Cuadernos de NEGACION: Contra La Valorizaciôn de la Vida
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cuadernos de  NEGACION  CONTRA LA VALORIZACION DE LA VIDA  mayo de 2018
cuadernos de  NEGACION  No tenemos nada que venderle a nuestros hermanos de clase, nada con qué seducirlos. No somos un gruptisculo compitiendo en pres- tigio ¢ influencia con los demds gruptisculos y paridos que dicen representar a los explotados, y que pretenden gobernarlos. Somos pro- letarios que luchan por acabar con cl Capital y ¢l Estado con los medios que tenemos a nuestro alcance, nada més y nada menos.  Si sentis que estos materiales deben ser difundidos.... 1A reproducilos, imprimirlos, copiarlos, discutirlos! Fucron realizados para circular por donde s considere mis con- veniente.  Por obvias razones econémicas no podemos realizar una gran ti- rada de esta publicacion como lo descamos, ni tampoco enviarlo a muchos lugares del mundo, por ello alentamos a la distribucién de los Cuaerxos copidndolos y haciéndolos correr como mejor se pucda.  Agradecemos profundamente a quicnes vienen colaborando con Ia difusién de los nimeros de Cuaperyos pe NEGACIN y los invitamos a ponerse en contacto.  iAdelante compaieros!  cuademnosdenegacion@hotmail.com cuadernosdencgacion.blogspot.com  CONTRA LA VALORIZACION DE LA VIDA  Presentacidn - 01 Mercancia y valor - 03  Acerca de los fundamentos l6gicos e histricos de la sociedad capitalista - 07  El trabajo abstracto y el valor como abstraccidn real - 10 La ley del valor - 12 ina del valor - 14  Critica a las criticas de la teoria man  La valorizacidn del valor: el plusvalor - 18 Contradicciones capitalistas - 27  Notas sobre el capital ficticio - 31  No hay politica contra la dictadura del valor - 35  ADVERTENCIA SOBRE LAS CITAS  No es nuestra tarea anunciar novedades i resguardar un antiguo tesoro, sin embargo, muchos de quicnes se dispongan a leer podrin encontrar aqui pequeias y grandes revelaciones asi como vicjos enunciados. Des- de CUADERNOS, nos gusta compartir algunos pirrafos bien dichos de las diferentes publicaciones, libros, textos y papeles que utilizamos al momento de preparar cada niimero. Cuando reproducimos estas citas, nombramaos a sus autores simplemente para defar visibles los pasos de algunos de nuestros recorridos ¢ invitar a seguir profundizando. Quien lea con atencién sabrd distinguir entre la cercania de un autor u otro. En su gran mayoria se trata de afines, pero esto ampoco implica una reivindicacién acritica de ellos o de las organizaciones de las que forman o formaron parte. Y quien lea con la inencién de reflexionar, pero tam- bién de transformar la realidad, comprenderé que todo esto se trata de algo més que libros, panfletos, autores y palabras  Los textos aqui citados (y otros) estin disponibles en: bibliorecacuadernosdenegacion.blogspot.com
PRESENTACION  «No hay otro medio, para finalizar con el problema, que acabar con el enemigo. He aqui donde queria llegar, para hacerte comprender sobre qué bases esté fundada la sociedad actual.» (Conde de Lautréamont, Cantos de Maldoror)  En ¢l amplio y autodenominado medio revolucionario, comba- tivo,subversivo o como-quiera-llamarse existe una propension a divulgar las consignas que mejor luzcan en un cartel para llevar a cabo su promocién. Proseguir la légica capitalista de canti- dad sobre calidad conlleva impartir anuncios publicitarios en perjuicio de la reflexin, la investigacién y la puesta en comin colectivas. De este modo, se publicita la militancia como una mercancia a contemplar y admirar sin participacion de los es- pectadores; o en el “menos peor” de los casos sc la promociona de manera “inclusiva” para adherir simpatizantes, prometiendo un activismo o militancia inmediata.  La comprensién de cuestiones tales como la eritica del valor no podr brindar a ningin consumidor de esléganes politicos una solucién répida a sus dolencias tal como pro- meten jy tampoco logran! los partidos, los publicistas o los pastores del templo mds cercano. El comprometerse con estas eriticas es importante para entender la dominacion capitalista y asumirlas como parte fundamental de nuestra lucha. Quien se enfrente a la critica de la cconomia con la actitud del con- sumidor que exclama «tenés cinco minutos para convencerme o elijo otra opcién» que no pierda sus cinco minutos y vaya directamente hacia otra opcion. La dedicacién y el esfuerzo de la critica radical son parte de la oposicién prctica a la légica del Capital y sus falsos criticos.  Justamente esa mentalidad basada en el inmediatismo do- minante es un producto de la légica mercantil. La mercancia  que quiere triunfar tiene que asegurar un efecto inmediato. Desde luego ese efecto inmediato de la mercancia es totalmen- te falsificador. En la vida orginica las soluciones a cuestiones (“problemas’) son parte de un proceso, de un movimiento, no una solucién matemitica. Es evidente que ese proceso, ese movimiento, contiene saltos cualitativos que dan “solucién” 2 la cuestién, pero el que quiere inventar atajos para alcanzar ripidamente ese salto cualitativo olvida que es en el camino donde lo cuantitativo se transforma en cualitativo  De todos modos, y aunque parezca inverosimil o forzado, hay acciones que precisan urgentemente de la critica del va- lor. Para no abocar nuestras fuerzas en diversas maneras de sostener el capitalismo, cayendo en la trampa autogestionista o en el reformismo més puro y duro. Y, principalmente, para dejar de compartir el mismo horizonte que los capitalistas: gestionar esta sociedad. Por ello nos interesamos en indagar as bases del sistema capitalista de produccion. poco importante?  Pese a hallarse en la obra de Karl Mars, debido al consignismo  ain parece  yala perspectiva gestionista del marxismo y la socialdemocra- cia, este tema ha sido censurado, deliberadamente dejado de Iado, o considerado un aspecto filos6fico secundario del arsenal revolucionario en general y de la obra de Marx en particular. En cuanto al movimiento anarquista, este ha sido un tema mayoritariamente despreciado por “marista’” o directamente se desconoce su existencia.  «Mars bosquejo los clementos fundamentales de una critica de as categorfas bisicas de la sociedad capitalista: ¢l valor, el dinero, la mercancia, el trabajo abstracto, el etichismo de la mercancia. Esta critica del niicleo de la modernidad es hoy mis actual que en la propia época de Marx porque entonces dicho nicleo no existia més que en estado embrionario. Para destacar este aspecto de la critica marxiana —la ecritica del valors— no s necesario forzar los textos mediante interpretaciones alambicadas: basta
con leerlos atentamente, algo que casi nadie ha hecho durante un siglo.» (Anselm Jappe, Las aveniuras de la mercancia)  Afortunadamente hubo quienes, incluso desde el autodeno- ‘minado marxismo, a partir de un esfuerzo personal y solitario o también numerosos grupos proletarios, han reconocido acertadamente la centralidad de la critica del valor para nuestra perspectiva emancipatoria. A lo largo de este néimero, explicita- remos varias de estas expresiones de las que nos hemos nutrido. Ejemplos notables son el esfuerzo de Isaak Illich Rubin durante el hostil contexto social en los inicios de la Unién Sovidtica, o los esfuerzos de las corrientes comunistas italianas y germano~ holandesas durante la década del 20. También Jacques Camatte desde la publicacion Invariance en Francia durante los 60/70 y Fredy Perlman desde Estados Unidos, como parte de toda una generacién que comenzaba a tener acceso a materiales otrora inditos de Karl Marx. Luego vendrian otros autores o grupos anticapitalistas de los cuales también nos hemos nutrido y que aqui ponemos en comin.  Por lo tanto, lo que exponemos no es ninguna novedad. Incluso ya Aristéreles (384 a. C. ~ 322 a. C), en La politica, ljos de cualquier intencién critica abordaba el tema: «Puesto que todo bien pucde servir a dos usos.... Uno es propio a la cosa como tal, no es asi el otro: asi, una sandalia puede servir de calzado, pero también como objeto de cambio. Se trata, en ambos casos, de valores de uso de la sandalia, puesto que quien cambia la sandalia contra aquello que le falta, alimentos por cjemplo, se sirve él mismo de la sandalia. Pero no es ese su uso natural. Ya que ella no estd hecha para ser cambiada, digase lo mismo para otros bienes.»  Es esencial remarcar que el valor no es una cosa, no es el precio individual de una mercancia, es una forma social. Como desarrolldbamos en El mito del valor como cualidad natural en el nro 9. de esta publicacion, los objetos no poseen natural-  mente una cualidad llamada valor. Esta es consecuencia  del modo en que la sociedad organiza su produccién. El valor y la mercancia, asi como el dinero o el trabajo no son datos neutrales y transhistéricos, y mucho menos naturales ¥ eternos, s trata de categorias bisicas del capitalismo. Lo lamentable a estas alturas es que no solo el razonamiento bur- gués, sino argumentos que se reclaman revolucionarios aceptan el valor como un dato natural y otros hasta reivindican al pro- letariado como “quienes crean todos los valores de la sociedad que unos malvados burgueses luego s apropian’  Ash, la eritica alas ganancias “indecentes” avala la nocién de ganancias supuestamente decentes, y se quicre comprender la brualidad cada vez mayor del capitalismo como consecuencia de la malicia del explotador, sin vislumbrar que el mismo ex- plotador est exigido por ¢l Capital en su constante crecimiento. El fundamento de la sociedad capitalista es la dictadura del valor en proceso y la utilidad de los objetos producidos son solo un medio, ¢l llamado valor de uso es solo un soporte del valor de cambio, del valor valorizéndose.  Cuando en los nimeros anteriores de CuapERNOS DE NE- GACION nos referimos a nuestra necesidad de reapropiacién de  as posiciones revolucionarias, no nos referimos simplemente a a recuperacién de algo acabado que fue censurado y olvidado. Nos referimos a la necesidad de recuperar experiencias tedri- co-pricticas de revolucionarios de todo el mundo y continuar profundizindolas, criticindolas y empufiéndolas en los tempos que corren.  Ademis, es importante destacar que tanto nosotros como también otras iniciativas internacionales que vuelven a hacer cje en’la critica del valor, no llegamosa la mismaa través de la mera lectura y discusién terica. Nos aproximamos a los esfuerzos del pasado por la necesidad de luchar contra el sustrato mismo de la sociedad capitalista. Nuestra tarea entonces no es una arqueologia de escrituras perdidas, es el esfuerzo vivo y de clase de nuestro pasado, presente y futuro por la revolucién social.  Lucgo de las dos entregas anteriores de CuaDERNOS, y conti- nuando con este bloque de ntimeros, volvemos a adentrarnos enla critica de la economia, que como siempre remarcamos: s una critica a la sociedad en su conjunto. Se nombra de esta manera porque parte de categorias econdmicas mostrando su contenido social real. No es cconomicista sino todo lo contra- tio, se opone rotundamente a la economia, y rompe con toda barrera disciplinaria  «No hay lucha por el comunismo sin un minimo de pasién, y laidentificacion de lo que consideramos como un enemigo. Ma- tar no es, obviamente, sinnimo de comunismo: una revolucion comunista subvierte mis de lo que elimina. (...) Sin embargo, rehusarse ala violencia, y rechazar de antemano cualquier uso de las armas, es renunciar a la revolucién (...  Es cierto que nuestro “objetivo” s un sistema social, y no os jefes, cjecutivos, expertos y la policia que pone a su servi. cio. Un punto fuerte de la socialdemocracia y del estalinismo fue equiparar el capitalismo con la burguesia, los ricos, los grandes seiores. Al igual que en el caso del fetichismo de Ia mercancia, la relacién social se presenta entonces como una cosa, encarnada a veces por una persona panzuda y con un puro, vieja caricatura del burgués de hace mds de unsiglo. (...) El mantenimiento de la agresividad en contra de estos personajes ayuda a desvis via muerta: atacar a la burguesia en cuanto individuos y  las criticas hacia una  no por su funcién.  Si bien nuestro objecivo es el Capital, su fuerza estructurante y ambién su fuerza de inercia, y no el capitalista; no es menos cierto que las relaciones sociales capitalistas siguen adquiriendo figuras humanas. No ver en el director de una fibrica sino | director de una fibrica es una ilusién dptica. No enfrentarse a 4l con el pretexto (exacto por cierto) que él mismo no es sino un engranaje en un conjunto que le supera, equivale a ver la sociedad como un todo sin poder abordar una parte de esta totalidad. Despersonalizar la historia, es renunciar a actuar. No detestar a los que nos dominan lleva a la peor de las re- signaciones, en el mejor de los casos a la reforma. Quicn no conoce 0 no se atreve a experimentar un rechazo hacia aquellos que le explotan y le desprecian, no va a cambiar nunca muchas  cosas.» (Troploin, Salida de la fibrica)
MERCANCIA Y VALOR  Como ya hemos desarrollado en CuapERNOS anteriores, en el niicleo de la sociedad capitalista encontramos a la mercan- cia. Esta es la forma particular que toman los productos de la actividad humana en la era actual. Su desarrollo no es espon- tinco, ni tampoco puntual. Su existencia es el resultado de un  proceso progresivo de sumisin de las necesidades humanas a las pricticas ferichistas y objetivantes, que gradualmente van socavando la estrecha vinculacion entre necesidad y actividad.  Es asi que se fragmenta la vida, y se llega a una situacion en la cual la abrumadora mayoria de lo producido, se hace con vistas al mercado y al proceso de intercambio. Al ser producidas para el intercambio, las mercancias no interesan en tanto que valor de uso, sino en relacién con el bien que se obtendri en con- trapartida (valor de cambio). Lo que es valor de uso para uno, 1o es mis que valor de cambio para el otro, y reciprocamente  A simple vista un pan es un pan, se encuentre en manos del  panadero, en una publicidad o en la mesa del comensal. Incluso al pasar de manos del panadero al consumidor previo pago, no cambia su existencia como pan. Sin embargo, y simplificando un poco en este comienzo, para ¢l consumidor el pan es un valor de uso y para el vendedor es el soporte de una relacién econémica. Cada pan producido para el intercambio tiene como objetivo convertirse en ms dinero. Si logra satisfacer el hambre o las ganas de comer de alguien en ese camino es algo que no interesa al productor mientras pucda cumplir con su objetivo. De este modo, la relaciones sociales en el capitalismo se encuentran invertidas: son relaciones sociales entre cosas me- diatizadas por los seres humanos. Es la inversién entre sujeto ¥ objeto que da vida a la cosa como sujeto de la sociedad y dejaal humano en el papel de objeto. El valor es la expresion material de las relaciones sociales capitalistas  Las aventuras de la mercancia  Extractos de Las aventuras de la mercancia, Anselm Jappe. Traducci6n de Diego Luis Sanromsn, Pepitas de calabaza, 2016. La ubicaci6n de los titulos y las negritas son nuestras  La mercancia no es idéntica al “bien” o al “objeto intercambia- o’ Es a forma particular que asume una parte, mayor o menor, de los “bienes” en ciertas sociedades humanas. La mercancia s de entrada un objeto que no solo posee un valor de uso, sino también un valor de cambio. Todo objeto que satisface una necesidad humana cualquiera tiene un valor de uso que, sin embargo, en cuanto tal, no es una categoria econdmica.’ Pero  1 Nota CdN: Bl valor de uso ha sido frecuentemente desplazado en Curperos nro. 9.  stamos traando  apERNOS. Para  A suvez, si bien el autor se ese refriendo a as mercancias en tanto  los actuales, asocian el valor de uso de las mercancias al mero consumo privado, que se da al margen de la cconomis, que no tiene importan cia en la misma.  iche del coleccionista.
en’la medida en que un objeto es intercambiado en cantidades determinadas por otros objetos, también posee un valor de cambio. Como valores de cambio, las mercancias no conocen més que determinaciones cuanticativas. Si se cambia una camisa por treinta kilos de patatas, tratamos estas mercan- cias como cantidades diferentes de algo idéntico que deben tener en comiin. En cuanto valores de uso, las mercancias son totalmente inconmensurables. La camisa y la patata no tienen nada en comiin. Las relaciones en las que las mercancias se intercambian, y en consecuencia sus valores de cambio, estin sometidas a variaciones continuas. Pero en un momento dado, el mismo producto se intercambia por diferentes valores de cambio que son iguales entre i: una camisa puede cambiarse ya sea por un gramo de oro, ya sea por diez kilos de trigo, un par de zapatos, cic. Es preciso, pues que estos diferentes valores de cambio tengan en el fondo algo en comuin: su “valor”. Esa sustancia comiin de las mercancias no puede ser otra cosa que el trabajo que las ha creado: es lo dnico que es idéntico en mercancias por lo dems inconmensurables. El trabajo tiene su medida en su duracién y, en consecuencia, en su cantidad: el valor de cada mercancia depende de la cantidad de trabajo que ha sido necesario para producirla. A este respecto, importa poco en qué valor de uso se concrete dicho trabajo. Una hora empleada en coser un vestido y una hora empleada en fabricar una bomba siguen siendo una hora de trabajo. Si han sido necesarias dos horas para fabricar la bomba, su valor es doble con relacién al vestido, sin tener en cuenta su valor de uso. La diferencia cuantitativa es la tnica que puede existir entre los valores: s los diferentes valores de uso que tienen las mercancias no cuentan para determinar su valor, ampoco lo hacen los trabajos concretos que las han creado. El trabajo que conforma el valor no cuenta, pues, més que como puro gasto  del Capital. Es légico que los economistas no vayan mis all, que el conjunto les prive de l singularidad de la fuerza de wrabajo, que no vean et la abigarrada seie de mercancias que pululan en el mercado una cuya importancia decisiva en el capitalismo viene de su valor de wso. Es ligico en los economistas pues sobretodo son representantes del Capital y expresan el limitado punto de vista del burgués. Junto a ellos toda una srie de c apaces de romper con esa logica  siguen esa linea El proletariado por contra, comprende que el valor de uso de la ferza de wabajo y su consumo tiene un ol fundamental en el capic alismo. Lo comprende, sobre todo, porque es el e sobre el que se apoya la exploracion capitalisa y recae sobre la espalda de nuestra clase. La mercancia fuerza de trabajo tiene una peculiaridad, su uso no es como el del libro o el de cualquier otra mercancia. Su peculiaridad esque, al usarse, crea valory plusvalor. Aunque la logica burguesa no comprende, ni le importa, esta realidad de la fuerza de trabajo, no pasa por alto que al pagar la uerza de trabajo tiene que poner todo suempeio en exprimir al miximo el uso de esa mer i especifico, I creacién de valor. El consumo de esa mere de la misma en el proceso de produccién es e motor del capivalismo, e cje sobre el que dinamiza su vida el Capital y se valoriza. Suftir y percibir esta realidad es un pilar para a edificacién de l critica de la cconomia, sobre a critica de este efe se cimenta lo fundamental. De ahila importancia de comprender el valor de uso como categoria economica fundamental en el intercambio de capital y trabajo.  de tiempo de trabajo, sin consideracion por la forma especifica en la que se ha gastado. A esta forma de trabajo, en la que se hace abstraccién de todas sus formas concretas, Marx la llama ctrabajo abstracto». Los valores de las mercancias no son entonces mis que “cristalizaciones” de esa gelatina de trabajo humano indiferenciador (E/ Capital I). El valor —no confun- dir con el valor de cambio— es una cantidad determinada de trabajo abstracto “contenida” en la mercancia. La mercancia es, pues, la unidad del valor de uso y del valor, si como del trabajo concreto y del trabajo abstracto que los han creado.  Aqui no hablamos del tiempo de trabajo que el individuo concreto ha empleado efectivamente para producir su mercan- cia. El valor estd determinado mis bien por el tiempo que, en una sociedad particular, con un cierto grado de desarrollo de as fuerzas productivas, es necesario de media para produci Ia mercancia en cuestién. Si una hora es suficiente para coser un vestido en condiciones medias, su valor es de una hora y el sastre que emplee una hora y media serd remunerado solo por una hora de trabajo. Marx llama a este tiempo el «tiempo socialmente necesarion.* Asf pucs, todo cambio en la produc- tividad del trabajo afecta el valor de las mercancias. Si un nuevo invento permite producir en una hora diez camisas en  lugar de una, tras la difusién de dicho invento cada camisa no contendré més que seis minutos de trabajo social, por mis que las personas incapaces de recurrir a ese invento continiien empleando una hora para coser una camisa. Naturalmente, no se trabaja dos veces para producir una mercancia, realizando una vez un trabajo concreto para producir un valor de uso y Ia otra un trabajo abstracto para producir un valor de cambio. Es mis bien el mismo trabajo cl que presenta un cardcter doble: de un lado es trabajo abstracto y del otro, trabajo concreto. En cuanto trabajo concreto, es la multitud infinita de los trabajos que producen objetos diversos en toda sociedad en la que domina la divisién del trabajo. Este trabajo conoce diferencias cualitativas: una vez se trata de tejer, otra de conducir un coche, otra de labrar la tierra, etc. En ‘cuanto trabajo abstracto, todos los trabajos no cuentan mis que como ugasto productivo de cerebro, misculos, nervios, manos, etc., humanos, y en este sentido son ambas trabajo humanos (EI Capital 1) El trabajo abstracto, el trabajo en cuanto tal, no ‘conoce mis que diferencias cuantitativas: unas veces e trata de  2 Nota de CdN: Debemos forzarnos a pensar ese “necesario” en érminos del Capital. Entonces, el tiempo de wabajo socialmente necesario es el tiempo de trabajo que se incorpora a la mercancia enla toralidad de los procesos de trabajo que llevan 2 su conclusion, determinado por las condiciones de productividad promedio en cada momento. Es por eso que las mercancias producidas hace una década 10 solo se desvalorizan porque “pasaron de moda” o porque ya se. fabrican otras mejores, sino porque en general, diez afos despus, insume menos tiempo producilas  Ademis, como veremos mids adelante, s un proceso de tabajo capi- talista descubre como minimizar el tiempo de trabajo que e insume su produccié, tendré una ventaja comparativa respecto a los otros capitalstas, y solo s ese proceso de trabajo e generaliza s que el valor se esabilizari tomando a este como referencia
trabajar una hora, otras diez horas. Los trabajos més complejos cuentan como una forma multiplicada de trabajo simple: una  hora de trabajo de un trabajador muy especializado pucde “valer” diez horas de trabajo de un pedn. Esta reduccién se produce  automiticamente en la vida econdmica.  En la inversién que caracteriza ya a la mercancia particular, o concreto se vuelve un simple portador de lo abstracto. No tiene existencia social més que en la medida en que sirve a lo abstracto para darse una expresién sensible.  La abstraccién de toda cualidad sensible, de todos los valo- fes de uso, no es un resumen mental, como cuando hacemos abstraccién de los diferentes géneros de animales para hablar del “animal”, que sin embargo no existe como tal. La mejor expresi6n de la esencia de esta abstraccion real se encuentra en un pasaje de a primera edicién, que desgraciadamente Mars no reprodujo en las siguientes ediciones: «Es como si, ademds de leones, tigres,licbres y de todos los restantes animales reales, que agrupados conforman los diversos géneros, especies, subespecies, familias, etc. del reino animal, existiera también el animal, la encarnacién individual del reino animal en su conjunto. Tal ser particular, que engloba en sf mismo todas las especies realmente existentes de la misma cosa, es un universal, como animal, dios, et (Das Kapital, 1ra. edicion, 1867).  En la sociedad mercanil, los trabajos no son intercambia- bles, y en consecuencia sociales, mds que en la medida en que son abstractos. La mercancia no puede intercambiarse: antes de que se haya transformado en dinero, porque el dinero es la tinica mercancia que puede intercambiarse directamente por cualquier otra mercancia. Ninguna mercancia, pues, posce en si misma la capacidad de poder ser intercambiada; esta ca- pacidad existe para ella bajo la forma de un objeto exterior (el equivalente, el dinero) en el cual debe aspirar a transformarse. En una sociedad mercantil, la capacidad de ser intercambiados de los productos individuales no reside, pues, en su carcter concreto y il sino que debe existr al margen de los productos y de su uilidad, separada de ellos.  El valor contra la comunidad humana  Enla produccion de mercancias, la forma natural del producto individual del trabajo sirve solo como “portadora’ del valor de cambio. Para participar en el intercambio —y en consecuencia, en el mundo de las mercancias—, l producto del trabajo tiene: que desdoblarse. Esto no es un fenémeno universal, pucs, como ya hemos dicho, en las sociedades no basadas en la produccién mercantil el producto individual del trabajo posce su carcter social ya en s mismo y no tiene necesidad de adquirirlo igua- lindose a una cosa que existe fuera de él.*  3 Nota de CdN: Hablar el producto individual del tabajo previo ala mercancia implica aribuir al tabajo  al individuo de una trans- historiidad que el autor critca en su texto capitulos mis adelante, de las que no forman parte estos extractos  Por eso podemos decir que el valor, incluso en la forma que parece mds inocente —a saber, «veinte metros de tela tienen el valor de un trajer—, es yala causa y la consecuencia de una formacién social en la que los hombres no regulan conscientemente sus relaciones de produccién. Cuando Marx escribe: la objerivacion del cardcter general, social del trabajo (y por nto del tiempo de trabajo que et contenido en el valor de ‘cambio) hace precisamente de su producto un valor de cambios (Grundrisse ), dice muy claramente que no solo la transforma- cién del producto en el valor de cambio, sino también el hecho, aiin mis neutro en apariencia, de que el rabajo, en la forma de tiempo de trabajo, se represente en el valor, no constituye un dato originario, sino que son llos mismos consecuencia de una cierta forma de socializacién: aquella que se basa en el trabajo de productores privados separados. La objetivacién del tiempo de trabajo s una consecuencia de la objetivacién del cardcter social del trabajo, de su cualidad de ser vinculo social  Elvalor no es otra cosa que una forma social de organiza- cién. Su produccién no enriquece a la sociedad; es la creacion de un vinculo social que no es creado en la produccion misma, sino que existe al lado de esta en una forma exteriorizada. Cada vez que oigamos hablar de “sobreproduccién’, es preciso pre- guntar: sobreproduccién de valor o de riqueza? €No se produce demasiada riqueza. Pero periédicamente se produce demasiada riqueza en sus formas capitalistas, antagénicas» (El Capital I11), por més que no podamos llamarlo realmente “riqueza”, pues  la autovalorizacion del capital —Ia creacién de plusvalia— es un «contenido absolutamente mezquino y abstractor (Capindy VI inédito de El Capital) *  Cuil es ese contenido? El dinero es la tnica finalidad de Ia produccion. Sin embargo, el dinero no es la universalidad concreta delos valores de uso producidos, sino la universalidad abstracta del valor producido y, en consecuencia, del trabajo abstracto gastado.  El valor se interesa solamente por su propia cantidad. Le es indiferente saber cusles son los valores de uso que le sirven de soporte, de “cucrpo de mercancia’ trigo o sangre contaminada, libros o videojucgos. La sociabilidad estd privada de todo contenido concreto, y la relacién social se reduce al intercambio de cantidades.  Es por razones bien precisas, y no por una simple recri- ‘minacién moralista o existencialista, por lo que podemos decir que la vida social misma se vuelve abstracta. Este tipo de abstraccién no es un mal hibito mental que se pucda curar reemplazando las ideas falsas por ideas justas. Es mds bien la subordinacién muy real del contenido concreto a la forma abstracta la que es puesta en cuestion con el concepto de abs- traccién real. Solo como consecuencia de una larga costumbre  4 Not de CAN: Muchos autores han establecido una diferencia wjante entre riquera y valor como forma capitalisa de la riqueza. Si bien quizis no es la mejor palabra, es importante distingai que no podemos pretender distinguir al capicalismo y al comunismo en los érminos mercantiles de abundancia o escase, sino como us pleca redefinicion de las necesidades humanas, de I riqueza so
la conciencia normal deja de apercibirse de que es una locura que, por cjemplo, la contaminacién atmosférica “valga menos™ quelas pérdidas que una limitacion del trifico rodado inflgiria a la industria del automévil. Con anterioridad  todo juicio moral, aqui la locura reside ya en el hecho de medir dos cosas  completamente diferentes —la salud de los individuos y los  intereses de la industria— con el mismo parémetro cuantitativo, ¥ ademis abstracto; es decir, con el dinero. Aqué vemos como las consideraciones aparentemente muy “abstractas” sobre el raba- jo abstracto pueden llegar al corazén de los problemas de hoy.  No exageramos mucho al afirmar que la inversién de la frmula M-D-M en D-M-D’ encierra dentro de sf toda la esencia del capitalismo.” La transformacion de trabajo abstracto en dinero es el inico fin de la produccion mercantil; toda la produccion de valores de uso no es mis que un medio, un mal necesario, con vistas a una sola finalidad: disponer al término dela operacién de una suma de dinero mayor que al principio. La satisfaccién de las necesidades no es el fin de la produccion, sino un aspecto inevitable y secundario. La inversién entre lo concreto y lo abstracto que hemos considerado en primer lugar, de una forma abstracta, en las relaciones entre dos mercancias, se revela ahora como la ley fundamental de toda una sociedad, a nuestra, donde lo concreto sirve solo para alimentar la abs- traccién materializada: el dinero.  5 Nota CAN: Inicialmente la forma directa por la cual las mercancias,y por lo tanto el dinero, es M-D-M, o sea, la trans- formacin de una mercancia en dincro, a partr de la venta de, por cjemplo, un libro, y la compra, con el dinero recibido a cambio, de otra mercancia, por ejemplo, un pantalons vender para comprar. En este tipo de circulacion, el dinero termina siempre en una mercancia que se emplea como valor de uso, s decir el dinero sal de l circula- cion para ser consumido,. Pero, el proceso histérico surge otra forma nente distinta: D-M-D, la tansformacién del dincro en ¥ de esta nuevamente en dinero, es decir, comprar para vender. Su resultado seria entonces el intercambio de dinero por dine- 0, D-D. Est ciclo aparentemente sbsurdo, revela sin embargo una diferencia fundamental: mientras n la primera forma de circulacién la mercancia inicialy la final se diferencian cualiativamente entse si libro y pantalén, por cjemplo), en esta forma la diferencia entre ¢l dinero inicial y el final es meramente cuantitasia, el proceso acaba siempre por susracra  circulacidn mis dinero del que en el se anzo. La férmula completa es por lo anto: D-M-I’, donde D’ es la suma de dinero desembolsada en un comienzo mds un incremento; un incre- mento lamado plusvalor. Por lo tanto, el valor puesto inicialmente en circulacion, no solo se conserva en lla sino que su magnitud de valor experimenta un cambio, sc incrementa con un plusvalor, se valoriza Y este es el proceso por el cual el dinero se ransforma en capiv fovmala, es la firmula genérica del capital. La circulacion del dinero como capital lleva en si mismo su fin porque que la nalrizacidn del valor solamene ocurte dentro de este proceso constantemente renovado, es un movimiento incesante. (CuaDERNOS DE NEGACION 0. 10, El Capital slo quiere s Capital)
ACERCA DE LOS FUNDAMENTOS LOGICOS E HISTORICOS DE LA SOCIEDAD CAPITALISTA  Esta sociedad s guiada por el crecimiento incesante del Capital, R0 por la satisfaccion de necesidades. Esto puede conducirnos ala eritica de aquellos que mejor representan esa gua y lucran con el trabajo ajeno en pos de la misma. Pero se trata de ir mis alli para superar una sociedad que necesita de esa clase de personas y de la cual todos formamos parte. Por lo tanto, se trata de poner en cuestion las categorias mds bisicas de la sociedad capitalista y la totalidad de relaciones sociales que experimentamos bajo su dominio. Cuando cada vez més aspectos de la vida son mercantilizados, nuestra critica no puede detenerse en aquello, debemos ir a la raiz: la propia existencia de la mercancia.  La forma mercancia asi como las diferentes formas capita- listas* desde hace miles de afios se han ido desarrollando hasta sus manifestaciones actuales. Para comprender las razones de su existencia, sus relaciones y su dindmica recurrimos a analizarlas en sus diferentes determinaciones y a raves de diferentes niveles de abstraccién. Por cjemplo, en ¢l nro. anterior, hablibamos de las diferentes determinaciones del dinero: como medida de los intercambios, como medio para los mismos, como acumulacién de riqueza, como objetivo supremo de la sociedad capitalista, como Capital. Mars, en su andlisis de la forma valor, habla también de sus diferentes determinaciones: forma simple, forma desarrollada, forma general, forma dinero. No es la intencién profundizar aqui en cada una de esas formas, sino comprender dos dimensiones al momento de indagar en las mismas: una 16gica y otra histérica. Como deciamos, en la eritica del capi- talismo recurrimos a diferentes niveles de abstraccién desde lo mis simple a lo complejo, que no necesariamente se con- dicen con una temporalidad cronolégica. Si hacemos énfasis en esta distincion se debe a que, en la bisqueda de la raiz de la sociedad capitalista, es importante distinguir entre las causas de su surgimiento, y las condiciones de su existencia actual. S bien el capital surge de la mercancia, es solo con el Capital quela totalidad de la produccién asume la forma mercantil.  «La forma de valor asumida por el producto del trabajo es la forma mis abstracta, pero también la mis general, del modo de produccion burgués, que de tal manera queda caracterizado como tipo particular de produccién social y con esto, a la vez, como algo historico. (Karl Marx, £l Capital)  Lo que intentamos analizar y criticar, entonces, es la estruc- turay el funcionamiento de la sociedad actual. En este sentido, si bien es importante recurrir a los desarrollos histéricos y datos empiricos, también es necesario prevenir ciertas incomprensio- nes o interpretaciones tendenciosas de la historia.
Para introducirnos con un cjemplo, en las discusiones sobre el valor es recurrente, desde la ideologia dominante, el intento de negar al trabajo como sustancia del mismo. Es decir, negar que el intercambio de mercancias s establece por el tiempo de trabajo que tienen incorporado. Para cllo, se han realizado diferentes teorizaciones acerca de la fijacién de los precios, que ‘muchas veces ni siquiera distinguen entre valor y precio, donde los mismos dependerian de ciertas caracteristicas de las diferen- tes ramas productivas (monopolios, oligopolios, etc.), de las politicas monetarias de los Estados, de la oferta y la demanda, eincluso, de las apreciaciones subjetivas de quienes participan en el mercado.  Mis adelante nos detendremos a profundizar sobre esta distincién entre valor y precio, y explicar como si bien las ‘mercancias no se compran y venden exactamente a su valor (¢ incluso su cileulo preciso en tiempo de trabajo es imposible de realizar) la magnitud de los precios esté determinada en primer lugar por la cantidad de trabajo que tiene incorporada. Esto es o que se conoce como ley del valor, que explica el movimiento de los precios, pero no su fijacién exacta.  En sus notas finales al tercer tomo de £ Capital, Engels busca demostrar el «pleno funcionamiento de esta ley» en estadios previos al capitalismo: «Otro tanto vale para el intercambio entre productos de los campesinos y de los artesanos urbanos. Al comienzo, ese intercambio tiene lugar de manera directa, sin intermediacién del comerciante, en los dias de mercado en las ciudades, que es cuando el campesino vende y efectiia sus com- pras. En ese caso, asimismo, no solo ¢l campesino conoce las condiciones de trabajo del artesano sino que también este conoce las del campesino. Pues el mismo es aiin un poco campesino, no solo tiene un huerto, sino muy a menudo ambién una pequeria parcela de campo, una o dos vacas, cerdos, aves de corra, etc. De ese modo, los hombres de la Edad Media estaban en con- diciones de efectuar, cada uno de ellos, el cilculo de los costos de produccin del otro en cuanto a materias primas, materiales ausiliares, tiempo de trabajo, con cierta precision, cuando menos enlo que aarticulos de consumo diario y generalizado respecta.»  Tomamos este cjemplo, ya que pone de relieve lo que men- ciondbamos acerca de la dimensién logica e histérica de los  conceptos, donde el funcionamiento mis clemental de la so- ciedad capitalista no necesariamente coincide con las relaciones ‘mercantiles que la prefiguraron. Es una tentacién buscar en el pasado la manifestacion concreta de las abstracciones que constituyen el presente para poder comprenderlas mejor y explicarlas, pero no es asf como funciona en realidad. Aquellos desarrollos que en Marx y otros autores aparecen como mera- ‘mente logicos, han sido tildados de metafisicos por sus criticos, ¥ ala vez ciertos defensores han tratado de llenar esos “vacios” con datos empiricos, resultando en una incomprension por parte de ambos de la importancia de la abstraccidn no como cjercicio del pensamiento sino como fendmeno de la realidad. Sobre esto volveremos en el aparado siguiente.  En el niimero anterior de CUADERNOS reflexionamos acerca de los origenes de la sociedad capitalista. Alli vimos como el  apital comercial y usurario en sus manifestaciones previas al ‘apitalismo constituyeron el motor indispensable en la creacion delas bases de su surgimiento, atesorando por un lado, y, sobre todo, despojando del otro. Pero el lugar del capital comercial en el capitalismo es completamente diferente:  «Histéricamente, el capital se desarrollé en la esfera de la circulacién para apoderarse después de la produccién; pero en el capitalismo, es exclusivamente en la produccién donde nace el capital. El capital que parece nacer de la circulacién (ganancia comercial, interés monetario) es solo una deduccién dela ganancia realizada en la produccion. Ya este hecho deberia bastar para demostrar que a relacion entre la génesis logica y la sucesion histérica es, en Marx, de una naturaleza muy peculiar.» (Anselm Jappe, Las aventuras de la mercancia)  Las siguientes citas de Man” ayudan a clarificar al respecto: «Comprar barato para vender caro, tal es la ey del comercio. Es decir, no el intercambio de equivalentes. (...) La relacién cuan- ticativa en la cual se intercambian los productos es toralmente asual, en primera instancia. Adoptan la forma de mercancias en la medida en que son objetos realmente intercambiables, es decir expresiones de ese mismo tercer elemento. El intercambio continuado y la reproduccion cada vez més regular con vistas alintercambio van aboliendo cada vez mis esa casualidad. Pero en primera instancia no para productores y consumidores, sino para el intermediario entre ambos, el comerciante, quien com- para los precios en dinro y embolsa la diferencia. En virtud de su propio movimiento se establece la equivalencia.’ (...) El comercio de las primeras ciudades y pueblos comerciales independientes y de grandioso desarrollo se basaba, en cuanto comercio intermediario puro, en la barbarie de os pucblos pro- ductores entre los cuales hacian el papel de intermediarios. (...) En los primeros estadios de la sociedad capitalsta, el comercio domina a la industria; en la sociedad moderna sucede a la in- versa. El comercio repercutird a su vez, naturalmente, en mayor ‘o menor grado sobre las enidades comunitarias entre las cuales se desarrolla; someters cada vez misa la produccién al valor de ‘cambio, al hacer que los disfrues y la subsistencia dependan cada vez mis de la venta que del uso directo del producto. De este modo disuelve las antiguas relaciones. Hace aumentar la circulacién de dinero. No solo se apodera ya del excedente de la produccién, sino que paulatinamente va royendo a la propia produccion, haciendo que ramos integros de la misma dependan de él. No obstante, este efecto disolvente depende mucho de la naturaleza de la entidad comunitaria productora.»  7 Extractos del capitulo XX del libro tercero de £ Capital.  8 En un comienzo, los monopolizadores de la actividad comercial tenfan mayor influencia en la determinacion los precios. La com- petencia entre los mismos, asi como medidas prore difetentes gobiernos van nivelando los mismos, hasta que, nalmente, con la subsuncion del proceso de trabajo propiamente dicho se lega finalmente a a forma valor como la sufrimos h  fonistas de  con su determina-  in especihca sobre el movimiento de los precios, sobre I que nos detendremos s adclane.
La actividad productiva humana no siempre adopts la forma de trabajo, asf como su produccién tampoco la forma de mer- cancia. Estas formas sociales y sus correspondientes categorias conceptuales no son transhistéricas sino que existen a partir de ciertas maneras de relacionarse. Por eso, no nos alcanza con afirmar que somos los trabajadores quienes producimaos el valor que es apropiado por los capitalistas, sino que nos interesa saber de qué forma llegamos a ser trabajadores y nuestra produccion adopt6 la forma mercantil. Es con el desarrollo histérico de diferentes relaciones sociales de intercambio que fue posible el surgimiento del valor. En la comparacién entre diversos objetos para su intercambio esté su germen. Con la profundizacién y ge- neralizacion de estas comparaciones el valor se va estableciendo a través de los siglos y termina por constituirse como el patrén de medida de todas las transacciones, destruyendo infinidad de formas de distribucin ¢ intercambio que no respondian ni Iejanamente a este tipo de parémetros fundamentalmente cuan- titativos. Finalmente, toda la produccion bajo el capitalismo es produccion de valor, y el objetivo de la sociedad es producir la mayor cantidad de valor posible.  No siempre las actividades orientadas a la produccién y la idades reproducivas, lidicas, creativas, placenteras, contemplativas. En esta escision se encuentra el origen del trabajo, es decir, producir para otro. La separacién entre las comunidades y entre los propios miembros de las mismas, s el correlato de la separacion de la propia actividad de sus miembros en diversas esferas hasta el grado en que las conocemos hoy: La cada vez  subsistencia estuvieron tan escindidas del resto de las aci  més creciente precarizacion, divisién y ultra especializacion del trabajo, que tantas quejas recibe por los defensores del trabajo “alificado, de calidad y bien pago para todos™ no es mis que el resultado ulterior de una légica de separacion inmanente al propio trabajo y la produccién de mercancias. El trabajo, como actividad separada, resulta de la generalizacion de las relaciones de intercambio, del valor en proceso subsumiendo la actividad humana,  9 Las mis difundidas citicas l capitalismo que se escuchan hoy en dia no son mis que una critica otalmente limitada del neoliberalismo, que tiene como contracara una clara defensa del capitalismo de me- diados de sglo XX, que  su vez es idealizado como s as condiciones laborales de algunos sctores y regiones hubiesen sido la norma para todo ¢l proletariado.
EL TRABAJO ABSTRACTO Y EL VALOR COMO ABSTRACCION REAL  «La esencia de la asbtraccién-mercancia reside en l hecho de que no es un producto del pensamiento, que no tiene su origen en el pensamiento de los hombres, sino en sus actos.» (Alfred Sohn-Rethel, Trabajo ma- nual y trabajo intelectual. Critica de la cpistemologia)  La palabra abstraccién nos remite inmediatamente al pensa- miento. Se la comprende, en general, como un ejercicio mental que, en el mejor de los casos, sirve para analizar la realidad.  De ese modo, el cardcter abstracto del trabajo podiria interpre- tarse, alo sumo, como una metdfora. Asf como la abstraccion en el pensamiento, al momento de analizar algo, reduce los componentes fundamentales y sus relaciones, lo aisla o lo hace con algunas de sus propiedades; las caracteristicas particulares de los trabajos concretos son abstraidas para el valor. Lo tnico importante es su dimensién cuanticativa, es decir, la cantidad  de trabajo que tienen incorporadas las mercancias.  Pero no se trata simplemente de una metéfora, sino de una realidad dominada por lo abstracto en el sentido mds riguro- soy literal del término. Cada vez sufrimos mis profundamente una dinémica social que se caracteriza por una absoluta ausencia de cualidad, por una diferenciabilidad puramente cuantitativa entre nuestras actividades y ¢l producto de las mismas.  De dénde surge esta abstraccion sino del pensamiento? Surge de nuestras propias acciones, mis concretamente de nuestras relaciones de produccién basadas en el intercambio. Alfred Sohn-Rethel en su libro Trabajo manual y rabajo intelec- tual, sugiere que la abstraccion no es una propiedad exclusiva de la mente, sino que se da en el intercambio de mercancias ¥ que ademis esto fue planteado por primera vez por Mar al comienzo de El Capital ¢ incluso antes en la Critica de la Eeo-  10  nomia Politica de 1859, donde habla de la abstraccién en un sentido distinto al de la abstraccién-pensamiento.  Esto pucde sonar confuso o contradictorio, sobre todo por el hecho de que accedamos a ello justamente a través del cjer- cicio del pensamiento. Sohn-Rethel habla del valor como una abstraccién real, lo que no quiere decir que no exista en el pensamiento. Esté mis alli de la dicotomia tradicional del ser y del pensamiento, para la cual una cosa o existe solo en la cabeza, siendo pues imaginaria término abstraccin—, o por el contrario es real, material, empirica. En tanto abstraccion solo existe en el pensamiento, pero la diferencia es que dicha abstraccién no brota de ¢, ni  es el sentido habirual del  tomamos nota de su existencia de manera racional.  Laimportancia de la obra citada es que elabora una critica de Ia cconomia al mismo tiempo que una critica de la ciencia y la epistemologia, una critica de la separacin entre trabajo manual e intelectual con la progresiva mercantilizacion de la vida. Es decir, que el concepto de abstraccién real nos habla también de las formas del conocimiento humano con el desarrollo del inter- ‘cambio mercantil,la reacién entre el sery la conciencia bajo su dominio y generalizacién, la vinculacién entre las relaciones de produccién que dominan la sociedad actual y la percepeion de sus participantes sobre las mismas: «No lo saben pero lo hacen  Para profundizar sobre este punto volvamos también al feti- chismo de la mercancia. Este ha sido comprendido en muchos casos de manera andloga al fetichismo religioso como una especie de falscamiento de la realidad: asi como la creencia en dios evita una comprensin de la realidad que favorece a man- tener relaciones de dominacién y privilegio, la estructura real del capitalismo produciria representaciones falsas de si mismo. Asi, el fetichismo de la mercancia, cuando no ha sido direc- tamente ignorado, fue comprendido como una mistificacién, una “superestructura” perteneciente a la esfera mental o simbélica de la vida social. Si bien criticamos y criticaremos mistificaciones tales como el progreso, lalibertad, el valor como. caracteristica natural de las cosas, o la subjetividad de los precios; el fetichismo de la mercancia va ms alli  Elfetichismo no hace referencia solo a una representacién invertida de la realidad, sino a una inversién de la realidad ‘misma, donde las relaciones sociales entre las personas son cosificadas, donde el medio se ha convertido en fin, donde la sociabilidad en su conjunto depende del carcter privado de la produccién.  «El fetichismo no es un fendmeno de conciencia social, sino de ser social. (...) La ausencia de regulacion del proceso social de produccién conduce necesariamente a |a regulacion indirecta del proceso de produccién a través del mercado, a través de los productos del trabajo, a través de las cosas.» (Isaak Illich Rubin, Ensayo sobre la teoria marsista del valor)  El concepto de trabajo abstracto ha sido y es de suma impor- tancia en la critica del trabajo en contraposicin a l actividad humana, que ha tenido mayor alcance y desarrollo en los ltimos 50 afios. Pero es necesario hacer una aclaracién en el contexto en que vivimos. La manifestacién prctica del cardc-
«Elvalor e una relacién o proceso que se desplicga y se mantiene a través de diferentes formas —en un deter- ‘minado momento como dincro, y al siguiente como las ‘mercancias que componen e proceso de trabajo (inclu- yendo la mercancia fuerza de trabajo), despuds coma el producto-mercancia, y luego otra vez como dinero—a a vez que en su forma dinro siempre mantiene una relacién con su forma mercancia y viceversa. Para Marx, por tanto, ¢l valor no es la encarnacién del trabajo en el producto ni una sustancia inmévi. Es mis bien una relacién o un proceso que domina asus portadores: una sustancia que es al mismo tiempo sujeto. Ahora bien, en la radicion marxistaortodoxa no s reconocia que el “trabajo abstracto” era un formatea social  histéricamen- e especifico de una parte de la actividad humana que suponia transformar a los seres humanos en un recurso. para a expansion ilimiada de esa acividad y su resulta- do como fin en st mismo. Comprender el valor como. una mera forma impuesta (por la propiedad privada de los medios de produccion) a un contenido que bisicamente no plantea problema alguno, iba de la ‘mano con una visién del socialismo como una versién estatizada de la misma divisién industrial del trabajo esencial que organiza el mercado en el capitalismo. Desde esta perspectiva, el trabajo, que se encontraba restringido por las formas de mercado en el capitalismo, se convertirfa en el principio organizador consciente de 1a sociedad bajo el socialismo.  Isaak Rubin fe una excepcion importante a la ne- gligencia marxista tradicional de la forma-valor y el fetichismo. En una obra pionera de la década de 1920, reconoci6 que la teoria del fetichismo es per e, a base: de todo el sistema econémico de Mars, y en particular de su teorfa del valor”, y que el trabjo abstracto como contenido del valor no es “algo a lo cual a forma se adhicre desde afuera. Mis bien, a través de su desarrollo, el contenido mismo da origen a la forma que ya estaba. latente en el contenido’. Sin embargo, I obra de Rubin, retirada de la circulacién en Rusia, permanecié mis o ‘menos desconocida.» (Endnotes, Comunizacidn y teoria  dela forma valor)  ter abstracto del trabajo en trabajos concretos cada vez menos cualificados, ultra especializados, fragmentados, repeitivos y frustrantes, ha sido un punto de partida fundamenal para retomar estas crticas, pero por i solo insuficiente. " El dominio delo abstracto sobre lo concreto en lasociedad capitalista pucde interpretarse también como que vel trabajo concreto se vuelve  1  cada vez mis abstracton, pero esto puede conducirnos a graves errores si lo que pretendemos es una critica radical.  Todo trabajo creador de mercancias es siempre forzosamente trabajo abstractoy concreto y se rata de dos aspectos del trabajo, totalmente inconmensurables ¢ insustiuibles entre si. Desde una perspectiva emancipatoria no se trata de conciliar estas dos partes ni es posible escoger una por otra,la nica posibilidad es la destruccién de ambas para la superacién del trabajo.  La critica del valor en su dimen: cuantitativa y cualitativa  Para comprender estas dos dimensiones de la critica que ya hemos venido mencionando, podemos partir de la siguiente cita de Marx del capitulo del I Capital acerca del fetichismo de la mercancia:  «(...) es indudable que la economia politica ha analizado, aunque de manera incompleta, el valor y la magnitud de valor y descubierto el contenido oculto en esas formas. Solo que nunca lleg siquiera a plantear la pregunta de por qué ese contenido adopta dicha forma; de por qué, pues, el trabajo se representa en el valor, de a qué se debe que la medida del trabajo conforme asu duraci6n se represente en la magnitud del valor alcanzada por el producto del trabajo.»  Valor y magnitud de valor no son sinénimos. La magnitud de valor, y el valor de cambio como manifestacién de este, se refieren al aspecto cuantitativo del valor. Es decir, a la ‘canidad de trabajo incorporado en la mercancia. Busca explicar, principalmente, cémo se relacionan las magnitudes de valor de las mercancias, es decir cuinto valen  Elaspecto cualitativo de la critica del valor, que es sobre todo el que venimos abordando, busca responder por qué las mercan- cias tienen un valor, porqué la sustancia del valor es el trabajo abstracto.’" Se trata de analizar relaciones sociales generales de produccién e intercambio, cuya manifestacién mds superficial termina siendo el valor de cambio, y mds atn su transformacion en los precios. Al referimos a este aspecto cualitativo, social y general del valor, suele hablarse de la forma social del valor, o forma-valor, para distinguirla del valor a secas que se lo asocia mis ficilmente a la magnitud del valor y al valor de cambio,  11 L canddad de tiempo de abajo que decermina la magnioud
LA LEY DEL VALOR  «Lapalabra ley es tipica del declive de a critica en cien-  cia.» (Gilles Dauvé y Francois Marcin, Valor,tiempo y comunismo: releyendo a Mars)  Diversas —por no decir la enorme mayoria— expresiones del ‘manxismo, u otras que se reclaman de una economia eriica, se refieren a los desarrollos de Marx sobre los temas que estamos abordando como econémicos, y suclen abocarse al aspecto cuantitativo del valor de forma limitada, a la vez que separado de su aspecto cualitativo, desconociéndolo o desprecidndolo. Ven en Marx una continuidad con la economia politica clisica de David Ricardo y otros economistas de su época y no una ruptura. Con su vision economicista y cientificista buscan leyes como si de descripciones “objetivas” de la realidad se tratase, cuando la palabra ley aqui, como veremos, tiene ms sentido asociarla ala arbitrariedad represiva dela Ley ala dictadura del Capital imponiendo su propia légica y dinémica sobre Ia sociedad en su conjunto.’*  Al comenzar a leer o escuchar sobre estos temas frecuente- mente nos encontramos con formulaciones como la teoria del salor-irabajo y 1a ley del valor, que establecen que la relacién de los valores de cambio entre dos mercancias es proporcional al tiempo de trabajo socialmente necesario de produccién de cada una, o que permite explicar el movimiento de los precios de las mercancias en ¢l mercado,  Entonces las mercancias se intercambian por su valor, esta- bleciendo de una relacién de equivalencia. Pero aqui la palabra  12 L palabra ly st cargads de precensiones e arlosiempre como un incomprendido o tergiversado, aunque en los sercomprendida y asumida,a I vez que eitcads y superads.  12  equivalencia no debe confundirmos como si de algo equitativo ¥ “justo” se tratase. El valor de la fuerza de trabajo (y el salario como expresién monetaria del mismo) es equivalente al valor de las mercancias necesarias para su reproduccién. Entonces, el cumplimiento de la ley del valor implica que la fuerza de trabajo reciba lo justo, lo minimo para reproducirse. La mercancia fuerza de trabajo se paga por lo necesario para su reproduccién, no por el equivalente de lo que produce. La apropiacion de una parte del producto sin equivalente (en e intercambio trabajo~capital que es el intercambio fundamental de la sociedad capitalista) es precisamente la base de una ley que impone el intercambio de equivalentes. Una ley que se cumple toralmente cuando el valor de uso de una mercancia concreta (fuerza de trabajo) puesta en funcionamiento, es decir, el consumo de la fuerza de trabajo (produccién), en lugar de destruir el valor de la misma, es capaz de crear un valor superior al que contenia en su compra. Precisamente, el proletariado se contrapone a esa ley, la mercancia y al valor de a que emerge Ia misma porque es la causa de su condena, de su condicién de explotado. Y no tiene otra forma de romper esa condena que liquidar Ia base sobre la que se reproduce.  La ley del valor se presenta como la ley sobre la cul el pro- letariado es puesto a trabajar por ¢l Capital, creando toda la produccién social y recibiendo solo lo imprescindible de esta produccién para seguir produciendor solo para él esintercambio sin equivalente. Repetimos: la mercancia fuerza de trabajo se paga por lo necesario para su reproduccién, no por ¢l equivalente de lo que produce.  Acerca del valor en relacién al movimiento de los precios volvemos a Rubin: «El estado de equilibrio entre dos ramas de la produccién corresponde al intercambio de los productos sobre la base de sus valores. En otras palabras, tal estado de equilibrio corresponde al nivel medio de los precios. Este nivel medio es un concepeo tedrico. Los precios medios no corresponden a los movimientos reales de los precios del mercado concretos, pero los explican. Esta férmula teérica del movimiento de los precios es, de hecho, *la ley del valor”. Por esto, puede verse que toda objecién a la teoria del valor que se base en el hecho de que los precios concretos del mercado no coinciden con los  “valores" tedricos, no es més que un mal entendido. El acuerdo total entre los precios del mercado y el valor significaria la eliminacién del regulador nico que impide a las diferentes ramas dela economia social moverse en direcciones opuestas.  “La forma precio envuelve ya de suyo la posibilidad de una in- congruencia cuantitativa entre l precio y la magnitud de valor, es decir, la posibilidad de una desviacién entre el primero y la segunda. Y ello no supone un defecto de esta forma; por el con- trario, es eso precisamente lo que la capacita para ser la forma adecuada de un régimen de produccién en que la norma solo pucde imponerse como un ciego promedio de toda ausencia de normas.” (Marx, El Capiral)  Entonces, los precios de mercado de estas mercancias se mueven también en torno a esa relacién de proporcionalidad entre los tiempos de trabajo incorporados en cada una. Pero
1o s la transformacién del valor de cambio en precio lo que més nos interesa, ¢ incluso no tiene sentido alguno indagar en este aspecto por separado desde una perspectiva anticapitalista. Se trata de una parte inseparable de una eritica unitaria que busca explicar como el valor regula a la sociedad capitalista en su conjunto, determina nuestras decisiones y; sobre todo, la de nuestros explotadores.  «Un nivel determinado de los precios del mercado, regulados por unaley del valor, presuponen una distribucion determinada del trabajo social entre las ramas particulares de la produccién, y modifica esta distribucién en una direccién determinada. En una seccién de £l Capital Marx habla de las “fluctuaciones barométricas de los precios del mercado”. Este fenémeno debe completarse. Las fluctuaciones de los precios de mercado son, en realidad, un barémetro, un indicador del proceso de distri- bucién del trabajo social que se produce en las profundidades de la cconomia social. Un clima puede reemplazar a otro sin una indicacién del barémetro. Pero una fase de la distribucién del trabajo social remplaza a otra solo a través de la luctuacién delos precios del mercado y bajo su presién. Si el movimiento de los precios del mercado vincula dos fases de la distribucién del trabajo en la cconomia social, tenemos razén en suponer una estrecha relacién interna entre la actividad laboral de los agentes econdmicos y el valor. Buscaremos la explicacién de estas relaciones en el proceso de produccién social, es decir, en la actividad laboral de las personas, y no los fendmenos que estén afuera de esfera de la produccién o que estin relacionados conella por una conexion funcional permanente. Por cjemplo, no buscaremos una explicacién en las evaluaciones subjetivas delos individuos o en las relaciones matemticas entre precios y cantidades de articulos si estas relaciones son tratadas como dadas y aisladas del proceso de produccién. Los fenémenos relacionados con el valor solo pucden ser capados en estrecha relacién con la actividad laboral de a sociedad. La explicacion del valor debe buscarse en el “trabajo” social. Esta es nuestra primera y més general conclusién.  (...) Mediante el cambio y el valor de las mercancias, Ia ac- tividad laboral de algunos productores de mercancias influyen sobre la actividad laboral de todos y causa determinadas modi- ficaciones. Por otro lado, esas modificaciones sf influyen en la ‘misma actividad laboral. Las partes individuales de la economia social se ajustan unas a otras. Pero este ajuste solo es posible si una parte influye sobre otra a través del movimiento de los precios en el mercado, movimiento que esté determinado por  “la ley del valor”. En otras palabras, solo a través del “valor” de las mercancias a actividad laboral de los productores separados ¢ independientes conduce a la unidad productiva que recibe el nombre de cconomia social, a las interconexiones y mutuo condicionamiento del trabajo de los miembros individuales de la sociedad. El valor es la correa de transmisién que transfiere el movimiento de los procesos laborales de una parte de la sociedad a otra, haciendo de esta sociedad una totalidad en funcionamiento.» (Isazk Illich Rubin, Ensayo sobre la teoria marsista del valor)  13  Cuando se produce demasiado de un producto en particular en relacién con la demanda o sila calidad es defectuosa, algunas mercancias no se venden o tienen que venderse con un descuento. En casos como estos, l trabajo real incorporado en las mercan- cias no se realiza como tiempo de trabajo socialmente necesario.  De hecho, es a través de este mecanismo social como se autoregula una cconomia mercantil. Volvemos a la cuestién de la relacién entre produccion y distribucion, y remarcamos justamente que ese valor crisalizado en el proceso de trabajo, no concluye su ciclo, sino cuando es validado en el mercado, rea- lizado, y concretado en su forma dinero para que el capitalista reinicie su ciclo. Esta realizacién del valor no quiere decir que sea el mercado quien cree el valor, sino que s este el que impone a parte alicuota® (proporcional) de valor que corresponde a cada mercancia en base al tiempo de trabajo socialmente nece- sario, incluido claro, el valor de la fuerza de trabajo.  13 Enel capiaalismo esclaro que el valor individual no existe como tal, el valor es social y el valor de la mercancia singular no es mis que una parte alicuota de ese valor social. Es fundamental ver que el valor no surge de una mercancia separada, sino que la mercancia singular es expresién de una totalidad. Comprendido esto sucle ser el y necesario recurrir a la expresion del valor individual para la explicacion de diversas cuestiones como veremos, por ejemplo, en el aparcado La valorizacion del valor: el plusealor ‘Marx parte de l “célula germinal” para descubrie a sustancia oculta, s decir analza el origen de a forma valor tomando como referencia uya base unitaria el cantidad de Cuando aciende n de capital se mete plena- n (D-M-D). Su  I relacién entre dos merca  trabajo abstracto que actda cor desde la circulacién simple a la mente en el anilisis del Capital y su reproduc andliss no se enmarca ahi sobre el intereambio del principio, sino que requicre la intervencién de mediaciones mis complejas que van desartollindose como resultado de lasocializacién del valor: transformacién de la asa de plusvalor en tasa de ganan transformacién del plusvalor en ganancia, ransformacion de la ganan- cia en ganancia media, tansformacién del valor mercancl en precio de produccién, escisién de la ganancia en ganancia industrial  y renta de la tierra, capital fcticio, temas de los cuales buscamos al menos aproximarnos de manera general. En ese marco en el que se parte del conjunto de la reproduccién capitalista (D-M-D’ como Capital global) ¢l valor se presenta con toda su plenitud como valor social. El precio de producci6n de cada mercancia individual surge de la masa de valor global producido (D)), es decir, la masa global de wabajo abstracto, que se reparte entre las diversas mercancias en base ala competencia feror entre capitalisas y la nivelacion dela asa de ganancia a su nivel medio que reparte el plusvalor social entre los diversos capitalistas en relacion al capital invertido,
A sty g gy o,  CRITICA A LAS CRITICAS DE LA TEORIA MARXIANA DEL VALOR  Como ya hemos dicho en otras ocasiones, las criticas del valor que aqui ratamos de exponer no son obra exclusiva de Marx, aunque sus reflexiones han significado un aporte fundamental  al nicleo de la cuestién. Para nosotros, se trata de la ritica de  economia como aspecto inseparable de la lucha revolucionaria  de nuestra clase, desarrollada a través de diversos esfuerzos a  lo largo de la historia. Pero, debido a la centralidad de la obra  de Mars, diferentes teorizaciones acerca del valor y la econo- mia, han tomado en muchos casos la referencia de este autor, a favor o contra suyo. El término marxiano surge, jusamente, en oposici6n al marsismo como total falsificador de los ele- mentos centrales de la critica de Marx.** De todos modos, los  rétulos por si solos no garantizan nada. De hecho, la obra de  Isaak Illich Rubin, largamente citada a lo largo de este nro. de  CurpERNOS, se titula ni mis ni menos Ensayo sobre la tcoria  marsista del valor y volvemos a retomarla una vez mds para  indagar en las criticas que han surgido hacia la teoria del valor que venimos exponiendo.  «La teoria del valor-trabajo no descubrid la condensacién material del trabajo (como factor de la produccién) en las cosas que son productos del trabajo; esto se produce en todas las formaciones ccondmicas y es la base técnica del valor pero 10 su causa. La teorfa del valor-trabajo descubri6 el fetiche, la expresidn cosificada del trabajo social en el valor de las cosas. EI trabajo es “cristalizado” o consticuido en valor en el sentido de que adquiere a “forma social del valor”. El trabajo se expresa y se reflea” (sich darstell). La expresion ‘sich darstellen” es usada con frecuencia por Mars para caracterizar la relacién entre el trabajo abstracto y el valor. Cabe extraitarse de que los criticos de Marx no observaran esta inseparable conexion entre su teoria del valor y su teoria de la cosificacion o fetichizacién de las relaciones de produccién entre personas. Comprendieron Ia teoria del valor de Marx en un sentido mecdnico-naturalista, 10 en un sentido sociolgico [NdR: es decir: social].  (.-2) Asi, el valor aparece, cualitativa y cuanticativamente, como una expresion del trabajo abstracto. Mediante el trabajo abstracto, el valor se vincula al mismo tiempo con la forma social del proceso social de la produccién y con su contenido técnico-material. Esto s obvio si recordamos que el valor, al igual que otras categorias econémicas, no expresa relaciones humanas en general, sino particularmente relaciones de pro- duccién entre personas. Cuando Marx trata el valor como la forma social del producto fel trabajo condicionado por  14 Aungue no es del todo preciso la utlizacién de ese término  ottos que tienden 3 individualizar y personalizar Lo que es una obra colectiva, Para nosotros, aungue sea incomprensible para la logica  widuo genial, i algo por  s una expresin singular de un proceso histérico,  14
una determinada forma social del trabajo, coloca en primer plano el aspecto cualitativo, sociolégico, del valor. Cuando el proceso de distribucién del trabajo el desarrollo de la productividad del trabajo se levan a cabo en una forma social determinada, cuando se examinan las “masas cuay  irativamen- te determinadas del rabajo total de la sociedad” (incluida la ley de la distribucién profesional del trabajo), entonces el aspecto cuantitativo (hasta podriamos decir matemitico) de los fenémenos que se expresan mediante el valor adquiere importancia. El error bisico de la mayoria de los criticos de Marx consiste en: 1) su total incapacidad para comprender el aspecto cualitativo, sociolégico, de la teorfa del valor de Marx; y 2) el hecho de que limitan el aspecto cuantitativo al examen de las proporciones del intercambio, es decir, las relaciones cuantitarivas del valor entre cosas; ignoran las inte- rrelaciones cuantitativas entre las cantidades de trabajo social distribuidas entre las diferentes ramas de la produccin y las diferentes empresas, interrelaciones que estin en la base de a determinacién cuantitativa del valor.» (Isazk Illich Rubin, Ensayo sobre la teoria marvista del valor)  En los aitos posteriores a la publicacién del primer tomo de El Capital (el Ginico publicado en vida y enteramente editado por Marx), lentamente comenzaron a emerger voces disidentes al niicleo de su critica, es decir,  la teoria del valor. Como ya mencionamos antes, una enorme parte de los autodenomina- dos marxistas desoyeron sistemiticamente y banalizaron esta, haciendo foco en otros aspectos y despojandola de la unidad y consistencia con la que fue expresada. Por otra parte, se desa- £roll6 un conjunto de teorias, en contraposicién a Mar, a estas  Tomemos un cjemplo para comprender mejor de qué se trata la teoria de la urilidad marginal:  Un agricultor posee cinco bolsas de grano. La primera serd. wilizada para hacer pan, este serd meramente el alimento que le permitird sobrevivir. Con la segunda también hard pan, y este seri ¢l que le aporte encrgias para poder realizar otras actividades. Con la bolsa préxima, alimentaré los ani- ‘males que cria. La siguiente la destinar a destilar whisky y, finalmente, la quinta, para alimentar a las palomas.  En caso que le roben o se pudra alguna de estas bolsas, &l no reducird proporcionalmente cada una de estas cinco actividades. Sino que simplemente dejari de alimentar a sus palomas. Si otra bolsa se desperdiciara, dejaria de hacer su whisky y asf sucesivamente.  El creador de este cuento fue Eugen Von Bohm-Bawerk, quien fuera ambién la igura central de la denominada Es- cucla Austriaca, la corriente de pensamiento economico que sintetiz el enfoque subjetivista y desarrollé el concepro de I utilidad marginal durante la segunda mitad del siglo XIX. Von Bohm-Bawerk fue adems un critico furioso de Marx.  se las denomind subjetivistas ¢ histéricamente, la forma mis depurada de este enfoque es la denominada reoria de a utilidad marginal, por o que también se los conoce como marginalistas.  El subjetivismo de esta teoria estd dado precisamente, por- que la subjetividad de los usuarios serfa lo que da “valor” a las mercancias. Eso es, a grandes rasgos, lo que se conoce como wilidad (que en autores como Kant, y |a escucla utilcarista seria equivalente al bienestar). Mientras mds y mis consumidores seialen en el mercado su disposicién a adquirir una mercancia (0 incluso su voluntad de solicitar una que todavia no se pro- duce) su valor aumentaréa  Toda esta teoria es heredera directa de la Tlustracién, y de sus premisas fundantes: el individuo y la igualdad. El subjecivismo 10 parte de las diversas subjetividades propias de una sociedad repleta de conflictos y contradicciones (no solo de clase, sino también otros que se desarrollan en torno al sexo, la etnia, etc.) sino que parte de una subjetividad ideal postulada: que la sociedad esté compuesta de individuos iguales, que venden Io que producen y compran lo que necesitan.  Entonces, por un lado estd el marxismo que se reivindica el defensor y continuador de la obra de Marx pese ser realmente una gigantesca fuerza ideoldgica de falsificacin y liquidacion de la obra de este militante, de la critica de la economia y de la revolucién. Dindole un cardcter objetivista a la obra de Marx destruye los pilares de la critica a las categorias fundamentales de’la economia. Este objetivismo es incapaz de iral fondo de la critica del rabajo abstracto y el valor pues es incapaz de ir mis alli de la materia concreta, es incapaz de ver la material social, de ver relaciones sociales cosificadas, objetivadas en una cosa. Es  Esta corriente fue lucgo continuada por Ludwig Von Mises y por Fricdich Hayek hacia principios del siglo XX, y fue retomada lucgo del impulso de las premisas liberales Tucgo de la década del 70 por, entre otros, Milton Fricdman, pero es vista como demasiado extrema en sus postulados por los proponentes de la sintesis neoclisica, la postura actualmente dominante.  Dejando de lado los clementos flaces tipicos del pen- samiento econémico (las denominadas robinsonadas, etc.), este argumento expresa una cuestién evidente. No todos descamos s mismas cosas en la misma medida, ni estamos dispuestos a destinar nuestro tiempo o salario de manera equivalente hacia todas las actividades que realizamos.  La uilidad marginal (1a utlidad de l dltima mercancia, en este caso el quinto saco) es una variable importante como también o son |a demanda, la oferta, el tipo de cambio, etc. Pero esto no quiere decir que cl valor de cada saco sea distnto, ya que el valor no es un hecho que se pucda reducir a una simple determinacién individual o a una sumatoria de las mismas.
éQué tiene mas valor, un diamante 0 una botella de agua?  El hecho de que una cantidad de diamantes sea incompa- rablemente mis valiosa que la misma masa en agua no nos resulta muy paradsjico. En esta sociedad invertida, no tiene ‘nada de raro que un mineral que solo tiene cirtos usos en la produccién de herramientas y, como ya sabemos, es uno de os objetos mis feichizados por su cardcter ornamental, sea ‘mis codiciado que un elemento fundamental para la vida.  Pero, esta aparentemente absurda pregunta, ha apareci- do una y otra vez en la historia de los debares economicos (donde se la ha denominada paradaja del valor), y expresa una contradiccidn central en torno a la cuestion del valor. En palabras de Adam Smith: «Nada es mis el que el aguas pero esta no comprari gran cosa; nada de valor puede ser intercambiado por ella. Un diamante, por el contrario, tiene escaso valor de uso; pero una gran cantidad de otros bienes pueden ser frecuentemente intercambiados por este.  Los diamantes valen mis que el agua y esto no tiene que ver con que sean mis triles en nuestra cotidianeidad, sino lisa y llanamente porque todo el proceso necesario para quelleguen al mercado insume una mayor cuota de trabajo humano. Lo mismo sucede cuando se analiza el valor del agua en una regién desértica en relacién a su proceso de pu- tificacién al margen de un rio importante. No es la escasez en si lo que hace aumentar el valor de una mercancia, sino que son las dificultades asociadas a esta escasez en relacién a cémo se produce y distribuye esta mercancia.  Incluso, y como sucede con la mayoria de los “recursos na- turales”, los yacimientos de diamantes ms accesibles y ficiles de explotar ya han sido saqueados, dejando en la actualidad los mis profundos y dificiles de acceder (y también muchos  incapaz de percibir que lo que era un objeto se ha transformado en el sujeto de la sociedad pues expresa en su ser las relaciones sociales, es el nexo social. Efectivamente, el trabajo abstracto y el valor son puramente sociales, por mis que se les busque empiricamente nunca se les encontraré. No, no es en el objeto donde esti el rabajo abstracto. Pero es evidente que se materia- liza a través de é. La lusion nace del hecho de que una relacién social adopte la forma de una cosa. Que el marxismo no ha comprendido nada de esto lo demuestra al sefalar a Marx como un “continuador critico” de la teoria de valor-trabajo cuando desde el principo la obra de Marx, en tanto que expresion de la eritica de la cconomia del proletariado, es una contraposicion y critica de la misma. Dicho esto, una vez mis, es evidente que bajo la etiquera “marista” han habido expresiones que se desmarcaban de la ideologia marxista y defendian realmente la critica de la economia.  A ’su ver, frente a las concepciones objerivistas del maris- mo ha surgido su oposicién vulgar, la subjerivista, a la que ya  16  otros que se enctentran en zonas en conflicto —cuna de los lamados diamantes de sangre—). Es por esto que durante muchos aios l valor de los diamantes tuviera un alza regular.  Ademis, es importante tener en cuenta que la indus- tria del diamante fue histéricamente dominada de forma monopélica por la compasia sudafricana De Beers. Esto produjo durante décadas que este productor experimen- tara una ganancia excendente o monopolista, inflando los precios por sobre su equilibrio, en base 2 la generacion de una demanda artificial. Pero a partir de la década del 90, con el surgimiento de nuevas minas y oferentes, novedosas formas de comercializacién, y técnicas de produccién de diamantes sintéticos, el valor de los diamantes se redujo, y al disminuir la presion monopolista también se redujo su sobreprecio.  Pero quizds sea importante considerar que para muchos de nosotros la paradoja no tiene tanto que ver con discusiones sobre categorias fias, y si con el hecho de que la palabra valor (en espasiol pero también en muchas otras lenguas) tiene la capacidad de representar cosas muy distintas entre si. Es imprescindible poder recuperar esta distincién para reconocer que, producto de su olvido, hoy por hoy conside- ramos algo importante como valioso, con independencia de que estemos haciendo referencia a su necesidad en nuestra coidiancidad, sus aspectos emorivos, o incluso a la cantidad de trabajo que nos cost6 producirlo.  El solo hecho de tener que comparar un diamante con el agua dice mucho sobre el mundo en que vivimos. La igualacién que produce el mundo del valor estd impresa en nuestras concepciones. Y otra experiencia de vida social borrard necesariamente esas incongruencias de la len- gua, que revelan la disociacién a la cual nos somete la sociedad del valor.  hemos hecho alusién. Partiendo de la misma separacién obje- to-sujeto, afirman que el valor es un producto de los sujetos humanos independientes del objeto. Es decir, el valor es algo que corresponde al cerebro de los hombres, de sus ideas, el valor es para ellos un signo adjudicado a un objeto que expresa esas ideas del valor. Igual que el objerivismo marsista no comprende en absoluto lo que es la cosificacion, lo que significa que un objeto encarne, no una representacion cognitiva, sino una prictica social. La inversién de la actividad humana propia de la sociedad mercantil generalizada donde el objeto se pre- senta como sujeto y el sujeto como objeto, donde la actividad humana se presenta como una fuerza exteriorizada que no le pertencce y lo somete, es precisamente la que permite que una sustancia, el valor, domine la sociedad. De ahi lo ridiculo de querer reducir dicha sustancia a la actividad del cerebro de los vivos, a aspectos subjetivos de los seres humanos, incluso ala voluntad y los gustos, y no a un sujeto que expresa una relacién social cosificada.
Mientras que ¢l materialismo vulgar solo ve al valor como propiedad de la cosa, el idealismo como una proyeccidn que surge en la cabeza de los humanos. Que una relacién social se: proyecte en una cosa es algo que solo la dialécrica puede captar. Objetivismo y subjetivismo, ambos, en tanto que escinden el objeto y el sujeto, son incapaces de ver la cosificacién de una prctica social, de una actividad, de una relacién social. La actividad humana enajenada se manifiesta a traves de cosas, se alza como un poder ajeno, como una fuerza exteriorizada y contrapuesta a la vida. La critica de la cconomia que desarrolla el proletariado parte de esta realidad que no es comprendida por toda clase de criticas y alternativas que surgen contra ellay que: 1o hacen mis que partir de la 16gica de la separacién burguesa entre objeto y sujeco.  La coria de la uilidad marginal esté evidentemente motivada por cuestiones politicas y de gestion capitalista, y su surgimien- t0 st intimamente ligado al momento histérico en que la economia pasa de ser una disciplina considerada como parte de la filosoffa a una més dependiente de la matemitica (0 cco- nometria) —que ademis coincide con desarrollos téenicos en relacién al cilculo diferencial y tablas de célculo—. La supuesta rigurosidad de esta teoria, radica en introducir un clemento técnico, via el cileulo diferencial, para determinar la relacién entre la utilidad que brinda una nueva unidad mercantil y la renta que un consumidor estd dispuesto a gastar para adquirirla. Asi s como estos postulados han calado hondo en la academia ¥ la ideologia dominance.  No obstante, en la prictica (y como expresamos pirrafos  antes), debido a que el interés de la cconomia liberal no es el de realizar una critica de la sociedad capitalista, sino el de determinar clementos que permitan gestionarla,’” esta  teoria se centré en la cuestin de cémo s determinan los  precios, por lo cual seria més apropiado histéricamente  definirla como una teoria de precios.  Como explica Paul Mattick en Marx y Keynes, la vulgaridad méxima de la teorfa uilitarista, consiste en su circularidad. A través de la utilidad marginal de una mercancia se define su precio, pero a la vez el precio es una variable fundamental al  15 Como veremos mis adelante en el apartado Mimusualias oea de las premisas centrales de esta corriente s la justificacion del ol y la importancia de los capicalistas como impulsores del desarrollo. Una ritica parcial hacia esta postura ha sido principalmente desarrolada por  socialdemocracia,y partcularmene por el sindicalismo, donde el burgués sucle ser considerado un parisito, alguien que sin hacer nada, vive como “un cerdo consumista”a cosa de los tabajadores que emplea. Pero s resula asqueroso considerar que ¢l antagonismo con el Capital pueda reducirse 2 odiar al burgués en tanto no-trabajador: La critca de las categorias capitalistas debe necesariamente conducir del rabajo, y por ende a la autocritca del rol que toca a los prolecaios en este mundo.  16 No es menor que incluso algunos autodeterminados marxistas —como por cjemplo ¢l gurisde la xista” en a época de la W internacional: Hilferding— hayan eriticado a Mars por no haber resuclto el problema de la ransformacién’, esto s, como y bajo qué determinaciones el valor de una mercancia se expresa en el precio.  aka  17  establecer la utilidad de la misma. A su vez, la urilidad es la caracteristica de las mercancias que hace que las personas la quieran comprar, pero asu vez que las personas quieran comprar una mercancia hace a su uilidad. Van en circulos explicando gradualmente formas mis refinadas de los precios, que como veremos mis adelante, no son bajo ningiin aspecto, sinénimos del valor.
LA VALORIZACION DEL VALOR: EL PLUSVALOR  En el nro. anterior, en ¢l apartado £ Capital solo quicre ms capital, desarrolldbamos cmo se da la transicion entre la cir- culacién simple y el ciclo de reproduccion capitalista. Es en el ciclo de reproduccion del Capital donde el dinero asume una nueva determinacién que aparecers en todas las relaciones de intercambio: se transforma en Capital. D-M-D’, movimiento por excelencia del Capital, es  su vez el movimiento originario del comercio, el capital como capital comercial, que se encuen- tra ya en las fases mds tempranas del desarrollo econdmico acompaitado del capital surario. Sin embargo, en esc estadio precedente el capital no ocupa mis que un lugar periférico de la sociedad, lo que no le impide implantar las premisas nece- sarias para apoderarse con el desarrollo histérico de todas las condiciones de existencia."  Mieniras que en las formas prediluvianas del capital —co- mercial y usurario— el ciclo D-M-D" extrac la ganancia de la circulacién, o sea de “comprar barato y vender caro”, en el proceso de produccion capitalista las cosas suceden de forma  diferente. En el capitalismo, a ganacia no puede generarse mis  = wsurit y desposesidn, as coma el apartado Sobre osfundamentos ligicos  Ver nuestro ndmero anterior el aparcado Acumlacitn, comercio,  e histiricosde la sociedad capitalisa en el presene nimero.  18  que sobre una competencia feroz que desplaza esa primigenia forma de ganancia e impone como punto de partida el incer- cambio de equivalentes obligando a cada capitalista a vender las mercancias a su valor, al tiempo socialmente necesario para su produccién,  Bajo esas estrictas leyes capitalistas solo hay una posi- bilidad: encontrar en el mercado una mercancia concreta cuyo valor de uso, cuyo consumo, n lugar e desvalorizar o destruir el valor de la misma, sea capaz de reproducir y ampliar el valor que contenia. Y dicha mercancia se encuentra en el mercado, es un producto del proceso histérico de separa ci6n del ser humano y sus medios de vida: la fuerza de trabajo Mientras todas las mercancias se desvalorizan al usarlas y con. sumirlas, con la fuerza de trabajo no ocurre lo mismo. El uso de la misma es su consumo efectivo en el proceso productivo, el trabajo mismo, la puesta en movimiento de trabajo vivo que 0 solo posibilita su propia conservacién como valor (asi como Ia conservacion del valor de las otras mercancias que ingresan al proceso de trabajo), sino que también permite crear un valor superior, un plusvalor.  La cuestion clave de la valorizacién tiene lugar entonces en elintercambio entre trabajo vivo y trabajo muerto, intercambio que tiene lugar, no en la circulacién, sino dentro del proceso de produccién mismo. Es en ese marco donde la explotacion de la fuerza de trabajo genera el plusvalor. Es condicién ineludible para la produccién y reproduccién de capital.
Efectivamente, al adentraros en el proceso de produccién (tanto da que este sea maerial, inmaterial e independientemente de la produccién concreta desarrollada) observamos como la M del ciclo, D-M-D" se desdobla en trabajo vivo (fucrza de trabajo) y trabajo muerto (materias primas y medios de traba- jo). Mientras que las materias primas y medios de produccin solo transmiten valor a la produccién en la medida que al ser usadas lo pierden de su ser (mera transferencia de valor) com- portindose como capital constante; la fuerza de trabajo puesta en movimiento, reproduce su valor (determinado por el tempo de trabajo socialmente necesario para su produccion: comida, alojamiento, formacion, tareas domésticas, cuidados, nuevas generaciones. . lo que incluye consecuentemente en el valor de la fuerza de trabajo los medios de subsistencia de quien hace las tareas domésticas, generalmente asignadas a las mujeres), pero 1o solo lo reproduce, sino que ademis genera un plusvalor, comporténdose como capital variable."*  Explotacidn capitalista: salario, trabajo y fuerza de trabajo  Deciamos que solo la fuerza de trabajo produce valor, ya que la sustancia del valor es precisamente el trabajo abstracto. Pero micntras que el plusvalor es un fenémeno estrictamente capita- lista, el plustrabajo no. En varios pasajes Mar describe como formas precapitalistas exhibieron una extraccion sistemitica de excedentes de trabajo a los productores. Pero la principal distincién entre el plustrabajo precapitalista y el plustrabajo capitalista es que, mieniras el primero estd determinado para las  18 En el caso de los trabajos domésticos “no-asalariados” y los cuidados podemos ver un claro ¢jemplo de como el sistema capita- lista asumio historicamente la continuidad de la division sexual del trabajo. La profundizacién de la separacion entre la esfera piblica I esfera privada agravo ain mis ls diferencias ya existentes en la vida cotidiana de los sexos. La esfera piblica asociada a o designado masculino y la esfera privada asociada a lo designado femenino son necesarias al desarrollo del proceso de valorizacion.  “Tal como sucede con cualquier rabajo, la funcion de la ideologia dominante es que el trabajo doméstico sea naralizado, amalgama- do a cualquier actividad hus indo en verdad se trata de un fenomeno socialdeterminado ¢ historico.  El tabajo doméstico de hijas, hermanas, esposas, esclavas y las permanentes condiciones subretsibuidas de empleadas domésticas (en su mayoria migrantes y refugiadas por el Capital), ha sido y es un aporte fundamental a que el capitalismo haya podido extenderse socialmente como lo hizo, pital determina también la explotacién del proletariado no iado y lasactividades no-asalariadas del proletariado. Debemos asumir la produccion de valor como una produccion global y rechazar 1a apologia obrerista y burguesa de I productividad.  Quienes conseituimos el proletariado no nos definimos por nucstra posicién particular ¢ inmediata en lo reativo a la produccién, sino por el antagonismo  este. Incluso quienes privados de los medios de subsistencia, no les es posible vender su fuerza de trabajo en el reado laboral también son parte del proletaiado, pues contienen la misma contraposicion al Capital que les despoja de los medios de vida y de su propia vida.  19  necesidades inmediatas de la clase dominante, para consumo y disfrute de ese excedente, en el capitalismo lo que determina ese excedente no es su consumo por el capitalista, sino la valoriza- cién, el plusvalory su acumulacién. El trabajador asalariado no trabaja para las necesidades inmediatas del capitalista, sino para valorizar en un ciclo de acumulacién infinita el capital que gestiona ese capitalista. Evidentemente, en ese proceso de acumulacién el burgués ambién consume y disfruta, pero solo en anto que actite como funcionario del Capital, en tanto que se subordine ¢ imponga las necesidades de valorizacin.  Esla particular mercancia fuerza de trabajo la Gnica que pue- de mantener el valor de un ciémulo de productos —producidos  asuvez por la primera— y generar un valor aiadido, cuando es puesta junto a ellos en un proceso de trabajo. Decimos particu- ar porque Ia fuerza de trabajo no es una mercancia comiin, sino que, como capacidad de trabajo, es inseparable del trabajador que la vende, del ser humano que la porta como caracteristica mercantilizada de su ser.  Suespecial particularidad viene dada también porque el valor de uso de la fuerza de trabajo adquiere una cualidad que no posce ninguna otra mercancia: es creador de valor. En ese sen- tido, es importante no confundir la fuerza de trabajo en tanto que capacidad de trabajo con la fuerza o capacidad de trabajo puesta en movimiento. Mientras la primera es la mercancia que vende el proletario, la segunda es su consumo como valor de uso en el proceso productivo. Que sean necesarias 4 horas para mantener viva la fuerza de trabajo no quiere decir que esa fuerza de trabajo no pueda usarse 8, 10, 12 o incluso 18 horas. Sus costes diarios de mantenimiento y su rendimiento diario son magnitudes diferentes. En esa diferencia, en la diferencia entre el valor de la fuerza de trabajo y el valor que produce, esté condensado el secreto del plusvalor, de la explotacién y laapropiacién capitalistas. Esto solo pucde caprarse sobre la base de la ley del valor, comprendiendo la sustancia oculta del valor y que el ciclo D-M-D’ es ¢l movimiento propio del Capital, donde el ser humano proletarizado es una simple mediacion del dinero convertido en el sujeto de su propio movimiento.  Se comprende asi mismo que bajo la forma irracional del salario el valor de la fuerza de trabajo se transforma en la superficie en el precio del trabajo, encubriendo bajo esa cate- goria que lo que se paga realmente es |a fuerza de trabajo y no el trabajo mismo. La tremenda diversidad de los salarios nos muestra c6mo en comparacion con las demds mercancias, en precio de la fuerza de trabajo hay factores que van més alli de Ia determinacién por el tiempo de trabajo social, empezando porla correlacién de fucrza entre las clases  Las formas de la explotacion: Plusvalor absoluto y relativo  Para criticar la explotacién hay dos momentos en los que pode- mos desdoblar el proceso productivo. El primero es el fiempo de trabajo necesario para reproducir l valor de la fuerza de trabajo, el segundo es el tiempo de plusrabao, el que produce
un plusvalor. Si el proceso productivo se interrumpe cuando se: alcanza un equivalente que reemplaza el valor de la fuerza de trabajo, esté claro que estaremos ante una simple reproduccion del valor. Sin embargo, con la prolongacién de la produccion més alli de ese momento comienza el proceso de valorizacion ¥ produccién de plusvalor. El tiempo de plustrabajo es pues el tiempo de produccién de plusvalor.  El Capital busca insaciantemente aumentar ese tiempo de plustrabajo para incrementar sus ganancias de dos formas. La primera consiste en hacer trabajar mis a los trabajadores, sea aumentando la jornada laboral, sea intensificando el trabajo. Este plusvalor se denomina absoluto ya que se trata de un aumento absoluto de la cantidad de tiempo de plustrabajo, manteniendo fijo el tiempo de trabajo necesario para la re- produccién del valor de la fuerza de trabajo. Esta primera forma es directamente urilizada por los capitalistas particulares ya que de esta manera aumentan su tasa de ganancia al disminuir el impacto final del precio de a fuerza de trabajo.  La segunda forma de plusvalor consiste en aumentar el tiempo de plustrabajo sin incrementar el trabajo, es decir sin aumentar la extensién de la jornada laboral ni a intensidad de la misma. Por consiguiente, la intensidad y la duracién de la jornada se mantienen constantes mientras la cantidad de tiempo destinada a la reproduccién de la fuerza de trabajo disminuye y, por lo tanto, aumenta la destinada a la pro- duccién de plusvalor. El plusvalor generado de esta forma se denomina plusvalor relativo. As, por cjemplo, una jornada laboral de 8 horas repartidas en 4 horas de trabajo necesario y 4 de plustrabajo, sufre un aumento del plusvalor relacivo al pasar a seruna jornada repartida en 2 horas de trabajo necesario y 6 de plustrabajo. En el cjemplo, el capitalista descender en 2 horas el tiempo que el rabajador produce para reponer el valor de sufuerza de trabajo ampliando a su vez en 2 horas el dedicado a producir plusvalor, todo ello manteniendo constante las § horas de jornada laboral.  Es evidente que, en tanto que el valor esté determinado por el tiempo de trabajo socialmente necesario, reducir el tiempo de trabajo de la jornada que el proletario dedica a reponer el valor de su fuerza de trabajo equivale a reducir el valor de la misma. Alestar el valor de las mercancias en razén inversa a la produc- tividad del trabajo, el aumento del plusvalor relativo va ligado al aumento de la productividad. Este aumento puede darse a partir de diversas modificaciones en el proceso de produccién, asi como de su reorganizacién o la incorporacion de tecnolo- gias." Si se duplica por algin invento la fuerza productiva en un ramo industrial, una hora de trabajo social se expresa en lo  19 Hablamos estrctamente de tecnologiasy no es casual. En ocasio- nes se suele hablar de maquinarias y consideramos que este término queds absoleto (s es que no lo fue siempre). No todas las ventajas productivas son mecinicas o robéticas. Una empresa puede aumentar su productividad por haber adoprado mejores uniformes para los trabajadores, un nuevo software de gestién, al cambiar el mérodo de organizacion del proceso laboral o del contol de stocks, mayores estindares de limpieza o mulditud de otros factores  20  que antes eran dos horas. Si esa duplicacién afecta a todos los sectores que directa o indirectamente entran en el valor de la fuuerza de trabajo (alimentacién, vivienda, tareas domésticas...), esti claro que se abate a a mitad el valor dela fuerza de trabajo. Si retomamos el cjemplo anterior de la jornada de 8 horas se comprende ficilmente ¢l cambio operado en las magniudes y el incremento de plusvalor relativo.  Pero no solo se obtiene este plusvalor relativo en los casos en los que se ve afectadas los sectores involucradas en el valor de la fuerza de trabajo. Cualquier capitalista que haga mds productiva su produccion frente a los demis competidores también incorpora al plustrabajo una parte mayor de la jor- nada laboral. Para seguir con el mismo cjemplo de arriba, en su produccién se duplica la productividad, su jornada de § horas en lugar de expresarse en un producto de 8 horas como Ia de sus competidores, se expresa en el doble, en un producto de 16, pues el tiempo de trabajo socialmente necesario sigue marcado por ¢l que determinan sus comperidores. Mientras que los demés competidores tienen que hacer trabajar a sus obreros 4 horas para reponer la fuerza de trabajo y 4 para cl plustrabajo, nuestro capitalista innovador tiene la ventaja de que en 2 horas sus obreros han repuesto su fuerza de trabajo (pues representan 4 horas de trabajo social) y las 6 restantes se dedican a producir plusvalor (que se representan en 12 horas). Tiene margen suficiente para ponerle a su mercancia un precio inferior al valor social y destruir a la competencia con ello.”  Tengamos bien claro que un aumento de la intensidad del trabajo implica un gasto mayor de energia, una mayor cantidad de trabajo; en cambio, un aumento de la productividad del trabajo significa un incremento de la produccion con la misma cantidad de trabajo.*  20 Estasivacion es temporal, dura hasta que la ventaja productiva es asumida por gran parte de los competidores de la misma rama y el valor pasa a determinarse por el nuevo nivel de productividad. En ese contexto, la hora de trabajo mis productiva pasard a representar Ia productividad mediay ya no tepresentaré dos horas,sino us de tabajo social, pero estar expresada en el doble de valores de wso que antes del aumento de la fuerza productiva, o que provocard una desvalorizacion de la mercancia que contendri menos trabajo vivo. A esto Marx lellamo sendenciadecrecientede a tasa de ganancia, ya que la ganancia obren reancia particular disminuye por o que e hace necesario incrementar la cantidad de mercancias producidas  cién. Esta tendencia,  a en cads  en dicha rama para contrarrestar dicha dis que es impulsada por la competencia entre capitales particulares ya fue desarcollada en el CuapERsos nro. 8 en ¢l apartado Tecnologia y ganancia. Aqui nos enfocaremos en el aumento de la cantidad de plusvalor que supone ese aumento de la productividad y que no desaparece cuando la ventaja productiva es asumida por todos los productores sino que por el contrario se generaliza  21 La distincién es importante para comprender los diferentes mecanismos de exploracion, aunque en la realidad es mis complejo diferenciarlos. Por un lado, a los bugueses les enc mentar a productividad del trabajo cuando en realidad muchas veces solo nos estin haciendo trabajar mis duro, Su inversion en fuerza de  trabajo resulta mis productiva pero no el rabajo realizado. A su vez, Ia incorporacién de tecnologias que incrementan la productividad del trabajo suclen traer aparaedas un aumento de la intensidad del
Estas dos formas de aumentar la explotacion estin suma- mente relacionadas y se impulsan mutuamente. Los limites fisicos y psiquicos de los proletarios frente al aumento de la intensidad del trabajo y la extensién de la jornada laboral han producido tantos accidentes y enfermedades como resisten- cias  luchas. Estas condiciones obligaron  los burgueses a otorgar ciertas concesiones a los explotados, al mismo tiempo que modificaron gradualmente muchos procesos de trabajo y estrategias con el fin de mejorar ¢ incrementar la explotacién. Por su parte, ciertas innovaciones en la produccién, como la incorporacion de tecnologia, permiticron ambién hacer mis intenso el trabajo imponiendo un ritmo que antes era imposi- ble o muy costoso de obtener a través de la mera supervisién. A’su ver, estas ransformaciones generaron nuevas esferas de produccin donde es posible la extraccién de plusvalor absoluto y relativo nuevamente.  Cuando hablamos de salario como el valor de los medios de vida necesarios para la subsistencia del proletario, no podemos dejar de observar c6mo la composicién de esos medios de vida haido cambiando constantemente en funcion de las necesidades del Capital. El incremento de la explotacién se halla también en el progresivo deterioro de la calidad de las mercancias més basicas para nuestra subsistencia. Esté allf siempre que nos venden micrda saborizada a un precio cada vez mayor y siempre que se nos impone ¢l consumo de una mercancia fitil y sin sentido, como son hoy los mercachinfles tecnoldgicos de todo tipo. A su vez, el “tiempo libre” también sigue el mismo camino, estando sujeto y siendo objeto de las necesidades de valorizacién del Capital. Bajo formas cada vez més degradantes el tiempo de descanso o de no-trabajo es ocio alienado.  Ao tras aio, se reproduce el clisico conflicto salarial entre capitalistas y trabajadores (sobre todo de aquellos sindicaliza- dos). En ese contexto, emerge, en contraste al aumento del salario nominal (el aumento bruto del dinero percibido), el concepto de salario real (salario que se coteja con la inflacién y otros determinadores del poder de compra) que, dependiendo de varios factores como las condiciones econdmicas, la im- portancia de cada sector, asé como la intensidad de las luchas, pucde disminuir o aumentar. Pero, ademds, y esto pocas veces se pone en cuestin, el concepto de plusvalia relativa visibiliza ademis otro determinante en tomo al salario.  Es que, como vefamos antes, en tanto disminuya la cantidad de trabajo incorporado en cada mercancia que se contemple dentro de la reproduccion de la fuerza de trabajo, el salario relativo a la plusvalia disminuye. Esta disminucién del salario relativo (que disminuye permanentemente) es una expresion de la degradacién permanente de lo producido. Expresiones de lucha contra este fendmeno emergen aqui y all4, aunque en ‘muchos casos los proletarios quedan reducidos a meros consu-  mismo. Es por eso que diferentes expresiones proletariasde rechazo al aumento de a productividad no resultan tnicamente de un aumento dela plusvalia reltiva sino también absoluta, sufriendo dirceramente en el proceso laboral el incremento del trabajo.  21  midores contra el aumento de ciertos productos y servicios, y contra los excesos o la corrupcién de algunos capitalstas. Esta escisién entre “luchas en el dmbito de trabajo” y “luchas de consumidores” disgrega  los proletarios en lucha y les impide tener un programa unitario contra la explotacion capitalista.**  Con todo este desarrollo debe quedar claro que, si bien se esté hablando de transformaciones en el proceso de trabajo y en as formas de explotacion, estas repercuten y son inseparables de la toralidad de la vida social  Plusvalor y ganancia: iguales pero diferentes En los apartados anteriores hablibamos tanto de plusvalor como de ganancia, pero estos conceptos suclen confundirse. Mien- tras el plusvalor es el resultado del plustrabajo (del “trabajo no pagado”) y su comprensién muestra que solo el capital variable (capital invertido en fuerza de trabajo) es el que crea nuevo valor; por contra, la ganancia, forma en la que se transforma el plusvalor en la superficic, es una categoria que oculta esta realidad interna mostrando cada parte componente del capital (capital variable y capital constante) participando por igual en la creacién de nuevo valor. Efectivamente, oculta que solo la parte invertida en capital variable crea nuevo valor, micntras que el capital constante solo lo transfiere. Precisamente, la tasa de ganancia se calcula en la relacién de la ganancia con el Capital global mientras que la tasa del plusvalor es la relacién del plusvalor sélo con ¢l capital variable.  El Capital se nutre de la extraccién de plusvalor, ¢ impulsa a los capitalistas a realizar dicha extraccién, pero estos, al tener una visién y una sensibilidad sumamente parcial y limitada de las necesidades generales del Capital, solo pucden apreciar esa necesidad, y realizarla pricticamente, tomando nota de la tasa de ganancia* Como los capitalistas solo pueden percibir, calcular y especular con la tasa de ganancia, esta es la referencia que hace redistribuir los capitales particulares segiin las nece- sidades del mercado.  Pongamos un ejemplo de una empresa del sector autopartista. Luego de afios de una alta tasa de ganancia en el sector, esta co- mienza a disminuir por un creciente flujos de capitales hacia ¢l mismo. Esto puede provocar que la empresa decida reconvertir parte de su produccién y dedicarse a la confeccién de fusclajes para acroplanos, ya que dicha reconversién no resulta costosa, yen dicho mercado hay actualmente escasa competencia y una mejor tasa de ganancia. También hay fenémenos relativamente  22 En ocasiones particulares, la fuerza prolearia ha logrado expresar una eriica prictica conjunta. Ejemplo de confluian se combinaban Ias luchas en los lugares de trabajo con la pricri las autoreducciones, pagando menos o directamente no pagando la factura de la energia eléctica, los alquileres, etc. En la actualidad también podemos encontrar diversos cjemplos de luchas que se h generalizado a parir del enfrentamiento al incremento de los pr de bienes o servicios como el caso del tansporte urbano en Brasil en I lima década.  sistemitica de  23 Eso e profundizaa contnuacién en Conradiciones cpivalas
recurrentes en los ciclos econmicos, como cuando luego de un boom en la construccion disminuye la tasa de ganancia de ese sector. Es entonces cuando veremos capitales alcjarse hacia otros sectores, quizds hacia el sector inmobiliario, o inversiones en plazos fjos por el aumento de la tasa de interts  «Cada capitalista intenta naruralmente convertir su posicién en el mercado en una oligo 0 monopdlica. Mientras que esto resulta favorable a sus intereses como valorizador de su capital indidivual, resulta contrario a los intereses del capiral en general. Al colocar un precio a sus productos mayor que el precio de produccion, un capital monopolisico recibe de otros capitalis- tas una porcién mayor del plusvalor social total, que excede la asa normal de ganancia. La ganancia del monopolista ralentiza laacumulacién de los dems. (Bruno Astarian, Todo debe irse! La abolicién del valor)  De ahi que capitales con diferentes composiciones orginicas de capital* obtengan la misma tasa de ganancia. Adquieren su tasa de ganancia no del capital variable que explotan sino del capital total que invierten en un sector determinado. La compe- tencia, el movimiento imparable de capitales de un sector a otro en busca de ganancias mayores, la llegada masiva de capitales a tal sector por haber una ganancia mayor, su fuga hacia otro pues la masiva competencia he hecho caer ahi la tasa de gana- cia... es un movimiento imparable. Vemos que bajo el efecto de la competencia, las diversas tasas de ganancia se igualan en una tasa de ganancia general, que es la media de todas las tasas de ganancia. Se comprende asi que la tasa general de ganancia corresponde a un capital de magnirud determinada, cualquiera que sea su composicion orgdnica.  Por lo tanto, un capitalista rara vez percibe una ganancia equivalente al plusvalor extraido en su empresa particular, sino que depender de la tasa de ganancia. Ademds, parte de su ga- nancia es repartida entre los diferentes capitalistas (productor directo, distribuidor, prestamista, arrendatario...). De ahi que categorias tan oscuras como la renta de la tierra o el interés son partes integrantes de esa ganancia y tienen por tanto en cl plusvalor su génesis  Queda claro por tanto que plusvalor y ganancia no son sinénimos. No son un dnico concepto solo que analiza- do desde dos puntos de vista distintos. No son la “forma proletaria” y la “forma capitalista” de llamar a lo mismo. Plusvalor y ganancia se balancean en el final del ciclo completo de acumulacién, donde la masa social de plusvalor es la que equivale a la masa social de ganancia.*  De esta manera, gracias a a tasa de ganancia se concretan funciones clementales de la actividad capitalista, garanti- zando una redistribucién permanentemente de capitales  24 La composicién orginica del capital s rfiee a l relacién entre capital constante y capital variable, es decir, entra la parce de capital destinada a los medios de produccién y la invertida en fuerza de wabajo.  25 Aunque el capival fictcio quicbra temporalmente ese proceso, en aras de o estamos intentando desarrollar, puede omitise. Ver adelante el aparcado Notassobre el eapival fictiio  2  que abrazarin siempre los intereses generales del Capital (cumpliendo, por cjemplo, funciones de erédito, bajando los costos de la energia urilizada, etc.). También asegura que, 2 pesar de que una actividad pueda resultar poco ética o glamo- rosa segin ciertos parimetros, si su rentabilidad es seductora habré capitales dispuestos allevarla a cabo. Pero esto no resulta instantinco, y otras determinaciones (culturales por cjemplo) influyen en este proceso:  «Tomemos a un contratista que ha estado a cargo de una empresa de plomeria por cuarenta afios empleando a un par de sus sobrinos. El sabe que conseguiria una mayor tasa de ganancia si liquidara la empresa ¢ invirtiera su dinero en un bar de lujo atendiendo a yuppies en un barrio gay, pero no lo hace. Sus prejuicios contra los homosesuales, o posiblemente sus convicciones religiosas contra el consumo de alcohol, o tal vez tan solo su apego al negocio familiar, son una barrera para llevar a cabo ese movimiento de capital.» (Prole Info, £/ monstruo de la vivienda)  El movimiento de capitales en torno a la tasa de ganancia también es importante para pensar el desarrollo de ciertas coo- perativasy emprendimientos autogestivos en las iltimas décadas, donde los trabajadores quitan al patron del medio (o por lo general es el patron el que decide irse) y se ponen ellos mismos 2 administrar sus empresas. En primer lugar, tengamos en cuenta que si un capitalista decide irse se debe a que la tasa de ga- nancia en esa rama productiva no es lo suficientemente alta. Porlo tanto, los trabajadores no tienen demasiada ganancia que gestionar o distribuirse al tomar as rendas de la produccion. Al hacerlo, ayudan al Capital a correr del medio a un burgués que e sale demasiado caro en tiempos de crisis. Ademds, en muchos casos,sila empresa autogestionada sale adelante se debe a que os trabajadores se someten  unas condiciones de exploracién que no permitirian nunca a un burgués. Si un patrén quisiera implementar medidas como bajar los salarios abruptamente o incluso pasarse meses sin pagarlos, aumentar el ritmo, obligara os rabajadores a comprometerse de manera gratuita en la orga- nizacion del proceso laboral, dejar de pagar cajas previsionales y demis seguros sociales; su empresa tardaria poco en arder en llamas. Bajo la autogestion, con el peso de la ideologia de que  “Ia empresa es de los trabajadores y trabajan para ellos mismos™ 1 alienacién es llevada al sumum donde se aceptan toda esa clase de sacrificios. Pero incluso en el hipotético caso de que los trabajadores logeen administrar eficazmente la produccidn, manteniendo asi una alta tasa de ganancia, siempre deberin destinar una parte importante de ésta al crecimiento de su pital particular, del que ahora son propietarios. En definitiva, el Capital siempre contintia creciendo a costa de su trabajo 2  26 L problemitica de la autogestn serd abordada en fundidad en el proximo niimero de CuADERNOS.
“Minusvalias”  «Dado que el capital que se adelanta en forma de salarios y en forma de bienes complementarios su- pone también una espera y asuncién de riesgos para el capitalista, ;no serd que la plusvalia no procederd del atraco a mano armada al trabajador sino de la re- muneracién de esos dos factores productivos (tiempo y riesgo)?» (Juan Manuel Rallo, & fiasco de la teoria marsista de la explotacién)  El burgués en su individualismo y mezquindad hace funcionar el Capital global. Y aunque sea un triste funcionario del Capital se supone a si mismo héroe y martir de esta sociedad al que deberiamos venerar. Asi,la explotacién que sufrimos dia a dia es presentada como una “teoria marsista” sino como un hecho completamente subjetivo. «El tiempo y el riesgo son factores  an productivos como el rabajor dicen los especialistas a sucldo ocultando que nuestra fuerza de trabajo no se pucde acumular ¥ esperar para venderla a mejor precio. Ocultando a conciencia que quienes solo tenemos nuestra fuerza de trabajo nos arries- gamos dia a dia en trabajos de mierda, yendo o volviendo de ellos. Tero los burgueses declaran su propio riesgo el més arriesgado: el riesgo de no generar ganancia. Asi al arries- garse a las supuestas minusvalias tendrian pleno derecho alas plusvalias. Nosotros también —sin més opeién. arriesgariamos entonces a las minusvalias en cada ajuste, en cada plan de austeridad, cuando la empresa cierra y nos dejan  sin trabajo. Cada trabajador dia a dia adelanta trabajo que no es pagado por adelantado ni recibiré mis dinero por semejante peligro. Un ladrén pucde arriesgar su vida de un momento a otro y ¢l burgués asaltado no lo recompensaré con mis de lo robado por el riesgo asumido. Porque el capitalismo no es un sistema moral. Cuando el inversor arriesga dinero y gana més que el proletario que arriesga su vida, pues su fuerza de trabajo es inseparable de su cuerpo, aprendemos una importante leccién: la fuerza de trabajo de un proletario (y con ello su vida) vale menos de lo que pensdbamos. Y ¢l solo hecho de que esto sea caleulable jy no que sea cara o baratal es motivo suficiente para lanzarse a la lucha contra esta sociedad mercantil generalizada.  Sin sonrojarse, pues los autématas no se ruborizan, cualquier amplificador humano de la ideologia dominante reduce dis- cursivamente todo este entramado social  hechos particulares donde se podria elegir ser o no un trabajador, un sin techo © un empresario. De una manera u otra, nos dicen que los trabajadores no lo son por la fuerza, pues no son esclavos, son libres y eligieron no ser empresarios o auténomos porque no quicren asumir los riesgos. En cambio, quieren ingresos pre- decibles y frecuentes, en lugar de invertir para cobrar quizds bastante més en meses 0 aiios.» Del mismo modo los pobres no serian empresarios porque no quieren shorrar y esto seria «una cuestion de mentalidad y no de clases socialess. Detrds de esto sucle venir la misma cantinela sobre | importancia de  23  Crédito e interés  Comentébamos en el apartado anterior que la ganancia se reparte entre los diversos capitalistas. Si bien hay repartos que no son dificiles de comprender, tales como. el que realizan el capitalista producor directo y su capi-  talista comercial que le vende el producto, hay otros que generan mds problemas para captarlos como el interés y Ia renta de la tierra.! Para poder capar en profundidad el primero pongamos el cjemplo del ciclo de un capital particular.  Imaginemos que un capitalisa pide un crédito para poder realizar su ciclo de produccién y reproduccion. Que el erédito tiene hoy en dia un papel cada vez mis imprescindible en ese movimiento es evidente. Por su- puesto que el prestamista en ese contexto exigiri no solo que le devuelvan integramente su dinero tras finalizar  fecha acordada, sino recibir a cambio una contrapartida cconémica. De lo contrario, se quedarfa con su dinero olo invertiria dircctamente en el proceso productivo. EI capitalista productor deduciri una parte de su ganancia para pagar a su prestamista. El interés es la forma que adopea esta peculiar forma de dinero que genera cse préstamo para el prestamista. La tasa de interés que se cristaliza en ese sector imperar por supuesto en todo préstamo, independientemente de lo que haga el pres- tatario con el dinero. Pese a que desde l punto de vista del prestamista el movimiento se muestra sintetizado en D-D’, vemos claramente cémo ese interés tiene sus bases en una deduccion de la ganancia al capitalista prestata- tio. En nuestro cjemplo, cuando este tltimo recibe ¢l dinero del capitalista prestamista lo gasta en su aparato productivo, obreniendo un producto cuya venta pagard los correspondientes salarios, medios de produccion y materias primas, quedando un remanente emanado de la parte del plusvalor social que se embolsa como parte de su ganancia,si bien cierta porcion tendri que cedérscla al prestamista en forma de interds.  1 Ver mis adelante el aparcado Renta de latirra.  la educacién para civilizarnos mejor. Sin embargo, la cuestion pucde explicarse claramente pero con concepeiones que van contra toda la razén dominante:  Son condiciones histéricas —y no naturales o derivadas del las que determinan que vendamos nuestra fuerza de tra- bajo. Somos privados de los medios para producir plenamente  nuestra vida. Quienes uno a uno constituimos el proletariado  fuimos y somos privados de relacion directa con la naturaleza (tanto humana como no-humana) para satisfacer nuestros descos y necesidades, limitados a ofrecer en el mercado una sola mercancia: nuestra fuerza de trabajo. Venderla o reventar es nuestra eleccidn, esa es nuestra libertad.
En estas condiciones, el burgués se erige en mediador entre dos “cosas” que antes de ¢l se encontraban integradas en una totalidad: la actividad humana y la naturaleza. Asiy solo asi la actividad humana es degradada en trabajo y la capacidad de trabajo produce un valor superior a aquel que se necesita para reproducir esa fuerza de trabajo. Entonces, el burgués paga el valor de esa fuerza de trabajo, que es el valor de las mercancias necesarias para reproducirla  ¢Es el comunismo entonces que cada trabajador se quede con el equivalente al fruto integro de su trabajo? No y mil veces no. Eso s o que ha traficado la socialdemocracia por comunismo, una reforma quizds utépica dentro de los estrechos mirgenes estatales y capiralistas.  «De cada uno segin su capacidad 2 cada uno segin su ne- cesidady es una manera de enunciar con sosas palabras lo que entendemos por comunismo. Contra la administracién, maximizacién y la cuantificacién por parte de este o cualquicr Estado. Pero ambién contra la ilusién de un mundo de indi- viduos atomizados que intenten cuantificar individualmente su produccion y su retribucién. No porque esté moralmente errado sino porque es imposible hacerlo, solo la mentalidad capitalista recurre a estas falsedades. Necesariamente debemos partir de la génesis social de la produccién de nuestro mundo. Quién ha creado desde la nada? ;Quién tiene una ocurrencia que no haya sido directa o indirectamente influenciada por las relaciones sociales que mantiene? ;En quién comienza una idea? n quién comienza un invento? Toda produccién es social «Esté claro que cada persona es tnica y particular, pero cada  persona es también un ser colectivo que se afirma en ello a cada momento. La revolucién no supone el triunfo de las masas aplastando a cada ser, la revolucion —entre otras cuestiones— supone la supresién del “individuo” en tanto que egoista y limitado, dando lugar al ser humano “particular” que no se opo- ne asu especie sino que se desarrolla junto a ella» (CuADERNOS DENEGACION nro. 3, Comtra la sciedad mercantil generalizada)  En esta horrible ilusion capitalista, se reitera el hecho de considerar al Capital, como un simple y neutro “factor de produccién” mis. Cuando este, no es mis que capa tras capa tras capa de plusvalor, de despojo, de fruto de la exploracion eristalizados en forma de dinero que ingresa inocentemente y de manera reiterada al proceso de produccién pidiendo mds trabajo. Todo capital es plusvalor.  Imaginemos un cjemplo ficil y simple. Seamos benévolos con el capitalista y digamos —haciendo abstraccién de la imposibilidad de la hipétesis por las propias necesidades de la valorizacion en el capitalismo— que nuestro capitalisa se limita ala reproduccién simple de su capital. Que tiene un capital de 100 y que la mitad lo gasta en fuerza de trabajo y a otra mitad en capital constante (que para faciltar nuestro cjemplo digamos  «Suvalor [el de a fuerza de trabajol al igual que el de cualquier otra mercancia, estaba determinado antes que entrara en a circulacion, puesto que para a produceidn de a fuerza de rabajo se habia gastado determinada cantidad de trabajo social, pero su valor de uso reside en la exteriorizacion posterior de esa uerza.» (Karl Marx, £ Capital)  7  2%  que es todo materia prima y entra integralmente en el producto final). Imaginemos que la tasa de exploacion es del 100%. En cada ciclo D-M-D’ sus 100 se convierte en 150 (50 reproducen el valor de la fuerza de trabajo, 50 transfieren el valor de los medios de trabajo y otros 50 son el plusvalor que s embolsa nuestro burgués). Como deciamos, no acumula capital, por lo que se gasta todos los 50 para su lujosa nueva vida y reinvierte Ios 100 que le quedan de nuevo en fuerza de trabajo y medios de produccién. Cuando vuelve a terminar una segunda roracion se encuentra en la misma situacion. Otros 50 para sus gastos ¥ 100 para su negocio. Sin embargo, llegados a este punto, el burgués ha dilapidado 100 en sus necesidades (comidas, iestas, lujos...). Es decir el capitalista ha gastado todo su capital ori- ginal. Y sin embargo tiene intactos 100, listos para ingresar de nuevo a la produccién y volver a generar 50 de plusvalor junto ala conservacién de los 100. Todo en un ciclo infinito. Es ficil deducir de donde siguen saliendo no solo los 50 de nuestro buen burgués, sino los 100 que invierte en obreros y medios de trabajo: del trabajo de sus obreros. No hay nada en su capital que no provenga del plusvalor, todo es trabajo impago. Todo se paga con el trabajo de los proletarios: sus salarios, los medios de produccién, sus necesidades privadas y vicios también. Que en a realidad que vivimos cada capital particular no solo exija esa reproduccion simple, sino su constante ampliacién por medio dela acumulacién, es algo que percibiré répido l burgués como una exigencia para mantener su condicin de clase.  Productividad y estandarizacién  Alo largo de este nro. de CuaDERNOS hemos expuesto cémo se- interrelacionan el mercado y el proceso de produccién, cémo sus movimientos se determinan mutuamente y en funcién de la valorizacién del valor. De este modo, la necesidad de estandarizacion, uniformizacién de los procesos productivos y mercancias particulares, son el resultado de ese proceso in- terrelacionado y no podemos separarlo como si se tratasen de exigencias del mercado o de la esfera productiva de manera aislada.  La mujer que hace una estanteria para su familia, hace la estanteria que su familia necesita, con los medios disponibles al alcance de esta. Cuando ell se convierte en una trabajadora independiente (carpintera en este caso), tendré que realizar estanterias que cubran diversas expresiones de las demandas de quienes quieran guardar objetos en sus casas, aunque tenga poco o nulo conocimiento de cuales puedan ser, ya que ella es una productora privada ¢ independiente. Esto evidentemente modifica la estanteria realizada.  Lo usual es que los productores no fabriquen por demanda sino para un mercado® y, ademds,estos tienden a ser integrados  28 Se podria pensar que hay excepeiones al respecto... que todavia perduran quienes producen especificamente  pedido, para satisfacer una necesidad particular, pero incluso en estas excepeiones por las cuales o s ige el mercado, la estandarizacién del mercado se presenta con el peso arrollador de las mliples determinaciones que cjerce
en procesos de trabajo mis generales del cual cada uno solo realiza un pequeito fragmento.” Sea cual sea el caso, sabemos que en general, producimos para las necesidades del Capital y 1o para las necesidades humanas, y la expresién més nefasta de este proceso de estandarizacién, es que esas necesidades humanas terminan estandarizdndose y convergiendo en las necesidades del Capital.  Como expresa Bruno Astarian (Tado debe irse! La aboliciin del valor): <Para entender la estandarizacién de objetos y actividades bajo la ley del valor, debemos empezar con la diferencia entre utilidad y valor de uso. Esta diferencia no fue tratada por Marx en el capitulo 1, como mencionamos an- teriormente Marx y Engels se limitan a afirmar que el producto debe ser dtil 2 alguien ms... Pero los productores tienen solo una visién sesgada y parcial del mercado, no sabe exactamente qué es ese “til". Solo la venta confirmard que la apuesta del productor era correcta. La estandarizacion, como veremos, es parte de esa apuesta, que es inherente a la produccién mercan- il... Esta imprime una clara marca social en la utilidad del objeto. Uso la frase “valor utilidad” para subrayar el hecho de que la utilidad de una mercancia no s algo narural. Lo que se produce es, justamente, una mercancia. El concepto de “valor de uso” ha sido empleado usualmente como “la utilidad de la cosa”, ¢l mero medio para el valor de cambio, o incluso como algo bueno (opuesto a la maldad del valor de cambio) que servird a nuestro propdsito. “Valor utilidad”, en contraste debe ser construido como una categoria enteramente social, y una parte integral de la teoria del valor»*  La estandarizacién ademds, debe ser comprendida en su genuina dimension respecto al mercado mundial. Cuando una actividad productiva se especializa y se separa de la comunidad enla cual se basaba y donde encontraba su necesidad, pierde las caracteristicas particulares de esa comunidad. Debe entonces, asumir un grado suficiente de generalidad para permitir su  todo el conjunto de las mercancias sobre esa necesidad parcicular Esta, ademis, en muchos casos, puede ser una necesidad particular i6n 2 un proceso productivo, como puede ser un software o una miquina hechos a medida del capitalista. En ¢l imaginario de la produccién por demands, suele relacionarse con esta a l produc- cion suntuosa o de lujo, pero las expresiones sociales de esta forma productiva son mucho mis diversas  29 Es preciso detenerse aqui, ya que una de las s difundidas val- gatas marxistas denomina alienacidn a este proceso de pas distorsionando enormemente la importancia real e este concepto. Luego, y por sobre esto, como veremos en el siguiente nro. de Cus- DERNOS DE NEGACION, el movimiento de empresas recuperadas en la region argentina, siguiendo esta distorsion, establece como reivindic ial, el conocimiento integral del proceso de trabajo por parte de cada wabjador, como forma de restitucion de su dignidad s carcter de productor.  30 Remarcamos junto con Astaian, la imporncia de no ferichizar al valor de uso, como i a evolucién se tratara de una vuelea al mismo (como postulan muchos quienes se involucran en los programas de comercio justo). La mercancia reviste un doble cardcteren  de uso y valor de cambio y de lo que se trata es de su destrucs como forma social, junto con todas sus determinaciones.  o valor  25  integracién n la interdependencia social de los procesos de trabajo en formacion, con pequefio o nulo conocimiento de cusles son o serdn sus parémetros.’!  Esa estandarizacién, ademis, penetra en lo mis profundo de la actividad humana y se materializa en las diferentes deter- minaciones de la division del trabajo. La fuerza de trabajo que se sintetiza en las mercancias no puede pensarse como previa a Ia estandarizacién y mercantilizacién, y que luego pasa a estar inmersa en condiciones de mercado. No hay punto de partida ajeno a todo esto, hay una forma especifica de rabajo, definida por la continua biisqueda de productividad y estandarizacion. De la misma forma, una papa, no puede considerarse como una “papa pre-valor” que luego ser llevada al mercado. La determinacion de plantar esa papa, sacarla, ransportarla, ¢l por qué esa especie de papa en particular, en ese terreno, bajo esas condiciones sociales particulares; es producto de este proceso de estandarizacion.  Es sencillo criticar el valor de uso en aquellas mercancias que el sentido comiin percibe como innecesarias, suntuosas, o antihumanas. No tiene mucho mérito criticar a la industria bélica, 0 a los enormes carteles publicitarios que abundan en s ciudades donde vivimos y morimos. Pero se vuclve cada vez mis necesario generar una critica de la produccion incluso de los elementos que consideramos mis necesarios y esenciales. Es el mismisimo proceso de valorizacién y estandarizacién el que envenena los alimentos que compramos, que disminuye perma- nentemente la calidad de los utensillos y herramientas bsicas que utilizamos en nuestra cotidianidad, que unifica y arruina Ia belleza de la diversidad natural en pos del mercado mundial  Y es el mismo proceso de estandarizacion el que nos es- tandariza. Imprimiéndonos los mismos gustos superficiales a todos por igual, aprendemos a necesitar lo que nos ofrecen. Enel desiero de lo igual, todo es aplanado para convertirse en objeto de consumo.  31 Como corolario monstruoso, podemos pensar en las grandes Tuchas que existen actualmente en muchos rincones del mundo c tra la proliferacién de semillas hibridas 0 modificadas genéicamente, que por fuerza del mecanismo de Ia ganancia, o por su propia cons- titucién wéenica, denden a hacer desaparecer diversas especieslocales, co de la alimentacién de comunidades humanas y de  sustento histé I funa reg
Renta de la tierra  Un momento incomodo de las formulaciones mis vulgares de la teoria del valor-trabajo tiene que ver con el precio de mercancias que no son producidas, y que por lo tanto no tendrian valor,  «Cosas que no son de suyo mercancias, como por cjemplo Ia conciencia, el honor, etc. pueden ser corizadas en dinero por sus poscedores y recibir a través del precio el cuio de mercancias. Cabe, por tanto, que una cosa tenga formalmen- te un precio sin tener un valor. Aqui, la expresién en dinero es algo puramente imaginario, como ciertas magnitudes matemiticas. Por otra parte, puede también ocurrir que esta forma imaginaria de precio encierre una proporcion real de valor o una relacién de ella, como sucede, por cjemplo, con el precio de la tierra no cultivada, que no tiene ningin valor, porque en ella no se materializa trabajo alguno.» (Karl Marx, El Capital)  Que la terra tenga un precio, que pueda medirse y con- cebirse en términos socialmente unificados, s producto también del proceso de estandarizacién. Solo cuando dos parcelas pueden compararse en relacién a la produceién de un cultivo determinado, respecto al potencial para la cria de un animal transformado histéricamente por la accién huma- na, 0 como territorio donde existe tal o cual cantidad de un mineral en particular, es que el acceso y el derecho privado sobre esa parcela pueden medirse respecto a su expectativa de éxito en una produccién capitalisa.  Luego también la accién de los capitales, en su desarrollo ¥ moldeo de las condiciones de vida urbanas, determina también el precio de la tierra en su funcién distributiva (comercial). Son las parcelas que se encuentran en las zonas mis pobladas o pudientes las que tienen un precio de alqui- ler mayor, precisamente porque es en estas donde se puede desarrollar una méxima ganancia. Asi es que el ducfio de la tierra capta en mayor 0 menor medida parte de la plusvalia que el capital comercial obtiene (nuevamente en mayor o menor medida) del capital productivo.  Pero,  la vez, debemos tener en cuenta que, si bien cl sustrato dltimo sobre el que descansa el derecho de pro- piedad no fue producido, i existe un trabajo incorporado sobre algunas tierras, que maximiza el potencial productivo de estas. Tanto los trabajos privados (roturacién, mejora- miento de suclos, parquizado, etc.) como estatales (acceso a energia, obras contra las inundaciones, caminos, vigilancia ¥ regimentacion de la propicdad privada, ctc.) aumentan el precio de la tierra porque efectivamente son procesos de valorizacién per se, donde se cristaliza trabajo vivo.  Porlo tanto, |a renta proviene de la diferencia productiva que aporta una tierra en relacién a otra. La que confiere mis productividad al trabajo arrojaré una plusganancia en com- paracién a a que confiere menos. Imaginemos en agricultura tierras que alberguen un rio subterranco en comparacién con  otras que tengan que tracr el agua, pagar la primera tiene la misma ventaja que posce un capitalista con el plusvalor relativo al introducir algin invento tecnolégico que hace més productivo el trabajo. La tinica diferencia es que aqui esa plusganancia se convierte en renta de la tierra que va a parar al bolsillo del arrendatario (que el propictario de la tierra sea ¢l mismo que el capitalista agrénomo no aporta ninguna diferencia al andliss, st al bolsillo del capitalista que se reparte el botin consigo mismo).  Por otro lado, surge la pregunta de qué pasa en las peores tierras, en las que pese a todo se paga renta. Marx insiste frente a la cconomia politica que la renta en estos casos también existe y que es una deduccién de la ganancia. Para élla composicién orgénica del capital en la agricultura y en a extraccién siempre va retrasada con respecto  la com-. posicién media imperante, siempre hay mis trabajo vivo wilizado que el promedio en los demis sectores. Al mismo tiempo, la propicdad de la tierra opera como limite al libre ‘movimiento de capitales lo que restringe la nivelacién de la tasa de ganancia, permitiendo por lo tanto una plusganancia respecto a las otras esferas productivas.  Porlo tanto, ven todas partes donde las fuerzas naturales sean monopolizables y le aseguren al industrial que las em- plea una plusganancia trétese de una caida de agua, de una fructifera mina, de aguas abundantes en pesca o de un solar bien ubicadol...] el propictario de esos objetos naturales le intercepta esa plusganancia, en la forma de renta, l capital actuante.» (Karl Marx, £ Capital)  Es evidente que esta renta de la tierra pertenece exclusi- vamente a la forma de produccién capitalsta y nada tiene que ver en cuanto a su conformacion con la antigua renta de la terra. Su nexo comiin es el titulo de propiedad de la terra, solo que en el capitalismo esa tierra estd subsumida al Capital. No solo la renta se conforma segitn las leyes capitalistas, sino también su venta. De ahi que el precio de la tierra en el capitalismo se refiera a un producto del trabajo humano pese a que la tierra no es producida (que si mejorada, transformada...); Se refiere al titulo de propiedad de la misma que permite a su poscedor acaparar una pare de la ganancia (plusganancia). Es un titulo que permite absorber una parte del plustrabajo. El precio de ese titulo esté determinado, por tanto, por esa renta en tanto que renta capitalizada. Efectivamente, en general, la tierra se vende  como si de un titulo de capital dinerario se tratara.’  1 Por poner un cjemplo, si 1.000.000 de dlares me da 100,000 délares al o de intereses, una renta de 100,000 délares por un terreno equivale a que ese terreno vale 1.000.000 de délares
CONTRADICCIONES CAPITALISTAS  La socializacidn privada de la produccidn capitalista  En el capitalismo, los trabajos privados de las unidades de produccién aisladas se socializan en el mercado, es decir, a través del intercambio de mercancias. Se produce en funcion de un intercambio exitoso, no de las necesidades propias y ajenas. Perseguir el mayor rédito posible afecta el caricter que asume la produccién, asi como la calidad de los materiales y procesos laborales. Esa es la socializacion capitalista  El trabajo privado de los productores se relaciona con el trabajo de todos los demds productores de mercancias convir- tiéndose en trabajo social, porque el producto de cada trabajador es igualado como valor con todas las otras mercancias. Todo trabajo concurre entonces a la misma economia mercantil y totalitaria  «(...) las mercancias de cada productor individual aparecen en forma despersonalizada como cjemplares separados de un tipo determinado de mercancias, independientemente de quién las produjo, o dénde, o en qué condiciones especificas. Las mercancias, los productos de los productores individuales de mercancias, circulan y son evaluadas en el mercado. Las conexio- nes e interacciones reales entre las empresas individuales —que podriamos llamar independientes y auténomas— surgen de la comparacién del valor de los bienes y de su intercambio.» (Isaak Ulich Rubin, Ensayo sobre a teoria marsista del valor)  Esta socializacién capitalista de la produccin ha promovido, gracias a un imponente desarrollo de las fuerzas productivas,  27  que los proletarios estemos cada vez mis privados de los medios de subsistencia. La ultra-especializacion y division interna cional del trabajo, as como la mercantilizacién de cada vez mis aspectos de la vida, hace que nuestros trabajos y nuestra cotidianidad estén cada vez més inegrados en la sociedad ca pitalista, mientras nos sentimos cada vez mis solos y frigiles. La generalizacién de la mercancia es la generalizacién de la atomizacién social y de la miseria  El progreso capitalista se vende a s{ mismo como un progreso de la humanidad, y esta idea es muy difundida por quienes creen que se trata mis bien de un problema de gestion. Quieren socializar una produccién que solo existe a expensas de lo privado. Privado no solo como privacion material de los medios de vida sino como destrucci6n de la comunidad. Necesitamos una socializacién humana completamente opuesta a la 16- gica del intercambio.  La contradiccidn capital-trabajo  En muchos casos se dice que capital-trabajo es la contradiccion fundamental del capitalismo. Se ha enunciado como la contra diccion entre el cardcter social del trabajo y el cardcter privado de la apropiacién capitalista, que no es ni mds ni menos de lo que hablibamos anteriormente. Es decir, las penurias a s que s someido el proletariado a costa del desarrollo capiralista. Incluso si lo pensamos desde el valor de uso y valor de cambio vemos como el Capital hace del trabajo una parte de su ser en tanto capital variable, al mismo tiempo que como n lo lanza constantemente al mercado como fuerza  contraposic de trabajo. A su vez, como veremos con mayor profundidad mis adelante en la contradiccién valorizacién-desvalorizacién,
Algunos tatan de convencernos que el dinero, asi como as contradiceiones sociales que genera el capitalismo, pucden ser suprimidos con la misién de bonos horarios, bancos de tiempos o creando “monedas sociales justas”. La incomprensién total de lo que es el dinero, y mis concretamente cl valor como forma social, les leva a creer que estos malabarismos en materia de circulacion monetaria ponen limites o cuestionan a existencia misma del dinero. El bono horario —o los bancos de tiempo—, que es la versidn mis extrema de todas esas alternarivas ‘monetarias, quiere sustiruir la mediacién dineraria y ser una expresion “auténtica” y “directa” del trabajo de la sociedad, hacer directamente social |a produccidn. Pero. s la mayor de las ilusiones creer que Ia forma particular que adquiere la mediacién social en el capitalismo s la que hace que la produccién sea 0 no directamente social. El dinero existe precisamente porque la produccién noes directamente social,sino que requiere del inter- cambio para socializarse. Contrariamente a s lusiones del bono horario, el trabajo abstracto no puede expresarse: directamente pues solo produce una forma socia, nece- sita de una mediacién objetiva para obtener una forma universal, necesita de un producto simblico universal. Como la produccion sigue siendo para a sociedad y en 1a sociedad, pero al misma tiempo esta produccién no es inmediatamente social, esa mediacion s indispensa- ble, el dinero es una condicion. EI bono horario quicre hacer las veces del dinero pero sin las implicaciones y contradicciones del dinero, por eso naufraga. El dinero. no hace mis que expresar las relaciones sociales de produccién, toda mediacién solo puede funcionar en dltima instancia como dinero y expresar todas sus ‘miserias de una u otra forma. Lo que todo esto esconde. es que todas esas “ransformaciones” del dinero dejan intactoy protegen precisamente lo que genera el dincro: el modo de produccion mercantil las relaciones sociales capiralisas, el intercambio, el vlor.  el Capital debe hacer disminuir relativamente cada vez mis la parte destinada a la compra de fuerza de trabajo en relacién a la destinada a los medios de produccion, con toda una serie de implicaciones brutales sobre el prolecariado.  Aquilo importane es tomar nota de que la contradiccién no se resuelve mediante otra forma de apropiacion de a produc- ci6n, “haciendo realmente social el producto del trabajo”, sino dela superacién revolucionaria del capitalismo destruyendo al Capical y al rabajo. Se trata de contradicciones inmanentes que dan vida al capitalismo, que no contienen una salida revolucionaria en ninguno de sus polos sino en la supera- cién de ambos.  En cambio, el marsismo se constituyé bajo la premisa de que la defensa del polo del trabajo constituia el camin hacia  28  el comunismo y, por tanto, otorgaba un cardcter revoluciona- io a la contradiccion capital-trabajo. La socialdemocracia en general asumid y asume esa perspectiva sacralizando al trabajo, haciendo de él su premisa fundamental. Nos laman a defender el trabajo, incluso en nombre de la “revolucion’”.  Porel contrario, en la contradiccidn proletariado-Capital, o mis atn ente el Capital y a vida, podemos hablar de un polo antagénico que contiene una salida revolucionaria  «La prictica toralidad de los seres humanos alzindose contra Ia totalidad de la sociedad capitalista,Ia lucha simultdnea contra el capital y el trabajo, dos aspectos de una misma realidad: es decir, el proletariado debe luchar contra su propia dominacién para ser capaz de destruirse a i mismo como clase y destruir el capital y las clases. Una vez que la victoria esté asegurada a escala mundial, la clase universal, que en realidad se constituye (formacién del partido, segtin Marx) a largo de un proceso inmenso que precede a la revolucién en la lucha contra el pital, que ha sido psicolégicamente transformada y que ha transformado la sociedad, desaparecers, ya que se convierte en Ia humanidad. No hay geupos fucra de ella. El comunismo se desarrolla entonces libremente. La fase inferior del socialismo ya no existe, y la fase de la dictadura del proletariado se reduce a la lucha por destruir la sociedad capitalisa, el poder del Capital» (Jacques Camatte, Capital y Gemeintoesen)  La perspectiva revolucionaria puede parecer un purismo imposible de asumir cuando hay que sobrevivir y luchar al interior del capitalismo en un contexto como el actual. Sindi- calistas y reformistas en general dirén que a las contradicciones hay que asumirlas, que hay que meter los pies en el barro, que el proletariado solo puede luchar por lo inmediato, que no es momento de hablar de la revolucion  Se nos dice a quienes defendemos una perspectiva radical de separamos del resto de la clase, de pretenciosos iluminados separados de la realidad social, que no entendemos lo contra- dictorio de la misma. Pero ese es justamente nuestro punto de partida por el cualluchamos por la revolucion: superar nuestra realidad contradictoria como clase.  El proletariado como contradiccion  Todas estas determinaciones actdan socialmente configurando una existencia contradictoria en cada aspecto de la vida social Si se tratara tan solo de una contradiccién entre el “campo proletario’ y el “campo burgués” seria relativamente sencillo, pero la contradicci6n esti en la misma esencia del proletariado. Nuestra clase expresa —como ninguna en la historia— las contradicciones sociales en su propio seno.  Producimos valor a la vez que somos una traba para su desarrollo. Trabajamos para vivir y perdemos la vida trabajando.  La inversién s tal, la abstraccién domina en tal medida la vida sensible, que la logica del valor actita como si no existiese lo concreto y encuentra en este una resistencia desde el hecho de existir iniamente ante una reproduccion pretendidamente
infinita. Se trate de un “recurso natural” 0 un “recurso humano” son para el Capital un medio, casi un mal necesario para que al final de la operacién haya més dinero que al comienzo.  Las frmulas que victimizan y determinan como sujeto forzada y necesariamente revolucionario al proletariado no suclen tomar en cuenta que en la coridianidad somos también un factor de produccién y que, por ello, nos oponemos entre si de la misma forma que los diferentes capitalistas lo hacen permanentemente, por ser una clase al interior del Capital y en algiin modo comportamos como mero capital variable.  El automovilista que camino a su trabajo insulta a otros trabajadores que cortan la ruta por un reclamo laboral, puede hallarse en la situacién contraria el mes siguiente. El inmigrante que logra con mucho esfuerzo integrarse laboralmente en una nucva regi6n, desprecia a los inmigrantes que le siguen y “roban su trabajo”.  Pero no se trata simplemente de concientizar sobre este proceso. Incluso quienes tienen cierta sensibilidad ante estos fendmenos, no pueden evitar encontrarse en cl seno de la con- tradiccién misma; Que solo podri resolverse haciéndola estallar, sin tomar partido por ningin polo de la contradiccion. Ni el trabajo vivo sobre el muerto, ni ¢l productor sobre la mercancia, ni ningin tipo de esperanza moralista puede emanciparnos del Capital en su propio interior, ahogados en sus propias categoras.  «Cuando el trabajo y ¢l capital se fusionan, la comunidad material del capital se presenta ante la sociedad como la co- ‘munidad humana: alli donde uno cree estar tratando con el ser humano, solo se topa con el valor y su materializacién en forma de mercancias. No obstante, bajo la comunidad material del capital vive y se desarrolla la comunidad humana; bajo los descos alienados viven los deseos, y el sistema produce su propia subversién.» (Négation, E proletariado como destructor del trabao)  En una disociacin personal verdaderamente agobiante nos sometemaos a elevar las ganancias de los burgueses y a luchar contra cllo al mismo tiempo. Es nuestra lucha como clase al interior del Capital y como la clase a la que la sociedad no considera como tal, para la cual ya ha sido abolida la pro- piedad. Es a lucha entre la supervivencia y la vida.  Nuestros interesesy los de la burguesta solo pueden coincidic en nuestra supervivencia, en el acostumbramiento a la miseriay las migajas. Entonces, ;por qué compartir un mismo horizonte? Qué sentido tiene transicar el camino trazado por el enemigo cuando no se precisa lo mismo que él? ;Qué sentido tiene usar sus formas organizativas? Ninguno, porque sus formas orga- nizativas asé como sus anhelos y todo su imaginario, emanan justamente del mundo del Capical  29  Valorizacidn/desvalorizacién  Extraido de Notas contra la dictadura de la economia. Revista Comunismo nro. 39. del Grupo Comunista Internacionalista.  Para valorizarse, el valor debe ser invertido en dos partes, una en capital constante (compra de maquinaria, de edificios, de materias primas...), otra en capital variable (compra de la fuerza de trabajo). El valor de la primera parte es trasmitido al producto final por el trabajo, quedando la misma constante, de ahi su denominacién. La segunda parte por el contrario, ¢l ‘capital variable que se desting a |z compra de la fuerza de trabajo, aumentaré por la accién misma de esa fuerza de trabajo, es decir por el trabajo. Es esta parte la que produce el plusvalor. En efec- 0, la fuerza de trabajo s la tinica mercancia capaz de aportar mis valor, la tinica fuente de ganancia para los capitalistas  La competencia inherente al Capital obliga a cada capiralista a producir lo mis barato posible para imponerse en ¢l mercado frente a sus competidores, si no quiere ser barrido por éstos. Para cllo debe obligaroriamente aumentar la productividad de su empresa, es decir producir lo mismo con menos trabajo o mis precisamente producir lo mismo pagando menos salarios. Este aumento de la productividad pasa por un crecimiento de los equipos, de la infraestructura (capital constante) y una disminucién relativa de la importancia de la fuerza de trabajo (capital variable), lo que tiene como consecuencia que se incorpore cada vez menos trabajo vivo en los pro- ductos ¢ implica cvidentemente una pérdida de valor de los productos y también en los medios de produccién: es decir una desvalorizacién.  Para contrarrestar este efecto de desvalorizacién unitaria de sus productos los capitalistas intentan aumentar la masa de los mismos aumentando més aun el capital constante frente al capital variable (es decir aumento aun mayor de la composi- cidn orgénica del capia). desvalorizacién! La masa de mercancias producidas aumentard  {lo que socialmente refuserza mis la  pero cada mercancia contendré unitariamente menos trabajo humano y por lo tanto menos valor agregado. Recordemos igualmente que el valor solo se realiza cuando la mercancia es vendida y el aumento de la masa dificulta esa parte del ciclo de valorizacién (Ia realizacién del valor). Si no se encuentra comprador, el valor no se realiza y habrd otra desvalorizacion.  Pero con la generalizacién del aumento de la productividad, ala que son obligados todos los capiralistas si quieren seguir en el mercado, la cantidad de trabajo contenida en cada producto final disminuye, ast como la cantidad de trabajo que contienen los medios de producci6n que intervienen en la produccién de esas mercancias... y en dltima instancia, es el valor de la totalidad de productos y de los medios de produccién el que disminuye. La desvalorizacién s cada vez mis violenta  Todo ese movimiento produce *la crisis”. La masa de capitales existentes tiene cada vez mis dificultades para valorizarse. Es un periodo de quicbras, de destruccion de stocks invendidos,
de elevados porcentajes de medios de produccion paralizados, desocupacién, disminucién de salarios reales... Al principio esta depuracion resulta suficiente y la destruccién de capitales permite a los competidores reactivar su actividad, lo que pro- duce una nueva fase activa del ciclo. Pero a la larga ese tipo de destrucciones ciclicas resulta insuficiente y el capital necesita destruir la mercancia excedentaria en gran escala para permitir una valorizacién mis durable: es la guerra generalizada. En la guerra generalizada hay destruccién general de capital constante (nfraestructura, fibricas, stocks...) y de capicalvariable (masace de proletarios en todos los frentes). Por ese medio el capital obtiene una desvalorizacién brutal por la destruccion pura y simple de las cosas y los hombres que funcionan como capital  iSe limita la reduccién general del valor en base a la des- truccién delos objetos que contienen el valor! Esta paradoja aparente se explica por el hecho de que la destruccién del capital constante da un nuevo impulso a la valorizacién. Se inicia la reconstruccién en base al hecho de que la proporcién de capital constante disminuys brutalmente en relacion al capital variable. Y se vuelve asi a comenzar un nuevo ciclo hasta una nueva generalizacin de la guerra,  Se podria pensar que el Capital realiza ese circulo de una manera infinita, pero eso no es mis que una ilusién, dado que el ciclo no es nunca el mismo, cada ver se parte de un punto més alto de productividad, de incorporacién de la téenica al aparato productivo, lo que hace que la acumulacion sea cada vez més importante y que también requiera una destruccion mayor. Se trata mis de un proceso en espiral expansivo y no de un proceso circular en el que se vuelve al punto de partida. Con el tiempo la burguesta aprendi6  retardar la crisis depre- siva (destruccién de stocks, reestructuracion, capital ficticio, aumento artificial de la demanda efectiva...) pero cuanto mis se retrasa la misma, mis importante y mayor seré la cantidad de capital excedentario que necesita ser destruido.  30
31  NOTAS SOBRE EL CAPITAL FICTICIO  Entre los diversos mecanismos que el Capital emplea para contrarrestar la contradiccién entre valorizacién y desvalori- zacion, ¢l capital ficticio ha ocupado un lugar decisivo en las Gltimas décadas junto a la guerra imperialista y ¢l constante avance en la explotacion del proletariado (todo intimamente interrelacionado).  La importancia histérica del capital ficticio es fundamental para sostener con vida un sujeto que envejece y amortiguar las irresolubles contradicciones que genera aplazndolas en el tiempo irresolubles desde la dptica burguesa no desde la proletaria que contiene su resolucién con la abolicién de esa forma social por medio de la revolucién). Solo comprendiendo ese desarrollo histérico en el que ¢l Capital tiene cada vez mis dificultades para renovar sus ciclos reproductivos (D-M-D’) pucde situarse la dimensién incalculable de capital ficticio existente. La socialdemocracia critica las finanzas como una garrapata que chuparia la sangre a la cconomia productiva, industrial, cconomia que gozaria e bucna salud sino fuera por la intervencién de esas finanzas. Es la ideologia de moda. La concepcion vulgar que les orienta les impide comprender que son precisamente los limites y contradicciones de la “economia productiva’ la que ha multiplicado las finanzas, y estas ltimas han dado vida artificial a la “economia productiva’. El capita- lismo no se estd pudriendo por el capital ficticio, sino que se pudre a forma social que adquiere este modo de produccién en su conjunto. Las finanzas funcionan como un congelador con Ia carne en proceso de putrefaccién: no impide su putrefaccién, sino que retarda y aplaza en el tiempo el proceso. Pero, a su vez, el capital ficticio influye mis en el proceso de reproduccion del Capital que el congelador en la care, ya que no solo retarda, sino que da nuevos brios, nueva juventud al Capital, como si borrase todas las contradicciones que le amenazan.  Por lo tanto, en una dindmica histérica en la que el proceso de valorizacién implica un proceso de desvalorizacion, la udiliza- ci6n del crédito se comienza a disparar, ya que sila produccién de valor se reduce en relacién al capital invertido, su reproduc- ci6n mediante nuevas inversiones, cada vez mis elevadas por el aumento del capital fijo, precisa de nuevas fuentes de dinero que no provienen del propio ciclo de ese capital, pues la propia valorizacién no puede garantizarlas. La expansion y multipli- cacién del crédito tiene pues su origen en los problemas de reproduccién del Capital. Como afirma Kurz «el capital que devenga interés se presenta como un mecanismo de respiracién artificial para un sistema econémico que pierde progresivamente vigor.»  Los bancos se convierten en una herramienta fundamental para el desarrollo del crédito pues centralizan todo el dinero  “aparcado” de la sociedad presto a ser utilizado en préstamo. El  desarrollo de los bancos como sector clave del crédito va parejo del desarrollo del capitalismo, pero su peso social es directamen- te proporcional a las grandes inversiones en capital constante ¥ se convierten en la pieza clave de los ciclos de reproduccion
de capital. Solo cuando son capaces de centralizar el dinero de toda la sociedad asumen plenamente esta funcién especifica. Asi, tras las grandes quicbras de bancos entre las décadas de  1850 y 1860 van apareciendo bancos comerciales con grandes  redes de ahorro, hasta la aparicién del Credit Agricole hacia fines  del siglo XIX, primer banco de depésitos del mundo, que serd  la tendencia desde entonces: centralizar todos los ahorros de  la sociedad y ponerlos en movimiento para la reproduccion  de capital mediante el crédito. Todo parece ir en Ia légica del  valor en la medida en que el ciclo reproductivo D-M-D’ se.  realice con éxito y el prestamista reciba su dinero junto con su  correspondiente interés. El crédito no presenta aqu, dentro de  la logica de valorizacién, ms que un desfase temporal, al ser un  compromiso de produccién y ganancias venideras. Sin embargo, las dificultades de valorizacién del ciclo productivo, como con- secuencia del desarrollo cientifico-técnico y el descenso de la  tasa de ganancia, crearin serios problemas para realizar los ciclos  provocando una situacién comprometida. Es precisamente en  este contexto donde Marx enclava la aparicién de ese elemento  determinante que es el capital fcticio.  Por lo tnto, ¢l movimiento D-D’ propio del capital que devenga interés se encuentra en aprietos cuando la reproduc- ci6n del capital D-M-D’ en la que el D prestado se invierte se: desmorona. Entonces el proceso de valorizacién no pucde pagar los créditos que tiene comprometidos. La proyeccién temporal se rompe, la produccion futura no solo ha fracasado echando por los suclos las estimaciones de ganancia, sino que en muchos asos no ha conseguido ni conservar la mitad del D original. EI erédito no se puede pagar. Pero el capitalista prestatario —y el Capital en general— encuentra una salida: paga esos créditos inseguros (o de riesgo) con nuevos créditos que obricne, creando asf toda una cadena de créditos. La dindmica del Capital no hace més que poner constantemente estas condiciones para la colonizacion de la reproduccién por el capital fcticio. Ast, se ‘muldiplica un dinero crediticio que se desvincula de a sustancia pero actiia como si fsera parte del proceso real de valorizacién. La masa de dinero crediticio se multiplica (hasta limites indes- cifrables en la actualidad), manteniendo y extendiendo mds alli de todo limite la proyeccién temporal. Estin aqui sentadas las bases para una separacién indefinida entre el dinero y su sustancia (irabajo abstracto). La realidad nos muestra en toda la historia que, como dice Marx, a unidad interna se abre paso, tarde o temprano, aunque sea por la violencia: la cadena ficticia de créditos terminard por hundirse al alcanzar sus limites el ‘movimiento D-D’ y la cadena de reembolso de intereses. Solo hay que ver que la historia de estas montafias de dinero credi- ticio es la historia de su caida. Cuando la magnitud alcanzada 1o puede seguir desarrollindose la escalera de naipes se viene abajo uno a uno. «El crédito, que es un beneficio consumido antes de haberse realizado, puede posponer el momento en l que el capitalismo alcance sus limites sistémicos, pero no puede abolirlos.» (Amselm Jappe, Credito a muerte)  Por supuesto, una vez echadas esas bases de separacién entre el dinero y su sustancia como tinica forma de mantener este  32  sistema irracional, el propio sistema requerird cada vez mds, de una forma insaciable, esta forma de reproducirse ¢ insertaré  mediaciones cada vez més complejas que hardn de este proceso  erediticio y ficticio algo tan indescifrable y generalizado que pro- yectari en la cabeza de los economistas y demés analistas que el  dinero tienc a cualidad de generar dinero, que el valor funciona  sin su sustancia. Tal como en otras épocas, estos economistas  10 harén sino expresar y reivindicar as necesidades del Capital, es decir, desatar cualquier atadura que dificulte afirmarse a ese  dinero sin valor. Asi como los fisidcratas, mercantilistas, keyne- sianos, liberales... expresaron y reivindicaron las necesidades de  desarrollo conereto del Capital cuando dominaban sus teorias  ente los economistas, los nuevos apologetas del dinero sin  valor cumplen ese mismo papel histérico desde hace décadas.  Este proceso de consolidacién del capital ficticio, de des- vinculacién del valor de su sustancia (el trabajo abstracto) es imposible sin Ia ruptura de lo que ata al dinero con los ciclos de reproduccién D-M-D’. Ya en el propio sistema crediicio ¢l anclaje del dinero  su sustancia (representada histGricamente en oro) suponia una atadura que impedia al capital ficticio levantar vuelo. La constante tendencia a deshacerse de esa aradura ya viene de muy atrds, con sus idas y venidas en la politica mone- taria. En el siglo XIX y principios del XX los Estados soltaban riendas en los periodos de expansion y echaban el ancla en los periodos de recesidn. Pero las condiciones para que el dinero busque desligarse de su sustancia son mds acuciantes cuanto ‘mayor importancia adquiere el crédito en la reproduccién del capital global.  Mientras que el incremento del crédito y del capital ficticio en las décadas anteriores a los 60-70 del siglo pasado, todavia seguia relativamente el ritmo de la acumulacion real,y su fun- cién social era agilizar y dar impulso a esos ciclos para realizarse, a partir de finales de los 60 la dindmica se invierte. El proble-  ma ya no es que los ciclos de reproduccién requieran dinero crediticio para realizarse, sino que cada vez |a tasa de ganancia s mis escudlida para los emprendimientos productivos del Capital, lo que hace que el keynesianismo sea initil. En ese sentido, solo una parte del dinero crediticio se empleaba en os ciclos de reproduccin D-M-D’, pues la tasa de ganancia se hundia. La inflacién refleja que el dinero auments, tanto absoluta como relativamene, frente al valor conjunto de todas Ias mercancias producidas. Y tal como exponia ya Mar frente ala teoria cuantitativa del dinero, s la produccion no crece en sintonia con el incremento de los medios de cambio, el dinero se deprecia. La acumulacién de capital se muestra ya a finales de los 60 de gran debilidad junto con una desvalorizacion creciente del dinero. La deuda piiblica se dispard disociindose de la furura produccién de valor. El capitalismo formaliza lo que es una realidad, la convertibilidad del délar se abandona. «Cuando, en los aftos 70 del siglo pasado se hizo formal Ia desligacién del délar respecto al oro, ya de si atenuada y apenas vilida para portadores estatales e insticucionales, esta- ban ya subvertidos, en el fondo, los cimientos del medio del fin-en-si capitalista. Mas eso de ningin modo fuc encarado
ast; el potencial de crisis de este proceso y su remisién hacia una tendencia hacia la autodesvalorizacion ol del capicalismo fueron, en larga medida, ignorados. A través de su percepeion positivista,la ciencia y l sentido comiin solo podian y querian apercibirse de un “hecho” monetario que, por alguna razén, estaba ahora alterado; el dinero parecia haberse simplemente desprendido de su substancia y (considerada superficialmente) base metdlica para, de ahi en adelante, continuar funcionan- do alegremente ms alli de cualquier cobertura en oro. Y asi ocurria realmente. Tanto mejor para la expansion del crédio y para el capitalismo, liberado de incémodas inhibiciones en cuanto a su materia monetaria. Las antiguas teorias del dinero, evidentemente incluyendo sobre todo la de Marx, no habian sido més que un error “substancialista”. Tal percepcion muestra como la consciencia afirmativa estd inclinada, en virtud de su modo de pensar posiivista, areinterpretar, hasta la prucba préc- tica de lo contrario (y mis all4 de ella), a todos los fenémenos que apuntan hacia la proximidad del limite interno absoluto, como otras tantas alteraciones positivas y auto-sustentadas del capitalismo. EI presupuesto de todo esto es que ni siquiera existe una ley interna objetivada del capital, se trata solamente de una resultante de luchas entre interpretaciones y relaciones de fuerzas subjetivas.  Semejante percepci6n ignorante solo era posible porque la desvalorizacién del dinero (en analogia con la caida de la tasa de ganancia) todavia se procesaba como un desarrollo astuto que, sin embargo, ya presentaba algunas anomalias peligrosas. Independientemente del pretexto —que, de inicio, era mera- mente la economia de guerra, por detrés de la cual, con todo, acechaba un complejo causal de implicaciones s profundas—, en el inicio del siglo XX se puso en marcha el proceso de una enorme inflacién secular que, aunque avanzando por brotes desiguales, nunca se detuvo por completo. Asi,los especialistas en historia ccondmica investigaban que, en los EE. UU., una determinada mezcla de productos tipicos de uso doméstico y alimentarios podia ser obtenido por 100 dslares en el afio 1790. En cl afio 1913, costaba 108 délares, de modo que los precios se mantuvieron estables  lo largo de s de un siglo. En el aito 2008, todavia, la misma mezcla de productos costaba 2422 do- lares. Este cjemplo muestra la dréstica ruptura cualiativa en el caricter de la materia monetaria capitalista. El proceso histérico dela desvalorizacién del dinero se hizo sentir siempre y de forma més o menos incisiva y decisiva en el dia—a-diay en los balan- ces empiricos del capital; sin embargo, parecia que la inflacién secular podia ser mantenida bajo control, aunque siempre fue considerada un peligro, sin que nadic hubiese comprendido el nexo interno.» (Robert Kurz, Dinero sin valor. Lineas generales para la ransformaciin de la eritica de la ecomomia politica)  Llegado a este punto de desarrollo cualquier regreso al patrén 010 se presenta imposible sin hacer inmediatamente presente todo el terremoto de contradicciones del Capital. El cauce de dinero crediticio es de tal volumen que no pucde ser relacio- nado con la auténtica sustancia de valor, representada a través del oro. Es evidente que esta desustancializacion lleva a un  33  proceso histrico de inflacién como Robert Kurz expone en I cita anterior. Mientras que algunos paises logran que no se desorbite la inflacién por el peso que ocupan en la actualidad en el mercado mundial —aunque desde ¢l 2008 empiezan a tambalearse—, la mayoria del proletariado internacional esté suftiendo las consecuencias imposibilitado de sobrevivir con una inflacién que supera los dos digitos, o como dice Kurz «la mayoréa de la humanidad se ve ante las consecuencias de las politicas monetarias: la hiperinflacién a tasas entre mil y un millén por cienton  Junto a ese proceso de «dinero sin sustancias propio del de- sarrollo del capial ficticio se desarrolla todo un entramado de mediaciones. Todo el desarrollo histérico de esa tendencia del Capital, de vencer las limitaciones de lo concreto, se agudizan en el dldimo siglo, especialmente en las dltimas décadas. Las ‘maneras de acumular capital ficticio se han multiplicado hasta el punto que hoy es imposible saber qué porcentaje proviene de transacciones reales y cudles de ficticias.  Marx analiz ya en su tiempo la deuda piblica y las acciones ‘como actores principales en su tiempo de esta tendencia. En el primer caso, observé como el capital destinado a comprar titulos de deuda piiblica en realidad nunca se invierte, pues se iliza para financiar el déficit piblico. Al cubri un gasto pasado no pucde urilizarse en un ciclo de reproduccion. En realidad, | interés que reciben los propietarios de los titulos de deuda consiste en una participacin en los ingresos estatales (como los impuestos). En el caso de las acciones hay que tener en cuenta que, después de la emision de acciones para una determinada financiacion de una empresa, el capital continia existiendo de forma independiente. Es decir, no solo como resultado del ca- pital invertido, sino por la capitalizacién de las acciones a traves de su sucesiva venta en los mercados bursitiles. Con el tiempo, el precio de mercado de las mismas podri llegar a representar una suma de dinro sin relacién alguna con el valor nominal establecido en la emision inicial  Sin embargo, hay muchos s inventos financieros como los derivados, que son productos financieros que se refieren a otros productos de su tipo. Como en las acciones, los derivados se emiten en un principio con una referencia directa en el proceso de reproduccién, aunque luego tienden a autonomizarse de su relacién con la referencia (como la burbuja de las hipotecas en la vivienda en EE. UU). Otra forma son los contratos de futuro (contrato donde ¢l comprador y el vendedor pactan la entrega en un plazo determinado con un precio estimado se- gin las tendencias del mercado). Debido a la ganancia que se pucde obtener con la diferencia entre ese precio conseguido y el final se producen presiones artificiales sobre el mercado. En esos contratos especular con esa diferencia es muchas veces el negocio (en el caso del petréleo se ve como toda la proyeccién temporal se esfuma: con el aumento disparado del precio hace unos afios y |a tendencia a subir mis —con la amenaza de su agotamiento— algunas compaias hicieron contratos de futuro comprando petréleo para muchos aiios, poco después el precio comenzs a bajar).
Los limites del capital ficticio  «Casi todo el pensamiento burgués refleja también la l6gica del valor en que supone la existencia de una forma indepen- dizada que puede continuar desarrollindose eternamente sin encontrarse jamis con la resistencia de un contenido o de una sustancia. Los economistas burgueses razonan siempre en tér- minos cuantitativos y creen que se puede aumentar el valor a voluntad, sin tener que temer ningin limite objetivo, como la capacidad limitada de consumo que tiene la sociedad, las leyes que derivan del valor de uso del capital fijo o ¢l caricter limitado de los recursos naturales y de la fuerza de trabajo disponible. Mientras estos ltimos datos son, mas o menos naturales, son ‘mucho mis los limites que, aunque son sociales, a causa de su carcter fetichista asumen un aspecto casi natural, como es el caso de la caida de Ia tasa de ganancia o de la sobreproduccién. La forma, en cuanto es algo pensado, s cuantitativamente ilimitada, mientras que el contenido siempre tiene limites. La conviccién segin la cual se podria manipular la realidad hasta el infinito se hunde como muy tarde con la crisis: la existencia e una realidad ineludible, de una sustancia que tiene sus propias leyes, sale entonces  la luz.» (Anselm Jappe, Crédito a muerte) Endeudamiento estatal, dinero fcticio, decenas de categorias producto del mercado financiero, titulizacion, obligaciones todo eso se ha vuelto incontrolable ¢ insaciable. Los capitalistas, los economistas. real y creen haber burlado a a ley del valor. La produccién de  todos creen en esa ficcion que s manifiesta  plusvalor que solo se genera en el ciclo D-M-D” s cada vez més irrisoria al lado de las montafias de capital ficticio. El dinero cree haberse liberado de la dictadura de su sustancia, Iamoneda cree haberse emancipado para siempre de su con- dicién de simple signo de valor. La ficcién parece instaurada para la eternidad. Como Marx insiste, a propia separacion de la compra y la venta que articula el dinero y su funcién como ‘medio de pago contiene la posibilidad de proyectar en el tiempo las transacciones. Evidentemente lo mismo pasa en los ciclos de reproduccién de capital, de ahi que la ficcién pucda funcionar. Pero la fccién solo puede buscar ocupar la realidad, cuan- do la realidad contiene las bases materiales para la ficcién. Por lo tanto la ficcién no se derrumba como mera ficcién, sino que su derrumbe expresa el derrumbe de sus mismas bases materiales. Toda esta ficcion no tiene imaginacién, como decia Mar, ya que toda su edificacion no va misalld de la produccién actual proyectada en el tiempo. En cuanto esa proyeccidn ya no puede mantenerse mis sobre el suclo firme, se: desmorona. Alli donde un beneficio o un simple ingreso futuro se desploma, puesla base de su despliegue se cac en el presente como realidad, la ficcién viene a pique. Por eso, el Capital exprime y rastrea todo lo que aporte valorizacion real (s decir fruto del proceso productivo real), por muy insignificante que sea la ganancia que realice. Toda inyeccion de valorizacion real s una gota de agua en el desierto —por el estado de la tasa de ganancia— pero es transformada en un oasis por la interaccion con el capital ficticio que proyecta en ¢l tiempo esa valorizacién.  34  Sin un punto de referencia que esté en el origen de toda la montaiia de referencias, todo cac por los suelos. Asi, conforme  Ias burbujas financieras van estallando de forma ininterrumpida, nuevas burbujas se levantan sobre nuevos ciclos de reproduccion  de capital (D-M-D)  Por lo tanto, no se puede comprender el limite del capital ficticio si desligamos que su base es la transferencia al presente de un valor futuro que esté ligado a un recurso presente que 1o pucde ser creado en el espacio ficticio, sino sobre un ciclo de reproduccion real  La desvinculacién del dinero respecto a su sustancia coniene por tanto unos limites temporales infranqueables. Alli donde Ia unidad se comprucba imposible, el capital ficticio pierde su base. Ahi no se trata ya simplemente de una separaci6n temporal entre el trabajo abstracto y el dinero, sino que su unidad en el tiempo queda totalmente negada presentindose la realizacion futura de trabajo abstracto (la sustancia) como algo imposible y el dinero por lo tanto un dinero sin su sustancia. Negar esta realidad social es edificar una potencia independiente e ilimi- tada. Hasta los vendedores de esas ficciones son conscientes a cierto nivel de esta cuestin. Asi, hemos visto como sectores tan importantes como ¢l mercado inmobiliario, as punto com, as criptomonedas. produccién de capital ficticio a convertirse en expresiones de  han pasado de ser sectores claves en la  desvalorizacién. Pese a que se reinician nuevas “burburjas” con nuevos brios, incluso en esos sectores afectados, a logica sobre Ia que se sustentan no les augura més perspectiva que nuevas desvalorizaciones.  La crisis financiera de los dltimos afios, salvo en ¢l 2008, todavia no se ha presentado a un nivel generalizado y liqui- dador. Estallan aqui y alli burbujas financieras en un proceso interrumpido. El Capital mundial trata de protegerse creando ficciones ideoldgicas entre bancos malos-bancos bucnos, pro- ductos éxicos-productos sanos, eréditos seguros-créditos de riesgo. de que todo va viento en popa, percibe que esto no puede mis que traer nuevos problemas. Las contradicciones no dejan de  perotodo el mundo, pese  la difusion de propaganda  agudizarse.  Caminamos hacia una desvalorizacion sin precedentes que por el momento esté sesgando la vida de gran parte del proleta- rido mundial. Aunque nuestra clase rata de contraponerse, sus luchas acaban aplastadas ofy encuadradas en facciones burgue- sas. Por el momento, ese proceso de sacudidas continia, pese a todas las buenas noticias que intentan propagar los apologetas del Capital. Es muy dificil predecir como seguird presentan- dosé la crisis de valorizacién como consecuencia de una logica interna que creyé esquivar para siempre: la de su sustancia, el trabajo abstracto. a nica que le pucda dar la estocada, al recargar sobre ella todas  Lo quesi es seguro es que nuestra clase serd  Ias penurias. La necesidad de la solucién revolucionaria es cada vez més acuciante ; sin embargo, nunca estuvimos tan débiles anivel de afirmacién de nuestro programa.
NO HAY POLITICA CONTRA LA DICTADURA DEL VALOR  Entonces ;todo es valor en este mundo capitalista? La respuesta  es negativa pero no por ello expresa una realidad menos perversa.  La critica a la valorizacién de la vida no busca indicar que absolutamente todo sea mercantilizado de la misma manera y que todas las actividades que realizamos sean trabajo. Busca indicar que produccién y reproduccion de la sociedad capita- lista en su conjunto se desarrollan, directa o indirectamente, en torno a la produccién de valor.  En esta sociedad muchos aspectos de nuestra vida no se desa- rrollan bajo la forma de un intercambio de equivalentes ni son cuantificables como cantidad de trabajo abstracto. Sin embargo, esto no se encuentra por fuera de la légica del valor. Diversas actividades de afecto y de cuidado, @nto como otras mis des- agradables, no han sido creadas por el valor; sin embargo, han sido absorbidasy hasta modificadas por este. Y no reducimos el andlisis a relaciones interpersonales entre conocidos y cercanos sino ala sociedad toda. Nos referimos a cémo el Capital haido apropidndose e integrando a su propia dindmica diversos aspectos de la vida social, modificéndolos. ¥ que no podria existir sin ellos. EI Capital no podria existir si tan solo nos comportisemos como capital variable del mismo modo que una empresa no pucde existir s todos sus empleados cumpliesen cada una de las reglamentaciones en la totalidad de la jornada laboral.*  35  Hemos intentado expresar a lo largo de todo este nimero ‘como el valor no se limita a ser una forma meramente ccondmi- <y que en el capitalismo lo abstracto tiende a dominar lo real No porque nos representemos la realidad de manera invertida, sino porque el valor invierte I realidad, y a eso hace referencia la nocién de fetichismo de la mercancia  Exigir “més democracia” contra los embates de la econo- mia es un sinsentido. La democracia en tanto que igualdad y libertad es la realizacién propia de la economia. Al igual que las mercancias, los ciudadanos son igualados. La democracia hace abstraccién de las desigualdades sociales y nos reduce a ciudadanos con igualdad de derechos  La igualdad, como concepto dominante de nuestra época, proviene justamente de esta realidad, de la materializacién del valor, de la compra y la venta, del mercado. Este “misterioso” proceso de igualacion, que opera a partir del valor, es la clave de todo el derecho burgués que impregna ¢l pensamiento de todos los oprimidos. Por tanto no se es democratizado solo cuando se va a votar.  «Lamistificacién no es un fenémeno deseado por los hombres de la clase dominante, no es un engaiio inventado por ellos. Si fuese aséseria suficiente una simple propaganda adecuada para extirparla del cerebro de los hombres. En realidad surge y se alberga en lo mis profundo de la estructura social, en s rela- ciones sociales.» (Jacques Camatte, La mistificacidn democritica)  «Nosotros pensamos que la unidad histérica (y légica) demo- racia-mercancia son dos aspectos de una misma realidad. La democracia no surge de la esclavitud (aunque coexista con ella), sino del comercio. En efecto, en esas sociedades antiguas donde la mercancia se encontraba en la periferia de la sociedad, la demo- racia también ocupaba ese lugar periférico, y solo adquiria una importancia interna en los centros comerciales como, por cjemplo, en Atenas. En lasociedad mercantil generalizada, en l capitalismo, Ia democracia se generaliza. Un conjunto de comunidades ficticias (n0 solo la patria, sino la raza, el partido, la eligién, Ia regién, el lub de fitbol...) reproduce a ilusién de una comunidad como condicién de la reproduccién de la atomizacién del individuo.» (Miriam Qarmat, Conira la demacracia)  £Cémo podria entonces la democracia poner freno al Capital? :Cémo podrian los politicos poner freno a lo que administran?  disposiciones de los convenios aborales, causando una paralizacién de I actividad empresarial como consecuencia de dicho comportamiento. El efecto de ralentizacion productiva se produce al llevar al extremo Ininterpretacin, en algunos casos lteral, de las normas juridicas que regulan laactividad, provocando tempos muertos en el proceso y una caida de la productividad.
iContra el Estado!  En CuapERNOS DE NEGACION nro. 4: Sobre la destrucciin del Fitado abordamos a critica al Estado ligindola a la critica de a cconomia:"  Lo que consideramos fundamental a saber es que el Estado R es un enemigo por razones de gusto, afinidad moral o antipatia ideoldgica. Lo es en tanto estructura de poder funda- mental que garantiza nuestro sometimiento al trabajo asalariado, que permite y defiende la destruccién de la naturaleza en pos dela produccién ccondmica y garantiza la guerra como método de reorganizacién cconémica y de control social. (...)  Desde sus origenes el Estado capitalista mundial se cristali- 72 en estados nacionales, pero no ha surgido en uno o varios paises y desde alli se ha ido extendiendo. EI Capital surge del mercado mundial, va desarrollindose, subsumiendo todas las formas de produccién anteriores  El desarrollo y poder de los Estados nacionales es el de- sarrolloy poder del Capital mundial,y en concreto, de cada dtomo de Capital que para enfrentarse a otro —y en su desa- rrollo— se asocia y coaliga a otros dtomos hasta estructurarse: en fuerzas estatales contrapuestas. Sin perder de vista que, pese: asu competencia, estos dtomos son parte del Capital mundial  Si rechazamos al Estado es porque rechazamos todo un sistema de organizacién de lo social que lleva como conclu- sién al Estado. Su abolicién es inseparable de la abolicién del sistema de trabajo asalariado. Por cllo, la lucha contra el Estado no es una lucha politica de aparato contra aparato: par- tidos politicos o grupos que aspiran al poder estatal de manera extraparlamentaria mediante, por cjemplo, la estrategia de la via armada. (...) Es una lucha social, total y totalizadora.  Si esto lo seftalamos es debido a la incomprension de la organizacién social vigente, que sucle ser confusamente sepa- rada como politica por una parte, y econdmica por la otra. Este error de andlisis —cuando ya no incrustado en el pensamiento como ideologia que anula cualquier andlisis al aceptar dogmas insticuidos— se convierte en un gran obsticulo 2 la hora de cambiar esa realidad incomprendida.  (...) El Estado no es tanto una entidad sino una actividad histérica y social. Es el producto de una sociedad que, alllegar a cierto estadio de desarrollo y situada en un antagonismo so- cial irreconciliable, en el intento de perpetuarse encontré la forma de continuar y garantizar su existencia conservando, justamente, ese antagonismo social irreconciliable. Garan-  tizando también el libre desarrollo del valor, en un escenario de orden y garantias para su existencia.  El Estado moderno nacié con la sociedad de clases, y tiene que mantener esas condiciones i precisa seguir existiendo. Esto es lo mismo que decir, entonces, que el Estado moderno se extinguird con la sociedad de clases  Es al comprender al Estado de forma histérica y social que comprendemos que su destruccion no puede ser instantinea,  33 Esta fue revomada en ¢l nro. ) en el aparsado E pluribus o,  36  que solo se podria destruir el Estado de la noche a la maiana si este no tuviese su raiz enterrada en el terreno de lo social.  (.-.) La destruccién del Estado, significa la destruccién de una sociedad que “necesita” de la existencia del Estado. Suponer cémo seria el mundo actual s no existiese su Estado, supone pensar a a revolucién como el asalto de una minoria al parlamento o como un partido politico que gana las clecciones y debe hacerse cargo de la situacién que le tocé en suerte. Es decir: es negar la posibilidad de una revolucién en tanto que accién masiva de destruccién y construccién total.  Ante las necesidadesy deseos humanos que pujan por fortalecer Ialucha, coordinarla, radicalizarla, se opone toda la normalidad conservadora de los devotos del Capital. El reformismo es un enemigo, a veces mis poente que la represion abierta, es en definitiva una variante represiva contra la accién revoluciona- ria. Re—formar: re hacer la forma conservando el contenido, mediante el politicismo o el gestionismo.  Asi como el proletariado no puede tomar el poder es- tatal para su propio beneficio tampoco puede tomar la produccién capitalista para su propio beneficio. Asi como Ios seres humanos esclavizados no luchaban por una repiblica de esclavos sino por su emancipacion, nosotros proletarizados 10 debemos luchar por una sociedad de proletarios sino por la emancipacion total.  Todos los reformistas, aspirantes al gobierno o faniicos de la autogestién no comprenden la ruptura entre capitalismo y co- munismo. Su intencin de encadenarnos a la maquinaria estatal ¥ productiva tiene por obijetivo, conciente o no, encerrarnos en el razonamiento capitalista que no ve nada fuera de su propio interior. Suponen el comunismo como una nueva forma de gobierno, como un conjunto de innovaciones laborales.  Actuando a imagen y semejanza del Capital los explotados suponen resistir al comercio comerciando o a la politica votan- do... exigiendo aiin mis democracia  Reafirmamos que la alternativa para los esclavos asalariados no st en el hecho de tener un gobierno més a la izquierda o més a la derecha o en participar en el constante agravio y reprobacién entre una organizacién politica partidista y otra La contradiccién fundamental se encuentra entre la dictadura de la burguesta y el desarrollo del comunismo y la anarquia, es decir, la destruccién de la explotacion, ¢l Estado, el valor y la sociedad de clases,
NUMEROQS ANTERIORES  NEGACION.  NEGACION.  NEGACION.  pre— g BT, AT P e e, e Popili mEipiates gl St [ — Ly e R e it i I SnicE  — e S e s  i e cE e e s s  dicudurs de s burguesia —sean  NEGACION  baya wesklo sobe o o desprciny poskidn dl oo o de . o s  NEGACION.  Elsenido de s  que ba subsumido d Capll,  NEGACION.  i, on pan consiuiva de el mundoy de actua en L  s e benefcio del Capial ibertad y a paldad b,  cuadernos de -  NEGACION  cuademos de .  NEGACION  o Capialy el valr no  dadesde vloizcin Jl il  —— 105 s  4l Capial coma ey in lime el produciony producci el boiedad, 4 Fihismary b lorizacién dl Caial. Es todo
< 9b 2o0mishsug  N0IJAD3N  El fundamento de la sociedad capitalista es la dictadura del valor en proceso, y la utilidad de los objetos producidos son solo un medio.  El llamado valor de uso es solo un soporte del valor de cambio, del valor valorizindose.  Pero nada en ninguna parte posee naturalmente una cualidad tal como el valor. Esta es consecuencia del modo en que la sociedad organiza su produccién. El valor y la mercancia, asi como el dinero o el trabajo no son datos neutrales y transhistéricos,  y mucho menos naturales y eternos, se trata de categorias basicas del capitalismo.  Valorizar la vida no significa poner la vida en el centro sino, por el contrario, situarla en la balanza econémica.  cuadernosdenegacion.blogspot.com  cuadernosdenegacion@hotmail.com

cuadernos de

NEGACION

CONTRA LA
VALORIZACION
DE LA VIDA

mayo de 2018
cuadernos de

NEGACION

No tenemos nada que venderle a
nuestros hermanos de clase, nada
con qué seducirlos. No somos un
gruptisculo compitiendo en pres-
tigio ¢ influencia con los demds
gruptisculos y paridos que dicen
representar a los explotados, y que
pretenden gobernarlos. Somos pro-
letarios que luchan por acabar con cl
Capital y ¢l Estado con los medios
que tenemos a nuestro alcance, nada
més y nada menos.

Si sentis que estos materiales deben
ser difundidos.... 1A reproducilos,
imprimirlos, copiarlos, discutirlos!
Fucron realizados para circular
por donde s considere mis con-
veniente.

Por obvias razones econémicas
no podemos realizar una gran ti-
rada de esta publicacion como lo
descamos, ni tampoco enviarlo a
muchos lugares del mundo, por
ello alentamos a la distribucién
de los Cuaerxos copidndolos
y haciéndolos correr como mejor
se pucda.

Agradecemos profundamente a
quicnes vienen colaborando con
Ia difusién de los nimeros de
Cuaperyos pe NEGACIN y los
invitamos a ponerse en contacto.

iAdelante compaieros!

cuademnosdenegacion@hotmail.com
cuadernosdencgacion.blogspot.com

CONTRA LA
VALORIZACION
DE LA VIDA

Presentacidn - 01
Mercancia y valor - 03

Acerca de los fundamentos l6gicos
e histricos de la sociedad capitalista - 07

El trabajo abstracto y el valor como abstraccidn real - 10
La ley del valor - 12
ina del valor - 14

Critica a las criticas de la teoria man

La valorizacidn del valor: el plusvalor - 18
Contradicciones capitalistas - 27

Notas sobre el capital ficticio - 31

No hay politica contra la dictadura del valor - 35

ADVERTENCIA SOBRE LAS CITAS

No es nuestra tarea anunciar novedades i resguardar un antiguo tesoro,
sin embargo, muchos de quicnes se dispongan a leer podrin encontrar
aqui pequeias y grandes revelaciones asi como vicjos enunciados. Des-
de CUADERNOS, nos gusta compartir algunos pirrafos bien dichos de
las diferentes publicaciones, libros, textos y papeles que utilizamos al
momento de preparar cada niimero. Cuando reproducimos estas citas,
nombramaos a sus autores simplemente para defar visibles los pasos de
algunos de nuestros recorridos ¢ invitar a seguir profundizando. Quien
lea con atencién sabrd distinguir entre la cercania de un autor u otro.
En su gran mayoria se trata de afines, pero esto ampoco implica una
reivindicacién acritica de ellos o de las organizaciones de las que forman
o formaron parte. Y quien lea con la inencién de reflexionar, pero tam-
bién de transformar la realidad, comprenderé que todo esto se trata de
algo més que libros, panfletos, autores y palabras

Los textos aqui citados (y otros) estin disponibles en:
bibliorecacuadernosdenegacion.blogspot.com
PRESENTACION

«No hay otro medio, para finalizar con el problema,
que acabar con el enemigo. He aqui donde queria
llegar, para hacerte comprender sobre qué bases esté
fundada la sociedad actual.» (Conde de Lautréamont,
Cantos de Maldoror)

En ¢l amplio y autodenominado medio revolucionario, comba-
tivo,subversivo o como-quiera-llamarse existe una propension a
divulgar las consignas que mejor luzcan en un cartel para llevar
a cabo su promocién. Proseguir la légica capitalista de canti-
dad sobre calidad conlleva impartir anuncios publicitarios en
perjuicio de la reflexin, la investigacién y la puesta en comin
colectivas. De este modo, se publicita la militancia como una
mercancia a contemplar y admirar sin participacion de los es-
pectadores; o en el “menos peor” de los casos sc la promociona
de manera “inclusiva” para adherir simpatizantes, prometiendo
un activismo o militancia inmediata.

La comprensién de cuestiones tales como la eritica del
valor no podr brindar a ningin consumidor de esléganes
politicos una solucién répida a sus dolencias tal como pro-
meten jy tampoco logran! los partidos, los publicistas o los
pastores del templo mds cercano. El comprometerse con estas
eriticas es importante para entender la dominacion capitalista
y asumirlas como parte fundamental de nuestra lucha. Quien
se enfrente a la critica de la cconomia con la actitud del con-
sumidor que exclama «tenés cinco minutos para convencerme
o elijo otra opcién» que no pierda sus cinco minutos y vaya
directamente hacia otra opcion. La dedicacién y el esfuerzo de
la critica radical son parte de la oposicién prctica a la légica
del Capital y sus falsos criticos.

Justamente esa mentalidad basada en el inmediatismo do-
minante es un producto de la légica mercantil. La mercancia

que quiere triunfar tiene que asegurar un efecto inmediato.
Desde luego ese efecto inmediato de la mercancia es totalmen-
te falsificador. En la vida orginica las soluciones a cuestiones
(“problemas’) son parte de un proceso, de un movimiento, no
una solucién matemitica. Es evidente que ese proceso, ese
movimiento, contiene saltos cualitativos que dan “solucién”
2 la cuestién, pero el que quiere inventar atajos para alcanzar
ripidamente ese salto cualitativo olvida que es en el camino
donde lo cuantitativo se transforma en cualitativo

De todos modos, y aunque parezca inverosimil o forzado,
hay acciones que precisan urgentemente de la critica del va-
lor. Para no abocar nuestras fuerzas en diversas maneras de
sostener el capitalismo, cayendo en la trampa autogestionista
o en el reformismo més puro y duro. Y, principalmente, para
dejar de compartir el mismo horizonte que los capitalistas:
gestionar esta sociedad. Por ello nos interesamos en indagar
as bases del sistema capitalista de produccion.
poco importante?

Pese a hallarse en la obra de Karl Mars, debido al consignismo

ain parece

yala perspectiva gestionista del marxismo y la socialdemocra-
cia, este tema ha sido censurado, deliberadamente dejado de
Iado, o considerado un aspecto filos6fico secundario del arsenal
revolucionario en general y de la obra de Marx en particular.
En cuanto al movimiento anarquista, este ha sido un tema
mayoritariamente despreciado por “marista’” o directamente
se desconoce su existencia.

«Mars bosquejo los clementos fundamentales de una critica de
as categorfas bisicas de la sociedad capitalista: ¢l valor, el dinero,
la mercancia, el trabajo abstracto, el etichismo de la mercancia.
Esta critica del niicleo de la modernidad es hoy mis actual que
en la propia época de Marx porque entonces dicho nicleo no
existia més que en estado embrionario. Para destacar este aspecto
de la critica marxiana —la ecritica del valors— no s necesario
forzar los textos mediante interpretaciones alambicadas: basta
con leerlos atentamente, algo que casi nadie ha hecho durante
un siglo.» (Anselm Jappe, Las aveniuras de la mercancia)

Afortunadamente hubo quienes, incluso desde el autodeno-
‘minado marxismo, a partir de un esfuerzo personal y solitario
o también numerosos grupos proletarios, han reconocido
acertadamente la centralidad de la critica del valor para nuestra
perspectiva emancipatoria. A lo largo de este néimero, explicita-
remos varias de estas expresiones de las que nos hemos nutrido.
Ejemplos notables son el esfuerzo de Isaak Illich Rubin durante
el hostil contexto social en los inicios de la Unién Sovidtica, o
los esfuerzos de las corrientes comunistas italianas y germano~
holandesas durante la década del 20. También Jacques Camatte
desde la publicacion Invariance en Francia durante los 60/70 y
Fredy Perlman desde Estados Unidos, como parte de toda una
generacién que comenzaba a tener acceso a materiales otrora
inditos de Karl Marx. Luego vendrian otros autores o grupos
anticapitalistas de los cuales también nos hemos nutrido y que
aqui ponemos en comin.

Por lo tanto, lo que exponemos no es ninguna novedad.
Incluso ya Aristéreles (384 a. C. ~ 322 a. C), en La politica,
ljos de cualquier intencién critica abordaba el tema: «Puesto
que todo bien pucde servir a dos usos.... Uno es propio a la
cosa como tal, no es asi el otro: asi, una sandalia puede servir
de calzado, pero también como objeto de cambio. Se trata, en
ambos casos, de valores de uso de la sandalia, puesto que quien
cambia la sandalia contra aquello que le falta, alimentos por
cjemplo, se sirve él mismo de la sandalia. Pero no es ese su uso
natural. Ya que ella no estd hecha para ser cambiada, digase lo
mismo para otros bienes.»

Es esencial remarcar que el valor no es una cosa, no es el
precio individual de una mercancia, es una forma social. Como
desarrolldbamos en El mito del valor como cualidad natural en
el nro 9. de esta publicacion, los objetos no poseen natural-

mente una cualidad llamada valor. Esta es consecuencia

del modo en que la sociedad organiza su produccién. El
valor y la mercancia, asi como el dinero o el trabajo no son
datos neutrales y transhistéricos, y mucho menos naturales
¥ eternos, s trata de categorias bisicas del capitalismo. Lo
lamentable a estas alturas es que no solo el razonamiento bur-
gués, sino argumentos que se reclaman revolucionarios aceptan
el valor como un dato natural y otros hasta reivindican al pro-
letariado como “quienes crean todos los valores de la sociedad
que unos malvados burgueses luego s apropian’

Ash, la eritica alas ganancias “indecentes” avala la nocién de
ganancias supuestamente decentes, y se quicre comprender la
brualidad cada vez mayor del capitalismo como consecuencia
de la malicia del explotador, sin vislumbrar que el mismo ex-
plotador est exigido por ¢l Capital en su constante crecimiento.
El fundamento de la sociedad capitalista es la dictadura del
valor en proceso y la utilidad de los objetos producidos son
solo un medio, ¢l llamado valor de uso es solo un soporte
del valor de cambio, del valor valorizéndose.

Cuando en los nimeros anteriores de CuapERNOS DE NE-
GACION nos referimos a nuestra necesidad de reapropiacién de

as posiciones revolucionarias, no nos referimos simplemente a
a recuperacién de algo acabado que fue censurado y olvidado.
Nos referimos a la necesidad de recuperar experiencias tedri-
co-pricticas de revolucionarios de todo el mundo y continuar
profundizindolas, criticindolas y empufiéndolas en los tempos
que corren.

Ademis, es importante destacar que tanto nosotros como
también otras iniciativas internacionales que vuelven a hacer cje
en'la critica del valor, no llegamosa la mismaa través de la mera
lectura y discusién terica. Nos aproximamos a los esfuerzos
del pasado por la necesidad de luchar contra el sustrato mismo
de la sociedad capitalista. Nuestra tarea entonces no es una
arqueologia de escrituras perdidas, es el esfuerzo vivo y de clase
de nuestro pasado, presente y futuro por la revolucién social.

Lucgo de las dos entregas anteriores de CuaDERNOS, y conti-
nuando con este bloque de ntimeros, volvemos a adentrarnos
enla critica de la economia, que como siempre remarcamos:
s una critica a la sociedad en su conjunto. Se nombra de esta
manera porque parte de categorias econdmicas mostrando su
contenido social real. No es cconomicista sino todo lo contra-
tio, se opone rotundamente a la economia, y rompe con toda
barrera disciplinaria

«No hay lucha por el comunismo sin un minimo de pasién, y
laidentificacion de lo que consideramos como un enemigo. Ma-
tar no es, obviamente, sinnimo de comunismo: una revolucion
comunista subvierte mis de lo que elimina. (...) Sin embargo,
rehusarse ala violencia, y rechazar de antemano cualquier uso
de las armas, es renunciar a la revolucién (...

Es cierto que nuestro “objetivo” s un sistema social, y no
os jefes, cjecutivos, expertos y la policia que pone a su servi.
cio. Un punto fuerte de la socialdemocracia y del estalinismo
fue equiparar el capitalismo con la burguesia, los ricos, los
grandes seiores. Al igual que en el caso del fetichismo de
Ia mercancia, la relacién social se presenta entonces como
una cosa, encarnada a veces por una persona panzuda y
con un puro, vieja caricatura del burgués de hace mds de
unsiglo. (...) El mantenimiento de la agresividad en contra
de estos personajes ayuda a desvis
via muerta: atacar a la burguesia en cuanto individuos y

las criticas hacia una

no por su funcién.

Si bien nuestro objecivo es el Capital, su fuerza estructurante
y ambién su fuerza de inercia, y no el capitalista; no es menos
cierto que las relaciones sociales capitalistas siguen adquiriendo
figuras humanas. No ver en el director de una fibrica sino |
director de una fibrica es una ilusién dptica. No enfrentarse a
4l con el pretexto (exacto por cierto) que él mismo no es sino
un engranaje en un conjunto que le supera, equivale a ver la
sociedad como un todo sin poder abordar una parte de esta
totalidad. Despersonalizar la historia, es renunciar a actuar.
No detestar a los que nos dominan lleva a la peor de las re-
signaciones, en el mejor de los casos a la reforma. Quicn no
conoce 0 no se atreve a experimentar un rechazo hacia aquellos
que le explotan y le desprecian, no va a cambiar nunca muchas

cosas.» (Troploin, Salida de la fibrica)
MERCANCIA Y VALOR

Como ya hemos desarrollado en CuapERNOS anteriores, en
el niicleo de la sociedad capitalista encontramos a la mercan-
cia. Esta es la forma particular que toman los productos de la
actividad humana en la era actual. Su desarrollo no es espon-
tinco, ni tampoco puntual. Su existencia es el resultado de un

proceso progresivo de sumisin de las necesidades humanas a
las pricticas ferichistas y objetivantes, que gradualmente van
socavando la estrecha vinculacion entre necesidad y actividad.

Es asi que se fragmenta la vida, y se llega a una situacion en la
cual la abrumadora mayoria de lo producido, se hace con vistas
al mercado y al proceso de intercambio. Al ser producidas para
el intercambio, las mercancias no interesan en tanto que valor
de uso, sino en relacién con el bien que se obtendri en con-
trapartida (valor de cambio). Lo que es valor de uso para uno,
1o es mis que valor de cambio para el otro, y reciprocamente

A simple vista un pan es un pan, se encuentre en manos del

panadero, en una publicidad o en la mesa del comensal. Incluso
al pasar de manos del panadero al consumidor previo pago, no
cambia su existencia como pan. Sin embargo, y simplificando
un poco en este comienzo, para ¢l consumidor el pan es un
valor de uso y para el vendedor es el soporte de una relacién
econémica. Cada pan producido para el intercambio tiene
como objetivo convertirse en ms dinero. Si logra satisfacer el
hambre o las ganas de comer de alguien en ese camino es algo
que no interesa al productor mientras pucda cumplir con su
objetivo. De este modo, la relaciones sociales en el capitalismo
se encuentran invertidas: son relaciones sociales entre cosas me-
diatizadas por los seres humanos. Es la inversién entre sujeto
¥ objeto que da vida a la cosa como sujeto de la sociedad y
dejaal humano en el papel de objeto. El valor es la expresion
material de las relaciones sociales capitalistas

Las aventuras de la mercancia

Extractos de Las aventuras de la mercancia, Anselm Jappe.
Traducci6n de Diego Luis Sanromsn, Pepitas de calabaza, 2016.
La ubicaci6n de los titulos y las negritas son nuestras

La mercancia no es idéntica al “bien” o al “objeto intercambia-
o’ Es a forma particular que asume una parte, mayor o menor,
de los “bienes” en ciertas sociedades humanas. La mercancia
s de entrada un objeto que no solo posee un valor de uso,
sino también un valor de cambio. Todo objeto que satisface
una necesidad humana cualquiera tiene un valor de uso que, sin
embargo, en cuanto tal, no es una categoria econdmica.' Pero

1 Nota CdN: Bl valor de uso ha sido frecuentemente desplazado
en Curperos nro. 9.

stamos traando

apERNOS. Para

A suvez, si bien el autor se ese refriendo a as mercancias en tanto

los actuales, asocian el valor de uso de las mercancias al mero consumo
privado, que se da al margen de la cconomis, que no tiene importan
cia en la misma.

iche del coleccionista.

en'la medida en que un objeto es intercambiado en cantidades
determinadas por otros objetos, también posee un valor de
cambio. Como valores de cambio, las mercancias no conocen
més que determinaciones cuanticativas. Si se cambia una
camisa por treinta kilos de patatas, tratamos estas mercan-
cias como cantidades diferentes de algo idéntico que deben
tener en comiin. En cuanto valores de uso, las mercancias son
totalmente inconmensurables. La camisa y la patata no tienen
nada en comiin. Las relaciones en las que las mercancias se
intercambian, y en consecuencia sus valores de cambio, estin
sometidas a variaciones continuas. Pero en un momento dado,
el mismo producto se intercambia por diferentes valores de
cambio que son iguales entre i: una camisa puede cambiarse ya
sea por un gramo de oro, ya sea por diez kilos de trigo, un par
de zapatos, cic. Es preciso, pues que estos diferentes valores
de cambio tengan en el fondo algo en comuin: su “valor”.
Esa sustancia comiin de las mercancias no puede ser otra
cosa que el trabajo que las ha creado: es lo dnico que es
idéntico en mercancias por lo dems inconmensurables. El
trabajo tiene su medida en su duracién y, en consecuencia, en
su cantidad: el valor de cada mercancia depende de la cantidad
de trabajo que ha sido necesario para producirla. A este respecto,
importa poco en qué valor de uso se concrete dicho trabajo.
Una hora empleada en coser un vestido y una hora empleada
en fabricar una bomba siguen siendo una hora de trabajo. Si
han sido necesarias dos horas para fabricar la bomba, su valor
es doble con relacién al vestido, sin tener en cuenta su valor
de uso. La diferencia cuantitativa es la tnica que puede existir
entre los valores: s los diferentes valores de uso que tienen las
mercancias no cuentan para determinar su valor, ampoco lo
hacen los trabajos concretos que las han creado. El trabajo que
conforma el valor no cuenta, pues, més que como puro gasto

del Capital. Es légico que los economistas no vayan mis all, que el
conjunto les prive de l singularidad de la fuerza de wrabajo, que no
vean et la abigarrada seie de mercancias que pululan en el mercado
una cuya importancia decisiva en el capitalismo viene de su valor de
wso. Es ligico en los economistas pues sobretodo son representantes
del Capital y expresan el limitado punto de vista del burgués. Junto
a ellos toda una srie de c apaces de romper con esa logica

siguen esa linea
El proletariado por contra, comprende que el valor de uso de la
ferza de wabajo y su consumo tiene un ol fundamental en el capic
alismo. Lo comprende, sobre todo, porque es el e sobre el que se
apoya la exploracion capitalisa y recae sobre la espalda de nuestra
clase. La mercancia fuerza de trabajo tiene una peculiaridad, su uso no
es como el del libro o el de cualquier otra mercancia. Su peculiaridad
esque, al usarse, crea valory plusvalor. Aunque la logica burguesa no
comprende, ni le importa, esta realidad de la fuerza de trabajo, no
pasa por alto que al pagar la uerza de trabajo tiene que poner todo
suempeio en exprimir al miximo el uso de esa mer i
especifico, I creacién de valor. El consumo de esa mere
de la misma en el proceso de produccién es e motor del capivalismo,
e cje sobre el que dinamiza su vida el Capital y se valoriza. Suftir y
percibir esta realidad es un pilar para a edificacién de l critica de la
cconomia, sobre a critica de este efe se cimenta lo fundamental. De
ahila importancia de comprender el valor de uso como categoria
economica fundamental en el intercambio de capital y trabajo.

de tiempo de trabajo, sin consideracion por la forma especifica
en la que se ha gastado. A esta forma de trabajo, en la que
se hace abstraccién de todas sus formas concretas, Marx la
llama ctrabajo abstracto». Los valores de las mercancias no son
entonces mis que “cristalizaciones” de esa gelatina de trabajo
humano indiferenciador (E/ Capital I). El valor —no confun-
dir con el valor de cambio— es una cantidad determinada de
trabajo abstracto “contenida” en la mercancia. La mercancia es,
pues, la unidad del valor de uso y del valor, si como del trabajo
concreto y del trabajo abstracto que los han creado.

Aqui no hablamos del tiempo de trabajo que el individuo
concreto ha empleado efectivamente para producir su mercan-
cia. El valor estd determinado mis bien por el tiempo que, en
una sociedad particular, con un cierto grado de desarrollo de
as fuerzas productivas, es necesario de media para produci
Ia mercancia en cuestién. Si una hora es suficiente para coser
un vestido en condiciones medias, su valor es de una hora y
el sastre que emplee una hora y media serd remunerado solo
por una hora de trabajo. Marx llama a este tiempo el «tiempo
socialmente necesarion.* Asf pucs, todo cambio en la produc-
tividad del trabajo afecta el valor de las mercancias. Si un
nuevo invento permite producir en una hora diez camisas en

lugar de una, tras la difusién de dicho invento cada camisa
no contendré més que seis minutos de trabajo social, por
mis que las personas incapaces de recurrir a ese invento
continiien empleando una hora para coser una camisa.
Naturalmente, no se trabaja dos veces para producir una
mercancia, realizando una vez un trabajo concreto para
producir un valor de uso y Ia otra un trabajo abstracto para
producir un valor de cambio. Es mis bien el mismo trabajo cl
que presenta un cardcter doble: de un lado es trabajo abstracto
y del otro, trabajo concreto. En cuanto trabajo concreto, es la
multitud infinita de los trabajos que producen objetos diversos
en toda sociedad en la que domina la divisién del trabajo. Este
trabajo conoce diferencias cualitativas: una vez se trata de tejer,
otra de conducir un coche, otra de labrar la tierra, etc. En
‘cuanto trabajo abstracto, todos los trabajos no cuentan mis que
como ugasto productivo de cerebro, misculos, nervios, manos,
etc., humanos, y en este sentido son ambas trabajo humanos
(EI Capital 1) El trabajo abstracto, el trabajo en cuanto tal, no
‘conoce mis que diferencias cuantitativas: unas veces e trata de

2 Nota de CdN: Debemos forzarnos a pensar ese “necesario” en
érminos del Capital. Entonces, el tiempo de wabajo socialmente
necesario es el tiempo de trabajo que se incorpora a la mercancia
enla toralidad de los procesos de trabajo que llevan 2 su conclusion,
determinado por las condiciones de productividad promedio en cada
momento. Es por eso que las mercancias producidas hace una década
10 solo se desvalorizan porque “pasaron de moda” o porque ya se.
fabrican otras mejores, sino porque en general, diez afos despus,
insume menos tiempo producilas

Ademis, como veremos mids adelante, s un proceso de tabajo capi-
talista descubre como minimizar el tiempo de trabajo que e insume
su produccié, tendré una ventaja comparativa respecto a los otros
capitalstas, y solo s ese proceso de trabajo e generaliza s que el valor
se esabilizari tomando a este como referencia

trabajar una hora, otras diez horas. Los trabajos més complejos
cuentan como una forma multiplicada de trabajo simple: una

hora de trabajo de un trabajador muy especializado pucde “valer”
diez horas de trabajo de un pedn. Esta reduccién se produce

automiticamente en la vida econdmica.

En la inversién que caracteriza ya a la mercancia particular,
o concreto se vuelve un simple portador de lo abstracto. No
tiene existencia social més que en la medida en que sirve a lo
abstracto para darse una expresién sensible.

La abstraccién de toda cualidad sensible, de todos los valo-
fes de uso, no es un resumen mental, como cuando hacemos
abstraccién de los diferentes géneros de animales para hablar
del “animal”, que sin embargo no existe como tal. La mejor
expresi6n de la esencia de esta abstraccion real se encuentra en
un pasaje de a primera edicién, que desgraciadamente Mars no
reprodujo en las siguientes ediciones: «Es como si, ademds de
leones, tigres,licbres y de todos los restantes animales reales, que
agrupados conforman los diversos géneros, especies, subespecies,
familias, etc. del reino animal, existiera también el animal, la
encarnacién individual del reino animal en su conjunto. Tal ser
particular, que engloba en sf mismo todas las especies realmente
existentes de la misma cosa, es un universal, como animal, dios,
et (Das Kapital, 1ra. edicion, 1867).

En la sociedad mercanil, los trabajos no son intercambia-
bles, y en consecuencia sociales, mds que en la medida en
que son abstractos. La mercancia no puede intercambiarse:
antes de que se haya transformado en dinero, porque el dinero
es la tinica mercancia que puede intercambiarse directamente
por cualquier otra mercancia. Ninguna mercancia, pues, posce
en si misma la capacidad de poder ser intercambiada; esta ca-
pacidad existe para ella bajo la forma de un objeto exterior (el
equivalente, el dinero) en el cual debe aspirar a transformarse.
En una sociedad mercantil, la capacidad de ser intercambiados
de los productos individuales no reside, pues, en su carcter
concreto y il sino que debe existr al margen de los productos
y de su uilidad, separada de ellos.

El valor contra la comunidad humana

Enla produccion de mercancias, la forma natural del producto
individual del trabajo sirve solo como “portadora’ del valor de
cambio. Para participar en el intercambio —y en consecuencia,
en el mundo de las mercancias—, l producto del trabajo tiene:
que desdoblarse. Esto no es un fenémeno universal, pucs, como
ya hemos dicho, en las sociedades no basadas en la produccién
mercantil el producto individual del trabajo posce su carcter
social ya en s mismo y no tiene necesidad de adquirirlo igua-
lindose a una cosa que existe fuera de él.*

3 Nota de CdN: Hablar el producto individual del tabajo previo
ala mercancia implica aribuir al tabajo al individuo de una trans-
historiidad que el autor critca en su texto capitulos mis adelante,
de las que no forman parte estos extractos

Por eso podemos decir que el valor, incluso en la forma
que parece mds inocente —a saber, «veinte metros de tela
tienen el valor de un trajer—, es yala causa y la consecuencia
de una formacién social en la que los hombres no regulan
conscientemente sus relaciones de produccién. Cuando Marx
escribe: la objerivacion del cardcter general, social del trabajo (y
por nto del tiempo de trabajo que et contenido en el valor de
‘cambio) hace precisamente de su producto un valor de cambios
(Grundrisse ), dice muy claramente que no solo la transforma-
cién del producto en el valor de cambio, sino también el hecho,
aiin mis neutro en apariencia, de que el rabajo, en la forma
de tiempo de trabajo, se represente en el valor, no constituye
un dato originario, sino que son llos mismos consecuencia
de una cierta forma de socializacién: aquella que se basa en el
trabajo de productores privados separados. La objetivacién del
tiempo de trabajo s una consecuencia de la objetivacién del
cardcter social del trabajo, de su cualidad de ser vinculo social

Elvalor no es otra cosa que una forma social de organiza-
cién. Su produccién no enriquece a la sociedad; es la creacion
de un vinculo social que no es creado en la produccion misma,
sino que existe al lado de esta en una forma exteriorizada. Cada
vez que oigamos hablar de “sobreproduccién’, es preciso pre-
guntar: sobreproduccién de valor o de riqueza? €No se produce
demasiada riqueza. Pero periédicamente se produce demasiada
riqueza en sus formas capitalistas, antagénicas» (El Capital I11),
por més que no podamos llamarlo realmente “riqueza”, pues

la autovalorizacion del capital —Ia creacién de plusvalia— es
un «contenido absolutamente mezquino y abstractor (Capindy
VI inédito de El Capital) *

Cuil es ese contenido? El dinero es la tnica finalidad de
Ia produccion. Sin embargo, el dinero no es la universalidad
concreta delos valores de uso producidos, sino la universalidad
abstracta del valor producido y, en consecuencia, del trabajo
abstracto gastado.

El valor se interesa solamente por su propia cantidad.
Le es indiferente saber cusles son los valores de uso que le
sirven de soporte, de “cucrpo de mercancia' trigo o sangre
contaminada, libros o videojucgos. La sociabilidad estd privada
de todo contenido concreto, y la relacién social se reduce al
intercambio de cantidades.

Es por razones bien precisas, y no por una simple recri-
‘minacién moralista o existencialista, por lo que podemos
decir que la vida social misma se vuelve abstracta. Este tipo
de abstraccién no es un mal hibito mental que se pucda curar
reemplazando las ideas falsas por ideas justas. Es mds bien la
subordinacién muy real del contenido concreto a la forma
abstracta la que es puesta en cuestion con el concepto de abs-
traccién real. Solo como consecuencia de una larga costumbre

4 Not de CAN: Muchos autores han establecido una diferencia
wjante entre riquera y valor como forma capitalisa de la riqueza. Si
bien quizis no es la mejor palabra, es importante distingai que no
podemos pretender distinguir al capicalismo y al comunismo en los
érminos mercantiles de abundancia o escase, sino como us
pleca redefinicion de las necesidades humanas, de I riqueza so

la conciencia normal deja de apercibirse de que es una locura
que, por cjemplo, la contaminacién atmosférica “valga menos™
quelas pérdidas que una limitacion del trifico rodado inflgiria
a la industria del automévil. Con anterioridad todo juicio
moral, aqui la locura reside ya en el hecho de medir dos cosas

completamente diferentes —la salud de los individuos y los

intereses de la industria— con el mismo parémetro cuantitativo,
¥ ademis abstracto; es decir, con el dinero. Aqué vemos como las
consideraciones aparentemente muy “abstractas” sobre el raba-
jo abstracto pueden llegar al corazén de los problemas de hoy.

No exageramos mucho al afirmar que la inversién de la
frmula M-D-M en D-M-D' encierra dentro de sf toda la
esencia del capitalismo.” La transformacion de trabajo abstracto
en dinero es el inico fin de la produccion mercantil; toda la
produccion de valores de uso no es mis que un medio, un mal
necesario, con vistas a una sola finalidad: disponer al término
dela operacién de una suma de dinero mayor que al principio.
La satisfaccién de las necesidades no es el fin de la produccion,
sino un aspecto inevitable y secundario. La inversién entre lo
concreto y lo abstracto que hemos considerado en primer lugar,
de una forma abstracta, en las relaciones entre dos mercancias,
se revela ahora como la ley fundamental de toda una sociedad,
a nuestra, donde lo concreto sirve solo para alimentar la abs-
traccién materializada: el dinero.

5 Nota CAN: Inicialmente la forma directa por la cual
las mercancias,y por lo tanto el dinero, es M-D-M, o sea, la trans-
formacin de una mercancia en dincro, a partr de la venta de, por
cjemplo, un libro, y la compra, con el dinero recibido a cambio, de
otra mercancia, por ejemplo, un pantalons vender para comprar. En
este tipo de circulacion, el dinero termina siempre en una mercancia
que se emplea como valor de uso, s decir el dinero sal de l circula-
cion para ser consumido,. Pero, el proceso histérico surge otra forma
nente distinta: D-M-D, la tansformacién del dincro en
¥ de esta nuevamente en dinero, es decir, comprar para
vender. Su resultado seria entonces el intercambio de dinero por dine-
0, D-D. Est ciclo aparentemente sbsurdo, revela sin embargo una
diferencia fundamental: mientras n la primera forma de circulacién
la mercancia inicialy la final se diferencian cualiativamente entse si
libro y pantalén, por cjemplo), en esta forma la diferencia entre ¢l
dinero inicial y el final es meramente cuantitasia, el proceso acaba
siempre por susracra circulacidn mis dinero del que en el se anzo.
La férmula completa es por lo anto: D-M-I', donde D' es la suma
de dinero desembolsada en un comienzo mds un incremento; un incre-
mento lamado plusvalor. Por lo tanto, el valor puesto inicialmente en
circulacion, no solo se conserva en lla sino que su magnitud de valor
experimenta un cambio, sc incrementa con un plusvalor, se valoriza
Y este es el proceso por el cual el dinero se ransforma en capiv
fovmala, es la firmula genérica del capital. La circulacion del dinero
como capital lleva en si mismo su fin porque que la nalrizacidn
del valor solamene ocurte dentro de este proceso constantemente
renovado, es un movimiento incesante. (CuaDERNOS DE NEGACION
0. 10, El Capital slo quiere s Capital)

ACERCA DE LOS FUNDAMENTOS
LOGICOS E HISTORICOS DE
LA SOCIEDAD CAPITALISTA

Esta sociedad s guiada por el crecimiento incesante del Capital,
R0 por la satisfaccion de necesidades. Esto puede conducirnos
ala eritica de aquellos que mejor representan esa gua y lucran
con el trabajo ajeno en pos de la misma. Pero se trata de ir
mis alli para superar una sociedad que necesita de esa clase
de personas y de la cual todos formamos parte. Por lo tanto,
se trata de poner en cuestion las categorias mds bisicas de la
sociedad capitalista y la totalidad de relaciones sociales que
experimentamos bajo su dominio. Cuando cada vez més
aspectos de la vida son mercantilizados, nuestra critica no
puede detenerse en aquello, debemos ir a la raiz: la propia
existencia de la mercancia.

La forma mercancia asi como las diferentes formas capita-
listas* desde hace miles de afios se han ido desarrollando hasta
sus manifestaciones actuales. Para comprender las razones de su
existencia, sus relaciones y su dindmica recurrimos a analizarlas
en sus diferentes determinaciones y a raves de diferentes niveles
de abstraccién. Por cjemplo, en ¢l nro. anterior, hablibamos de
las diferentes determinaciones del dinero: como medida de los
intercambios, como medio para los mismos, como acumulacién
de riqueza, como objetivo supremo de la sociedad capitalista,
como Capital. Mars, en su andlisis de la forma valor, habla
también de sus diferentes determinaciones: forma simple, forma
desarrollada, forma general, forma dinero. No es la intencién
profundizar aqui en cada una de esas formas, sino comprender
dos dimensiones al momento de indagar en las mismas: una
16gica y otra histérica. Como deciamos, en la eritica del capi-
talismo recurrimos a diferentes niveles de abstraccién desde
lo mis simple a lo complejo, que no necesariamente se con-
dicen con una temporalidad cronolégica. Si hacemos énfasis
en esta distincion se debe a que, en la bisqueda de la raiz de la
sociedad capitalista, es importante distinguir entre las causas
de su surgimiento, y las condiciones de su existencia actual. S
bien el capital surge de la mercancia, es solo con el Capital
quela totalidad de la produccién asume la forma mercantil.

«La forma de valor asumida por el producto del trabajo es la
forma mis abstracta, pero también la mis general, del modo
de produccion burgués, que de tal manera queda caracterizado
como tipo particular de produccién social y con esto, a la vez,
como algo historico. (Karl Marx, £l Capital)

Lo que intentamos analizar y criticar, entonces, es la estruc-
turay el funcionamiento de la sociedad actual. En este sentido,
si bien es importante recurrir a los desarrollos histéricos y datos
empiricos, también es necesario prevenir ciertas incomprensio-
nes o interpretaciones tendenciosas de la historia.

Para introducirnos con un cjemplo, en las discusiones sobre
el valor es recurrente, desde la ideologia dominante, el intento
de negar al trabajo como sustancia del mismo. Es decir, negar
que el intercambio de mercancias s establece por el tiempo
de trabajo que tienen incorporado. Para cllo, se han realizado
diferentes teorizaciones acerca de la fijacién de los precios, que
‘muchas veces ni siquiera distinguen entre valor y precio, donde
los mismos dependerian de ciertas caracteristicas de las diferen-
tes ramas productivas (monopolios, oligopolios, etc.), de las
politicas monetarias de los Estados, de la oferta y la demanda,
eincluso, de las apreciaciones subjetivas de quienes participan
en el mercado.

Mis adelante nos detendremos a profundizar sobre esta
distincién entre valor y precio, y explicar como si bien las
‘mercancias no se compran y venden exactamente a su valor (¢
incluso su cileulo preciso en tiempo de trabajo es imposible de
realizar) la magnitud de los precios esté determinada en primer
lugar por la cantidad de trabajo que tiene incorporada. Esto es
o que se conoce como ley del valor, que explica el movimiento
de los precios, pero no su fijacién exacta.

En sus notas finales al tercer tomo de £ Capital, Engels busca
demostrar el «pleno funcionamiento de esta ley» en estadios
previos al capitalismo: «Otro tanto vale para el intercambio
entre productos de los campesinos y de los artesanos urbanos.
Al comienzo, ese intercambio tiene lugar de manera directa, sin
intermediacién del comerciante, en los dias de mercado en las
ciudades, que es cuando el campesino vende y efectiia sus com-
pras. En ese caso, asimismo, no solo ¢l campesino conoce las
condiciones de trabajo del artesano sino que también este conoce
las del campesino. Pues el mismo es aiin un poco campesino, no
solo tiene un huerto, sino muy a menudo ambién una pequeria
parcela de campo, una o dos vacas, cerdos, aves de corra, etc.
De ese modo, los hombres de la Edad Media estaban en con-
diciones de efectuar, cada uno de ellos, el cilculo de los costos
de produccin del otro en cuanto a materias primas, materiales
ausiliares, tiempo de trabajo, con cierta precision, cuando menos
enlo que aarticulos de consumo diario y generalizado respecta.»

Tomamos este cjemplo, ya que pone de relieve lo que men-
ciondbamos acerca de la dimensién logica e histérica de los

conceptos, donde el funcionamiento mis clemental de la so-
ciedad capitalista no necesariamente coincide con las relaciones
‘mercantiles que la prefiguraron. Es una tentacién buscar en
el pasado la manifestacion concreta de las abstracciones que
constituyen el presente para poder comprenderlas mejor y
explicarlas, pero no es asf como funciona en realidad. Aquellos
desarrollos que en Marx y otros autores aparecen como mera-
‘mente logicos, han sido tildados de metafisicos por sus criticos,
¥ ala vez ciertos defensores han tratado de llenar esos “vacios”
con datos empiricos, resultando en una incomprension por
parte de ambos de la importancia de la abstraccidn no como
cjercicio del pensamiento sino como fendmeno de la realidad.
Sobre esto volveremos en el aparado siguiente.

En el niimero anterior de CUADERNOS reflexionamos acerca
de los origenes de la sociedad capitalista. Alli vimos como el

apital comercial y usurario en sus manifestaciones previas al
‘apitalismo constituyeron el motor indispensable en la creacion
delas bases de su surgimiento, atesorando por un lado, y, sobre
todo, despojando del otro. Pero el lugar del capital comercial
en el capitalismo es completamente diferente:

«Histéricamente, el capital se desarrollé en la esfera de la
circulacién para apoderarse después de la produccién; pero
en el capitalismo, es exclusivamente en la produccién donde
nace el capital. El capital que parece nacer de la circulacién
(ganancia comercial, interés monetario) es solo una deduccién
dela ganancia realizada en la produccion. Ya este hecho deberia
bastar para demostrar que a relacion entre la génesis logica y la
sucesion histérica es, en Marx, de una naturaleza muy peculiar.»
(Anselm Jappe, Las aventuras de la mercancia)

Las siguientes citas de Man” ayudan a clarificar al respecto:
«Comprar barato para vender caro, tal es la ey del comercio. Es
decir, no el intercambio de equivalentes. (...) La relacién cuan-
ticativa en la cual se intercambian los productos es toralmente
asual, en primera instancia. Adoptan la forma de mercancias
en la medida en que son objetos realmente intercambiables, es
decir expresiones de ese mismo tercer elemento. El intercambio
continuado y la reproduccion cada vez més regular con vistas
alintercambio van aboliendo cada vez mis esa casualidad. Pero
en primera instancia no para productores y consumidores, sino
para el intermediario entre ambos, el comerciante, quien com-
para los precios en dinro y embolsa la diferencia. En virtud
de su propio movimiento se establece la equivalencia.’ (...)
El comercio de las primeras ciudades y pueblos comerciales
independientes y de grandioso desarrollo se basaba, en cuanto
comercio intermediario puro, en la barbarie de os pucblos pro-
ductores entre los cuales hacian el papel de intermediarios. (...)
En los primeros estadios de la sociedad capitalsta, el comercio
domina a la industria; en la sociedad moderna sucede a la in-
versa. El comercio repercutird a su vez, naturalmente, en mayor
‘o menor grado sobre las enidades comunitarias entre las cuales
se desarrolla; someters cada vez misa la produccién al valor de
‘cambio, al hacer que los disfrues y la subsistencia dependan
cada vez mis de la venta que del uso directo del producto. De
este modo disuelve las antiguas relaciones. Hace aumentar la
circulacién de dinero. No solo se apodera ya del excedente
de la produccién, sino que paulatinamente va royendo a la
propia produccion, haciendo que ramos integros de la misma
dependan de él. No obstante, este efecto disolvente depende
mucho de la naturaleza de la entidad comunitaria productora.»

7 Extractos del capitulo XX del libro tercero de £ Capital.

8 En un comienzo, los monopolizadores de la actividad comercial
tenfan mayor influencia en la determinacion los precios. La com-
petencia entre los mismos, asi como medidas prore
difetentes gobiernos van nivelando los mismos, hasta que, nalmente,
con la subsuncion del proceso de trabajo propiamente dicho se lega
finalmente a a forma valor como la sufrimos h

fonistas de

con su determina-

in especihca sobre el movimiento de los precios, sobre I que nos
detendremos s adclane.
La actividad productiva humana no siempre adopts la forma
de trabajo, asf como su produccién tampoco la forma de mer-
cancia. Estas formas sociales y sus correspondientes categorias
conceptuales no son transhistéricas sino que existen a partir
de ciertas maneras de relacionarse. Por eso, no nos alcanza con
afirmar que somos los trabajadores quienes producimaos el valor
que es apropiado por los capitalistas, sino que nos interesa saber
de qué forma llegamos a ser trabajadores y nuestra produccion
adopt6 la forma mercantil. Es con el desarrollo histérico de
diferentes relaciones sociales de intercambio que fue posible el
surgimiento del valor. En la comparacién entre diversos objetos
para su intercambio esté su germen. Con la profundizacién y ge-
neralizacion de estas comparaciones el valor se va estableciendo
a través de los siglos y termina por constituirse como el patrén
de medida de todas las transacciones, destruyendo infinidad
de formas de distribucin ¢ intercambio que no respondian ni
Iejanamente a este tipo de parémetros fundamentalmente cuan-
titativos. Finalmente, toda la produccion bajo el capitalismo es
produccion de valor, y el objetivo de la sociedad es producir la
mayor cantidad de valor posible.

No siempre las actividades orientadas a la produccién y la
idades
reproducivas, lidicas, creativas, placenteras, contemplativas.
En esta escision se encuentra el origen del trabajo, es decir,
producir para otro. La separacién entre las comunidades y
entre los propios miembros de las mismas, s el correlato de la
separacion de la propia actividad de sus miembros en diversas
esferas hasta el grado en que las conocemos hoy: La cada vez

subsistencia estuvieron tan escindidas del resto de las aci

més creciente precarizacion, divisién y ultra especializacion del
trabajo, que tantas quejas recibe por los defensores del trabajo
“alificado, de calidad y bien pago para todos™ no es mis que
el resultado ulterior de una légica de separacion inmanente
al propio trabajo y la produccién de mercancias. El trabajo,
como actividad separada, resulta de la generalizacion de las
relaciones de intercambio, del valor en proceso subsumiendo
la actividad humana,

9 Las mis difundidas citicas l capitalismo que se escuchan hoy en
dia no son mis que una critica otalmente limitada del neoliberalismo,
que tiene como contracara una clara defensa del capitalismo de me-
diados de sglo XX, que su vez es idealizado como s as condiciones
laborales de algunos sctores y regiones hubiesen sido la norma para
todo ¢l proletariado.

EL TRABAJO ABSTRACTO Y EL
VALOR COMO ABSTRACCION REAL

«La esencia de la asbtraccién-mercancia reside en l
hecho de que no es un producto del pensamiento, que
no tiene su origen en el pensamiento de los hombres,
sino en sus actos.» (Alfred Sohn-Rethel, Trabajo ma-
nual y trabajo intelectual. Critica de la cpistemologia)

La palabra abstraccién nos remite inmediatamente al pensa-
miento. Se la comprende, en general, como un ejercicio mental
que, en el mejor de los casos, sirve para analizar la realidad.

De ese modo, el cardcter abstracto del trabajo podiria interpre-
tarse, alo sumo, como una metdfora. Asf como la abstraccion
en el pensamiento, al momento de analizar algo, reduce los
componentes fundamentales y sus relaciones, lo aisla o lo hace
con algunas de sus propiedades; las caracteristicas particulares
de los trabajos concretos son abstraidas para el valor. Lo tnico
importante es su dimensién cuanticativa, es decir, la cantidad

de trabajo que tienen incorporadas las mercancias.

Pero no se trata simplemente de una metéfora, sino de una
realidad dominada por lo abstracto en el sentido mds riguro-
soy literal del término. Cada vez sufrimos mis profundamente
una dinémica social que se caracteriza por una absoluta ausencia
de cualidad, por una diferenciabilidad puramente cuantitativa
entre nuestras actividades y ¢l producto de las mismas.

De dénde surge esta abstraccion sino del pensamiento?
Surge de nuestras propias acciones, mis concretamente de
nuestras relaciones de produccién basadas en el intercambio.
Alfred Sohn-Rethel en su libro Trabajo manual y rabajo intelec-
tual, sugiere que la abstraccion no es una propiedad exclusiva
de la mente, sino que se da en el intercambio de mercancias
¥ que ademis esto fue planteado por primera vez por Mar al
comienzo de El Capital ¢ incluso antes en la Critica de la Eeo-

10

nomia Politica de 1859, donde habla de la abstraccién en un
sentido distinto al de la abstraccién-pensamiento.

Esto pucde sonar confuso o contradictorio, sobre todo por
el hecho de que accedamos a ello justamente a través del cjer-
cicio del pensamiento. Sohn-Rethel habla del valor como
una abstraccién real, lo que no quiere decir que no exista en
el pensamiento. Esté mis alli de la dicotomia tradicional del
ser y del pensamiento, para la cual una cosa o existe solo en
la cabeza, siendo pues imaginaria
término abstraccin—, o por el contrario es real, material,
empirica. En tanto abstraccion solo existe en el pensamiento,
pero la diferencia es que dicha abstraccién no brota de ¢, ni

es el sentido habirual del

tomamos nota de su existencia de manera racional.

Laimportancia de la obra citada es que elabora una critica de
Ia cconomia al mismo tiempo que una critica de la ciencia y la
epistemologia, una critica de la separacin entre trabajo manual
e intelectual con la progresiva mercantilizacion de la vida. Es
decir, que el concepto de abstraccién real nos habla también de
las formas del conocimiento humano con el desarrollo del inter-
‘cambio mercantil,la reacién entre el sery la conciencia bajo su
dominio y generalizacién, la vinculacién entre las relaciones de
produccién que dominan la sociedad actual y la percepeion de
sus participantes sobre las mismas: «No lo saben pero lo hacen

Para profundizar sobre este punto volvamos también al feti-
chismo de la mercancia. Este ha sido comprendido en muchos
casos de manera andloga al fetichismo religioso como una
especie de falscamiento de la realidad: asi como la creencia en
dios evita una comprensin de la realidad que favorece a man-
tener relaciones de dominacién y privilegio, la estructura real
del capitalismo produciria representaciones falsas de si mismo.
Asi, el fetichismo de la mercancia, cuando no ha sido direc-
tamente ignorado, fue comprendido como una mistificacién,
una “superestructura” perteneciente a la esfera mental o
simbélica de la vida social. Si bien criticamos y criticaremos
mistificaciones tales como el progreso, lalibertad, el valor como.
caracteristica natural de las cosas, o la subjetividad de los precios;
el fetichismo de la mercancia va ms alli

Elfetichismo no hace referencia solo a una representacién
invertida de la realidad, sino a una inversién de la realidad
‘misma, donde las relaciones sociales entre las personas son
cosificadas, donde el medio se ha convertido en fin, donde la
sociabilidad en su conjunto depende del carcter privado de
la produccién.

«El fetichismo no es un fendmeno de conciencia social, sino
de ser social. (...) La ausencia de regulacion del proceso social
de produccién conduce necesariamente a |a regulacion indirecta
del proceso de produccién a través del mercado, a través de los
productos del trabajo, a través de las cosas.» (Isaak Illich Rubin,
Ensayo sobre la teoria marsista del valor)

El concepto de trabajo abstracto ha sido y es de suma impor-
tancia en la critica del trabajo en contraposicin a l actividad
humana, que ha tenido mayor alcance y desarrollo en los
ltimos 50 afios. Pero es necesario hacer una aclaracién en el
contexto en que vivimos. La manifestacién prctica del cardc-
«Elvalor e una relacién o proceso que se desplicga y se
mantiene a través de diferentes formas —en un deter-
‘minado momento como dincro, y al siguiente como las
‘mercancias que componen e proceso de trabajo (inclu-
yendo la mercancia fuerza de trabajo), despuds coma el
producto-mercancia, y luego otra vez como dinero—a
a vez que en su forma dinro siempre mantiene una
relacién con su forma mercancia y viceversa. Para Marx,
por tanto, ¢l valor no es la encarnacién del trabajo en
el producto ni una sustancia inmévi. Es mis bien una
relacién o un proceso que domina asus portadores: una
sustancia que es al mismo tiempo sujeto. Ahora bien,
en la radicion marxistaortodoxa no s reconocia que el
“trabajo abstracto” era un formatea social histéricamen-
e especifico de una parte de la actividad humana que
suponia transformar a los seres humanos en un recurso.
para a expansion ilimiada de esa acividad y su resulta-
do como fin en st mismo. Comprender el valor como.
una mera forma impuesta (por la propiedad privada
de los medios de produccion) a un contenido que
bisicamente no plantea problema alguno, iba de la
‘mano con una visién del socialismo como una versién
estatizada de la misma divisién industrial del trabajo
esencial que organiza el mercado en el capitalismo.
Desde esta perspectiva, el trabajo, que se encontraba
restringido por las formas de mercado en el capitalismo,
se convertirfa en el principio organizador consciente de
1a sociedad bajo el socialismo.

Isaak Rubin fe una excepcion importante a la ne-
gligencia marxista tradicional de la forma-valor y el
fetichismo. En una obra pionera de la década de 1920,
reconoci6 que la teoria del fetichismo es per e, a base:
de todo el sistema econémico de Mars, y en particular
de su teorfa del valor”, y que el trabjo abstracto como
contenido del valor no es “algo a lo cual a forma se
adhicre desde afuera. Mis bien, a través de su desarrollo,
el contenido mismo da origen a la forma que ya estaba.
latente en el contenido'. Sin embargo, I obra de Rubin,
retirada de la circulacién en Rusia, permanecié mis o
‘menos desconocida.» (Endnotes, Comunizacidn y teoria

dela forma valor)

ter abstracto del trabajo en trabajos concretos cada vez menos
cualificados, ultra especializados, fragmentados, repeitivos
y frustrantes, ha sido un punto de partida fundamenal para
retomar estas crticas, pero por i solo insuficiente. " El dominio
delo abstracto sobre lo concreto en lasociedad capitalista pucde
interpretarse también como que vel trabajo concreto se vuelve

1

cada vez mis abstracton, pero esto puede conducirnos a graves
errores si lo que pretendemos es una critica radical.

Todo trabajo creador de mercancias es siempre forzosamente
trabajo abstractoy concreto y se rata de dos aspectos del trabajo,
totalmente inconmensurables ¢ insustiuibles entre si. Desde
una perspectiva emancipatoria no se trata de conciliar estas dos
partes ni es posible escoger una por otra,la nica posibilidad es
la destruccién de ambas para la superacién del trabajo.

La critica del valor en su dimen:
cuantitativa y cualitativa

Para comprender estas dos dimensiones de la critica que ya
hemos venido mencionando, podemos partir de la siguiente
cita de Marx del capitulo del I Capital acerca del fetichismo
de la mercancia:

«(...) es indudable que la economia politica ha analizado,
aunque de manera incompleta, el valor y la magnitud de valor y
descubierto el contenido oculto en esas formas. Solo que nunca
lleg siquiera a plantear la pregunta de por qué ese contenido
adopta dicha forma; de por qué, pues, el trabajo se representa
en el valor, de a qué se debe que la medida del trabajo conforme
asu duraci6n se represente en la magnitud del valor alcanzada
por el producto del trabajo.»

Valor y magnitud de valor no son sinénimos. La magnitud
de valor, y el valor de cambio como manifestacién de este,
se refieren al aspecto cuantitativo del valor. Es decir, a la
‘canidad de trabajo incorporado en la mercancia. Busca explicar,
principalmente, cémo se relacionan las magnitudes de valor de
las mercancias, es decir cuinto valen

Elaspecto cualitativo de la critica del valor, que es sobre todo
el que venimos abordando, busca responder por qué las mercan-
cias tienen un valor, porqué la sustancia del valor es el trabajo
abstracto.'" Se trata de analizar relaciones sociales generales de
produccién e intercambio, cuya manifestacién mds superficial
termina siendo el valor de cambio, y mds atn su transformacion
en los precios. Al referimos a este aspecto cualitativo, social y
general del valor, suele hablarse de la forma social del valor, o
forma-valor, para distinguirla del valor a secas que se lo asocia
mis ficilmente a la magnitud del valor y al valor de cambio,

11 L canddad de tiempo de abajo que decermina la magnioud
LA LEY DEL VALOR

«Lapalabra ley es tipica del declive de a critica en cien-

cia.» (Gilles Dauvé y Francois Marcin, Valor,tiempo y
comunismo: releyendo a Mars)

Diversas —por no decir la enorme mayoria— expresiones del
‘manxismo, u otras que se reclaman de una economia eriica, se
refieren a los desarrollos de Marx sobre los temas que estamos
abordando como econémicos, y suclen abocarse al aspecto
cuantitativo del valor de forma limitada, a la vez que separado
de su aspecto cualitativo, desconociéndolo o desprecidndolo.
Ven en Marx una continuidad con la economia politica clisica
de David Ricardo y otros economistas de su época y no una
ruptura. Con su vision economicista y cientificista buscan leyes
como si de descripciones “objetivas” de la realidad se tratase,
cuando la palabra ley aqui, como veremos, tiene ms sentido
asociarla ala arbitrariedad represiva dela Ley ala dictadura
del Capital imponiendo su propia légica y dinémica sobre
Ia sociedad en su conjunto.'*

Al comenzar a leer o escuchar sobre estos temas frecuente-
mente nos encontramos con formulaciones como la teoria del
salor-irabajo y 1a ley del valor, que establecen que la relacién
de los valores de cambio entre dos mercancias es proporcional
al tiempo de trabajo socialmente necesario de produccién de
cada una, o que permite explicar el movimiento de los precios
de las mercancias en ¢l mercado,

Entonces las mercancias se intercambian por su valor, esta-
bleciendo de una relacién de equivalencia. Pero aqui la palabra

12 L palabra ly st cargads de precensiones e
arlosiempre como un incomprendido o tergiversado, aunque en los
sercomprendida y asumida,a I vez que eitcads y superads.

12

equivalencia no debe confundirmos como si de algo equitativo
¥ “justo” se tratase. El valor de la fuerza de trabajo (y el salario
como expresién monetaria del mismo) es equivalente al valor
de las mercancias necesarias para su reproduccién. Entonces,
el cumplimiento de la ley del valor implica que la fuerza
de trabajo reciba lo justo, lo minimo para reproducirse.
La mercancia fuerza de trabajo se paga por lo necesario para
su reproduccién, no por el equivalente de lo que produce. La
apropiacion de una parte del producto sin equivalente (en e
intercambio trabajo~capital que es el intercambio fundamental
de la sociedad capitalista) es precisamente la base de una ley
que impone el intercambio de equivalentes. Una ley que se
cumple toralmente cuando el valor de uso de una mercancia
concreta (fuerza de trabajo) puesta en funcionamiento, es decir,
el consumo de la fuerza de trabajo (produccién), en lugar de
destruir el valor de la misma, es capaz de crear un valor superior
al que contenia en su compra. Precisamente, el proletariado se
contrapone a esa ley, la mercancia y al valor de a que emerge
Ia misma porque es la causa de su condena, de su condicién de
explotado. Y no tiene otra forma de romper esa condena que
liquidar Ia base sobre la que se reproduce.

La ley del valor se presenta como la ley sobre la cul el pro-
letariado es puesto a trabajar por ¢l Capital, creando toda la
produccién social y recibiendo solo lo imprescindible de esta
produccién para seguir produciendor solo para él esintercambio
sin equivalente. Repetimos: la mercancia fuerza de trabajo
se paga por lo necesario para su reproduccién, no por ¢l
equivalente de lo que produce.

Acerca del valor en relacién al movimiento de los precios
volvemos a Rubin: «El estado de equilibrio entre dos ramas de la
produccién corresponde al intercambio de los productos sobre
la base de sus valores. En otras palabras, tal estado de equilibrio
corresponde al nivel medio de los precios. Este nivel medio es
un concepeo tedrico. Los precios medios no corresponden a
los movimientos reales de los precios del mercado concretos,
pero los explican. Esta férmula teérica del movimiento de los
precios es, de hecho, *la ley del valor”. Por esto, puede verse
que toda objecién a la teoria del valor que se base en el hecho
de que los precios concretos del mercado no coinciden con los

“valores" tedricos, no es més que un mal entendido. El acuerdo
total entre los precios del mercado y el valor significaria la
eliminacién del regulador nico que impide a las diferentes
ramas dela economia social moverse en direcciones opuestas.

“La forma precio envuelve ya de suyo la posibilidad de una in-
congruencia cuantitativa entre l precio y la magnitud de valor,
es decir, la posibilidad de una desviacién entre el primero y la
segunda. Y ello no supone un defecto de esta forma; por el con-
trario, es eso precisamente lo que la capacita para ser la forma
adecuada de un régimen de produccién en que la norma solo
pucde imponerse como un ciego promedio de toda ausencia
de normas.” (Marx, El Capiral)

Entonces, los precios de mercado de estas mercancias se
mueven también en torno a esa relacién de proporcionalidad
entre los tiempos de trabajo incorporados en cada una. Pero
1o s la transformacién del valor de cambio en precio lo que
més nos interesa, ¢ incluso no tiene sentido alguno indagar en
este aspecto por separado desde una perspectiva anticapitalista.
Se trata de una parte inseparable de una eritica unitaria que
busca explicar como el valor regula a la sociedad capitalista en
su conjunto, determina nuestras decisiones y; sobre todo, la de
nuestros explotadores.

«Un nivel determinado de los precios del mercado, regulados
por unaley del valor, presuponen una distribucion determinada
del trabajo social entre las ramas particulares de la produccién,
y modifica esta distribucién en una direccién determinada.
En una seccién de £l Capital Marx habla de las “fluctuaciones
barométricas de los precios del mercado”. Este fenémeno debe
completarse. Las fluctuaciones de los precios de mercado son,
en realidad, un barémetro, un indicador del proceso de distri-
bucién del trabajo social que se produce en las profundidades
de la cconomia social. Un clima puede reemplazar a otro sin
una indicacién del barémetro. Pero una fase de la distribucién
del trabajo social remplaza a otra solo a través de la luctuacién
delos precios del mercado y bajo su presién. Si el movimiento
de los precios del mercado vincula dos fases de la distribucién
del trabajo en la cconomia social, tenemos razén en suponer
una estrecha relacién interna entre la actividad laboral de los
agentes econdmicos y el valor. Buscaremos la explicacién de
estas relaciones en el proceso de produccién social, es decir, en
la actividad laboral de las personas, y no los fendmenos que
estén afuera de esfera de la produccién o que estin relacionados
conella por una conexion funcional permanente. Por cjemplo,
no buscaremos una explicacién en las evaluaciones subjetivas
delos individuos o en las relaciones matemticas entre precios
y cantidades de articulos si estas relaciones son tratadas como
dadas y aisladas del proceso de produccién. Los fenémenos
relacionados con el valor solo pucden ser capados en estrecha
relacién con la actividad laboral de a sociedad. La explicacion
del valor debe buscarse en el “trabajo” social. Esta es nuestra
primera y més general conclusién.

(...) Mediante el cambio y el valor de las mercancias, Ia ac-
tividad laboral de algunos productores de mercancias influyen
sobre la actividad laboral de todos y causa determinadas modi-
ficaciones. Por otro lado, esas modificaciones sf influyen en la
‘misma actividad laboral. Las partes individuales de la economia
social se ajustan unas a otras. Pero este ajuste solo es posible
si una parte influye sobre otra a través del movimiento de los
precios en el mercado, movimiento que esté determinado por

“la ley del valor”. En otras palabras, solo a través del “valor” de
las mercancias a actividad laboral de los productores separados
¢ independientes conduce a la unidad productiva que recibe
el nombre de cconomia social, a las interconexiones y mutuo
condicionamiento del trabajo de los miembros individuales de
la sociedad. El valor es la correa de transmisién que transfiere
el movimiento de los procesos laborales de una parte de la
sociedad a otra, haciendo de esta sociedad una totalidad en
funcionamiento.» (Isazk Illich Rubin, Ensayo sobre la teoria
marsista del valor)

13

Cuando se produce demasiado de un producto en particular
en relacién con la demanda o sila calidad es defectuosa, algunas
mercancias no se venden o tienen que venderse con un descuento.
En casos como estos, l trabajo real incorporado en las mercan-
cias no se realiza como tiempo de trabajo socialmente necesario.

De hecho, es a través de este mecanismo social como se
autoregula una cconomia mercantil. Volvemos a la cuestién
de la relacién entre produccion y distribucion, y remarcamos
justamente que ese valor crisalizado en el proceso de trabajo, no
concluye su ciclo, sino cuando es validado en el mercado, rea-
lizado, y concretado en su forma dinero para que el capitalista
reinicie su ciclo. Esta realizacién del valor no quiere decir que
sea el mercado quien cree el valor, sino que s este el que impone
a parte alicuota® (proporcional) de valor que corresponde a
cada mercancia en base al tiempo de trabajo socialmente nece-
sario, incluido claro, el valor de la fuerza de trabajo.

13 Enel capiaalismo esclaro que el valor individual no existe como
tal, el valor es social y el valor de la mercancia singular no es mis
que una parte alicuota de ese valor social. Es fundamental ver que el
valor no surge de una mercancia separada, sino que la mercancia
singular es expresién de una totalidad. Comprendido esto sucle
ser el y necesario recurrir a la expresion del valor individual para la
explicacion de diversas cuestiones como veremos, por ejemplo, en el
aparcado La valorizacion del valor: el plusealor
‘Marx parte de l “célula germinal” para descubrie a sustancia oculta,
s decir analza el origen de a forma valor tomando como referencia
uya base unitaria el cantidad de
Cuando aciende
n de capital se mete plena-
n (D-M-D). Su

I relacién entre dos merca

trabajo abstracto que actda cor
desde la circulacién simple a la
mente en el anilisis del Capital y su reproduc
andliss no se enmarca ahi sobre el intereambio
del principio, sino que requicre la intervencién de mediaciones mis
complejas que van desartollindose como resultado de lasocializacién
del valor: transformacién de la asa de plusvalor en tasa de ganan
transformacién del plusvalor en ganancia, ransformacion de la ganan-
cia en ganancia media, tansformacién del valor mercancl en precio
de produccién, escisién de la ganancia en ganancia industrial

y renta de la tierra, capital fcticio, temas de los cuales buscamos al
menos aproximarnos de manera general. En ese marco en el que se
parte del conjunto de la reproduccién capitalista (D-M-D’ como
Capital global) ¢l valor se presenta con toda su plenitud como valor
social. El precio de producci6n de cada mercancia individual surge
de la masa de valor global producido (D)), es decir, la masa global
de wabajo abstracto, que se reparte entre las diversas mercancias en
base ala competencia feror entre capitalisas y la nivelacion dela asa
de ganancia a su nivel medio que reparte el plusvalor social entre los
diversos capitalistas en relacion al capital invertido,

A sty g gy o,

CRITICA A LAS CRITICAS DE LA
TEORIA MARXIANA DEL VALOR

Como ya hemos dicho en otras ocasiones, las criticas del valor
que aqui ratamos de exponer no son obra exclusiva de Marx,
aunque sus reflexiones han significado un aporte fundamental

al nicleo de la cuestién. Para nosotros, se trata de la ritica de

economia como aspecto inseparable de la lucha revolucionaria

de nuestra clase, desarrollada a través de diversos esfuerzos a

lo largo de la historia. Pero, debido a la centralidad de la obra

de Mars, diferentes teorizaciones acerca del valor y la econo-
mia, han tomado en muchos casos la referencia de este autor,
a favor o contra suyo. El término marxiano surge, jusamente,
en oposici6n al marsismo como total falsificador de los ele-
mentos centrales de la critica de Marx.** De todos modos, los

rétulos por si solos no garantizan nada. De hecho, la obra de

Isaak Illich Rubin, largamente citada a lo largo de este nro. de

CurpERNOS, se titula ni mis ni menos Ensayo sobre la tcoria

marsista del valor y volvemos a retomarla una vez mds para

indagar en las criticas que han surgido hacia la teoria del valor
que venimos exponiendo.

«La teoria del valor-trabajo no descubrid la condensacién
material del trabajo (como factor de la produccién) en las
cosas que son productos del trabajo; esto se produce en todas
las formaciones ccondmicas y es la base técnica del valor pero
10 su causa. La teorfa del valor-trabajo descubri6 el fetiche, la
expresidn cosificada del trabajo social en el valor de las cosas. EI
trabajo es “cristalizado” o consticuido en valor en el sentido de
que adquiere a “forma social del valor”. El trabajo se expresa y
se reflea” (sich darstell). La expresion ‘sich darstellen” es usada
con frecuencia por Mars para caracterizar la relacién entre el
trabajo abstracto y el valor. Cabe extraitarse de que los criticos
de Marx no observaran esta inseparable conexion entre su
teoria del valor y su teoria de la cosificacion o fetichizacién de
las relaciones de produccién entre personas. Comprendieron
Ia teoria del valor de Marx en un sentido mecdnico-naturalista,
10 en un sentido sociolgico [NdR: es decir: social].

(.-2) Asi, el valor aparece, cualitativa y cuanticativamente,
como una expresion del trabajo abstracto. Mediante el trabajo
abstracto, el valor se vincula al mismo tiempo con la forma
social del proceso social de la produccién y con su contenido
técnico-material. Esto s obvio si recordamos que el valor, al
igual que otras categorias econémicas, no expresa relaciones
humanas en general, sino particularmente relaciones de pro-
duccién entre personas. Cuando Marx trata el valor como
la forma social del producto fel trabajo condicionado por

14 Aungue no es del todo preciso la utlizacién de ese término

ottos que tienden 3 individualizar y personalizar Lo que es una obra
colectiva, Para nosotros, aungue sea incomprensible para la logica

widuo genial, i algo por

s una expresin singular de un proceso histérico,

14
una determinada forma social del trabajo, coloca en primer
plano el aspecto cualitativo, sociolégico, del valor. Cuando
el proceso de distribucién del trabajo el desarrollo de la
productividad del trabajo se levan a cabo en una forma social
determinada, cuando se examinan las “masas cuay

irativamen-
te determinadas del rabajo total de la sociedad” (incluida la
ley de la distribucién profesional del trabajo), entonces el
aspecto cuantitativo (hasta podriamos decir matemitico) de
los fenémenos que se expresan mediante el valor adquiere
importancia. El error bisico de la mayoria de los criticos de
Marx consiste en: 1) su total incapacidad para comprender
el aspecto cualitativo, sociolégico, de la teorfa del valor de
Marx; y 2) el hecho de que limitan el aspecto cuantitativo
al examen de las proporciones del intercambio, es decir, las
relaciones cuantitarivas del valor entre cosas; ignoran las inte-
rrelaciones cuantitativas entre las cantidades de trabajo social
distribuidas entre las diferentes ramas de la produccin y las
diferentes empresas, interrelaciones que estin en la base de
a determinacién cuantitativa del valor.» (Isazk Illich Rubin,
Ensayo sobre la teoria marvista del valor)

En los aitos posteriores a la publicacién del primer tomo de
El Capital (el Ginico publicado en vida y enteramente editado
por Marx), lentamente comenzaron a emerger voces disidentes
al niicleo de su critica, es decir, la teoria del valor. Como ya
mencionamos antes, una enorme parte de los autodenomina-
dos marxistas desoyeron sistemiticamente y banalizaron esta,
haciendo foco en otros aspectos y despojandola de la unidad y
consistencia con la que fue expresada. Por otra parte, se desa-
£roll6 un conjunto de teorias, en contraposicién a Mar, a estas

Tomemos un cjemplo para comprender mejor de qué se
trata la teoria de la urilidad marginal:

Un agricultor posee cinco bolsas de grano. La primera serd.
wilizada para hacer pan, este serd meramente el alimento
que le permitird sobrevivir. Con la segunda también hard
pan, y este seri ¢l que le aporte encrgias para poder realizar
otras actividades. Con la bolsa préxima, alimentaré los ani-
‘males que cria. La siguiente la destinar a destilar whisky y,
finalmente, la quinta, para alimentar a las palomas.

En caso que le roben o se pudra alguna de estas bolsas,
&l no reducird proporcionalmente cada una de estas cinco
actividades. Sino que simplemente dejari de alimentar a sus
palomas. Si otra bolsa se desperdiciara, dejaria de hacer su
whisky y asf sucesivamente.

El creador de este cuento fue Eugen Von Bohm-Bawerk,
quien fuera ambién la igura central de la denominada Es-
cucla Austriaca, la corriente de pensamiento economico que
sintetiz el enfoque subjetivista y desarrollé el concepro de
I utilidad marginal durante la segunda mitad del siglo XIX.
Von Bohm-Bawerk fue adems un critico furioso de Marx.

se las denomind subjetivistas ¢ histéricamente, la forma mis
depurada de este enfoque es la denominada reoria de a utilidad
marginal, por o que también se los conoce como marginalistas.

El subjetivismo de esta teoria estd dado precisamente, por-
que la subjetividad de los usuarios serfa lo que da “valor” a las
mercancias. Eso es, a grandes rasgos, lo que se conoce como
wilidad (que en autores como Kant, y |a escucla utilcarista seria
equivalente al bienestar). Mientras mds y mis consumidores
seialen en el mercado su disposicién a adquirir una mercancia
(0 incluso su voluntad de solicitar una que todavia no se pro-
duce) su valor aumentaréa

Toda esta teoria es heredera directa de la Tlustracién, y de sus
premisas fundantes: el individuo y la igualdad. El subjecivismo
10 parte de las diversas subjetividades propias de una sociedad
repleta de conflictos y contradicciones (no solo de clase, sino
también otros que se desarrollan en torno al sexo, la etnia, etc.)
sino que parte de una subjetividad ideal postulada: que la
sociedad esté compuesta de individuos iguales, que venden
Io que producen y compran lo que necesitan.

Entonces, por un lado estd el marxismo que se reivindica el
defensor y continuador de la obra de Marx pese ser realmente
una gigantesca fuerza ideoldgica de falsificacin y liquidacion
de la obra de este militante, de la critica de la economia y de la
revolucién. Dindole un cardcter objetivista a la obra de Marx
destruye los pilares de la critica a las categorias fundamentales
de'la economia. Este objetivismo es incapaz de iral fondo de la
critica del rabajo abstracto y el valor pues es incapaz de ir mis
alli de la materia concreta, es incapaz de ver la material social,
de ver relaciones sociales cosificadas, objetivadas en una cosa. Es

Esta corriente fue lucgo continuada por Ludwig Von
Mises y por Fricdich Hayek hacia principios del siglo XX,
y fue retomada lucgo del impulso de las premisas liberales
Tucgo de la década del 70 por, entre otros, Milton Fricdman,
pero es vista como demasiado extrema en sus postulados
por los proponentes de la sintesis neoclisica, la postura
actualmente dominante.

Dejando de lado los clementos flaces tipicos del pen-
samiento econémico (las denominadas robinsonadas, etc.),
este argumento expresa una cuestién evidente. No todos
descamos s mismas cosas en la misma medida, ni estamos
dispuestos a destinar nuestro tiempo o salario de manera
equivalente hacia todas las actividades que realizamos.

La uilidad marginal (1a utlidad de l dltima mercancia,
en este caso el quinto saco) es una variable importante como
también o son |a demanda, la oferta, el tipo de cambio,
etc. Pero esto no quiere decir que cl valor de cada saco sea
distnto, ya que el valor no es un hecho que se pucda reducir
a una simple determinacién individual o a una sumatoria
de las mismas.
éQué tiene mas valor, un diamante
0 una botella de agua?

El hecho de que una cantidad de diamantes sea incompa-
rablemente mis valiosa que la misma masa en agua no nos
resulta muy paradsjico. En esta sociedad invertida, no tiene
‘nada de raro que un mineral que solo tiene cirtos usos en la
produccién de herramientas y, como ya sabemos, es uno de
os objetos mis feichizados por su cardcter ornamental, sea
‘mis codiciado que un elemento fundamental para la vida.

Pero, esta aparentemente absurda pregunta, ha apareci-
do una y otra vez en la historia de los debares economicos
(donde se la ha denominada paradaja del valor), y expresa
una contradiccidn central en torno a la cuestion del valor.
En palabras de Adam Smith: «Nada es mis el que el aguas
pero esta no comprari gran cosa; nada de valor puede ser
intercambiado por ella. Un diamante, por el contrario, tiene
escaso valor de uso; pero una gran cantidad de otros bienes
pueden ser frecuentemente intercambiados por este.

Los diamantes valen mis que el agua y esto no tiene que
ver con que sean mis triles en nuestra cotidianeidad, sino
lisa y llanamente porque todo el proceso necesario para
quelleguen al mercado insume una mayor cuota de trabajo
humano. Lo mismo sucede cuando se analiza el valor del
agua en una regién desértica en relacién a su proceso de pu-
tificacién al margen de un rio importante. No es la escasez
en si lo que hace aumentar el valor de una mercancia,
sino que son las dificultades asociadas a esta escasez en
relacién a cémo se produce y distribuye esta mercancia.

Incluso, y como sucede con la mayoria de los “recursos na-
turales”, los yacimientos de diamantes ms accesibles y ficiles
de explotar ya han sido saqueados, dejando en la actualidad
los mis profundos y dificiles de acceder (y también muchos

incapaz de percibir que lo que era un objeto se ha transformado
en el sujeto de la sociedad pues expresa en su ser las relaciones
sociales, es el nexo social. Efectivamente, el trabajo abstracto
y el valor son puramente sociales, por mis que se les busque
empiricamente nunca se les encontraré. No, no es en el objeto
donde esti el rabajo abstracto. Pero es evidente que se materia-
liza a través de é. La lusion nace del hecho de que una relacién
social adopte la forma de una cosa. Que el marxismo no ha
comprendido nada de esto lo demuestra al sefalar a Marx como
un “continuador critico” de la teoria de valor-trabajo cuando
desde el principo la obra de Marx, en tanto que expresion de la
eritica de la cconomia del proletariado, es una contraposicion
y critica de la misma. Dicho esto, una vez mis, es evidente
que bajo la etiquera “marista” han habido expresiones que se
desmarcaban de la ideologia marxista y defendian realmente
la critica de la economia.

A 'su ver, frente a las concepciones objerivistas del maris-
mo ha surgido su oposicién vulgar, la subjerivista, a la que ya

16

otros que se enctentran en zonas en conflicto —cuna de los
lamados diamantes de sangre—). Es por esto que durante
muchos aios l valor de los diamantes tuviera un alza regular.

Ademis, es importante tener en cuenta que la indus-
tria del diamante fue histéricamente dominada de forma
monopélica por la compasia sudafricana De Beers. Esto
produjo durante décadas que este productor experimen-
tara una ganancia excendente o monopolista, inflando los
precios por sobre su equilibrio, en base 2 la generacion de
una demanda artificial. Pero a partir de la década del 90,
con el surgimiento de nuevas minas y oferentes, novedosas
formas de comercializacién, y técnicas de produccién de
diamantes sintéticos, el valor de los diamantes se redujo,
y al disminuir la presion monopolista también se redujo
su sobreprecio.

Pero quizds sea importante considerar que para muchos de
nosotros la paradoja no tiene tanto que ver con discusiones
sobre categorias fias, y si con el hecho de que la palabra
valor (en espasiol pero también en muchas otras lenguas)
tiene la capacidad de representar cosas muy distintas entre
si. Es imprescindible poder recuperar esta distincién para
reconocer que, producto de su olvido, hoy por hoy conside-
ramos algo importante como valioso, con independencia de
que estemos haciendo referencia a su necesidad en nuestra
coidiancidad, sus aspectos emorivos, o incluso a la cantidad
de trabajo que nos cost6 producirlo.

El solo hecho de tener que comparar un diamante con
el agua dice mucho sobre el mundo en que vivimos. La
igualacién que produce el mundo del valor estd impresa en
nuestras concepciones. Y otra experiencia de vida social
borrard necesariamente esas incongruencias de la len-
gua, que revelan la disociacién a la cual nos somete la
sociedad del valor.

hemos hecho alusién. Partiendo de la misma separacién obje-
to-sujeto, afirman que el valor es un producto de los sujetos
humanos independientes del objeto. Es decir, el valor es algo
que corresponde al cerebro de los hombres, de sus ideas, el valor
es para ellos un signo adjudicado a un objeto que expresa esas
ideas del valor. Igual que el objerivismo marsista no comprende
en absoluto lo que es la cosificacion, lo que significa que un
objeto encarne, no una representacion cognitiva, sino una
prictica social. La inversién de la actividad humana propia
de la sociedad mercantil generalizada donde el objeto se pre-
senta como sujeto y el sujeto como objeto, donde la actividad
humana se presenta como una fuerza exteriorizada que no le
pertencce y lo somete, es precisamente la que permite que una
sustancia, el valor, domine la sociedad. De ahi lo ridiculo de
querer reducir dicha sustancia a la actividad del cerebro de
los vivos, a aspectos subjetivos de los seres humanos, incluso
ala voluntad y los gustos, y no a un sujeto que expresa una
relacién social cosificada.
Mientras que ¢l materialismo vulgar solo ve al valor como
propiedad de la cosa, el idealismo como una proyeccidn que
surge en la cabeza de los humanos. Que una relacién social se:
proyecte en una cosa es algo que solo la dialécrica puede captar.
Objetivismo y subjetivismo, ambos, en tanto que escinden
el objeto y el sujeto, son incapaces de ver la cosificacién de
una prctica social, de una actividad, de una relacién social.
La actividad humana enajenada se manifiesta a traves de cosas,
se alza como un poder ajeno, como una fuerza exteriorizada y
contrapuesta a la vida. La critica de la cconomia que desarrolla
el proletariado parte de esta realidad que no es comprendida por
toda clase de criticas y alternativas que surgen contra ellay que:
1o hacen mis que partir de la 16gica de la separacién burguesa
entre objeto y sujeco.

La coria de la uilidad marginal esté evidentemente motivada
por cuestiones politicas y de gestion capitalista, y su surgimien-
t0 st intimamente ligado al momento histérico en que la
economia pasa de ser una disciplina considerada como parte
de la filosoffa a una més dependiente de la matemitica (0 cco-
nometria) —que ademis coincide con desarrollos téenicos en
relacién al cilculo diferencial y tablas de célculo—. La supuesta
rigurosidad de esta teoria, radica en introducir un clemento
técnico, via el cileulo diferencial, para determinar la relacién
entre la utilidad que brinda una nueva unidad mercantil y la
renta que un consumidor estd dispuesto a gastar para adquirirla.
Asi s como estos postulados han calado hondo en la academia
¥ la ideologia dominance.

No obstante, en la prictica (y como expresamos pirrafos

antes), debido a que el interés de la cconomia liberal no es
el de realizar una critica de la sociedad capitalista, sino el
de determinar clementos que permitan gestionarla,'” esta

teoria se centré en la cuestin de cémo s determinan los

precios, por lo cual seria més apropiado histéricamente

definirla como una teoria de precios.

Como explica Paul Mattick en Marx y Keynes, la vulgaridad
méxima de la teorfa uilitarista, consiste en su circularidad. A
través de la utilidad marginal de una mercancia se define su
precio, pero a la vez el precio es una variable fundamental al

15 Como veremos mis adelante en el apartado Mimusualias oea de
las premisas centrales de esta corriente s la justificacion del ol y la
importancia de los capicalistas como impulsores del desarrollo. Una
ritica parcial hacia esta postura ha sido principalmente desarrolada
por socialdemocracia,y partcularmene por el sindicalismo, donde
el burgués sucle ser considerado un parisito, alguien que sin hacer
nada, vive como “un cerdo consumista”a cosa de los tabajadores que
emplea. Pero s resula asqueroso considerar que ¢l antagonismo con
el Capital pueda reducirse 2 odiar al burgués en tanto no-trabajador:
La critca de las categorias capitalistas debe necesariamente conducir
del rabajo, y por ende a la autocritca del rol que toca a
los prolecaios en este mundo.

16 No es menor que incluso algunos autodeterminados marxistas
—como por cjemplo ¢l gurisde la xista” en a época de
la W internacional: Hilferding— hayan eriticado a Mars por no haber
resuclto el problema de la ransformacién’, esto s, como y bajo qué
determinaciones el valor de una mercancia se expresa en el precio.

aka

17

establecer la utilidad de la misma. A su vez, la urilidad es la
caracteristica de las mercancias que hace que las personas la
quieran comprar, pero asu vez que las personas quieran comprar
una mercancia hace a su uilidad. Van en circulos explicando
gradualmente formas mis refinadas de los precios, que como
veremos mis adelante, no son bajo ningiin aspecto, sinénimos
del valor.
LA VALORIZACION DEL
VALOR: EL PLUSVALOR

En el nro. anterior, en ¢l apartado £ Capital solo quicre ms
capital, desarrolldbamos cmo se da la transicion entre la cir-
culacién simple y el ciclo de reproduccion capitalista. Es en el
ciclo de reproduccion del Capital donde el dinero asume una
nueva determinacién que aparecers en todas las relaciones de
intercambio: se transforma en Capital. D-M-D’, movimiento
por excelencia del Capital, es su vez el movimiento originario
del comercio, el capital como capital comercial, que se encuen-
tra ya en las fases mds tempranas del desarrollo econdmico
acompaitado del capital surario. Sin embargo, en esc estadio
precedente el capital no ocupa mis que un lugar periférico de
la sociedad, lo que no le impide implantar las premisas nece-
sarias para apoderarse con el desarrollo histérico de todas las
condiciones de existencia."

Mieniras que en las formas prediluvianas del capital —co-
mercial y usurario— el ciclo D-M-D" extrac la ganancia de
la circulacién, o sea de “comprar barato y vender caro”, en el
proceso de produccion capitalista las cosas suceden de forma

diferente. En el capitalismo, a ganacia no puede generarse mis

=
wsurit y desposesidn, as coma el apartado Sobre osfundamentos ligicos

Ver nuestro ndmero anterior el aparcado Acumlacitn, comercio,

e histiricosde la sociedad capitalisa en el presene nimero.

18

que sobre una competencia feroz que desplaza esa primigenia
forma de ganancia e impone como punto de partida el incer-
cambio de equivalentes obligando a cada capitalista a vender
las mercancias a su valor, al tiempo socialmente necesario para
su produccién,

Bajo esas estrictas leyes capitalistas solo hay una posi-
bilidad: encontrar en el mercado una mercancia concreta
cuyo valor de uso, cuyo consumo, n lugar e desvalorizar
o destruir el valor de la misma, sea capaz de reproducir y
ampliar el valor que contenia. Y dicha mercancia se encuentra
en el mercado, es un producto del proceso histérico de separa
ci6n del ser humano y sus medios de vida: la fuerza de trabajo
Mientras todas las mercancias se desvalorizan al usarlas y con.
sumirlas, con la fuerza de trabajo no ocurre lo mismo. El uso
de la misma es su consumo efectivo en el proceso productivo,
el trabajo mismo, la puesta en movimiento de trabajo vivo que
0 solo posibilita su propia conservacién como valor (asi como
Ia conservacion del valor de las otras mercancias que ingresan
al proceso de trabajo), sino que también permite crear un valor
superior, un plusvalor.

La cuestion clave de la valorizacién tiene lugar entonces en
elintercambio entre trabajo vivo y trabajo muerto, intercambio
que tiene lugar, no en la circulacién, sino dentro del proceso de
produccién mismo. Es en ese marco donde la explotacion de la
fuerza de trabajo genera el plusvalor. Es condicién ineludible
para la produccién y reproduccién de capital.
Efectivamente, al adentraros en el proceso de produccién
(tanto da que este sea maerial, inmaterial e independientemente
de la produccién concreta desarrollada) observamos como la
M del ciclo, D-M-D" se desdobla en trabajo vivo (fucrza de
trabajo) y trabajo muerto (materias primas y medios de traba-
jo). Mientras que las materias primas y medios de produccin
solo transmiten valor a la produccién en la medida que al ser
usadas lo pierden de su ser (mera transferencia de valor) com-
portindose como capital constante; la fuerza de trabajo puesta
en movimiento, reproduce su valor (determinado por el tempo
de trabajo socialmente necesario para su produccion: comida,
alojamiento, formacion, tareas domésticas, cuidados, nuevas
generaciones. . lo que incluye consecuentemente en el valor de
la fuerza de trabajo los medios de subsistencia de quien hace las
tareas domésticas, generalmente asignadas a las mujeres), pero
1o solo lo reproduce, sino que ademis genera un plusvalor,
comporténdose como capital variable."*

Explotacidn capitalista: salario,
trabajo y fuerza de trabajo

Deciamos que solo la fuerza de trabajo produce valor, ya que
la sustancia del valor es precisamente el trabajo abstracto. Pero
micntras que el plusvalor es un fenémeno estrictamente capita-
lista, el plustrabajo no. En varios pasajes Mar describe como
formas precapitalistas exhibieron una extraccion sistemitica
de excedentes de trabajo a los productores. Pero la principal
distincién entre el plustrabajo precapitalista y el plustrabajo
capitalista es que, mieniras el primero estd determinado para las

18 En el caso de los trabajos domésticos “no-asalariados” y los
cuidados podemos ver un claro ¢jemplo de como el sistema capita-
lista asumio historicamente la continuidad de la division sexual del
trabajo. La profundizacién de la separacion entre la esfera piblica
I esfera privada agravo ain mis ls diferencias ya existentes en la
vida cotidiana de los sexos. La esfera piblica asociada a o designado
masculino y la esfera privada asociada a lo designado femenino son
necesarias al desarrollo del proceso de valorizacion.

“Tal como sucede con cualquier rabajo, la funcion de la ideologia
dominante es que el trabajo doméstico sea naralizado, amalgama-
do a cualquier actividad hus indo en verdad se trata de un
fenomeno socialdeterminado ¢ historico.

El tabajo doméstico de hijas, hermanas, esposas, esclavas y las
permanentes condiciones subretsibuidas de empleadas domésticas
(en su mayoria migrantes y refugiadas por el Capital), ha sido y es
un aporte fundamental a que el capitalismo haya podido extenderse
socialmente como lo hizo,
pital determina también la explotacién del proletariado no
iado y lasactividades no-asalariadas del proletariado. Debemos
asumir la produccion de valor como una produccion global y rechazar
1a apologia obrerista y burguesa de I productividad.

Quienes conseituimos el proletariado no nos definimos por nucstra
posicién particular ¢ inmediata en lo reativo a la produccién, sino
por el antagonismo este. Incluso quienes privados de los medios
de subsistencia, no les es posible vender su fuerza de trabajo en el
reado laboral también son parte del proletaiado, pues contienen
la misma contraposicion al Capital que les despoja de los medios de
vida y de su propia vida.

19

necesidades inmediatas de la clase dominante, para consumo y
disfrute de ese excedente, en el capitalismo lo que determina ese
excedente no es su consumo por el capitalista, sino la valoriza-
cién, el plusvalory su acumulacién. El trabajador asalariado
no trabaja para las necesidades inmediatas del capitalista, sino
para valorizar en un ciclo de acumulacién infinita el capital
que gestiona ese capitalista. Evidentemente, en ese proceso de
acumulacién el burgués ambién consume y disfruta, pero solo
en anto que actite como funcionario del Capital, en tanto que
se subordine ¢ imponga las necesidades de valorizacin.

Esla particular mercancia fuerza de trabajo la Gnica que pue-
de mantener el valor de un ciémulo de productos —producidos

asuvez por la primera— y generar un valor aiadido, cuando es
puesta junto a ellos en un proceso de trabajo. Decimos particu-
ar porque Ia fuerza de trabajo no es una mercancia comiin, sino
que, como capacidad de trabajo, es inseparable del trabajador
que la vende, del ser humano que la porta como caracteristica
mercantilizada de su ser.

Suespecial particularidad viene dada también porque el valor
de uso de la fuerza de trabajo adquiere una cualidad que no
posce ninguna otra mercancia: es creador de valor. En ese sen-
tido, es importante no confundir la fuerza de trabajo en tanto
que capacidad de trabajo con la fuerza o capacidad de trabajo
puesta en movimiento. Mientras la primera es la mercancia
que vende el proletario, la segunda es su consumo como valor
de uso en el proceso productivo. Que sean necesarias 4 horas
para mantener viva la fuerza de trabajo no quiere decir que esa
fuerza de trabajo no pueda usarse 8, 10, 12 o incluso 18 horas.
Sus costes diarios de mantenimiento y su rendimiento diario
son magnitudes diferentes. En esa diferencia, en la diferencia
entre el valor de la fuerza de trabajo y el valor que produce,
esté condensado el secreto del plusvalor, de la explotacién y
laapropiacién capitalistas. Esto solo pucde caprarse sobre la base
de la ley del valor, comprendiendo la sustancia oculta del valor
y que el ciclo D-M-D’ es ¢l movimiento propio del Capital,
donde el ser humano proletarizado es una simple mediacion
del dinero convertido en el sujeto de su propio movimiento.

Se comprende asi mismo que bajo la forma irracional del
salario el valor de la fuerza de trabajo se transforma en la
superficie en el precio del trabajo, encubriendo bajo esa cate-
goria que lo que se paga realmente es |a fuerza de trabajo y no
el trabajo mismo. La tremenda diversidad de los salarios nos
muestra c6mo en comparacion con las demds mercancias, en
precio de la fuerza de trabajo hay factores que van més alli de
Ia determinacién por el tiempo de trabajo social, empezando
porla correlacién de fucrza entre las clases

Las formas de la explotacion:
Plusvalor absoluto y relativo

Para criticar la explotacién hay dos momentos en los que pode-
mos desdoblar el proceso productivo. El primero es el fiempo
de trabajo necesario para reproducir l valor de la fuerza de
trabajo, el segundo es el tiempo de plusrabao, el que produce
un plusvalor. Si el proceso productivo se interrumpe cuando se:
alcanza un equivalente que reemplaza el valor de la fuerza de
trabajo, esté claro que estaremos ante una simple reproduccion
del valor. Sin embargo, con la prolongacién de la produccion
més alli de ese momento comienza el proceso de valorizacion
¥ produccién de plusvalor. El tiempo de plustrabajo es pues el
tiempo de produccién de plusvalor.

El Capital busca insaciantemente aumentar ese tiempo de
plustrabajo para incrementar sus ganancias de dos formas. La
primera consiste en hacer trabajar mis a los trabajadores, sea
aumentando la jornada laboral, sea intensificando el trabajo.
Este plusvalor se denomina absoluto ya que se trata de un
aumento absoluto de la cantidad de tiempo de plustrabajo,
manteniendo fijo el tiempo de trabajo necesario para la re-
produccién del valor de la fuerza de trabajo. Esta primera forma
es directamente urilizada por los capitalistas particulares ya que
de esta manera aumentan su tasa de ganancia al disminuir el
impacto final del precio de a fuerza de trabajo.

La segunda forma de plusvalor consiste en aumentar el
tiempo de plustrabajo sin incrementar el trabajo, es decir sin
aumentar la extensién de la jornada laboral ni a intensidad de
la misma. Por consiguiente, la intensidad y la duracién de la
jornada se mantienen constantes mientras la cantidad de
tiempo destinada a la reproduccién de la fuerza de trabajo
disminuye y, por lo tanto, aumenta la destinada a la pro-
duccién de plusvalor. El plusvalor generado de esta forma
se denomina plusvalor relativo. As, por cjemplo, una jornada
laboral de 8 horas repartidas en 4 horas de trabajo necesario y 4
de plustrabajo, sufre un aumento del plusvalor relacivo al pasar a
seruna jornada repartida en 2 horas de trabajo necesario y 6 de
plustrabajo. En el cjemplo, el capitalista descender en 2 horas
el tiempo que el rabajador produce para reponer el valor de
sufuerza de trabajo ampliando a su vez en 2 horas el dedicado
a producir plusvalor, todo ello manteniendo constante las §
horas de jornada laboral.

Es evidente que, en tanto que el valor esté determinado por
el tiempo de trabajo socialmente necesario, reducir el tiempo de
trabajo de la jornada que el proletario dedica a reponer el valor
de su fuerza de trabajo equivale a reducir el valor de la misma.
Alestar el valor de las mercancias en razén inversa a la produc-
tividad del trabajo, el aumento del plusvalor relativo va ligado
al aumento de la productividad. Este aumento puede darse a
partir de diversas modificaciones en el proceso de produccién,
asi como de su reorganizacién o la incorporacion de tecnolo-
gias." Si se duplica por algin invento la fuerza productiva en
un ramo industrial, una hora de trabajo social se expresa en lo

19 Hablamos estrctamente de tecnologiasy no es casual. En ocasio-
nes se suele hablar de maquinarias y consideramos que este término
queds absoleto (s es que no lo fue siempre). No todas las ventajas
productivas son mecinicas o robéticas. Una empresa puede aumentar
su productividad por haber adoprado mejores uniformes para los
trabajadores, un nuevo software de gestién, al cambiar el mérodo
de organizacion del proceso laboral o del contol de stocks, mayores
estindares de limpieza o mulditud de otros factores

20

que antes eran dos horas. Si esa duplicacién afecta a todos los
sectores que directa o indirectamente entran en el valor de la
fuuerza de trabajo (alimentacién, vivienda, tareas domésticas...),
esti claro que se abate a a mitad el valor dela fuerza de trabajo.
Si retomamos el cjemplo anterior de la jornada de 8 horas se
comprende ficilmente ¢l cambio operado en las magniudes y
el incremento de plusvalor relativo.

Pero no solo se obtiene este plusvalor relativo en los casos
en los que se ve afectadas los sectores involucradas en el valor
de la fuerza de trabajo. Cualquier capitalista que haga mds
productiva su produccion frente a los demis competidores
también incorpora al plustrabajo una parte mayor de la jor-
nada laboral. Para seguir con el mismo cjemplo de arriba, en
su produccién se duplica la productividad, su jornada de §
horas en lugar de expresarse en un producto de 8 horas como
Ia de sus competidores, se expresa en el doble, en un producto
de 16, pues el tiempo de trabajo socialmente necesario sigue
marcado por ¢l que determinan sus comperidores. Mientras
que los demés competidores tienen que hacer trabajar a sus
obreros 4 horas para reponer la fuerza de trabajo y 4 para cl
plustrabajo, nuestro capitalista innovador tiene la ventaja de
que en 2 horas sus obreros han repuesto su fuerza de trabajo
(pues representan 4 horas de trabajo social) y las 6 restantes se
dedican a producir plusvalor (que se representan en 12 horas).
Tiene margen suficiente para ponerle a su mercancia un precio
inferior al valor social y destruir a la competencia con ello.”

Tengamos bien claro que un aumento de la intensidad del
trabajo implica un gasto mayor de energia, una mayor cantidad
de trabajo; en cambio, un aumento de la productividad del
trabajo significa un incremento de la produccion con la misma
cantidad de trabajo.*

20 Estasivacion es temporal, dura hasta que la ventaja productiva
es asumida por gran parte de los competidores de la misma rama y
el valor pasa a determinarse por el nuevo nivel de productividad. En
ese contexto, la hora de trabajo mis productiva pasard a representar
Ia productividad mediay ya no tepresentaré dos horas,sino us
de tabajo social, pero estar expresada en el doble de valores de wso
que antes del aumento de la fuerza productiva, o que provocard una
desvalorizacion de la mercancia que contendri menos trabajo vivo. A
esto Marx lellamo sendenciadecrecientede a tasa de ganancia, ya que la
ganancia obren reancia particular disminuye por o que
e hace necesario incrementar la cantidad de mercancias producidas

cién. Esta tendencia,

a en cads

en dicha rama para contrarrestar dicha dis
que es impulsada por la competencia entre capitales particulares ya
fue desarcollada en el CuapERsos nro. 8 en ¢l apartado Tecnologia
y ganancia. Aqui nos enfocaremos en el aumento de la cantidad de
plusvalor que supone ese aumento de la productividad y que no
desaparece cuando la ventaja productiva es asumida por todos los
productores sino que por el contrario se generaliza

21 La distincién es importante para comprender los diferentes
mecanismos de exploracion, aunque en la realidad es mis complejo
diferenciarlos. Por un lado, a los bugueses les enc
mentar a productividad del trabajo cuando en realidad muchas veces
solo nos estin haciendo trabajar mis duro, Su inversion en fuerza de

trabajo resulta mis productiva pero no el rabajo realizado. A su vez,
Ia incorporacién de tecnologias que incrementan la productividad
del trabajo suclen traer aparaedas un aumento de la intensidad del

Estas dos formas de aumentar la explotacion estin suma-
mente relacionadas y se impulsan mutuamente. Los limites
fisicos y psiquicos de los proletarios frente al aumento de la
intensidad del trabajo y la extensién de la jornada laboral han
producido tantos accidentes y enfermedades como resisten-
cias luchas. Estas condiciones obligaron los burgueses a
otorgar ciertas concesiones a los explotados, al mismo tiempo
que modificaron gradualmente muchos procesos de trabajo y
estrategias con el fin de mejorar ¢ incrementar la explotacién.
Por su parte, ciertas innovaciones en la produccién, como la
incorporacion de tecnologia, permiticron ambién hacer mis
intenso el trabajo imponiendo un ritmo que antes era imposi-
ble o muy costoso de obtener a través de la mera supervisién.
A'su ver, estas ransformaciones generaron nuevas esferas de
produccin donde es posible la extraccién de plusvalor absoluto
y relativo nuevamente.

Cuando hablamos de salario como el valor de los medios de
vida necesarios para la subsistencia del proletario, no podemos
dejar de observar c6mo la composicién de esos medios de vida
haido cambiando constantemente en funcion de las necesidades
del Capital. El incremento de la explotacién se halla también
en el progresivo deterioro de la calidad de las mercancias
més basicas para nuestra subsistencia. Esté allf siempre que
nos venden micrda saborizada a un precio cada vez mayor y
siempre que se nos impone ¢l consumo de una mercancia fitil
y sin sentido, como son hoy los mercachinfles tecnoldgicos de
todo tipo. A su vez, el “tiempo libre” también sigue el mismo
camino, estando sujeto y siendo objeto de las necesidades de
valorizacién del Capital. Bajo formas cada vez més degradantes
el tiempo de descanso o de no-trabajo es ocio alienado.

Ao tras aio, se reproduce el clisico conflicto salarial entre
capitalistas y trabajadores (sobre todo de aquellos sindicaliza-
dos). En ese contexto, emerge, en contraste al aumento del
salario nominal (el aumento bruto del dinero percibido), el
concepto de salario real (salario que se coteja con la inflacién y
otros determinadores del poder de compra) que, dependiendo
de varios factores como las condiciones econdmicas, la im-
portancia de cada sector, asé como la intensidad de las luchas,
pucde disminuir o aumentar. Pero, ademds, y esto pocas veces
se pone en cuestin, el concepto de plusvalia relativa visibiliza
ademis otro determinante en tomo al salario.

Es que, como vefamos antes, en tanto disminuya la cantidad
de trabajo incorporado en cada mercancia que se contemple
dentro de la reproduccion de la fuerza de trabajo, el salario
relativo a la plusvalia disminuye. Esta disminucién del salario
relativo (que disminuye permanentemente) es una expresion
de la degradacién permanente de lo producido. Expresiones
de lucha contra este fendmeno emergen aqui y all4, aunque en
‘muchos casos los proletarios quedan reducidos a meros consu-

mismo. Es por eso que diferentes expresiones proletariasde rechazo al
aumento de a productividad no resultan tnicamente de un aumento
dela plusvalia reltiva sino también absoluta, sufriendo dirceramente
en el proceso laboral el incremento del trabajo.

21

midores contra el aumento de ciertos productos y servicios, y
contra los excesos o la corrupcién de algunos capitalstas. Esta
escisién entre “luchas en el dmbito de trabajo” y “luchas de
consumidores” disgrega los proletarios en lucha y les impide
tener un programa unitario contra la explotacion capitalista.**

Con todo este desarrollo debe quedar claro que, si bien se
esté hablando de transformaciones en el proceso de trabajo y en
as formas de explotacion, estas repercuten y son inseparables
de la toralidad de la vida social

Plusvalor y ganancia: iguales pero diferentes
En los apartados anteriores hablibamos tanto de plusvalor como
de ganancia, pero estos conceptos suclen confundirse. Mien-
tras el plusvalor es el resultado del plustrabajo (del “trabajo no
pagado”) y su comprensién muestra que solo el capital variable
(capital invertido en fuerza de trabajo) es el que crea nuevo
valor; por contra, la ganancia, forma en la que se transforma
el plusvalor en la superficic, es una categoria que oculta esta
realidad interna mostrando cada parte componente del capital
(capital variable y capital constante) participando por igual en
la creacién de nuevo valor. Efectivamente, oculta que solo la
parte invertida en capital variable crea nuevo valor, micntras
que el capital constante solo lo transfiere. Precisamente, la
tasa de ganancia se calcula en la relacién de la ganancia con el
Capital global mientras que la tasa del plusvalor es la relacién
del plusvalor sélo con ¢l capital variable.

El Capital se nutre de la extraccién de plusvalor, ¢ impulsa
a los capitalistas a realizar dicha extraccién, pero estos, al tener
una visién y una sensibilidad sumamente parcial y limitada
de las necesidades generales del Capital, solo pucden apreciar
esa necesidad, y realizarla pricticamente, tomando nota de la
tasa de ganancia* Como los capitalistas solo pueden percibir,
calcular y especular con la tasa de ganancia, esta es la referencia
que hace redistribuir los capitales particulares segiin las nece-
sidades del mercado.

Pongamos un ejemplo de una empresa del sector autopartista.
Luego de afios de una alta tasa de ganancia en el sector, esta co-
mienza a disminuir por un creciente flujos de capitales hacia ¢l
mismo. Esto puede provocar que la empresa decida reconvertir
parte de su produccién y dedicarse a la confeccién de fusclajes
para acroplanos, ya que dicha reconversién no resulta costosa,
yen dicho mercado hay actualmente escasa competencia y una
mejor tasa de ganancia. También hay fenémenos relativamente

22 En ocasiones particulares, la fuerza prolearia ha logrado expresar
una eriica prictica conjunta. Ejemplo de confluian se combinaban
Ias luchas en los lugares de trabajo con la pricri
las autoreducciones, pagando menos o directamente no pagando la
factura de la energia eléctica, los alquileres, etc. En la actualidad
también podemos encontrar diversos cjemplos de luchas que se h
generalizado a parir del enfrentamiento al incremento de los pr
de bienes o servicios como el caso del tansporte urbano en Brasil en
I lima década.

sistemitica de

23 Eso e profundizaa contnuacién en Conradiciones cpivalas
recurrentes en los ciclos econmicos, como cuando luego de
un boom en la construccion disminuye la tasa de ganancia de
ese sector. Es entonces cuando veremos capitales alcjarse hacia
otros sectores, quizds hacia el sector inmobiliario, o inversiones
en plazos fjos por el aumento de la tasa de interts

«Cada capitalista intenta naruralmente convertir su posicién
en el mercado en una oligo 0 monopdlica. Mientras que esto
resulta favorable a sus intereses como valorizador de su capital
indidivual, resulta contrario a los intereses del capiral en general.
Al colocar un precio a sus productos mayor que el precio de
produccion, un capital monopolisico recibe de otros capitalis-
tas una porcién mayor del plusvalor social total, que excede la
asa normal de ganancia. La ganancia del monopolista ralentiza
laacumulacién de los dems. (Bruno Astarian, Todo debe irse!
La abolicién del valor)

De ahi que capitales con diferentes composiciones orginicas
de capital* obtengan la misma tasa de ganancia. Adquieren su
tasa de ganancia no del capital variable que explotan sino del
capital total que invierten en un sector determinado. La compe-
tencia, el movimiento imparable de capitales de un sector a otro
en busca de ganancias mayores, la llegada masiva de capitales
a tal sector por haber una ganancia mayor, su fuga hacia otro
pues la masiva competencia he hecho caer ahi la tasa de gana-
cia... es un movimiento imparable. Vemos que bajo el efecto
de la competencia, las diversas tasas de ganancia se igualan en
una tasa de ganancia general, que es la media de todas las tasas
de ganancia. Se comprende asi que la tasa general de ganancia
corresponde a un capital de magnirud determinada, cualquiera
que sea su composicion orgdnica.

Por lo tanto, un capitalista rara vez percibe una ganancia
equivalente al plusvalor extraido en su empresa particular, sino
que depender de la tasa de ganancia. Ademds, parte de su ga-
nancia es repartida entre los diferentes capitalistas (productor
directo, distribuidor, prestamista, arrendatario...). De ahi que
categorias tan oscuras como la renta de la tierra o el interés
son partes integrantes de esa ganancia y tienen por tanto en cl
plusvalor su génesis

Queda claro por tanto que plusvalor y ganancia no son
sinénimos. No son un dnico concepto solo que analiza-
do desde dos puntos de vista distintos. No son la “forma
proletaria” y la “forma capitalista” de llamar a lo mismo.
Plusvalor y ganancia se balancean en el final del ciclo completo
de acumulacién, donde la masa social de plusvalor es la que
equivale a la masa social de ganancia.*

De esta manera, gracias a a tasa de ganancia se concretan
funciones clementales de la actividad capitalista, garanti-
zando una redistribucién permanentemente de capitales

24 La composicién orginica del capital s rfiee a l relacién entre
capital constante y capital variable, es decir, entra la parce de capital
destinada a los medios de produccién y la invertida en fuerza de
wabajo.

25 Aunque el capival fictcio quicbra temporalmente ese proceso,
en aras de o estamos intentando desarrollar, puede omitise. Ver
adelante el aparcado Notassobre el eapival fictiio

2

que abrazarin siempre los intereses generales del Capital
(cumpliendo, por cjemplo, funciones de erédito, bajando los
costos de la energia urilizada, etc.). También asegura que, 2
pesar de que una actividad pueda resultar poco ética o glamo-
rosa segin ciertos parimetros, si su rentabilidad es seductora
habré capitales dispuestos allevarla a cabo. Pero esto no resulta
instantinco, y otras determinaciones (culturales por cjemplo)
influyen en este proceso:

«Tomemos a un contratista que ha estado a cargo de una
empresa de plomeria por cuarenta afios empleando a un par
de sus sobrinos. El sabe que conseguiria una mayor tasa de
ganancia si liquidara la empresa ¢ invirtiera su dinero en un
bar de lujo atendiendo a yuppies en un barrio gay, pero no lo
hace. Sus prejuicios contra los homosesuales, o posiblemente
sus convicciones religiosas contra el consumo de alcohol, o
tal vez tan solo su apego al negocio familiar, son una barrera
para llevar a cabo ese movimiento de capital.» (Prole Info, £/
monstruo de la vivienda)

El movimiento de capitales en torno a la tasa de ganancia
también es importante para pensar el desarrollo de ciertas coo-
perativasy emprendimientos autogestivos en las iltimas décadas,
donde los trabajadores quitan al patron del medio (o por lo
general es el patron el que decide irse) y se ponen ellos mismos 2
administrar sus empresas. En primer lugar, tengamos en cuenta
que si un capitalista decide irse se debe a que la tasa de ga-
nancia en esa rama productiva no es lo suficientemente alta.
Porlo tanto, los trabajadores no tienen demasiada ganancia que
gestionar o distribuirse al tomar as rendas de la produccion. Al
hacerlo, ayudan al Capital a correr del medio a un burgués que
e sale demasiado caro en tiempos de crisis. Ademds, en muchos
casos,sila empresa autogestionada sale adelante se debe a que
os trabajadores se someten unas condiciones de exploracién
que no permitirian nunca a un burgués. Si un patrén quisiera
implementar medidas como bajar los salarios abruptamente o
incluso pasarse meses sin pagarlos, aumentar el ritmo, obligara
os rabajadores a comprometerse de manera gratuita en la orga-
nizacion del proceso laboral, dejar de pagar cajas previsionales
y demis seguros sociales; su empresa tardaria poco en arder en
llamas. Bajo la autogestion, con el peso de la ideologia de que

“Ia empresa es de los trabajadores y trabajan para ellos mismos™
1 alienacién es llevada al sumum donde se aceptan toda esa
clase de sacrificios. Pero incluso en el hipotético caso de que
los trabajadores logeen administrar eficazmente la produccidn,
manteniendo asi una alta tasa de ganancia, siempre deberin
destinar una parte importante de ésta al crecimiento de su
pital particular, del que ahora son propietarios. En definitiva,
el Capital siempre contintia creciendo a costa de su trabajo 2

26 L problemitica de la autogestn serd abordada en
fundidad en el proximo niimero de CuADERNOS.

“Minusvalias”

«Dado que el capital que se adelanta en forma de
salarios y en forma de bienes complementarios su-
pone también una espera y asuncién de riesgos para
el capitalista, ;no serd que la plusvalia no procederd
del atraco a mano armada al trabajador sino de la re-
muneracién de esos dos factores productivos (tiempo
y riesgo)?» (Juan Manuel Rallo, & fiasco de la teoria
marsista de la explotacién)

El burgués en su individualismo y mezquindad hace funcionar
el Capital global. Y aunque sea un triste funcionario del Capital
se supone a si mismo héroe y martir de esta sociedad al que
deberiamos venerar. Asi,la explotacién que sufrimos dia a dia
es presentada como una “teoria marsista” sino como un hecho
completamente subjetivo. «El tiempo y el riesgo son factores

an productivos como el rabajor dicen los especialistas a sucldo
ocultando que nuestra fuerza de trabajo no se pucde acumular
¥ esperar para venderla a mejor precio. Ocultando a conciencia
que quienes solo tenemos nuestra fuerza de trabajo nos arries-
gamos dia a dia en trabajos de mierda, yendo o volviendo de
ellos. Tero los burgueses declaran su propio riesgo el més
arriesgado: el riesgo de no generar ganancia. Asi al arries-
garse a las supuestas minusvalias tendrian pleno derecho
alas plusvalias. Nosotros también —sin més opeién.
arriesgariamos entonces a las minusvalias en cada ajuste, en
cada plan de austeridad, cuando la empresa cierra y nos dejan

sin trabajo. Cada trabajador dia a dia adelanta trabajo que no
es pagado por adelantado ni recibiré mis dinero por semejante
peligro. Un ladrén pucde arriesgar su vida de un momento a
otro y ¢l burgués asaltado no lo recompensaré con mis de lo
robado por el riesgo asumido. Porque el capitalismo no es un
sistema moral. Cuando el inversor arriesga dinero y gana
més que el proletario que arriesga su vida, pues su fuerza
de trabajo es inseparable de su cuerpo, aprendemos una
importante leccién: la fuerza de trabajo de un proletario (y
con ello su vida) vale menos de lo que pensdbamos. Y ¢l solo
hecho de que esto sea caleulable jy no que sea cara o baratal es
motivo suficiente para lanzarse a la lucha contra esta sociedad
mercantil generalizada.

Sin sonrojarse, pues los autématas no se ruborizan, cualquier
amplificador humano de la ideologia dominante reduce dis-
cursivamente todo este entramado social hechos particulares
donde se podria elegir ser o no un trabajador, un sin techo
© un empresario. De una manera u otra, nos dicen que los
trabajadores no lo son por la fuerza, pues no son esclavos, son
libres y eligieron no ser empresarios o auténomos porque no
quicren asumir los riesgos. En cambio, quieren ingresos pre-
decibles y frecuentes, en lugar de invertir para cobrar quizds
bastante més en meses 0 aiios.» Del mismo modo los pobres
no serian empresarios porque no quieren shorrar y esto seria
«una cuestion de mentalidad y no de clases socialess. Detrds
de esto sucle venir la misma cantinela sobre | importancia de

23

Crédito e interés

Comentébamos en el apartado anterior que la ganancia
se reparte entre los diversos capitalistas. Si bien hay
repartos que no son dificiles de comprender, tales como.
el que realizan el capitalista producor directo y su capi-

talista comercial que le vende el producto, hay otros que
generan mds problemas para captarlos como el interés y
Ia renta de la tierra.! Para poder capar en profundidad
el primero pongamos el cjemplo del ciclo de un capital
particular.

Imaginemos que un capitalisa pide un crédito para
poder realizar su ciclo de produccién y reproduccion.
Que el erédito tiene hoy en dia un papel cada vez mis
imprescindible en ese movimiento es evidente. Por su-
puesto que el prestamista en ese contexto exigiri no solo
que le devuelvan integramente su dinero tras finalizar

fecha acordada, sino recibir a cambio una contrapartida
cconémica. De lo contrario, se quedarfa con su dinero
olo invertiria dircctamente en el proceso productivo. EI
capitalista productor deduciri una parte de su ganancia
para pagar a su prestamista. El interés es la forma que
adopea esta peculiar forma de dinero que genera cse
préstamo para el prestamista. La tasa de interés que se
cristaliza en ese sector imperar por supuesto en todo
préstamo, independientemente de lo que haga el pres-
tatario con el dinero. Pese a que desde l punto de vista
del prestamista el movimiento se muestra sintetizado en
D-D’, vemos claramente cémo ese interés tiene sus bases
en una deduccion de la ganancia al capitalista prestata-
tio. En nuestro cjemplo, cuando este tltimo recibe ¢l
dinero del capitalista prestamista lo gasta en su aparato
productivo, obreniendo un producto cuya venta pagard
los correspondientes salarios, medios de produccion y
materias primas, quedando un remanente emanado de la
parte del plusvalor social que se embolsa como parte de
su ganancia,si bien cierta porcion tendri que cedérscla
al prestamista en forma de interds.

1 Ver mis adelante el aparcado Renta de latirra.

la educacién para civilizarnos mejor. Sin embargo, la cuestion
pucde explicarse claramente pero con concepeiones que van
contra toda la razén dominante:

Son condiciones histéricas —y no naturales o derivadas del
las que determinan que vendamos nuestra fuerza de tra-
bajo. Somos privados de los medios para producir plenamente

nuestra vida. Quienes uno a uno constituimos el proletariado

fuimos y somos privados de relacion directa con la naturaleza
(tanto humana como no-humana) para satisfacer nuestros
descos y necesidades, limitados a ofrecer en el mercado una
sola mercancia: nuestra fuerza de trabajo. Venderla o reventar
es nuestra eleccidn, esa es nuestra libertad.
En estas condiciones, el burgués se erige en mediador entre
dos “cosas” que antes de ¢l se encontraban integradas en una
totalidad: la actividad humana y la naturaleza. Asiy solo asi la
actividad humana es degradada en trabajo y la capacidad de
trabajo produce un valor superior a aquel que se necesita para
reproducir esa fuerza de trabajo. Entonces, el burgués paga el
valor de esa fuerza de trabajo, que es el valor de las mercancias
necesarias para reproducirla

¢Es el comunismo entonces que cada trabajador se quede con
el equivalente al fruto integro de su trabajo? No y mil veces no.
Eso s o que ha traficado la socialdemocracia por comunismo,
una reforma quizds utépica dentro de los estrechos mirgenes
estatales y capiralistas.

«De cada uno segin su capacidad 2 cada uno segin su ne-
cesidady es una manera de enunciar con sosas palabras lo
que entendemos por comunismo. Contra la administracién,
maximizacién y la cuantificacién por parte de este o cualquicr
Estado. Pero ambién contra la ilusién de un mundo de indi-
viduos atomizados que intenten cuantificar individualmente
su produccion y su retribucién. No porque esté moralmente
errado sino porque es imposible hacerlo, solo la mentalidad
capitalista recurre a estas falsedades. Necesariamente debemos
partir de la génesis social de la produccién de nuestro mundo.
Quién ha creado desde la nada? ;Quién tiene una ocurrencia
que no haya sido directa o indirectamente influenciada por las
relaciones sociales que mantiene? ;En quién comienza una idea?
n quién comienza un invento? Toda produccién es social
«Esté claro que cada persona es tnica y particular, pero cada

persona es también un ser colectivo que se afirma en ello a cada
momento. La revolucién no supone el triunfo de las masas
aplastando a cada ser, la revolucion —entre otras cuestiones—
supone la supresién del “individuo” en tanto que egoista y
limitado, dando lugar al ser humano “particular” que no se opo-
ne asu especie sino que se desarrolla junto a ella» (CuADERNOS
DENEGACION nro. 3, Comtra la sciedad mercantil generalizada)

En esta horrible ilusion capitalista, se reitera el hecho de
considerar al Capital, como un simple y neutro “factor de
produccién” mis. Cuando este, no es mis que capa tras capa
tras capa de plusvalor, de despojo, de fruto de la exploracion
eristalizados en forma de dinero que ingresa inocentemente y
de manera reiterada al proceso de produccién pidiendo mds
trabajo. Todo capital es plusvalor.

Imaginemos un cjemplo ficil y simple. Seamos benévolos
con el capitalista y digamos —haciendo abstraccién de la
imposibilidad de la hipétesis por las propias necesidades de la
valorizacion en el capitalismo— que nuestro capitalisa se limita
ala reproduccién simple de su capital. Que tiene un capital de
100 y que la mitad lo gasta en fuerza de trabajo y a otra mitad
en capital constante (que para faciltar nuestro cjemplo digamos

«Suvalor [el de a fuerza de trabajol al igual que el de cualquier
otra mercancia, estaba determinado antes que entrara en a circulacion,
puesto que para a produceidn de a fuerza de rabajo se habia gastado
determinada cantidad de trabajo social, pero su valor de uso reside
en la exteriorizacion posterior de esa uerza.» (Karl Marx, £ Capital)

7

2%

que es todo materia prima y entra integralmente en el producto
final). Imaginemos que la tasa de exploacion es del 100%. En
cada ciclo D-M-D' sus 100 se convierte en 150 (50 reproducen
el valor de la fuerza de trabajo, 50 transfieren el valor de los
medios de trabajo y otros 50 son el plusvalor que s embolsa
nuestro burgués). Como deciamos, no acumula capital, por lo
que se gasta todos los 50 para su lujosa nueva vida y reinvierte
Ios 100 que le quedan de nuevo en fuerza de trabajo y medios
de produccién. Cuando vuelve a terminar una segunda roracion
se encuentra en la misma situacion. Otros 50 para sus gastos
¥ 100 para su negocio. Sin embargo, llegados a este punto, el
burgués ha dilapidado 100 en sus necesidades (comidas, iestas,
lujos...). Es decir el capitalista ha gastado todo su capital ori-
ginal. Y sin embargo tiene intactos 100, listos para ingresar de
nuevo a la produccién y volver a generar 50 de plusvalor junto
ala conservacién de los 100. Todo en un ciclo infinito. Es ficil
deducir de donde siguen saliendo no solo los 50 de nuestro
buen burgués, sino los 100 que invierte en obreros y medios de
trabajo: del trabajo de sus obreros. No hay nada en su capital
que no provenga del plusvalor, todo es trabajo impago. Todo se
paga con el trabajo de los proletarios: sus salarios, los medios de
produccién, sus necesidades privadas y vicios también. Que en
a realidad que vivimos cada capital particular no solo exija esa
reproduccion simple, sino su constante ampliacién por medio
dela acumulacién, es algo que percibiré répido l burgués como
una exigencia para mantener su condicin de clase.

Productividad y estandarizacién

Alo largo de este nro. de CuaDERNOS hemos expuesto cémo se-
interrelacionan el mercado y el proceso de produccién, cémo
sus movimientos se determinan mutuamente y en funcién
de la valorizacién del valor. De este modo, la necesidad de
estandarizacion, uniformizacién de los procesos productivos
y mercancias particulares, son el resultado de ese proceso in-
terrelacionado y no podemos separarlo como si se tratasen de
exigencias del mercado o de la esfera productiva de manera
aislada.

La mujer que hace una estanteria para su familia, hace la
estanteria que su familia necesita, con los medios disponibles
al alcance de esta. Cuando ell se convierte en una trabajadora
independiente (carpintera en este caso), tendré que realizar
estanterias que cubran diversas expresiones de las demandas
de quienes quieran guardar objetos en sus casas, aunque tenga
poco o nulo conocimiento de cuales puedan ser, ya que ella es
una productora privada ¢ independiente. Esto evidentemente
modifica la estanteria realizada.

Lo usual es que los productores no fabriquen por demanda
sino para un mercado® y, ademds,estos tienden a ser integrados

28 Se podria pensar que hay excepeiones al respecto... que todavia
perduran quienes producen especificamente pedido, para satisfacer
una necesidad particular, pero incluso en estas excepeiones por las
cuales o s ige el mercado, la estandarizacién del mercado se presenta
con el peso arrollador de las mliples determinaciones que cjerce

en procesos de trabajo mis generales del cual cada uno solo
realiza un pequeito fragmento.” Sea cual sea el caso, sabemos
que en general, producimos para las necesidades del Capital y
1o para las necesidades humanas, y la expresién més nefasta
de este proceso de estandarizacién, es que esas necesidades
humanas terminan estandarizdndose y convergiendo en las
necesidades del Capital.

Como expresa Bruno Astarian (Tado debe irse! La aboliciin
del valor): <Para entender la estandarizacién de objetos y
actividades bajo la ley del valor, debemos empezar con la
diferencia entre utilidad y valor de uso. Esta diferencia no
fue tratada por Marx en el capitulo 1, como mencionamos an-
teriormente Marx y Engels se limitan a afirmar que el producto
debe ser dtil 2 alguien ms... Pero los productores tienen solo
una visién sesgada y parcial del mercado, no sabe exactamente
qué es ese “til". Solo la venta confirmard que la apuesta del
productor era correcta. La estandarizacion, como veremos, es
parte de esa apuesta, que es inherente a la produccién mercan-
il... Esta imprime una clara marca social en la utilidad del
objeto. Uso la frase “valor utilidad” para subrayar el hecho de
que la utilidad de una mercancia no s algo narural. Lo que se
produce es, justamente, una mercancia. El concepto de “valor
de uso” ha sido empleado usualmente como “la utilidad de la
cosa”, ¢l mero medio para el valor de cambio, o incluso como
algo bueno (opuesto a la maldad del valor de cambio) que
servird a nuestro propdsito. “Valor utilidad”, en contraste debe
ser construido como una categoria enteramente social, y una
parte integral de la teoria del valor»*

La estandarizacién ademds, debe ser comprendida en su
genuina dimension respecto al mercado mundial. Cuando una
actividad productiva se especializa y se separa de la comunidad
enla cual se basaba y donde encontraba su necesidad, pierde las
caracteristicas particulares de esa comunidad. Debe entonces,
asumir un grado suficiente de generalidad para permitir su

todo el conjunto de las mercancias sobre esa necesidad parcicular
Esta, ademis, en muchos casos, puede ser una necesidad particular
i6n 2 un proceso productivo, como puede ser un software o
una miquina hechos a medida del capitalista. En ¢l imaginario de
la produccién por demands, suele relacionarse con esta a l produc-
cion suntuosa o de lujo, pero las expresiones sociales de esta forma
productiva son mucho mis diversas

29 Es preciso detenerse aqui, ya que una de las s difundidas val-
gatas marxistas denomina alienacidn a este proceso de pas
distorsionando enormemente la importancia real e este concepto.
Luego, y por sobre esto, como veremos en el siguiente nro. de Cus-
DERNOS DE NEGACION, el movimiento de empresas recuperadas en la
region argentina, siguiendo esta distorsion, establece como reivindic
ial, el conocimiento integral del proceso de trabajo por
parte de cada wabjador, como forma de restitucion de su dignidad
s carcter de productor.

30 Remarcamos junto con Astaian, la imporncia de no ferichizar
al valor de uso, como i a evolucién se tratara de una vuelea al mismo
(como postulan muchos quienes se involucran en los programas de
comercio justo). La mercancia reviste un doble cardcteren

de uso y valor de cambio y de lo que se trata es de su destrucs
como forma social, junto con todas sus determinaciones.

o valor

25

integracién n la interdependencia social de los procesos de
trabajo en formacion, con pequefio o nulo conocimiento de
cusles son o serdn sus parémetros.’!

Esa estandarizacién, ademis, penetra en lo mis profundo
de la actividad humana y se materializa en las diferentes deter-
minaciones de la division del trabajo. La fuerza de trabajo que
se sintetiza en las mercancias no puede pensarse como previa a
Ia estandarizacién y mercantilizacién, y que luego pasa a estar
inmersa en condiciones de mercado. No hay punto de partida
ajeno a todo esto, hay una forma especifica de rabajo, definida
por la continua biisqueda de productividad y estandarizacion.
De la misma forma, una papa, no puede considerarse como
una “papa pre-valor” que luego ser llevada al mercado. La
determinacion de plantar esa papa, sacarla, ransportarla, ¢l por
qué esa especie de papa en particular, en ese terreno, bajo esas
condiciones sociales particulares; es producto de este proceso
de estandarizacion.

Es sencillo criticar el valor de uso en aquellas mercancias
que el sentido comiin percibe como innecesarias, suntuosas,
o antihumanas. No tiene mucho mérito criticar a la industria
bélica, 0 a los enormes carteles publicitarios que abundan en
s ciudades donde vivimos y morimos. Pero se vuclve cada vez
mis necesario generar una critica de la produccion incluso de
los elementos que consideramos mis necesarios y esenciales. Es
el mismisimo proceso de valorizacién y estandarizacién el que
envenena los alimentos que compramos, que disminuye perma-
nentemente la calidad de los utensillos y herramientas bsicas
que utilizamos en nuestra cotidianidad, que unifica y arruina
Ia belleza de la diversidad natural en pos del mercado mundial

Y es el mismo proceso de estandarizacion el que nos es-
tandariza. Imprimiéndonos los mismos gustos superficiales
a todos por igual, aprendemos a necesitar lo que nos ofrecen.
Enel desiero de lo igual, todo es aplanado para convertirse en
objeto de consumo.

31 Como corolario monstruoso, podemos pensar en las grandes
Tuchas que existen actualmente en muchos rincones del mundo c
tra la proliferacién de semillas hibridas 0 modificadas genéicamente,
que por fuerza del mecanismo de Ia ganancia, o por su propia cons-
titucién wéenica, denden a hacer desaparecer diversas especieslocales,
co de la alimentacién de comunidades humanas y de

sustento histé
I funa reg

Renta de la tierra

Un momento incomodo de las formulaciones mis vulgares
de la teoria del valor-trabajo tiene que ver con el precio de
mercancias que no son producidas, y que por lo tanto no
tendrian valor,

«Cosas que no son de suyo mercancias, como por cjemplo
Ia conciencia, el honor, etc. pueden ser corizadas en dinero
por sus poscedores y recibir a través del precio el cuio de
mercancias. Cabe, por tanto, que una cosa tenga formalmen-
te un precio sin tener un valor. Aqui, la expresién en dinero
es algo puramente imaginario, como ciertas magnitudes
matemiticas. Por otra parte, puede también ocurrir que esta
forma imaginaria de precio encierre una proporcion real
de valor o una relacién de ella, como sucede, por cjemplo,
con el precio de la tierra no cultivada, que no tiene ningin
valor, porque en ella no se materializa trabajo alguno.» (Karl
Marx, El Capital)

Que la terra tenga un precio, que pueda medirse y con-
cebirse en términos socialmente unificados, s producto
también del proceso de estandarizacién. Solo cuando dos
parcelas pueden compararse en relacién a la produceién de
un cultivo determinado, respecto al potencial para la cria de
un animal transformado histéricamente por la accién huma-
na, 0 como territorio donde existe tal o cual cantidad de un
mineral en particular, es que el acceso y el derecho privado
sobre esa parcela pueden medirse respecto a su expectativa
de éxito en una produccién capitalisa.

Luego también la accién de los capitales, en su desarrollo
¥ moldeo de las condiciones de vida urbanas, determina
también el precio de la tierra en su funcién distributiva
(comercial). Son las parcelas que se encuentran en las zonas
mis pobladas o pudientes las que tienen un precio de alqui-
ler mayor, precisamente porque es en estas donde se puede
desarrollar una méxima ganancia. Asi es que el ducfio de la
tierra capta en mayor 0 menor medida parte de la plusvalia
que el capital comercial obtiene (nuevamente en mayor o
menor medida) del capital productivo.

Pero, la vez, debemos tener en cuenta que, si bien cl
sustrato dltimo sobre el que descansa el derecho de pro-
piedad no fue producido, i existe un trabajo incorporado
sobre algunas tierras, que maximiza el potencial productivo
de estas. Tanto los trabajos privados (roturacién, mejora-
miento de suclos, parquizado, etc.) como estatales (acceso
a energia, obras contra las inundaciones, caminos, vigilancia
¥ regimentacion de la propicdad privada, ctc.) aumentan
el precio de la tierra porque efectivamente son procesos de
valorizacién per se, donde se cristaliza trabajo vivo.

Porlo tanto, |a renta proviene de la diferencia productiva
que aporta una tierra en relacién a otra. La que confiere mis
productividad al trabajo arrojaré una plusganancia en com-
paracién a a que confiere menos. Imaginemos en agricultura
tierras que alberguen un rio subterranco en comparacién con

otras que tengan que tracr el agua, pagar la primera tiene
la misma ventaja que posce un capitalista con el plusvalor
relativo al introducir algin invento tecnolégico que hace
més productivo el trabajo. La tinica diferencia es que aqui
esa plusganancia se convierte en renta de la tierra que va a
parar al bolsillo del arrendatario (que el propictario de la
tierra sea ¢l mismo que el capitalista agrénomo no aporta
ninguna diferencia al andliss, st al bolsillo del capitalista que
se reparte el botin consigo mismo).

Por otro lado, surge la pregunta de qué pasa en las peores
tierras, en las que pese a todo se paga renta. Marx insiste
frente a la cconomia politica que la renta en estos casos
también existe y que es una deduccién de la ganancia. Para
élla composicién orgénica del capital en la agricultura y en
a extraccién siempre va retrasada con respecto la com-.
posicién media imperante, siempre hay mis trabajo vivo
wilizado que el promedio en los demis sectores. Al mismo
tiempo, la propicdad de la tierra opera como limite al libre
‘movimiento de capitales lo que restringe la nivelacién de la
tasa de ganancia, permitiendo por lo tanto una plusganancia
respecto a las otras esferas productivas.

Porlo tanto, ven todas partes donde las fuerzas naturales
sean monopolizables y le aseguren al industrial que las em-
plea una plusganancia trétese de una caida de agua, de una
fructifera mina, de aguas abundantes en pesca o de un solar
bien ubicadol...] el propictario de esos objetos naturales le
intercepta esa plusganancia, en la forma de renta, l capital
actuante.» (Karl Marx, £ Capital)

Es evidente que esta renta de la tierra pertenece exclusi-
vamente a la forma de produccién capitalsta y nada tiene
que ver en cuanto a su conformacion con la antigua renta
de la terra. Su nexo comiin es el titulo de propiedad de la
terra, solo que en el capitalismo esa tierra estd subsumida
al Capital. No solo la renta se conforma segitn las leyes
capitalistas, sino también su venta. De ahi que el precio
de la tierra en el capitalismo se refiera a un producto del
trabajo humano pese a que la tierra no es producida (que si
mejorada, transformada...); Se refiere al titulo de propiedad
de la misma que permite a su poscedor acaparar una pare
de la ganancia (plusganancia). Es un titulo que permite
absorber una parte del plustrabajo. El precio de ese titulo
esté determinado, por tanto, por esa renta en tanto que renta
capitalizada. Efectivamente, en general, la tierra se vende

como si de un titulo de capital dinerario se tratara.'

1 Por poner un cjemplo, si 1.000.000 de dlares me da 100,000
délares al o de intereses, una renta de 100,000 délares por un
terreno equivale a que ese terreno vale 1.000.000 de délares
CONTRADICCIONES CAPITALISTAS

La socializacidn privada de la
produccidn capitalista

En el capitalismo, los trabajos privados de las unidades de
produccién aisladas se socializan en el mercado, es decir, a
través del intercambio de mercancias. Se produce en funcion
de un intercambio exitoso, no de las necesidades propias y
ajenas. Perseguir el mayor rédito posible afecta el caricter que
asume la produccién, asi como la calidad de los materiales y
procesos laborales. Esa es la socializacion capitalista

El trabajo privado de los productores se relaciona con el
trabajo de todos los demds productores de mercancias convir-
tiéndose en trabajo social, porque el producto de cada trabajador
es igualado como valor con todas las otras mercancias. Todo
trabajo concurre entonces a la misma economia mercantil y
totalitaria

«(...) las mercancias de cada productor individual aparecen
en forma despersonalizada como cjemplares separados de un
tipo determinado de mercancias, independientemente de quién
las produjo, o dénde, o en qué condiciones especificas. Las
mercancias, los productos de los productores individuales de
mercancias, circulan y son evaluadas en el mercado. Las conexio-
nes e interacciones reales entre las empresas individuales —que
podriamos llamar independientes y auténomas— surgen de la
comparacién del valor de los bienes y de su intercambio.» (Isaak
Ulich Rubin, Ensayo sobre a teoria marsista del valor)

Esta socializacién capitalista de la produccin ha promovido,
gracias a un imponente desarrollo de las fuerzas productivas,

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que los proletarios estemos cada vez mis privados de los medios
de subsistencia. La ultra-especializacion y division interna
cional del trabajo, as como la mercantilizacién de cada vez
mis aspectos de la vida, hace que nuestros trabajos y nuestra
cotidianidad estén cada vez més inegrados en la sociedad ca
pitalista, mientras nos sentimos cada vez mis solos y frigiles.
La generalizacién de la mercancia es la generalizacién de la
atomizacién social y de la miseria

El progreso capitalista se vende a s{ mismo como un progreso
de la humanidad, y esta idea es muy difundida por quienes
creen que se trata mis bien de un problema de gestion. Quieren
socializar una produccién que solo existe a expensas de lo
privado. Privado no solo como privacion material de los medios
de vida sino como destrucci6n de la comunidad. Necesitamos
una socializacién humana completamente opuesta a la 16-
gica del intercambio.

La contradiccidn capital-trabajo

En muchos casos se dice que capital-trabajo es la contradiccion
fundamental del capitalismo. Se ha enunciado como la contra
diccion entre el cardcter social del trabajo y el cardcter privado
de la apropiacién capitalista, que no es ni mds ni menos de lo
que hablibamos anteriormente. Es decir, las penurias a s que
s someido el proletariado a costa del desarrollo capiralista.
Incluso si lo pensamos desde el valor de uso y valor de
cambio vemos como el Capital hace del trabajo una parte de
su ser en tanto capital variable, al mismo tiempo que como
n lo lanza constantemente al mercado como fuerza

contraposic
de trabajo. A su vez, como veremos con mayor profundidad
mis adelante en la contradiccién valorizacién-desvalorizacién,

Algunos tatan de convencernos que el dinero, asi como
as contradiceiones sociales que genera el capitalismo,
pucden ser suprimidos con la misién de bonos horarios,
bancos de tiempos o creando “monedas sociales justas”.
La incomprensién total de lo que es el dinero, y mis
concretamente cl valor como forma social, les leva a
creer que estos malabarismos en materia de circulacion
monetaria ponen limites o cuestionan a existencia misma
del dinero. El bono horario —o los bancos de tiempo—,
que es la versidn mis extrema de todas esas alternarivas
‘monetarias, quiere sustiruir la mediacién dineraria y ser
una expresion “auténtica” y “directa” del trabajo de la
sociedad, hacer directamente social |a produccidn. Pero.
s la mayor de las ilusiones creer que Ia forma particular
que adquiere la mediacién social en el capitalismo s la
que hace que la produccién sea 0 no directamente social.
El dinero existe precisamente porque la produccién
noes directamente social,sino que requiere del inter-
cambio para socializarse. Contrariamente a s lusiones
del bono horario, el trabajo abstracto no puede expresarse:
directamente pues solo produce una forma socia, nece-
sita de una mediacién objetiva para obtener una forma
universal, necesita de un producto simblico universal.
Como la produccion sigue siendo para a sociedad y en
1a sociedad, pero al misma tiempo esta produccién no
es inmediatamente social, esa mediacion s indispensa-
ble, el dinero es una condicion. EI bono horario quicre
hacer las veces del dinero pero sin las implicaciones y
contradicciones del dinero, por eso naufraga. El dinero.
no hace mis que expresar las relaciones sociales de
produccién, toda mediacién solo puede funcionar
en dltima instancia como dinero y expresar todas sus
‘miserias de una u otra forma. Lo que todo esto esconde.
es que todas esas “ransformaciones” del dinero dejan
intactoy protegen precisamente lo que genera el dincro:
el modo de produccion mercantil las relaciones sociales
capiralisas, el intercambio, el vlor.

el Capital debe hacer disminuir relativamente cada vez mis la
parte destinada a la compra de fuerza de trabajo en relacién a
la destinada a los medios de produccion, con toda una serie de
implicaciones brutales sobre el prolecariado.

Aquilo importane es tomar nota de que la contradiccién no
se resuelve mediante otra forma de apropiacion de a produc-
ci6n, “haciendo realmente social el producto del trabajo”, sino
dela superacién revolucionaria del capitalismo destruyendo al
Capical y al rabajo. Se trata de contradicciones inmanentes
que dan vida al capitalismo, que no contienen una salida
revolucionaria en ninguno de sus polos sino en la supera-
cién de ambos.

En cambio, el marsismo se constituyé bajo la premisa de
que la defensa del polo del trabajo constituia el camin hacia

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el comunismo y, por tanto, otorgaba un cardcter revoluciona-
io a la contradiccion capital-trabajo. La socialdemocracia en
general asumid y asume esa perspectiva sacralizando al trabajo,
haciendo de él su premisa fundamental. Nos laman a defender
el trabajo, incluso en nombre de la “revolucion’”.

Porel contrario, en la contradiccidn proletariado-Capital, o
mis atn ente el Capital y a vida, podemos hablar de un polo
antagénico que contiene una salida revolucionaria

«La prictica toralidad de los seres humanos alzindose contra
Ia totalidad de la sociedad capitalista,Ia lucha simultdnea contra
el capital y el trabajo, dos aspectos de una misma realidad: es
decir, el proletariado debe luchar contra su propia dominacién
para ser capaz de destruirse a i mismo como clase y destruir
el capital y las clases. Una vez que la victoria esté asegurada a
escala mundial, la clase universal, que en realidad se constituye
(formacién del partido, segtin Marx) a largo de un proceso
inmenso que precede a la revolucién en la lucha contra el
pital, que ha sido psicolégicamente transformada y que ha
transformado la sociedad, desaparecers, ya que se convierte en
Ia humanidad. No hay geupos fucra de ella. El comunismo se
desarrolla entonces libremente. La fase inferior del socialismo ya
no existe, y la fase de la dictadura del proletariado se reduce a la
lucha por destruir la sociedad capitalisa, el poder del Capital»
(Jacques Camatte, Capital y Gemeintoesen)

La perspectiva revolucionaria puede parecer un purismo
imposible de asumir cuando hay que sobrevivir y luchar al
interior del capitalismo en un contexto como el actual. Sindi-
calistas y reformistas en general dirén que a las contradicciones
hay que asumirlas, que hay que meter los pies en el barro, que
el proletariado solo puede luchar por lo inmediato, que no es
momento de hablar de la revolucion

Se nos dice a quienes defendemos una perspectiva radical
de separamos del resto de la clase, de pretenciosos iluminados
separados de la realidad social, que no entendemos lo contra-
dictorio de la misma. Pero ese es justamente nuestro punto de
partida por el cualluchamos por la revolucion: superar nuestra
realidad contradictoria como clase.

El proletariado como contradiccion

Todas estas determinaciones actdan socialmente configurando
una existencia contradictoria en cada aspecto de la vida social
Si se tratara tan solo de una contradiccién entre el “campo
proletario’ y el “campo burgués” seria relativamente sencillo,
pero la contradicci6n esti en la misma esencia del proletariado.
Nuestra clase expresa —como ninguna en la historia— las
contradicciones sociales en su propio seno.

Producimos valor a la vez que somos una traba para
su desarrollo. Trabajamos para vivir y perdemos la vida
trabajando.

La inversién s tal, la abstraccién domina en tal medida la
vida sensible, que la logica del valor actita como si no existiese
lo concreto y encuentra en este una resistencia desde el hecho
de existir iniamente ante una reproduccion pretendidamente
infinita. Se trate de un “recurso natural” 0 un “recurso humano”
son para el Capital un medio, casi un mal necesario para que al
final de la operacién haya més dinero que al comienzo.

Las frmulas que victimizan y determinan como sujeto
forzada y necesariamente revolucionario al proletariado no
suclen tomar en cuenta que en la coridianidad somos también
un factor de produccién y que, por ello, nos oponemos entre
si de la misma forma que los diferentes capitalistas lo hacen
permanentemente, por ser una clase al interior del Capital y en
algiin modo comportamos como mero capital variable.

El automovilista que camino a su trabajo insulta a otros
trabajadores que cortan la ruta por un reclamo laboral, puede
hallarse en la situacién contraria el mes siguiente. El inmigrante
que logra con mucho esfuerzo integrarse laboralmente en una
nucva regi6n, desprecia a los inmigrantes que le siguen y “roban
su trabajo”.

Pero no se trata simplemente de concientizar sobre este
proceso. Incluso quienes tienen cierta sensibilidad ante estos
fendmenos, no pueden evitar encontrarse en cl seno de la con-
tradiccién misma; Que solo podri resolverse haciéndola estallar,
sin tomar partido por ningin polo de la contradiccion. Ni el
trabajo vivo sobre el muerto, ni ¢l productor sobre la mercancia,
ni ningin tipo de esperanza moralista puede emanciparnos del
Capital en su propio interior, ahogados en sus propias categoras.

«Cuando el trabajo y ¢l capital se fusionan, la comunidad
material del capital se presenta ante la sociedad como la co-
‘munidad humana: alli donde uno cree estar tratando con el
ser humano, solo se topa con el valor y su materializacién en
forma de mercancias. No obstante, bajo la comunidad material
del capital vive y se desarrolla la comunidad humana; bajo
los descos alienados viven los deseos, y el sistema produce su
propia subversién.» (Négation, E proletariado como destructor
del trabao)

En una disociacin personal verdaderamente agobiante nos
sometemaos a elevar las ganancias de los burgueses y a luchar
contra cllo al mismo tiempo. Es nuestra lucha como clase al
interior del Capital y como la clase a la que la sociedad no
considera como tal, para la cual ya ha sido abolida la pro-
piedad. Es a lucha entre la supervivencia y la vida.

Nuestros interesesy los de la burguesta solo pueden coincidic
en nuestra supervivencia, en el acostumbramiento a la miseriay
las migajas. Entonces, ;por qué compartir un mismo horizonte?
Qué sentido tiene transicar el camino trazado por el enemigo
cuando no se precisa lo mismo que él? ;Qué sentido tiene usar
sus formas organizativas? Ninguno, porque sus formas orga-
nizativas asé como sus anhelos y todo su imaginario, emanan
justamente del mundo del Capical

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Valorizacidn/desvalorizacién

Extraido de Notas contra la dictadura de la economia. Revista
Comunismo nro. 39. del Grupo Comunista Internacionalista.

Para valorizarse, el valor debe ser invertido en dos partes, una
en capital constante (compra de maquinaria, de edificios, de
materias primas...), otra en capital variable (compra de la
fuerza de trabajo). El valor de la primera parte es trasmitido
al producto final por el trabajo, quedando la misma constante,
de ahi su denominacién. La segunda parte por el contrario, ¢l
‘capital variable que se desting a |z compra de la fuerza de trabajo,
aumentaré por la accién misma de esa fuerza de trabajo, es decir
por el trabajo. Es esta parte la que produce el plusvalor. En efec-
0, la fuerza de trabajo s la tinica mercancia capaz de aportar
mis valor, la tinica fuente de ganancia para los capitalistas

La competencia inherente al Capital obliga a cada capiralista
a producir lo mis barato posible para imponerse en ¢l mercado
frente a sus competidores, si no quiere ser barrido por éstos.
Para cllo debe obligaroriamente aumentar la productividad de
su empresa, es decir producir lo mismo con menos trabajo o
mis precisamente producir lo mismo pagando menos salarios.
Este aumento de la productividad pasa por un crecimiento
de los equipos, de la infraestructura (capital constante) y
una disminucién relativa de la importancia de la fuerza de
trabajo (capital variable), lo que tiene como consecuencia
que se incorpore cada vez menos trabajo vivo en los pro-
ductos ¢ implica cvidentemente una pérdida de valor de los
productos y también en los medios de produccién: es decir
una desvalorizacién.

Para contrarrestar este efecto de desvalorizacién unitaria de
sus productos los capitalistas intentan aumentar la masa de
los mismos aumentando més aun el capital constante frente al
capital variable (es decir aumento aun mayor de la composi-
cidn orgénica del capia).
desvalorizacién! La masa de mercancias producidas aumentard

{lo que socialmente refuserza mis la

pero cada mercancia contendré unitariamente menos trabajo
humano y por lo tanto menos valor agregado. Recordemos
igualmente que el valor solo se realiza cuando la mercancia es
vendida y el aumento de la masa dificulta esa parte del ciclo
de valorizacién (Ia realizacién del valor). Si no se encuentra
comprador, el valor no se realiza y habrd otra desvalorizacion.

Pero con la generalizacién del aumento de la productividad,
ala que son obligados todos los capiralistas si quieren seguir en
el mercado, la cantidad de trabajo contenida en cada producto
final disminuye, ast como la cantidad de trabajo que contienen
los medios de producci6n que intervienen en la produccién
de esas mercancias... y en dltima instancia, es el valor de la
totalidad de productos y de los medios de produccién el que
disminuye. La desvalorizacién s cada vez mis violenta

Todo ese movimiento produce *la crisis”. La masa de capitales
existentes tiene cada vez mis dificultades para valorizarse. Es
un periodo de quicbras, de destruccion de stocks invendidos,
de elevados porcentajes de medios de produccion paralizados,
desocupacién, disminucién de salarios reales... Al principio
esta depuracion resulta suficiente y la destruccién de capitales
permite a los competidores reactivar su actividad, lo que pro-
duce una nueva fase activa del ciclo. Pero a la larga ese tipo de
destrucciones ciclicas resulta insuficiente y el capital necesita
destruir la mercancia excedentaria en gran escala para permitir
una valorizacién mis durable: es la guerra generalizada. En la
guerra generalizada hay destruccién general de capital constante
(nfraestructura, fibricas, stocks...) y de capicalvariable (masace
de proletarios en todos los frentes). Por ese medio el capital
obtiene una desvalorizacién brutal por la destruccion pura y
simple de las cosas y los hombres que funcionan como capital

iSe limita la reduccién general del valor en base a la des-
truccién delos objetos que contienen el valor! Esta paradoja
aparente se explica por el hecho de que la destruccién del
capital constante da un nuevo impulso a la valorizacién. Se
inicia la reconstruccién en base al hecho de que la proporcién de
capital constante disminuys brutalmente en relacion al capital
variable. Y se vuelve asi a comenzar un nuevo ciclo hasta una
nueva generalizacin de la guerra,

Se podria pensar que el Capital realiza ese circulo de una
manera infinita, pero eso no es mis que una ilusién, dado que
el ciclo no es nunca el mismo, cada ver se parte de un punto
més alto de productividad, de incorporacién de la téenica al
aparato productivo, lo que hace que la acumulacion sea cada
vez més importante y que también requiera una destruccion
mayor. Se trata mis de un proceso en espiral expansivo y no
de un proceso circular en el que se vuelve al punto de partida.
Con el tiempo la burguesta aprendi6 retardar la crisis depre-
siva (destruccién de stocks, reestructuracion, capital ficticio,
aumento artificial de la demanda efectiva...) pero cuanto mis
se retrasa la misma, mis importante y mayor seré la cantidad
de capital excedentario que necesita ser destruido.

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NOTAS SOBRE EL CAPITAL FICTICIO

Entre los diversos mecanismos que el Capital emplea para
contrarrestar la contradiccién entre valorizacién y desvalori-
zacion, ¢l capital ficticio ha ocupado un lugar decisivo en las
Gltimas décadas junto a la guerra imperialista y ¢l constante
avance en la explotacion del proletariado (todo intimamente
interrelacionado).

La importancia histérica del capital ficticio es fundamental
para sostener con vida un sujeto que envejece y amortiguar
las irresolubles contradicciones que genera aplazndolas en
el tiempo irresolubles desde la dptica burguesa no desde la
proletaria que contiene su resolucién con la abolicién de esa
forma social por medio de la revolucién). Solo comprendiendo
ese desarrollo histérico en el que ¢l Capital tiene cada vez mis
dificultades para renovar sus ciclos reproductivos (D-M-D')
pucde situarse la dimensién incalculable de capital ficticio
existente. La socialdemocracia critica las finanzas como una
garrapata que chuparia la sangre a la cconomia productiva,
industrial, cconomia que gozaria e bucna salud sino fuera
por la intervencién de esas finanzas. Es la ideologia de moda.
La concepcion vulgar que les orienta les impide comprender que
son precisamente los limites y contradicciones de la “economia
productiva’ la que ha multiplicado las finanzas, y estas ltimas
han dado vida artificial a la “economia productiva’. El capita-
lismo no se estd pudriendo por el capital ficticio, sino que se
pudre a forma social que adquiere este modo de produccién en
su conjunto. Las finanzas funcionan como un congelador con
Ia carne en proceso de putrefaccién: no impide su putrefaccién,
sino que retarda y aplaza en el tiempo el proceso. Pero, a su vez,
el capital ficticio influye mis en el proceso de reproduccion del
Capital que el congelador en la care, ya que no solo retarda,
sino que da nuevos brios, nueva juventud al Capital, como si
borrase todas las contradicciones que le amenazan.

Por lo tanto, en una dindmica histérica en la que el proceso
de valorizacién implica un proceso de desvalorizacion, la udiliza-
ci6n del crédito se comienza a disparar, ya que sila produccién
de valor se reduce en relacién al capital invertido, su reproduc-
ci6n mediante nuevas inversiones, cada vez mis elevadas por el
aumento del capital fijo, precisa de nuevas fuentes de dinero
que no provienen del propio ciclo de ese capital, pues la propia
valorizacién no puede garantizarlas. La expansion y multipli-
cacién del crédito tiene pues su origen en los problemas de
reproduccién del Capital. Como afirma Kurz «el capital
que devenga interés se presenta como un mecanismo de
respiracién artificial para un sistema econémico que pierde
progresivamente vigor.»

Los bancos se convierten en una herramienta fundamental
para el desarrollo del crédito pues centralizan todo el dinero

“aparcado” de la sociedad presto a ser utilizado en préstamo. El

desarrollo de los bancos como sector clave del crédito va parejo
del desarrollo del capitalismo, pero su peso social es directamen-
te proporcional a las grandes inversiones en capital constante
¥ se convierten en la pieza clave de los ciclos de reproduccion
de capital. Solo cuando son capaces de centralizar el dinero de
toda la sociedad asumen plenamente esta funcién especifica.
Asi, tras las grandes quicbras de bancos entre las décadas de

1850 y 1860 van apareciendo bancos comerciales con grandes

redes de ahorro, hasta la aparicién del Credit Agricole hacia fines

del siglo XIX, primer banco de depésitos del mundo, que serd

la tendencia desde entonces: centralizar todos los ahorros de

la sociedad y ponerlos en movimiento para la reproduccion

de capital mediante el crédito. Todo parece ir en Ia légica del

valor en la medida en que el ciclo reproductivo D-M-D' se.

realice con éxito y el prestamista reciba su dinero junto con su

correspondiente interés. El crédito no presenta aqu, dentro de

la logica de valorizacién, ms que un desfase temporal, al ser un

compromiso de produccién y ganancias venideras. Sin embargo,
las dificultades de valorizacién del ciclo productivo, como con-
secuencia del desarrollo cientifico-técnico y el descenso de la

tasa de ganancia, crearin serios problemas para realizar los ciclos

provocando una situacién comprometida. Es precisamente en

este contexto donde Marx enclava la aparicién de ese elemento

determinante que es el capital fcticio.

Por lo tnto, ¢l movimiento D-D' propio del capital que
devenga interés se encuentra en aprietos cuando la reproduc-
ci6n del capital D-M-D' en la que el D prestado se invierte se:
desmorona. Entonces el proceso de valorizacién no pucde pagar
los créditos que tiene comprometidos. La proyeccién temporal
se rompe, la produccion futura no solo ha fracasado echando
por los suclos las estimaciones de ganancia, sino que en muchos
asos no ha conseguido ni conservar la mitad del D original. EI
erédito no se puede pagar. Pero el capitalista prestatario —y el
Capital en general— encuentra una salida: paga esos créditos
inseguros (o de riesgo) con nuevos créditos que obricne, creando
asf toda una cadena de créditos. La dindmica del Capital no
hace més que poner constantemente estas condiciones para la
colonizacion de la reproduccién por el capital fcticio. Ast, se
‘muldiplica un dinero crediticio que se desvincula de a sustancia
pero actiia como si fsera parte del proceso real de valorizacién.
La masa de dinero crediticio se multiplica (hasta limites indes-
cifrables en la actualidad), manteniendo y extendiendo mds
alli de todo limite la proyeccién temporal. Estin aqui sentadas
las bases para una separacién indefinida entre el dinero y su
sustancia (irabajo abstracto). La realidad nos muestra en toda
la historia que, como dice Marx, a unidad interna se abre paso,
tarde o temprano, aunque sea por la violencia: la cadena ficticia
de créditos terminard por hundirse al alcanzar sus limites el
‘movimiento D-D' y la cadena de reembolso de intereses. Solo
hay que ver que la historia de estas montafias de dinero credi-
ticio es la historia de su caida. Cuando la magnitud alcanzada
1o puede seguir desarrollindose la escalera de naipes se viene
abajo uno a uno. «El crédito, que es un beneficio consumido
antes de haberse realizado, puede posponer el momento en l
que el capitalismo alcance sus limites sistémicos, pero no puede
abolirlos.» (Amselm Jappe, Credito a muerte)

Por supuesto, una vez echadas esas bases de separacién entre
el dinero y su sustancia como tinica forma de mantener este

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sistema irracional, el propio sistema requerird cada vez mds,
de una forma insaciable, esta forma de reproducirse ¢ insertaré

mediaciones cada vez més complejas que hardn de este proceso

erediticio y ficticio algo tan indescifrable y generalizado que pro-
yectari en la cabeza de los economistas y demés analistas que el

dinero tienc a cualidad de generar dinero, que el valor funciona

sin su sustancia. Tal como en otras épocas, estos economistas

10 harén sino expresar y reivindicar as necesidades del Capital,
es decir, desatar cualquier atadura que dificulte afirmarse a ese

dinero sin valor. Asi como los fisidcratas, mercantilistas, keyne-
sianos, liberales... expresaron y reivindicaron las necesidades de

desarrollo conereto del Capital cuando dominaban sus teorias

ente los economistas, los nuevos apologetas del dinero sin

valor cumplen ese mismo papel histérico desde hace décadas.

Este proceso de consolidacién del capital ficticio, de des-
vinculacién del valor de su sustancia (el trabajo abstracto) es
imposible sin Ia ruptura de lo que ata al dinero con los ciclos
de reproduccién D-M-D'. Ya en el propio sistema crediicio ¢l
anclaje del dinero su sustancia (representada histGricamente en
oro) suponia una atadura que impedia al capital ficticio levantar
vuelo. La constante tendencia a deshacerse de esa aradura ya
viene de muy atrds, con sus idas y venidas en la politica mone-
taria. En el siglo XIX y principios del XX los Estados soltaban
riendas en los periodos de expansion y echaban el ancla en los
periodos de recesidn. Pero las condiciones para que el dinero
busque desligarse de su sustancia son mds acuciantes cuanto
‘mayor importancia adquiere el crédito en la reproduccién
del capital global.

Mientras que el incremento del crédito y del capital ficticio
en las décadas anteriores a los 60-70 del siglo pasado, todavia
seguia relativamente el ritmo de la acumulacion real,y su fun-
cién social era agilizar y dar impulso a esos ciclos para realizarse,
a partir de finales de los 60 la dindmica se invierte. El proble-

ma ya no es que los ciclos de reproduccién requieran dinero
crediticio para realizarse, sino que cada vez |a tasa de ganancia
s mis escudlida para los emprendimientos productivos del
Capital, lo que hace que el keynesianismo sea initil. En ese
sentido, solo una parte del dinero crediticio se empleaba en
os ciclos de reproduccin D-M-D', pues la tasa de ganancia
se hundia. La inflacién refleja que el dinero auments, tanto
absoluta como relativamene, frente al valor conjunto de todas
Ias mercancias producidas. Y tal como exponia ya Mar frente
ala teoria cuantitativa del dinero, s la produccion no crece en
sintonia con el incremento de los medios de cambio, el dinero
se deprecia. La acumulacién de capital se muestra ya a finales
de los 60 de gran debilidad junto con una desvalorizacion
creciente del dinero. La deuda piiblica se dispard disociindose
de la furura produccién de valor. El capitalismo formaliza lo
que es una realidad, la convertibilidad del délar se abandona.
«Cuando, en los aftos 70 del siglo pasado se hizo formal
Ia desligacién del délar respecto al oro, ya de si atenuada y
apenas vilida para portadores estatales e insticucionales, esta-
ban ya subvertidos, en el fondo, los cimientos del medio del
fin-en-si capitalista. Mas eso de ningin modo fuc encarado
ast; el potencial de crisis de este proceso y su remisién hacia
una tendencia hacia la autodesvalorizacion ol del capicalismo
fueron, en larga medida, ignorados. A través de su percepeion
positivista,la ciencia y l sentido comiin solo podian y querian
apercibirse de un “hecho” monetario que, por alguna razén,
estaba ahora alterado; el dinero parecia haberse simplemente
desprendido de su substancia y (considerada superficialmente)
base metdlica para, de ahi en adelante, continuar funcionan-
do alegremente ms alli de cualquier cobertura en oro. Y asi
ocurria realmente. Tanto mejor para la expansion del crédio
y para el capitalismo, liberado de incémodas inhibiciones en
cuanto a su materia monetaria. Las antiguas teorias del dinero,
evidentemente incluyendo sobre todo la de Marx, no habian
sido més que un error “substancialista”. Tal percepcion muestra
como la consciencia afirmativa estd inclinada, en virtud de su
modo de pensar posiivista, areinterpretar, hasta la prucba préc-
tica de lo contrario (y mis all4 de ella), a todos los fenémenos
que apuntan hacia la proximidad del limite interno absoluto,
como otras tantas alteraciones positivas y auto-sustentadas
del capitalismo. EI presupuesto de todo esto es que ni siquiera
existe una ley interna objetivada del capital, se trata solamente
de una resultante de luchas entre interpretaciones y relaciones
de fuerzas subjetivas.

Semejante percepci6n ignorante solo era posible porque la
desvalorizacién del dinero (en analogia con la caida de la tasa
de ganancia) todavia se procesaba como un desarrollo astuto
que, sin embargo, ya presentaba algunas anomalias peligrosas.
Independientemente del pretexto —que, de inicio, era mera-
mente la economia de guerra, por detrés de la cual, con todo,
acechaba un complejo causal de implicaciones s profundas—,
en el inicio del siglo XX se puso en marcha el proceso de una
enorme inflacién secular que, aunque avanzando por brotes
desiguales, nunca se detuvo por completo. Asi,los especialistas
en historia ccondmica investigaban que, en los EE. UU., una
determinada mezcla de productos tipicos de uso doméstico y
alimentarios podia ser obtenido por 100 dslares en el afio 1790.
En cl afio 1913, costaba 108 délares, de modo que los precios
se mantuvieron estables lo largo de s de un siglo. En el aito
2008, todavia, la misma mezcla de productos costaba 2422 do-
lares. Este cjemplo muestra la dréstica ruptura cualiativa en el
caricter de la materia monetaria capitalista. El proceso histérico
dela desvalorizacién del dinero se hizo sentir siempre y de forma
més o menos incisiva y decisiva en el dia—a-diay en los balan-
ces empiricos del capital; sin embargo, parecia que la inflacién
secular podia ser mantenida bajo control, aunque siempre fue
considerada un peligro, sin que nadic hubiese comprendido el
nexo interno.» (Robert Kurz, Dinero sin valor. Lineas generales
para la ransformaciin de la eritica de la ecomomia politica)

Llegado a este punto de desarrollo cualquier regreso al patrén
010 se presenta imposible sin hacer inmediatamente presente
todo el terremoto de contradicciones del Capital. El cauce de
dinero crediticio es de tal volumen que no pucde ser relacio-
nado con la auténtica sustancia de valor, representada a través
del oro. Es evidente que esta desustancializacion lleva a un

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proceso histrico de inflacién como Robert Kurz expone en
I cita anterior. Mientras que algunos paises logran que no se
desorbite la inflacién por el peso que ocupan en la actualidad
en el mercado mundial —aunque desde ¢l 2008 empiezan a
tambalearse—, la mayoria del proletariado internacional esté
suftiendo las consecuencias imposibilitado de sobrevivir con
una inflacién que supera los dos digitos, o como dice Kurz «la
mayoréa de la humanidad se ve ante las consecuencias de las
politicas monetarias: la hiperinflacién a tasas entre mil y un
millén por cienton

Junto a ese proceso de «dinero sin sustancias propio del de-
sarrollo del capial ficticio se desarrolla todo un entramado de
mediaciones. Todo el desarrollo histérico de esa tendencia del
Capital, de vencer las limitaciones de lo concreto, se agudizan
en el dldimo siglo, especialmente en las dltimas décadas. Las
‘maneras de acumular capital ficticio se han multiplicado
hasta el punto que hoy es imposible saber qué porcentaje
proviene de transacciones reales y cudles de ficticias.

Marx analiz ya en su tiempo la deuda piblica y las acciones
‘como actores principales en su tiempo de esta tendencia. En el
primer caso, observé como el capital destinado a comprar titulos
de deuda piiblica en realidad nunca se invierte, pues se iliza
para financiar el déficit piblico. Al cubri un gasto pasado no
pucde urilizarse en un ciclo de reproduccion. En realidad, |
interés que reciben los propietarios de los titulos de deuda
consiste en una participacin en los ingresos estatales (como los
impuestos). En el caso de las acciones hay que tener en cuenta
que, después de la emision de acciones para una determinada
financiacion de una empresa, el capital continia existiendo de
forma independiente. Es decir, no solo como resultado del ca-
pital invertido, sino por la capitalizacién de las acciones a traves
de su sucesiva venta en los mercados bursitiles. Con el tiempo,
el precio de mercado de las mismas podri llegar a representar
una suma de dinro sin relacién alguna con el valor nominal
establecido en la emision inicial

Sin embargo, hay muchos s inventos financieros como los
derivados, que son productos financieros que se refieren a otros
productos de su tipo. Como en las acciones, los derivados se
emiten en un principio con una referencia directa en el proceso
de reproduccién, aunque luego tienden a autonomizarse de su
relacién con la referencia (como la burbuja de las hipotecas
en la vivienda en EE. UU). Otra forma son los contratos de
futuro (contrato donde ¢l comprador y el vendedor pactan la
entrega en un plazo determinado con un precio estimado se-
gin las tendencias del mercado). Debido a la ganancia que se
pucde obtener con la diferencia entre ese precio conseguido y
el final se producen presiones artificiales sobre el mercado. En
esos contratos especular con esa diferencia es muchas veces el
negocio (en el caso del petréleo se ve como toda la proyeccién
temporal se esfuma: con el aumento disparado del precio hace
unos afios y |a tendencia a subir mis —con la amenaza de su
agotamiento— algunas compaias hicieron contratos de futuro
comprando petréleo para muchos aiios, poco después el precio
comenzs a bajar).
Los limites del capital ficticio

«Casi todo el pensamiento burgués refleja también la l6gica
del valor en que supone la existencia de una forma indepen-
dizada que puede continuar desarrollindose eternamente sin
encontrarse jamis con la resistencia de un contenido o de una
sustancia. Los economistas burgueses razonan siempre en tér-
minos cuantitativos y creen que se puede aumentar el valor a
voluntad, sin tener que temer ningin limite objetivo, como la
capacidad limitada de consumo que tiene la sociedad, las leyes
que derivan del valor de uso del capital fijo o ¢l caricter limitado
de los recursos naturales y de la fuerza de trabajo disponible.
Mientras estos ltimos datos son, mas o menos naturales, son
‘mucho mis los limites que, aunque son sociales, a causa de su
carcter fetichista asumen un aspecto casi natural, como es el
caso de la caida de Ia tasa de ganancia o de la sobreproduccién.
La forma, en cuanto es algo pensado, s cuantitativamente
ilimitada, mientras que el contenido siempre tiene limites. La
conviccién segin la cual se podria manipular la realidad hasta el
infinito se hunde como muy tarde con la crisis: la existencia e
una realidad ineludible, de una sustancia que tiene sus propias
leyes, sale entonces la luz.» (Anselm Jappe, Crédito a muerte)
Endeudamiento estatal, dinero fcticio, decenas de categorias
producto del mercado financiero, titulizacion, obligaciones
todo eso se ha vuelto incontrolable ¢ insaciable. Los capitalistas,
los economistas.
real y creen haber burlado a a ley del valor. La produccién de

todos creen en esa ficcion que s manifiesta

plusvalor que solo se genera en el ciclo D-M-D” s cada vez
més irrisoria al lado de las montafias de capital ficticio. El
dinero cree haberse liberado de la dictadura de su sustancia,
Iamoneda cree haberse emancipado para siempre de su con-
dicién de simple signo de valor. La ficcién parece instaurada
para la eternidad. Como Marx insiste, a propia separacion de
la compra y la venta que articula el dinero y su funcién como
‘medio de pago contiene la posibilidad de proyectar en el tiempo
las transacciones. Evidentemente lo mismo pasa en los ciclos de
reproduccién de capital, de ahi que la ficcién pucda funcionar.
Pero la fccién solo puede buscar ocupar la realidad, cuan-
do la realidad contiene las bases materiales para la ficcién.
Por lo tanto la ficcién no se derrumba como mera ficcién,
sino que su derrumbe expresa el derrumbe de sus mismas
bases materiales. Toda esta ficcion no tiene imaginacién,
como decia Mar, ya que toda su edificacion no va misalld de
la produccién actual proyectada en el tiempo. En cuanto esa
proyeccidn ya no puede mantenerse mis sobre el suclo firme, se:
desmorona. Alli donde un beneficio o un simple ingreso futuro
se desploma, puesla base de su despliegue se cac en el presente
como realidad, la ficcién viene a pique. Por eso, el Capital
exprime y rastrea todo lo que aporte valorizacion real (s decir
fruto del proceso productivo real), por muy insignificante que
sea la ganancia que realice. Toda inyeccion de valorizacion real
s una gota de agua en el desierto —por el estado de la tasa de
ganancia— pero es transformada en un oasis por la interaccion
con el capital ficticio que proyecta en ¢l tiempo esa valorizacién.

34

Sin un punto de referencia que esté en el origen de toda la
montaiia de referencias, todo cac por los suelos. Asi, conforme

Ias burbujas financieras van estallando de forma ininterrumpida,
nuevas burbujas se levantan sobre nuevos ciclos de reproduccion

de capital (D-M-D)

Por lo tanto, no se puede comprender el limite del capital
ficticio si desligamos que su base es la transferencia al presente
de un valor futuro que esté ligado a un recurso presente que
1o pucde ser creado en el espacio ficticio, sino sobre un ciclo
de reproduccion real

La desvinculacién del dinero respecto a su sustancia coniene
por tanto unos limites temporales infranqueables. Alli donde
Ia unidad se comprucba imposible, el capital ficticio pierde su
base. Ahi no se trata ya simplemente de una separaci6n temporal
entre el trabajo abstracto y el dinero, sino que su unidad en el
tiempo queda totalmente negada presentindose la realizacion
futura de trabajo abstracto (la sustancia) como algo imposible
y el dinero por lo tanto un dinero sin su sustancia. Negar esta
realidad social es edificar una potencia independiente e ilimi-
tada. Hasta los vendedores de esas ficciones son conscientes a
cierto nivel de esta cuestin. Asi, hemos visto como sectores
tan importantes como ¢l mercado inmobiliario, as punto com,
as criptomonedas.
produccién de capital ficticio a convertirse en expresiones de

han pasado de ser sectores claves en la

desvalorizacién. Pese a que se reinician nuevas “burburjas” con
nuevos brios, incluso en esos sectores afectados, a logica sobre
Ia que se sustentan no les augura més perspectiva que nuevas
desvalorizaciones.

La crisis financiera de los dltimos afios, salvo en ¢l 2008,
todavia no se ha presentado a un nivel generalizado y liqui-
dador. Estallan aqui y alli burbujas financieras en un proceso
interrumpido. El Capital mundial trata de protegerse creando
ficciones ideoldgicas entre bancos malos-bancos bucnos, pro-
ductos éxicos-productos sanos, eréditos seguros-créditos de
riesgo.
de que todo va viento en popa, percibe que esto no puede mis
que traer nuevos problemas. Las contradicciones no dejan de

perotodo el mundo, pese la difusion de propaganda

agudizarse.

Caminamos hacia una desvalorizacion sin precedentes que
por el momento esté sesgando la vida de gran parte del proleta-
rido mundial. Aunque nuestra clase rata de contraponerse, sus
luchas acaban aplastadas ofy encuadradas en facciones burgue-
sas. Por el momento, ese proceso de sacudidas continia, pese a
todas las buenas noticias que intentan propagar los apologetas
del Capital. Es muy dificil predecir como seguird presentan-
dosé la crisis de valorizacién como consecuencia de una logica
interna que creyé esquivar para siempre: la de su sustancia, el
trabajo abstracto.
a nica que le pucda dar la estocada, al recargar sobre ella todas

Lo quesi es seguro es que nuestra clase serd

Ias penurias. La necesidad de la solucién revolucionaria es cada
vez més acuciante ; sin embargo, nunca estuvimos tan débiles
anivel de afirmacién de nuestro programa.
NO HAY POLITICA CONTRA
LA DICTADURA DEL VALOR

Entonces ;todo es valor en este mundo capitalista? La respuesta

es negativa pero no por ello expresa una realidad menos perversa.

La critica a la valorizacién de la vida no busca indicar que
absolutamente todo sea mercantilizado de la misma manera y
que todas las actividades que realizamos sean trabajo. Busca
indicar que produccién y reproduccion de la sociedad capita-
lista en su conjunto se desarrollan, directa o indirectamente, en
torno a la produccién de valor.

En esta sociedad muchos aspectos de nuestra vida no se desa-
rrollan bajo la forma de un intercambio de equivalentes ni son
cuantificables como cantidad de trabajo abstracto. Sin embargo,
esto no se encuentra por fuera de la légica del valor. Diversas
actividades de afecto y de cuidado, @nto como otras mis des-
agradables, no han sido creadas por el valor; sin embargo, han
sido absorbidasy hasta modificadas por este. Y no reducimos el
andlisis a relaciones interpersonales entre conocidos y cercanos
sino ala sociedad toda. Nos referimos a cémo el Capital haido
apropidndose e integrando a su propia dindmica diversos
aspectos de la vida social, modificéndolos. ¥ que no podria
existir sin ellos. EI Capital no podria existir si tan solo nos
comportisemos como capital variable del mismo modo que
una empresa no pucde existir s todos sus empleados cumpliesen
cada una de las reglamentaciones en la totalidad de la jornada
laboral.*

35

Hemos intentado expresar a lo largo de todo este nimero
‘como el valor no se limita a ser una forma meramente ccondmi-
<y que en el capitalismo lo abstracto tiende a dominar lo real
No porque nos representemos la realidad de manera invertida,
sino porque el valor invierte I realidad, y a eso hace referencia
la nocién de fetichismo de la mercancia

Exigir “més democracia” contra los embates de la econo-
mia es un sinsentido. La democracia en tanto que igualdad y
libertad es la realizacién propia de la economia. Al igual que
las mercancias, los ciudadanos son igualados. La democracia
hace abstraccién de las desigualdades sociales y nos reduce a
ciudadanos con igualdad de derechos

La igualdad, como concepto dominante de nuestra época,
proviene justamente de esta realidad, de la materializacién del
valor, de la compra y la venta, del mercado. Este “misterioso”
proceso de igualacion, que opera a partir del valor, es la clave
de todo el derecho burgués que impregna ¢l pensamiento
de todos los oprimidos. Por tanto no se es democratizado solo
cuando se va a votar.

«Lamistificacién no es un fenémeno deseado por los hombres
de la clase dominante, no es un engaiio inventado por ellos. Si
fuese aséseria suficiente una simple propaganda adecuada para
extirparla del cerebro de los hombres. En realidad surge y se
alberga en lo mis profundo de la estructura social, en s rela-
ciones sociales.» (Jacques Camatte, La mistificacidn democritica)

«Nosotros pensamos que la unidad histérica (y légica) demo-
racia-mercancia son dos aspectos de una misma realidad. La
democracia no surge de la esclavitud (aunque coexista con ella),
sino del comercio. En efecto, en esas sociedades antiguas donde
la mercancia se encontraba en la periferia de la sociedad, la demo-
racia también ocupaba ese lugar periférico, y solo adquiria una
importancia interna en los centros comerciales como, por cjemplo,
en Atenas. En lasociedad mercantil generalizada, en l capitalismo,
Ia democracia se generaliza. Un conjunto de comunidades ficticias
(n0 solo la patria, sino la raza, el partido, la eligién, Ia regién, el
lub de fitbol...) reproduce a ilusién de una comunidad como
condicién de la reproduccién de la atomizacién del individuo.»
(Miriam Qarmat, Conira la demacracia)

£Cémo podria entonces la democracia poner freno al Capital?
:Cémo podrian los politicos poner freno a lo que administran?

disposiciones de los convenios aborales, causando una paralizacién de
I actividad empresarial como consecuencia de dicho comportamiento.
El efecto de ralentizacion productiva se produce al llevar al extremo
Ininterpretacin, en algunos casos lteral, de las normas juridicas que
regulan laactividad, provocando tempos muertos en el proceso y una
caida de la productividad.
iContra el Estado!

En CuapERNOS DE NEGACION nro. 4: Sobre la destrucciin del
Fitado abordamos a critica al Estado ligindola a la critica de
a cconomia:"

Lo que consideramos fundamental a saber es que el Estado
R es un enemigo por razones de gusto, afinidad moral o
antipatia ideoldgica. Lo es en tanto estructura de poder funda-
mental que garantiza nuestro sometimiento al trabajo asalariado,
que permite y defiende la destruccién de la naturaleza en pos
dela produccién ccondmica y garantiza la guerra como método
de reorganizacién cconémica y de control social. (...)

Desde sus origenes el Estado capitalista mundial se cristali-
72 en estados nacionales, pero no ha surgido en uno o varios
paises y desde alli se ha ido extendiendo. EI Capital surge del
mercado mundial, va desarrollindose, subsumiendo todas las
formas de produccién anteriores

El desarrollo y poder de los Estados nacionales es el de-
sarrolloy poder del Capital mundial,y en concreto, de cada
dtomo de Capital que para enfrentarse a otro —y en su desa-
rrollo— se asocia y coaliga a otros dtomos hasta estructurarse:
en fuerzas estatales contrapuestas. Sin perder de vista que, pese:
asu competencia, estos dtomos son parte del Capital mundial

Si rechazamos al Estado es porque rechazamos todo un
sistema de organizacién de lo social que lleva como conclu-
sién al Estado. Su abolicién es inseparable de la abolicién
del sistema de trabajo asalariado. Por cllo, la lucha contra el
Estado no es una lucha politica de aparato contra aparato: par-
tidos politicos o grupos que aspiran al poder estatal de manera
extraparlamentaria mediante, por cjemplo, la estrategia de la
via armada. (...) Es una lucha social, total y totalizadora.

Si esto lo seftalamos es debido a la incomprension de la
organizacién social vigente, que sucle ser confusamente sepa-
rada como politica por una parte, y econdmica por la otra. Este
error de andlisis —cuando ya no incrustado en el pensamiento
como ideologia que anula cualquier andlisis al aceptar dogmas
insticuidos— se convierte en un gran obsticulo 2 la hora de
cambiar esa realidad incomprendida.

(...) El Estado no es tanto una entidad sino una actividad
histérica y social. Es el producto de una sociedad que, alllegar
a cierto estadio de desarrollo y situada en un antagonismo so-
cial irreconciliable, en el intento de perpetuarse encontré la
forma de continuar y garantizar su existencia conservando,
justamente, ese antagonismo social irreconciliable. Garan-

tizando también el libre desarrollo del valor, en un escenario
de orden y garantias para su existencia.

El Estado moderno nacié con la sociedad de clases, y tiene
que mantener esas condiciones i precisa seguir existiendo. Esto
es lo mismo que decir, entonces, que el Estado moderno se
extinguird con la sociedad de clases

Es al comprender al Estado de forma histérica y social que
comprendemos que su destruccion no puede ser instantinea,

33 Esta fue revomada en ¢l nro. ) en el aparsado E pluribus o,

36

que solo se podria destruir el Estado de la noche a la maiana
si este no tuviese su raiz enterrada en el terreno de lo social.

(.-.) La destruccién del Estado, significa la destruccién
de una sociedad que “necesita” de la existencia del Estado.
Suponer cémo seria el mundo actual s no existiese su Estado,
supone pensar a a revolucién como el asalto de una minoria al
parlamento o como un partido politico que gana las clecciones
y debe hacerse cargo de la situacién que le tocé en suerte. Es
decir: es negar la posibilidad de una revolucién en tanto que
accién masiva de destruccién y construccién total.

Ante las necesidadesy deseos humanos que pujan por fortalecer
Ialucha, coordinarla, radicalizarla, se opone toda la normalidad
conservadora de los devotos del Capital. El reformismo es un
enemigo, a veces mis poente que la represion abierta, es en
definitiva una variante represiva contra la accién revoluciona-
ria. Re—formar: re hacer la forma conservando el contenido,
mediante el politicismo o el gestionismo.

Asi como el proletariado no puede tomar el poder es-
tatal para su propio beneficio tampoco puede tomar la
produccién capitalista para su propio beneficio. Asi como
Ios seres humanos esclavizados no luchaban por una repiblica
de esclavos sino por su emancipacion, nosotros proletarizados
10 debemos luchar por una sociedad de proletarios sino por la
emancipacion total.

Todos los reformistas, aspirantes al gobierno o faniicos de la
autogestién no comprenden la ruptura entre capitalismo y co-
munismo. Su intencin de encadenarnos a la maquinaria estatal
¥ productiva tiene por obijetivo, conciente o no, encerrarnos en
el razonamiento capitalista que no ve nada fuera de su propio
interior. Suponen el comunismo como una nueva forma de
gobierno, como un conjunto de innovaciones laborales.

Actuando a imagen y semejanza del Capital los explotados
suponen resistir al comercio comerciando o a la politica votan-
do... exigiendo aiin mis democracia

Reafirmamos que la alternativa para los esclavos asalariados
no st en el hecho de tener un gobierno més a la izquierda
o més a la derecha o en participar en el constante agravio y
reprobacién entre una organizacién politica partidista y otra
La contradiccién fundamental se encuentra entre la dictadura
de la burguesta y el desarrollo del comunismo y la anarquia, es
decir, la destruccién de la explotacion, ¢l Estado, el valor y la
sociedad de clases,
NUMEROQS ANTERIORES

NEGACION.

NEGACION.

NEGACION.

pre—
g
BT,
AT
P
e
e,
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Popili
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dicudurs de s burguesia —sean

NEGACION

baya wesklo sobe o o desprciny
poskidn dl oo o de . o s

NEGACION.

Elsenido de s

que ba subsumido d Capll,

NEGACION.

i, on pan consiuiva de
el mundoy de actua en L

s e benefcio del Capial
ibertad y a paldad b,

cuadernos de -

NEGACION

cuademos de .

NEGACION

o Capialy el valr no

dadesde vloizcin Jl il

——
105
s

4l Capial coma ey in lime
el produciony producci
el boiedad, 4 Fihismary b
lorizacién dl Caial. Es todo
< 9b 2o0mishsug

N0IJAD3N

El fundamento de la sociedad capitalista es la
dictadura del valor en proceso, y la utilidad
de los objetos producidos son solo un medio.

El llamado valor de uso es solo un soporte del
valor de cambio, del valor valorizindose.

Pero nada en ninguna parte posee naturalmente una
cualidad tal como el valor. Esta es consecuencia del
modo en que la sociedad organiza su produccién.
El valor y la mercancia, asi como el dinero o el
trabajo no son datos neutrales y transhistéricos,

y mucho menos naturales y eternos, se trata
de categorias basicas del capitalismo.

Valorizar la vida no significa poner la
vida en el centro sino, por el contrario,
situarla en la balanza econémica.

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