion general, donde no se depende ya de la circulacion gencral
porque se esti organizado para bloquear todo. Podria resultar,
encl curso de esta reapropiacion del territorio, que la metropo-
lis contemporinea, cnteramente estructurada por los flujos, no
sca compatible con ninguna forma de auto-organizacion y que
deba ser pues destruida por completo. La experiencia del pro-
ceso insurreccional argentino del 2001, limitado por la extrema
dependencia de Bucnos Aires, principalmente en lo que al
abastecimicnto de alimentos toca, da testimonio de clo.

16.
Por toda Francia, cn la estela del movimiento, se han for-
mado bandas, sc han ocupado casas, sc han constituido

19. Rungis.~Ciudad de la periferia de Paris donde esti el mercado de alimen
taci6n, que vende a todos los comerciantes. Rungis alimenta todo Paris. (N.
del T)

146
niicleos. No ha sido obra de antiguos militantes, sino de aque-
llos para quicnes la lucha no ha sido medio para un fin, la reti-
rada del CPE, sino medio puro, forma descable de la vida. De
aquellos que han experimentado la tnica comunidad quizi
accesible en la metropolis: aquella que funda la lucha para su
destruccion. De afio cn aio, de movimicnto de cstudiantes de
sccundaria en olas de incendios nocturnos, vemos implosio-
nar o que queda de esta sociedad y, en el mismo movimien-
t0, agregarse un substrato cada vez més vasto, cada vez mis
denso de desertores. La cuestion cs: ¢como convertir la
desercion en conspiracion? :Cémo hacer de las bandas una
fucrza? (Qué tipo de fucrza pucde operar ol pasaje de
una situacion de crisis, de movimicnto, a una situacion insu-
rreccional? Aquellos que dudaban de nucstra capacidad para
intervenir de una mancra histéricamente decisiva hatfan bien
¢n recordar como cn la ciudades mas inquictas —Renne:
Rouen, Cacn, Grenoble, Nantes, Estrasburgo— un numero
infimo de subversivos organizados ha bastado para cambiar
completamente la textura local del movimiento.

17.

El sibito desvanccimicnto del movimicnto se explica
ficilmente. Rechazando identificar a los sindicatos, los nedia,
la administracion, los anti-bloqueadores como enemigas, y
rechazando tratarlos como tales, ¢l movimiento los ha dejado
convertirse en una componente de si mismo. Ha hecho asam-
bleas gencrales con cllos y, aunque a veces los ha abucheado,
n0 ha /achads nunca contra cllos, representindose clla misma
como el consenso de la sociedad civil contra cl gobierno. Fue
una cuestion de democracia, Cuando todo ese bonito mundo
declaré con una sola voz la victoria y el enticrro del movi-

147
micnto, en torno a nosotros se hizo ¢l vacio: no éramos mis
que un pusiado de irreductibles al descubicrto.

18.

Al desvanccimiento del movimiento, tras ¢l anuncio de la
retirada del CPE, han respondido dos reflcjos caracteristicos:
el reflcjo militante y el reflcjo activista. De un lado los ente-
rradores del movimicnto llamaron a re-movilizarse, sin creér-
sclo, intentando, a través de un “colectivo de convergencia de
luchas” cualquicra, o de la “lucha contra la represion”, reclu-
tar un poco de carne fresca politizada. Es el mismo reflcjo
que ahota preside a los diversos grupos de depresivos de obe-
diencia trotskista, anarquista o auténoma que intentan darle
un porvenir a un movimicnto que cuando estaba vivo pasaba
de cllos. Del otro lado sc ve patalear a todo un conjunto de
grupos de accion que sueian con reproducir lo que han visto
cn otros lugares y que ya scria necesario superar: tardardn
todavia algunas scmanas o meses cn agotar, a fuctza de
voluntarismo, lo que conservan del espititu del movimicnto.
Unos patlotcan, pero los otros trabajan.

19.

El movimicnto no ha dejado de tropezar con dos cucstio-
nes que finalmente le dicron el golpe de gracia: la democracia
¥ la asamblea general. Aunque no fucron necesarias mas que
algunas decenas de enervados al inicio del movimiento para
bloquear un anfiteatro, un cdificio, una faculiad, 500, 1.000,
2000 personas debicron borrarse ante la “soberania” de la
asamblea general en ¢l momento de las votaciones por el des-
bloqueo. Seri aqui, frente al absurdo del jucgo democritico,
donde se pondra de manifiesto muy a menudo la naturaleza

148
del enfrentamicnto encubicrto por la cuestion del blogquco.
Entre bloqueadores y anti-bloqueadores, después del voro, se
liegari finalmente a las manos.

20.

La asamblea, como prictica, nos remonta a épocas donde
la vida, y por tanto la palabra, cstaban cargadas de comuni-
dad. Comunidad obrera o campesina, guerrera o popular,
guayaqui o hasidica. Siempre ha habido cn las asambleas una
teatralidad, un gregarismo, un panoptismo, jucgos de influen-
cias, de control, de hegemonia. Ahora no hay mis que cso.
Por es0 son evitadas. De ahi que, alli donde no ha podido sur-
gir una comunidad de lucha suficientemente amplia, las asam-
bleas generales se mantuviesen sin relacion con lo que pasa-
ba en la calle. Inadecuada al pensamiento libre tanto como a
la organizacion de la accion, ignorante de la amistad, la asam-
blea cs una forma vacia, un simulacro bucno para todo y para
nada. Frente a esta evidencia, cn el transcurso del movimien-
t0, algunos camaradas han llamado a desertar de las asambleas
para formar bandas. Han opucsto asamblea a comunidad. Es
un error. No s hace un llamado a la comunidad; clla sobre-
viene, tal y como se forma una banda, sin decision previa. Si
la palabra sc vuclve vacia cn las asambleas generales, no cs a
causa de los turnos de palabra, de las tribunas, de los burocra-
tas, sino a causa de lo que vuelve los turnos de palabra, las
tribunas y los burocratas posibles: la ausencia de toda comu-
nidad cntre los seres.

21.
Dijimos que volveriamos. Hemos vuelto. En la Sorbona
brevemente reocupada, una banderola flameaba al viento. En

149
clla podia leerse, en esa noche de tormenta: “Los movimien-
tos estin hechos para perecer. Viva la insurreccion!”.

22

Viernes 31 de marzo. Alocucion senil de Chirac.
Reagrupamientos espontancos en varios puntos de Paris. S
buscan, se encuentran, convergen sobre el Elisco, retroceden,
tuercen su camino para cvitar la gendarmeria mévil. 3.000
personas desde las 8 de la noche hasta las 4 de la madrugada.

Un vagabundeo salvaje de 25 kilometros. Una muchedum-
bre de todas las cdades, de todas las tendencias, idealmente
desarmada, desamparada por su propia potencia sin empleo.
Que pasa el pucnte de la Concorde, llega a la Asamblea nacio-
nal antes que la policia y por un pelo no la ocupa. Que vuel-
ve a flaquear ante las pucrtas del Senado. Que pasa delante
del Palacio de Justicia. Que remonta hacia Barbés y arrasa con
todo lo que el bulevar Scbastopol y ¢l de Magenta —cl famo-
50 “espacio civilizado” de Magenta— contienc de bancos, de
agencias de trabajo temporal, de cervecetias o, al grito
imperioso de “{Paris, cn pic, despiéraate”. Y que luego de
saludar a las prostitutas de Pigallc, sube hacia cl Sacré-Cocur—
“iViva la Comuna!”, se escucha en las bocas antes de leerlo,
pintado sobre cl innoble cdificio-, fracasando ahi también cl
intento de incendiarlo. Fucgo de alegria, pucs, frente al Sacré-
Cocur. Un tltimo McDonalds vucla en pedazos. Y en cl
camino a la sede de Pierre Lellouche® que pronto quedard

20. Pierre Lellouche.~Politico francés. Diputado de la UMP (Unién por un
Movimiento Popular), partido de derecha al que ambién pertencee Nicolds
Sarkozy. (N. del T.)

150
hecha trizas, aquella dama de unos cincuenta afos asomada
cn camisola a su balcon, ha pucsto a todo volumen la cancién
Les mamais jours finiront™. Son las tres de la madrugada.
Hemos recorrido en csa noche, en una recapitulacion melan-
colica, todo lo que deberemos quemar, para comenzar.

Paris, junio del 2006
Comité de Ocupacién de la Sorbona en el Exilio

COMITE
D’OCCDLEJDE'f\TlON

SORB?N NE

21 Los palos dias ferminarin. Nombre popular de una cancion de J. B. Clément
y Pierre Dupont originalmente titulada La semana sangrienta, escrita en home
najealas decenas de miles de partidarios de la Comuna asesinados por las tro
pas de Adolphe Thicrs durante “la Semana sangrienta” entre ¢l 22y ¢l 29 de

mayo de 1871 (N. del T))
A UN AMIGO*

“A juzgar por la actual disposicion de los espiritus, el
comunismo no esti lamando precisamente a la puerta,
Pero nada hay tan engafioso como la situacion, porque
nada es tan movil™

Nos afligen atin muchas supersticiones. Tenemos nuestras
alucinaciones colectivas de las que s6lo los locos dudan, y
nuestras apariciones, distintas a las de antafio Gnicamente por
ser mis seculares. Nos cruzamos con nuestros semejantes y
vemos realmente en cllos a personas, a gente. Amamos a alguien
y hablamos del “Otro”. Un siglo nos separa de una vida y la
juzgamos Iejana. La diversidad de habitos, algunas vatiaciones
en el vocabulario, bastan para convencernos de la existencia
de una distancia infranqueable. Pero lo que compre(bejndemos cs
5610 una patte de nosotros mismos, lo que percibinos no puede
ser tan distinto. Blanqui no cs un personaje histotico, no os
engadcis. No retorna como un fantasma del siglo XIX salvo si
consideramos que un siglo puede atravesar las épocas.

* Prefacio a una antologia de escritos de Auguste Louis Blanqui, escogidos y

presentados por Dominique Le Nuz, Maintenant, il faut des armes (La Fabriqu
2007).

1. Las citas sin mds referencia son frases de Blanqui
Blanqui es de ayer, de mafiana, de ahora. Sin duda Blanqui ha
stido, los hechos lo atestiguan, pero los hechos demues-
tran también que ha existido en primer lugar a0 persongie con-
aptual como ¢l Zatatustra de Nictzsche, ol Gilles de Rai de
Bataille o ¢l Heliogibalo de Artaud. De ahi su cternidad.
Gustave Lefrangais apunta en sus Meorias: “Para los 400.000
votantes del Sena, Blanqui no es més que una expresion revo-
lucionatia”. El nombre Blanqui no sc reficre a una persona,
sino a una pasibilidad existencial, a un modo de estar-ahi, a una
potencia de afirmacién. Si Blanqui ha sido apodado con jus-
ticia “cl Encerrado” es por la obstinacién con la que SE quiso
contener csa potencia dentro de Ia fignra istirica de Blanqui,
tanto como por los tres decenios que paso entre rejas. La pri-
si6n, la gloria o la calumnia son medios que oportunamente
impone la necesidad de aislar aquellas existencias demasiado
ardientes.

ex

El desco universal de ser alguien, de ser reaonocids, funda la
comedia atroz de nuestra época y le da csa apariencia de
improvisacin libre cntre cnajenados, de teatro al aire libre
para patologfas narcisistas de lo mas variadas. Apartemos la
mirada de ese mal especticulo. Imaginemos un ser que no
pudo cerrar los ojos ante el horror del presente —esa trama de
tedio, de injusticia, de cstupidez, de extraramiento y de cinis-
mo, del que la policia garantiza solo su desastrosa coheren-
cia-, un ser al que una especic de imperfeccion, sin duda, pero
quizis también un cicrto espiritu de desafio, hubicse vuclo
incapaz de cstar en paz con ese estado de cosas, un ser que,
por lo demis, hubicse encontrado, atin joven, cn el levanta-

154
micnto, el fucgo y la conspitacién lo contrario de lo que veia
asu alrededor, csto cs: la inteligencia, el coraic, la aventura, la
amistad y la verdad. Esc ser -y no hay duda de que como ¢l
son muchos los que en este mismo instante viven y se bus-
can— scria Blanqui, cn la medida en que Blanqui fuc Blanqui.
Cada segundo de su vida, cada latido de su corazon, cstaria
impulsado por csta tnica cuestion: zcémo hacer? :Como
constituir una fucrza revolucionaria? :Cémo vencer? Las
figuras historicas s6lo cstin ahi para ocultar las potencias que
las impulsan. Nada cs més simple, mas limpido, mis comin
que Blanqui. Y csa es la razén por la que fuc necesario cubrir
esa amenazante limpidez con tantas calumnias, tantos rumo-
res, tanta agua sucia. No existe ¢l misterio Blanqui a pesar de
todas sus intrigas nocturnas, sus maniobras sccretas, sus con-
cilidbulos. S6lo existe la evidencia insondable de la existencia
revolucionatia. :Pero qué diablo e lleva? :Como pucde per-
sistir todavia, todavia querer, cmpefarse an y siempre en
pensar la situacion, después de tantas traiciones, tantas pérdi-
das, tras tantos desengarios? ¢Y adénde conduce todo cso?
No os inquictéis, almas espectadoras, un dia se hundird y
podéis respirar aliviadas. O bien triunfari y vosotras sucum-
bircis. Mientras tanto, ¢l scti vucstra obsesion, csa posibilidad
swestra que incesantemente trataréis de conjurar hasta cl ago-
tamicnto.

“El yo me ha dejado siempre indiferente”. Eso cs todo lo
que Blanqui opone a la histeria de malevolencias, al concicr-
to de cnvidias que desata la sola mencion de su nombre. Y
eso redobla el alboroto. Pucsto que quicn no se digna respon-

155
der a sus acusadores, quien deja correr ¢l rumor, debe espe-
rar verlo crecer, pata secarse poco después en finos riachuc-
los de hicl. Aviso a los circulos militantes: “Si por cso cnten-
déis los odios personales, las cnvidias, las rivalidades por
ambicién, yo me uno a vosotros al condenarlos pucsto que
son uno de los azotes de nuestra causa; pero tened cn cuenta
que esa no es una plaga exclusiva del partido, nucstros adver-
sarios de todos los colores los padecen tanto como nosotros.
Y si estos estallan mas ruidosamente en nuestras filas s debi-
do al caricter més cxpansivo y de costumbres mas abicrtas
del mundo democritico. Fsas luchas individuales, por lo
demis, sc deben a la imperfeccion humana; hay que resignar-
s acllo y aceptar a los hombres como son. Enfurccerse por
un defecto natural es pucril cuando no un disparate. Los espi-
ritus firmes saben navegar a través de csos obsticulos que
nadic pucde suprimir y que, sin cmbargo, cualquicra pucde
evitar o franquear. Sepamos pues plegarnos a la necesidad
atin lamentando su mal y no dejemos que ralentice nuestra
marcha. Lo repito, ¢l hombre verdaderamente politico no se
preocupa por csos obsticulos y sigue recto, sin inquictarse
por las picdras que cntorpecen el camino”. Esto se cncuentra
cn la carta a Maillard. Leed Ia carta a Maillard.

Dionys Mascolo ha escrito a propésito de Saint-Just una
frase que vale también para Blanqui: “La ‘inhumanidad” de
Saint-Just consiste cn que no ha tenido maltiples vidas como
los ofros hombres, sino una sola”. La costumbre cntre los
humanos cs dejar pasar la vida, La mano sobre la espalda que
dice: “Venga, no te preocupes, todo ird bien” es el portador

156
mis habitual de csa cpidemia. Inhumano es pucs quien s ata
ala intensidad mas alta que haya encontrado como a una ver-
dad. Aquel que no contrapone al impacto de la expetiencia, a
lo que esta expresa, las reticencias de la mala fe, del escepti-
cismo o de la comodidad, sc convierte a su vez e ficrza que
avanza. Un poco de disciplina y csa fucrza, Ia fucrza que o ata
a esa intensidad, organizari en su beneficio l torbellino de
atracciones que nos componen y les imptimird una misma
dircccion. Lo que los espectadores llaman torpemente
“voluntad” sc sientc cn primer lugar como un abandono sin
reserva. Para Blanqui, csa intensidad cs la insurreccion. Es clla
la que, a patir de los dias de julio, polariza su existencia.
“Libertad, igualdad, fraternidad” cs un ornamento de mal
gusto para porticos escolarcs, pero para algunos cs la expre-
sion mis condensada de la experiencia del levantamiento.
“Libertad, igualdad, fratcrnidad” en los combates callcjeros
ante la muerte. Atin cs demasiado pronto para saber cuantos
Blanqui nacicron al mundo los dias 20 y 21 de julio del 2001
en Génova; tantos que muchos ya han muerto por no encon-
trar en parte alguna, en ¢l desicrto de lo real, la senda que los
devolveria alli. “jLas armas y la organizacion, he aqui cl cle-
mento decisivo del progreso, ¢l modo mis sensato de termi-
nar con la miserial Quicn tiene hicrro, tiene pan. Si uno s
humilla ante las bayonetas seri barrido junto a la multitud
desarmada. Francia colérica de trabajadores cn armas, s cl
advenimiento del socialismo”.

S cquivocarian los que despertasen, a propésito de
Blanqui, ¢l espectro del “Superhombre”. Sus cnemigos s
encargan de cllo holgadamente. “Espirit sombrio, altancro,
feroz, atrabiliatio, sarcistico, de inmensa ambicion, frio,
incxorable, que despedaza a los hombres para empedrar su
camino. Corazén de marmol, cabeza de hicrro”. “La cabeza y
el corazén del partido proletario cn Francia” (un periodista).
“El mas cinico de los demoniacos conjurados para la perdi-
cion de la sociedad moderna” (un reaccionario). Maniobras
cémodas para asegurar cl aislamicnto de un hombre fucra de
la ciircel. El Superhombre cs un entretenimicnto, asi como cl
Hombre es una quimera. Basta con distinguir entre la cxisten-
cia mediocre, que cs fluctuacion, navegacion oportunista
entre los posibles, y la existencia decidida que se at6 una vez
auna verdad y camina y opera desde entonces a partir de ahi.
No por casualidad la palabra destino procede del vetbo destina-
7 que significa “atar”. Quicn sc ata de esec modo se vuclve
cada vez menos una persona y cada vez mas una presencia.
Cada vez menos “humano”, pero cada vez mis comin, cada
vez mis simple. SE considera justificadamente como “irreduc-
tible” al sujcto de un tal vinculo puesto que, en cfecto, ya no
es reducible a si-mismo; por nuestro lado, nos place llamar /os
reductibles a la multitud de aquellos que, toméndose por perso-
nas, se traicionan todo cl tiempo.

* %k

La vispera de la proclimacién de la Comuna, Thicrs manda
detener a Blanqui. Lo tendri incomunicado y rechazar inter-
cambiarlo atin por sesenta y cuatro rehencs, incluido cl arzobis-
po de Paris. Flottc resciia cstas palabras de Thicrs: “Entregar a
Blanqui a la insurreccion cs enviatle una fuerza igual a un cucr-
po de cjército”, Blanqui fuc temido, incluso en su propio par-

158
tido, no como cabecilla sino como potencia. Supo demostrar
ciertas capacidades del lado de la accion tanto como del pensa-
micnto, y mantencrlas unidas. Es de ahi y no de otro lugar que
nacen los odios implacables y las fidelidades inquebrantables
que suscita. “Los tribunos de aspecto salvaic, rostro de leon y
cucllo de toro, sc dirigen a la bestialidad heroica y bitbara de
las multitudes. Blanqui, frio matemitico de la revuelta y de las
represalias, parece tencr entre sus delgados dedos l balance de
los padecimientos y los derechos del pucblo”. (Valles,
Linsigs). Blanqui se dirige a la rectitud y a la determinacion, se
dirige a sus iguales. Al contrario de los cabecillas, no halaga ni
regana, y preficre mantencr las distancias que arriesgarse a
seducir. Desmicnte con su sola existencia toda la propaganda
de Ia burgucsia que, antes de convertir a los prolctarios parisi-
nos sublevados en montones de cadiveres altos como barrica-
das, cmpez6 describiéndolos como masa informe, plebe desce-
rebrada de ladrones, de borrachos, de supervivientes de presi-
dio, diablos sin cabeza, criaturas inintcligibles, monstruosas y
ajcnas a toda humanidad. Y sin cmbargo no s asi, by una logi-
ca de la revucla. Hay una ciencia de la insurreccion. Hay una
intcligencia del motin, un pensamicnto del levantamiento. S
precisa todo el odio de clase de un Tocqueville para ignorarlo:
“Fuc entonces cuando vi aparecer en a tribuna un hombre al
que sl veria esa vez, cuyo recucrdo siempre me ha llenado de
asco y de horror. Tenia las mejllas macilentas y ajadas, los
labios blancos, un aitc cnfermizo, malvado ¢ inmundo, una
palidez sucia, ¢l aspecto de un cuctpo cnmohecido, aparente-
mente desnudo bajo una vicja levita negra pegada a unos
micmbros menudos y demacrados. Parccia haber vivido cn una
alcantarilla de la que acabara de salit; alguien me dijo que se tra-
taba de Blanqui” (Memorias).

159
“{Los roménticos han sido aplastados!”: cstas son las pri-
meras palabras de Blanqui, transpirado y cubicrto de polvora,
al final de las tres jornadas de julio de 1830. Existe ciertamen-
te un sentimiento rmmdntico de la vida, que llega hasta nosotros
¢ infesta nuestra época todavia mas profundamente que cl
siglo pasado. Musset lo ha codificado como nadic, en 1836,
en las primeras paginas de La confesion: “Un sentimiento de
malestar indecible empez6 a fermentar en todos los corazo-
nes jovenes. Condenados a la quictud por los soberanos del
mundo, librados a patancs de toda especic, a la ociosidad y al
aburrimicnto, los jévens veian retirarse las olas cfervescen-
tes contra las cuales habian preparado sus brazos [...] A
medida que Ia vida exterior sc apagaba y se volvia mis mez-
quina, la vida interior de la socicdad tomaba un aspecto mas
sombrio y silencioso; la hipocresia mis severa reinaba cn las
costumbres |...] Fue como una negacion de todas las cosas
del ciclo y de Ia tierra que bien podriamos llamar desencanta-
micnto o, si se preficre, desesperanza; como si la humanidad
aletargada hubicse sido dada por mucrta por aquellos que le
tomaban el pulso. Asi como s soldado de antafio al que pre-
guntaron “sen qué crees?” respondio “cn mi”, la juventud de
Francia ante la misma pregunta s6lo supo responder: “En
nada”. Todo o vilido que se ha hecho cn los dos tltimos
siglos en cualquicr ambito se ha hecho @ntra cl sentimicnto
romintico de la vida, cs decits fomindalo también en consideracion.
Las Poesias de Lautréamont, las Cartas de 1o amor de Chilovski,
los Didlogos de Deleuze-Parnet y el dlbum Fntertainment de
Gang of Four describen un frente donde habitan la fria
pasion de Durruti, las mcjores intuiciones de Lenin y del

160
feminismo italiano, los discursos de Huey P. Newton, la gue-
srilla urbana y el aire que se respira en la Villa Savoye. Todo
€50 apunta a lo que nosotros llamatemos por contraste ¢/ sen-
timiento blanguista de la vida. 1a FEternidad por los astros e
Instrucciones para una toma de las armas son en este volumen sus
expresiones mas puras. Partir de lo que estd ahi y no de lo que
falta, de aquello de lo que supucstamente careceria lo real.
Desdefiar los obsticulos tanto como las personas. No espe-
rar jamds. Operar con los que estin ahi. Aprehenderse uno
mismo, aprehender los seres y las situaciones no como enti-
dades, sino como recorridos de lineas y de planos, surcados
de fatalidades. Comprender lo posible no como un halo que
nimbaria a los seres, sino como el producto de una colision
entre esas fatalidades. Sin reservas, ni ensofaciones, recrimi-
naciones o explicaciones. “Uno no se consucla mis que en
ceso”. Renunciar a la idea de caos, simple trascripcion men-
tal de la renuncia: “No ha existido nunca, no existira jamas la
sombra de un caos en lugar alguno”. Una vez inventariado lo
existente, organizarse. No retroceder ante ninguna conse-
cuencia légica. Los que hablan de revolucién sin preocuparse
por la cuestion de las armas y del abastecimiento llevan ya un
cadaver en brazos. Dejar a los metafisicos las cuestiones del
otigen y la finalidad; tomar el aqui y ahora por todo comien-
20, y lo que nosotros podemos pricticamente hacer ahi como
Ginico propésito razonable. Si el estado de cosas cs insosteni-
ble no es por esto.... o por aquello..., sino porque ahi nada
pucdo. No oponer jamis las necesidades del pensamiento y
de la accion. Permanecer firmes en los momentos de reflujo
donde debe reanudarse todo, desde el principio, solo: nunca
se estd solo con la verdad. Un modo de ser como este no
encontrard excusa alguna a los ojos de aquellos para los que

ex

161
la vida no es mas que una hibil coleccion de justificaciones.
Frente a ¢l, cl resentimicnto sc arma de invectivas, denuncia
la “toma de poder”, la “megalomania”, levanta sus cordones
sanitarios de mala e, de estupidez y de conformismo; dicta-
mina la exclusion del monstruo en trance de separarse del
rebafio humano. “Pero que un hombre sincero, abandonan-
do ¢l espejismo ilusorio de los programas, las neblinas del
reino de la Utopia, salga de la novela para entrar en la reali-
dad, que pronuncic palabras sensatas y pricticas: ‘Desarmar a
la burgucsia, armar al pucblo, cs la primera necesidad, la tnica
posibilidad de salvacion de la revolucion”. Y joh! entonces la
indiferencia desaparcce y un prolongado aullido de furia
retumba por todos los rincones de Francia. Sc grita al sacri-
legio, al parricidio, a la hidrofobia. Se arma cscindalo, s¢
desencadenan todas las coleras contra ese hombre y se le
arroja a los dioses infernales por haber deletreado modesta-
mente las primeras palabras el sentido comiin”.

* %k

Los partidarios de la espera siempre han concebido cl
adictivo “blanquista” como un insulo inapelable. Los anar-
quistas més puros lo cntienden como sinonimo de “facobi-
n0”, micntras que los estalinistas lo cmplean como cquivalen-
te de “anarquista”. Los imbéciles cultivados de la Enoylgpédie
des Nuisances, que desde hace veinte afos mantienen el licido
coraje de apostar una y otra vez por la contrarrevolucion, han
hablado de “blanquismo imaginario” en ¢l caso de
Unabomber para asf disociarse mejor de sus gestos ¢ introdu-
cir asi su traduccion burdamente falsificada del Manifiesto.
Para los marsistas, “blanquista” funciona mas bien como

162
sinénimo de “putschista” y denuncia un aventurerismo de
vanguardia, una impaciencia por organizarse poco cuidadosa
con la teorfa cuando las masas no estan preparadas todavia.
Toda esta confusion de superficie no tiene ningin interés.
“{Adelante! Pacientes siempre! {Resignados jamds!”, tal es cl
modo blanquista. La alternativa no esti entre la espera y cl
activismo, entre participar en los “movimientos sociales” o
formar una vanguardia armada, estd entre resignarse u orga-
nizarse. Una fuerza pucde crecer de modo subterrineo, segin
su propio fitmo, para funditse con la época en ¢l momento
oportuno. Si el éxito del golpe de Estado de Octubre valié a
los bolcheviques la admiracion de una infinidad de seguido-
res y arribistas de todas las nacionalidades, las desafortunadas
tentativas de Blanqui, rodeando su nombre con esa aura mal-
dita, han tenido al menos el mérito de alejar de €l esa raza de
sabandijas. En su texto Sabre la lucha armada en Enropa occiden-
tal, la Fraccién del Ejército Rojo cita un pasaje del famoso
articulo de Lenin sobre la guerra de partisanos: “En una
época de guerra civi, el ideal del partido es un partido que con-
bate militarmente. |...] En nombre de los principios del marxis-
mo, exigimos categoricamente que no se soslayen las condi-
ciones de la guerra civil mediante clichés y frases manidas
sobre ¢l anarquismo, ¢l blanquismo o el terrorismo, y que
nadic venga a agitar ante nosotros el espantajo de ciertos pro-
cedimientos absurdos aplicados por tal o cual organizacién en
Ia guerra de partisanos”.

Quicn se funde cn un destino se encuentra cn un mismo
plano con aquellos que lo comparten. La experiencia de la

163
amistad es el mis dulce efecto de una disciplina asi.
“Considero una conquista haber hecho alianza y amistad con
algunos corazones abnegados capaces de grandes afecciones
y grandes sacrificios, esa s una fuerza que no tiene todo cl
mundo”. Asi como el amor despunta en la cloaca romantica,
Ia amistad forma parte de las alegrias blanquistas. Es esa rara
forma de afeccion donde el horizonte del mundo no se pierde. “La
amistad”, dice Hannah Arendt, “no s intimamente personal,
porque plantea exigencias politicas y permanece referida al
mundo”. Ahi, los seres se pertenecen los unos a los otros en
el clemento libre, es decir: que se pertenceen en la medida en
que cada uno pertencce siempre-ya 2 un destino. Si en su
Lelins, Cicerén debe advertir contra los peligros de secesion
que la amistad encierra para la Ciudad, es porque un mundo
inicuo, una sociedad detestable, no se olvidan en la amistad
tanto como en los sofocantes arrebatos del amor. Y no s6lo
¢s0: esta tiene, ademés, muchas posibilidades de volverse con-
tra un mundo asi, contra una tal sociedad. Para decirlo brusca-
mente: foda amistad se encuentra hoy, de algin modo, en guerra con el
orden imperial, o no es mas que un engafo.

Lacambre, Tridon, Eudes, Granger, Flotte, la mayorfa de
las conspiraciones de Blanqui no son en sus inicios mas que
amistades que no reprimen su pulsion politica. Dicho al
revés: toda amistad encicrra un niicleo conspirativo. En 1833,
Vidocq deplora la existencia cn Paris de mis de un centenar
de socicdades secretas. Toda la historia del movimiento revo-
lucionario en Francia, cntre 1830 y 1870, lieva la marca de
esas socicdades: clubes mis o menos permitidos, que s

164
transforman cn oficinas de propaganda clandestina o cn
conspiraciones cuando sc instala la represion, para reconver-
tirse en clubes cuando el régimen vacila. En 1848, se cuentan
cn Paris mas de sciscientos de cllos, entre los cuales se halla,
por citar 5610 uno, ¢l club del Levantamicnto Revolucionario
del 69 de la calle Mouffetard, presidido por Palanchon, anti-
guo aliado de Blanqui. La historia oficial del movimicnto
obrero pretende que la tradicion conspirativa, con sus jura-
mentos, sus rituales de admision y su scrcto decorum, haya
sucumbido al desarrollo del movimicnto obrero del que, sin
embargo, fue su crisol. Los micmbros de la Liga de los Justos,
ancestro de la Liga de los Comunistas, zno participaton cn la
insurrcccion abortada de 1839 lanzada por la Sociedad de las
Estaciones? ¢No cs Buonarroti quien ha legado al mundo
moderno l precioso mensajc de Babeuf? Ciertamente uno no
es admitido hoy cn la Liga supucstamente Comunista supucs
tamente Revolucionaria como o cra a la Asociacion de los
Trabajadores Igualitarios cn 1839: “Escucha, con confianza y
sin temor: estds entre republicanos comunistas y consecuen-
temente empiczas a vivir en la cra de la igualdad. Ellos serin
tus hermanos si cres ficl a tu juramento, pero cstaris itreme-
diablemente perdido si lo traicionas. Ellos lo han jurado
como i acabas de hacerlo. Escucha ahora con la mixima
atencién: la comunidad s la verdadera republica: trabajo
comiin, educacin, propicdades, goce comiin; jes cl sol, sim-
bolo de la igualdad, es la nueva fe por la que todos hemos
jurado morit! No conocemos ni barteras, ni frontcras, ni
pattia; todos los comunistas son nucstros hermanos, los aris-
tocratas nucstros enemigos. Si temes cl calabozo, la tortura o
la muerte, si sicntes flaquear tu valor, retiratc; para cntrar cn
nuestras filas debes poder afrontar todo cso: una vez presta-

165
do ¢l juramento tu vida nos pertencce, comprometes tu cabe-
zay la del que te ha traido aqui para el resto de tus dias. Ahora
reflexiona y responde”. Con el fin de la cera de las conspira-
ciones el movimiento obrero habria pasado de su estadio
infantil a su fase adulta; asi lo quicre la historiografia marsis
ta. Las organizaciones piblicas de la socialdemocracia habrian
tomado el relevo de la informe politica proletaria. De la Liga
de los Comunistas se habria llegado paulatinamente a la
Asociacién Internacional de los Trabajadores y a los partidos
socialdemécratas de todos los paises, micntras los anarquistas
se hundirian torpemente en el terrotismo y el sindicalismo.
Lo cierto es que la politica conspirativa o ba cesads jamis. Que
todos los lazos tradicionales, todas las familiaridades gremia-
les y de batrio, en resumen: de pueblo, sobre los que se apo-
yaba la politica proletaria hasta la Comuna, han sido destrui-
dos sin remedio. Y que las organizaciones que han venido a
suplantar a un pucblo ya inexistente no han hecho mis que
empujar lo conspirativo hacia “/s informal”, destitualizando asi
todo lo que tenia que ver con la amistad. En el fondo, el con-
flicto entre Marx y Bakunin a propésito de la Internacional y
de su pretendida infiltracion por una oscura Alianza
Internacional de la Democracia Socialista adicta a Bakunin,
gira entorno a este punto: de una parte hay una politica fundada
Subre los programas y de la otra una politica fundada sobre la amistad.
El prusiano Karl Marx no ha esperado siquiera l triste final
de la Liga de los Comunistas para aborrecer la politica de los
amigos. Su recension del libro de Chenu sobre Las conspirado-
res tezuma, ya en 1850, una hostilidad sin matices: “ILa vida
entera de esos conspiradores profesionales esti matcada por
el signo de la bohemia. Sargentos reclutadores por la conspi-
racién se arrastran de marchante de vino en marchante de

166
vino, toman ¢l pulso a los obreros, cscogen a su gente, los
atracn hacia la conspiracion a fuctza de cmbaucamientos, car-
gando cn la cuenta de la caja de la sociedad o del nuevo amigo
los incvitables tragos que consumen. En suma, ¢l marchante
de vino los tiene por verdaderos padres de los camaradas.
[-] De temperamento muy alegre a imagen de los prolctarios
parisinos, cl conspirador no tarda cn convertirse en consuma-
do “juerguista” cn cste permancnte ambiente de taberna. El
tencbroso conspirador, que en las reuniones secrctas hace
alarde de rigida virtud espartana, sc anima de repente y s
transforma, a costa del resto, cn asiduo de cabaret, centendido
iy de qué modo! en vino y mujeres. Esta jovialidad de taber-
na se ve mis realzada todavia por los constantes peligros a los
que l conspirador sc enfrenta: cn todo momento pucde ser
rechmado cn las barricadas y perecer en cllas; a cada paso la
policia pucde tenderle una trampa que lo mande a prision 0 a
galeras. Tales peligros constituyen precisamente l atractivo
del oficio: cuanto mayor cs la inscguridad mis sc apresura cl
conspirador cn gozar de los placcres del momento. El hibito
del peligro lo vuclve indiferente en grado sumo a la vida tanto
como a la libertad. Se cncuentra como en casa en prision
tanto como cn l cabarct. Anhela cada dia la orden de pasar a
la accion. La temeridad desesperada que s manifiesta en cada
insurrcccion parisina es precisamente lo que aportan cstos
vicjos conspiradores de profesion, los hombres del golpe de
mano. Son cllos los que levantan y mandan cn las primeras
barricadas, los que organizan la resistencia, dirigen dl pillaje
cn las armerias, se aduefian de las armas y de las municiones
domésticas y cjecutan, cn pleno levantamiento, csos audaces
golpes de mano que tan a menudo arrojan en la confusion al
partido en ¢l poder”. Tenemos aqui una fiel descripeion del

167
tipo de hombre que fue Bakunin a escala del continente.
Bakunin no pudo encontrar, en el transcurso de sus ince-
santes periplos transcontinentales, un ser al que amase sin
endilgarle los estatutos de su tltima sociedad secreta, espe-
rando su adhesion a esa “especie de estado mayor revolu-
cionario compuesto de individuos sacrificados, inteligentes
y, sobre todo, amigos sinceros, y no ambiciosos ni vanido-
s0s, del pucblo, capaces de servir de intermediarios entre la
idea revolucionatia y los instintos populares. El nimero de
csos individuos no debe ser sin embargo cnorme. Para la
otganizacién internacional en toda Europa, cien revolucio-
natios fucrte y honestamente unidos bastan”. (Programa y
obyjetivo de la organizacion secreta revolucionaria de los hermanos
internacionales). A decir verdad, la politica conspirativa no ha
cesado nunca de duplicar todas las realidades organizativa:
La FAI duplicaba la CNT en Espafia, como la seccion mili-
tar al Partido Socialdemécrata de Rusia, al que no rendia
cuenta alguna. Como Lenin fue el tinico en conocer la tlti-
ma expropiacién de Kamo, en 1912, en provecho de la
Organizacién. O la comision “trabajo ilegal” de Potere
Operaio, que se encargaba de su financiamiento, en rela-
cion con la cual se llegé a mencionar entonces la constitu-
cion de un “partido invisible”. El partido, y esto s ha olvi-
dado, no ha dejado de ser nunca legal ¢ ilegal a la vez, visi-
ble ¢ invisible, piblico y conspirativo. Es uno de los rasgos
caracteristicos del presente que cuando mds precisariamos
de todos los recursos de la politica conspirativa, ya nada
sabemos de ella. Es necesario mantener en todo momento
este principio epistemolgico: la bistaria del movimiento revolu-
cionario es, en primer Iugar, la historia de los lazos que le otorgan su
consistencia.

168
Las especulaciones del resentimiento tienen la habilidad de
invertir las relaciones logicas. Desde hace mas de un siglo,
especialmente después de los Pratocolss de los sabios de Sion, cada
acontecimiento encuentra entre los esclavos su explicacion en
la conspiracion de los poderosos. La pequera burguesia pla-
nctaria cnloguece con csta literatura porque conforta su igno-
rancia y su impotencia. El progreso del complotismo ha
acompariado en todas partes cl progreso de esta “clase”. De
hecho, la revelacion segin la cual los poderosos conspiran
contra nosotros sirve solamente para ocultar la evidencia con-
traria: la de la potencia que se expetimenta cn la amistad y,
como consccuencia de cllo, en la conspiracion. En su prefa-
cio a la Histaria de los Trece, Balzac explica como nadic la ambi-
valencia de esa potencia que tanto pucde volverse secesion
aristocritica como puede alumbrar una fucrza revolucionaria.
“Existicron, bajo ¢l Impetio y cn Paris, trece hombres igual-
mente afectados por un mismo sentimicnto, todos cllos dota-
dos de bastante energia para permanceer fieles al mismo pen-
samiento, de bastante honradez para jamis traicionarse entre
cllos, incluso cuando sus intereses se oponian, lo bastante
profundamente politicos para disimular los lazos sagrados
que los unian, bastante fucrtes para cstar por encima de la ley,
bastante audaces para no arredrarse antc nada, y lo suficien-
temente afortunados para haber alcanzado casi siempre sus
objctivos; habiendo corrido los mayores peligros y callado sus
fracasos; inaccesibles al micdo y sin haber temblado ante cl
principe, ante ¢l verdugo, ni ante la inocencia; habiéndose
aceptado todos tal cual cran sin tener en cuenta prejuicio
social alguno |[...] Ese mundo aparte cn ¢l mundo, hostil al

169
mundo, que no admite ninguna de las ideas del mundo ni
reconoce ley alguna [...] esa union ntima de individuos supe-
riores, frios y mordaces, sonriendo y maldiciendo en medio
de una socicdad falsa y mezquina [...] Hubo pues cn Paris
trece hermanos que se pertenceicron sin reconocerse en cl
mundo [...] Ningin cabecilla los dirigi6, nadic pudo arrogar-
se ese poder; solo tuvieron en cuenta la pasion mis viva, la
circunstancia mas cxigente. Fucron trece reyes desconocidos,
reyes verdaderamente, y mis que reyes, jucces y verdugos
que, habiéndose hecho alas para poder recorrer Ia socicdad de
artiba a abajo, despreciaron ser alguicn cn clla porque, cn clla,
todo pudicron.”

Todos los textos de Blanqui son textos circunstanciados.
stin cargados de las condiciones en las cuales y contra las
cuales estan escritos. No hay, ni siquiera en La eternidad a tra-
vés de Ios astros, ninguno que no lleve la mencién del Fort du
‘Taureaw’. De ahi la inexistencia de la obra de Blanqui, en el
sentido de algo que encerraria en i su aportacion mas valio-
sa. De ahi también la inexistencia de una doctrina blanquista,

2. Ciudadela situada en Morlaix (Bretafia), donde Blanqui fue encarcelado
después de su detencion, la vispera de la proclamacion de la Comuna, ¢l 17
de marzo de 1971, En ella escribi6 La cferidad a travésde ls astros (Bd. Colihue,
2002), su obra considerada menos politica. Con la mencion al Fuerte del Toro
los autores entienden aludir a los afios, mis de treinta, que Blanqui pasé entre

rejas en distintos lugares -entre ellos Chiteau d'If, y a la significacion que ello
tuvo, junto a otras circunstancias, en su obra. De ahi lo de drunstanciados. (N.
del T)

170
¢n el sentido en cl que puede hablarse, por cjemplo, de la

stencia de una metafisica marsista. “Un poco de pasion 1y
las doctrinas para mas tarde!”. Lo que hay sin cmbargo cs un
estily blanquista. “Las revoluciones requicren hombres que
tengan fe cn cllas. Dadar de su triunfo es ya traicionarlas. Es por
lalégica y la audacia que se realizan y sc salvan. Si estas os fal-
fan vucstros cnemigos las tendrin por vosotros; cstos no
verin en vuestras debilidades mas que una cosa: la medida de
sus fucrzas. Y su coraje se revelara en razon directa de vues-
tra timidez”. Todo cstd aqui. Blanqui es cl inventor del “Ni
Dios ni amo”, s ¢l hombre que ha escrito “la anarquia regi-
lar cs ¢l porvenir de la humanidad” y ¢l autor de un alcgato
contra ¢l mutualismo y a favor de la asociacion integral titu-
lado “El comunismo, porvenir de la sociedad”. jA ver dénde
encontriis una ortodoxia ahil Por supucsto, construir una
fucrza revolucionaria cuando s trata de derrocar una monar-
quia administrativa, cuando s6lo hay una élitc a derrotar,
pucde ser tarca de otra lite. Cuando, sin embargo, los cjérei-
tos de Bismarck marchan sobre Paris, actuar revolucionaria-
mente pucde querer decir: “Construccion de barricadas y de
trincheras; asignacion de las iglesias a los usos nacionales,
armar a los curas y, consccuentemente, suprimir e culto; alis
tamicnto forzoso; pucsta en comin de las subsistencias y
racionamicntos; licenciamicnto y dispersion de las antiguas
fucrzas policiales; denuncia de los sospechosos y de los bona-
partistas” (Dommanget, Blangu). En la sociedad actual,
donde cl poder circula tanto como los flujos de alimentos, de
informacin o de medicamentos, donde cualquicr indadans
hace valer su derecho a vigilar a sus vecinos, cs indudable que
una fucrza revolucionaria debe comprender fadas los aspectos de
la existencia, debe construirse como fucrza de avituallamien-

ex

1
to tanto como fucrza armada, como potencia poética cn la
misma medida que médica. Debe apoderarse de territorios.
Debe concentrar toda la informacion il sobre la organiza-
cion contraria y provocar descrciones en todos los rangos de
la sociedad. Debe socializarse al mismo tiempo que lo social
sc militatiza. Y hoy, tanto como ayer, csta fuctza no pucde
permitirse csperar. Y s estd constituyendo. Si s apoya cn
Blanqui s para pensar mejor la gucrra cn curso.

El tiempo pasa. Es su naturaleza. Siempre que haya tiem-
po habri aburrimicnto, y ¢l tiempo pasara. El pasado, sin
cmbargo, no pasa. Todo lo que ha pasado realente, lieva con-
sigo un destello de cternidad, se ha inscrito cn algin recodo
de Ia experiencia comiin. Se pucden borrar sus hucllas, no su
acontecimicnto. Se pucde convertir en polvo su recuerdo,
cada particula conticne la ménada entera de lo que se cree
destruido y o engendrari de nucvo cuando la ocasion sca
propicia. Repitimoslo: ¢ historicismo cs un burdel donde
uno se esfuerza en que los clientes no se crucen jamés. El
pasado o cs una sucesion de fechas, de hechos, de modos de
vida, no s un ropero, cs un arsenal de fucrza, de gestos, una
proliferacion de posibilidades existenciales. Su conocimicnto
f0 ¢s necesario, s simplemente vital, Vital para el presente.
Es a partir del presente que se comprende l pasado y no al
revés. Cada época sucha las precedentes. La pérdida de todo
sentido histérico en nucstra época, como en general de todo
sentida, cs <l corolario lgico de la pérdida de toda experiencia.
La organizacion sistemitica del olvido no sc distingue de

organizacion sistemitica de la pérdida de la experiencia. El

172
fonismo histérico mas demencial, que ya consigue apli-
carse incluso a los acontecimicntos contemporincos, halla su
terreno mis fértl en la vida suspendida de las metropolis,
donde jamis sc hace la experiencia de nada, de nada que no
scan signos, schales, codigos, y de sus conflictos acolchados.
Donde uno hace experiencias, experiencias privadas, que flotan,
sin contexto, sin discurso, nulas; intensidades implosivas que
n0 pucden comunicarse mas alli de los muros de un aparta-
mento y que cualquicr relato vacia més de lo que ofrece para
compartir. Es bajo la forma de su privatizacion que se expli-
ca, de ahora cn adclante y en la mayoria de las ocasiones, la
privacion de experiencia.

Diciembre de 2006. La nave nacional hace agua por todas
partes. Pronto sélo sobresaldri el puesto de vigia. Francia
arde y naufraga. Eso cs bucno. Aviva los recucrdos. Las
escuclas en llamas flamean cn memoria de las generaciones de
proletarios que aprendicron alli ¢l gusto amargo de los hora-
tios, del trabajo y de la obediencia, ¢l sentimiento de su plena
inferioridad. Los que ya no votan hacen honor a los insurgen-
tes de junio de 1848, esa “revuclta de angeles rebeldes que,
después, ya no volvicron a levantarse” (Cocurderoy) y fucron
pasados por las bayonetas en nombre del sufragio universal.
Por la radio, los intelectuales de izquicrda se preguntan si cl
gobicrno tendri el coraje de enviar el cjército a los suburbios,
como sus antepasados aplaudian a los generales que, volvien-
do de Argelia, masacraban a los proletarios de Paris tal como
sc habian acostumbrado a civilizar a los indigenas. Hoy como
ayer, ese canalla se dice republicano y habla de “chusma”. Los

173
encarcelados de Action Dirccte hace mucho que cumplicron
sus penas. Régis Schlcicher’ rivalizari pronto con Blanqui en
longevidad penitenciaria. El ciército sc cntrena més que
nunca para cl vicjo combate callejero. En Francia, el reloj de
Ia historia se detuvo en mayo de 1871, La cuestién comunis-
ta cs, invisiblemente, la tinica cuestion que atormenta todas
las relaciones sociales, incluidos los ligues de una noche. El
universo se encrva esperando, varado en un mismo lugar. El
pasado 31 de marzo, una manifestacion salvaje de 4.000 cabe-
zas se prolonga durante mis de ocho horas —desde la inter-
vencién del presidente de la caduca Repiiblica, anunciando cn
el telediario que no va a retirar el CPE, hasta las cuatro de la
madrugada. Quicre acercarse al Palacio del Elisco y, marchan-
do en oblicuo a la plaza de la Concordia, sitiar la Asamblea
Nacional, lo que no logra por falta de material, de armamen-
to. Lo mismo sucede con ¢l Senado. A medida que la marcha
avanza, la determinacion crece. Un compis marcial la impul-
sai “{Paris, en pic, despiértatc!”. Es una orden. Sobre cl bule-
var Scbastopol y lucgo en ¢l de Magenta, las lunas de bancos
empresas de trabajo temporal comicnzan a cacr una tras

otra, metédicamente. Algunas prostitutas de Pigalle saludan
desde Ia ventana. El gentio sube corriendo la cuesta hacia cl
Sacté-Cocur al grito de “{Viva la Comunal”. La pucrta de la
cripta no cede; listima, habria podido incendiarse. De vuclta
a Montmartre, en ¢l tercer piso de una pequesa calle, una
scfiora cn camisola apoyada en cl balcon ha puesto a todo

3. Miembro de Action Directe ain en la ciircel, detenido en marzo de 1984 y
condenado por complicidad en el tiroteo en la calle Trudaine de Paris que
acabd con la muerte dos agentes de policia. Otros inculpados en el mismo
caso ya han sido liberados después de cumplir, como €l su pena. (N. del T)

174
volumen Les manvais jours finiront. La sede clectoral del infecto
Picrre Lellouche pronto ser destrozada. Son las tres de la
madrugada. El pasado no pasa. El incendio de Paris scri cl
digno colofon a la obra de destruccion del barén Haussmann.,

Algunos agentes del Partido Imaginario

175
RESONANCIAS DEL LLAMAMIENTO:
‘UNA DISCUSION COLECTIVA

Dia a dia, invisible ¢ impercptiblemente, mundos sin nombre
pelean por su existencia abriendo grietas en la miquina inpe-
rial: amistades, otras sensibilidades y ofros sentidos, relaciones
o instrumentales, cooperacion, etc. Y a veces de pronto esos
undos se tensan y producen luchas bien expliitas. Los parti-
cipantes de esta comversacidn hemos vivido las sacudidas colecti-
vas que han agujerads el “borror del presente” durante ls ili-
05 arios. Reclamands “Dinero Gratis” junto al movimiento
global. Interrumpiendo la normalidad asesina durante los dias
inolhidables del 20, 21 y 22 de marzo de 2003, al grito de
e no nos representan” y “ycucl es tu guerra?”. Participands
con la vida al descubierto en las antoconvocatorias inanditas del
13 de mar3o o exclamando con una sonrisa en los labios que
o tendremos casa en la puta vida con la VV de Vivienda en
2006. Movimientos colectivas no identificadus. Puntos de inten-
sidad en los que se trenzan por un momento lo existencial y lo
politico. Acontecimientos borrosos, atipicos, eriticos. Mil pric-
icas piratas barriendo metripolis ocednicas que resuenan con el
Llamamicnto. Desde las que interrogarlo y dejarse interrogar

pord,
“Bsto es un Uamanionto. Es docir que se dirige a los que lo escuchan,
No baremos o esfuerzo de demostrar, de argumentar, de convencer.
Tremos a Ja evidencia”

Lave Is Anthrax. A mi, al margen de lo que se dice dentro,
sobre todo de Ia estrategia de objetivos que proponen, espe-
cialmente esa que llaman “construccion del Partido”, al mar-
gen de eso o que me llama la atencion cs que todavia haya
gente y voces dispucstas a gritar la rabia y el asco, cso me ha
interesado. El entusiasmo con ¢l que csti escrito el texto. Es
como encontrar el territorio de una nueva épica. Pucde haber
alguicn que picnse que estos planteamientos deberian decirse
de una mancra menos épica, que implique menos la cons-
truccion de un guerrero, que a mi juicio cs la figura que hay
detris del autor del texto. Pero a mi e justo lo que me inte-
se desafio tan chulo a cualquicr forma de resignacion.
En cl desierto del capital, hay un terror politico que estigma-
tiza todo lo que se le opone, cualquicr pensamicnto vivo, Por
eso sorprende que su voz sea capaz de gritar, de articular atin,
un grito épico. Esa cs su gracia. zDe donde lo sacan?, picnsas,
¢de dénde les sale? [Que chulerial (Dénde han encontrado cn
¢l estémago una fucrza para poder atin decir esto, gritndolo
asi? Afirman que ¢l enemigo no solo csti fucra sino que son
las relaciones que nos sosticnen, las que nos hacen ser
alguicn, no uno cualquicra. Y lucgo afirman que la realidad no
es capitalista, y yo pensaba: équé quicren decir con esto? Lo
que creo que quicren decir cs que la realidad cs agujercable.
Desde cl lugar cn ¢l que hablan, ademis, ya te estin diciendo:
la hemos agujcrcado y hay otras realidades que podemos
habitar. Entonces proponcn algunas claves de como hay que
hacerlo.

resa.

178
Slepwalker. B Llamamients me interesa sobre todo por los
posibles que encicrra. Con una forma muy suya, muy pro-
pia, nos habla de la situacion actual como de un potencial.
De un potencial, porque ¢l impasse pucde ser fin ¢ inicio, y
es en ese sentido que el Léamamients sc artanca del estado de
suspension, csa cs su potencia. Se ponc a transcurrir cn
medio del desierto. El desicrto, y ¢l Bloom que lo habita, sc
ha extendido de tal modo, de un modo tan vasto, que la vida
misma —la vida comin, la vida social- sc ha ausentado.
Todo nos scpara, la cxtension del desierto como des-
truccion de lazos, de mundos sensibles, la hemos visto suce-
der. Hemos llegado a vivir, a conocer lazos entre la gente
construidos con haceres y saberes que en un transcurso muy
corto de tiempo han desaparecido. Experiencias que hemos
alcanzado a ver a nuestro alrededor, en nucstra infancia y
que ya no estin. Yo recucrdo las misteriosas curaciones de
mis abuclas, las plantas aromaticas en ¢l patio, ¢l conoci-
micnto que la gente tenia de los oficios... y constato que mi
propia formacién aports a la destruccion de cse mundo. La
realidad de este mundo se ha vuclto insostenible. El impasse
actual sc vive como un momento de cnorme impoten-
cia. Pero ¢l Lamamiento intenta arrancarnos de esa impo-
tencia, con la que no sabemos relacionarnos. No csperar,
porque los interrogantes propios de la espera se nos vuclven
también sombrios

5.45. A mi lo que me toca en l texto es que, bajo la forma
de un llamamiento, cstin planteando la pregunta por la rela-
cion paraddjica cntre la organizacion politica, fruto de una
decision colectiva, y esa otra lucha politica que ticne que ver
con hacerse otra sensibilidad colectivamente. Entre una y

179
otra, se trata de hacer fucrza material de un mundo sensible:
desarrollar ¢l trabajo de lo comiin puesto en ese otro lugar
que ya no es el de los movimicntos activistas tal y como los
hemos conocido, sino que parte de otra relacion con lo real.
Con este desplazamicnto, cambian las agendas, los temas, los
lugares y las relaciones politicas... pero, zc6mo seguir enton-
ces haciendo politica? Casi parcce pensable, hoy, emprender
colectivamente ¢l camino de la ruptura, de la vida en los mar-
genes o los intersticios. Es dificil, pero cs pensable. Pero,
¢como anudar ruptura c intervencion? ¢Vida al margen y
sabotaje? Ellos, con su llamamicnto, patecen apuntar al pre-
cario cequilibrio que significa mantenerse en cse lugar. Quizi
de ahi la fuerza de su lamamiento. Quizi también de ahi la
sospecha de que su llamamicnto cs un desafio sin respucstas

Something 99. Yo al leetlo, sobre todo la primera parte, les
sentfa muy cercanos. Pero cuando cmpiezan a proponet,
cuando ofrecen su cstrategia, me choca, me parece que no
queda claro, porque parten como de un afucra, como si fucra
posible un afucra desde ¢l cual poder reconstituirse en una
realidad nueva, en otro mundo. Y eso no lo tengo claro.

At Home He's a Tomrist. A mi hay varias cosas que me han
interesado, no s¢ si pucdo explicarlas mis que como cosas
sucltas. Estd la cuestion del apocalipsis, ese tono que tiene
todo ¢l rato el texto. ¢Quién hablaba de apocalispsis cn
20037 Poca gente. Pero ahora... Frases tan nihilistas como “no
creemos que en el desicrto crezca lo que salva”, Pero al mismo
tiempo la idea de ir hasta el centro de la catistrofe para “hacer-
la habitable”, “hacer habitable ¢l cstado de ex
“También me ha conmovido, o confundido mas bien, ¢l clo-

180
gio de I lentitud. Esa idea de que hemos llegado tarde y de
que quizi en el futuro se pucda hacer algo, de que necesita-
mos al menos una generacion més para construir un asalto
revolucionatio. Tenemos tiempo, csa idea. Contra la urgencia
del activismo. La idea de una politica cn cl filo, desde donde

tomar partido y hacer espacio. Constituir en fucrza csa sensi-
bilidad.

Wy Theory? Entre otras cosas me impacté la critica del
activismo y del activista. Sc ve que lo conocicron desde den-
tro. Para los que hemos atravesado la ola antiglobalizacién cs
una critica muy exacta, aunque quizd solo podia plantcarse
cuando pasé Ia ola. :Qué mundo estibamos construyendo cn
esa respucsta urgente del activismo? Una vez desaparecido cl
plano de una politizacion general de la socicdad, una vez
disucltos los colectivos y dispersas las amistades que s tejic-
ron entonces, podemos deprimirnos o bien pensar “zy a par-
tir de aqui qué? :Como revinculamos lo existencial y lo poli-
tico en el desierto?”. El activismo pone cntre paréntesis todo
el rato lo que sosticne realmente la propia vida, lo que te hace
vivir. El activista sc construye un pseudo-mundo en ¢l que
liega a olvidar incluso cuil cs la misma naturaleza de su
revuclta personal, es incapaz de explicarla con sus propias
palabras.

A Hole In The Wallt. Su critica a la politica como abstraccién
de lo material s muy bucna. Lo que més me ha gustado del
texto s cuando logran precisamente no hablar como activis-
tas. Por ciemplo, toda la poctica en torno a la fabricacion de
mundos. La pregunta sobre cémo dar duracion y consisten-
cia 2 una politica de amigos. O la critica de la vida cotidiana.

181
Ahi hablan, como si no fucran activistas, del malestar social,
del estar solos, de la obligacion de gestionar las relacioncs.
Creo que eso es lo mas actual. Pero hay momentos donde se
encarnizan en segin qué cosas en los que me patece que cllos
mismos sc vuclven de alguna forma de esa izquicrda que cri-
tican, no s¢ bien como explicarlo. Veo algunos pasajes muy
coyunturales. La critica a la izquicrda, por cjemplo, me parc-
cc muy situada en ¢l movimicnto antiglobalizacion con
respecto al nacimiento del Black Block, Por momentos s
picrde csa voz de enunciacion desde la gente y desde la diso-
lucion del cje izquicrda-derecha, que cs cl sitio que me pare-
c interesante.

Glass. Es un libelo que dice al que lo lec “hay cosas que
hacer ms alli de leer. Es el llamamiento a una mision, cllos
se han puesto en misién. Un mesianismo sin mesas. Por eso
la critica al activista cs muy bucna: vale, esta bien ponerse con
los inmigrantes en las iglesias, pero a la vez no estis viviendo
con cllos. Estin plantcando un puro mesianismo. Cuando
liega ¢l mesias sc acaba una ley y apatece otra nueva, Por cso
surge la linca criminal. Porque en la legalidad no se pucde
vivir y para franquearla hay que organizarse materialmente. El
desertor que no sale del desicrto no deja de comer arena. En
su caso, un referente claro son los origenes del movimiento
obrero. Es un texto estratégico y de cstrategia. Dicen: hay que
destruir la izquicrda y creo que cso merece una explicacion:
izquicrda y derecha conforman una socicdad que es ¢l pozo
de todas las antinomias y las antinomias hay que atravesarlas.
Mis que a la guerra civil, sc dedican a la ciencia del motin.
Dicen: no quicro reformar, quicro destruir. Y lo bueno s que
quien lo dice no s un personaje o un colectivo. Es una voz

182
Una posicion de enunciacion, por decirlo con sus palabras.
Una forma de vida que conecta con otras formas de vida que
a existen,

Woman Town. Una razon de mi cercania con lo que dicen
es que hablan desde una herida. La herida como algo previo
desde lo que trabajar sobre lo politico y no al revés, como
algo que se da antes de lo ideoldgico, lo discursivo o lo teo-
rico. Es un trabajo sobre lo politico muy a ras de picl en ¢l
que me reconozco. Y ademis cn un contexto en que no ha
habido, para muchos de nosotros y tampoco para cllos, un
acontecimiento previo que pucda dar consistencia a cso
desde la memoria, desde la experiencia. Esa hetida, como la
guerra cn curso que describen, estd ahi y ha estado ahi desde
¢l principio. Siempre he cntendido que ahi residia lo mas
fecundo de nuestra voz para empezar a hablar, o de lo que
yo podia ofrecer en primer lugar para compartir. Y lucgo esti
<l tigngulo comin-comunidad-comnisma, que cllos, como yo,
creen que, siendo fundamental, tiene que ver mas con algo
en que pensar y sobre lo que crear que en algo a rescatar,
puesto que nada o poco de lo que se ha reclamado de tales
conceptos desde la izquicrda, nos sirve de mucho. Es mis
jcudntas veces ha sido y seri contra la izquicrda que habrd
que pensar todo csol Y, por ltimo, veo en cllos la misma
necesidad de trabajar el concepto para poder dar cuenta del
mundo y de lo que podemos o no podemos en ¢, la misma
necesidad de tener que volver a nombrar las cosas, de las mas
cercanas a las mis abstractas, para poder cntenderlas y
enfrentarlas. Y entender cso como algo a hacer colectiva-
mente, como claboracion que se comparte antes que como
discurso o teoia que se reparte.

183
“Situamos el punto ds o retorno, la salida del desiert,
ol fin del Capital, en la intensidad del lazo que cada wno logre
estableer entre Jo que vive y lo que piensa”

Lave is Anthrax. Las claves para agujerear la realidad que
nos ofrecen son las claves de un programa politico, “Ia cons-
truccion del Partido” hacer de la atencion una disciplina, por
cjemplo, es decir: atender tu propia vida. Eso seria, dentro del
lenguaie profético, ¢l camino de redencion, que no contiene
esperanza mis que en acto, sc trata de una esperanza sin
estructura. Es micntras hacemos ¢l trayecto que gozamos,
por cjemplo. Por eso importa poco que la insurreccion gene-
ral o la revolucién s demore en llcgar, porque lo que nos
hari vivir ¢s cl propio trayecto que hemos cmprendido. Es
una forma de vida, asi lo llaman ademis. Y la quicren mate-
tializar, y dicen: “creacion de medios cfectivos para la cons
truccion de mundos compartidos”. Y entre cllos hablan de la
construccion del Partido, que cs su parte mis oscura, que cs
un embrollo y esa es su gracia. No te lo dan hecho, dicen:
Oiga ya sc lo ird usted montando! Ahi hacen hincapié cn cl
imperio diciendo: no hay que combatirlo, no cs el lugar de la
batalla. Este sc encucntra mas bien en la profundizacion de
las relaciones dentro del partido. No hay lugar para la duda
ética, lo que nosotros queremos cs lo bucno, somos los sciio-
res de nosotros mismos, de nucstra decision. No somos un
movimiento de reaccion, fes que queremos vivir!

Wy Theory? Una de sus ideas-fucrza es que el punto de
partida para una politizacién son las inclinaciones de nuestra
forma de vida: ¢l gusto y la atraccion por cosas, personas,
lugares, actividades, lenguas. Ahi donde ¢l mundo te atravie-

184
say tu atravicsas ¢l mundo: ese es el punto de partida. El pen-
samiento viene a hacer de esa afectacion una fuctza, a aferrar-
la y claborarla, a darle forma y dircccion, una cstrategia. El
desicrto no csti s6lo en los aparatos del Estado y ¢l mercado,
sino alli donde uno s ve obligado a poner entre paréntesis
sus asideros con la vida, todo lo que te manticne aferrado a
clla. Asi que la materia prima de lo politico s la red de cosas,
costumbres, palabras, fetiches, afectos, lugares y solidaridades
que forman nuestros mundos. Precisamente todo lo que se
pone entre paréntesis en los pscudo-mundos del activismo.
La subjetividad militante es una personalidad muy disociada:
esti cl trabajo, la familia, los amigos, los amores y lucgo, por
otro lado, la politica. El desicrto también estd ahi, cn csa poli-
tica disociada de la vida, cuando lo que vivifica la politica cs
ponerlo todo en un plano de horizontalidad.

Lave is Anthrax. Yo necesito vivir en la incoherencia, a mi
la incoherencia me salva. Estoy de acuerdo con lo que dicen
cllos: “el capitalismo s destruye cn la medida en que cada
uno sca capaz de vivir como piensa”. Pero si yo viviera como
picnso, pucs cstaria loco o en la carcel o me habria tirado por
un baleon. Y si adaptara mi discurso a lo que soy capaz de
vivir, pucs me metetia cn ¢l PSOE. Lo que uno dice le trans
forma y con los complices hay que ser capaz de llevar el dis
curso hasta cl final, hay que pensar la propia vida radicalmen-
e, hay que ser capaz de ponerse en las manos del otro. Entre
amigos, con los complices. Pero eso no lo pucdes hacer siem-
pre: en el trabajo, por cjemplo, donde no hay complicidades.

5.45. Entre la sintesis coherente y la incoherencia conver-
tida en un doble plano donde el pensamicnto cs radical y la

185
vida es del PSOE, la alternativa es insoportable y te mata por
dentro. Creo mis cn un cuctpo a cucrpo entre los diferentes
planos de vida donde hay partes en las que eres declarada-
mente impotente (por cso pagamos la hipoteca a los bancos que
n0 cuestionamos, por cso vivimos bajo toda una seric de con-
dicionamientos materiales que sobrepasan toda posibilidad de
enfrentarse a cllos por ¢l momento), pero que no componcn
una division estricta cntre una dimension material de mi vida y
la dimension simbolica, sino que s afectan, se comunican.

Lave Is Anthrax. Sobe todo comunican a través de lo que
dices: se afectan. Antes en politica habia ¢l “programa mixi-
mo” y ¢l “programa minimo”. Ahora, si uno no abandona cl
“programa miximo” cuando csti con los suyos, eso repercu-
te en cl resto de la vida y te hace mis valiente. Es decir, ser
capaz de pensar la vida radicalmente cs una experiencia libe-
radora que te transforma. Pero constato que hay dos planos
cuando vamos a trabajar hay unas servidumbres y las cumpli-
mos, no cstamos cn una alianza de amigos, cs diferente.

5.45. En todos los planos tienes conquistas que no son
cquiparables las unas con las otras, pero no hay ¢ lugar de las
servidumbres y ¢f lugar de las conquistas y la libertad absolu-
tas, sino que en todo cl terreno de tu vida atraviesas servi-
dumbres y aventuras. Y hay momentos donde cstis en un
lugar y no cn otro, Y hay otros terrenos que sencillamente
abandonas porque no hay ni una cosa ni la tensién para con-
seguir la otra.

Entertainment. Tenemos unas imagenes, provenientes de
toda una tradicién, sobre qué significa la radicalidad. Pero a

186
lo mejor esas imégenes radicales hoy nos impiden pensar radi-
calmente nuestra propia experiencia del presente, su ambigiic-
dad y su complejidad. Y a lo mejor Ia radicalidad consiste en
afrontar realmente csa “incoherencia” y no ocultarla, Porque
la radicalidad habla y escribe, pero queda una sombra sobre la
que nunca se piensa: la vida real completamente integrada de
quien habla y cscribe (por ¢l dia, trabajador anodino y confor-
me; por la noche, cxaltado pocta de todas las revuclas —aje-
nas— sin componendas). Asi se pucde ser radical en la litera-
tura y ¢l estilo, abandonando la vida real a una pura sombra,
sin reflexionar nunca a fondo sobre clla. :Qué fucrza pucde
tener l pensamicnto escindido de la vida escindida?

At Home He's a Towrist. Lo que funciona todo cl rato cn la
maquinaria del Llomamients cs un pensamicnto pre-politico
sobre lo constituyente. Cuando todo s catastrofe y desicrto,
s6lo la atencion a lo pre-politico pucde tener fuerza. Las
metiforas o los dispositivos de los que hablan son pre-politi-
cos: amigo/cnemigo cs la division que C. Schmitt considera
fundadora de lo politico, pero otros muchos la sitian mas
bicn en lo pre-politico... El poder constituyente de Negti tam-
bién es lo pre-politico. No s trata ya de las relaciones que se
pucden tencr, sino de alianzas provisionales para formar
mundos en un momento cn ¢l que todo esta destruido.
Cuando hablan del liberalismo cxistencial dicen seialar una
capa de lo real tan profunda que o se sucle tratar como poli-
tica y donde realmente se jucga la division entre lo que se
admite como real y el resto. Van mis profundo, a la roca
madre. Hay como un salto conceptual de un libro més spino-
sista como Intraducciin a la guerra civil, que arma todo el pensa-
micnto como cstrategia de acrecentamicnto de la potencia,

187
hasta | Llamamients, donde se trata més de hacer cufia que de
algo mis politico-cstratégico: frente a la climatizacion y la
moqueta, intensifiquemos el presente en la catstrofe, ya que
n0 hay trascendencia. Esc planteamicnto corporal inmediato,
frentc a la neutralizacion afectiva, es muy potente.

“No somos de los que crean que alli donde orecs ol dasierto crece
también su antidoto. Nada pede suceder que no comience
con wna secsitn en rolacion todo lo que hace oroce ese desiorta”

Entertainment. Retoman imagenes conceptuales como la
miquina de guerra para pensar ese vineulo fuerte entre exis-
tencia y politica. Vale, bien. Pero no entiendo como su apues
ta por unir vida y politica pretende evitar la deriva tipica de lo
istencial en gheto o grupo de autoayuda y de la politica en
activismo y militancia. Dicen no al activismo; no a la militan-
cia; no a los movimientos sociales; incluso hacen una critica
muy interesante y se nota que muy desde dentro a las okupa-
ciones. ;Y entonces? :Qué hay de nuevo? Las formulas épico-
rominticas que tanto nos exaltan parccen chocar con la reali-
dad. :Qué proponen para salir de los antiguos impasses?
<Qué nuevos elementos pricticos de respuesta han encontra-
do? :Qué otra idea de lo politico? :Por qué este llamamiento
a volver a vincular vida y politica va a tener mis pertinencia y
fuerza que otros anteriores? (Por qué ahora van a funcionar
las comunas que fracasaron hace 30 afios?

ex

Something 99. Es una apuesta radical, firme, no duda. Es una
decision que no sé muy bien en qué se basa, pero lo que la
manticne viva cs la firmeza de la propia decision. :De dénde se

188
sacan que se mantendrd? ¢Por qué no va a suponcr otro fraca-
50 mis? No lo saben. Pero su apucsta esti en practicatlo y ver.
i critican las okupaciones es porque en un momento decacn,
picrden la cstrategia, la conviccion de su decision y acaban sicn-
do una réplica de las mismas relaciones de las que se quetia
huir. Ellos quicren crear otro mundo, crear realidad. Crear un
afucra, confian en que cs posible. A mi me sorprende, me pre-
gunto cémo sc hace. En el Llamaniento ni sc explica, ni sc nicga
que no vaya a fracasar. De todas formas, al principio cllos dicen
que habitamos cn una situacion en la que no puedes negar al
de enfrente ni al enemigo, sino que ticnes que coexistir con
cllos. Tal vez cs0 no lo retoman lucgo, pero ahi dicen muy cla-
ramente que vivimos includiblemente en un campo de tensio-
nes y fuerzas donde lo politico consiste en ¢l modo de relacién
que cstablecemos con los amigos y los encmigos. Asi que cse
afuera no cs, desde lucgo, una torre de marfil.

Wy Theory? Pero buscando csa realidad aparte, ino nos
hubiéramos perdido todo lo interesante que paso tras 2003: ¢l
13-M, la V de Vivienda, etc.? La fuerza de esos momentos no
sc arraigaba cn realidades aparte, sino que tenia que ver més
bicn con la ambivalencia de nuestra experiencia como hijos
de I metrépoli: la experiencia del hombre anénimo que apa-
rece y lucha, pero luego desaparcce para hacer su vida. Tras
el reflujo de Ia ola global, todos los movimicntos que nos han
permitido resituarnos y realfabetizarnos, repensar de nucvo lo
politico en ¢l desicrto del impasse, van precisamente en cl
sentido de encontrar la salvacion junto al veneno, no mis alli.

5.45. Veo todo el rato una tension y una contradiccios
por un lado, hay un llamamiento magnifico a dejar de vivir

189
como si o cstuviéramos en ¢l mundo, contra ¢ liberalismo
stencial; hacer tangible la situacion me parece precisamen-
te cso, experimentar realmente los vinculos que nos hacen
estar en ¢l mundo y ahi sc abre la posibilidad de lo comin. Y
ala vez, parccen saber demasiado bien de qué esti hecho cl
mundo: todo el mundo es veneno, todo ¢l mundo es desicr-
t0, todo ¢l mundo s catistrofe. Entonces solo te queda rom-
per con él. A mi desde lucgo me interesa la primera parte,
hacer tangible la situacién, que las politicas de lo comuin scan
aprender a descubrir —en la prctica, cn la teoria, con los cucr-
pos, con los lenguaies, con lo que vivimos— cso que nos ata
al mundo de la mancra mis colectiva y, por tanto, mis trans-
formadora posible. Pero es que cllos parecen saberlo todo: cl
resto es valotizacion / oposicion. Por tanto nos escindimos
de la una y de la otra, porque la gente o bien esti tontamente
reproduciendo el capitalismo (valotizacion), o bien esti ton-
tamente oponiéndose al capitalismo (la izquicrda). Quizd no
hay que saber tanto, sino precisamente partir de un no saber
que rompa con esa alternativa, no dar por acabado ¢l mundo.

ex

Wy Theory? En concreto quicn nos saba después del 11-M
es precisamente esa gente que csti “tontamente reproducien-
do cl capitalismo”. En la reunion de los movimicntos sociales
justo después del atentado sc sabia demasiado: como el aten-
tado iba a producir una fascistizacion de lo social equivalente
ala del 11-8; c6mo lo social sc disponia a asaltar los centros
sociales antorcha cn mano considerindolos complices de lo
ocurrido. Sin embargo, cl acontecimicnto que desaloja la ges-
tion del micdo del poder, que impide que la logica de la segu-
ridad prenda y que evita que cl racismo cristalice se alimenta
de energias sociales que quedan fucra de los espacios politiza-

190
dos. Yo desde luego ahora no pucdo aceptar ningiin esquema
de lo real que me cicgue en ese punto determinante: la ambi-
giicdad de los lugares donde supucstamente no pasa nada §
habitan las formas de vida atenuadas. No s /o que parccen.

Woman Town. Tampoco podemos perder de vista que cn
1998, cn Teoria del Bloom, un testo cercano a las posiciones del
Liamanients, hay una descripcién muy hermosa y potente del
espacio del anonimato y del “hombre an6nimo” que repre-
senta este Bloom. Son perfectamente conscientes de hasta
qué punto los dispositivos de scparacion que fundamental-
mente producen, segiin sus propias palabras, soledad, finitud
¥ exposicion, han convertido la metrépoli en el lugar por
excelencia de ese anonimato. Ese Bloom setfa ol niilista tlti-
mo, cl iltimo hombre al que nada mas podia ocurrirle pucs
to que incluso su esencia le habria sido arrcbatada y, sin
embargo y paradéjicamente, pucsto que Bloom no deja de ser
condicion universal del habitante de la metrépoli, en realidad
scria ya algo a compartir por ¢l hecho de ser lo comiin a
todos. También suclo comiin desde el que poder rebelarse.
Eso, que mantienc evidentes resonancias, me parcce, con lo
que algunos hemos dado cn llamar “Ia ambivalencia del hom-
bre anénimo”, crco que se picrde al final del mismo testo
donde el Bloom pasa de condicion genérica a condicion estra-
tégica; y ahi sc vuclve tal vez a una vision més clisica de lo
politico: establecimicnto de una linca amigo-cnemigo mucho
mis rigida donde cl amigo lo es por afinidad en la forma de
vida mis que por compartir una condicion genérica que se
querria superar o neutralizar, o una vision de la retirada ofen-
siva que requicre del establecimiento de algin tipo de afucra
como tinico lugar legitimo de lucha.

191
Wiy Theory? Me cuesta mucho ver al Bloom cn cl
Liamanients. Es como si hubicran abandonado csa figura cn
tanto que punto de partida, prefiriendo arrancar més bien de
las formas de vida, que sc convicrten en comunidad y después
en mundo. La descripcion que hacen del liberalismo cxisten-
cial s muy buena, pero puramente negativa. La gracia de la
Teoria del Bloom cta que ahi no solo hacian la descripcion nega-
tiva de una figura que representa una forma de cstar —o,
mejor dicho, de s estar— en ¢l mundo, sino que veian cn clla
una disponibilidad, una ambivalencia y una potencia desde la
que recomenzar lo politico por otro sitio. Si ¢l Bloom no cs
algo que tengamos cnfrente o algo de lo que estemos libres,
sino una condicién que hay que asumir porque cs la de cada
uno de nosotros, cn cl Liamamiento no la veo, ni tampoco cn
La insurrecciin que viene -a no set que nos resulte creible que ese
Bloom se transforme a si mismo en un revolucionario de una
picza tan despiadado y tajante con los demis Bloom como si
¢l nunca lo hubiese sido. ¢Acaso les livaba ¢l Bloom a un
callcjon sin salida?

At Home He's a Tomrist, Quizi lo que les pasa cs lo mismo
que a nosotros: en el 99 cs Seattle y la antiglobalizacion. El
Bloom csti ahi siempre porque cs ¢l fondo de nuestro
mundo, pero la cosa pasa de pronto por otro lado.

We Live As We Dream, Alone. Es que con ¢l Bloom no s
pucde hacer politica. Y con las formas de vida, la potencia y
la intensidad si. Al final ¢l Bloom es molesto. La ambivalen-
cia del vivir, la ambigiiedad de la politica, cs justo lo contra-
tio de un ‘nosotros’ que sc afirme como potencia. Y la para-
doja cs que, siendo un texto tan magnético y atractivo, solo

192
pucda poner la historia cn ¢l centro; no la vida. Porque la
vida, como cuestion, no se problematiza, queda resuclta ente-
ramente en cl concepto de forma de vida como algo ya dado.
Es justo lo que ven como solucion aquello que deberia pro-
blematizarse. Hemos constatado que la potencia se despoten-
cia, que lo que por aqui llamibamos “desafiar al poder” y
cllos llaman “forma de vida” se despotencia y queda anulada
¢n una sociedad posmoderna. :Dénde esti cl problema? La
vida no cs tan simple como una forma de vida. La vida no es
una solucion, sino un problema, La cxistencia cs un proble-
ma. Y a partir de ahi retrocedemos para poder csperar y mirar
alrededor, no decimos “vamos hacia adelante y ya vendrn”.

Lave Is Anthrax. Cuando se describia la asamblea de mili-
tantes el mismo 11-M y c6mo se equivocs en su andlisis de lo
que iba a venir, aquello se ve como un proceso. De pronto s¢
percibe que hay una fucrza difusa cn lo social anénimo que
nos sobrepasa y nos trasciende pero ante la que se pucde vivir
con los ojos abicrtos. No crco que la gente que ha escrito cl
Llamamients parta de ahi, sino que més bien parcce urgida por
otras necesidades: quercr hacer habitable mi vida ya, querer
vivir ya, rechazar que mi vida se halle atravesada por unas
relaciones digamos dominadas por ¢l mercado. Esa cs la dife-
rencia, pero o creo que olviden al hombre anonimo. Lo que
pasa s que hay un momento de transformacion, un momen-
to cn que cl hombre anénimo puede hacer un ‘nosotros’. Y
potencialmente cualquicra pucde hacer ese ‘nosotros’, pero a
la vez también cs ¢l hombre anénimo. Y no veo que eso entre
en contradiccion con lo que s estd diciendo aqui, sino que
mis bien sc da por supucsto que ¢l Liamamiento se ditige a los
complices que ya han atravesado ¢l desicrto y comparten csas

193
evidencias. Se ditige al hombre anénimo que ha aceptado la
decision de constituirse en ‘nosotros”. Por cso cuando cllos
hablan del “nosotros’ no me parcce que tenga nada que ver
con una vicja politica, sino con otro tipo de ‘nosotros’ que
viene después de un proceso inicidtico entre quicnes han
visto el desictto, entre los resucitadss.

A Hale In The Wallet. Hay momentos sectarios cn los que cl
Liamamiento se dirige s6lo a unos pocos, a quicnes quicren
escuchar. Pero hay momentos cn los que se habla a todos: por
cjemplo cuando se preguntan por qué vamos a los lugares de
neutralizacion afectiva, que son csos lugares donde nos ador-
mecemos y aguantamos asi ¢l suftimicnto de vivir. Y sc pre-
guntan por qué, si todo ¢l mundo sabe que ir al gimnasio, al
centro cultural, al supermercado o al IKEA s ir a que te ador-
mezcan y a neutralizarte, zentonces por qué seguimos yendo?
Lo plantean, pero no avanzan por ahi, porque cl andlisis de la
neutralizacion desmonta nuestra imagen de la politica. Pero si
que hay momentos, para mi los més interesantes, donde se
plantean las cosas desde una dimension de masas también.
Porque la dimension seetaria tiene su limite identitario. La ten-
sién entre visibilidad ¢ invisibilidad cs una de las cuestiones a
dirimir ahora. Hemos visto los limites del ‘minoritatismo’ y los
cédigos cerrados: tu te vas a vivir con 20 personas y te vuel-
ves gilipollas por mucho que viajes, porque solo hablas con
esas 20 personas. Ese cs un limite claro de la okupacion. Entre
ese minoritarismo y los movimientos de masas de la izquicrda
que siguen ¢l jucgo, hemos visto los tltimos afios que hay
espacios interesantes y que tienen que ver con todo ¢l mundo.
Profundizar en cl anonimato cs la tnica via que me interesa,
acompafiada de mucha gente pero anénima.

194
“Quion s constituya de esto modo en fuerza sabo que se comvierts
en un partido en el desarrollo mundial de las hostildades.
La ouestitn del recurso o de la renuncia a “la violencia”
10 es de Jas que wn partido asi se plantea”

Waoman Town. A mi, por ciemplo, la idea absolutamente
central en el texto de que los dispositivos de neutralizacion
imperiales son operaciones de guerra que hay que tomar
como tales si, a su vez, se quicren neutralizar, me es muy cor-
cana. Y neutralizarlas no ya para poder ir mas alli —que tam-
bién, por supucsto—, es que siempre me ha parccido algo
incluso imprescindible para poder cmpezar a hablar. Pero
dicen mis, dicen: esta guerra que se nos hace, esta guerra
contra nosotros, contra todos, més que librarla hay que com-
batitla. Y ahi introducen la diferencia, la asimetria, entrc la
guerra civil que propone cl imperio con aquella en la que
deberiamos emplearnos todos aquellos que no la quercmos
en nuestras vidas. Enfrentamicnto para intentar desestabili-
2ar o desalojar al otro de una posicién, de un lado, y éxodo
de los espacios de poder o de neutralizacion donde todo eso
debilita y destruye, del otro. Creo que son cucstiones que han
sido y continiian siendo fundamentales no solo para mi, sino
para muchos de los que hemos hecho cosas juntos los lti-
mos afos.

At Home He's A Tourist. Creo que en ¢l Liamamients hay
una fulguracion tras lo que dicen y cs la disposicion al enfren-
tamicnto. Dejo planteado un cscenario. El texto traza de
modo apocaliptico un desastre por encima del cual se asenta-
ria una cvidencia: la vida cs horrible. Constatan que hay una
neutralizacion de los afectos, un aplanamicnto. Hablan de

195
especticulo, de bio-poder. Ante cso, si no se aclaran las cosas
cn la amistad o la enemistad, lo que recubre todo es una situa-
cion de neutralizacion, lo que en otros lados llaman Jostis (“la
no-relacion consigo mismo [asi] como la no-relacion global
de los cuctpos entre cllos”). Se vuclve pucs necesario tomar
contacto con csa hostilidad (hostis) para volverla amistad o
cnemistad. Esa cs su linca amigo-cnemigo. Rompes con la
hostilidad cuando tomas posicion: qué territorio cs cl tuyo,
quiénes son tus amigos, qué enemigos tiene:

Glass. Ya en ¢l principio hubo una lucha entre formas de
vida, los anabaptistas, la revolucion inglesa, son luchas entre
formas de vida; hay una que acabo dominando, ¢l colonialis-
mo, ¢l trabajo, la disciplina, porque nuestro mundo nacié cn
los correccionales, en las prisiones, cn Virginia a los trabaja-
dores les imponian la disciplina militar para que trabajasen,
porque si no s volvian a sus ticrras comunales.... Ya desde el
principio las luchas son luchas entre formas de vida, cs decir,
cntre formas de cooperacién, qué compattimos y c6mo lo
compartimos. Mas que de desafio, hablan de tictica.
Atravesar las antinomias que arma la sociedad y convertir cl
pensamicnto cn una tictica, cémo hacer. Cémo hacer para
desprivatizar cspacios, sitios, mercancias. Hablar, pero para
pensar como hacer. Su pensamiento cs tictico y en ¢l vuclve
a tomar valor la ofensiva, el concepto de atague.

5.45. Con respecto a la accion violenta se mantienen, creo,
cn un doble lenguaje. El sabotajc cs una prictica muy vicja
que forma parte de la historia de las luchas de la gente cuan-
do ha querido enfrentarse a lo que la devora, Pero cn cl
Liamamients usan a veces una nocion “desituada” del sabota-

196
je que aparece ¢ irrumpe en el mundo en abstracto en lugar
de formar parte de una situacién concreta. El mismo sabota-
je puede ser muy distinto si se da de manera aislada o forma
parte de una situacion viva de luchas: bien algo que no inte-
trumpa nada, o bien algo con mucha fuctza y radicalidad. Ahi
veo la debilidad del ataque cuando se pone como fin: picrde
toda capacidad de atencion ¢ intervencion, precisamente la
misma que ellos reclaman en otros pasajes. Se estetiza. Por
cjemplo, ¢l sabotajc a la izquicrda asi en general no le veo
mucho sentido. Quizi es algo efectivamente muy fechado en
las batallas internas del movimiento antiglobalizacion en
2003. Pero dentro de una situacion concreta, por cjemplo
ahora mismo en el interior de la lucha universitaria contra el
plan Bolonia, pues ahi si veo la necesidad de ese sabotaje por-
que la izquierda, con sus férmulas organizativas y mentales ya
hechas, esti matando toda posible problematizacién més
interesante y radical.

Something 99. En un mundo cerrado, toda expresion de
vida es criminal y, por lo tanto, si te quicres defender habri
una violencia. Como no quedan cspacios, toda afirmacion cs
criminal. Yo leo su reflexion sobre la violencia desde ahi.
Como autodefensa, para que la vida pucda vivir.

Soul Rebel. $i creo cn la guctra, en la violencia cotidiana que
recibo, en cl dolor que padezco y el dolor que reconozco en
¢l mundo. Los agentes, los dispositivos, “las formas de vida,
valotizadas y valotizables”, los espacios uniformadores y
valorizados por la violencia cotidiana que también es medid-
tica y relacional y de la cual no nos podemos cscapar; aunque
la logica que usemos sca la difisa o borrosa: se ha de estar n

197
guerra contra esto; es mi propia gucrra, como desidentifica-
cion de mi existencia de tales “personajes conceptuales™

El sindicalista me lo dice,

el independentista me informa,

el ccosocialista, ¢l pocta, cl artista, me lo advierten.
“Todos, socialdemocratas de mercado,

me lo imponen, democriticamente.

(Mads o menos, y en este orden, me lo han ido diciends)

Tal vez sea mi viacrucis especifico en cl cual trabajo desde
hace tantos afios: zc6mo desde ¢l anonimato, y como singu-
lar, deconstruir tales personajes que somos? :Como ser pocta
sin ser un barrencro? :Como crear un aparte sin apartarme,
desde dentro? ¢Como ampliar cl limite sin que me limite, me
determine? Atravesar... Efectivamente, estoy totalmente cn

contra de la violencia separada, como método. Pero no de
violentar algunas violencias que cada dia me violentan. La rea-
lidad nos impone limites que nos constrificn cotidianamente
¥ que nos violentan, o cmpujamos o nos estin cada vez dejan-
do menos espacio. Como se decia antes cs una pura autode-
fensa.

“La ouestién comunista apunta a la elaboracion de nwestra relacién
con el mundo, con los seres, con nosotros mismos”

Love Is Anthrax. Lo que denuncian es que la izquicrda esta
en la misma logica que el liberalismo existencial. Y sobre todo
que hace sostenible lo insostenible. Pucdes plantearte, como
se hace por abajo con Lula, aprovecharte de la izquicrda cn

198
algunos casos para crear comunidad, ctc. O pucdes preferir
pensar que todo lo que nazca bajo la izquicrda es desicrto,
pande el desicrto. Creo que ¢l micdo més grande que tenc-
mos todos, en cste tiempo, a pesar de venir de donde veni-
mos, cs la experiencia de lo comiin, siguc sicndo la experien-
cia de o comiin. Y cllos proponen abicrtamente la experien-
cia de lo comiin, esa es otra gracia que les veo.

ex

Something 99. Parece que estamos de acuerdo con la lectu-
fa que hacen del mundo, compartimos su critica. Pero de
repente tienen ¢l valor de proponer algo. Ellos sc atreven, dan
ese paso adelante y eso cs lo que nos interpela justamente
¢Nos parcce una ida de olla? :Es viable? :Desde dénde lo lec-
mos? ¢Nos aterroriza pensarlo? Me parcce importante hablar
de 50, del paso a otra forma de vida, sin buscar al enemigo
sino relacionindonos con ¢l mundo de otra mancra. Romper
las relaciones capitalistas que nos inundan, que nos absorben.
Ver hasta dénde somos capaces de llegar. Lo potente del
Liamanients es su determinacion y su insistencia cn cso. S
han aventurado cn okupaciones y han visto que han sido un
desastre, pero no han tirado la toalla. Sc han dado cuenta de
que se equivocaron, pero insisten. :Qué sentido pucde tencr
hablar de esto aqui entre nosotros, después de lo que hemos
compartido? Este texto nos cmpuja a dar ese paso. Quizis no
scamos capaces, porque llevamos cl capitalismo tan metido
dentro que nos hace impotentes. Ahf csti cl punto de corte,
el punto de inflexion.

Glass. Ellos no apucstan por una red amplia y débil: hablan
de pequedios niicleos consistentes. Son conscientes del nihi-
lismo reinante. S6lo dicen: en ¢l momento decisivo se tendri

199
que tomar partido. $i la opcién de decir no quicro jugarme la
vida porque el imperio es demasiado fuerte s la rendicion,
zc6mo plantearse por lo menos jugarte una parte de tu vida?
Ahi indican ¢l camino de la ilegalidad, que s cl partido por la
inventiva. Y cuando ha habido momentos potentes es porque
la gente se ha organizado asi, cn pequeiios colectivos, y final-
mente se crea una crisis, como cn Grecia. Ahora somos débi-
les, l texto nos interpela pero nos da micdo porque somos
débiles, no creemos en nucstra fucrza porque cstamos cxtra-
fiados de clla.

It s not Enongh. Yo 5610 he leido, de los colegas franceses,
el Liamamients, s6lo una vez, algunas partes las cntiendo,
otras creo que las intuyo y otras sc me escapan. A pesar de
cllo, me parece un texto interesante, no me deja indiferente
ni me cs ajeno, en cstos tiempos de huida hacia adelante, lecr
reflexiones acerca de la cfectividad de nuestra acciones, acer-
ca de la funcionalidad para el sistema de los movimientos
sociales o leer la palabra comunismo, me parece interesante
¥ muy conveniente, y esta cs la parte que més me interpela,
no tanto la de las propucstas. Yo sé desde hace tiempo cudl
es esa decision a la que se llama en l texto, pero sé también
adonde me lieva y yo opto por otra cosa, no muy distinta,
ctco. Opto por meter la pata donde pucda y por vivir en este
mundo. Yo deserto pero no me largo. Si deserto y me largo:
me mucro, me suicido, me matan, me meto en Ia guerrilla,
me encarcelan... No, yo vivo y lucho y en las rendijas, por-
que esta vida vale la pena, no vale muchisimo, si valicse
muchisimo dejaria de fumar, pero vale algo. A mi me inter-
pela el texto y me ayuda a profundizar en una reflexion ini-
ciada ya antes de leerlo.

200
Steepwalker. ) Llamamiento forma parte de las politizaciones
inéditas, porque invita a descrtar pero a la vez habla de recu-
perar experiencias que habitualmente no se consideran politi-
cas: Ia reapropiacion de lo comiin cs la reapropiacion material
de tecnologias del vivir. Luchar cs aprender, recuperar la aten-
cion, cuidarse, aprender a usar herramientas, a sanarse, cs
darse espacios, cs una construccion comiin de todos los pla-
nos de la existencia hecha segiin sus propios tiempos y nece-
sariamente hostil a un mundo insostenible. Donde reestable-
cer ol contacto material con nuestros devenires. Es ¢l no-
poder vuclto posibilidad. No cs una llamada a crear un afuc-
fa, sino a cstar realmente presentes. Es esa su politica. Por
donde se la aguerea, la realidad supura, o se la pucde aguje-
rear para pasar a otro lado, entre cstas dos posibilidades s
inscriben Grecia, Francia en ¢l 2005 y también los movimien-
tos anénimos, el 13-M, V de Vivienda, de la despolitizacion
surgen politizaciones incditas y cl [amamients forma parte de
clias.

201